Notas del capítulo:
VOLVIIII! Después de más de un mes desaparecida! Lo siento gente! T_T Lamento haber tardado tanto en actualizar. Mea culpa D:
Como sea, estoy de vuelta con esto! No hay ninguna sorpresa (creo?) Pero de todos modos espero que les guste.
Volvieron los cambios de escena a cada 2x3 xD
Splash 8
Los días pasaron, pero aquella sensación prevalecía.
Ese malestar como un nudo en la boca del estómago lo tenía en intranquilidad permanente. Como había dicho con anterioridad, no es que hubiese desarrollado ningún sentimiento profundo por aquella persona, más bien lo sentía como un vínculo. Sí, un vínculo. Una especie de compañerismo e intimidad que nunca había tenido con nadie. Era completamente distinto al sentimiento de aquella amistad sólida que una vez hubo mantenido con Haru, pero no sabía bien cómo definirlo.
Se debatió una y mil veces si debía llamarlo, enviarle un texto, algo. Pero cada vez que agarraba el teléfono celular y buscaba su número entre sus contactos, al último minuto se acobardaba y terminaba desechando la idea, dejando el aparato a un lado.
Así como las semanas transcurrían, se evidenciaba gracias al clima la llegada del cambio de estación. El otoño comenzaría en tan solo tres semanas más, y la situación entre los integrantes del club de natación no había cambiado en lo absoluto. Es más, incluso parecía que en lugar de mejorar, había empeorado.
Haruka estaba completamente inmerso en su mundo, y eso era más que obvio puesto que a pesar del cambio climático y posterior suspensión temporal de las prácticas del equipo, al menos hasta que encontraran un sitio climatizado, para reanudarlas, el aceptó dicha decisión sin ningún tipo de quejas. Todos, incluso el capitán del equipo quedaron sorprendidos, sin embargo el último mencionado sabía que el pelinegro bien tendría algo con que entretenerse en lugar de los entrenamientos del club.
Si bien el chico agua estaba más ido de lo normal, superficialmente Nagisa y Rei seguían igual. Reitero, superficialmente, pues Makoto notaba que algo no andaba bien con ese par. Cuando estaban juntos Nagisa se volvía más escandaloso de lo normal, y no precisamente por las razones que todos supondrían. No, él estaba seguro de que algo había ocurrido para que el rubio actuase de ese modo, ya que para él era más que obvio que actuaba, pues cuando Rei no estaba en derredor el chico automáticamente adquiría un aura completamente diferente y casi depresiva. Eso, y que en los últimos días lo había tratado con más hostilidad de la normal. A este paso ¿Qué ocurriría con el club de natación? En definitiva no era opción seguir peleados. Pero él no daría el brazo a torcer tampoco. Lo sabía, era un orgulloso, pero de momento no le importaba demasiado.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
Por otra parte, nuestro shota rubio continuaba con su pacífica vida de "me rechazaron indirectamente pero al menos seremos mejores amigos por siempre". ¿Qué si era difícil? ¡PUES CLARO QUE LO ERA! Y desde que lo supo no pudo evitar darse cuenta que a pesar de todo el peli azul terminaba siendo muy obvio con respecto a lo del capitán del equipo. ¿Cómo no se había dado cuenta de eso antes? Rei era un patoso en cuanto a sentimientos se refería, y el disimular no se encontraba dentro de su lista de capacidades ¿Qué tan ciego estaba para no lograr notar las miradas que le echaba el de lentes al mayor? Las sonrisas, los halagos, ¡Todo! ¡Fue un completo idiota al haber creído por un momento el tener una chance con el atleta!
Lo único que quería en ese momento era que lo tragase la tierra y que no lo devolviese de nuevo. Pero qué más deba, las cartas estaban echadas y él no tenía ni un solo as bajo la manga. Sin embargo, a pesar de no tener una escalera imperial o un par de ases, tenía un full house que lo mantenía a flote. Sí, tal vez era una mala metáfora con la cual comparar su situación, pero de algún modo se le asemejaba. Vamos, no tenía al chico de sus sueños, pero de algún u otro modo le llegó el premio de consuelo.
Mikoshiba Keisuke, ese era su nombre. Y sí, era nada más y nada menos que el hermano mayor de Mikoshiba Seijurou. Se había enterado de ello hacia solo un par de días, a pesar de que se llevaban viendo hacía por casi dos semanas.
Si pudiera definir a ese muchacho en solo una palabra, ésta sería consuelo. Desde el día en que lo conoció le inspiró una tremenda confianza, al punto de contarle casi toda su vida en tan solo una tarde. Había sido tierno desde un principio, y a pesar de que en ningún momento este se le insinuó al rubio le resultó obvio que si un extraño se acerca a preguntarte sobre tu estado de ánimo y luego te invita un café es porque tiene segundas intenciones en mente. ¡Vamos, que a pesar de seguir siendo un crío, tenía dos dedos de frente!
Esa noche no llegó a casa temprano.
Dos días después volvieron a verse. Era la primera vez que salía con alguien tan mayor, con veintiún años, y a decir verdad no le disgustaba para nada. Keisuke era atento como ninguno, tenía un buen sentido del humor, por las mañanas tenía clases en una universidad poco conocida a una hora en tren, y algunas tardes practicaba basket con algunos amigos del barrio, cosa que lo dejaba en una condición física bastante estable. Era sin lugar a dudas un espécimen digno de envidiar. Sin embargo, a pesar de que llegaba a ocupar cierto espacio en su mente, sus cavilaciones siempre terminaban evocando la imagen del peli azul de lentes rojos.
Su situación llegaba a ser verdaderamente frustrante, y sin el apoyo de ningún amigo, toda esa situación terminaría superándolo. Y para que ello no lo llevara al límite, tenía a este atractivo pelirrojo. A decir verdad no podía haber llegado en un momento más oportuno.
Y lo mejor de todo eso era que como mañana era viernes, volvería a verlo y a pasar la noche fuera.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
El timbre de su teléfono celular lo alarmó. Estaba tan sumergido en su lectura que el estridente sonido de la intro de su canción favorita lo descolocó un poco.
Tomó el aparato y al ver quién era el remitente de mensaje que le acababa de llegar una extraña sensación de incomodidad se instaló en su pecho. Después de semanas de no haber sabido nada de él, le había escrito. Una mezcla de sentimientos entre emocionado, ansioso, molesto, excitado lo recorrió de punta a punta, preguntándose qué quería ese shota caprichoso después de lo que había acontecido esa noche.
Abrió dudoso el mensaje, no estando seguro de querer saber su contenido, pero aun así estúpida y extrañamente emocionado por saber que se había acordado de él.
"Makoto-san. Disculpa por molestarte a estas horas, sé que no es apropiado. Sin embargo, teniendo en cuenta el hecho de que has pasado de mí durante estas últimas semanas, pensé que te habías molestado conmigo por lo de la otra vez. Así que apropiadamente pido disculpas por mi comportamiento. Me caes muy bien. Por eso, si no es mucha molestia para ti, me gustaría volver a verte (:"
Ok, eso no era precisamente lo que se esperaba. Pero, pensándolo detenidamente ¿Qué era lo que se esperaba?
Su situación no era de las más comunes por decirlo de algún modo. Si bien se conocían al menos de vista, nunca habían cruzado ni una sola palabra. Y la primera vez que entablan una conversación terminan teniendo sexo en la casa del más joven. Eso, bajo ningún concepto podría llamarse una situación normal.
Y no es que él no hubiese querido comunicarse con él en todo ese tiempo. Sin embargo, ¿qué iría a decirle si se contactaba con él? "Oye, me gustó hacerlo contigo ¿repetimos?" ¡NO! Aquello no contaba como opción. Si le decía algo parecido lo tomaría por un imbécil. Aunque quizás lo era. Se dejó seducir por un chiquillo salido de quien sabe dónde, echando por la ventana cualquier tipo de principios que alguna vez creyó tener.
Si antes se odiaba así mismo, pues ahora lo hacía más.
Lo peor, y más frustrante de eso era que sus sentimientos hacia Haru seguían ilesos. Seguía cargando con los mismos sentimientos hacia el pelinegro a pesar de todo lo ocurrido. Todo era incluso más confuso ahora. Si bien antes solo Haru era quien despertaba en él algún tipo de sentimiento afectuoso, ahora ese chiquillo facilón se le cruzaba por la mente a cada 5 minutos.
Era todo un conflicto interno. Su corazón llamaba a gritos el nombre de Haruka, pero su cuerpo demandaba la fogosidad del shota oficial de Samezuka.
Empero, analizando desde un punto de vista imparcial todo aquel quejumbroso asunto; Haru estaba con Rin, eran felices y comían putas perdices en su reino de aguado de amor; sin embargo él estaba solo, absoluta e indirectamente rechazado por el chico que amaba, y Nitori Aiichirou, que más que estar solo estaba con todos, le ofrecía de algún modo u otro a salir de esa penosa situación. Como se había repetido muchas veces así mismo, no sentía nada por aquel niño. Pero el hecho de no sentir nada no le impedía divertirse, ya lo había comprobado. Y sincerándonos, no le importaba comprobarlo por una segunda vez.
Quién sabe y una tercera.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
-¿Aun no se han arreglado?- indagó el pelirrojo sentado frente a él, en la mesa de un café cercano a su casa. El pelinegro negó levemente con la cabeza, dando otro sorbo a su café mocca, sin verdaderos ánimos de hablar sobre ello en esos momentos.
-¿Y planean hacerlo en algún momento?- inquirió enarcando una ceja, a lo que el menor contestó encogiéndose de hombros.
Matsuoka soltó un suspiro con sabor a frustración. Esa situación no solo estaba afectando a Makoto y a Haruka, sino que también a todos a su alrededor, incluyendo su relación.
Y lo único que nunca permitiría es que un tercero interfiriese o perjudicase aquello a lo que tanto le había costado llegar con Haru.
-¿Te has puesto a pensar por qué se molestó tanto por eso?-
-Andamos muy curiosos hoy ¿no? - cuestionó seco, mirando serio al más alto, quien correspondió a su gesto con el ceño fruncido.
-Como quieras.- el de ojos carmín dio otro mordisco a su dona seguido de un trago de frapuccino, para luego dirigir su mirada hacia la ventana a su lado, como si mirar a la gente pasar fuera algo verdaderamente interesante.
Permanecieron así un par de minutos, y justo cuando el mayor pensaba dar ese tema por zanjado y comenzar a hablar de otra cuestión, el pelinegro lo interrumpió.
-Lo siento… Rin. Es solo que… todos los días lo veo, ya sea en clase o en los entrenamientos. ¿Crees que no pienso todo el día en ello? Mi mejor amigo, mi amigo de la infancia, alguien que llevo viendo y con quien he compartido todo durante 17 años de un día para el otro parece odiarme. – hubo una pausa, en la que el de ojos azules respiró profundo, pues decir tantas palabras de una vez no era muy común en él, antes de continuar - Y lo único que quiero cuando estoy contigo es no pensar en eso Rin. Y no puedo lograrlo si lo primero que me preguntas al verme es sobre eso. Lo siento. – volvió a disculparse innecesariamente, agachando la cabeza ante la sorprendida mirada de su pareja. ¿Por qué lo miraba con esa expresión? Bueno, todos estamos de acuerdo a que él nunca fue una persona de muchas palabras, pero también tenía sus momentos de desahogo, era humano después de todo, semi-acuático, pero humano al fin.
-Debería ser yo quien se disculpe. Haru, en realidad nunca pensé que te sentirías así. Y no sé por qué motivo nunca se me cruzó eso por la cabeza ya que sería lo más normal. Sé que Makoto significa mucho para ti, a pesar de que me moleste mucho admitirlo. Pero… ¿en serio nunca te has puesto a pensar la razón por la cual reaccionó así al enterarse de lo nuestro? ¿Nunca se te pasó por la mente? – inquirió, apoyando un brazo sobre la mesa, echándose hacia delante, encarando al más bajo.
Haruka lo miró sorprendido, mas no precisamente por lo inesperado de la pregunta, sino por lo acertado de la misma. No es como si nunca hubiese imaginado que Makoto sentía algo por él. Sin embargo no era algo en lo que le gustase pensar. El castaño era su mejor amigo, desde que tenía conciencia su inseparable compañero siempre fue él, y no quería perderlo por nada del mundo, menos aún después del fiasco amoroso que había tenido con Rin en su infancia. Tenía miedo de que nuevamente esa persona importante para él fuese apartada de su lado. Lo irónico de la situación actual es que la excusa de "no querer involucrarse más allá" con dicha persona, haya sido el motivo de su repentino distanciamiento.
A decir verdad, y eso era algo que jamás admitiría frente a nadie en la faz de la Tierra, Makoto siempre le pareció un muchacho atractivo sobremanera, y siempre, recalco, SIEMPRE, pensó que juntos harían una perfecta pareja. En cambio, el problema aquí no radicaba en eso, sino que Haruka nunca sintió nada hacia el de ojos verdes en sentido romántico. Tal vez una o dos veces se haya imaginado cómo sería probar aquellos labios, pues en más de una ocasión estuvieron tan cerca, en un ambiente tan íntimo que no pensarlo era inevitable; pero más allá de eso… ¡no! Le daban escalofríos el solo imaginar a Makoto encima suyo, besándolo y tocándolo en partes a quienes no todos tenían acceso.
Makoto era su buen amigo. Así lo quería. Y así lo extrañaba. Había que admitirlo, Tachibana Makoto le hacía en falta. Aun que si eso lo supiera Rin, este pegaría el grito en el cielo y armaría un escándalo. Es por esa razón que le molestaba que el pelirrojo trajera el tema a conversación cuando estaban juntos. No quería que viese su debilidad, esa debilidad que Makoto siempre supo cubrir, y no solo eso, sino que siempre lo ayudo a fortalecer.
En ese momento se dio cuenta de algo más. A pesar de que estaba seguro de sus sentimientos hacia Rin, y de todo el mar de sensaciones que este provocaba cuando estaban juntos, él aún no confiaba ciegamente en él. Cosa que sí hacía con el castaño. Dependía más del capitán del equipo Iwatobi de lo que nunca antes había dependido de nadie. Y ahora entendía aún más el porqué del enojo del más alto. Porque, si tanto confiaba en él, si tan buenos amigos eran, si llegaban al punto de conocer cada aspecto de la vida del otro que con solo una mirada podían decirse todo, ¿por qué no había confiado lo suficiente en él como para contarle lo de Rin desde un principio? ¿Por qué había dudado tanto en llamarlo para pedirle un consejo la primera vez que Rin le escribió luego de la carrera en las eliminatorias de las regionales? ¿Por qué no le contó de la montaña rusa de emociones que experimentaba cada vez que Rin le escribía y lo trataba con palabras dulces, intentando volver a conquistarlo? Él sabía bien porqué. Sabía que si se lo decía en un principio heriría a Makoto, y no quería. No quería herir a alguien a quien apreciaba tanto.
Aunque a final de cuentas terminó haciéndolo.
-Tomaré tu silencio como un sí.- soltó seco, con clara molestia ante la respuesta que nunca llegó por parte del pelinegro.
Pagaron el consumo y salieron del local. Caminaron en silencio por más de media hora, un silencio inconfundiblemente incómodo, del cual ninguno de los dos se animaba a salir.
¡Genial! Se veían a penas una o dos veces a la semana y lo terminaba arruinando todo por culpa de la orca super-desarrollada de Makoto. *Nota mental: No volver a hablar de Willy frente Haru.*
Del mismo modo llegaron a la casa del menor. Pensaba despedirlo solo con un ademán, sin decirle nada. Pero antes de siquiera imaginarlo, al tiempo que el de ojos azules estaba entrando a su hogar, lo tomó del brazo y lo arrastró consigo, cerrando la puerta detrás de sí acorralando al más alto contra la misma, y lanzándose contra sus labios seguidamente. Fue un beso apasionado, de esos que te dejan sin aliento y con ganas de más. Las manos del más bajo sujetas al cuello de su pareja y las de él a su cintura.
-Te quiero. – fue lo único que pronunció Nanase ante la aun algo sorprendida mirada del sharkboy.
Rin solo pudo atinar a sonreír. Por lo menos no estaba molesto con él.
El camino de regreso al instituto se le hizo más corto que nunca. Era extraño, porque a pesar de que el tramo duraba aproximadamente 45 minutos para él fueron menos de 15. Sería porque pasó ese tiempo completamente embobado, dando vueltas una y otra y otra vez en las últimas palabras que le había dicho Haru antes de despedirse.
"Pasado mañana es sábado… ven y quédate a dormir"
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
-¿Uh? ¿Nitori? ¿Qué haces aún por aquí? El entrenamiento terminó hace más de una hora. ¿No se supone que deberías volver a tu casa?- el capitán del equipo de Samezuka, como siempre preocupándose innecesariamente de él, se acercó hasta donde estaba, sentado en un banco cerca de la entrada principal, con su bolso deportivo junto a sus pies.
-Sólo estoy haciendo tiempo. Tengo que reunirme con alguien después.- explicó sin dar mucha importancia al asunto. El más alto enarcó una ceja, mirándolo con desaprobación. Ese niño seguía igual.
-No es que sea de mi incumbencia pero, ¿podría saber con quién se supone que debes encontrarte?
-¿Acaso está celoso capitán?- preguntó mirándolo al rostro con inocencia mal fingida, intentando molestar al mayor con ello.
-Ya quisieras pequeño- contestó, ignorando los intentos del menor por fastidiarlo, sentándose a su lado mientras posaba una mano sobre su cabeza desordenando su corta cabellera.
-En realidad solo me encontraré con un amigo- rectificó luego de un momento de silencio, mirando hacia al frente, prestando atención a nada en particular.
-Vaya. Entonces me alegro que puedas ir a pasar tiempo con un amigo. Eso siempre es bueno. Pero cuídate ¿Si?- pidió, como siempre lo hacía cada vez que tenían alguna conversación.
Luego de haberse ¿separado? Si es que a eso se le podía llamar así, ya que nunca fueron nada desde un principio, Seijurou estuvo muy pendiente de él. Preguntándole cómo estaba, cómo se sentía, qué tal iban sus estudios y un montón de trivialidades que en realidad nunca importaron. Pero al menos se esforzaba, y eso era algo que Aiichirou apreciaba de corazón.
Lo despidió con una leve reverencia antes de marcharse, pues sin darse cuenta los minutos habían pasado y no sabía si llegaría a tiempo a su encuentro.
Fijaron encontrarse en la misma cafetería de la última vez. Para cuando llegó el cielo estaba oscurecido casi en su totalidad, y las farolas comenzaban a encenderse en cada esquina.
Lo vio sentado a lo lejos, en el mismo sitio del día anterior, con la mirada completamente perdida en el mar de gente que transitaba a esas horas por el centro de la cuidad, acabando de salir de sus trabajos, dispuestos a partir en rumbo a sus hogares.
-Siento haberte hecho esperar.- se disculpó nada más llegar, tomando asiento frente al más alto, dejando su bolso a un costado.
-No te preocupes Ai-kun, no he esperado demasiado. Estoy feliz de poder verte de nuevo.- saludó cortés como siempre el capitán de Iwatobi al recién llegado, obsequiándole una de las mejores sonrisas de su repertorio.
No estaba seguro si era cierto lo que él más alto le decía. ¿Estaría verdaderamente feliz de verlo de nuevo? Y si así era ¿Cuál era el motivo de ello? No es como si su presencia sola pudiera traer felicidad a alguien. Lo más probable es que lo haya dicho por puros modales, o tal vez porque quizás quería terminar en su cama de nuevo; aunque eso no le molestaría para nada. No es que hubieran planeado ese encuentro solo para saber cómo le había ido al otro. Sin embargo esta vez no sería él quien dé el primer paso.
Como en su primer encuentro, se la pasaron hablando casi todo el tiempo de literatura, esta vez inglesa. Manifestando su interés incontenible en las obras clásicas de Agatha Christie, Oscar Wilde y demás.
Había que decir que ambos se sentían muy cómodos en la compañía del otro. Inexplicablemente hallando temas de conversación con suma facilidad, haciendo bromas y contando anécdotas. Si algún transeúnte fijara su atención en ellos por un instante, en ningún momento pensaría que era la segunda vez que este par mantenía una conversación. De hecho parecía como si fuesen amigos de toda la vida, o al menos actuaban como si lo fuesen. Tal vez no sabían mucho de la vida personal que competía a cada uno, pero el hecho de llevarse tan bien, y disfrutar tanto del tiempo que pasaban juntos era una buena señal. Quizás, al fin y al cabo podrían terminar siendo muy buenos amigos. Con beneficios, pero amigos después de todo.
Las horas, como de costumbre cuando estás pasando un buen rato, corrieron a una velocidad ridículamente alta. Tanto que para cuando se dieron cuenta ya pasaban de las diez de la noche y el café solo los esperaba a ellos para cerrar.
Makoto se regañó a si mismo por su inconciencia. Al día siguiente tenía que presentar una tarea bastante importante que se había molestado en dejar para última hora, y por ello lo más probable es que se quedaría despierto toda la noche haciéndola. Claro, si volvía a casa esa noche. Pues desde que había visto a Aiichirou asomar la cabeza desde lejos se había preguntado a sí mismo si esa noche se repetiría lo de la anterior. Lo extraño era que Ai en ningún momento le había insinuado nada. Ningún comentario de lo previamente ocurrido, ningún roce accidental, ninguna palabra de más, ninguna mirada que lo invitase a revivir lo pasado. Por tal motivo no se sentía muy esperanzado con terminar aquella cita con broche de oro, como en sus planes originales. Además estaba el hecho de que tal vez el menor ahora sí solo buscase su amistad. El mensaje que le había mandado el día anterior le había transmitido eso, disipando aún más sus ideales para el final de la noche.
Iban de camino a la casa del peli plata, pues el más alto ofreció escoltarlo hasta ahí. Su conversación actual giraba en torno a las teorías que ambos tenían a cerca del final del manga que habían estado siguiendo desde hace un par de años. El de ojos verdes disfrutaba ver al más bajo con la emoción crispando por todo su cuerpo al hablar de su "infalible teoría", gesticulando cada palabra que salía de su boca con un exagerado lenguaje corporal y malísimos efectos de sonido. ¡Vaya que ese chico lo hacía reír!
Llegaron a las puertas de la casa/mansión de la familia Nitori, y asimismo el tiempo de despedirse. Sin pensarlo muy bien el más alto se acercó súbitamente al de ojos celestes, envolviendo la pequeña figura de éste entre sus brazos, estrujándolo en un reconfortante abrazo del cual a ninguno se le antojaba salir. El menor correspondió el gesto, colocando sus bracitos hacia los costados del gran cuerpo del castaño, hundiendo su cuello en el pecho de este.
Permanecieron así por no más de 2 minutos, y sin que ninguno lo dudara mucho más, con una sincronía casi escalofriante, se separaron levemente para buscar la mirada del otro, solo para confirmar si podían seguir adelante.
Sin más ramas en las cuales andar, ambos se lanzaron a devorar la boca del otro, en un beso con hambre, como si ambos lo hubieran estado deseando desde el momento en que se vieron. Las manos del capitán de Iwatobi comenzaron a vagar ansiosamente por toda la estructura del menor, mientras éste hacia lo mismo con la amplia espalda del más alto.
Repentinamente el mayor rompió el beso, sosteniendo ambas mejillas del peli gris para que lo mirara:
-Tus padres…-
-No están. - pronunció en un murmuro apenas audible, antes de volver a unir con ansias sus labios con los del castaño.
Notas finales:
No, no hubo lemmon hoy xD. Lo sé, no me odien.
Pero la próxima lo habrá, y la que viene también. Asi que tenganme algo de paciencia, verán que vale la pena jaja..
Espero que les haya gustado (:
Aviso que la proxima se viene el segundo cap Extra *-*
Dejen comentarios con sus opiniones y críticas por favoooor! _
Los amoooo!
Nos leemos :3
