Bueno chicos, espero que tengáis un 2016 muy crujiente y supongo que esto lo leeré dentro de un año y me reiré. La verdad es que ahora he visto capítulos primerizos de mis fanfic y tengo que decir que he cambiado sin darme cuenta. Niños no crezcáis, es una trampa ¡Its a trap1 Así que si estas entre una edad de entre diez y veinte años, aprovecha y pasa tiempo con tus amigos, juega a la consola. No intentes ser mayor porque ya llegará y cuando llega es una mierda. Bueno que os regalen muchas cosas y…¡FELIZ AÑO NUEVO!

El joven Aiden se disponía a tomar una siesta pues el último día de clase había sido realmente agotador. ¿Había tenido su examen final? No. Ese lo hizo hace una semana, aquel horrible día que habló con su hermana por teléfono mientras que Evie escuchaba.

El día de hoy había tenido que ir a recoger las notas para así poder pasar el resto de las vacaciones. Increíblemente todos los de clase aprobaron, con mayores o menores notas pero aprebaron.

-¡Despierta, Aiden!-Gritó Edward a su amigo para que le prestara atención.

-Buenos días, Edward.

-Aiden, tengo algo muy serio que contarte.-Dijo el rubio.

El castaño con gorra se puso atento a lo que tenía que decir el rubio. Parecía que iba a decirle que iba a desvelar una organización secreta.

-He conseguido invitar a Anne a la fiesta de Fin de Año.

-Mucha suerte.-Terminó de decir el castaño mientras bostezaba.

-¿Qué es lo que dices? ¡Tú también te vienes!

-¿Yo? Pero si solo sería un estorbo.-Dijo Aiden.

-¡Me encantaría ir con ella a solas! Pero…

-¿Pero…?-Empezó a cuestionar el castaño.

-Me da vergüenza…-Terminó de decir el rubio.

Aiden se quedó sorprendido ante aquella revelación. El gran Edward Kenway avergonzado a que le dejen solo con una chica hermosa.

-¿No tienes nada más que decir, Aiden?-Fue en ese momento en el que Edward puso atención en la gemela de su amigo Jacob y sonrió. Se le había ocurrido una buena idea.-Venga, invita tú también a alguien.

-¿Y a quién se supone que voy a invitar yo?

-A Evie, por ejemplo.-Dijo Edward con una sonrisa maliciosa.

-¿Cómo? ¡Pero si a mí Evie no me gusta!

-Se te nota un montón.-Dijo el rubio.-Vas a ir y se lo vas a pedir. Tampoco le vas a pedir que se case contigo.

Aiden se fue acercando lentamente y con un paso muy inseguro hasta donde estaba Evie. Es cierto que sentía ciertos sentimientos por la chica. Pero sentirlos y luego pedirle que fuera a una cita con él, era dar un paso demasiado grande.

-Hola Aiden, ¿qué pasa?-Dijo la castaña notando la presencia del chico.

-Yo…Verás…¿Quieres que vayamos juntos a la feria de Año Nuevo?

-¿Festival? Pues la verdad es que…-La chica fue interrumpida por otra voz.

-¿Un festival? Me parece guay, me apunto.-Dijo ltair que entró en acción.

-Si él va a ir entonces yo también.-Dijo su ahora novia Jun que estaba al lado.

-¡Y yo! La verdad es que me apetece-Dijo Connor.

-Algodón de azúcar, granizados, manzanas de caramelo. Yo voy.-Afirmó en ese momento Aveline.

-¿Cómo es que se te h olvidado invitarme, Edward?-Cuestionó Adewale.

-¡Dejad que os enseñe el verdadero encanto de las fiestas!-Declaró Jacob.

Y en menos de un minuto, la cita doble que iban a tener Edward y Aiden se convirtió en una excursión escolar a l que fue toda la clase.

-Joder, llego tarde a la cit…Digo a la fiesta. ¡Mierda!-Decía Aiden mientras conducía el Audi de su padre hasta llegar a la plaza de aparcamiento privada. Pero entonces vio que ya había un coche estacionado allí, uno que conocía.-Encima Damian ha aparcado en mi sitio otra vez. Ya verás. ¡Toma!-Decía Aiden mientras empujaba el coche colina abajo.-¡Estoy hasta los cojones de ti. Damian! Te vas a enterar tú de lo que vale un peine. Ya verás. Se te van a ir las ganas de aparcar en mi sitio esta vez y todas las del mundo. Mírale, tiene una matrícula de Las Vegas. ¡Pero si Damian no es de Las Vegas! Un momento…Damian no es de Las Vegas. Ay, que el coche que acabo de tirar colina abajo no es el de Damian…La madre que me parió.

Ezio tenía pensado llevar a Cristina a la fiesta. Puede que el presentarle a sus amigo ayudara un poco a la distancia que ahora llevaban los dos. Pero antes de ir a la fiesta el pelinegro terminaría de ver la película de Pixels con su madre y sus hermanos. Fue en ese momento en el que su padre entró en el salón vestido con una sudadera blanca con roja y una chaqueta vaquera de color marrón.

-¡A ver, reunión familiar! Necesito un momento de atención, por favor y no me interrumpáis hasta que termine. Como todos sabéis estoy…estamos pasando un momento…O sea, las cosas no nos van del todo bien…A ver…¡Papá va a hacer una cosa! Si en dos días no ha vuelto llamad a la…Bueno, no llaméis a la policía. Pues nada, recordadme así…Bueno, así no, con la capucha tapándome la cara no. En fin, ya me entendéis. ¡Os quiero!-Y sin decir nada más su padre salió de la casa.

Cuando llegó la hora de reunirse en la fiesta todos los presentes quedaron sorprendidos por una acción inesperada. ¡Altair y Jun habían venido juntos y de la mano!

-Perdonadme, pero yo no me lo trago.-Dijo Jacob.

-¿A qué te refieres?-Preguntó Altair con algo de enfado.

-Pues…Digámoslo así, ella es muy kawaii y tú eres muy gore.-Dijo el gemelo masculino.

A Altair esa declaración le cabreó mucho y solo se le ocurrió una forma de poder cerrarle la boca a todos los presentes. Agarró a la pelinegra por la cintura y le dio un beso. Peo no era cualquier beso, era uno que decía: Soy capaz de tirármela aquí y ahora con vosotros mirando. Un mensaje que todos captaron pues todas las féminas se agarraron más fuerte de sus acompañantes.

-¿Podemos empezar a movernos, por favor?

Mientras tanto en un lugar no muy alejado de donde estaba el grupo, dos pelinegros observaban atentamente pero había uno que quería hablar.

-Oye, Shay.-Musitó un joven que llevaba un conjunto plateado, rojo y negro.

-¿Quéeeeeeeeeee?-Preguntó con pesadez el otro chico que tenía coleta y llevaba una sudadera roja con el alzacuellos de rojo.

-Me he dado cuenta de que ya no me miras como antes.

-No empieces uno de tus números César, por favor.

-¿Es que acaso ya no te gusto?

-Cesar, tú nunca me has gustado.-Dijo Shay percatándose de que el grupo de la otra clase se dirigía hacia ellos.

-Es por la pelirroja, ¿verdad? Yo no puedo competir con esas caderas con las que todo el día anda pavoneándose de arriba abajo.

-¡Cesar no empieces otra vez! Soy heterosexual. Tengo una novia. ¡Olvídame de una vez!

-Ven aquí, Shay. Bésame. ¡Cesar! Bésame.- Decían los dos jóvenes mientras luchaban entre ellos.-¡Quita, coño! Ven aquí, mi amor. ¡Pero serás! No te resistas, Shay. ¡La madre que te parió! ¡Cesar joder! No luches, mi florecita de azúcar. ¡Suéltame!-Shay, para que se apartara, terminó dándole una bofetada a Cesar, quién empezó a llorar en el suelo.-Me siento tan sucio.

De pronto Shay se percató de que el grupo de la otra clase y todas las demás personas que estaba alrededor habían visto la escena y la estaban comentando.

-Creo que será mejor que dejemos a la parejita solos. Vamos.-Dijo Arno con una sonrisa y empezó a liderar el grupo hasta que se fueron.

De repente el móvil de Shay empezó a sonar y cuando lo cogió se oyó la voz de Haytham.

-Atención equipo 2, ¿qué cojones habéis hecho¿ ¡El objetivo iba a pasar ahora ha dado la vuelta! Seis semanas de planificación al garete, ya me contaréis lo que estabais haciendo.

-Se lo dices tú, ¿vale?-Musitó Cesar.

Cuando la noche estaba llegando a su fin, Arno se encontró con su amiga de la infancia Elise.

-¡Elise! ¿Qué estás haciendo tú aquí!

-Iba a venir con mi novio pero no le encuentro. ¿Le has visto?

-Eh, no, no le he visto.-Mintió el chico de la sudadera azul.

-Ah, vale. ¿Ellos son tus compañeros de clase? Encantada de conoceros.-Les saludó la pelirroja.

-Sí, son ellos .¿Oye, porqué estáis sonriendo tanto?

En ese momento Ezio señaló a un pedazo de muérdago que estaba encima de las cabezas de los dos amigos.

-¡Que se besen! ¡Que se besen! ¡Que se besen! ¡Que se besen!-Empezaron a gritar todos los del grupo.

Arno antes de tomar una decisión miró el gran reloj de la plaza. ¡Solo faltaban diez segundos para el año nuevo!

10, 9, 8, 7, 6, 4, 3, 2, 1…

El castaño cogió de las mejillas a la que una vez fue su amiga de la infancia y la besó como si fuera su amante. Si lo que acababa de hacer era un error, por lo menos sería un error que habría cometido el año pasado.