Disclaimer: Ya saben, nada, absolutamente nada me pertenece. Los personajes pertenecen a Marvel (y a Disney) y la historia a MaverikFlame, esta es una traducción.

En vista de que no pude actualizar en vísperas de fin de año, quise hacer todo lo posible para que fuera rápido y acá estoy. Sé que hablo mucho y ya no debería comprometerme con nada, pero haré todo lo posible por subir un nuevo capítulo el sábado como lo había planeado, para así quedar un poco a mano con ustedes por la espera.

Quiero desearles además un feliz año nuevo, espero que todos sus propósitos se cumplan y que este sea un año lleno de cosas buenas para toda/os ustedes. También quiero agradecerles sus lecturas y sus favoritos durante el año que terminó. Me alegra que sigan acá conmigo y ver que les haya gustado lo que comparto. Tengo muuuuchas cosas para este año, cosas maravillosas que a mí personalmente me han encantado (no necesariamente de este fandom, pero igual y les interesa) y espero poder compartirlas pronto con ustedes.

Sin ser más, gracias por estar ahí.

Disfruten.


Posesiones

Loki casi no le encuentra. Cuando lo hizo, fue para verlo tumbado tranquilo en un balcón y compartiendo un trago con Bast. Hablaban como viejos amigos, riéndose, bromeando y golpeteándose uno en el brazo del otro.

Loki esperó sentir rabia, celos, algo. Después de todo, Bast era hermosa, y hubo un tiempo en el que Tony se habría acostado con ella sin dudarlo.

Cuando la indignación nunca llegó, Loki se dio cuenta de que era porque confiaba en Tony, porque sabía cuán lejos Tony iría —había ido— por él. Era una sensación extraña, esta satisfacción, especialmente cuando los celos habían sido parte de su naturaleza durante tanto tiempo.

Loki los observó por un largo momento, vio los ojos de Tony abrirse con absorta atención, su rostro expresivo contraerse de maneras que ya conocía de memoria. No pudo entender lo que estaban diciendo, y una parte suya no quiso saberlo.

Miró hacia el alto techo, imaginó que estaba mirando a través de él a un cielo despejado y más allá hacia las estrellas.

—Heimdall, sé que puedes escucharme —murmuró—. Sé que me ves y que sabes lo que planeo hacer. No espero tu ayuda ni la quiero. Solo te pido que, si algo sucede, te asegures de que Tony regrese a casa sano y salvo. Se lo debes a Thor aunque no lo hagas por Tony y por mí.

No hubo respuesta, por supuesto, y Loki sonrió hacia el techo antes de darse la vuelta.


Los dedos de Loki se deslizaron por las elegantes curvas de la tinta sobre el papiro. El pergamino era áspero contra su tacto, más áspero que el blanco papel de impresora de 8 por 11 que tanto les gustaba a los humanos. Más que el calor, el olor del papiro le trajo recuerdos de su juventud, de estar sentado, con las piernas cruzadas, en un rincón de la biblioteca con rollos que se enrollaban sobre sus rodillas. Recuerdos de Hathor enseñándole a leer los jeroglíficos en lugar de utilizar la Lengua de Todos para traducirlos.

—Sabía que podría encontrarte aquí.

La sonrisa nostálgica de Loki de deslizó de sus labios al escuchar la voz de Seth. Enrolló el papiro que estaba leyendo y lo colocó en la mesa, sentándose de nuevo en su silla.

—No sabía que estaba buscándome, mi señor.

Seth sonrió con su sonrisa más tierna y encantadora mientras se acercaba y apoyaba su cadera contra el borde de la mesa. Era una expresión que una vez le había hecho estremecerse. Ahora solo le parecía falsa.

—Te fuiste repentinamente después de la pelea con Apofis —dijo Seth—. Quería asegurarme de que no estuvieras herido.

—Y ya ves que no lo estoy —dijo Loki, fríamente educado.

—Eso me complace.

Loki se tragó un comentario sarcástico, pero se puso rígido cuando Seth alcanzó su rostro y trazó un pulgar por su pómulo. Hizo una mueca, piel dolorida y caliente bajo el toque de Seth, y el faraón rio entre dientes.

—Deberías tener cuidado con el sol —dijo—. Tus mejillas están tan rojas como las de una virgen ruborizada.

Loki se burló y apartó la mano de Seth. Su piel todavía ardía desagradablemente donde Seth le había tocado y no era solo por el sol.

—Eso es algo que ambos sabemos que no soy.

—Así es.

La piel le picaba bajo la mirada de Seth, y se aclaró la garganta, poniéndose de pie. La biblioteca estaba silenciosa y quieta, sin guardias custodiándola. Seth y él estaban solos en un desierto de otro tipo. Era un lugar en el que no quería estar.

—Discúlpeme, mi señor. —Loki pasó por su lado, empujándolo.

—¿Debes seguir huyendo de mí? —La mano de Seth lo detuvo, encajándose en la curva de su codo y jalándolo hacia atrás—. Me gustaría hablar contigo un momento, querido.

—Creí que ya estábamos «hablando», mi señor —masculló Loki el epíteto.

Seth rio entre dientes, y sus ojos eran suaves, llenos de admiración mientras decía:

—Oh, cómo he extrañado esa aguda lengua tuya. —Su mano aún estaba en el brazo de Loki, su agarre afianzándose cuando el otro dios trató de liberarse. Loki miró a Seth con recelo mientras el dios de cabellos de fuego se erguía en toda su altura. Se encontró cara a cara con piel dorada y ojos azules, y odió a su cuerpo por dejar que la presencia de Seth ahora hiciera latir su corazón como en aquel entonces, incluso después de... todo. Seth extendió la mano y acarició su mejilla, soltando finalmente su brazo y Loki se apartó del contacto, mirada intensificándose. La sonrisa de Seth se torció, se volvió agridulce mientras apartaba la mano.

—Lo siento —dijo—, por cómo te traté. He cambiado mucho a través de los siglos, debes saberlo. Nunca te lastimaría de ese modo nuevamente. Tienes mi palabra.

Ahora estaba parado terriblemente cerca. Loki no notó su juego de avance y retroceso hasta que su espalda se encontró con las estanterías y pudo sentir el calor del cuerpo de Seth a unos cuantos centímetros del suyo. Papiros arrugados contra su espalda y bajo sus palmas. Tragó saliva, intentó no mirar las líneas de piel expuesta delante de él o recordar cómo se habían sentido una vez esas mismas líneas contra su piel.

—Seth —murmuró Loki. Odió cuán entrecortado le salió el nombre y cómo ese sonido hizo sonreír al faraón.

—Sé sobre ti y el humano —susurró Seth. Los ojos de Loki se ensancharon, y Seth rio entre dientes—. Ni siquiera estoy sorprendido, y no te preocupes, no estoy enojado. Parece un juguete divertido.

»—Pero tú y yo —dijo Seth, inclinándose hacia delante para murmurar en el oído de Loki—, siempre estuvimos destinados a estar juntos. —Loki se estremeció al sentir su aliento caliente contra su oído. La mano de Seth se arrastró hasta su garganta, yemas de dedos ligeras y cariñosas, pero eran una amenaza oculta contra su tráquea—. Así que diviértete con tu juguete humano —todavía le quedan unos cuantos años— pero tú eres mío y siempre lo serás.

Loki tragó saliva a pesar de su seca garganta, manos sudorosas agarrándose a la estantería detrás de él.

—Él no es mi «juguete» —dijo, voz dura—. Y yo no soy «tuyo».

Loki sabía que debía alejarse, pero ahí aún estaba esa mezcla arraigada de miedo y deseo que sentía al estar junto a Seth, que quedaba de su juventud.

—Te dije que no me mintieras. —La voz de Seth era dulce, pero su mano se apretó en la garganta de Loki, presionándose en los moretones en forma de dedos que ya le había causado.

Repentinamente, el calor del cuerpo de Seth se apartó hacia atrás y lejos de él, y Loki miró, sobresaltado, al ver las manos de Tony sobre los hombros de Seth, jalando y después apartando al dios. Los ojos de Tony eran oscuros, su rostro lívido de rabia, y Seth lo miró por encima del hombro.

—¡No lo toques, carajo! —gruñó Tony, manos apretadas en puños de nudillos blancos. Loki lo observó. Había visto a Tony enojado antes, pero nunca tan furioso.

—Regresa a tu pozo de arena, niño —se burló Seth—. Loki y yo estamos teniendo una conversación de adultos. —Miró a Loki de arriba a abajo sugestivamente mientras decía esto, y Loki solo logró agarrar la muñeca de Tony mientras su brazo se balanceaba hacia atrás listo para dar un golpe.

—Tony —siseó Loki, suplicante, situándose entre el humano y Seth. Sin su armadura, enfrentar a Tony sería como pisar una hormiga. Seth miró a Tony con ojos entrecerrados, músculos tensos y listos para pelear, pero Loki levantó una palma en un gesto conciliador—. No —le gritó a Seth. Su mano mantuvo su fuerte agarre en el brazo de Tony.

—Entonces dile a tu mascota —gruñó Seth— que aprenda cuál es su lugar.

Loki afianzó su agarre en el brazo de Tony cuando este se tensó como si estuviera listo para tratar de golpear nuevamente al dios.

—Él ya sabe cuál es su lugar —dijo Loki, y Tony se detuvo para mirarlo—. Y él no es mi mascota.

La mirada de Seth se volvió de golpe hacia el rostro de Loki, y pareció sorprendido por esta respuesta. Loki sostuvo aquella mirada con una mirada dura. Casi podía ver los engranajes girando en la mente de Seth mientras intentaba descifrar esto.

—Muy bien —dijo Seth vacilante antes de darse la vuelta y salir de la habitación, con los hombros en una línea tensa.

Loki lo vio alejarse, lentamente soltó su agarre de la muñeca de Tony.

—Loki. —Había tanta emoción y angustia en la voz de Tony, en sus ojos cuando se volvió para mirar al dios. Hizo que los ojos de Loki se entornaran—. ¿Te lastimó?

Esto le enfureció, apartó la mano de Tony mientras se extendía para alcanzar su hombro. Había algo extraño en la voz de Tony, y Loki no pudo evitar pensar que él ya lo sabía todo.

—No soy una damisela en peligro —espetó bruscamente—. ¿Cuántas veces te lo tengo que repetir?

—¿Es en serio? No puedo preguntarte si estás bien. —Tony suspiró y se frotó la frente.

—No es necesario, ya que estoy bien.

—Estás temblando.

Loki cruzó los brazos sobre su pecho, plegando sus manos temblorosas contra sus costados.

—Soy capaz de protegerme —gruñó. Quería golpear algo, romper algo, ver arder el desierto—. No estoy indefenso. —No más, nunca más—. Y no soy una muñeca frágil para que me mantengas a salvo y encerrada.

—Loki...

—¡No soy suyo para que me reclame como tal, y no soy tuyo para que me protejas! ¡No pertenezco a nadie más que a mí mismo!

Salió hecho una furia de la habitación, y aunque Tony lo miró con ojos abiertos y heridos, no lo siguió. Loki estaba molesto y se desquitó con los pasillos hasta que pudo comenzar a desenredar su nudo de emociones.

No había ignorado la ironía de que había sido fácil para él apartar a Tony, pero no a Seth. Quizá ese era el meollo del asunto: Tony permitió que lo apartara, cuando Seth le habría castigado por ello. Tony quería que Loki eligiera estar con él.

Y Loki acababa de dejarlo. Maldijo y dio media vuelta, pero cuando regresó Tony ya se había marchado.


Tony cerró los ojos y se pasó una mano por el cabello.

—Bueno, eso podría haber salido mejor —murmuró.

Bast le había contado todo —todo— y Tony prefería freírse en el desierto a que Loki estuviera en el mismo edificio que ese idiota coronado. Consideró seguir a Loki solo para asegurarse de que Seth le dejara en paz, pero sabía que Loki se tomaría esto como una afrenta personal. Además, Tony era un poco inútil sin su armadura.

En serio, ¿por qué no podían haber tenido una fiesta de compromiso normal? Tragos y shawarma, eso era lo que él había dicho. Pero no

Una mano lo agarró por la garganta, jalándolo hacia atrás contra un pecho duro y cortándole la respiración.

—Tú, pequeño mortal, has abusado de mi hospitalidad.

¡Oh! mierda.


Y eso será todo por ahora, si todo sale bien nos leemos el sábado.

Gracias por los favoritos y por seguir ahí.

¡Cuídense mucho!