No tendría que haber aceptado, Severus se estaba arrepintiendo y solo llevaba un minuto en esa casa.

Draco le había pedido que lo acompañara, Narcisa también estaría allí. Pero nada hacía que estar en compañía de Sirius Black pudiera evitar aquella sensación de fastidio. Sumado a ellos estaban Potter y los gemelos Weasley. Un grupo completamente dispar y que a duras penas podían relacionarse entre ellos.

Remus no iba a asistir a esa celebración, esa noche sería luna llena y el licántropo se recluía a pesar de usar la poción matalabos que él mismo había perfeccionado.

Sintió una pequeña decepción, aunque la relación fuera tensa entre ellos, Severus siempre iba a preferir su compañía a la de cualquiera de los Gryffindor asistentes.

Por otro lado, tampoco quería estar presenciando la lamentable escena de esos dos interactuando.

Era frustrante que Remus renunciara a lo que ellos habían tenido por nada, ya que con Black por lo que parecía estaba llegando era a eso, nada. Era un completo iluso, ¿por qué renunciar a algo placentero con una persona que además no te está reclamando porque estés enamorado de otra? Esas cosas solo se le podían ocurrir a un estúpido Gryffindor.

La segunda lectura era una en la que no le gustaba recrearse, no llevaba a nada pensar en uno mismo de ese modo, si él no era suficiente para el Gryffindor ni para sexo sin compromisos, no se iba a flagelar. Era quién era y era lo que era, infravalorarse a sí mismo no ayudaba nunca a nada.

Suspiró cansado, si algo bueno había ocurrido ese curso en el colegio es que los gemelos Weasley habían decidido dejar sus estudios. Y él lo había agradecido sinceramente, sin ellos el alboroto, el ruido y los artículos de broma habían sido rebajados a niveles mínimamente admisibles.

Ahora, en esta cena estaba seguro que formarían todo ese alboroto, imaginaba su tranquila habitación del castillo, una copa de brandy y un buen libro, no necesitaba más celebraciones.

Dudaba que Black supiera ni tan siquiera como ser un buen anfitrión y estar en su casa, comiendo su comida, bebiendo su bebida y escuchando su conversación le iba a resultar insoportable.

Dio una mirada al lugar, al parecer lo habían decorado con motivos navideños, hasta tal punto que dañaban la vista.

Lo único que frenó el tren de sus pensamientos amargados fue la sonrisa de Draco junto a su madre. El chico era lo único bueno en su vida, no era suyo, pero lo sentía como el hijo que nunca tendría y si tenía que aguantar esa cena y la compañía por él, lo haría.

Un estruendoso sonido de villancicos comenzó a salir vociferando de la gramola al final del comedor.

Buscó toda la paciencia que había acumulado, pero se dio cuenta que para esa noche iba a andar escaso, realmente escaso.

o0o

Draco estaba tan contento de ver a su madre, no hacía tanto tiempo que no se veían en realidad, pero las circunstancias en las que lo hicieron fueron tan desagradable que temía que su padre la hubiera encontrado.

Allí estaba y hacía mucho tiempo que no la veía tan bien, estaba realmente encantado que ambos hubieran podido escapar de la cárcel en la que habían estado viviendo. Aunque su futuro fuera incierto, al menos, en esos momentos estaban a salvo, juntos y más felices de lo que habían estado en mucho tiempo. Y todo gracias a Harry.

Este estaba hablando con los gemelos Weasley como si conspiraran en secreto, pero las risas de los tres delataban que el tema debía ser bastante más entretenido que eso.

Desde que estaban juntos, Draco se había descubierto queriendo cosas que antes difícilmente se hubiera planteado, sintiendo cosas que le hacían estar muy confundido.

Harry le sonrió, aquella sonrisa en la que había comenzado a confiar. Le era muy difícil entenderle, es decir, parecía que estaba enamorado de él, y Draco no podía entender el porqué. A su entender, solo le daba problemas, nunca se habían llevado bien, y le había engañado comprometiéndole hasta conseguir lo que quería.

A cambio Draco ¿qué le daba?

Sexo.

La idea le revolvía las entrañas, por lo que intentaba ahondar lo mínimo en ella. Era una sensación densa, oscura y tan apabullante que le hacía aborrecerse a sí mismo.

Draco siempre se había considerado alguien único, aquello se le había repetido por activa y por pasiva desde pequeño. Y la realidad parecía ser esa. El mundo estaba para él y no al revés. Nunca había dudado de ello, pues no había tenido motivo.

¿Quizás por eso fue tan dura la caída?¿por eso el dolor que sintió cuando se vio siendo utilizado fue tan grande?

Aquel "único" se transformó, y lo que una vez fue luz, ahora eran sombras dentro de sí mismo.

Draco quería ser más pero no sabía cómo, nunca necesito saber cómo.

o0o

Narcisa estaba tan contenta de tener a Draco, cuando los vio aparecer por la chimenea sus ojos no daban crédito.

Y sabía que detrás de aquello estaba ese joven de ojos verdes que miraba a su hijo con un profundo amor.

Severus no se había equivocado con él, y ella se alegraba tanto por su hijo, tener a Potter era muy importante para su seguridad, pero tener a Harry estaba empezando a creer que era lo único que le ayudaría a sanar.

Draco estaba dañado, y ella se sentía muy culpable por ello, la misión de una madre era proteger a sus hijos, de otros y de ellos mismos.

En ambos casos había fallado, lo habían criado como al heredero de una gran familia sangre pura. Fortaleciendo unos valores que ella entendía ahora no le estaban ayudando en nada a lidiar con sus propios demonios.

Quería hablar con él, con calma, pero ese no era el momento.

Alzó la vista para encontrar a sus propios demonios particulares, dos pares de ojos idénticos que siempre estaban sobre ella.

Desde el día en que los vio probando sus fuegos de artificio la relación de los tres había comenzado a enroscarse.

Narcisa seguía teniendo su rutina, casi no salía de su habitación, pero cuando lo hacía siempre tenía dos narcisos esperándola en la puerta.

Aquello la sorprendió, con Lucius no hubo ninguna fase de cortejo. Ella siempre lo había admirado en secreto cuando estuvieron en la escuela. Su compromiso llevaba años cerrado por sus padres. Y ella creía ciegamente que era la chica más afortunada de todas.

Por lo que recibir presentes o muestras de interés nunca lo había experimentado y no sabía qué sentir recibiéndolos de dos niños, poco más mayores que su propio hijo.

De las flores pasaron a las miradas, de las miradas a los saludos, y de los saludos a las sonrisas.

Sonrisas como las que estaba recibiendo en ese mismo momento, y debía reconocer que la hacían sentir viva. Era tan extraño.

Bebió de su copa de vino algo nerviosa, una gota se escurrió por sus labios, instintivamente sacó su lengua levemente para recogerla antes de que cayera por su mentón.

El gesto, sin intención alguna, no pasó desapercibido para dos personas. Cuando alzó la mirada, no eran sonrisas, era otra cosa. Algo que hacía tanto tiempo que no sentía que volvió a beber de su copa.

Deseo, puro y duro deseo. Lo peor es que se sintió más embriaga por lo que ella misma estaba sintiendo que por el vino que corría por su cuerpo.

o0o

Sirius estaba incómodo, ya se había acostumbrado a Narcisa, a pesar de todo la mujer no había resultado ser una molestia. Tampoco se frecuentaban tanto como para haberla llegado a conocer, lo poco que recordaba de ella era de sus tiempos de infancia y aquello pertenecía todo a un pasado al que pocas veces volvía.

Su infancia nunca fue feliz, y su memoria activa comenzaba cuando había entrado a la escuela y conoció otro tipo de personas. Sus amigos y verdadera familia.

Ese era uno de los motivos por los que se sentía molesto, desde que le había preguntado a Remus por Snape y este había reconocido que habían tenido algo, esa molestia no desaparecía. Odiaba que su amigo se hubiera mezclado con la serpiente, el problema es que no sabía a quién estaba celando más. Si a su amigo o a la serpiente, no soportaba verlos a ambos juntos. Ni imaginarlos besándose y mucho menos algo más.

La mera idea le destrozaba el estómago, y había vuelto a pelear con Remus, ¿qué era lo que más le molestaba? Remus podía acostarse con quien quisiera, ellos eran amigos, su único amigo desde los 11 que aún vivía. Remus era la calma en su vida, el único al que daría su vida y por el que daría la suya. ¿Por qué esa molestia?

No quería verse como muchos le decían alguien infantil que no quería compartir.

Remus era su amigo, suyo y Snape era su enemigo, desde siempre. De alguna manera los dos eran algo suyo aunque de modos muy diferentes. Y que hubieran estado juntos le molestaba profundamente.

Desde que había aceptado que ellos fueran a su casa a celebrar el Solsticio por el bien de Harry, había estado dándole vueltas a cómo molestar a Snape, de un modo en el que nadie pudiera reclamarle.

Y se debatía en múltiples opciones cada cual más absurda. No tenía 12 años para ensuciar su cabello y humillarlo en publico, quería encontrar algo que le ayudara a liberar esa rabia que tenía contenida contra él.

Le estudió durante toda la noche, sus ropas negras no eran ni muy elegantes ni pobretonas como había lucido cuando era niño. Su cabello estaba limpio y anudado con una cinta también oscura. Cuando hablaba con Draco su rostro se aligeraba considerablemente; pero cuando le miraba a él mostraba aquella de asco que le había dedicado por años.

No había nadie que le mirara así, nadie como él para mostrarle lo imperfecto que era a sus ojos. Y de nuevo el fuego de su ira se reanimó.

Bebió copa tras copa escuchando a los chicos reír, los gemelos habían sido una buena baza para que el ambiente no fuera tan grueso.

Harry le había pedido poder quedarse esa noche en la casa con Draco para que este pudiera disfrutar de la compañía de su madre un día más.

Aquella sanguijuela plateada tenía a su ahijado obnubilado pero Sirius no tenía corazón para destrozárselo al chico.

Cuando todos se fueron retirando el momento que había estado esperando llegó, Snape se dirigía a la chimenea para volver a Hogwarts.

Acababa de despedirse del Draco y en su rostro no se veía esa mueca de asco que parecía reservar para él.

—¿Te ibas sin despedirte?—le dijo desde la puerta.

—Ahorrémonos la discusión.—Fue lo que le dijo el desgraciado.

Sirius llegó hasta él antes de que pudiera escurrirse como solía hacer. Sirius quería una pelea, y tendría su pelea.

Lo sacó de la chimenea empujándolo con fuerza, ahí estaba su cara, tan desagradable como siempre solía ser para él.

Lo imaginó de otro modo, con su rostro fruncido, pero de un modo muy distinto, de un modo que nunca había sido para él. Aún sujetaba su brazo con fuerza e hizo lo más estúpido e irracional que nunca había hecho.

Estampó su labios sobre los del otro, agarrándolo tan fuerte que sabía le estaba hiriendo. Su beso tan fue brusco, tan lleno de rabia, que cuando el otro le respondió no supo que hacer con ella.

La boca de Snape se movía casi con la misma ferocidad, Sirius abrió la boca y el beso pasó de nivel. Esa ira se había convertido en fuego, un fuego que los iba a quemar pero ninguno de los dos lo iba a parar.

Ambos habían encontrado la venganza perfecta.

o0o

Harry estaba contento con la fiesta, le había pedido a Sirius quedarse aquella noche para que Draco pudiera estar con su madre a la mañana siguiente.

Narcisa le había pedido a su hijo que fuera a su habitación y mientras tanto Harry había ido a la de los gemelos a ver la nueva colección de Sortilegios Weasley.

Su mente corría hacia el rubio todo el rato, haberle visto tan contento le hacía sentirse bien pero también le había entristecido. Sonaba ridículo pero él también quería eso, quería verlo contento y hablando con él. Quería verlo cómodo mientras conversaban, pero con él no era así.

Tenía su cuerpo, y no había nada que le gustara más. El modo en que Draco se entregaba era como una droga, una droga a la que era adicto. Pero se había descubierto queriendo más, algo más que Draco parecía incapaz de dar. Era poco tiempo y eso se repetía una y otra vez.

Estaba cansado, había bebido demasiado ponche que ahora sabía los gemelos habían condimentado con algo más potente. Se despidió de los chicos, de camino a su habitación pasó por la que la señora Malfoy ocupaba, las voces desde el interior se escuchaban amortiguadas.

Harry miró a ambos lados del pasillo, era una mala idea, una malísima idea, pero quizás pudiera entenderle un poco mejor. Quería llegar a él y era tan difícil.

Sacó una de las orejas extensibles de los Weasley y la coló por debajo de la puerta.

Las voces de los Malfoy llegaron claramente, ojalá no lo hubiera hecho.

—... es tan estúpido, es dulce y cariñoso, le he engañado y utilizado, no lo entiendo—escuchó decir a Draco.

—Es un Gryffindor, manejables si les das una causa.—Narcisa parecía conocerlos bien.

—Yo le doy sexo...—dijo Draco con un tono sombrío.

No quería escuchar más, recogió el cachivache y se fue de allí.

Se sentía exactamente así, estúpido. Creía que empezaban a tener algo, algo más. Y Draco solo lo veía como a un imbécil al que podía manejar ofreciéndole su cuerpo.

Y así es como lo vio, cuando Harry le acariciaba con dulzura Draco lo montaba, cuando se quedaba mirándolo queriendo conocer algo más de él, Draco se desnudaba. Sin duda había sabido como manejarlo y él se había dejado manipular.

Qué idiota se sentía, no le bastaba con saber que le había engañado exactamente así desde un inicio. No, él había pensado que podía tener una relación amorosa, que pudieran enamorarse y criar a su hijo en un hogar creado por ambos.

Estúpido pensando en que pasar las fiestas con su madre era un lindo gesto.

Cuando se abrió la puerta y Draco apareció Harry lo miró, tan hermoso como siempre y tan cruel también.

—Desnúdate—le dijo con rabia.

—¿Qué?—dijo Draco sorprendido, no se iba a volver a reír de él, había aprendido.

—Desnúdate, ¿creías que esto te iba a salir gratis?—dijo con rabia Harry—. Sexo es lo que quiero de ti, única y exclusivamente. Yo te doy una noche con tu madre, tú pones el culo.

Si Draco fuera alguien más transparente en ese momento Harry hubiera visto algo dentro de su interior apagándose, pero Harry no lo vio y Draco no lo mostró.

En silencio Draco se desnudó.

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No, no me he olvidado del Drarry/Harco. Pobres angelitos míos...

Menudo éxito ha tenido el trío Cissy/Fred/George, me alegro que os gusten tanto como a mí. Se van aproximando peligrosamente.

¿Qué me decís de Severus y Sirius? ¿Qué pensará Remus cuando se entere?

Espero que os haya gustado.

¡Besos!