Quinn fue la primera en bajar del auto y correr hacia la puerta del edificio que se alzaba frente a ellas, ya que la lluvia comenzaba a caer con furia sobre la ciudad. "Estas pálida, calmate!" sonrió con inocencia.

"Disculpame, pasa que no todos los días te toca ver como por primera vez alguien que no seas vos maneja tu Yugo" gruñó acurrucándose junto a Quinn para guarecerse de la lluvia. "Cuando me quitaste las llaves del auto, no se te ocurrió decirme que no sabías manejar?" protestó indignada.

" manejar" recalcó Quinn. "Lo único que no sabía, era hacerlo en un auto con caja manual, pero no estuve tan mal para ser mi primera vez, no?" bromeó mordiéndose el labio inferior para suprimir una inminente carcajada.

Quinn batallaba con el manojo de llaves, y Rachel se pegaba cada vez más a ella para evitar mojarse, o quizás simplemente usando la lluvia como excusa para tenerla cerca. Sea cual fuese el motivo, Quinn no tenía en sus planes quejarse al respecto. Mucho menos después de que, con el comentario anterior, la morocha le habia dejado implícito que era la única persona a la cual le habia permitido manejar su tan preciado auto.

"Si te sirve de consuelo," habló finalmente pudiendo hacer girar la llave en la cerradura para adentrarse por un oscuro pasillo. "No sos la única que va a tener una primera vez esta noche," completó a medida que comenzaba a encender las luces del lugar, justo en el momento en que Rachel se aferraba a ella con el fin de usarla como guía para no caminar a tientas.

Quinn se giró y observó la reacción estupefacta de la morocha, sus ojos abriéndose enormemente, su mandíbula rozando el suelo, a medida que caminaba siguiendo la hilera de cuadros que colgaban en las paredes del pasillo, desembocando en una enorme sala en donde las paredes seguían cubiertas por mas cuadros, algunos de ellos incluso más grandes.

"Quinn," suspiró mirandola confusa. "Qué hacemos acá? Tenés idea de lo que es este lugar? La cantidad de personas que pasaron por este estudio?" inquirió dejando que sus ojos inspeccionen cada mínimo detalle, mientras Quinn asentía ansiosa mordiéndose el labio. "Nirvana, Pearl Jam, Foo Fighters, Soundgarden, Alice in Chains, Blind Melon, Mother Love Bone, Ramones…" detalló, mencionando no sólo los nombres que recordaba habían pisado ese lugar, sino los que veía colgando en cuadros con discos de oro, platino, en fotografías. E incluso en cuadros enormes que contenían diferentes piezas de ropa autografiada por leyendas de la música no sólo de Seattle sino del mundo, haciendo del lugar un verdadero museo del rock.

"Mhm" volvió a asentir Quinn, con una sonrisa que seguía expandiéndose al ver el rostro iluminado de la otra chica. "Velvet Underground, Smashing Pumpkins, B. B. King, Candlebox, Hart, Johnny Cash, Stone Temple Pilots, Gossip, Neil Young, Mudhoney, Garbage, The Kills, Mad Season" enumeró risueña. Sintiendo, por primera vez en un largo tiempo, orgullo al hablar del tema, y despreocupación a la hora de poner de manifiesto que su vida estaba ineludiblemente ligada a la música, y a ese lugar en particular.

"Tu papá es el dueño de esto?" se volteó a mirarla con incredulidad, y Quinn asintió con timidez y un intenso rubor escalando por sus mejillas. "No… no lo puedo creer, nunca hice la conexión por el apellido" confesó adentrándose y memorizando en su retina cada sector del lugar.

Quinn caminaba detrás de Rachel, y la observaba deslizar sus dedos por las paredes, instrumentos, hasta llegar a la consola y mirarla con adoración. "Puedo?" dudó, señalando la sala de grabación que se erguía frente a ambas, detrás del ventanal de cristal que delimitaba la sala de control.

"Sólo si es para cantar la canción que escribías, sentada en el cordón de una vereda, para cierta chica que según dijo el emisor del mensaje 'era la más linda que habías visto en toda tu vida' " bromeó seductora, afirmándose en una de las paredes laterales.

"No puedo, aún faltan retoques, no está terminada" remarcó, encogiéndose de hombros.

"Y cuando esté terminada?" se apresuró a preguntar, la ansiedad consumiéndola internamente.

"Cuando esté terminada vas a ser la primera persona en escucharla" sonrió con la vista fija en la sala. "Sería inadmisible hacerle un mix a la chica más linda del mundo, con una canción original sin antes estar completamente segura de que la canción hace justicia a su belleza. Necesito una buena opinión" manifestó siguiendo la broma.

Quinn se mordió el labio y volvió a suprimir el creciente deseo de arrojarse a besarla como si su vida dependiese de ello. "Okay, podes cantar March Eighteen entonces?" propuso acercándose para pararse junto a la morocha, su mirada una mezcla de súplica y seducción que parecía tener resultados letales.

"De verdad? Lo queres grabar?" inquirió sorprendida, y entusiasmada a la vez, con un brillo peculiar en sus ojos.

"Mhm" sonrió y movió su cabeza en dirección a la puerta que otorgaba la entrada, indicándole silenciosamente a Rachel que entrase.

Y Rachel no perdió el tiempo y se adentró, recorriendo la extensa sala. Admirando los instrumentos, que acompañados por viejos pero acogedores sillones fusionaban un living cualquiera con años de historia de la música de la ciudad y del mundo.

Y Quinn la observó, siguiendo sus movimientos con una sonrisa enorme plantada en su rostro, y una emoción intensa que emergía de ver el gesto de adoración inusitado en Rachel. Porque devoraba el lugar con sus ojos no pensando en dinero, sino en música. En historia. En cultura. Y eso le dio la convicción de que había hecho bien en invitarla a conocer el lugar, cosa que jamás había hecho con nadie, en especial porque la mayoría de personas que se acercaban a ella lo hacían precisamente con ese fin.

Rachel hizo un ademan, señalando en dirección a los bajos que estaba a un costado, junto a guitarras acústicas y eléctricas, pidiendo permiso para agarrar uno de ellos.

Quinn asintió de inmediato, y la morocha no perdió tiempo en caminar directamente hacia un Rickenbacker 4001 del 1974 blanco, que no tenía nada que envidiarle a los Fender, Steinberger y Kubick que lo acompañaban, pero que por algún motivo resaltaba entre ellos. Y luego se trasladó hasta el centro de la sala, probando el bajo y reconociendo que no estaba apto para lo que pretendía tocar en él, pero desistiendo de la idea de modificar su afinación por miedo a causarle algún tipo de problema a Quinn al alterar el estado del instrumento.

Pero ese hecho no trunco su idea original, así que acabo posicionándose frente a un micrófono AKG 414, luego de haber conectado el bajo a un amplificador. Y cuando Quinn, con pulgares arribas, dio el okay desde la consola, Rachel deslizó suavemente sus dedos por sobre las cuerdas.

The way you're moving in your sleep
The way you look before you leave
The strange amount of food that you can eat
You don't know but I'm noticing.

Cantó cambiando la letra de la canción para que resemblara momentos anecdóticos de la noche que habían protagonizado, sonriendo divertida como un niño cuando realiza la mayor de las travesuras en su rebelde inocencia.

The way your hold anchored me to ground
The way you dress for a concert night?
The way you drive almost murdering my car
The growing beating of my heart staring at your fucking mouth…
You don't know, but I'm dying to kiss it.

Y no importaba la risa de Rachel a mitad de la canción por no lograr una perfecta rima, lo único que importó fue esa última línea.

Quinn sintió como su mundo se giraba por completo, y lo que hacía unos instantes podía expresarlo a través de The Only One de The Black Keys, paso a tener un alto voltaje primitivo que necesitaba de algo como Your Touch, para representar apropiadamente lo que resonaba en su interior.

Rachel le sostenía la mirada y lograba erizarle la piel con tan ínfimo gesto.

Y eso fue todo, fue simplemente más que suficiente. Quinn pateó a un costado sus inseguridades, tomo un bocanada de aire, y se rindió ante sus instintos. Porque esa noche poco importaba lo que hubiese pasado en una situación normal, esa noche habia sido diferente desde el vamos y ya era tarde para torcer el curso de las cosas.

Con pasos lentos pero firmes se acercó a Rachel, hasta quedar parada frente a ella, ya sin el bajo de por medio, oscilando su mirada entre sus ojos y labios.

"Por lo general no beso a personas que insultan a Barbra," bromeó causando una risa divertida en ambas que disipaba la tensión que sobrevolaba en la atmosfera.

"Me alegro de no haberlo hecho, entonces" razonó Quinn con divertida seriedad. "Sólo expresé con respeto cuanto me-" y el resto de las palabras se desvanecieron en el aire cuando Rachel se acercó, se aferró a su cintura y la atrajo contra su cuerpo, besándola con avidez.

El beso fue breve, y ambas se separaron no en busca de aire, sino de confirmación de que lo que sucedía era real y no nuevamente una ilusión óptica producto de sus deseos.

"Si te dejaba terminar esa frase, probablemente no podría haber vuelto a besarte" rió Rachel y se ganó un golpe en su hombro.

Y el segundo beso lo inició Quinn, lanzándose a los labios de Rachel y guiando, a su vez, el camino hacia el sofá que se hallaba en la parte trasera de la sala.

"Siento que estamos profanando un templo" volvió a reír Rachel, luego de que Quinn la forzase a dejarse caer sobre el sofá con ella.

"Shhh, no hagas que me arrepienta" respondió en fingida amenaza, ubicándose con delicadeza sobre su cuerpo, y comenzando a besar su mandíbula y cuello.

Las primeras piezas de ropa fueron cayendo a un costado, y sus manos exploraban con cierta timidez. "Mierda…. Tus manos están frías!" tembló Quinn, riéndose divertida.

Y Rachel también rió, nunca cesando en su tarea aunque desconociendo cuál era el límite, al menos hasta que Quinn lo dejo implícito,

La rubia se despojó de su remera, y acto seguido repitió la acción con la de Rachel recorriendo luego su torso desnudo con timidez, así también como con determinación.

Y aunque hasta el momento no habían hecho nada, esa nada era suficiente para superar cualquier iniciativa e impulso que Quinn habia tenido antes con Rivka. Un simple beso de Rachel la ponía en tal estado de excitación que no dudaba en arriesgarse a explorar lo desconocido.

De hecho Quinn sentía tanta adrenalina recorriendo su cuerpo que deseaba crear con Rachel una reversión del video All My Life de Foo Fighters, sólo que esta vez uno explicitó que hiciera justicia a la canción y la situación que habia hecho que Dave Grohl escribiese semejante letra.

Pero claro estaba, ese video difícilmente pudiese ver la luz algún día, ya que Quinn practicándole sexo oral a Rachel difícilmente podría sortear la censura que los canales de américa, y el mundo, ejercían.

Y okay, qué? Estoy pensando en sexo oral si nunca... oh, fue... se resignó Quinn, venciendo el pánico que la invadía al ser consciente de lo que le provocaba Rachel simplemente al acariciar la zona baja de su abdomen.

"Guiame," susurró con un hilo de voz que no hacía alusión a inseguridad, sino a la vulnerabilidad con la que se estaba exponiendo. Rachel la observó sorprendida por un instante, luego forzándola a cambiar posiciones, poniéndose sobre ella para, tomándose su tiempo, besar con sutileza sus hombros, cuello y labios.

"Mierda, Quinn!" se quejó separándose, y la rubia abrió los ojos sorprendida y temerosa, pero no encontró enojo ni nada preocupante, más bien un gesto aniñado de fastidio que la hizo alzar su ceja a modo de cuestionamiento. "Tu corpiño es a prueba de Rachel, no?" habló indignada y ambas rompieron en una carcajada cuando sus miradas se encontraron. "Deja de hacerme reír" se quejó.

"Vos deja de hacerme reír a mí," respondió Quinn, volviendo a reír al ver la actitud caprichosa de la morocha, que disentía de la imagen que presentaba, desnuda de la cintura para arriba, y su pelo alborotado por la intensidad que habían tomado las cosas.

Quinn se sentó, y forzó a que Rachel hiciese lo mismo sobre su regazo, su mirada se posó en sus pechos y Rachel no dudo en agarrar una de sus manos y guiarla, ascendiendo por su torso, hasta capturar uno de ellos, la respiración de la rubia agitándose por ese simple contacto.

"Estas segura de querer seguir?," preguntó percibiendo cierta dicotomía entre las acciones de Quinn, quien parecía luchar por vencer la timidez y las dubitaciones. "Podemos parar, no es nece-" pero un par de labios apresando los suyos parecieron responder de modo contundente.

Y Rachel se relajó al conseguir esa respuesta y haber leído la misma en la mirada profunda que se reflejaba en esos ojos que habían abandonado la fusión peculiar de reflejos miel y verde nacida en el color avellana, para dar paso un negro estremecedor.

Y Quinn se despojó de las tensiones al escuchar la pregunta y darse cuenta de cómo Rachel se preocupaba por su comodidad. Y eso le bastó para relajarse, por primera vez, y confiar en ella. Perdiendo los miedos y disfrutando el momento, en lugar de pensar en cómo disfrutarlo, que era lo que siempre había hecho cuando llegaba a ese nivel de intimidad con Rivka.

Sus manos encontraron el camino hacia sus respectivos destinos, mismo que sus labios, y si tardaron en arribar a donde eran esperados no fue por equivocarse en la ruta elegida, sino por, adrede, elegir el camino más largo en un acto que dejaba implícito como cada una de ellas deseaba extender al máximo ese viaje que estaban emprendiendo.

Las risas tiñeron todo, mezclándose con pesados suspiros, y suaves quejidos que exteriorizaban el intenso placer que las embriagaba, desafiando todas las reglas de la gravedad.

Y cuando la burbuja que crearon se rompió, el descenso fue casi igual, sólo que las risas fueron convertidas en sonrisas cómplices. Al tiempo que la pesadez de los suspiros desvanecía en livianas bocanadas de aire. Y los suaves quejidos emitidos agónicamente segundos antes, ahora cobraban sentido literal en forma de palabras absurdas que disfrazaban las que de verdad sentían, pero sabían que no debían pronunciar aun, encontrando en esa quietud el arrullo perfecto.

Las ondas de su éxtasis aun reverberaban, metafóricamente, como lo harían los acordes furiosos de Jack White en Shakin', a lo largo y ancho de toda la sala a medida que ambas se perdían en la mirada de la otra, recordando cómo habían llegado a donde estaban en ese momento.

Y el primer pensamiento fue como ambas habían deseado una segunda vez luego del primer contacto. Y una segunda vez luego del primero beso. Una segunda vez que había llegado, y que las dejaba deseosas de una tercera, una cuarta... y todas las que vendrían luego y que les harían posible corroborar la teoría que reza la propiedad infinita de los números.