Disclaimer: Digimon no me pertenece. ¿En serio? Que lista eres LeCiel.

Imagen: Banco en parque. Propuesta por Ficker D.A.T

(Imagen en mi perfil)

Coloreando bocetos

Capítulo IX. Crónica de un otoño inusual.

El desolado parque de Arisugawa se veía adornado solo con una banca, con un montón de hojas sobre ella. A su lado, dos troncos le hacían compañía. El otoño a veces podía ser muy aburrido, la gente no quiere salir por culpa de los fuertes vientos, que ya anuncian la llegada próxima del invierno. Solo un ave, de color verde, parecía disfrutar de aquel clima al volar, una y otra vez, de un lado a otro.

Una hoja cayo, lentamente, siendo atrapada por una grácil y delgada mano. Unos ojos miel, como esta estación del año, observaron a la pequeña y amarillenta hoja. Sonrío.

Un viento impetuoso llego de alguna parte, llevándose consigo el sombrero de aquella linda niña. Ella corrió inmediatamente tras el.

Una aventurada hojilla, de un árbol más alejado, llego rápidamente, como si alguien hubiese pedido su ayuda. Esta se quedó estancada encima de una cabeza rubia. Se escuchó una risita, proveniente de un pequeño, copia exacta del niño con la hoja en la cabeza, aunque más pequeño en estatura y edad.

El niño ni se inmutó, y dejando en paz a la frágil hoja, sentó a su hermano en la banca, él se quedó en un tronco. Empezó a tocar una armónica, blanca y dorada. El viento se apaciguo.

Pero aquel momento fue interrumpido por una voz potente.

Corriendo, ambos se marcharon.

El sonido de las hojas crujiendo al ser aplastadas era inconfundible, en especial cuando se trataba de evitarlas, ya que eso solo lo empeoraba.

Un par de anteojos se posaron directamente en la banca llena de hojas. El niño puso cara de desagrado, sacó un pañuelo de su bolso, y retiró con parsimonia todo rastro seco de lo que alguna vez formo parte de los imponentes árboles.

Una vez que todo estuvo limpio y en orden, se dispuso a sentarse, pero justo antes de hacerlo, dio un salto en el aire, asustando incluso a las aves que estaban cerca. Recorrió su cabellera negra azulada con las manos, con desesperación. Velozmente desapareció entre el ruido de las hojas al ser aplastadas, pues las seguía evitando.

Un pájaro, portador de unas hermosas alas verdes, se paralizó en el piso, pero una presencia externa lo alertó, agitó sus alas en defensa y voló.

Esta vez, ninguna mirada se centró en un lado, ninguna hoja cayó sobre una cabeza, ninguna hoja fue atrapada, y ninguna hoja fue evitada. Al contrario, fue como si todas las miradas invisibles del parque voltearan para ver aquel aparato tan curioso del niño pelirrojo. Aquel movía sus manos sin parar, y así lo hizo hasta llegar al primer tronco, el del lado izquierdo. Se removió entre la madera áspera, e incómodo, decidió salir de ahí antes de que su computadora se ensuciara por el polvo.

Un árbol se agitó con arrebato. Dos pequeñas manos se sujetaron de una de sus gruesas ramas. La niña se balanceo un momento, para luego dejarse caer en el suelo. Camino alrededor de la banca y los troncos, no le apeteció sentarse en alguna de esas opciones, acomodó el gorro azul que ocultaba su cabello, y siguió su camino, colgándose de nuevo en algunas ramas de los casi calvos árboles.

El pajarillo verde volvió, confiado. No se esperaba que una sombra se cerniera sobre él, con no muy buenas intenciones.

«Hermano», dijo una voz. Era una pequeña niña de cabello castaño, sus ojos se asemejaban a algunas hojas de color casi rojizo. Unos ojos café la observaron con fingida ignorancia. El niño paso sus manos por detrás de su cabeza, dejándose caer sobre un tronco, el del lado derecho. La niñita resopló, y con pasos dulces llego hasta la banca, meciendo sus pies de un lado a otro. Después de un rato, a ella le parecía que faltaba algo. Se puso de pie y recogió del suelo un puñado de hojas secas, esparciéndolas por todo el asiento.

Con una sonrisa en el rostro, estaba por regresar a su lugar, sin embargo, la voz de su madre exclamó el inevitable regreso. Su hermano la tomo de la mano, y juntos regresaron.

De nuevo, el ave de las majestuosas alas se asomó, abrió el pico lleno de felicidad al no ver a nadie, y agitó sus alas con brío. Probablemente ya nadie lo molestaría.

No sabía cuan equivocado estaba. Unos ojos traviesos lo observaban. Era un niño moreno y de cabello castaño… Sin embargo, esa es otra historia.


Nota: El parque Arisugawa no miya Memorial Park (nombre completo) está ubicado en Minato, Tokio. Estuve investigando algunos nombres de parques, y este me gustó mucho. Me recordó al nombre del compositor de Digimon; Takanori Arisawa. Sí, solo porque se parece a Arisugawa.


¡Holi! Les dije que la nueva imagen de Tri me había llenado de energía, y también de nostalgia :')

Esta viñeta me salió más larga de lo normal ¡Lo siento!

¡Ah! Por si acaso, la historia se ubica antes de que todos viajaran al Digimundo.

Espero que les haya gustado. Les dedico este capítulo a todos ustedes, sí, siempre escribo para ustedes, pero esta vez es diferente, digamos que, le dedico este capítulo a los niños que alguna vez se sentaron frente a la televisión, para ver una serie llamada Digimon ^_^

Y ya me voy. ¡Nos vemos!

¡Gracias por leer!