HASTA EL FIN DEL MUNDO

IX: MALAS NOTICIAS

FLASHBACK

Año 13 del Nacimiento de Athena, durante la guerra santa contra Hades

Rodorio

Marin llevaba varios meses en la aldea de Rodorio, buscando a la hermana mayor de Seiya. Había encontrado a un aldeano cerca del Santuario, que le había dicho que había una chica de aspecto oriental que vivía en la aldea, y que tenía las mismas características físicas de la chica, según lo que el santo de Pegaso le había dicho.

Suspiró y se acercó a la casa que el aldeano le había indicado.

La amazona estaba un poco preocupada. Había sentido los cosmos enemigos en el Santuario. Una parte de ella quería regresar a pelear junto a Aioria y los demás, pero recordaba muy bien las órdenes de Athena. Sabía que los santos dorados no iban a tolerar a nadie entrando a los Doce Templos. Y además, estaba demasiado cerca de encontrar a la hermana de Seiya, no podía abandonar esa oportunidad.

Hacía unas horas había sentido el cosmo de Aioria elevándose, y estuvo segura de que el santo de Leo había peleado, y que había salido victorioso.

Marin sacudió la cabeza. No podía seguir pensando en ello. Tenía que encontrar a Seika, la hermana mayor de Seiya.

"Quizá este sea el primer paso para encontrar a Touma", pensó la chica con una leve sonrisa bajo su máscara.

La amazona siguió caminando entre las calles del pueblo de Rodorio. Mientras lo hacía, miraba disimuladamente el camino entre el pueblo y el Santuario. Ya hacía un rato que los cosmos de Aioria, Milo y Mu habían desaparecido del Santuario, y se habían dirigido a alguna otra parte. Se encogió de hombros. No sabía que estaba pasando, pero esperaba que estuviera todo bien.

De pronto, Marin sintió un horrible vuelco. No, no se había equivocado. La chica se llevó la mano a su pecho, y respiró hondo. Había sentido, para su horror, el cosmo de Aioria desaparecer por completo de la faz de la tierra. No solo él, sino los cosmos de los otros dos santos dorados se apagaron casi simultáneamente.

-No…- dijo Marin en voz baja, aprovechando la oscuridad de la noche para quitarse la máscara, y cubrirse la boca con una mano- no, por favor, no Aioria…-

Sacudió la cabeza. No, no debía afligirse por lo que había pasado. Aioria, al igual que él, era un guerrero de Athena, y debía estar listo para morir en cualquier momento. ¡Pero…! Sacudió la cabeza de nuevo. No se iba a sentir mal por ello. Sí, siempre había tenido sentimientos por Aioria. Sí, nunca se lo había dicho. Se frotó los ojos con el dorso de la mano, pero respiró hondo y se volvió a poner su máscara.

Ya casi amanecía, y tenía que cumplir con su cometido.

FIN DEL FLASHBACK

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Templo de Géminis, Santuario de Athena

Cuando Saga y su familia regresaron a casa y se enteraron de lo que había pasado entre Aioria y Marin, el santo de Géminis no pudo evitar palmearse la cara. Incluso Kostas, quien no pudo evitar escuchar sobre lo sucedido, quiso subir a buscar a su maestro. Saga se lo impidió.

-Pero papá…- dijo el chiquillo.

-No creo que sea buena idea que vayas con él, Kostas- dijo Saga, poniendo sus manos sobre los hombros de su hijo- dale un poco de tiempo. Creo que todavía está muy enojado por lo que pasó, y necesita un poco de espacio-

Kostas no dijo nada más, y suspiró largamente.

-Mira el lado positivo- le dijo Cecilia, rodeándolo con sus brazos y haciéndolo sonreír- al menos vas a pasar más tiempo con nosotros-

-Vamos- dijo Saga, al ver que ya había oscurecido- vamos a dormir. Cecy está cansada también-

-Sí, buenas noches papá, mamá- dijo Kostas, abrazando y despidiéndose de ambos antes de irse a la habitación de aprendices para pasar la noche. Saga se volvió a la chica y la tomó de la mano tras verla bostezar.

-Vamos, estás cansada- dijo Saga.

-Lo estoy, un poco- admitió Cecilia, poniéndose un mechón de cabello detrás de la oreja mientras caminaban a su habitación.

-¿Qué pasa?-

-Estoy un poco preocupada por Aioria y por Marin- dijo ella- no puedo creer lo que pasó. Espero… que ambos se reconcilien-

Saga suspiró y se rascó levemente la cabeza. Estaba preocupado también. Según lo que había escuchado de Sigmund cuando regresaron al Santuario fue Aioria había besado a Lyfia y que Marin lo vio todo, pero esa versión era ridícula. ¿Cómo era siquiera posible eso?

No, seguramente era un malentendido. Aioria podía ser un tarado, pero adoraba a Marin y jamás siquiera consideraría mirar a otra mujer con los mismos ojos con los que la miraba a ella. Entrecerró los ojos. Seguramente eso era cosa de Lyfia.

Saga levantó la mirada, y vio que Cecilia también estaba perdida en sus pensamientos mientras que jugaba con un mechón de sus cabellos. El chico sonrió y la abrazó.

-Ya veremos mañana si podemos hacer algo por ellos- dijo él, sonriendo y besando su mejilla- buenas noches-

Ambos se metieron a la cama, y Saga la abrazó por debajo de las sábanas. Canuto se ovilló en un pequeño espacio entre ambos y se quedó dormido tras un bostezo.

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Templo de Leo

Al mismo tiempo

Aioria se sentía, si era posible, mucho peor que antes. No solo Marin se había enojado con él, sino que había creído que él había besado a Lyfia. ¿Porqué le pasaban estas cosas a él?

Sacudió la cabeza, reviviendo una y otra vez lo que había ocurrido. ¡Si él no había hecho nada malo! Aún no podía entenderlo. Él había bajado a los terrenos del Santuario rumbo al recinto para ver a Marin, invitarla de nuevo a pasar esa noche con él, porque la extrañaba. Era un hombre honorable y su hermano mayor le había enseñado a que no debía ser grosero.

Cuando Lyfia le pidió despedirse de él, nunca pensó en negarse, y ni en sus peores pesadillas hubiera imaginado lo que haría la chica. Y cuando la vio caerse frente a él, por instinto extendió sus brazos para evitarlo. Si hubiera sabido…

Sacudió la cabeza. No, jamás hubiera dejado de hacer lo que tenía que hacer lo que tenía que hacer.

-Aaarggg…- gruñó Aioria, golpeando una de las paredes y dejando un enorme hueco en ella.

El león dorado se dejó caer al suelo y se llevó las manos a la cabeza, tirando un poco de sus cabellos en desesperación. ¿Porqué le hacían eso? ¡Era horrible!

Toda su vida, desde aquella tarde en el bosque del Santuario que había encontrado a la pequeña aprendiz entrenando y golpeando un árbol con sus puños desnudos, la había detenido y había recibido un buen golpe por ello, Aioria se había enamorado de Marin. La niña japonesa a la que nadie quería en el Santuario. La chica que había peleado con todas sus fuerzas para ganar su armadura. La chica que tenía la sonrisa más hermosa que había visto en su vida.

-Arrgg…. ¿porqué a mí?- se quejó el chico, cubriéndose la cara con las manos.

Él jamás, ni en sus más oscuras pesadillas, habría imaginado hacer algo que hiciera enojar o llorar a Marin. ¡Jamás! La amaba con toda su alma, aunque fuera un poco torpe para demostrarlo. Pero la amaba, no era más que un cachorrillo enamorado.

Cerró los ojos, los cuales estaban ya húmedos, y se resistía. No quería llorar, pero su corazón estaba roto. ¡Marin lo había terminado! La mujer que él amaba ya no quería saber nada de él. ¿Y ahora que iba a hacer sin su Marin?

Como niño pequeño, Aioria se ovilló en una esquina de su templo, y cerró los ojos.

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Recinto de las Amazonas

Al día siguiente

Marin no había pasado mejor noche que Aioria. Tan pronto como llegó al recinto, ignoró a todas sus compañeras, y se encerró en su cuarto. Cuando Lena llenó en la noche para ver como estaba, pues había escuchado lo que había sucedido, pero fingió estar durmiendo para ignorarla. Lena, preocupada por ella, pensó que lo mejor era dejarla descansar un poco.

La pelirroja no estaba dormida, ni descansó un poco en toda la noche. No lloró, aunque estaba triste. No, realmente más que triste estaba furiosa, y no iba a dejar pasar el hecho de que el maldito de Aioria había besado a esa mujer. ¡Como se le ocurría!

Marin se levantó temprano, antes de que amanecer y de que la mayoría de las chicas despertara, y salió del recinto sin hablar con nadie. Ese día lo tenía libre, así que tomó algo de comida de la cocina y, tras dejar un recado a sus compañeras de que estaría ocupada, salió rumbo al bosque. Quizá escalar un poco o golpear un árbol le serviría para liberar la tensión y la furia que sentía en esos momentos.

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Coliseo, Santuario de Athena

Al mismo tiempo

Touma escuchó lo sucedido el día anterior de boca de los santos de bronce. Como Hyoga tenía una estrecha amistad con los guerreros de Asgard, principalmente con Freya y Hagen, se habían enterado de la versión alternativa de la historia, es decir, que había sido Lyfia quien provocó todos esos problemas. El ángel estaba más que furioso, y deseaba poderse liar a golpes con esa chica por provocar tanto drama entre Aioria y su hermana, pero era la representante de Odín y no podía. Suspiró largamente.

-Siento mucho los problemas que hemos ocasionado- dijo Freya, apenada- me alegro que ya nos iremos a casa, y que Lyfia no tenga oportunidad de seguir causando tantos problemas. No es solo a ellos dos a quien hizo sentir mal- añadió, pensando en Frodi.

-¿Uh?- dijo Touma, escuchando a medias, pues no había puesto atención, su atención dividida entre el hecho de que Artemisa ya había regresado al Olimpo, y la preocupación por su hermana mayor.

-Nada- dijo Hagen, mirando de reojo a Frodi, quien estaba sentado en la parte más alta de las gradas del Coliseo, mirando con atención el pequeño templo donde aún estaba Lyfia durmiendo; y sacudió la cabeza repetidamente. ¡Su pobre compañero!

-Quizá sea buena idea hablar con Aioria- dijo Seiya- ¡o con Marin! Avisarle lo que sucedió-

Seiya se iba a echar a correr hacia el recinto de las amazonas, cuando Shiryu lo detuvo para que no lo hiciera.

-No, espera, Seiya- dijo Shun mientras que Shiryu lo detenía- no es sabio meternos en los asuntos de los demás. Ya se enterará de la verdad-

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Templo de Géminis, Santuario de Athena

Poco más tarde

Ese día, Satu estaba sola en el templo de Géminis con Elsita. Kanon había tenido que salir temprano esa mañana a patrullar los terrenos del Santuario cercanos a la prisión, pues habían encontrado a algunos espías el día anterior, y los habían encerrado. La chica se sentó al borde de la cama, completamente agotada, y puso su mano sobre su enorme panza. La noche anterior no había podido dormir, el bebé estuvo muy activo.

-¿Mami?- dijo Elsa, acercándose a ella- mira mami, me puse los zapatos yo solita-

Satu sonrió levemente, y le acarició los cabellos mientras se cubría la boca al bostezar.

-Ya lo vi, cariño- dijo ella en voz baja- tendrás que enseñarle a tu papá cuando regrese-

Los ojos de la pequeña brillaron cuando Satu dijo eso, y se acercó a acariciar la panza de su mamá.

-Pórtate bien, hermanito- dijo la niña.

-Está dormido- dijo Satu, sonriendo- pero anoche tuvo bien despierto-

Satu subió los pies a la cama. ¡Estaba muy cansada! El bebé no había dejado de moverse en toda la noche, y no la dejó dormir. ¿Kanon? Había dormido a pierna suelta sin problemas. Satu comenzó a acariciar su panza de nuevo, y apoyó la espalda en la almohada que tenía tras ella. Cuando apoyó la cabeza, se quedó dormida casi inmediatamente. La pobre chica no lo pudo evitar.

-¿Mami?- dijo Elsa, pero Satu no le respondió- ¡mami!-

La pequeña infló las mejillas al no obtener ninguna respuesta, se encogió de hombros y salió de la habitación, caminando hacia la salida del templo de Géminis y comenzó a bajar las escaleras. Para mala suerte, esa mañana Aldebarán había salido a hacer algunos pendientes en la ciudad, y Mu había subido al templo del Patriarca a entregar un reporte.

Sin nadie que la detuviera, pronto Elsa estuvo fuera de los Doce Templos, y en los terrenos del Santuario.

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Bosque del Santuario

Pasado el mediodía

Comenzó a sentir un poco de lástima por el pobre árbol que estaba golpeando. Ya había pasado todo el día entrenando en la profundidad del bosque, y nadie la había molestado. Apenas había comido o bebido algo, no tenía apetito. Había dejado su máscara tirada, junto a la canasta con comida que había tomado de la cocina

Una vez que estuvo algo satisfecha, Marin pateó el tronco del árbol, apoyó su espalda en otro de los árboles y se dejó caer al suelo. Se puso las manos en la cabeza.

-¡Argggg…!- gruñó en voz alta.

¿Cómo había podido pasar eso? Si ella recordaba que los últimos días Aioria había insistido en buscarla y pasar más tiempo con ella. ¿Acaso eso era porque se sentía culpable?¿O cambió de opinión cuando volvió a ver a Lyfia? No sabía, pero estaba realmente furiosa. Se dejó caer sobre el pasto, y pateó repetidamente el tronco del árbol que estaba a sus pies.

De pronto escuchó a alguien pisar una rama, y se volvió de pronto. Gruñó al ver de quien se trataba.

-Tú…- dijo Marin con una expresión aburrida- ¿qué quieres?

-Hablar contigo- dijo la chica recién llegada.

-En serio no quiero hablar con nadie- dijo Marin, levantándose y dándole la espalda- mucho menos contigo, o con nadie más de tu familia-

-Por favor, Marin- dijo Lydia, dudosa- estoy muy preocupada por ti. Estoy segura que ya lo sabes- añadió, al ver que la chica pelirroja se alejaba de donde ella estaba de pie- que no solo te considero mi amiga, sino que he llegado a verte como una hermana-

Marin se volvió hacia ella, furiosa por recordarle a Aioria, pero cambió de opinión al ver la expresión mortificada de la chica. Lydia no dijo nada más, solo se acercó a ella y la abrazó. Marin se sorprendió, pero sonrió levemente y la abrazó también.

-Tranquila, no estoy enojada contigo- dijo Marin.

-Perdona que te lo diga- dijo Lydia- pero estoy segura de que Aioria no hizo nada malo-

-Lydia…-

-Es en serio- dijo ella- Aioria no es capaz de…-

-Yo lo vi- dijo Marin, cabizbaja- yo lo vi besando a esa chica. No hubo ningún error-

-No, no puede ser- dijo Lydia- te equivocaste. Aioria es un hombre honorable, jamás hubiera hecho algo así, y lo sabes. Seguramente lo que pasó fue que esa cabeza hueca se le echó encima para…-

-No, no sigas, por favor- dijo Marin.

La pelirroja no estaba de humor para hablar del tema, y no sabía si lo estaría en algún momento. Lydia era una buena persona, y sí, Marin había llegado a quererla como si fuera su hermana. Aún recordaba cuando entre ella y Lena la habían entrenado para poder enfrentarse a su padre adoptivo cuando volvió a atacar el Santuario de Athena. Ambas tenían un carácter similar, pues compartían el signo, y se entendían bastante bien.

Lydia le puso una mano en el hombro.

-No quiero perderte como amiga- confesó la chica- yo ya te considero parte de mi familia-

Marin sonrió levemente.

-No lo harás- dijo Marin.

Lydia sonrió. Era su oportunidad.

-Entonces, como amiga, déjame decirte que creo que tu problema es que estás un poco insegura- dijo la aprendiz- sobre todo porque Aioria y tú se han distanciado últimamente. Pero si lo piensas bien, sabes que Aioria jamás, jamás haría algo así-

La pelirroja se quedó pensando en lo que Lydia había dicho. Sí, tenía razón. Aioria era un hombre honorable, y no sería capaz de hacer algo así: era demasiado bueno para ello. Y fue cuando le cayó encima esa verdad. ¡Aioria no había hecho eso! Ella se había enojado con él, y había arruinado su relación con él, sin siquiera darle tiempo de explicarse. ¡Necesitaba hablar con él!

-¿Marin?- dijo Lydia al ver la expresión preocupada de su amiga.

-Yo… yo tengo que ver a Aioria- dijo Marin, apartándose un mechón de cabello de la cara con un gesto nervioso- yo…-

Lydia sonrió, y sus ojos brillaron de contento. ¡Todo se iba a arreglar! Y cuando todo estuviera bien se lo restregaría en la cara a la desubicada de Lyfia para que lo pensara dos veces antes de meterse en asuntos ajenos.

-Vamos, volvamos a los Doce Templos- dijo Lydia.

Marin no se movió.

-No lo sé… seguramente él estará muy enojado conmigo- dijo ella.

Lydia sonrió levemente. No, Aioria jamás se enojaría con Marin. Eso le dio a la chica una punzada de culpa también. Aún no había hablado con su hermano después de ese día que pelearon a gritos. Quizá eso podía esperar, lo primero que quería era que se reconciliara con Marin. Lydia tomó del brazo a la pelirroja.

-Vamos- dijo Lydia.

Marin sonrió, y estuvo a punto de asentir, cuando ambas escucharon un ruido parecido a una explosión, a unos metros de donde estaban. Las chicas se miraron entre sí, sorprendidas. No solo había sido el fuerte ruido, sino que habían sentido un cosmo elevarse y apagarse casi de inmediato. Un cosmo que no era enemigo, pero que no lograron identificar a quien pertenecía. Era pequeño e inmaduro, pero se elevó lo suficiente como para causar una explosión.

-¿Qué fue eso?- dijo Lydia en voz baja, mientras que Marin se apresuraba a inclinarse al suelo para tomar su máscara.

-No sé, vamos a averiguarlo- dijo la pelirroja, mirando de reojo a su compañera antes de ponerse la máscara- prepárate-

Lydia asintió, y ambas se apresuraron hacia el sitio donde habían escuchado la explosión, internándose cada vez más en el bosque, buscaron con sus cosmos el que habían sentido. No tardaron en llegar a un pequeño claro que jamás habían visto, muy cerca de uno de los barrancos que llevaban a la salida del Santuario. Ahí, tumbada en el suelo, estaba una pequeña figura delgada, de la que sobresalían sus brillantes cabellos azulados.

-Pero si es…- comenzó a decir Marin, al ver que era Elsa, la hija de Kanon, quien estaba tirada en el pasto.

Lydia no dijo nada, sino que solo corrió hacia la pequeña. La niña estaba inconsciente, tumbada sobre su abdomen, con una respiración agitada, y el pasto a su alrededor estaba chamuscado.

-¿Fue ella la que elevó su cosmo?- dijo Marin, alcanzando a Lydia y ayudándola a volver a la pequeña sobre su espalda. No parecía estar herida, sino solamente agotada.

-¿Qué le pasó?- dijo Lydia. Ella recordaba muy bien no haber sabido siquiera que tenía un cosmo, y solo haberlo manifestado en un momento de gran presión. ¿Qué le había pasado a la pequeña? ¿le había pasado algo parecido?

Pronto, ambas obtuvieron la respuesta. Se encontraron rodeadas de dos, no, cuatro cosmos, furiosamente agresivos. Y uno de ellos era el cosmo de un dios. Las chicas palidecieron.

-Marin…- dijo Lydia, dejando a la niña de nuevo sobre el pasto y preparándose a pelear.

-No, toma a Elsa y llévatela a los Doce Templos- dijo la pelirroja sin quitar la mirada del barranco, de donde provenían los cosmos enemigos- tú eres más rápida que yo, puedes ponerla a salvo…-

-No, no puedo dejarte pelear sola- dijo Lydia con una expresión preocupada- seguro lo sentiste también. ¡Hay un dios con ellos!-

-¿Qué no ves? Seguro su plan es llevarse a la niña- dijo Marin- tenemos que evitar a toda costa que la alcancen. Solo los voy a detener un poco, darte tiempo de ponerla a salvo-

A Lydia no le gustaba ni un poco ese plan, pero no tenía nada de tiempo para discutir: los cosmos enemigos estaban casi sobre ellas. Con una expresión preocupada, levantó a Elsa en sus brazos, apoyándola en uno de sus hombros, y tras una mirada preocupada a Marin, salió corriendo por el bosque en dirección al interior del Santuario.

Marin sonrió levemente y se preparó. No tenía su armadura, pero sabía que podía crear una suficiente distracción para darle a Lydia una muy buena oportunidad de poner a salvo a la niña. Encendió su cosmo, y vio que llegaron los enemigos.

Un hombre moreno que recordaba haber visto antes, en uno de los ataques al Santuario, cuando Evelyn había estado siendo controlada por los enemigos. Tenía la piel oscura, ojos gruesamente delineados y una espada en su mano. Iba seguido por tres hombres casi idénticos, aunque con miradas perdidas y cabizbajos.

-Llegaron demasiado tarde tarde- dijo Marin, cruzándose de brazos- la niña está a salvo, no lograrán llegar a ella-

El hombre la miró fijamente, tanto que Marin sintió como si el hombre pudiera ver a través de ella, y abrir su corazón. Contrario a lo que la pelirroja esperaba, el enemigo sonrió.

-Eso sería un grave problema- dijo el hombre con una gesto impasible- si fuera la niña a quien necesitáramos-

Marin palideció bajo su máscara, y dio un paso atrás.

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Templo de Leo

Al mismo tiempo

Mu estaba apoyado en uno de los pilares en la entrada del templo de Leo. Para ser justos, al santo de Aries no le gustaba meterse en los asuntos personales de los demás, pero en este caso se sintió comprometido con la situación. Fue a buscar a Aioria, no para animarlo, sino para convencerlo de buscar a Marin, explicarle lo que había pasado, para que ambos pudieran resolver el problema. Sabía que también Lydia había ido a buscar a Marin.

Hasta el momento no había tenido éxito.

-Aioria, por favor, solo escúchame…- insistió el chico.

-Ya te dije que no quiero hablar contigo- dijo Aioria con un tono de advertencia- y si no te vas en este momento…-

-No estoy dentro del templo de Leo- dijo Mu, señalando la línea en el suelo que marcaba la entrada al templo- así que no tengo que irme a ningún lado-

Aioria gruñó. No estaba de humor. Quizá sería buena idea meterse a su habitación para no tener que escuchar a Mu. Pero no tuvo la oportunidad de hacer nada.

De pronto, ambos se volvieron de golpe hacia el bosque del Santuario. Habían sentido los cosmos de Marín y de Lydia, encendiéndose uno tras otro, y apagarse de forma abrupta, y muy cerca de ellas un cosmo maligno que ya habían sentido antes. Ambos abrieron los ojos, preocupados.

-¿Mu?- dijo Aioria.

-Lo sé- dijo el santo de Aries- vamos-

El santo de Leo asintió y ambos desaparecieron, teletransportándose.

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Camino del Bosque

Poco antes

Lydia se había echado a correr hacia los Doce Templos con la pequeña en sus brazos cuando un cosmo agresivo la golpeó y la hizo caer al suelo, con todo y la pequeña. Lydia cayó sobre su lado derecho, y por inercia se aferró a la niña. Intentó levantarse, pero sintió un golpe eléctrico en sus piernas que le impidió moverse.

-¿Qué rayos?- dijo Lydia.

Se volvió a mirar al enemigo, que era un hombre moreno que parecía tener la mirada perdida.

-Danos a la niña- dijo el hombre con un tono de voz que a Lydia le pareció muy monótona- queremos mandar un mensaje…-

-Estás chiflado- dijo Lydia, por fin levantándose con Elsa en sus brazos- no la vas a lastimar-

La chica intentó alejarse del enemigo, encendiendo su cosmo y creando una pared de rosas entre ella y el hombre. Se echó a correr de nuevo rumbo a los Doce Templos, pero no pudo llegar muy lejos. Primero, porque sus piernas se sentían débiles y acalambradas por el ataque anterior, y después porque el enemigo le lanzó un ataque que le dio de lleno en la espalda, y la tumbó al suelo. La chica apenas pudo proteger a la niña con su cuerpo, y ambas cayeron al pasto. El hombre se acercó a ellas, y usó un pequeño alfiler para pegar un pedazo de papel a la orilla del vestido de la pequeña. Después de ello, dejó caer un pequeño objeto de color negro a los pies de Lydia, y se retiró de ahí.

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CONTINUARÁ…

¡HOLA A TODOS! Antes de que me reclamen, les avisé de la pelotita antiestrés en el capítulo anterior. Como ven, las cosas se acaban de complicar. Conste que todos estuvieron advertidos, pero no se esperaban que pasara así, que un dios se metiera al Santuario así. Muchas gracias por sus reviews, y por seguir leyendo. Un abrazo a todos. Nos leemos pronto.

Abby L.