CAPITULO 8
ISABELLA
¿Qué diablos pasó anoche? Trabajé tan duro para mentalizarme para el sexo, y ¿Edward fue el que se echó para atrás? Increíble. El hombre nunca puede dejar de coquetear conmigo o jactarse de lo increíble que es en la cama, pero cuando llegó el momento de poner su dinero donde estaba su boca... en realidad, su boca tampoco fue a ninguna parte.
Y ni siquiera puedo preguntarle a Edward, porque no puedo encontrarlo. Me desperté a una cama vacía, sin señal de mi marido en cualquier parte del apartamento. Y tampoco estaba en su oficina cuando llegué al trabajo.
Todo el maldito día, he estado tratando de atraparlo solo. No responde a ninguna de mis llamadas, mensajes de texto o correos electrónicos, y su secretaria dice: "¡Oh, mala suerte, lo perdiste!" Cada vez que paso por su escritorio.
¿Es realmente mala suerte, sin embargo? ¿Está su horario lleno de atascos hoy solo una molesta coincidencia? O... ¿me está evitando a propósito?
Apachurro la pequeña voz en la parte de atrás de mi cabeza que susurra: Él ha cambiado de opinión acerca de ti. Finalmente llegó a sus sentidos, se dio cuenta del error enorme que es esta relación. Se arrepiente de todo. No quiere tocarte ni hablar contigo. Ese silbido venenoso suena mucho como Mike, y he terminado con él para siempre.
Pero Dios, todavía estoy tan confundida y frustrada. Estaba lista para enfrentarme a mis colisiones sexuales, y luego nuestro enfrentamiento fue cancelado en el último segundo posible.
Maldita sea, me niego a dejar que mi esfuerzo emocional se desperdicie. Voy a ser valiente y echar un polvo si es lo último que haga. Pero primero, voy a averiguar por qué Edward de repente abandonó el barco anoche. Y si no puedo rastrear al resbaladizo tipo en el trabajo, lo acorralaré esta noche. Tiene que volver a casa algún momento, ¿verdad?
Justo cuando doblo una hoja de papel de oficina en una muñeca de vudú y me preparo para apuñalarla en la entrepierna, Tanya se balancea por mi oficina.
—Oye, ¿qué pasa? —pregunto mientras se desliza en la silla frente a mi escritorio.
—No mucho. —Se encoge de hombros—. Quería ver si querías coger un almuerzo temprano.
Echo un vistazo al reloj y veo que son las once y media, pero sí, salir de este edificio y escapar del rechazo ardiendo por mis venas es exactamente lo que necesito.
—Comería mierda de perro ahora mismo si quieres decir que tengo una hora de tiempo de chicas contigo.
La expresión alegre de Tanya cae.
—Bueno, no estoy muy interesada en comer mierda de perro, así que ¿por qué no me dices qué pasó, cariño?
Evito un suspiro y me levanto.
—Te lo contaré durante el almuerzo.
Y lo hago. Sobre las tiras de pollo y patatas fritas (nada dice comida de consolación como algo frito sumergido en cantidades generosas de aderezo ranch), pongo todo sobre la mesa. Todo mi equipaje. Todo el dolor, la lastima y la duda que Edward me causó anoche.
—Me convenció de que me quería, me cortejó, estaba en su mejor momento, el comportamiento más encantador, y luego ¡bam! Nada. —Lamo la grasa de los dedos y tomo un trago grande de refresco para lavar mi almuerzo.
—Qué mierda —se queja ella, asintiendo con la cabeza para animarme.
—Durmió en el sofá y se fue antes de que me levantará esta mañana, así que obviamente me está evitando como si supiera que hizo algo malo. —Me congelo, con mi pajilla a mitad de camino a mis labios.
—¿Qué? —pregunta Tanya.
—A menos que sea yo quien haya hecho algo malo.
Ella me da una mirada confusa.
—¿Crees que hiciste algo malo?
Me encojo de hombros.
—Tal vez no debería haberle dicho que había pasado tanto tiempo.
—Edward no es así. No le importaría.
Tanya tiene razón. Repaso la noche en mi cabeza. Cena. Champán. Bailando. Coqueteando. Riendo. Tanteando.
—Tal vez fui demasiado agresiva. Tuve mi mano en sus pantalones al segundo que la puerta se cerró. —Empujo mis manos en mi cabello, recordando cómo actué, en toda mi gloria caliente—. La cerradura ni siquiera hizo clic en el lugar y yo estaba en su negocio. Empecé a darle una mamada en el maldito vestíbulo de nuestro apartamento.
—Eso es caliente—comentó, tomando otro bocado de su comida—. ¿Qué tipo no quiere una mamada en el vestíbulo?
No lo sé. Aparentemente Edward. Pero ha estado prácticamente pidiendo mostrarme su polla... frunzo el ceño, insegura si mis acciones la noche anterior de alguna manera le hicieron alejarse.
Ella se inclina hacia mí, sus ojos llenos de dulce piedad.
—Cariño, si estás chupando su polla, puedes hacerlo en cualquier lugar, en cualquier momento, y está bien. Es casi una regla.
Lo peor de toda esta situación es la creciente semilla de dudas que dejó. ¿Qué pasa conmigo? ¿Por qué no era lo suficientemente buena?
—¿Qué pasó después? —pregunta.
—Me llevó al dormitorio y me desnudó. Nos besábamos. —Dios, los besos. El hombre puede hacer cosas increíbles con su lengua—. Y entonces estaba frotando su... anaconda… por todo mi... pan de miel, y mencioné algo sobre un condón.
—Hmm. —Se ve tan perpleja como me siento—. ¿Por favor, dime que no usaste la palabra pan de miel?
Negando con la cabeza, continúo—: No. Pero tal vez fui yo. ¿Tal vez mi vagina es fea?
El tipo sentado junto a nosotros gira la cabeza en mi dirección tan rápido, estoy sorprendida de que no se lastime.
Tanya me da una palmada en la mano.
—No hay absolutamente nada malo en tu vagina. Estoy segura de ello.
—Entonces, ¿por qué, Tanya? ¿Por qué? ¿Porque haría eso? Porque no creo que un segundo estuviera enfermo de repente.
Ella niega con la cabeza.
—No, yo tampoco. —Coloca su tenedor al lado de su ensalada—. ¿De verdad quieres saber lo que pienso?
Mi estómago se contrae, asiento.
Se limpia la boca con la servilleta y se inclina hacia adelante.
—Creo que le ha impactado a Edward que esta situación única contigo no es a lo que está acostumbrado. Esto no es una conexión al azar, o una conexión al azar que puede esquivar en la mañana. Les guste o no, el sexo entre los dos va a significar algo.
Frunzo el ceño y mastico la uña del pulgar.
—¿En qué manera?
—Ahora son una pareja casada.
Ruedo los ojos.
—Es un acuerdo comercial. Un matrimonio arreglado. Y propuse que seamos amigos de mierda ya que estamos pegados. No es algo romántico hasta la que muerte-nos separe, matrimonio amoroso.
Tanya levanta las palmas de las manos.
—Todo lo que estoy diciendo es que el sexo para los hombres no es solo físico como a veces nos gusta creer. Y creo que algo asustó a Edward se metió en su cabeza.
—Eso es ridículo. —¿Pero lo es? ¿No son esas algunas de las mismas cosas que me preocupaban? ¿Toda mi objeción para que tengamos diversión desnuda en primer lugar?
—Ridículo o no, quiero que sepas que su retirada no tiene nada que ver contigo, y que todo tiene que ver con algo que ocurre dentro de su cabeza.
—Entonces, ¿qué hago ahora?
Sonríe maliciosamente.
—Todo eso depende. ¿Todavía quieres follarlo?
Pregunta estúpida. ¿El valor de pi es 3.14? ¿Mi marido tiene una polla de caballo? Sí a todo lo anterior.
—Más que nada. —Le sonrío, con expresión igualmente descarada.
Tanya se ríe.
—Bien, entonces esto es lo que harás...
…
Más tarde, de regreso en la oficina, estoy trabajando cuando mi cabeza da un tirón hacia arriba. Paseando por mi ventana, ¿era ese Edward justo ahora? Salto de la silla y miro alrededor del marco de la puerta. Sí...reconocería ese culo en cualquier parte. Gira en la esquina y lo sigo en lo que espero sea una distancia casual. Es hora de enfrentarme a él, como sugirió Tanya.
Cuando llego a la oficina de Edward, su puerta está cerrada muy cerrada. Pero las luces están encendidas y puedo ver la silueta de su cabeza a través de la ventana de vidrio esmerilado. No parece que esté al teléfono o que tenga una reunión privada con nadie.
Le doy tres golpes en la puerta.
—Oye, Edward.
Sin respuesta. Así que está siendo terco. Demasiado; puedo ser terca también.
Llamo de nuevo y grito—: Sé que estás ahí dentro. Necesito hablar contigo.
La puerta se abre. Edward parece irritado. Bueno, bueno, supongo que eso hace que seamos dos.
—Es mejor que algo esté en llamas —chasquea.
Mantengo mis ojos fijos en los suyos.
—Lo siento, pero no. Y debemos hablar en privado.
Su boca se aprieta en una línea firme, pero se aparta para dejarme entrar en su oficina.
Cierro la puerta detrás de mí y me vuelvo para mirarlo.
—Así que... sobre lo de anoche. ¿Quieres decirme qué pasó?
Cruza sus brazos sobre el pecho.
—¿No estabas allí? Ya sabes.
—No, realmente no lo hago. —Enderezándola espalda, no puedo igualar su estatura, pero lo intento, planto las manos en mis caderas—. La cita, el baile, el cortejo… y luego la huida.
—Te dije que no me sentía bien.
—¿De verdad? Porque no te ves mal ahora. —Y si estaba enfermo anoche, ¿por qué dormir en el sofá? De ninguna manera. No le creo.
Edward levanta las manos.
—Tal vez fue algo que comí en la cena. Tal vez solo tenía un dolor de cabeza. ¿Qué pasa con el maldito interrogatorio?
Luego deja caer la mirada. Fue solo por un segundo, pero lo vi, y conozco maniobras evasivas cuando las veo. Así que presiono más fuerte.
—Realmente me pareció que tenías miedo de tener sexo.
Parpadea, con la boca abierta, luego se obliga a reír.
—¿Qué? Todavía estamos hablando de mí, ¿verdad? Siempre me estás molestando... ¿cómo lo dijiste? ¿Follando la mitad de Nueva York?
—Pero no soy tu típica conquista. Soy tu esposa. Corrígeme si estoy equivocada, pero tu estilo tiende más hacia "wham, bam, gracias, chica" que "hasta que la muerte nos separe". —Me detengo a levantar las cejas para enfatizarlo—. Ayer por la noche no iba a ser solo una follada casual, donde olvidas mi nombre cinco minutos después. Creo que retrocediste porque te preocupaba que el sexo hiciera las cosas demasiado reales entre nosotros. Tienes miedo de sentir algo por mí.
Por un momento, solo me mira con una mirada que no puedo leer. Es irónica, casi amarga, pero al mismo tiempo, casi parece de alguna manera... aliviado. Cuando Edward finalmente responde, su voz es mucho más tranquila.
—Qué montón de tonterías. Estás leyendo demasiado en esto. Ya te dije por qué me detuve anoche, así que deja de inventar historias locas.
Parpadeo, sorprendida por lo mucho que sus palabras pican. Él llama a la idea de que él podría amarme... ¿Un montón de tonterías?
Pero, ¿qué me importa? No lo amo. El romance nunca fue parte de este matrimonio, y tampoco es parte de nuestros experimentos en el dormitorio. Entonces, ¿por qué su vehemente negación se siente tan... decepcionante? Solo estaba tratando de que él reconociera lo que Tanya y yo discutimos, que el sexo entre nosotros podría parecer una gran cosa, pero no lo es. Podemos mantenerlo casual.
Disfrazando mi punzada de dolor, rápidamente respondo—: Bueno, si te sientes mejor, entonces vamos a reprogramar el sexo para esta noche. Ya he recogido algunos condones en la farmacia en mi camino aquí esta mañana. —Miro su rostro cuidadosamente—. ¿A menos que haya un problema con eso?
Frunce el ceño, pero dice—: Suena bien para mí.
—Estupendo. Te veo en casa. —Abro la puerta y salgo, dirigiéndome hacia mi propio despacho. Espero poder hacer algo de trabajo ahora que he establecido mi vida personal de nuevo.
