Capítulo 9: La estudiante en prácticas

Las fiestas navideñas habían llegado a su fin.

Habían sido las primeras navidades en Londres para Harry y Sirius en mucho tiempo. El ojiverde se había sincerado del todo con su padrino en aquellas dos semanas. Sirius ya sabía que Harry sentía algo por Hermione y que aquellos meses lo había pasado mal en el colegio.

Hablaron de volver a Nueva York.

El chico se había imaginado de nuevo por aquellas calles llenas de gente, se había imaginado volviendo a Darjiull y viendo a sus amigos de nuevo, esos amigos a los que desde hacía un tiempo sólo le unía alguna esporádica carta. Quiso imaginar volver a lo que creía su hogar…

Por Navidad le había llegado un regalo de Hermione. Harry no se lo esperaba, aunque él mismo también la había mandado un detalle especial; un ejemplar de la primera edición de Historia de Hogwarts que esperaba que hubiera gustado mucho a la castaña.

La chica le había regalado un completo set de limpieza para su escoba. El regalo iba acompañado de una pequeña carta en la que Hermione le contaba que al final habían ido a pasar las fiestas a Francia con sus tíos y que no soportaba a sus dos primas, también le agradecía con todo el corazón el regalo que la había encantado. Lo que más gustó a Harry fue la despedida de la carta: Te extraña, Hermione.

Una sonrisa se había dibujado en su rostro y no se había ido en todo el día. Los de la Orden del Fénix que habían ido a Grimmauld Place a comer con Sirius y Harry, pensaban que la pequeña fiesta con su familia le estaba haciendo bien, cuando en verdad la persona que no estaba allí era la que más feliz le había puesto.

Por la noche, cuando todo el mundo se había ido, se puso a escribir una contestación a Hermione. Tardó casi una hora en escribir cinco líneas. Había escrito y reescrito la carta, y finalmente ésta marchó hacía Francia de la pata de Hedwing con un contenido que en un principio ni si quiera pensó en poner… a parte de agradecerle su regalo, en la carta Harry le contaba a Hermione que había estado hablando con Sirius de la posibilidad de volver a Nueva York.

No sabía cómo había llegado a escribir aquello, pero lo había hecho… en el fondo él quería saber qué opinaba la chica respecto al tema, y sobretodo qué sentía.

La respuesta no tardo en llegar. En dos días Hedwing volvía a casa. Se la notaba agotada y Harry después de coger el pergamino, la metió en su jaula para que pudiera comer tranquilamente y descansar después de un viaje tan largo.

Después de atender a la blanca lechuza, cogió el viejo pergamino entre sus manos y se tiró en su cama para leerlo.

Hola Harry,

No sé muy bien qué decirte… sé que no eres feliz aquí y ya te dije hace meses que temía que esto sucediera, en la Casa de los Gritos… ¿recuerdas aquel día?. Yo sí, todo. Y todos los demás días… quizás no haya sido la mejor amiga del mundo, quizás no me haya comportado como debía, quizás he dicho o hecho cosas mal, quizás no merezca decirte esto… pero quiero que sepas que si te vas, no habrás pasado por mi vida sin importancia, eres una parte muy importante de mí Harry. No sé cómo lo has hecho… ni siquiera sé si has hecho algo, pero algo me pasa…

Quiero lo mejor para ti, y si está en Nueva York lo aceptaré, si ése es tu hogar, lo acepto… sólo te pido que no me olvides, porque yo jamás podría olvidarme de ti ya.

Besos, Hermione.

Harry releyó la carta varias veces. Sentía que había muchas ocultas entre aquellas líneas escritas de la mano de la chica que quería… escritas con la mejor caligrafía y el mejor cariño que nadie le dio.

¿Recuerdas aquel día?

¿Cómo podría olvidar la primera vez que probó la dulzura de sus labios? ¿Cómo podría olvidar el día en que la sintió suya confesándose cosas y jugando a estar solos los dos…

Yo sí, todo.

La sangre de Harry se había helado en esa parte… cerraba los ojos e imaginaba a Hermione diciéndole al oído que recordaba todo… aquella chica lo volvía loco, literalmente… lo racional sería irse y dejar de sufrir por alguien que tenía pareja y parecía jugar con él… pero su corazón le gritaba que no estaba roto, que podía aguantar y que luchara por ella, que seguro había una oportunidad dónde menos los esperara.

Él quería ser feliz… y se volvió a imaginar en Darjiull rodeado de sus amigos, sin agobio de la fama, siendo quién de verdad era, siendo amable, siendo feliz… sin Hermione.

Y lo vio claro.

Tomó pluma y pergamino y se puso a escribir.


Hermione estaba nerviosa en el andén. Buscaba con la mirada a Harry. Necesitaba verlo.

Seamus había pasado las navidades en el colegio, por lo que no habría problema para que viajara con Harry en el Expreso hasta Hogwarts. Harry volvía a Hogwarts.

Cuando Hedwing había picado en la ventana del cuarto de invitados de sus tíos había sentido un vuelco. Sabía que había sido demasiado sincera con sus palabras en la carta que le había mandado a Harry, pero se le encogía el corazón sólo de imaginar no volver a ver a Harry.

Había abierto el pergamino de Harry con mucha lentitud, como queriendo alargar el momento, pero con su corazón a la vez gritando que se moría por saber.

Y se murió.

Se murió porque Harry le decía que había decidido quedarse porque desde hacía mucho tiempo Londres y Hogwarts eran su hogar, porque su hogar era dónde estaba su corazón.

Hermione sintió una felicidad incontenible en su interior y sólo deseó que llegara el viernes 2 de Enero para encontrarse con Harry en el andén 9 y ¾ cómo el ojiverde le había dicho en su carta.

Y la fecha había llegado, pero Harry no aparecía, y Hermione estaba nerviosa.

¿Y si se había arrepentido?

¿Y si había cambiado de opinión?

¿Y si había vuelto a Nueva York sin despedirse?

¿Y si estuviera divagando y ahora le tenía delante con sonrisa y mirándola con sus penetrantes ojos verdes?

Harry estaba allí y sin darle tiempo a decir nada Hermione se lanzó a sus brazos. Lo abrazó con fuerza, con ímpetu, con ganas, con… lo abrazó con muchas cosas que ni ella misma entendía mientras Harry la apretaba fuerte y deliciosamente.

Quizás el abrazo duró más de lo debido, pero no importó mucho. Cuando se separaron, se miraron a los ojos.

- Te eché de menos.-dijo con sinceridad Harry.

- Bienvenido a casa.-contestó Hermione con una sonrisa.

- ¿Harry no me vas a presentar a tu amiga?.-Era Sirius. Estaba con los padres de Hermione. Los tres habían presenciado toda la escena, y al darse cuenta de aquello los chicos se sonrojaron avergonzados.

- Hermione, éste es mi padrino, Sirius.

- Encantada. Harry me ha hablado mucho de usted.

Continuaron las presentaciones oficiales, aunque sin alargarlo mucho pues los chicos pronto subieron al Expreso de Hogwarts. Hermione y Harry quisieron atribuirlo a la prisa por si el tren partía… pero en verdad les violentaba mucho la situación y preferían no tener que estar delante de los señores Granger y el alocado de Sirius Black.


Empezaban las clases de nuevo aquel 5 de Enero. Los alumnos que habían pasado las vacaciones fuera había vuelto el viernes pasado, pero las clases oficialmente empezaban aquel lunes.

Se notaba a la gente sin ganas andar por los pasillos, como si desearan haber podido alargar más las vacaciones. Las vueltas a la rutina nunca eran buenas.

Por suerte para Harry su vuelta al estudio empezaba con Defensa Contra las Artes Oscuras por lo que no sería tanta la tortura.

En el desayuno había estaba hablando con Neville contándose aburridas anécdotas familiares de las fiestas, pero no había podido dejar de mirar a Hermione de vez en cuando, y su corazón saltaba de placer al encontrarse con los curiosos ojos de la castaña mirándolo a él también, hasta que Seamus y Ron la hicieron irse con ellos y Lavender.

Después había ido con Neville hacia la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras y presenciaron una nueva calurosa discusión entre serpientes y leones: Malfoy, Crabbe y Goyle contra Seamus y Ron.

Los tres Slytherin se habían criado bajo ideas mortífagas y chocaban con las personas que creían que tenía igual derecho los hijos de muggle y los hijos de mago. Eso sumado al odio interno entre las casas, hacían que varias veces Seamus y Ron se vieran sumergidos en peleas con Malfoy y sus secuaces.

Se estaban insultando y subiendo el tono de sus palabras poco a poco. Harry desde lejos observaba junto con Neville. Alguna palabra iba dirigida a Hermione y el ojiverde buscó la mirada de la chica para ver si se sentía ofendida, pero no parecía importarle lo que pudieran 

decir de ella los tres slytherin's. Aquello orgulleció a Harry por dentro. Hermione era muy fuerte… era perfecta.

De repente Harry se dio cuenta de que Remus se acercaba por el final del largo pasillo y corrió hacia los chicos.

- Dejarlo ya, antes de que el profesor Lupin llegué.

- Cállate Potter. Tú no me das órdenes.

- No era una orden, era un consejo…

- Dejar en paz a Harry, parece que sólo os gusta discutir.-dijo Hermione.-Odio que no sepáis llevaros bien. Seríais grandes magos si aprendierais que lo más importante es estar unido.

- Una gran verdad señorita Granger.

Remus ya estaba al lado de ellos y había escuchado las últimas palabras de Hermione. Al lado del profesor estaba una chica muy bonita. Era asiática, con el pelo negro y largo y una bonita figura. Debía tener unos veinte años.

- Pero mejor dejemos por hoy las cuestiones filosóficas y pasen a clase. Les tengo que presentar a alguien.

Hermione dejó pasar a sus amigos y se puso al lado de Harry y de Neville que se había acercado a su amigo cuando el profesor había llegado.

- ¿Os importa si hoy trabajo con vosotros?.

- Por mí no hay problema.-dijo Neville sonriendo.

- Por mí, está claro que tampoco.-añadió Harry.-Pero vamos ya entrando, que nos vamos a quedar sin sitio cercano.

- Sí, además quiero saber quién es esa chica.-dijo Hermione dejando aflorar su innata curiosidad y Harry reparó en algo.

- Puede que sea la estudiante en prácticas de la que me habló Remus...-dijo Harry en voz baja.

- ¿Has dicho algo Harry?.

- No, Hermione, nada.

- Vamos chicos.-dijo Neville.

Los tres chicos entraron por fin y con suerte pudieron sentarse en mitad de la clase. Al lado de la pizarra estaban el profesor y la aparentemente nerviosa chica de antes.

-Buenos días muchachos. Hoy es el primer día después de las vacaciones y nos limitaremos a repasar los hechizos aprendidos el trimestre pasado.-dijo Remus y se giró hacia la chica.-Pero hoy, y durante unos meses, contaremos con la ayuda de la señorita Chang. Es una estudiante de último año de Magisterio Mágico y va a hacer sus prácticas con nuestra clase. Espero que la tratéis bien y que la dejéis hacer bien su trabajo para que se pueda licenciar con honores como merece. Puedes presentarte si quieres.

- Bueno… esto da un poquito de respeto, pero espero que nos podamos llevar bien. Mi nombre es Cho Chang y como ya ha dicho el profesor Lupin estoy aquí para hacer las prácticas antes de poderme licenciar. Y como no me gusta mucho hablar de mí, será mejor que os pongáis ya a recordar lo que aprendisteis los meses pasados.-dijo la chica sin poder esconder su los nervios de su voz.

Harry miraba interesado a la chica, parecía simpática y agradable. De repente ella se giró y se topó con los ojos de Harry posados en ella. El ojiverde se sonrojó y como regalo tuvo una preciosa sonrisa de Cho… mientras que para Hermione ninguno de los movimientos de los dos habían pasado desapercibidos y leía tristemente el capítulo sobre los vampiros.