¡NO ESTOY MUERTA! Siento haber tardado tantísimo tiempo, pero estoy ocupada en más cosas, además me costó escribir esta parte, el principio no me salía bien y me daban arcadas leer la birria que escribí, merecería tomatazos si leyeran eso, en fin, aquí esta... ¡NUEVO CAP AL FIN! Y, por si algun lector de una historia mia llamada: Okami y Uchiha, está leyendo esto, que sepa que ya dentro de nada también la voy a cambiar bastante, pero seguirá siendo de lo mismo. GRACIAS POR SU PACIENCIA.


Capítulo 8: El chico misterioso.

-"… ¿Dónde estoy…?" –se preguntaba un chico de ojos y pelo negros.

Se incorporó y miró a los lados, y la puerta, sonrió internamente. Se levantó y gimió al notar un pinchazo en el estómago que le obligó a sentarse de nuevo. Se obligó a sí mismo a levantarse y cogió su katana, que estaba en un escritorio.

-Parece que… estoy en… ¿una enfermería? –murmuró para sí mismo.

Miró por la escotilla y vio una bandera pirata con un sombrero de paja.

-"¡Piratas!" –pensó.

Entonces la puerta se abrió, dando paso a un renito con sombrero rosa y azul, con nariz también azul, y que se paralizó al ver al pelinegro de pie y con la katana.

-¡UAAAAAAAHHH! ¡NOS QUIERE MATAR! –gritó y salió corriendo dejando caer los rollos de vendas que llevaba.

-¡N-no, si yo no…! ¡Bah, da igual, me voy! –dijo el chico y salió también de la enfermería, llegó hasta la cubierta del barco en el que estaba, –"Bien, está atracado a un puerto!" –pensó al ver que estaban en la misma isla en la que se desmayó.

Fue a saltar, pero entonces dos pares de manos salieron de la madera del barco y le agarraron de los pies, haciendo que el pelinegro se estampara contra el barco. Pronto notó cómo esas manos lo subían a cubierta de nuevo.

-Maldita sea… –murmuró el ojinegro.

-No tienes por qué correr. –le dijo una voz femenina tranquilamente.

Se giró como pudo ya que volvieron los pinchazos de antes por las heridas y vio a Nico Robin, y junto a ella, el renito de nariz azul.

-Claro, después de todo, solo estoy en un barco pirata, ¿qué podría pasarme? –preguntó el chico con sarcasmo.

-¡Ooooi, Robin, Chopper, ya llegamos! –oyó otra voz femenina.

Pronto todos los Mugiwaras estaban ahí, y el pelinegro tuvo que obligarse a sí mismo a calmarse o saldría muy, muy mal parado. Tras poco tiempo de presentaciones, el desconocido ya estaba un poco, solo un poco más tranquilo.

-Así que no planeáis matarme… –dijo el desconocido.

-No, pero tras los cuidados que has tenido, tendrás que pagar. –le dijo Nami.

-Antes de eso, navegante-San, creo que él aun debe decirnos su nombre. –dijo Robin.

-Cierto, –dijo Nami, –y así ya tiene nombre la factura. ¿Y bien? –dijo mirando al pelinegro.

-Soy…

Mientras tanto…

-Bueno, –decía Kiba, –¿nos vamos a pasar aquí toda la noche?

-No, –dijo Sakura mirando por la ventana, –cogeremos otras habitaciones, no hay camas suficientes. El barco está bien oculto, no os dije de llevarlo al arrecife por nada. Era de esperar que nos fueran a buscar tras destruir los barcos de la marine.

-Vamos a llamar a Naruto-Kun y al resto para coger más habitaciones, Akamaru. –dijo Hinata y en silencio salieron por si acaso habían aun marines cerca.

Kiba y Sakura les siguieron también en silencio. Llamaron a la puerta 7 y tras unos segundos abrió Rock Lee, tras él estaban Naruto, Gaara y Sai en guardia, por si eran marines buscándoles.

-Ah, sois vosotros. –dijo Sai.

Los cuatro que estaban fuera entraron, y entonces todos se pusieron a hablar sobre cómo huir y buscar la manera de volver a casa.

-Será muy difícil ir libremente por la isla ahora que la marine nos ha fichado. –dijo Gaara de brazos cruzados.

Todos asintieron en dirección a él. Entonces Sakura tomó la palabra.

-También será difícil encontrar la manera de volver a casa, creo que aunque haya más maneras aparte de la del libro, no debemos dejar de buscarlo. –dijo la ojijade.

-Pero Sakura-Chan, ¿qué más da ya ese libro? –dijo Naruto, poniendo los brazos tras la cabeza con un gesto de despreocupación, –Podría estar en cualquier parte, y además podemos ver cosas muy interesantes y divertidas mientras buscamos otra manera de volver a… –fue interrumpido por el capón que le dio Sakura.

-¿Y ahora por qué le pega? –se preguntaba para sí mismo Akamaru.

-¡Naruto-Baka! ¡Tú tienes la culpa de que estemos aquí! –le recriminó la pelirrosa acusándolo con un dedo, apuntando al rubio que salió volando.

-¡Fue Sai quien leyó la frase esa! –se defendió el rubio.

Sai le miró con cara de: "A mí no me metas en esto."

-¡Pero tú lo perdiste!

-¡Fue un accidente! ¡Nos atacó un gigante! ¡Gaara, di algo, tú estabas! –le rogaba.

-Es cierto, –Naruto se alivió, –pero tú tenías el libro, se cayó cuando lo llevabas tú, así que es culpa tuya. –Naruto puso cara de terror al ver a Sakura con el puño de nuevo listo, –pero es cierto que el pintor estúpido también tiene parte de culpa por leer el libro. Es culpa de Naruto y Sai.

-¡Eso es! ¡Es culpa vuestra! –gritó Sakura mirando a los aludidos.

Minutos después se veía a Sakura, Naruto y Sai, estos últimos en una esquinita de rodillas y a Sakura echándoles una bronca, la cual ninguno escuchaba realmente.

-Pero fue Sakura-Chan quien nos llevó a esa mansión. –dijo tímidamente Hinata.

Sakura entera palideció, se quedó de piedra. Naruto y Sai entonces se levantaron, y junto al resto, apuntaron a Sakura todos gritando:

-¡FUISTE TU! –gritaron todos.

-… Pongamos que, todos tenemos parte de la culpa, porque aparte de Sai, Naruto y yo, el resto tenéis la culpa de haberme hecho caso.

Todos se quedaron pensativos, en cierto modo y si te fijabas bien, Sakura tenía razón.

Y mientras tanto, en el mundo de los ninjas, en Suna…

-¿Hay algún rastro de Gaara? –preguntaba Temari a los ninjas.

Habían pasado tres días desde que habían desaparecido, casi cuatro.

-Mierda, es imposible que los secuestraran, se fue junto a Naruto y varios ninjas de Konoha, es imposible que nadie fuera capaz de atacarles y vencerles así, por las buenas. –decía Kankuro, que junto a Temari, y los ninjas de Konoha y Suna habían empezado la búsqueda apenas doce horas después de que los ocho ninjas desaparecieran.

Les extrañaba a todos que ni hubiera rastro alguno de ellos, todos estaban preocupados.

Konoha.

El clan Inuzuka puso a todos los perros del clan a buscar sin descanso, los dueños igual, sus olfatos no daban con absolutamente nada. El clan Hyuga también les buscaban con el Byakugan, nada. Ni chakra, ni sangre de ninguno, nada. Ya era desesperante. Todos los miembros de los dos clanes buscando, además de los ANBU, jonins y chunins, y nadie encontraba nada. Todos se temían ya lo peor.

En la oficina de la Hokage, estaban los maestros de los ninjas desaparecidos, Kakashi, Yamato, Kurenai y Gai. También se encontraban sus compañeros, Shino, Ten-Ten y Neji. Además de otro equipo, el de Shikamaru, Chouji e Ino.

-No hay ni rastro, Tsunade, es imposible que los Akatsuki estén implicados, ¿no? –preguntaba Kurenai.

-Si así fuera, Kurenai, –dijo Yamato, –los demás habrían aparecido heridos o quizá hasta muertos, ya que del grupo solo les interesaría Naruto, el Jinchiruki del Kyubi. No, no tienen nada que ver.

-Por ahora, –dijo Tsunade, –si se enteran de que el Jinchiruki del Kyubi está fuera de Konoha y de que nadie le encuentra, podrían ir a buscarlos también. Esto tiene que estar en secreto, solo Suna y Konoha han de saberlo.

-Demasiado tarde… –murmuró Kakashi, que junto a los otros maestros y los equipos miraban la puerta de la oficina.

Ahí estaban los tres Kages que faltaban y junto a ellos, cómo no, Killer Bee.

-¿¡A QUIEN SE LE FUE DE LA LENGUA!? –gritó furiosa la Hokage.

-A mí no. –dijeron todos los demás presentes al unísono.

Shizune se acercó a Tsunade y le susurró al oído:

-Tsunade-Sama, fue usted quien los llamó.

Tsunade se quedó helada. Todos la miraban mal, pues habían oído a Shizune.

-Cierto. –dijo, recobrando la compostura, –haber, si ya saben por qué los llamé, no hay tiempo que perder en saludos ni en nada, todos los demás lárguense a seguir buscando, los Kages vamos a hablar para encontrar una solución.

Todos los demás asintieron y en segundos en la oficina solo quedaban los cuatro Kages y… Killer Bee.

-Tú incluido, Bee. –dijo su hermano.

El rapero se fue también.

Volviendo al mundo pirata…

-¿Cuánto cuesta esto? –preguntaba la chica de dieciocho años de pelo castaño oscuro y ojos castaños chocolate que estaba antes en el hotel donde se alojaban los ninjas.

Estaba comprando verduras.

-Eso cuesta doce berries ya que son del mejor huerto. –le contestaba el comerciante. –Oye, Mizuri, siento lo de tus padres…

-Ya, gracias.

La chica pagó y fue a volver al hotel, cuando de pronto un hombre la agarró del brazo.

-Hombre, si está aquí la hija de ese señor del hotel, el que no quería pagarle al jefe, mirar chicos. –dijo.

-"No, son hombres de Kobura…" –pensó Mizuri entre asustada y furiosa.

Varios hombres más se acercaron, todos los aldeanos miraban con miedo, e igual que cuando mataron a los padres de la chica, no se atrevían a hacer nada.

-Creo que ella serviría para pagar, ¿no? –dijo otro tipo.

-¡Suéltame! –Mizuri le pegó un rodillazo en la entre pierna al que la sujetaba y este la soltó y gimió de dolor.

-¡Maldita mocosa! –gritaron los otros tres.

Pronto al que le había pegado la sujetaba de nuevo, e intentaban llevarla a donde su jefe.

-¡No, soltadla! –gritó el vendedor de verduras en un acto de valentía, –ya basta. –dijo, sosteniendo una palanca.

-¿En serio? ¿Un vendedor de verduras nos va a pegar con eso? Para nosotros eso es una hoja de papel. –dijo otro de los piratas de Kobura divertido.

No tardaron mucho en derribar al hombre, pero antes de pegarle otra vez con la palanca…

-¡Ey! –les gritó una voz, –creo que ya vale, ¿no?

El chico pelinegro que los Mugiwaras habían encontrado estaba ahí, con la mano lista para desenfundar su katana.

-¿Y tú quién eres? –le preguntó uno de los piratas.

-Eso iba a preguntaros yo, ¿quiénes sois para hacer esto? –dijo el pelinegro.

-Somos de los piratas de Kobura, y por eso podemos hacer esto, hemos tomado esta isla.

-Pues ya vais dejando a ese hombre y a esa chica. –amenazó, desenfundando poco a poco la katana.

-¡Un crío no nos dirá lo que tenemos que hacer! –los piratas se lanzaron a por él, sin embargo, antes de llegar, ya había desaparecido.

Estaba tras ellos. Con la katana desenfundada, no tardo más de quince segundos en dejarlos muy mal heridos, y salieron corriendo. Todos los isleños se asustaron, el pelinegro había vencido a cuatro de los hombres de Kobura, y este no tardaría en hacer aparición por ello. Todos corrieron, se encerraron en sus casas, cerraron puertas y ventanas y pronto en la calle solo quedaban el chico pelinegro, Mizuri y el vendedor herido.

-¿Está bien? –preguntó el ojinegro guardando su katana.

-Sí, solo me dieron unos cuantos golpes, gracias, pero ahora, tenemos que escondernos. –dijo el hombre.

Mizuri asintió, y junto a su "salvador", llevó al hombre a su casa, y después, Mizuri llevó al adolescente al hotel, para esconderse. Fueron a un comedor, y allí la chica dijo:

-Gracias por salvarme, aunque al principio no creí que un crío de… ¿cuánto? ¿Dieciséis? Pudiera salvarme. Pero gracias.

-Hmp… -respondió, mirando todo el comedor.

-Dime tu nombre, por favor, no pienso referirme a ti para siempre como "salvador."

El chico entonces le miró unos instantes, y luego volvió a mirar los cuadros y demás mientras decía:

-Me llamo Sasuke Uchiha.

CONTINUARÁ…