Gracias a Luna Andry, CONNY DE GRANDCHESTER, Magnolia A, y Val Rodríguez por acompañarme en esta historia.

¡Gracias por sus comentarios!

¡Espero seguir escuchando de ustedes chicas!

Los personajes le pertenecen a Kyoko Mizuki

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Todos estaba muy contentos de volver a ver a Candy y a Annie, también de conocer a Archie, Stear, y… Terry. Los niños del Hogar de Pony, junto con las Señorita Pony y la Hermana María estaban de los más contentos por verlos a todos ya grandes y felices. John estaba orgulloso de poder decir que ya no mojaba la cama, mientras que Jimmy estaba contento de poder ver a su jefa una vez más y estaba vez felizmente con su familia y amigos, tal vez de un enamorado ya que notaba la mirada de Terry en la pecosa. Candy estaba qué risa y risa, estaba muy contenta de verlos a todos muy saludables y grandes, ¡la mayoría ya le llegaba al abdomen! La Hermana María y la Señorita Pony habían puesto una mesa grande fuera del hogar y servían chocolate caliente con pan dulce.

Antes de llegar al hogar, Candy había parado a tener una charla con el Padre Árbol, la rosa que había sembrado ahí ya estaba seca por el frío, pero sabía que luego entrando la primavera los blancos pétalos de la Dulce Candy estarían muy hermosos. Le había dicho al Padre Árbol lo mucho que extrañaba a Anthony, y lo mucho que deseaba trepar sus ramas. Ahora estaba sentada alrededor de puras personas a las que amaba, a excepción de Terry quién se la estaba pasando viéndola de una manera muy rara.

-Entonces, mi jefa subió hasta lo alto del árbol y así fue como me ganó- contó Jimmy la anécdota de cómo se había hecho Candy su jefa. Todos en la mesa se rieron menos ella, la cual estaba muy concentrada en la maravillosa risa de Terry. Jamás lo había visto reír así y le gustaba esa fase de él. -¡Jefa!- exclamó Jimmy al ver cómo estaba la pecosa.

-No gracias…- contestó Candy rápidamente.

-Pero si yo no te ofrecí nada- dijo Jimmy y al ver la cara roja de Candy todos se echaron a reír. Esta vez Candy sí rió, pero Archie no, ni Annie. Archie había visto la forma en la que Candy miraba a Terry y la manera en la que él le cerraba el ojo al reírse, por su parte, Annie había visto los notables celos de su querido. Después de estar toda la tarde con los niños, los adolescentes decidieron retirarse y volver al día siguiente con algo para cada uno. Candy y Annie fueron despedidas calurosamente por cada uno de las niños, Archie y Stear se despidieron de los niños y de las señoras, pero Terry solo caminó alejándose de la pequeña escena amorosa. Notando la ausencia del hombre inglés, lo buscó y al mirarlo caminar hacia el Padre Árbol lo fue a seguir.

-¿Dónde vas?- le preguntó Archie tomándola del braco así impidiéndole que siguiera su camino. Su cara lo decía todo. No quería que fuera con Terry y lo más notable, "estoy celoso." Candy le sonrió y lentamente fue quitándose la mano de Archie de ella. -¿Dónde vas?- volvió a preguntar.

-Archie, tengo que disculparme con Terry- fue lo único que dijo Candy y siguió su camino hacia Terry. Estaba recargado en el árbol tocando la armónica cuando Candy por fin llegó. -Lo siento- lo dijo inmediatamente. Terry no tenía la más remota idea de por qué se estaba disculpando pero sabía que era por haberle gritado al insultar el caballo de Anthony. -Por…-

-Lo entiendo, pecosa- dijo Terry interrumpiendo la última frase de la rubia. El castaño cerró los ojos y siguió tocando la armónica. Si supiera que toco para ella, pensó él ruborizándose levemente pero aún notable. Archie los miraba desde lo bajo de la colina, Annie a si lado notaba lo mucho que Candy comenzaba a querer a Terry, pero no tanto como había querido a Anthony.

-Lo mejor será que ella sea feliz con quien quiera- dijo Archie tomando la mano de la pelinegra y dedicándole una sonrisa amorosa. Hasta que por fin entendía que Candy lo miraba solo cómo el primo que era. Annie se puso muy colorada pero respondió al llamado del corazón de su amado aceptando ser tomada de la mano y abrazándose de su brazo. Patty y Stear, al parecer, también habían encontrado el amor. Iban caminando de la mano cómo la feliz pareja que eran. Candy miraba a sus amigos, todos se miraban tan contentos, Terry también estaba contento de estar sentado al lado de ella. Pero había algo que le hacía falta a la pecosa y en ese momento se recordó de El Príncipe de la Colina. Anthony se había parecido mucho a él, y ahora que lo miraba, Albert también se parecía al príncipe solo que con cabello largo. Parecía como si esa navidad era para recordar y enamorar. Candy sonrió y le ayudó a Terry a levantarse. Juntos caminaron de regreso a la mansión de los Andley, en silencio aunque por eso se escucharan los fuertes latidos que ambos corazones resonaban.

Al llegar a la casa, los adolescentes se sentaron en los sofás y comenzaron a platicar de su aventurita que habían vivido con los niños del Hogar de Pony. –Me parece que son uno niños encantadores- dijo Patty abrazando en brazo de Stear quien estaba sentado a su lado. Archie y Annie también estaban sentados juntos abrazándose tiernamente. Terry estaba sentado al lado de Candy, sintiéndose incomodo con tan bonitas imágenes de amor optó por invitarla a la obra la siguiente noche. –Candy, ¿podemos hablar?- Candy asintió y salieron de la sala a la cocina, la cual estaba sola y caliente. El corazón de Terry lo estaba traicionando, el sentía algo más que simple simpatía hacia la pecosa rubia. Desde la noche bajo aquella tormenta había sabido que ella era su otra mitad, pero cómo decirlo. –Candy, mañana en la noche habrá una obra de…-

-Eleonor Baker, lo sé. ¿Por qué?- lo interrumpió mirándolo curiosamente. Si la invitaba a la obra, estaba pensando en darle un fuerte abrazo, ya que ella también tenía planes de ir… pero no sola.

-¿Te gustaría acompañarme?- preguntó bajando la mirada, y justo cómo había pensado la rubia, le dio un fuerte abrazo y entre sonrisas y contra su cuello le dijo:

-¡Por supuesto que te acompaño!- Terry le regresó el abrazo aunque hubiera sido tan improvisado. Se sentían los dos tan bien abrazándose y riendo, hacia ya un buen tiempo que ninguno de los dos se reía de esa manera. Se separaron y regresaron a donde se encontraban los demás adolescentes, todos estaban riendo felizmente mientras jugaban chess Stear y Patty. Candy estaba aún roja del abrazo que se habían dado ella y Terry, no sabía por qué pero se había sentido muy bien con él. Por su parte, Terry no podía dejar de mirar esos ojos verdes que tanto comenzaban a atormentarlo durante las noches. Todos estaban en su propio mundito cuando la Tía Abuela Elroy entró a la sala con cara de "hacen demasiado ruido."

-Tenemos un anuncio por hacer- dijo ella con su voz autoritaria que nadie le podía quitar. Miró a Terry y el caballero se levantó y le entregó su absoluta atención. –Lo sentimos mucho señor, pero la habitación que se fue entregada a usted tendrá que desalojarla la más pronto posible.

-Pero…- comenzó a oponerse Candy quien estaba muy confundida por esa noticia de la abuela pero también de los fuertes latidos de su corazón los cuales retumbaban en sus oídos, cabeza y cuerpo entero.

La abuela Elroy ignoró a Candy y prosiguió con su "noticia." –Hay alguien en esta casa quien es dueño de esa habitación. Son nada más que decir, la quiere de regreso- se volteo a ver las escaleras y llamó: -¡Ya puede entrar, señor!

De lo alto de las escaleras lo primero que se vio fueron los suaves y costosos pantalones color carne y las zapatillas de charol negras. Con la mirada empañada por los nervios y las lágrimas, Candy miraba asombrada a la persona que se daba al descubierto frente a sus ojos. Ese cabello rubio y corto, los ojos azules y hermosos. Su cuerpo estaba allí, frente a ella en carne y hueso, pensaba que lo había perdido pero no. ¡Lo estaba mirando una vez más! -¡Anthony!- exclamó antes de caer el piso inconsciente.

Terry corrió al auxilio de su pecosa y evitó que cayera al piso fuertemente tomándola de la cintura y tomándola en sus brazos. El causante de su desmaya ya había llegado hasta donde se encontraba parado Terry, le sonrió y extendió sus brazos para darle entender que él se haría cargo de la pecosa. Terry se quedó inmóvil. No estaba dispuesto a alejar a Candy de su vista y mucho menos entregarla al tal Anthony, si es que sí era él. El alto rubio de ojos azules la miraba intensamente al igual que miraba a Terry un poco enojado. Candy era tan bella, sencilla y amorosa, pero la imagen que tenía con Terry hacía que se sintiera… celoso. Solamente él quería estar con ella, pero…

-Llévela a su habitación- dijo la abuela Elroy, pero aún así el rubio no se movía. Rindiéndose a la terquedad del rubio, Terry puso a Candy en sus brazos con sumo cuidado y al mirar la sonrisa de victoria en el rostro del hombre, sintió un verdadero coraje por haber sido tan fácil y dejar que separaran a Candy de su lado. Miró con los ojos entrecerrados como Candy desaparecía en las escaleras. Dejó salir un suspiro y caminó a la puerta saliendo de la mansión para tocar la armónica.

Annie, Patty, Stear, y Archie habían sentido la fuerte tensión entre los dos hombres. Nadia había podido decir nada al respecto del hombre rubio ya que estaban aún sorprendidos de verlo. ¿Era su primo Anthony? Si lo era, ¿por qué estaba ahí? ¿Qué no había muerto? Eran las preguntas que pasaban por las cabezas de todos, hasta de Dorothy la cual había visto la escena de Terry y el recién llegado. La abuela Elroy estaba parada frente a ellos mirándolos soñar y preguntarse quién era en verdad en hombre.

-Bueno, una vez que despierte Candy daremos una pequeña fiesta por el regreso de un miembro de la familia- dijo y se alejó de ellos entrando al comedor y desapareciendo.

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¡Aquí está otro capítulo! Espero les agrade.

Se reciben quejas, aplausos, sarcasmo, y… jitomatazos. :D

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