CAPÍTULO 9

ADVERTENCIAS Y PREOCUPACIONES

Él no dado más de dos pasos lejos de la sala de autopsias antes de que Ángela saliera de la nada (¿Ha estado esperándolo todo el tiempo?), agarrándolo inmediatamente del brazo y llevándolo directo a su morada.

-Necesito hablar contigo.

-Y yo necesito hablar con Bones, y luego con Hodgins. ¿Esto puede esperar?

-Hodgins está ocupado fisgoneando a sus nuevos escarabajos de corteza que sacó de un innombrable relajo que alguien dijo que eran restos humanos. Tengo mis dudas, si te interesa. De que es humano, me refiero. Luce como una hamburguesa.

-Eso deja a mi compañera – el comienza, pero es interrumpido.

-Bueno, acerca de ello…

Entonces Booth se da cuenta de que ella lo ha distraído lo suficiente como para tenerlo justo donde quería, que era fuera de su oficina con la puerta cerrada. Luz emanaba de la ventana, de entre esas nada bienvenidas flores rosadas que fueron dejadas al lado de la mesa, aun luciendo unos rastros de brillo sobre los bulbos rosados que tomaban la forma de un lienzo.

Él no puede apartar la vista del impresionante arreglo de rosas, peor aún después de que ella deliberadamente las pusiera enfrente de él.

-¿Qué está pasando?

-¿Quizás deberías de ser más específica? – la clásica evasión: mantenerse todo el tiempo posible bajo el disfraz de solicitar una clarificación de una vaga y abierta pregunta. ¿Cualquier número de cosas que podrían asar en ese justo momento y como se supone que saber cierta cosa en particular que tenía en mente?

Debido a su evidente y nada convincente esfuerzo por hacerse el tonto, Angela pasa de tener los brazos cruzados a tenerlos sobre sus caderas, su ceño se frunce más mientras cambia el peso de sus pies. Es un movimiento agresivo, la forma en la que acrecentó su área para acercarse a su espacio (lo cual es algo que él siempre encontró sorprendente, las formas sutiles en las que Ángela proyectaba "intimidación" sin siquiera perder una pizca de su personalidad ultra-femenina).

-Brennan… - Y sus ojos apuntan directamente a las flores, pero luego regresan a él – y tú.

-¿Yo?

-No trates de engañarme, Booth.

Booth piensa que lo sacó de su padre.

-¿Qué te ha dicho? – no hay deflexión esta vez, pero buscando un punto de partida que pudiera satisfacer a Ángela y luego ir por su compañera.

-¿Qué tan serio es esto? – el contraataque de Ángela le indica que probablemente ya lo sabe todo lo que Brennan hizo. Es eso, o ella captó la idea debido a su urgencia para que todos cooperaran en esto.

-¿Tú que crees? – Y no es sarcasmo – Si fueras tú la que recibieras esto… ¿Qué pensarías?

Booth le da la carta que quiere que Hodgins analice, la sucia historia que protagonizan Brennan y su traje de cumpleaños. Ángela la analiza mientras una de sus cejas se levanta,

-Creo que este tipo debería de escribir para Harlequin.

-¿Eso es bueno?

-Es malo - Ángela gira sus ojos mientras le devuelve la carta a Booth y es entonces que habla y Booth entiende a lo que se refiere con "malo". (Una pista: sus inefectivos esfuerzos para evadir sus preguntas). Solo había una, preguntada de diferente forma, y ahora estaba preguntando de nuevo. Más bien dándole pistas – Brennan me la enseñó hace un par de días cuando la abrió. Si hay algo que la tiene molesta hoy, definitivamente no es esta carta.

-Las rosas.

Un sutil movimiento de labios, ojos entrecerrándose y echando chispas, Ángela cambia su peso su tono en algo más que se parece a una burla.

-Intenta de nuevo, Semental.

-¿Yo? – si no eran las rosas ni la carta entonces no había mucho de donde escoger, y como ella está esperando a que él adivine, es significa que…

-Te lo preguntaré de nuevo: ¿Qué tan serio eres con esto?

Desconcertado por su franqueza, Booth retrocede y admite (silenciosamente) que ella tiene derecho a preguntar. Ya era hora de que respondiera, y aunque no le debía nada a la artista que lo está interrogando ahora por el bienestar de su amiga, Booth sabe que va a tener que responderse a sí mismo pronto. La ventana de la oportunidad no se va a mantener abierta para siempre y él aún no sabe que decisión tomar, no con todos los resultados posibles.

Podría ser el miedo, esta alocada sensación que vive en sus agallas mientras contempla todos los posibles finales malos y los pesa contra la única cosa segura que sabe: hacer nada, arriesgar nada. Lo más seguro era decir que solo lo estaban y que nunca deberá preocuparse por perderla completamente.

Excepto ahora, un acosador está amenazando con hacer precisamente realidad su peor miedo: perder a Bones.

-¿Qué dijo cuándo te dio las rosas? - un contraataque en forma de contra-pregunta.

-A ella no le gusta el rosado.

Sí, eso ya lo sabía. Todo el que la conoce lo sabe.

-¿Y?

Ángela comienza a reír.

-Bueno, hubo toda perorata. Ella pensó que de plano estabas exagerando con todo esto, o…

Ella arrastra las palabras, mientras su mirada lo recorre especulativamente

-¿O qué?

-O inclinarse para entrar.

¿Qué demonios significa eso? Su risa está parcialmente intencionada para liberar la frustración que no está menos provocada por la insinuación que ella no se molesta en ocultar. Él ríe porque su supuesta fuente no lo parece.

-¿Bones dijo eso?

-No con tantas palabras – su mirada vuelve a ser penetrante en él - ¿Estás olvidando con quién estás lidiando?

Una pregunta bastante mordaz, llena de veneno, tanto que siente el piquete de sus palabras y reacciona acorde a ellas.

-No.

-Da un paso adelante o un paso atrás, es es lo que siempre digo – Ángela hace saber su advertencia alegremente, girando tan rápidamente que su ligera y coqueta falda giró con ella – pero de cualquier modo, deja de estancarte.

Ella se retira, dirigiéndole una mirada, mientras toma un pincel para hundirlo en una mancha de tinta café que está sobre su paleta y luego comienza a dibujar líneas cafés donde el blanco de la canasta de las rosas que yacen en su lienzo. Pinceladas y manchas de blanco y negro alteran el café, oscureciendo y brillando las sombras y luces tan rápidamente que las manchas café toman una forma diferente en menos de un minuto: una mesa para sostener la estructura.

Él se pregunta como puede hacerlo tan rápidamente, pero al mismo tiempo no debería de estar tan sorprendido. En todo caso, la eficiente salpicadura de tinta que cambiaron el café en una mesa podría ser una metáfora de cómo la luz y la oscuridad han comenzado a cambiar su compañerismo tan rápidamente. Menos de 24 horas después de admitir que deben mantenerse mientras ella esté demasiado lejos de estar lista, encontró que sus pensamientos hacia Brennan que ayer estaban vacilando en el filo del cuchillo de la tentación, y ahora comenzaban a tambaleándose a una final y fatal caída al abismo. Aún está intentando no caer.

Y Ángela acaba de darle ese último empujón que lo pone al borde. Aún sin un chance de cambiar de postura o inflexión, ella lo incita con lo único que quería escuchar.

-Ella está en el Limbo, Booth.

Esperando

-Lo sé.

-¿En serio? – su significado oculto es innegable, lo está desafiando - ¿Qué estás esperando entonces?

-¿Piensas que estoy exagerando?

Pausando la pintada, Ángela voltea lentamente para asegurarse por que cambió el tema.

-¿Lo estás?

-Tal vez – cualquiera que esté en la fuerza de la ley pensaría que un miembro del público intentara poner una queja criminal sin que importe una carta anónima y dos arreglos florales anónimos. Bajando la vista hacia la misiva que ha puesto sus agallas en llamas, Booth intenta dilucidar que exactamente, a que está reaccionando. ¿Eran celos o territorialidad? (No real ni probablemente, sí) ¿Él tendría este mismo sentimiento de un enemigo acercándose si fuera Cam la que recibiera estas cartas y flores? (No). ¿La preocupación del bienestar de Brennan le está advirtiendo la debilidad de sentir el nivel de riesgo en las personas que están cerca de ella, o realmente su instinto le está hablando? (sí, y definitivamente). De alguna forma él encuentra el coraje para añadir – no puedo ser objetivo cuando se trata de ella.

-Lo sé.

-Ella no está asustada – agrega. Esa es la razón por la que siente un claxon de 4 alarmas sonando a la distancia. Además de la sincronización y el deliberado esfuerzo por mantenerse sin nombre, no había nada más que lo ayude. Sin amenazas, solo… su instinto. Un instinto que le decía que todo esto apenas está empezando.

-Porque confía en ti – Ángela da media vuelta para ver a las rosas con un ojo crítico, examinando los delicados pétalos rosados con su atención de artista al detalle – no son las flores lo que la preocupan, sino tu reacción a ellas.

-Sí bueno, ya hemos establecido firmemente que Bones no confía en mi instinto – en cualquier otro caso, estarían discutiendo y riéndose de papas fritas robadas.

-Bueno, lo haría si le dieras algunas evidencias – la artista lo despide con la mano – así que ve, haz que Hodgins vea la carta. Tal vez logre encontrar alguna marca de agua de Sta. Elizabeth o algo así.

-¿Y cómo quieres que encuentre eso reconfortante?

-Hey, al menos así tendrás una razón para en pánico – la sonrisa totalmente sin complejos de Ángela hace que Booth le dirija una propia. Sta. Elizabeth contuvo a algunos de los acosadores más notorios de todos los tiempos, a unas cuantas millas de ahí. Tranquilizante. Absolutamente.

No.

-No estás ayudando para nada, ¿lo sabes?

Ángela ríe ligeramente.

-¿Acaso creías que iba a ser fácil?

Que Dios lo perdone si alguna vez comete ese error. Nada en el Jeffersonian ha sido fácil para Seeley Booth.

Rodando sus ojos, Booth da media vuelta para salir al corredor – Bones aún no se encuentra en la plataforma o en su oficina – y se coloca en la entrada de su segundo lugar menos favorito (después de la horripilante casa de Cam llena de cadáveres carnosos a la cual ni siquiera Temperance se atreve a entrar). El "Chico Bicho, como Booth no tan cariñosamente lo llama, estaba totalmente inmerso en el apropiadamente llamad "Cuarto de Bichos", donde todas las cosas horribles, repulsivas y asquerosas van a parar. A pesar de la advertencia de Ángela acerca de los escarabajos de la corteza, él encuentra al científico viendo por el microscopio, girando perillas y murmurando bajo su aliento acerca de escarabajos del pino sureños, sin estar de humor realmente para tomar mucho de su tiempo y atención de cosas más interesantes.

-¿Qué tienes en contra de los escarabajos del pino? – pregunta Booth desde la puerta.

-¿Además del hecho de que están en todas partes, destruyendo bosques, consumiendo a la industria forestal (comiéndose a la línea de fondo del grupo Cantilever, (asume Booth), y te que tampoco nos está ayudando a descubrir como este cadáver fue movido…? Nada. - El Dr. Jack Hodgins levanta los ojos más azules que Booth haya en un hombre, su infantil entusiasmo por los insectos y la mugre no han disminuido ni un poco desde que alcanzó la adultez – Es solo que me están manteniendo lejos de las realmente fascinantes mancas de hongo keratinolítico que encontramos. ¿Hongos que comen cabello que solo hay en granjas avícolas? ¡Eso es algo de lo que sí hay que estar excitados! – si el tono de su voz pudiera frotar sus manos de alegría esto generaría calor. La sombría visión de Booth, en cambio, realiza que los aburridos escarabajos del pino no lo son. Él se permite lucir distintivamente no impresionado, haciendo que el tafonomista baje un poco su entusiasmo. –Pero probablemente no se trate de un caso que te interese…

-Para nada.

-Sí, esto es algo de la Policía Estatal de Virginia… - Hodgins presiona un switch que hace que el microscopio se apague antes de levantarse y ponerse al lado del agente del FBI que casi está seguro de ser su amigo – y no estás aquí por eso.

-No, estoy aquí para pedirte un favor.

-¿Un favor? – pregunta Hodgins contrariado.

-Estoy seguro de que me debes dos.

-¡¿Dos?!

-¿Por qué estás repitiendo? – la entrega flota por encima de Zack Addy justo detrás de sus brazos, que estaban extendidos con una bandeja de hueos grasosos y con olor desagradable. El interno de su compañera antropóloga forense mira a la fuente de dicho bramido mientras apenas rompe un latido y hace un razonamiento abductivo – oh, ese es el por que, Hola, Agente Booth.

Dirigiéndole nada más que un asentimiento, Booth da media vuelta al talentoso experto que necesitaba mientras recordaba su pecaminoso pasado.

-Como yo lo veo, me debes un favor por sacarte de esa gal a la que no querías ir, y…

-Yo no te pedí que hicieras eso.

-Navidad.

Eso fue un golpe fatal.

-Esa fue buena – ríe Zack desde el hervidero, ganándose una mirada ácida de su amigo y una tolerante sonrisa del agente.

-Tuviste diversión – insiste Hodgins.

-¡¿Diversión?! Estar atascados con ustedes en Navidad, con el trasero atascado de inyecciones, durmiendo junto a Goodman y perdiendo todauna mañana con mi hijo…

-¡Está bien! – capitula Hodgins levantando las manos con molestia, notando la que estaba en desventaja gracias a la deflexión de Zack (evidenciada por la sonrisa del chico y su mirada de "al menos yo le di un robot al niño") y dándose cuenta que será mejor pagarle pronto a Booth antes de que venga con algo más terrible que… - ¿Qué quieres?

-Quiero que analices esto, extraoficialmente – como si la naturaleza clandestina amenazara a Hodgins con lanzarlo a la conspirativa madriguera del conejo, Booth pone la carta en su rango de visión, efectivamente cortando la visión de la inevitable digresión de Oliver Stone cuando vio la dirección – Oh, ¿la Dra. B sabe de esto?

-Sí

Tomando con curiosidad la hoja de papel envuelta en plástico, Hodgins voltea el sobre para verlo desde diferentes ángulos, examinando el contenido rápidamente con su ojo entrenado - ¿Qué es lo que quieres saber?

-Todo lo que puedas decirme.

-Seguro – se encoge de hombros, volteando al gabinete y sacando un nuevo recipiente de transferencia de evidencia y un folder plano - ¿Por qué extraoficialmente?

-Aún no es un caso formal. Podría ser algo importante después así que trátalo como evidencia. Sólo… hazlo silenciosamente.

-¿Quieres fotocopias?

-Sí, gracias – después de encontrar a Bones, su próxima parada era la Unidad de Ciencias del Comportamiento. Pero primero… - ¿Sabes dónde está Bones?

-La Dra. Brennan está en El Limbo – responde Zack. Acaba de depositar el ultimo hueso grasoso (largo, tal vez un fémur) en el hervidero y una vez la tapa estaba cerrada, el temporizador puesto, ve de nuevo a Booth con un raro dejo de extrospectiva – ella recibió una llamada y después de colgar ella estaba…

El olor de enfermiza, podrida e hirviente carne humana le recordó a Booth por que este era su segundo lugar menos favorito del laboratorio.

-¿Cómo qué? – necesitaba salir de ahí inmediatamente, fuera de los nerds parlanchines, fuera de la esencia de rosas y muerte.

-Como si quisiera estar a solas.

¿Bones queriendo estar a solas en un momento así? Aún no era medio día y esto ya se está convirtiendo en un día bastante podrido.