Sasuke había entrado al aula con cierta dificultad para caminar que se notaba a un par de leguas de distancia. Nadie se preocupó por preguntar ciertamente el qué le había pasado, pero todos expresaron cierta curiosidad en el rostro.
Así volvió a comenzar la semana, siendo ignorado por sus amigos, el solitario del aula al quedarse solo para comer su almuerza en silencio, para no tener con quién hablar en las horas de estudio libre, aburrido al menos hasta la mitad del día y quedándose mirando por la ventana a solas durante algún descanso.
Estaba solo… no había cabida alguna a algo que no fuesen sus propios pensamientos en su cabeza, a esa misma lucha en su interior o a esa lluvia de ideas inútiles para pretender siquiera el recuperar a sus amigos. Era nadie o como tal se veía…
Pero Sasuke no estaba viendo nada más que su propio panorama, no terminaba de abrir los ojos y entender su propio error. Era ignorante, uno pesado pues carecía de la capacidad de entender muchas cosas, de ver más allá de su nariz, estaba atontado consigo mismo, no comprendía aún cuál era la razón de todos sus problemas, pero era seguro que estaba con entenderlo.
—¿Cómo está tu píe? —soltó una voz femenina, calmada, recargada sobre la mesa de al lado, con los píes sobre la fila y mirándole fijamente, con cierta curiosidad. Cuando Sasuke la miró pareció embelesado, como confundido a la vez.
—Yo —quiso empezar, sin saber qué decir, a ciencia cierta, para luego reaccionar de su ensimismamiento—. Gracias a ti, está bien —le dirigió, pero de una forma muy diferente a la que acostumbraba utilizar cuando hablaba con ella en tiempo atrás. La respuesta de Sakura fue una sonrisa amable, como las que le daba indicando que todo estaría bien.
—Me alegro —dijo con sinceridad, antes de levantarse—. Te dejaré terminar… las chicas me esperan para ver lo del carro alegórico y no hemos podido avanzar en la última semana, somos un desastre —comentó haciendo gesto de despedida.
—¿Para el festival de primavera? —Preguntó él de inmediato, sin desear terminar la conversación tan pronto, ante lo que ella asintió vagamente.
—Queremos hacer algo llamativo y hermoso, romántico… aunque te ha de sonar ridículo, pero siempre todos hacen una temática de ropa ligera o renacimiento, una despedida para el invierno, cuando la primavera es más que eso, ya sabes cómo pienso…
—Usen árboles de cerezo —interrumpió él, mirándola fijamente, por lo que Sakura reaccionó—. Yo creo que… la caída de sus hojas tiene un efecto de manto rosa que, tú sabes…
—¿Encanta? —terminó Sakura por él, ante lo que Sasuke asintió—. Admito que es una fantástica idea, Sasuke… ¿Sabes? Deberías ayudarnos, el resto del salón se encargará del trabajo para el grupo mientras que los chicos y yo haremos el carro, todos los demás también verán vestuario y eso, creo que tú no te has acomedido a nada y eso podría restarte puntos.
—Es verdad que no me he agregado a la actividad —aceptó, pero no accediendo al ofrecimiento de Sakura—. Creo que tendría que pensarlo.
—Vale, tómate tu tiempo, pero recuerda que el festival será la semana entrante, Sasuke —comentó la pelirrosa, sonriendo amablemente, antes de despedirse con un gesto de mano y andar a con las chicas a contarles la maravillosa idea.
La verdad era que Sasuke hubiese gritado que sí de ser por él, pero no cabía en su estilo o simplemente no era acorde a su comportamiento, sin olvidar que unas miradas no muy amigables se lanzaron de los que, se suponía, eran sus amigos. Pero era no era la parte positiva del asunto, por supuesto que no: lo era que ahora estaba en su derecho de hablar con Sakura pues finalmente esta le había dirigido la palabra de forma honesta.
Ahora ni Shizune y mucho menos Itachi podían oponerse a que le hablara directamente y le dijera lo que quería, pedirle la disculpa que le debía. Había superado la prueba que le pusieron, se lo había ganado pero… retomando el asunto de Itachi, tenía mucho que pensar.
Habían un montón de cabos sueltos, como el asunto de arreglar sus problemas con sus amigos, pero no había mejor comenzar que con Naruto, que era su mejor amigo y sabía cómo convencerlo.
Capítulo Nueve
Era lunes de entrenamiento, el sol amenazaba con caer a lo mucho en unos quince o veinte minutos, por lo que la mayoría del equipo de soccer ya se había ido. Sasuke había acordado quedarse hasta tarde para cumplir con el entrenador, mientras que Sai esperaba a Naruto que se había quedado castigado, como siempre.
Naruto recién había terminado con la última toalla de los chicos, mientras que Sasuke cerraba el almacén con los materiales dentro. Miró entonces al rubio de regreso a la cancha, por lo que le tiró con una toalla a la cabeza.
—Te faltó una —soltó el pelinegro, como si tal cosa, por lo que el rubio la tomó de su hombro y lo miró por encima de este.
—Eres tú quien lleva el castigo en serio, ¿no? Ve y déjala en su sitio —dijo sonando incluso despectivo, para tirársela de regreso y que el otro la atrapara sin problemas, encogiéndose de hombros.
—No me sorprende que ni para esto seas un poco útil.
—No busques más problemas, Sasuke —espetó Naruto, para darle la espalda, pero a lo de nada volvió a sentir la toalla en su nuca.
—Ya tengo suficientes —contestó sin muchas ganas—, uno más no me hará daño —le soltó, encogiéndose de hombros, por lo que Naruto bufó—. Además, si te soy sincero, no representas demasiado problema.
—Tus problemas te los has encontrado por esa actitud, no has parado de ser una mierda de persona —gruñó el ojiazul.
—¡Cielos, gracias! —Exclamó el moreno, siendo esta la copa que rebasara el vaso, por lo que su amigo apretó solo un poco los dientes y se le fue encima empuñando su mano derecha, decidido a darle un golpe al acortar así la distancia.
—¡Ni siquiera lamentas lo que nos hiciste! —gritó el rubio, captando la atención de cierto pelinegro que se encontraba al otro lado de la cancha de soccer.
—Error —dijo Sasuke, anteponiendo su antebrazo y empujándolo—. Tienes la fuerza suficiente, pero no la claridad, Naruto —quiso explicar, con la mirada fría, para acomodarse a la defensiva—. Vamos… si vuelves a equivocarte, tendré que golpearte, amigo —sonó casi hasta en sorna, por lo que el rubio frunció más el entrecejo.
—No soy tu amigo —refunfuñó, arrastrando las palabras, por lo que Sasuke sonrió apenas y se acercó dándole un golpe a la mandíbula, así que el otro trastabilló por lo que Sai se encaminó con algo de paciencia hacia ellos.
—Es tu segundo error, pero no lo suficientemente grande para romperte la nariz —se burló, así que Naruto se molestó aún más.
—¡No eres más que un idiota! —gritó, abalanzándose contra él y soltándole un golpe contra el pómulo, mismo que el pelinegro no se preocupó por esquivar, cuestión que el rubio dejó pasar de forma despreocupada.
—Vamos… continúa —invitó, sintiendo el efecto del impacto.
—Por favor… ¡Eres tan ignorante! —le acusó, por lo que Sasuke sonrió y se le fue encima golpeando a su estómago.
—Te equivocas —dijo, separándose un poco.
—¡Eres una mierda! —Exclamó Naruto, recuperando el aliento—. ¡No tienes sentimientos! —dijo ya un poco mejor, yéndosele encima y plantándole un golpe en la mejilla a la par que Sasuke lo correspondía, atinando ambos y haciéndose retroceder.
—Haz entrenado —dijo nada más, apacible, por lo que Naruto le miró, aún colérico por los juegos del otro.
—No comprendes… ¡Nunca lo haces! —Soltó antes plantarle un buen golpe en el rostro, otro que Sasuke dejó ir sin problemas—. ¡No vales nada! —Continuó, volviendo a golpearlo mientras Sasuke aflojaba la defensiva—. ¡Eres el peor amigo del mundo! ¡No piensas antes de hablar! —Golpeó dos veces, alternando las manos, por lo que Sasuke terminó de bajar los puños—. ¡Absolutamente nadie te necesita! —Gritó, pero esta vez más fuertemente, dándole un golpe que lo haría caer, mientras que el rubio se mantenía de píe, recuperando las fuerzas gastadas—. Pero nos necesitas a nosotros… aunque no aprecies lo que tienes hasta que lo hayas perdido —dijo el rubio, ante lo que Sasuke sonrió y se levantó lentamente—. Y tampoco eres listo… en lo absoluto.
—Ya tuviste dos errores —contestó el moreno, levantándose con debilidad y plantándole un golpe con todas sus fuerzas a Naruto, al grado de tumbarle a modo de hacerle caer de sentón—. Dejémoslo así o tu novia buscará venganza…
—Tienes bien merecido que Hinata te dé unos golpes —respondió él desde el piso, limpiándose la sangre del labio, resultado de una mordida accidental.
—Necesitas aprender a deducir las cosas por ti mismo —rezongó su amigo, dejándose caer junto a Naruto, pasándose una mano por el cabello—, de lo contrario terminaremos matándonos mutuamente.
—Tú necesitas aprender modelos y a decir las cosas —riñó el rubio.
—No —intervino Sai, mirándoles a ambos—. Los dos necesitan encontrar otra manera de explicarse, deberían empezar a hablar —dijo, rodando los ojos, para sentarse al otro lado de Sasuke—. ¿Cuál es la conclusión de su pelea?
—Que Sasuke es un imbécil —contestó Naruto, dejándose caer de espaldas, para recostarse—, aunque eso ya lo sabíamos.
—¿Cuál es tu punto, Sasuke? —Cuestionó Sai—. ¿Por qué necesitas disculparte?
—Porque son mis amigos… y necesitaré que me acepten de nuevo —dijo el moreno, mirándoles—. Sakura me invitó a ayudarles con el carro alegórico.
—Es cierto —comentó Naruto—, pero que cambiemos de actitud tan de repente contigo… eso no le gustará a las chicas —argumentó el rubio, algo frustrado—. Además Ino querrá castrarnos…
—Entonces denme una semana —dijo el pelinegro—, la noche del festival… yo me encargaré de todo, pero de momento ayudaré con el carro.
—Solo si mantienes distancias —aseveró Sai—, y no hablo de nosotros o las chicas… hablo de Sakura —explicó, mirándole serio—. Quiero que pretendas no tener demasiado contacto con ella.
—De acuerdo —dijo el muchacho, antes de levantarse con cuidado—. Vamos, Naruto… necesitaremos unas bandas para esto —comentó, mostrándole el golpe que se hizo al caer al suelo, en la frente, señalando luego el golpe de su amigo en el pómulo y los otros tantos rasguños que él mismo tenía.
—Pero, en serio… la próxima vez tienen que hablar.
Sasuke llegó algo pasado de horas a casa, con una bandita en la frente, mientras que en el brazo izquierdo llevaba una venda y en la muñeca derecha igual, pues traía varios raspones encima a causa de la pequeña pelea con Naruto, pero realmente no eran cosa seria.
Tras atravesar el umbral de su casa, se estiró un poco y, con el gesto, terminó lastimándose el brazo vendado. Se quejó apenas un poco, pero su atención se distrajo al escuchar una plática en el comedor, mismo por lo que el pelinegro decidió irse de largo, pero era imposible no pasar por la sala, lo cual ameritaba ser visto desde el comedor.
—¡Sasuke! —Le llamó su hermano mayor, por lo que el moreno apenas se detuvo entre la oscuridad—. Con que ya llegaste, ¿ah? Tengo que hablar contigo.
—No molestes, Itachi —pidió el joven, haciendo gesto de pereza, pero sin ver a su hermano siquiera, aunque girándose poco después—. Como te darás cuenta… no estoy en absoluto afán de charlar.
—¡Válgame! Pero qué… ¿En qué te metiste ahora? —Cuestionó, un tanto severo.
—No es de tu incumbencia —espetó el muchacho, para retroceder de él—. ¿Me dejarás ir a mi habitación o seguirás jodiéndome?
—No entiendes que no estás en posición de recriminar o exigir nada, ¿cierto? —Le soltó, molesto ahora—. Shizune llamó… Dice que esta tarde habló con Ino y que tuviste contacto con Sakura, ¿puedes decirme qué significa eso?
—Por supuesto —dijo de inmediato el más joven—, significa que cruzamos palabra, pero no te preocupes porque cumplí mi promesa: ella me habló primero.
—Vaya, menos mal —respondió su hermano de forma sarcástica, para cruzarse de brazos con un pésimo humor—. No sientes el más mínimo respeto por Sakura, ¿verdad? ¡Ella solo pretendía ser amable!
—¿Y se suponía que no respondiera a su comentario amistoso? Eso sí sería no respetarla, ¿no te parece? —le soltó, audaz, por lo que el mayor entrecerró los ojos.
—Lo pondré un poco más claro, Sasuke —empezó, con un tono algo subido de nivel y bastante serio—, aléjate de esa chica, porque de lo contrario te juro que te vas a arrepentir el resto de tus días —amenazó—. ¿Te queda claro?
—¡No! Que te quede claro a ti algo —respondió, aseverando hacia su hermano, a modo de sostenerle por la camisa—. Si no te alejas de Sakura tendrás que olvidarte de tu propia existencia… ¿Lo comprendes? ¡Sakura jamás será tuya ni de nadie! Ella no tiene permitido ni por mi ni por nadie el estar con cualquiera —gruñó, lentamente.
—Vaya —murmuró su hermano—, el niño quiere irse recio por una chica… ¿es acaso que estás enamorado de Sakura, Sasuke? —Indagó, maliciosamente, ante lo que el menor entrecerró los ojos—. ¿O solo es otro de tus caprichos?
—No te atrevas a hablar de ella de esta forma —advirtió el muchacho, soltándolo finalmente—. Y créeme, Itachi… no hablo por hablar, acepto todas y cada una de mis palabras: aléjate de Sakura o me veré obligado a destruir todo lo que conoces —finalizó, para separarse de él y dar la vuelta rumbo a su habitación, subiendo de forma pesada las escaleras, con cierto cansancio en cada paso.
En poco se encontró en el segundo piso de la casa, atravesando su habitación hasta alcanzar la cama y dejando caer sin más la mochila que llevase consigo todo el día. Era verdad que se sentía agotado tras tanta discusión, era mucha cosa para un solo día.
De esta manera misma miró fijo su techo, pasándose una mano por el rostro y tocando la bandita en su frente, sintiendo aún entumecida su mejilla izquierda, adolorida cuando pasó la mano sobre esta, para mejor dejarlo así y sentarse, quitándose todas esas protecciones de la piel antes de dirigirse al baño pues necesitaba con urgencia una ducha helada.
A Sasuke lo habían estado agobiando sus pensamientos desde la última pelea con Sakura hace ya más de una semana que le fue eterna, incluso se había olvidado del contacto humano, cuestión de la que se percataba ahora en la bañera, con solo los brazos fuera del agua, uno recargándolo contra la pared y la parte superior del borde de la bañera, mientras que el contrario estaba del otro lado, dejando caer la mano desde la muñeca fuera del área de la bañera.
Lucía taciturno, perlado por las gotas de agua, observando al techo y repasando la pared que tenía al frente, parpadeando de tanto en tanto para que sus ojos no ardieran. Se sentía intranquilo a pesar de todo, de que finalmente Sakura le dirigiera la palabra, a pesar de ser libre para actuar. Estaba inquieto, era verdad, y ello se debía a que no estaba seguro de qué medidas iba a tomar pero, seguro era, que ya se le ocurriría algo.
Pero pronto reaccionó entre lo que parecía un profundo letargo, metiéndose al agua y sacando la cabeza para alcanzar la toalla antes de salir de ahí a toda prisa. Si se mantenía dentro mucho más le haría daño.
Saliendo de baño se limitó a ponerse el pijama y luego se tiró sobre la cama, cayendo en una inmensa comodidad, para cerrar los ojos y dejarse llevar por el cansancio.
Algo le decía que ese no iba ser del todo su día… desde que se levantó lo supo, pues lo hizo a justamente veinte minutos para entrar a clases y, con su actual hostilidad ante su hermano tanto como viceversa, el pedirle a Itachi que lo llevara no se convertía en una opción. Menos mal que se había bañado la noche anterior o hubiese sido peor, pero así mismo se apresuró a ponerse el uniforme y correr con todas fuerzas a la estación.
Por supuesto, ni el correr o el alcanzar el tren fueron suficientes. Sasuke se vio empujando a medio mundo para salir del vagón y luego emprender camino a la escuela, que aún quedaba a unos diez minutos. Era obvio que llegaría tarde y trastabillando, por lo que cuando abrió la puerta, con la respiración agitada, el maestro solo le miró.
—Parece que te has metido en una pelea —dijo Kakashi, como si tal cosa, para hacerle un solo gesto con la mano—. Anda a la enfermería a que te atiendan esos golpes… ya vemos que el señor Uzumaki no es el único problemático aquí.
Sí… se había perdido de la clase que más le urgía: Anatomía.
Tras el absoluto rechazo del albino, Sasuke se dirigió más apaciblemente hacia la enfermería, donde le colocaron unos vendajes y una bandita en la frente, como lo hicieran la tarde anterior, luego de eso esperó a la siguiente clase para regresar al aula.
Ya estando ahí y en espera del siguiente profesor, se percató que se había dejado la tarea de textos de literatura en casa con toda la prisa, cosa que debía ser una absurda broma y, hablando de olvidos, tampoco llevaba efectivo encima para comprarse algo en el almuerzo. ¡Esa racha no podía cambiar!
El moreno se rindió en un intento de salvarse de esa mala racha, sabía que no había cómo arreglárselas, así que tan solo se quedó sentado, pensando, cuando ya daba el almuerzo.
—Te vas a enfermar si peleas y no comes nada —dijo una voz suave a su lado, por lo que el pelinegro se giró dando absoluta atención a la chica, que luego le ofreció poniéndole en cara una galleta gigante—. Anda, Shizune me la dio… pero es demasiado y no me gusta.
—No es necesario —soltó él, seriamente—, además, estas heridas…
—No tienes que darme explicaciones —interrumpió la chica, para ofrecerle luego un jugo en caja—. Este sí que lo acabo de comprar para ti.
—Eres demasiado buena, Sakura —comentó el muchacho, para tomar ambas cosas.
—Y tú eres demasiado frío —respondió ella, con una honestidad sorprendente, encogiéndose de hombros—. ¿Por qué no vuelves a cambiar de lugar y te sientas junto a nosotros? Pareces un exiliado.
—Tendría que volver a hablar con los profesores —contestó a su pregunta, para probar la galleta dando una gran mordida.
—Eso es lo de menos, tienes mucho poder de convencimiento —alardeó la pelirrosa, alcanzando su almuerzo para empezar a comer, mirándole de vez en cuando, con tranquilidad, como si nada hubiese cambiado.
—¿Tú crees? —soltó un poco frío, para seguir comiendo, sin siquiera dignarse a mirarla, por lo que ella rió entre dientes.
—Estás de muy mal humor —sentenció, por lo que él se detuvo para mirarla y luego asentir—. Has tenido un mal día, ¿no es así, Sasuke? Llegas tarde a clase, te olvidas de la tarea, del almuerzo, del dinero, también estás todo golpeado y pareces odiar al mundo.
—Tú siempre tan observadora —dijo él, como si fuese cualquier cosa—. No me sorprende que te percataras… más bien me sorprende que te acerques tan fácilmente.
—Oh, ya nos pusimos honestos —le sonrió, como su fuese una excelente noticia, para jugar con sus palillos y golpearlo en el brazo—. Me pregunto si estoy empeorando o mejorando tu humor, digo, para que me hables claramente.
—No lo sé —se encogió de hombros—, he tenido una pésima racha durante lo que va del día, no me promete a un destino bondadoso, por lo que es probable que esto empeore.
—Bueno, solo espero que eso no afecte sobre tu decisión de ayudarnos con el asunto del carro alegórico —comentó casi riendo, haciendo una mueca para volver a probar bocado.
—En realidad —empezó el chico, ya con menos de la mitad de la galleta en mano, mirando fijamente lo que quedaba de esta—, me lo pensé mucho tiempo ayer… y llegué a una conclusión muy molesta.
—¿Ah, sí? —Le miró curiosa—. ¿A cuál?
—A que probablemente mucha gente intente matarme —dijo, como bufando, por lo que Sakura rió suave—. Es en serio…
—Oh, basta, Sasuke —le pidió la pelirrosa, para dirigir sus jades a él—. Mírame y háblame con seguridad, que he sido yo quien te dirigió la palabra a ti —ante esto, Sasuke reaccionó algo descolocado.
—¿Cómo lo sabes?
—Para empezar, no soy estúpida. Además, obligué a las chicas a decirme —se encogió de hombros, restándole importancia, por lo que Sasuke se vio bien comprendido—. Así que ya basta… me harta que todos se pongan en esa posición, fue solo un… malentendido.
—En realidad, Sakura… yo —empezó el muchacho, por lo que la pelirrosa le lanzó uno de sus palillos a la cabeza.
—Cállate y escúchame —ordenó—. Hoy mismo hablo con Shizune comentándole, como quien no quiere la cosa, que quiero que vuelvas a tu sitio y así ella se encarga de los maestros. También le diré que todo está bajo control y todo seguirá como siempre. Espero que entiendes, porque quiero hacer esto a mi modo —le sonrió con sinceridad—. Ahora, ¿podrías, por favor, regresarme mi otro palillo?
