Soñar.

"Algunos dicen que es idealista. Otros dicen que es la peor manera de perder el tiempo. Depende de quién eres y cuanto te ha costado vivir, para poder entender su significado. Para algunos ha sido la diferencia entre la vida y muerte. Para otros, solo una manera de explicar nuestro masoquismo. Soñar es eso que nos enseñan a hacer desde pequeños. Es el desafío constante que le hacemos a la realidad. Nuestros cinco minutos de rebeldía contra el universo. Soñar es viajar por la vía láctea, sin dejar el sillón." Aixa-Gabii Serrada

Batear.

De eso se trata la vida.

Constantemente estaba comparando momentos de la vida con juegos de beisbol. Siempre estaba buscando la manera de hacer de las jugadas alguna analogía macabra sobre lo que ocurre. Mis consejos comenzaban y terminaban con batear, dejarse ponchar, hacer toque sacrificio y estar en cuenta completa. Siempre estaba hablando de lo mismo.

Me había costado tiempo entender hasta el punto que mi obsesión me había llevado. No había tenido la oportunidad de entender hasta qué punto está tratando de vivir en el diamante las 24 horas del día, hasta que lo más oportuno que mi papá pudo decirme fue que la batearíamos y que estábamos perdiendo, en cuenta completa pero con bases llenas, mientras yo sollozaba en sus brazos.

Tal vez en mi vida pasada había sido hombre y beisbolista. Tal vez, mi torpeza nata para las actividades físicas no debió ser un impedimento para practicar beisbol o softbol. Tal vez solo había sido una excusa para evitar terminar de ser absorbida por el ventiunico tema de conversación que tenía en común siempre con mi papá y con todo el mundo en general.

Batear. Siempre estaba creyendo que se trataba de eso.

Pero la verdad es que yo no estaba en un juego de beisbol y mucho menos era beisbolista. La verdad es que este juego que estaba enfrentando en este momento era mucho más complicado que una final del clásico de octubre. Se trataba sobre lo que continuaría en mi vida de ahora más. Lo que sería a partir de hoy. Era mucho más difícil que asumir que esta era uno de mis ficticios juegos y yo estaba en la caja. Las luces del estadio se habían apagado, la verdad es que jamás estuve allí.

De repente me encontré simplemente frente al televisor. Eran otros los que estaban en el campo, verdaderamente pichando y ponchándose. No era yo. Porque esa no era mi vida, y era momento de poner orden en la realidad.

Solo estaba yo, en el sofá y el televisor frente a mi mientras el narrador gritaba: "Se fue, se fue, díganle que no a esa pelota" una expresión tan propia del beisbol.

Pero no la había bateado yo. Y en la realidad tampoco lo haría yo. No se trataba de batear. Se trataba de la realidad, y en la realidad, habría cirugías, y lagrimas, inyecciones y días como el de hoy, llenos de humor negro y de drama.

El maldito drama al que siempre le había huido.

El drama Swan por excelencia.

Suspire.

-Ese sí que fue un batazo.- susurro Edward, sentándose a mi lado. Yo asentí con la cabeza, mientras me recostaba en su hombro y el pasaba su brazo por mi cintura.

Comenzaba a asustarme de estas sensaciones.

De querer abrazarme de él en lo momentos agudos. De haberle pedido de su compañía para venir a enfrentar la marabunta Swan esta tarde. De haberme abrazo de él mientras en el comedor todo el mundo chillaba y escandalizaba.

Me jodia enormemente llamarlo por teléfono cada vez que tenia consulta médica. Y pedirle su opinión. Abrazarlo cuando las cosas se ponían duras. Me molestaba enormemente que él hubiese sido el único ser que se había cruzado por mi camino esa noche de julio cuando la segura, perra e independiente Isabella Swan se tambaleo en el abismo.

Cuando descubrí que no podía ser invencible nada más que porque lo deseara. Que aún conservaba una gran cantidad de sentimientos dentro de mí, que no habían muerto a pasar de las fuertes cantidades de veneno que les había puesto para la cena.

Me jodia saber que este tipo había estado en mas de mi llantenes que mi propia madre. Que había llevado mis crisis, mis rabietas, mi llanto, mis malcriadeces y todos los cambios de humor que había experimentando en estas tres semanas. Todas las cosas que dije, las que no pronuncie y lo que fui y luego cambie.

Y ahora estaba aquí. Viendo un Medias Rojas, Yankees de New York, el único deporte que había logrado mantener a raya mis sentimientos, emociones, dolores, tragedias y dramas, y una vez mas estaba permitiendo que esas cosas que quedaban en mí, solo mías, se vincularan a este extraño conocido que daba los mejores abrazos del mundo.

Era un muy buen momento para volver a ser una perra. Regresar a la Bella Swan que no podía estar pendiente de nada mas de Edward Cullen que ese bonito culo cuando se flexionaba para batear. La que soñaba con encontrárselo por casualidad en una disco y dejarse coger por el contra la pared trasera, mientras le apretaba sus hermosas nalgas.

O mejor dicho, solo la izquierda, que nada más estaba asegurada.

Sonreí para mis adentros, recordando esos detalles que ahora tenía sobre su culo, y sin embargo, esa información no había reforzado mi atención en esa parte de su anatomía, sino más bien en todo lo demás que había escupido mientras hablada conmigo hasta las 3 am.

En saber que había perdido a su mamá mientras estaba pequeño. Como se le había jodido la vida nada más de ser huérfano a causa de esta puta enfermedad que amenazaba con joder la mía. Y la de mis padres y la de mi hermana.

Y la de Edward.

Solo a mí se me ocurría hacerme dependiente de un hombre que no estaba hecho para esto. Yo no podía seguirle pidiendo que me abrazara cuando tuviera ganas de llorar o me insistiera a salir de casa mientras yo me daba en la cabeza contra la pared. No podía seguirle pidiendo el nivel de compromiso que mi cerebro le exigía día con día desde aquel viernes. No podía hacerlo pasar nuevamente por esto.

-No puedo permitir que vea a alguien más morir.- susurre en voz alta, sin recordar que su cuerpo descansaba a mi lado, en la sala de televisión de la casa de mis padres, después de aquella fatídica cena donde había gritado como una desadaptada lo que había peleado por mantener dentro de mis entrañas.

Era hora de retomar el orden de mis ideas. De volver a tener las riendas de mi vida y ver a Edward solo como un gran conocido, no más como un pilar en esta batalla.

Porque en el fondo, no podía, ni quería pedirle a nadie que se transformara en mi pilar para esta batalla. Si triunfábamos, sería un éxito mutuo. Si perdíamos, permitiría que una persona haya despreciado su tiempo, energías, dinero, cariño y otras emociones en una sentenciada a muerte, que ni la menor idea de cómo ella misma lidiaría con esto.

-¿De qué hablas Bells?- me pregunto Edward, girando se rostro hasta mi. Me sonrió cálidamente, antes de dejar un beso sobre mi cabeza.

Huye mientras puedas Edward. No te quedes. Esto puede ser crónica de una muerte anunciada, no te quedes a mirar la debacle.

No te quedes a tenerme lastima. No tú, por favor.

-Por mí y mi gran bocota, ahora todos los Swan lo saben.- murmure, tratando de hilar la idea en mi cabeza.

Era mejor alejarlo de mí ahora. Él ahora se podía ir con la tranquilidad de saber que yo quedaba en "las manos" de otras personas. Ya no tenía que cargar con el peso de ser el único que sabía de la enfermedad casi mortal de la mayor de los Swan.

-Bueno, estabas bajo mucha presión Bella. La enfermedad, el tratamiento, la discusión con Michael ayer, todo el tema de la boda, el trabajo hoy y tus propias expectativas, mas lo de tu mamá. Simplemente cediste a la presión.- negué con la cabeza.

-No puedo permitirme seguir cediendo a la presión como si nada estuviera pasando. No es lo indicado. Eso no nos va a llevar a ningún lado y acabara con los nervios de mi mamá.- Edward volvió a besar mi cabeza.

-Ya dale relevo a esa macabra cabecita Bella. Estas a salvo. No fue tan grave como esperabas. Tu mamá estaba algo impresionada, como es normal, pero ya ves que después se calmo y Alice no chillo. Tu papá no le dio un paro cordiaco y yo sigo aquí, como siempre, en tu actividad de siempre, verle el culo a beisbolistas por televisión. No fue tan difícil como creíste, así que deja de presionarte tanto bonita. No puedes siempre estar cargando con el mundo.- relinche como el propio caballo.

-No sigas Edward, no tiene chiste.- me deshice de su abrazo, haciendo que arrugara el ceño.- Te libero Edward. Eres libre de tomar las llaves de tu auto, cruzar esa puerta y volver a tu vida de entrenamientos, juegos, fama y chicas sexys viendo tu culo en TV. Eres libre de regresar al diamante, el único lugar donde sabes vivir, en donde perteneces. Ya tú tuviste tu cuota de vivir en la realidad y sabemos como termino. No necesitas volver a inmolarte por mí. Ya mi familia lo sabe, y pronto todo el país. Créeme que me sobraran manos bondadosas, abrazos, lastima y un montón de mierda. Eres libre.- me pare del sofá mientras Edward hacia lo propio.

-¿Eso es lo que quieres?- termino con el espacio entre nosotros, estando demasiado cerca de mí.

En estas semanas que llevábamos de amistad, llena de drama, chistes sexuales, insinuaciones y demás, jamás habíamos llegado a un punto de tanta cercanía en otros términos más que un abrazo amistoso para las lagrimas.

-¿Quieres que me largue por esa puerta y que la próxima que me veas sea en televisión o en el estadio por casualidad? ¿Quieres que salga corriendo, porque según tu soy demasiado niña como parta afrontar nuevamente el cáncer?- baje la cabeza ante su tono de voz demandante. Con casi dos metros de alto, brazos formados, espalda ancha y una voz gruesa cargada de molestia, Edward me apabullaba con facilidad.

-No dije que fueras una niña.- corregí.

-Oh, no hacía falta, eso venia en la segunda parte de tu discurso "Soy Bella, la heredera del trono de Dios. Véanme hacer todo por mi misma"- trato de imitar pobremente mi voz, haciéndome enfadar.

-Mira Edward, piensa lo que te dé la gana. Si quieres creer que soy una puta, piénsalo. Si quieres pensar que te quise decir que eras una niña, nada más que porque estoy tratando de velar por tus sentimientos, entonces piénsalo. Me sabe a una cantidad grande de mierda.- solo me sonrió.

-La verdad es que aunque te jactas de pasarte al mundo entero por el culo, y que tú mayor deseo sea supuestamente vivir en Marte para no tener que ocuparte nunca más de tu mamá y sus alaridos, estas matándote la vida por proteger hasta la más mínima mosca de que se cruce contigo. Te aislaste de tu familia para proteger a tu madre de ti misma y tu "incapacidad para ser perfecta".- hizo comillas en el aire.- Estas tratando siempre de vender a Alice como una niña frágil, inútil y débil para poder justificar tu aparente necesidad de mantenerte lejos de ella, mientras que en el fondo solo tratas de mantenerla lejos de tu mundo lleno de groserías y fiestas superficiales, porque sabes que esa mierda apesta. La verdad Isabella Swan, es que aunque dices que no amas a nadie, me amas hasta a mí, aunque acabo de cruzarme en tu vida, y estarías dispuesta a lanzarte del Golden Gate, con tal de alejarnos a todos de lo que consideras que es una bomba de tiempo, tu.- me señalo.

Me reí a mandíbula de él, mientras sentía que un nudo se formaba en la base de mi estomago.

Al grandísimo carajo con su psicología barata.

-¿Qué es lo que estabas cursando en la universidad? Derecho internacional, cierto. Pues déjame decirte que si hubieses estado en la escuela de psicología, no hubieses terminado en el beisbol, porque con esas conclusiones de terapeuta barato, hubieses llegado lejos.- dije con todo la ironía posible.

Edward rompió el espacio que quedaba entre nosotros y puso su frente sobre la mía.

-¿Sabes lo que voy a hacer, señorita fuerte?- negué con la cabeza, perdida en sus ojos verdes, que estaban fijos en mi.

Vi en el fondo de ellos, lo cristalino que podía ser el color verde de sus ojos y lo fuerte que eran a su vez. Se dilato por completo su pupila, aplastando el poder de mi mirada. Me doblegue ante sus ojos y me perdí del espacio en el que estaba. A lo lejos escuche al narrador gritar algún imparable pero eso sabia a mierda. Tenía mi propia versión del diamante de béisbol frente a mí, en los ojos de ese hombre.

-Voy a quedarme aquí. Y voy a ir a entrenar a las 5 am. Y estaré en el gimnasio. Y luego en la tarde estaré calentando en el estadio porque tengo juego mañana en la noche. Tú puedes escoger, si ver mi culo desde aquí,- señalo el televisor.- O puedes ir a verlo en vivo y directo, mientras corro hasta home y te dedico el jonrón. Luego podemos ir a tu casa, comer una pizza, hablar estupideces mientras celebro mi día libre y acordar con el médico tu próxima cita, donde llevaras hasta a Jasper y así lo haremos hasta el fin de los tiempos. ¿Tenemos un plan?

Me mordí el labio.

-No me jodas, prefiero ir a ver tu culo en vivo.- él asintió con la cabeza, sonriendo de oreja a oreja.

-Estamos de acuerdo en un punto.- se alejo de mi, rompiendo ese contacto extraño que teníamos.

Mucho mejor así, creo.

Se dio la vuelta, dándome una perfecta vista de su espalda y su muy nombrado culo.

No pude evitar adelantarme hasta donde caminaba y darle con toda la fuerza que podía tener, en la nalga izquierda. Su cuerpo se tenso de inmediato ante el golpe, mientras yo escondía las manos detrás de mi espalda.

Se dio la vuelta, con la mandíbula rozándole el suelo pero una expresión divertida en sus ojos.

-¿Qué coño hiciste?

-Cumplir una fantasía. Ahora, puedo tacharla de la lista de los propósitos para el 2013.- de inmediato vi la resolución en sus ojos y supe que se venía algo, que no quería que pasara en realidad.- Edward, ¿Qué demonios estas…-pero no me dejo terminar la pregunta, antes de ponerme como un saco de papas sobre su hombro.

-¿Con que una fantasía? ¿Y si yo te dijera que la mía es azotarte hasta que pidas clemencia?- golpetee su espalda, mientras reía sin parar. Sentí como toda la sangre se iba directo hasta mi cerebro.

-¡Me dijiste que nada a lo Christian Grey!- le recordé el comentario picante que habíamos tenido en el restaurante el día que yo estaba cenando con Rose y el con Emmet.

-Oh nena, créeme que sin llegar a lo Christian Grey, cualquiera desearía azotarte.- estampo su gran mano sobre mi culo, cubriendo casi que mis dos nalgas. No fue un golpe fuerte, más bien uno ruidoso.

-Esto es violencia contra la mujer.- chille.

-Es una fantasía Bella. Nada te cuesta cumplírmela.

-No me jodas Edward. Yo no estoy aquí para cumplir tus fantasías eróticas.- me dejo caer de un solo golpe.

-Créeme belleza, que si esto fuera una fantasía erótica no estaríamos en la sala de tus padres a las once de la noche, viendo un juego soso de beisbol.

-¿Entonces que estaríamos viendo?- moví mis dedos frente a su rostro.

-Oh, estaríamos viendo el video del primer imparable que conecte en la temporada 2011 con los Gigantes. Lo pondría en repetición una y otra vez, para que me vieras batear en cada embestida.- levante la ceja, sorprendida pero encantada con el giro de nuestra conversación.

-¿No te parece demasiado ególatra, hasta para ti?- lo moleste.

-Para nada, es simple fetiche.- me sonrió de medio lado.- Algún día así será.

-¿Estas insinuando que follaremos algún día?

-Nunca dije que lo cumpliría contigo Bella.- rodé los ojos.- Pero no estaría mal. Seria dos fantasías en uno. Hacerlo con una fan y hacerlo viendo mi primer imparable.- se dejo caer en el sofá.

-Me sorprende que la de la fan no se haya cumplido ya, considerando la horda de mujeres calenturientas que tienes detrás.- se rio.

-No han llegado aún a ese punto. Si me han robado uno que otro beso cuando voy por la calle y me reconocen, pero nada demasiado grave, como una violación y esas cosas.

-Las maravillas de la fama.- canturree.- Ahora que lo recuerdo, desde que te volviste una celebridad por la temporada del 2011, jamás te han visto ligado a alguna mujer en especifico. Si han salido un montón de fotos tuyas en las revistas con mujeres, pero nunca ninguna que se pueda identificar como alguna conquista o algo.- me senté en el sofá, extendiendo mis piernas y poniéndolas sobre las él, quien se limito y frotar mis pantorrillas cariñosamente.

Estaba volviendo al punto de la cercanía innecesaria y viciosa.

-Siempre me ha gustado cuidar mi imagen de esa clase de escándalos. Tengo fama de "cariñoso" con las mujeres, pero no he llegado al punto de mujeriego, porque las fotos con mujeres distintas no son muchas y jamás en abrazos demasiados cercanos o algo. La mayoría son con modelos, cantantes o las animadoras del equipo, que suelen tener novios públicos y nunca en ningún contexto que se preste a malas interpretaciones. La chica con la que me relacione hasta el año pasado salió en un par de fotos conmigo pero nada muy importante, era una de las animadoras del equipo y trate en lo posible de ser discreto. Me gusta guardar mis relaciones para mí, sobre todo cuando no son nada demasiado serio. Me evito problemas yo y les evito malos tragos a esas mujeres.- le sonreí fraternalmente.

-Oh por Dios, estoy en presencia de todo un caballero.- apretó mi pantorrilla con fuerza mientras me reía de él.- ¿Con que con la porrista? ¿Cuál es el maldito fetiche que tienen con esas agita pompones?

-Lo mueven como los agita, es todo lo que puedo decir. Un caballero no tiene memoria.- rodé los ojos.

-Que erótico me sonó eso. Juro que me prendí y todo.- me miro de arriba abajo mientras me mordía el labio.

-Y eso que sigo vestido.-me reí con fuerza.

-Por Dios, eres el hombre más explicito que he conocido.

-Pensé que te gustaba que te hablara sucio amor.

-Me excita en sobre manera que mi amigo me hable sucio mientras los Yankees ganan.- me fije en la pantalla.- ¡Maldita sea, es que es tan difícil atrapar una puta pelota!- grite enardecida, señalando al jardinero central, mientras este peleaba por atrapar la escurridiza pelota que picaba en la grama.

-Y la Bella camionera ha vuelto.- golpee su pecho suavemente mientras volvíamos a concentrarnos en la pantalla.

A eso de las 12:30 Edward cruzo las puertas de la casa de mis padres, riendo como un idiota con la última broma que habíamos hecho. Yo decidí quedarme en casa de mis padres esa noche, luego del bombazo que había soltado.

A pesar de que mi mamá a los minutos volvió a la normalidad y sin acercarse mucho me dijo: "lo siento hija, vamos a salir de esto", ella había sido una de las más interesadas en retenerme en casa esta noche, y aunque me reventaba el hígado que me trataran como invalida, la complacería por ventiunica vez en mi vida.

Mi papá se había mantenido calmado, mientras Alice me había abrazado sin decir nada. No había chillado, ni dramatizado ni nada por el estilo. Ella también se quedo en casa esa noche y hace unos minutos habíamos visto bajar a Jasper, quien me había sonreído sin mucho protocolo. Como el marine que era, estaba adiestrado y educado para mantener a raya sus emociones cuando no eran necesarias, y Dios sabía que no necesitaba más emociones que las mías.

Mis emociones.

Malditas traidoras que me habían hecho guindarme del cuello de Edward antes que saliera de casa.

Malditas emociones que habían sonreído cuando minutos después me llego un mensaje suyo avisando que ya estaba en casa.

Las mismas malditas emociones que me hacían sentir cómoda con él. Esas que me permitían ser yo misma, corriente, vulgar, soez y sádica, pero no por el placer de incomodar a los de mi alrededor o sacarle la piedra a mi mamá, sino por el placer de ser yo misma y ya.

Emociones malditas que me hacían soñar con el juego de mañana y lo que se venía.

Soy la mayor idiota del mundo y mis emociones son unas putas baratas, que se le regalan al primer idiota con culo sexy que se les pasa por el frente.

Pero que culo. Recordaba la sensación de cuando lo nalguee y no se puede negar que fue de otro mundo. Realmente todo el ejercicio valía la pena, cuando abrazaba a Edward y sentía que cada musculo de su espalda, brazos y abdomen estaban en su lugar.

A dormir y listo.

Me acomode en mi vieja habitación donde todo permanecía igual que siempre, sintiendo como el cansancio de un día tan largo me caía encima.

Y Edward no se había ido. No había aceptado la carta blanca para largarse y ya. Había hecho un plan de ataque y en él estaba presente en cada momento posible.

¡Carajo!

Mientras yo estaba peleando con mi idiota cerebro y su necesidad de estar pensando en Edward, tocaron mi puerta.

-¿Se puede?- asomo Alice su cabeza por la puerta.

Suspire y asentí con la cabeza, estando segura que había tardado demasiado en venir a chillarme.

Camino hasta la cama y se sentó a los pies de esta. Me enderece, recostándome del respaldo y la mire. Estaba algo pálida y tenía los ojos un poco hinchados, pero nada demasiado grave según yo.

Me preparaba mentalmente para secar muchas lágrimas.

-¿Cómo estás?- comenzó ella con voz demasiado trémula. Le sonreí, tratando de entender su cautela.

Ella estaría esperando de mi parte cualquier otro estallido como el de la cena.

-Estoy bien dentro de lo que se puede. Más tranquila.- le asegure.

-¿Te sientes…ya sabes…mal?- dudo en que palabras usar.

-A veces tengo un poco de dolor y presión en el seno.- baje la vista hasta mi seno izquierdo.- Pero nada que no pueda sobrellevarse. Ahorita por ejemplo, estoy algo adolorida.- asintió, con su mirada perdida en la colcha.

-Sabes que si hubiese sabido todo lo que estaba pasando no me hubiese unido a mi mamá con lo de las quejas, ni hubiese dejado que hiciera ese maravilloso drama, mucho menos delante de Edward.- asentí con la cabeza.

-Si todos lo hubiesen sabido las cosas hubiesen sido distintas desde que cruce la puerta de la casa, yo lo sé.

-¿Por qué Edward ya lo sabía? Sé que te gusta mucho y todo lo demás, pero hasta el cumpleaños de papá, jamás se habían visto. ¿Acaso tiene una relación?- chillo como la clásica Alice, y por primera vez en mi vida me sentí contenta de escucharla emitir ese singular sonido.

Mi hermanita volvía a actuar como tal.

-No es que me guste mucho Alice, era de esos amores platónicos de la adolescencia pero no en la adolescencia. Y si, no es que seamos, o bueno, no éramos muy allegados. Nos encontramos un par de veces después del cumple de papá y él estaba saliendo del hospital el día…bueno…el día que fui a recoger los resultados.- le conté.

-¿Por qué no nos llamaste?- insistió.

-Estabas en New York con mamá escogiendo el vestido. Fue simple coincidencia. El venia saliendo de una sesión con un grupo de ayuda y fundación de las familias y enfermos de cáncer que ayuda a financiar y yo estaba afuera, en una banca del estacionamiento teniendo un muy mal momento. Me reconoció, me llevo a mi casa y luego se mantuvo en contacto conmigo de ahí para acá. El me insistió en ir al médico la primera vez y me acompaño en las dos primeras citas.

-¿Por qué cuando volvimos no nos dijiste nada?

-No es mi estilo y lo sabes. Sabes que me gusta llevar mi mierda.- me encogí de hombros.

-¿Pero no tienes nada con él?, porque yo lo vi bastante familiar contigo cuando toda la bomba exploto.- sonreí.

-Ha sido un muy buen amigo y me ha visto llorar, golpear cosas, patalear, insultar y reír en una misma noche. Por cosas del destino, suele estar en el mismo lugar que yo cuando comienzo a chillar como Magdalena.- Alice me guiño el ojo.

-El destino, tu lo has dicho hermanita. Es el destino el que los está uniendo. Y seamos honestos, por lo que te escuchamos reír con él mientras estaban en la sala, estoy completamente segura que son el uno para el otro.- me reí.

-No somos el uno para el otro Alice, deja de buscar historias de amor donde no hay. Es un amigo. Nos llevamos bien. Es asquerosamente grotesco al igual que yo, por lo que siempre estábamos bromeando. Somos amigos, solo eso.- mi hermana se desinflo.

-Ya entiendo, es que tiene novia.- me rasque la cabeza.

-No que yo sepa.- no sé ni siquiera porque le eche leña al fuego.

-Vamos Bells, no lo descartes. ¿A poco no te prende la idea de estar con un tipo que tienes 3 años añorando por TV?- abrí los ojos como platos.

-¿Quién eres y que hiciste con mi hermanita?- la empuje en la cama.

-Oh vamos, si quieres puedo volver a ser mi versión perfecta para mamá, pero de vez en cuando puedo ser solo yo, humana y decirte que él es atractivo.- bufe.

-Y allí está de nuevo mi hermanita. No es atractivo Alice, esta bueno, buenísimo. Y tiene un culo.- Alice suspiro.

-¿Tienes idea de la cantidad de veces que hablas de su culo? Vamos Bella habla de otra cosa.

-Bueno, cuando le vea la polla te hablare de ella.- abrió su boca desmedidamente, haciéndome reír.

-No quiero esa información.

-Y así y tu podrás hablarme de la de Jasper y estaremos a mano.- se puse de pie, dándome con uno de los cojines decorativos de la cama.

-Suficiente Bella, creo que si se lo llegas a ver no me interesaría saber.- le lance el cojín de vuelta.

-Vamos Alice no seas santurrona.

Ella se limito a recoger el cojín del piso y me sonrió abiertamente, mientras en sus ojos veía un vestigio de nostalgia.

-No vamos a perder esto ¿Verdad?- suspire.

-Siempre voy a hacer tu hermana Alice, no entiendo la pregunta.

-No quiero que vuelvas a esconderte como un topo. No quiero que te me desaparezcas de entre los dedos. Eres mi hermana y quiero que estés conmigo en mi boda pero también quiero estar contigo cuando la cirugía y demás. No quiero que pienses que tienes el deber de cargar esto por ti misma. No hace falta que me subestimes Bella, no soy tan tonta como parezco.- se volvió a sentar en la cama y me sostuvo las manos.

-Estoy aquí Alice, pero no estés esperando que de vez en cuando no tenga mis cinco minutos y salga corriendo. Soy así Alice, y estoy completamente segura que lo último que quiero que esta enfermedad me haga, es cambiarme. Si voy a morir, quiero hacerlo siendo yo misma, como siempre he sido. Y siempre he sido así. Independiente. Me gusta cazar sola y no por eso eres menos mi hermana y no voy a estar contigo. Es solo que a veces siento que hay mierda que debo limpiar por mí misma. No es que no confié en ustedes, es que no siempre quiero sacarlos de sus vidas normales para que me acompañen a vivir la mía que últimamente se ha tornado diferente. No quiero que dejemos de ser quienes somos ni actuar como actuamos. Nadie tiene porque dejar atrás su vida por todo eso.- le apreté las manos.

-Quiero que hagas las cosas tal y como tú quieres y te juro que lo voy a respetar.

-Se que así será.- fue lo último que dije, antes que ella se acomodara en el otro extremo de la cama y nos quedáramos dormidas.

Al la mañana siguiente no fui a trabajar porque simplemente el cuerpo no me dio para levantarme. A pesar de las vitaminas que el Dr. Mail me había recetado después de mi último ataque de nervios, continuaba estando débil y con bastante peso por debajo del normal. Mi ritmo alimenticio no se había regularizado lo suficiente y el sueño seguía siendo mi enemigo.

Salí de la cama a las 11 de la mañana, mientras escuchaba a mi mamá conversar con el jardinero en el patio de atrás. Después de lavarme los dientes y aun en pijama, me escabullí hasta la cocina, donde Alice hablaba por teléfono con una carpeta llena de cartulinas frente a ella.

-Buenos días.- le dije, tomando mi tarro favorito y llenándolo de café.

-Casi buenos mediodías.- susurro ella tapando la bocina de su teléfono.- ¿Sabes que hare? Te llamare más tarde, cuando tenga una mejor idea. Sí, claro. Sin problema. Adiós.- corto la llamada.- ¿Cómo dormiste?-

-Incomoda. Tuve que compartir mi maravillosa King size contigo, que roncas como cochino.- la moleste.

-Yo no ronco.- ladro.

-Oh si, pobre Jasper.- la medio empuje, acomodándome en uno de los taburetes de la cocina. Mientras jugueteábamos entro mamá, vistiendo ropa deportiva y una cola alta.

-Buenos días Bella.- me saludo, dándome un beso en la cabeza.- ¿Cómo estas hoy?- me miro de arriba abajo, examinándome.

-Bien mamá, lo normal.- le sonreí, tratando de tranquilizarla.

-Me alegra oír eso. ¿Quieres algo de comer?

-Esperare al almuerzo.- ella reviso la hora en su reloj y asintió.

-Bien, Charlie tiene antojo de italiano de donde siempre, así que pediré para comer, no tengo muchas ganas de salir.- nos informo, antes de salir de la cocina.

Salí detrás de ella para ubicar mi teléfono, que estaba en algún rincón de mi habitación. Di con el dentro del baño, pegado al cargador.

Baje las escaleras y me metí directo al despacho de mi papá, esperando encontrarlo, pero no estaba.

Me senté en su cómoda y mullida silla detrás del escritorio, viendo como estaba todo inmaculadamente recogido en el lugar.

Renne no permitiría un milímetro de desorden.

Me dedique a revisar mi teléfono, encontrando notificaciones de mensajes de Whatsapp . Uno era de Jenny preguntando si iría a trabajar y luego otro diciendo que ya había notado que no, pero que todo estaba bien.

Por último tenía uno de Edward.

"Recuerda que hoy tengo juego a las siete y media. Trae a Jasper y Charlie para que tengan una noche de chicos. Oh, cierto que eres mujer, a veces olvido que tienes vagina. En fin, espero que tu noche de pijamada en casa en de tus padres haya estado bien. ¿Qué crees? Me quede dormido y tengo una multa además del entrenador jodiendome las pelotas. Según él tengo una novia que está acabando con mi concentración. ¡Novia, déjame concéntrame! Jajajajaja.-me reí con él.-Por cierto, me gustaría que vinieras a eso de las cinco y media o seis, porque quisiera mostrarte algo antes del juego. No traigas a Jasper ni a Charlie, no les hará gracia. Nos vemos mas tarde."

Subí mis piernas al escritorio, mientras le contestaba el mensaje con algunas de nuestras acostumbradas insinuaciones y demás.

El almuerzo fue agradable y calmado. Mi mamá pidió diferentes especialidades de pasta así que había comida suficiente para mantener a todos el mundo callado. Jasper se nos unió así que colaboro a bajar la cantidad de alimentos.

Yo aproveche para recuperar nutrientes y comer como nunca.

Mi mamá y Alice acordaron ir al cine esta noche, mientras que nosotros íbamos al partido. Por primera vez ella no rodo los ojos ni hizo ninguno de sus show por el tema del juego. Solo lo dejo pasar y acepto la invitación de Alice.

A eso de las cuatro me fui de casa, argumentando que mi camisa de los Gigantes estaba en mi apartamento y que los vería en el partido. Jasper y Charlie se quedaron en casa para arribar juntos y les aclare que al decir sus nombres en taquilla los dejaría pasar.

Logre escuchar a medias a mi papá hablar sobre los beneficios de tener un yerno beisbolista, pero me hice la sorda.

A las cinco y media estaba llegando al estadio, que tenía solo unos pocos carros estacionados, pero ya se manifestaba una cola de personas en las taquillas esperando para entrar.

Llame a Edward para entender cómo funcionaba en esta oportunidad, pero el solo me dijo que me fuera hasta la entrada principal, que allí nos veríamos.

-Hola.- me saludo, cuando nos encontramos. Cruzamos el campo, que aun tenia la lona extendida y me llevo hasta el dugout, bajándome por las escaleritas hasta el fondo.

-¿Puedo estar aquí?- pregunte una vez que me halle en los vestidores. El techo era bajo, pero el espacio se veía amplio hacia el fondo. El aire estaba frio, mientras se escuchaba un bullicio de risas y gritos masculinos.

-Técnicamente no, pero ya estas dentro.- camino conmigo de la mano hacia el fondo, pasando por hileras de casilleros amplios, que contenían uniformes, pelotas, guantes, fotos, medias, zapatos, bóxers y demás.

Comencé a escuchar detrás de mí los silbidos de los hombres a nuestro alrededor. Llegamos hasta el fondo donde estaban todos congregados, en mono y algunos solo llevando una toalla en sus cinturas.

Todos estaban taaaan buenos.

-Bella, te prohíbo que los veas así.- me molesto a Edward mientras sus compañeros me observaban.

-Miren eso, Edward trajo ayuda para vestirse.- grito el de primera base.

-No la jodan tanto.- me defendió Edward, soltándome la mano y perdiéndose hacia la izquierda, donde había un amplio espacio de las duchas.

-¿Piensas dejarme aquí?- le pregunte, mientras lo veía deshacerse de su camisa.

-Oh tranquila, solo te van a violar, pero va a ser una experiencia multiorgasmica.- me contesto, mientras el resto de los jugadores me veía.

-¿Hola?- dije con inseguridad.

Habían varios jugadores altos, aunque también habían algunos bajitos, pero todos tenían en común lo gruesos que eran. Algunos se veían formados y atléticos y otros con barriga pero igual de atemorizantes.

-¿Tienes miedo?- me molesto el jardinero izquierdo.- Bienvenida a nuestro mundo.- me hizo señas para que me sentara en una banca junto a él.

-¿Qué coño hacen que no calientan? Son las seis de la tarde, el juego es en una hora y ustedes están aquí como una bola de idiotas en paño.- grito el manager, mientras llegaba a donde estábamos.- ¿Y esto?- me señalo.

-Es la chica de Edward.- el corazón me latió con fuerza cuando lo escuche.

La chica de Edward.

No sonaba tan mal.

Bueno, soñar no cuesta nada.

-¿Con que tú eres la responsable de que llegue tarde a los entrenamientos?- me puse de pie, asintiendo con la cabeza.- Pero si mírate, eres toda una novia abnegada. Usando su número, y firmada.- miro mi camisa.

-Una buena novia lo hace, ¿no?- respondió por mi Edward, saliendo de los confines vestido con su uniforme y sus ganchos en la mano.

-No solo me distraes al campo corto sino a todo el equipo.- me sonrió Larry, el manager.- Ustedes.- señalo al equipo.- vístanse y los quiero ahora calentando.-fue lo último que dijo antes de salir.

-Eres la chica mala del lugar.- me susurro Edward, sentándose donde yo había estado, mientras todos correteaban por el lugar.

-Hey Edward, ¿Crees que tu chica pueda ayudarnos, ya sabes, con el protector?- Edward ladeo su cabeza hacia la voz que le hablaba, con los ojos entrecerrados y la mandíbula apretada.

No Edward, no puedes estar celoso porque no tenemos nada.

-Sigue jodiendo así Peter, que te vas a quedar sin donde poner el protector.- Peter, el abridor, me miro fingiendo estar asustado. Yo solo me encogí de hombros y le sonreí.

Tuve que soportar bromas como esa el resto del rato. Me quede con el manager mientras ellos calentaban. Le conté los antecedentes de fanatismo de mi hogar y entablamos una conversación sobre beisbol, para variar.

A las siete las tribunas estaban llenas y esperaban a las siete y media para el inicio del juego. Edward se acerco hasta mí con su teléfono en la mano y se puso a mi lado.

-Una foto.- susurro, sonriéndole a la pantalla de su teléfono. Me puse junto a su rostro y también sonreí, mientras nos retrataba con la cámara interna del teléfono.

Tomamos esa y luego una donde hicimos muecas. Tomamos una donde yo le daba un beso en la mejilla y otra donde él me besaba a mí.

-Creo que esta es perfecta para Instagram.- me dijo, mientras me enseñaba el teléfono donde estaba realizando el recorte en la aplicación de la foto donde salíamos haciendo morisquetas.

-Menos mal que no te gustaba exponerte de esa manera ni exponer a las mujeres con las que te relaciones.- le recordé.

-Oh bueno, después de me acosaron el teléfono con llamadas de todas las revistas para saber cuándo nos casábamos, por el simple abrazo que te di en el cumpleaños de Charlie, supe que podía disfrutar mucho la polémica que podíamos desatar ambos. ¿Te menciono?- rodé los ojos, mientras le dictaba mi cuenta de Instagram.

-¿Un beso para la buena suerte?- me dio el celular y se planto frente a mí.

Me puse sobre la punta de mis pies y me acerque hasta su mejilla, muy cerca de sus labios, plantando un beso.

-Batea muchos jonrones, los espero.- dije cerca de su oído.

-Todos van por ti Bells.- me contesto él, mientras yo caminaba hacia las gradas y él se acercaba al pitcher para practicar algunos lanzamientos.

El juego fue un éxito. Ganamos. Y Edward bateo dos imparables, anotando dos de las 5 carreras con las que habíamos ganado.

Durante todo el juego estuve gritando junto a mi cuñado y mi papá, mientras Edward de vez en cuando subía la vista hacia donde estaba y me sonreía. Para ninguno de mis acompañantes paso desapercibido, pero yo escogí ignorarlos a ellos.

Escogí concentrarme en lo bien que me podía sentir con Edward y en lo adictiva que se había tornado nuestra amistad.

Durante todo ese día no recordé ni una vez que estaba enferma. No supe ni siquiera si me dolía el seno. No le recordé cuando baje al campo para saludar el equipo y muchos de los jugadores, con una confianza recién nacida, me abrazaron.

No la recordé cuando Larry, el manager, choco 5 conmigo como si me conociera de toda la vida. Mucho menos la pensé cuando Edward me alzo en sus brazos y dimos dos vueltas.

Podía acostumbrarme a esta sensación. La sensación de no recordar que mi vida había cambiado, o más bien, la sensación de solo sentir el cambio que había representado Edward en mi vida, sin la parte de la enfermedad. Podía seguir sintiendo eso. Sentirme ser yo. La misma imperfecta, grosera y fanática, pero ahora con una amistad que me valía oro y me hacía mucho mas autentica.

Podía acostumbrarme a las paredes de los vestidores y las cientos de fotos que me tome con los jugadores mientras mi papá y Jasper hablaban con Larry.

Pero más que nada, podía acostumbrarme a días como hoy, en donde nada ni nadie me recordaban la batalla que estaba por comenzar. Donde no había tormentos, ni lastima ni lagrimas.

Donde podía soñar que la vida iba seguir después del cáncer.

Podía acostumbrar a soñar con mi vida después de todo esto.

-Foto post-victoria.- grito Edward a mi lado mientras yo sacaba su teléfono, que aun estaba en mi bolsillo y nos enfocaba a los dos. Él se paro detrás de mí, abrazándome por la cintura y dándome un beso en la mejilla, con los ojos cerrados.

Yo simplemente me acerque más a su rostro, recargándome un poco en su cabeza y sonreí. Dispare la foto pero aun así no se alejo de mi.

Me apretó mas fuerte por la cintura y se escondió entre mi cuello y hombro, donde me olio. Pude sentir la humedad de su camisa en mi espalda y el sudor que aun corría por sus brazos, sobre los míos. Su frente sudaba y su cabello mojado me mojó el cuello y la camisa, pero jamás pensé en quitarme.

Podía soñar con esto.

Podía soñar.


Hola! Quien amo este capítulo, que no tiene tanto drama como siempre? Yo adore escribirlo, me sentí cómoda con él, sobre todo porque muchas cosas de mi vida están aquí.

La relación de amistad jocosa y bromista entre Edward y Bella es algo que conozco de primera mano, porque con mi mejor amigo somos iguales. Siempre haciéndonos insinuaciones subidas de tono, aunque en nuestro caso no pasa de allí.

Por otro lado, la costumbre de Bella de sacar una analogía beisbolistica de todo también es muy mía. Soy súper fanática de este deporte y siempre ando diciendo que estoy en cuenta completa y esas cosas. Hasta hace poco con mi ex, teníamos la costumbre de hablar delante de todos en ese estilo y así nosotros nos entendíamos cuando los demás no. El es beisbolista, así que era mucho mas divertido. Este capi va por mi mejor amigo, mi casi hermano (también beisbolista) y por mi ex. Los últimos dos, me inspiraron para crear el personaje de Edward, que tiene muchaaaass cosas de ellos

Pero lo que mas amo es ese Edward que parece que esta enamorando a Bella pero a la vez no. Y esa Bella dura que quiere cargar con todos. Son un encanto.

Como ven, en este capitulo no hemos hablado casi nada de la enfermedad. Hay que darle cuerpo a otros temas.

Comentarios? Gracias!