N/A: llegamos a LEO!! con este sí que me lucí XD Al contrario de lo que me pasaba con Shaka, Aioria es uno de los personajes que puedo manejar relativamente a mi gusto. Si decido utilizarlo tal y como luce en la serie, como el orgulloso león, consigo cositas que me satisfacen bastante. Si opto por el lado travieso (que todos los Leo tienen)... salen cosas como estas. Y si resulta que meto en escena al Fénix (otro que tal baila) y a mi querida sobrina Baby... Bueno, ya me direis, porque a la autora le gusta mucho XD. El capítulo en sí era un pequeño homenaje a Baby Guardiana porque, según el rol que llevamos en marcha, ella es aprendiz en Leo (que no aprendiz DE Leo) y es la reina del lugar. Muchas gracias a los que leen y, a los que dejan review... MUCHÍSIMAS MÁS GRACIAS, ME HACÉIS MUY FELIZ!!

DISCLAIMER: Saint Seiya y sus personajes no me pertenecen (T_T y lloro cada noche por eso), los OC pertenecen a sus respectivos creadores, escribir es un ejercicio libre y sin ánimo de lucro y... bueno, que mi mente funciona de maneras extrañas y sale todo muy OOC.


..::--LEO--::..

Ya nos acercamos a las tres y media de la tarde y, al haber estado picoteando en cada Casa, el hambre no nos molesta demasiado. Eso es bueno.

Cuando alcanzamos el rellano, miro a Baby para preguntarle de nuevo acerca del que allí mora y su aspecto me produce un escalofrío. Una maliciosa sonrisa asoma en sus labios y un curioso brillo ilumina su mirada. Le advierto que será mejor que no haga travesuras, y me dice que su sensei está acostumbrado. Ante mi cara de duda me explica que hace poco su mamá le permitió entrenar en el Santuario a cargo del Caballero de Leo puesto que ella misma pertenece a este signo. Entonces compadezco al pobre Caballero: aguantar a un adolescente arisco (por lo que he deducido de lo que Shun ha contado de su hermano) y a una infante hiperactiva, devoradora de galletas y, además, semidragona, no tiene que ser lo más fácil y tranquilo del mundo, precisamente.

Antes de que alcancemos a dar un paso al interior del Templo se oye un estruendo semejante al que haría un elefante en una tienda de porcelana china. Baby lanza un gritito de júbilo y se pone a saltar dando palmadas de pura excitación. Le pido que se calme y ella, entre risas, me dice que su sensei y el 'pajaroro de fuego' se están peleando por enésima vez en el día. Ahora empiezo a dudar de si me apetece entrar a preguntarle nada a cualquiera de esos dos que se están gritando todas las barbaridades que se les pasan por la cabeza. A punto estoy de expresar eso en voz alta cuando se oye la grosería más grande y salvaje que he oído en toda mi vida. Intento taparle los oídos a Baby, pero ella ha sido más rápida que yo y se los ha tapado solita. Cuando el vocerío cesa, me dice que su mamá le tiene dicho que cuando empiece a oír cosas feas se tape las orejitas. Felicito mentalmente a la madre por su buen método de educar a la nena y vuelvo a centrar mi atención en la puerta que supuestamente tenemos que atravesar para entrar a las dependencias privadas. Mirando a Baby, quien está parando oreja a ver qué escucha dentro, suspiro lamentándome de mi maldita suerte con los últimos Caballeros con lo bien que había empezado el día.

La nena abre con cuidado la puerta, entra de puntillas y yo me quedo como idiota mirando desde fuera. Ella avanza con sigilo, deteniendo incluso el vaivén de su colita para mantenerla rígida y que no haga ruido al rozar las paredes. Con más miedo que vergüenza la sigo hasta llegar a un amplio salón que parece haber sido el epicentro de un terremoto, un tsunami y un tornado en la misma mañana. Lámparas rotas, sillas volcadas, sofás literalmente echando humo, pequeños focos de fuego en las cortinas, un cortocircuito que hace que el televisor salte chispas… y dos voces resonando en el pasillo que dan la sensación de estar avanzando hasta donde Baby y yo nos hemos quedado plantadas de la impresión. Por inercia tomo la jarra de agua que milagrosamente permanece intacta sobre la mesa y la rocío sobre las cortinas para apagar el fuego, pero al televisor prefiero no acercarme demasiado.

Lo primero que entra en escena es un borrón azul volando aparentemente al haber recibido un fuerte empujón. El borrón cae tras uno de los sofás volcados y se levanta rápidamente para volver a la carga. Miro a Baby y ella me informa de que ese era Ikki, el hermano de Shun y Caballero del Fénix. Ni bien acaba de pronunciar la última letra otro borrón, esta vez más bien de color castaño, realiza el mismo aterrizaje forzoso que el anterior. Este tarda un poco más en levantarse, y la niña corre a trepar por el sillón para asomarse por encima y preguntarle al borrón si está bien. Se levanta un hombre joven con un evidente parecido con el caballero Aiolos, pero con más impertinencia en la mirada y una expresión corporal muchísimo más agresiva. Me mira a mí, mira a su izquierda, me vuelve a mirar a mí y extiende el brazo con la palma abierta a tiempo de detener a su atacante plantándole la mano en la cara. Antes de que el otro alcance a quejarse, su contrincante le hace un gesto para que mire en mi dirección. Como si alguien hubiera apretado el botón mágico, ambos se calman y se colocan las ropas como pueden mientras Baby vuelve corriendo donde mí y me dice que su sensei y el 'Pajaroro' siempre discuten cuando se quedan solos porque, cuando está ella, el sensei está demasiado ocupado intentando que Ikki y ella no se desintegren con uno de sus ataques. Muerta de la risa, me dice que Ikki sabe hacer fuego… pero que ella le ha congelado el 'culete' al chico en más de una ocasión.

Prácticamente temblando, dejo caer las cosas al suelo y alzo la mano para saludarles todavía aturdida por la situación en la que nos encontramos. Ellos mismos se presentan, tal y como ya se había ido viendo, como Aioria de Leo e Ikki del Fénix. Titubeando, me presento como puedo y le explico lo que he ido a hacer allí. Cielo santo, ¿cuántas veces he repetido la misma fórmula? (Y las que me quedan, por lo visto… phuuu) Mirando a su alrededor, el mayor me invita a pasar a un lugar un poco más ordenado mientras Baby se acerca con disimulo al joven para, en cuanto está tras él, hacer algo que yo no consigo ver pero que al chico le pone cara de haber mordido un ajo. Aioria la reprende y ella pone cara de perrito mojado mientras el chico se soba el trasero. ¿No será que la nena lo ha mordido? Con eso de ser dragona y tener colmillos afilados lo mismo ha tenido un lapso de instintos animales. O a lo mejor es que, como dice una amiga, casualmente su trasero estaba ahí cuando la nena ha cerrado la boca con fuerza (XD). Cuando el Caballero termina de aleccionar a la niña, impone movimiento y acabamos todos instalados en algo parecido a una biblioteca o, en su defecto, una sala de lectura con un amplio ventanal que proporciona una estupenda luz natural para grabar.

Viendo que estos dos tampoco llevan sus armaduras, sino que llevan ropa "de civil" seriamente afectada por su discusión, les pregunto dónde las guardan. Alzando la cabeza con orgullo, ambos Caballeros concentran sus cosmos, emitiendo respectivamente una curiosa aura dorada e ígnea, y al momento visten sus armaduras. Casi podría jurar que lo han hecho sencillamente por el hecho de pavonearse ante mí pero, cuando el caballero Aioria me informa que se las han retirado para no tener él ventaja en el combate por ser la armadura Dorada más poderosa, confirmo que es más por presumir ellos solos que por hacerlo por mí presencia. Suspirando, les pido que tomen asiento para poder comenzar con las preguntas.

En este punto pocas preguntas puedo hacerles de las que desconozca la respuesta, ya que entre Shiryu y Shun me han informado bien de todo lo que ha estado sucediendo en los últimos años. Pero, de todas maneras, siempre es curioso comprobar cómo cambian las versiones dependiendo de quien las cuenta.

Avisándoles que ya me han contado todo lo que ha ocurrido (sin decir quién me lo ha contado), les pido que me expliquen cómo vivieron ellos cada situación. Aioria me relata cómo pasó de ser el hermano pequeño del Caballero de Sagitario a convertirse en hermano de un traidor y, por lo tanto, en traidor y víctima de toda la violencia y el odio que los demás volcaban en él por no tener a su hermano cerca. Siendo así no me extraña en lo más mínimo que acabara siendo tan agresivo y arrogante como se muestra. Pura supervivencia, o te haces fuerte o te matan… literalmente. Ikki, por su parte, me cuenta una macabra historia sobre maltratos físicos y psicológicos por parte de un sádico que acabó matando a su propia hija sumergido en sus delirios psicópatas. De ahí a convertirse en renegado y atentar contra sus propios compañeros de armas hubo poco trecho. Toda una odisea de odio reprimido, enfrentamientos decisivos que le hicieron recapacitar, apariciones estelares en momentos de necesidad y expiación final.

Mirándolos bien, ambos parecen a primera vista un par de tipos duros a los que la vida no ha tratado bien, pero que han sobrevivido porque los tienen bien puestos. Pero, al ojo entrenado, es más que evidente que, detrás de esa coraza, hay corazoncitos que se emocionan con gestos amables y que desearían poder gritar a los cuatro vientos sus sentimientos, pero que no lo hacen por el temor a ser heridos de nuevo. Caray que han conseguido tocarme la fibra sensible estos dos. O, quien sabe, quizá es la absurda manía que tenemos las mujeres de pensar que los chicos malos en realidad no son malos, sino que necesitan cerca a una mujer cariñosa que consiga que ellos sonrían de pura felicidad y se dejen de tonterías. Pero no es este el caso. Se nota sobre todo cuando el Fénix habla de su hermano y de las penurias que ambos pasaron antes de llegar a la Fundación, o cuando el Caballero de Leo habla del tiempo que pasaron hablando su hermano y él cuando Athena les concedió una nueva vida por todo el sufrimiento vivido en su ausencia. Ese brillito en la mirada no la tienen los chicos malos ni aunque estén contando lo que disfrutaron conduciendo su moto a 200 kilómetros por hora en la autopista y, además, dejando atrás al coche de policía que les pisaba los talones.

Entonces Ikki da la voz de alarma y yo trato de no reírme. La cara que pone el caballero Aioria cuando Ikki pregunta una y otra vez dónde está Baby mientras mira en todas direcciones merece un premio. Ikki me mira con el ceño fruncido y me acusa de haber enviado a la niña en misión de desastre, como él la llama. Me defiendo alegando que yo estaba ocupada con la entrevista, y que no tengo motivo para azuzar a la peque en su contra. El caballero Aioria me da la razón y el muchacho no puede hacer más que cruzarse de brazos y poner mohín de niño regañado. Para resolver el misterio, Baby aparece con un plato lleno a rebosar de todos los dulces que ha encontrado en la cocina. Ahora sí que no me aguanto la risa…

Cuando el Caballero de Leo termina de sermonear a la niña mientras ella come galletas con carita de felicidad, él se vuelve hacia mí y me pregunta si ya hemos terminado. Ante tal brusquedad le pregunto si tanto molesto allí, y él me replica que tiene pendiente un ajuste de cuentas con cierto 'pollo rostizado'. El muchacho se encrespa como un gato y el cruce de miradas entre ellos hace saltar más chispas que el televisor del salón. Temiendo un nuevo desastre, obligo a Baby a dejar el plato de galletas en un lugar relativamente firme y me despido de los dos leones mientras recojo a toda prisa las cosas y salgo del Templo por patas.

Nada más pisar el primer escalón de bajada, el fragor de la batalla resuena en el pasillo que atraviesa el Templo, y una sospechosa nube de polvo avanza hasta nosotras movida por la suave brisa. Baby me mira y me dice que eso le va a tocar arreglarlo a su sensei en cuanto el caballero Aiolos baje a echarle la bronca del siglo. Suspirando de resignación, reemprendo la bajada contemplando muy feliz los últimos cuatro Templos que me quedan antes de terminar definitivamente un trabajo que en principio me pareció lo más divertido del mundo.