Disclaimer: Todo pertenece a WarnerBros, CBS, Bill Prady y Chuck Lorre. Lo mío es la historia. Y Leonor Scott.

El paradigma de la vecina de arriba

(By Cristtine.-)


Capítulo IX.

Habían pasado casi tres semanas desde nuestra primera cita. No teníamos una relación propiamente tal, pero salíamos y nos veíamos casi todos los días.

Leonard y Penny estaban felices; al fin alguien entendía a Sheldon. Howard, Bernadette y Raj estaban sorprendidos, ya que ninguno de los dos (Bernadette sabía que algún día íbamos a estar juntos) se lo esperaba.

No teníamos una relación —como la de Howard o Leonard—, pero nos parecíamos mucho a una pareja. A mis cortos diecinueve, era la primera persona con la que tenía algo relativamente serio.

En sí, Sheldon me sorprendía bastante. Tenía pequeños gestos que jamás me los hubiera esperado de él. Hubo algunos días que, sin previo aviso, iba a buscarme a la Universidad y nos íbamos caminando hasta el apartamento o se quedaba conmigo, ayudándome para los exámenes.

Era una faceta nueva en él y me encantaba.


Estaba en la biblioteca de la Universidad cuando mi celular comenzó a vibrar. Miré la pantalla y me sorprendí al ver la persona que me llamaba.

Tomé mi bolso y salí al pasillo. Apreté la pantalla y una voz suave habló.

¿Leonor?

—¡Mamá! —contesté—. Lo siento por no llamarte, pero he estado ocupada —dije.

Lo sé cariño, sé que es difícil todo lo que estás viviendo, pero cuéntame ¿cómo va todo por allá? —preguntó.

—Bien, mamá. Mañana tendré mi último examen y la próxima semana estaré en casa para pasar navidad y año nuevo con ustedes —respondí mientras salía del campus—. ¿Cómo está papá y Caroline?

Tu padre está bien, extrañándote a montones al igual que Caroline —dijo y se escuchó un 'te extraño hermana'. Reí ante la ocurrencia de mi hermana—. Caro está aquí conmigo. Te manda muchos besos y dice que vengas pronto para que la veas en su recital de ballet.

—Trataré de llegar pronto, mamá. Tengo… cosas que hacer acá.

¿Hay algo de lo que no me has contado, Leonor? —preguntó mi madre con preocupación.

No la culpaba, ella sabía de mis amigos en el edificio, pero sobre Sheldon no le había contado mucho. Ella sabía que era compañero de piso de Leonard y que compartía con nosotros, pero nada más. Tenía cierto miedo a la reacción de mis padres al saber que su pequeña estaba saliendo con un hombre varios años mayor que ella.

—¿Recuerdas que una vez te hablé de un chico llamado Sheldon?

Lo recuerdo. Es compañero de piso de tu amigo Leonard.

Suspiré, tenía que contarle la verdad a mi madre. —Bueno… él y yo, hace tres semanas estamos…

¿Estás saliendo con ese chico? —gritó en el teléfono—. ¡Pero se supone que le odiabas!

—Sí, lo mismo pensaba yo, pero no es así, mamá —respondí y suspiré—. Las cosas cambiaron y me di cuenta que me gustaba y que lo quería. Y bueno, él también me quiere.

Bueno, es tú vida, Leonor. Eres independiente y ya puedes tomar tus decisiones.

—Gracias, mamá —dije mientras una sonrisa se asomaba por mi rostro.

Hija, tengo que colgar. Debo llevar a tu hermana a ballet. Te queremos mucho y ven a visitarnos pronto —dijo y se me hizo un nudo en la garganta.

—Yo igual te quiero, mamá. Y los extraño mucho.

Nosotros igual, cariño. Te llamaré luego. Adiós hija.

—Adiós, ma —dije y la comunicación se cortó.

Me quedé estática por un par de segundos. No me había dado cuenta lo mucho que extrañaba a mi familia. Una semana se me iba a hacer eterna.

Quizás no lo había sentido porque siempre estaba con los chicos. Pero habían pasado casi tres meses desde que me había mudado. Tres meses sin ver a mi familia.

Quería llegar lo más pronto posible al departamento y echarme a llorar. Los extrañaba mucho.

Comencé a caminar hacia el departamento. A pesar de estar en Otoño, el día estaba de un azul veraniego y un calor impropio para la época se calaba por mis huesos.

Estaba caminando, sumida en mis pensamientos, cuando sin querer choqué con algo. O alguien.

—Lo siento —dije y traté de seguir con mi camino. Pero unos brazos me tomaron de las muñecas y me retuvieron.

—Hola —dijo una voz que conocía muy bien.

Miré y una sonrisa apareció por mi rostro. —Hola, cielo.

—Sabes perfectamente que no me gusta que me digas así —dijo con el entrecejo fruncido. Me reí suavemente y entrelacé su mano con la mía.

—Lo sé. Pero… —me empiné y susurré en su oído—, me encantaba verte enojado.

—Algo extraño, sí —reflexionó—, pero no menos desconcertante.

Reí suavemente y besé su mejilla. —¿Cómo ha estado el trabajo? —pregunté.

—Bien —respondió escuetamente. Lo miré extrañada, ya que no era de esas personas que daban respuestas tan cortas.

Levanté una de mis cejas. Cooper respondió. —No creo que te interese todo lo que hice hoy. Ya sabes, física, teoría de cuerdas y esas cosas.

Si algo aprendí estando con Sheldon, es que tengo que escucharlo mientras habla sobre física y su teoría de cuerdas. A veces, cuando le cuento sobre leyes, me escucha, pero se aburre al instante.

—Tienes razón —dije, mientras comenzábamos a caminar—. ¿Alguna novedad con tu trabajo?

—Gablehauser me pidió que fuera a una conferencia a Nueva York sobre física teórica. Vendrá Albert Dusseldorf, un físico alemán de gran trayectoria.

—Oh, eso suena interesante —dije no muy segura—, ¿Y cuándo es?

—Después de año nuevo —dijo—. Puedo llevar un acompañante si deseo —añadió.

—¿Qué?

—Gablehauser dijo que podía llevar a un acompañante a Nueva York. Leonard me pidió que lo llevara, pero lo deseché rápidamente. Y pensé en quizás podrías acompañarme.

—Tendría que hablarlo con mis padres —respondí no muy segura—. La próxima semana viajo a verlos y a pasar las festividades con ellos.

—Pensé que estarías aquí para pasar Saturnalia y Año Nuevo. Mi madre desea conocerte —comentó.

Me detuve abruptamente, mientras motitas de color negro nublaban mi vista. ¿Conocer a la madre de Sheldon? Creo que aún no.

—Leonor ¿te sientes bien?

No respondí, ya que sentía que caía. Pero Cooper me sujetó del brazo.

—Necesito un poco de aire —respondí con un hilo de voz.

—Pero si estás respirando y hay el aire suficiente para ambos acá —comentó, mientras trataba de recuperarme.

—Sheldon, entiende que me estoy ahogando —dije, casi gritándole. Cooper me dirigió una mirada algo dolida que no le di importancia. Sheldon siempre saca su lógica racional en los peores momentos y este no era un buen momento.

Nos sentamos en una banca, necesitaba procesar bien la información. Después de unos segundos, me recompuse.

—¿Mejor? —curioseó.

—Algo —respondí escuetamente. Lo miré y sujeté su mano—. Sheldon, no creo que sea buena idea que conozca a tu madre tan pronto —dije insegura.

—¿Porqué? Ya llevamos un tiempo relativamente considerable para que nos etiqueten socialmente como 'novios'…

Lo miré perpleja. —¿Me estás pidiendo que sea tu novia? —dije ilusionada.

—Creo que sí —respondió dubitativo—. Sé que no es apropiada la situación y el lugar, pero creo que entiendes al punto al que quiero llegar —argumentó.

—Entonces, pregúntalo.

Sheldon tomó mis manos entre las suyas y me miró con seriedad —aquella mirada que ocupa cuando va a sacar una de sus conclusiones físicas— y me preguntó.

—Leonor Scott ¿Quieres ser mi novia?

—Sí, un millón de veces sí —sonreí mientras abrazaba a Cooper.


—¡Leonor! —gritó mi madre cuando me vio descender del avión.

Sonreí y agité mi mano mientras bajaba por las escaleras.

Finalmente, iba a pasar tres semanas con mi familia en Forks. Ya me había despedido de la soleada Pasadena y, con ello, mis amigos, Penny y Sheldon.

Cooper fue el más reacio cuando me fueron a despedir al aeropuerto, no quería que me fuera por ningún motivo. Y aquella razón fue causa constante de pequeñas discusiones en Pasadena que, mal que mal, no me tuvieron de muy buen humor durante los días que me quedaban en California.

Mi madre me abrazó fuertemente cuando pisé tierra firme. La extrañaba, extrañaba sus abrazos y aquel olor tan peculiar que siempre llevaba.

—Hojas de limón —susurré. Mi madre me miró con los ojos vidriosos—. Te extrañé, mamá —dije y la abracé nuevamente y con más fuerza.

—Pero ya estás acá, Leo —dijo con aquella sonrisa cálida y tan propia de ella—. ¿Cómo estuvo el viaje? —preguntó mientras íbamos a buscar mi equipaje.

—Cansador y largo —reí suavemente—. ¿Cómo está papá y Caroline?

—Bien, te esperan en casa

Tomé mi equipaje y nos dirigimos al coche. En el trayecto que nos quedaba estuvimos conversando de trivialidades. Me preguntó cómo iba en la universidad, sobre Pasadena, mis amigos de la universidad y los chicos del edificio. Pero no preguntó nada sobre Sheldon. Y era extraño ya que mi madre ha sido siempre curiosa por naturaleza.

Estábamos por llegar cuando mi madre me preguntó. —¿Y cómo van las cosas con ese chico, Sheldon?

La miré con pánico. No estaba muy segura a cómo iba a reaccionar si le contaba que ya éramos novios. Pero respondí con un escueto:

—Ya hablaré después, cuando papá esté presente —dije y mi madre asintió tranquila.

Caroline me esperaba afuera de casa y mi padre estaba sentado en la entrada de la casa. Mi vecindario no había cambiado nada desde que me había ido hace unos meses atrás, todo seguía igual.

Mi hermana me abrazó hasta casi ahogarme, mientras que mi padre simplemente me besó la mejilla y supe que me había extrañado tanto como yo a él.


Navidad fue un día hermoso. Nevó y en la mañana salí con Caroline a jugar. Mis padres me regalaron la colección completa en Blu-Ray de Star Wars y toda la serie Doctor Who en DVD. Penny envió un regalo, eran un Stilletos Louboutin que había visto en una de sus tiendas y que tenía ganas de comprar… en mil años más, cuando tuviera dinero para tenerlos. Penny, te debo una, pensé con una sonrisa.

Leonard llamó y preguntó como estaba, mandó saludos y prometió que tendría mi regalo de navidad después de año nuevo. Es algo especial, dijo.

Sheldon no llamó en todo el día y yo tampoco le pregunté a Leonard si él estaba en Pasadena. Por lo que yo sabía, era que se iría a Texas a pasar navidad y regresaría para año nuevo para luego ir a Nueva York a la conferencia. Tampoco les había contado a mis padres que iría con él.

Y uno de los problemas más grandes, era que no le había contado la historia completa.

—¿Leonor? —llamó mi padre a la puerta.

—Pasa.

Tom lucía preocupado cuando entró a mi alcoba. Tenía aquella mirada de tu-sabes-que-tienes-que-decirme-algo. Tragué fuerte al pensar el interrogatorio que se venía.

Se sentó en la cama y sonrió. —¿No hay nada que quieras contarme, Leo?


Lo sé, lo sé. Merezco la horca por demorarme tanto en actualizar el fanfic, pero espero que tengan piedad de mí y entiendan que cada vez me quedo con menos tiempo y menos inspiración para escribir. Así que cada vez que tengo un tiempo libre entre la universidad y esas cosas —y siempre y cuando la inspiración llega— me pongo de cabeza en el laptop y comienzo a escribir.

I know, es un capítulo pobre a morir, pero más adelante se viene lo bueno: el viaje entre Leo y Sheldon, las reacciones de sus padres y alguna que otra sorpresilla por ahí.

Ya saben, los reviews se agradecen, ya que ahí sé que en qué puedo mejorar, etc, etc. Aparte que son el sueldo de un escritor en fanfiction, haha. Los alertas y favoritos son amor, también. Gracias por el apoyo, Bazzingers, really :3

El siguiente capítulo ya lo estoy escribiendo, así que no creo que me demore mucho en actualizar, eso creo, siempre y cuando la universidad y mi inexistente vida no me absorban mucho, haha.

Los quiero, bazzingers y los reviews se agradecen!

Cris.-