Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi ninguno de los personajes me pertenece a mi aunque lo que diera por poder tener aunque sean los ojos de Inuyasha Ahaaa vv….aclarado esto aquí vamos.

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Myself

Por Mimi chan

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Capitulo 8

Envidia

2 meses después

Shangai, China

Cuando Kagome escuchó que llamaban a la puerta tuvo deseos de tener una pistola y pegarle un tiro al que llamaba, miró a su lado al buró en su habitación , si solo eran las 7:30 a.m., ¿Quién en su sano juicio hace una visita a esa hora?

Pensó por un momento que si se hacia la dormida la persona se marcharía en un momento, cambio de idea cuando quien quiera que fuera aporreó ahora la puerta, se levantó de la cama y con los dedos se alisó la ropa y el pelo, salio de su habitación para ir a la puerta, si era algún vendedor tratándole de vender algo tan inútil como el ultimo avance en shampoo para la caída del cabello, lo mataría. Llegó la puerta y la punzada en la boca de su estomago le dijo quien era, había una sola persona en el mundo con quien se sentía de esa manera, abrió la puerta y sin siquiera darle la bienvenida se dirigió a su cocina, antes que nada necesitaba café.

- ¿Siempre tan educada verdad Kagome?

- Realmente – dijo sin voltear a mirar – eres la ultima persona que quiero que me de clases de sociedad Kikyou, sociedad es mantener vínculos verdaderos la familia y…

- Yo tampoco estoy aquí para sermones hermana, ahórratelos.

La chica entró en la cocina, había café de hacia unas horas, seguramente todavía estaría bebible y quizás caliente, había trabajado hasta muy tarde en el guión que le habían enviado por fin de Egipto. Faltaba solo un mes para tener que viajar pero había pedido que le enviaran el guión antes para poder tiempo de prepararse. Sirvió dos tazas de café, empujo la de Kikyou por la barra que miro la taza de barro como si le hubiera alcanzado un bote de hojalata, como fuera. Ella tomó su propia taza y se dirigió a la sala, se dejó caer en uno de sus cómodos sillones.

- Adelante siéntate – la invitó.

Kikyou se quedó un momento de pie delante de ella, venia con un bellísimo traje blanco de Chistian LaCroix, fino, elegante, sexy y al mismo tiempo moderno pero que desentonaba con todos los colores escandalosos que había a su alrededor, era como haber puesto una pincelada de solvente en un cuadro de Piccaso, por fin después de un momento se sentó con casi timidez en uno de sus sillones.

- ¿Segura que no quieres algo de beber? Puedo hacerte un te de hierbas si no quieres café.

- Lo que preferiría es que me preguntaras que hago aquí, me es difícil empezar.

Kagome se reclinó mejor en su sillón y sorbió de su café, tuvo deseos de decirle "adivina que hermana, no tengo ganas de hacerte las cosas fáciles" pero se quedó en silencio un minuto, bueno, ella tenía tanta curiosidad como el que más por lo que iba a decirle su hermana.

- Bien ¿Qué haces aquí Kikyou?

- Vine a decirte que me voy a divorciar de Inuyasha.

Kagome sintió un escalofrió por todo el cuerpo, no había escuchado el nombre de Inuyasha ya en cuatro meses y no sabía nada de él, no había tenido el valor de hablar a casa y preguntar, temía y al mismo tiempo esperaba que le dijera el Myouga jiji que ellos se habían reconciliado y que vivían felices. Que era lo mejor, si, sin duda alguna. Que era lo que realmente deseaba, no.

- ¿Por qué? – preguntó decidiendo no poner demasiada atención a sus sentimientos.

- Por que ya me canse de estar casada con él.

Kagome sintió como si le hubieran dado un golpe en el estomago, de no ser por que eran gemelas ella hubiera dudado que ambas tuvieran la misma sangre en las venas, la de ella debía estar helada, la suya por otro lado estaba subiendo peligrosamente de temperatura.

- ¡Así tan fácil!, ¡Solo te cansaste! – dijo exaltada – no te has detenido un momento a pensar en lo que va a causar esa decisión y los nos que van a…

- Ahórratelo Kagome – dijo buscando en su bolso y sacó una pitillera de plata con el sello de Christian Dior, sacó un cigarrillo largo y delgado y lo encendió con un encendedor que hacia juego con la pitillera – ya te lo dije no vine a que me sermonees, suenas comos si te hubiera dado una mala noticia, pensé que te alegrarías.

- ¡Como supones que me voy a alegrar!, ¡Estas loca! – no podía siquiera pensar en lo mal que lo habrían tomado los niños – ¡Por supuesto que no!

- Vamos Kagome – dijo con una sonrisa maliciosa – no tienes que fingir conmigo, se muy bien que antes de que yo regresara a la casa tú e Inuyasha habían estado viviendo juntos y que tuvieron una aventura.

- ¡¡NO TUVIMOS UNA AVENTURA!! – se levantó como un resorte del sillón – Si yo estuve en la casa de Inuyasha fue por que los niños necesitaban de la compañía de alguien que los cuidara, tú sabes tan bien como yo lo que significa quedarse sin padres.

- No, por supuesto que no – dijo tirando la ceniza de su cigarrillo en un jarrón chino que había en el centro de la mesa – tú eres demasiado pudorosa para tener una aventura, no es tu estilo, es más me temo que para el tampoco lo fue, así que, por que no estas dando brincos de alegría, te estoy dejando el campo libre.

- ¿Como puedes decirlo tan fríamente? – no había una escala para su incredulidad que pudiera medir la suya ahora – ¿Es que no significa nada para ti?

- Inuyasha… - dio una larga bocanada a su cigarrillo – ¿francamente? No.

- ¿Como puedes decir eso?

- Es la vedad, hermanita, la pura y simple verdad – dijo dejando salir el humo de su boca – yo no amo a Inuyasha, nunca lo ame en realidad, era un sujeto divertidísimo cuando nos conocimos, y es un amante de ensueño, deberías haberlo probado, cuando se lo propone te hace ver las estrellas, pero amarlo, eso es un asunto aparte.

- ¿Que clase de persona…?

- Te lo diré por ultima vez Kagome – dijo con un tono fastidiado – no vine por un discurso de moralidad, además Inuyasha hizo lo mismo, no es ningún santo hermanita, podría jurar que mientras estuvimos casados me fue infiel mas de una vez.

- ¡Eso no es cierto!

- Pues trato de seducir a mi hermana en tiempo que lo deje ¿O no? – dijo dando una larga bocanada a su cigarrillo – o también me vas a negar que si bien no te acostaste con él, Inuyasha al menos te lo propuso.

- Nosotros no tuvimos una aventura.

- No por supuesto que no, ustedes se enamoraron – dijo haciendo un además absurdo – no me hubiera quedado más claro si mi propio marido no me lo hubiera casi escupido en la cara, pero supongo que esa es la historia de nuestra vida o no hermanita, competir por todo, y todo el tiempo.

El tono de desprecio de Kikyou creció al decir eso, en un movimiento fluido y casi gatuno se quitó la chaqueta blanca y la aventó sobre la mesa.

- Pero ya debería haberme acostumbrado – dijo con ese mismo tono sarcástico y mal intencionado – siempre has querido ser mejor que yo y por lo que veo lo has logrado, siempre, desde nuestros padres, siempre fuiste la favorita.

- Nosotras…

- ¡Ay por favor! – dijo aplastando la colilla de cigarro en la mesa y sacando la pitillera enseguida – no me vas a decir ahora que no es cierto, quítate tu bonita mascara de mártir y se sincera por una vez en tu vida.

Con manos temblorosas Kikyou sacó un cigarrillo más y lo encendió dando una larga bocanada con menos elegancia que lo que había hecho solo hacia un minuto, Kagome se sintió repentinamente extraña por su conducta.

- Antes de que nuestros padres murieran tú siempre fuiste la favorita, la que mamá siempre tenía cerca, a la que le enseño a cocinar, a la que le enseñaba jardinería, a la primera que le leía cuentos por las noches e iba a despertar por las mañana, yo siempre fui la segunda, incluso para papá igual

- Eso no es cierto, nuestros padres siempre nos trataron igual tú eras la que decía que no te gustaban esas cosas, cuando mamá te invitaba a cocinar con nosotras siempre decías que no.

- Por favor Kagome, ni siquiera tú crees eso, reconócelo siempre fuiste la niña de la casa, la que sabía cantar, la que sabía bailar, la que escribía cuentos, siempre la gente quería tu ternura.

- ¿Y tú que? – dijo defendiéndose la chica – ahora me vas a decir que eras la niña tímida que solo se sentaba en un rincón, siempre estuviste rodeada de personas, yo no lograba hacer dos amigos y tú tenían un sequito entero detrás de ti desde que íbamos en la primaria, los chicos siempre quisieron estar a tu alrededor, yo tenía suerte si alguien posaba una mirada en mi cuando estaba a tu lado.

- Nunca te enteraste cierto – dijo con desden – si tenía a esas chicas a mi alrededor era por que era como una abeja reina, me respetaban, algunas estoy segura que me temían incluso y preferían estar a mi lado.

- ¿Y los chicos que?, tú eras una lumbrera en cualquier habitación, los chicos te seguían como perros fieles, yo en cambio era la chica extraña que ninguno quería de verdad enamorar, era un bicho raro y nunca me molesto, yo quería ser ese bicho raro, tú no Kikyou, tú querías ser la mariposa en cualquier lado que ibas solo dabas una mirada a alguien y lo tenias a tus pies.

Guardó silencio, era la primera vez que tenía que reconocer eso, todas las veces que le habían dicho en el pasado que era hermosa, que podía competir con las mas bonitas y famosas del espectáculo secretamente siempre pensaba "Si solo vieran a mi hermana" Kikyou hubiera podido competir con las más hermosas del mundo entero, parecía una estatua de porcelana siempre tan pulcra e inmaculada que parecía irreal. Pero ella nunca había envidiado eso, ellas eran diferentes punto, nunca había tenido la necesidad de competir con ella, ¿Por qué ella si?

- Escucha Kikyou, lo que haya pasado en el pasado ya no tiene remedio, lo de nuestros padre… no se, no puedo decir que lo lamento por que yo no sabía que los íbamos a tener tan poco tiempo, y estar con más que tú solo me ha provocado más dolor, si quieres una retribución, esta bien, que sea esa, extrañe las lecciones, los cuentos, los besos, todo eso que tú querías yo también. Yo nunca quise quitarte nada Kikyou, ni ahora ni nunca.

- Claro, excepto mi marido.

- ¡Por Dios Kikyou!, yo no tuve una aventura con Inuyasha – dijo exaltada – si, me enamore de él, feliz, cada día que compartí con él me robo más y más el corazón, extraño a los niños como no tienes idea, por un momento tuve el sueño de que ellos podían ser para mi, pero no, son tuyos, no quiero nada de lo que tienes Kikyou, consérvalo, lucha por ello.

- Todavía no te das cuenta, no me interesa Inuyasha – dijo con una risa casi cruel – es un imbecil como toda la demás partida de estúpidos que he conocido en toda mi vida, el único que yo quería, lo tienes tú.

- ¿De quien demonios estas hablando?

- De Sesshomaru.

- ¿Sesshomaru? – ¡Que demonios tenía que ver Sesshomaru en todo esto! ¿De que estaba hablando?

- Si, Sesshomaru Taisho – dijo con evidente dolor en su voz que saco de balance a Kagome, su hermana Kikyou nunca había demostrado dolor, no desde niña al menos – Te das una pequeña idea que el único hombre que me ha interesado en toda mi vida, desde que lo conozco esta enamorado de ti.

- Sesshomaru no esta enamorado de mí – eso era absurdo.

- Eres tan tonta.

La chica lanzó la colilla del cigarrillo en la mesa de nuevo y empezó a sacar un tercero, Kagome tenía en la punta de la lengua pedirle que no fumara tanto pero no lo hizo, además lo que decía de Sesshomaru era estúpido.

- Conocer a Inuyasha fue… fortuito, primero conocí a Sesshomaru, él es… Dios es el hombre más apuesto que he conocido en toda mi vida, tiene la mente más ágil y brillante que he conocido, es todo lo que una mujer desearía de un hombre, su mirada – un escalofrió la recorrió – cuando me miró la primera vez me marcó, y fui por él, me jure a mi misma que así me pidiera ir al infierno por poder conseguirlo lo haría, que mi vida cambiaria por completo junto a él, que sería yo la que finalmente lo hiciera mió. En ese entonces tú estabas en Italia en la opera y el estaba loco por ti.

- Pero ni siquiera lo conocía.

- Estuvo en tu concierto de invierno en la opera de Puccini, ni siquiera lo notaste cierto, desde que te vio en aquel concierto te volviste en su obsesión constante, empezó a investigarte y estaba a punto de saltar sobre ti cuando yo lo conocí, tuve una sola cita con él y todo lo que hizo fue hacer preguntas sobre ti, me volvía loca, le invente las peores cosa, le dije que eras lesbiana, que nunca te fijarías en él, que no perdiera el tiempo y ¿Cómo se consoló? a que no lo adivinas, si, me llevo a la cama a mi, fue la única vez, lo busque, lo intente por todos los medios pero evidentemente no era lo que quería.

Esto esa una locura, una completa locura, era imposible que Sesshomaru estuviera enamorado de ella.

- Luego apareció Inuyasha, divertido, superficial, vivía para el placer, tal y como yo y mi mejor venganza, lo empecé a conquistar solo para volverlo tan loco por mí como yo lo estaba por Sesshomaru, y entonces paso lo de aquella noche, el día que ustedes dos se conocieron. Crees que no vi la mirada que se dedicaron uno al otro, era como ver a dos amantes reencontrándose a través de los años, él te deseaba y lo que era más tú lo deseabas a él, pero no, tú no lo tendrías, no tomarías eso de mi también. Eso era seguro.

No podía negar aquello, desde la primera vez que había visto a Inuyasha hace tantos años había sentido, quizás lo mismo que había sentido Kikyou con Sesshomaru, Inuyasha la había mirado con tal intensidad que sentía como si le hubiera atravesado el pecho con una flecha de cupido, había sido imposible de ignorar y el tiempo juntos solo había revivido esa emoción, o que había sido química, lentamente se había vuelto amor, pero él, nunca podría simplemente ignorar que era el esposo de su hermana.

- Kikyou…

- Todo lo habías tenido tú, el talento, el cariño de la gente, su admiración, y su deseo, pero yo tenía algo que querías y no te lo iba a entregar. Pero… – dijo y soltó un bufido – ha sido por demás, que pasa, yo me voy para torturarlo, y tú llegas y se enamora de ti finalmente, lo que ha sido casi divertido por que los hice sufrir a los dos, tuvieron la oportunidad de oro en sus manos, pero no, la santa Kagome nunca haría algo así cierto.

- Lo hice por respeto a ti.

- Respeto – dijo con una risa sarcástica – hay hermanita de verdad eres estúpida.

Suspiró y se empezó a acomodar la chaqueta y alisarse el cabello en 10 segundo había podido recuperar su apariencia de princesa como por arte de magia.

- No soy una buena persona Kagome, nunca lo voy a ser, pero la verdad no tengo suficiente vida para gastarla aquí, haré la única cosa amable por ti y después no volveré a dedicarte un solo pensamiento. Quiero que vayas a mi casa y te quedes con mi familia, lo deseas así que no pongas esa expresión de horror, los niños no han dejado de hacer preguntas de ti "¿Por qué se fue la tía Kagome? ¿Cuándo regresara la tía Kagome? Quiero ver a la tía Kagome" la verdad me está volviendo loca. Los niños te quieren más de lo que me querrán a mí en toda su vida, así que te los dejo.

Kagome casi quería brincar sobre ella en ese preciso momento, hablaba de sus dos hijos como si fueran un traje usado que le estaba pasando.

- Me estoy yendo Kagome en un par de días mandare los documentos firmados a Inuyasha, ya lo he torturado lo suficiente para mi placer – Kagome la miraba con ira, lo único que la detuvo fue que en realidad en su mirada no se veía tanto cinismo como el que salía de su boca – cuídalos Kagome, como ya lo dijiste, a nosotras nos hizo falta siempre nuestros padres, y yo no soy la que ellos necesitan, tu serás mil veces mejor para ese espantoso trabajo.

- Te das cuenta de lo irreal que me estas pidiendo.

- Si, por eso te lo estoy pidiendo a ti – dijo acomodando el bolso en su hombro – si hay una maestra de lo irreal seguro eres tu.

Sin decir nada más, se levanto de el sillón y salio de la casa, Kagome había quedado demasiado impresionada para poderla seguir.

Parecía como si hubiera quedado inconciente por algunos minutos, cuando se recuperó era obvio que no iba a alcanzar a su hermana.

Se levantó fue a su teléfono y marcó.

- Buenos días, se encuentra el señor Sesshomaru Taisho – espero la respuesta – en Europa he… ¿Podría darme algún numero para poder comunicarme con él…? Si dígale por favor que lo busca Kagome Higurashi.

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2 días después

Londres, Inglaterra

Kagome sintió un escalofrió en todo el cuerpo, Londres, no había regresado a Londres desde hacia que… 1 año, no era si sitio favorito de Europa, era frió y la gente parecía muy snob, además simplemente la idea del té con leche no calaba en ella todavía.

Buscó con la mirada en el elegante restaurante, no fue difícil dar con él, era como no ver un diamante en medio de piedras de rió, saludo con la mano y el respondió el saludo con una inclinación, todavía seguía en su "desayuno ejecutivo", se sentó en una de las sillas y pidió café, y espero.

No le habían entregado su café todavía cuando los ejecutivos pasaron a su lado y se despidieron de ella con una inclinación y el hombre de cabello plateado se sentó a su lado.

- No te sientes en ambiente aquí – dijo con una sonrisa –casi amerita que tengas tu música incidental "Werewolves of London".

Sesshomaru sonrió divertido y la camarera le entregó su café, preguntó a Sesshomaru si deseaba algo más con ojos anhelantes y este dijo que no, se retiró.

- Bien pequeña gaviota – dijo aflojándose un poco la corbata de seda que usaba dándole un ligero tono más mundano a su persona – ¿Qué era tan urgente que tuviste que venir desde China para averiguarlo?

- Necesito algunas respuestas y tú eres el único que puede dármelas – dijo sin darle rodeos.

- Soy todo oídos.

- Quiero saber… - ¿Había una forma delicada de preguntarlo? No – ¿Qué tipo de relación tuviste con mi hermana Kikyou?

- Vaya… - Sesshomaru se reclinó en su asiento - No te va a gustar.

- Por favor – insistió decidida, ¿Qué mas podía haber que no le gustara en toda esta historia?

- Kikyou… – inició – bueno tu hermana pregonaba estar enamorada de mi hace varios años, yo la conocí antes que Inuyasha, pero perdóname si te digo esto pero no era el tipo de mujer con la que yo pudiera tener una relación, tu hermana es… muy superficial, hice lo necesario para mantearla lejos de mi.

- ¿Y por eso le contaste una mentira? – dijo un poco molesta, no me gustaba el papel de espanta suegras que Sesshomaru le había dado – no debiste decirle que estabas enamorado de mi.

- No era una mentira – dijo con una media sonrisa despreocupada.

Kagome se quedo helada en su lugar.

- ¿Qué quieres decir con que no es mentira? – preguntó casi por inercia.

- No lo es – dijo tan relajado como si solo le estuviera pidiendo la hora – estaba enamorado de ti.

- Pero… - Kagome no se lo podía creer, tenía que ser un mal chiste, Sesshomaru tenía ese sentido del humor, no debería jugar con algo así – si ni siquiera me conocías.

- Nos has escuchado hablar del amor platónico – dijo con una media sonrisa.

Oh, definitivamente acaba de caer en una realidad alterna en ese justo momento, ¿Sesshomaru Taisho le estaba diciendo que había estado enamorado de ella? ¡En serio!

- Cuando tenias solo 18 años fuiste invitada por un grupo de opera a un viaje a Italia – empezó a explicarle – en ese entonces yo tenía creo que 30 años, y viajaba con mi padre, esa noche encontré a una vieja amiga mía, y salimos a esa opera en especifico. Cuando leí tu nombre en el horario me intrigo, conozco pocos japonés que canten operas italianas, y por lo regular no lo hacen muy bien, eso esperaba de ti, no tenía ni ida de quien eran los Higurashi en ese entonces. Saliste vestida de "madame Butterfly" y empezaste a cantar "Vogliatermi Bene" me quede prendado de ti, había un talento tan espectacular en tu voz, que ni una soprano italiana hubiera competido contigo, no se si lo recuerdes pero esa noche te llegó un enorme ramo de gardenias y una invitación a cenar que rechazaste.

- En realidad… - le daba un poco de pena reconocer que en realidad no lo recordaba.

- Lo se – dijo casi divertido – no te estoy pidiendo que recuerdes algo que te ha pasado centenares de veces en los últimos 15 años. El caso es que no pude quedarme a cortejarte como hubiera deseado, pero empecé a investigar de ti, tu carrera para ser tan joven era notable, en canto, danza y actuación, te convertiste en el lapso de un año en mi pasatiempo favorito, imagina cual fue mi sorpresa al toparme contigo un buen día en una fiesta, al menos con la que creí que eras tú, supongo que tuvo mucho que ver la forma en la que mire a tu hermana esa noche con que no pudiera quitármela de encima en toda la noche, me invito a cenar, pero supongo que no le hizo mucha gracia que la mayor parte de aquella cena platicáramos solo de ti. Empezó a decirme algunas cosas que seguro no te serian muy simpáticas si te las contara ahora.

Kagome empezó a sentirse incomoda, realmente era algo bastante extraño que Sesshomaru le estuviera diciendo esto, después de más de 8 años, en todo el tiempo que se habían tratado, no es que no demostrara un interés en ella, solo que no el tipo de interés que tienes por una persona de la cual estas enamorada.

- Fue imparable, en pocos días me di cuenta de que tu hermana es el tipo de mujer que cuando va tras un objetivo no parara hasta que lo ha conseguido, y cuando digo todo, quiero decir todo – dijo con una sonrisa maliciosa – pero el día que apareció desnuda en mi cama, le dije la verdad, que ella no me interesaba que estaba enamorado de ti.

- Kikyou, hizo…

- Oh si – le respondió – después mi hermano y tu hermana se comprometieron y se casaron y en esa boda donde te conocí… bueno, supe que yo no era el tipo de hombre para ti.

- ¿Por que…?- preguntó por reflejo.

- Kagome tú necesitas a un hombre que te de la oportunidad de seguir creciendo en tu trabajo, que un buen día haga sus maletas y te siga a kualalumpu y que al mismo tiempo pueda ofrecerte una familia, una vida tranquila y un amor eterno para cuando quieras finalmente asentarte. Yo, te hubiera dado lujos, fiestas, viajes, hijos pero como con todas mis demás esposas te hubieras terminado alejando de mi por que no te prestaría atención. – dijo y suspiró largamente – Esa es la gran ironía de los Taisho y los Higurashi ¿No lo crees? Kikyou me convenía a mí y yo no te convenía a ti. Mientras que Inuyasha no era para Kikyou pero… él es perfecto para ti.

Kagome bajo incomoda, los delgados dedos de Sesshomaru le tomaron la barbilla y la subieron, los ojos dorados del hombre delante de ella la atravesaron.

- Deberías pensar en volver un tiempo a tu nido pequeña gaviota, la ultima vez que vi a mi medio hermano era el vivo ejemplo de lo que queda de un hombre cuando lo deja una mujer, y no, no hablo de Kikyou – dijo y sin previo aviso puso un delicado beso sobre sus labios, Kagome tembló de pies a cabeza – piénsalo. Me encantaría poder presumir que tengo tan esplendida mujer en mi familia.

Sin más que decir se levantó de la mesa y la dejó sentada en su lugar con la cabeza dándole vueltas. Cuando finalmente se recuperó decidió que la película en Egipto debería esperar.

Fin capitulo 8

Sábado 23 de febrero de 2008

9:22 p.m.

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Nota de autora: lo único que le envidio a Kikyou… es su ropa, caramba que podría pagar un par de meses enteros de mi vida con uno solo de sus trajes.

bueno espero que les este gustando la historia pero con la mala noticia que el proximo capitulo es el ultimo se la serie, aun les queda una decicion importante, quieren o no lemon en el final, es algo que por mas que quise no pude decidir, pero podria pasar, depende de ustedes.

muchas gracias a todos los que estan leyendo la historia en especial a: -Yunnie-dW, TaniaC, Bake-tsuki, Reeven, Miicaa, Ilove-mylove, yelitza, kariko-12, koTTaru, Sinerith (gracias por tu aclaracion, la verdad mi ingles es pesimo y el ingles de inglaterra es peor, solo para aclarar mioga si queria decirle niña y ella no estaba en bretaña, estaba de hecho en inglaterra, de cualquier modo espero que eso no haya hecho decaer tu animo por leer el fic, tendre mas cuidado la proxima vez) por sus reviews.

Bueno sin más me despido

Shian shen

Mimi chan