Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece.

*Milenios más tarde. La raza humana ya fue extinguida, sólo quedan los que pudieron escapar a Marte para crear una nueva civilización*(?).


Una manera de olvidar

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Chapter IX

Pensamientos desconocemos

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Abrió los ojos con lentitud. Había comenzado a sentir el tacto de unas manos sobre su mejilla y luego sobre su cuello.

No tenía idea de qué pasaba, sin embargo cuando pudo observar, se encontró con los ojos grises de su compañero. Lo vio sonreír y sólo entonces reparó en lo cerca que él estaba.

—Buenos días, princesa.

En alguna parte había visto eso. Definitivamente.

Parpadeó confundida, no sabiendo muy bien qué hacer y preguntándose desde cuando Gray le decía princesa con aquel tono.

De pronto lo sintió acercarse más con su ojos entrecerrados, su mirada fija en sus labios. Lucy entreabrió los labios queriendo decir algo, pero nada logró salir de su boca. Ni siquiera un mísero y penoso sonido. Es más, aunque no lo quiso, pareció bastante gustosa con la idea.

Oh mierda, Gray la iba a besar. ¡Qué rayos!

Se sentó precipitadamente en la cama pero al momento se echó hacia atrás, poniendo su palma en su frente, con una mueca de dolor en su rostro.

—Joder... Literalmente tienes la cabeza dura —escuchó un quejido.

Olvidó el golpe en su frente y abrió los ojos para encontrarse con que Gray estaba sentado al borde de la cama, a su lado.

—¿Buenas noches? —soltó con sarcasmo, dejando de lado el tema de su cabeza —¿Qué rayos haces ahí, quieres enfermar? —preguntó entonces con molestia.

Lucy no supo qué decir. Qué... Oh, ¿había soñado todo eso de antes? Siendo así podía ser una opción pero...

¡Por qué ella soñaba que Gray iba a besarla!

—¿Lucy?... ¡Lucy! —exclamó sacándola de sus pensamientos— ¿Qué te pasa? Ponte de pie, ahora.

Luego de unos segundos ella obedeció sin rechistar. Se puso de pie y vio a Gray poner su maleta en la cama. Gray la abrió y por un momento se detuvo al ver un brasier negro con detallitos rosa.

Mierda.

Gray cerró de golpe la maleta y miró a Lucy.

—Ponte algo para dormir, luego regreso.

Lucy escuchó con confusión el sonido de la puerta al cerrar. ¿Qué mierda acababa de suceder?

Sólo sabía que ahora Gray no estaba tan solo extrañamente amable. Ahora había tomado una jodida actitud de paranoico.

Abrió la maleta y rebuscó entre lo poco que había. Sabía lo que se iban a tardar así que había lanzado dentro un pantalón y una camiseta para dormir. Esta última le quedaba idealmente grande, le llegaba hasta las rodillas. Por otra parte, el pantalón le llegaba tan solo un poco más arriba de las rodillas.
Se cambió rápidamente y se recostó en la cama, con las sábanas y ropajes sobre ella. Para su suerte estaba un poco tibia ya que antes se había quedado dormida sobre ella.

Un minuto más tarde, volvió Gray.

—Es extraño que hayas obedecido.

Lucy se encogió de hombros.

—De cualquier forma, quería seguir durmiendo. Dime, ¿qué hora es? —preguntó.

—Cerca de las una.

Se quedaron en silencio por unos segundos, mientras que Gray aún estaba de pie cerca de la puerta.

—¿Para qué venías? —volvió a hablar Lucy.

Gray ladeó un poco la cabeza.

—Venía a decirte buenas noches, y a ver si aún no dormías. Te desperté porque estabas sobre la cama, ¿crees que eres como yo? Encima que este lugar parece tener complejo de iglú —bufó.

Ella suspiró. Vale, que sí tenía razón. Posiblemente si seguía siendo una imprudente terminara con fiebre y sin poder moverse.

—Lo lamento.

Gray negó con la cabeza. Se acercó donde ella y se inclinó. Le dio un golpe en la frente con los dedos y sonrió.

—Sé que lo lamentas, después de todo si sigues así creo que me veré obligado a dejarte aquí —entrecerró los ojos.

Lucy boqueó como pez al oír sus palabras. ¿Qué?

—No me mires así, no tengo otra opción si tengo que seguir comportándome como un hermano mayor —alzó una ceja por inercia al hacer una mueca.

Luego de unos segundos le dio un beso en la mejilla y se alejó.

—Buenas noches —dijo con una suave sonrisa mientras le revolvía el flequillo.

Lucy lo miró fastidiada por eso, haciendo que Gray riera. Él se dio la vuelta y caminó hacia la puerta, una vez esta abierta dijo:

—Duérmete ya, princesa.

Y se fue.

Espera, ¿le había dicho princesa? Su tono era bastante burlón así que bien podría no tomarlo en serio, aún así no había podido evitar que se le vinieran a la mente las imágenes de aquel sueño.

I.

Horas más tarde y Lucy no podía dormir. Le era imposible siquiera el cerrar los ojos, pero de todos modos aunque no los cerrara su mente se dedicaba a joderla con escenas de ella y Gray.

Ellos tomando desayuno mientras reían. Sin ambientes tensos.

Ellos mientras iban a Fairy Tail medio abrazados, sin exagerar. Curiosamente entre tanto se daban besos, lo que hizo sonrojar a Lucy, también meter la cabeza bajo las sábanas, infantilmente.

Jodida mente de escritor.

Ellos como una pareja normal, conviviendo por esa vez en su departamento. Comían helado.

Ellos sentados en su sofá, leyendo cada uno mientras Gray tenía un brazo por detrás de ella en el sillón.

Ellos haciéndose cosquillas y después...

Lucy se sentó de golpe en la cama. Necesitaba un vaso de agua urgentemente.

Salió de la habitación apresuradamente. Había una sola luz alumbrando cada pasillo, con una tenue luz amarillenta, con tal de que no molestara demasiado por si alguien se levantaba.

Bajó una escalera y pasó por unos pares de puertas, hasta que llegó a la cocina. Intentando ser lo más rápida posible cogió un vaso sin hacer ruido y lo sirvió de agua potable.

Hizo una mueca de dolor al sentir la frialdad del líquido contra sus dientes.

Se vio obligada a botar el agua dentro de su boca y soltó un ligero quejido. Sus dientes dolían un poco. Se apoyó al borde del lavabo luego de dejar el vaso al fondo de este, para después soltar un suspiro con los ojos cerrados. Estaba cansada todavía.

—¿Sería una estupidez de mi parte pensar que eres una ladrona, cierto?

Lucy pegó un salto al oír una voz tras ella. Inmediatamente dio la vuelta, encontrándose con un muchacho en una silla de ruedas. No pudo evitar fijarse en la mancha oscura que se asomaba por el borde del cuello de su camiseta gris. El chico, de ojos un poco rasgados, oscuros, y el cabello de un color parecido al naranja, la miraba sin mucha emoción desde la entrada de la cocina.

—¿Eres el hijo de Eime?

Se encogió de hombros.

—Dímelo tú, soy el único que tiene manchas en este lugar —exhaló—. Debes ser la maga que contrataron.

—Sí... —murmuró, no sabiendo muy bien que debía decir— Pero no te preocupes, arreglaremos toda esta situación y...

—No necesitas confortarme, no soy un niño—interrumpió—. Creo que preferiría más palabras sinceras que un discurso supuestamente levanta ánimos y una sonrisa actuada. De todas formas, no tienes por qué.

Lucy se quedó en silencio, si antes no sabía qué decir, ahora mucho menos.

—¿Cuál es tu nombre?

—Lucy... —murmuró.

—Es un bonito nombre —dijo con sinceridad, sin embargo, no parecía tener interés. Ella lo atribuyó a su actual estado.

—¿Y el tuyo?

—Kenan.

"Me gusta", pensó Lucy. Y sin duda le quedaba muy bien.

—Bueno, creo que deberías ir a descansar —habló otra vez—. Fue un gusto, Lucy—sólo entonces, sonrió ligeramente. A la maga casi le pareció que no era real, pero la verdad es que sí lo había sido. Las comisuras de sus labios se habían elevado un poquito, cambiando su expresión indescifrable a una un tanto más afable.

—Sí —se alejó del lavabo—, igualmente.

—No vuelvas a decirle ese discurso a una persona. Tal vez entiendas que lo primero que hace uno al pasarla mal, es intentar convencerse de que todo estará bien.

Lucy se había detenido para oírlo, y luego de unos segundos, asintió. Una suave sonrisa cruzó sus labios, dedicada a Kenan sin falsedad.

—Para la próxima no meteré la pata.

Él no rió, pero lo hubiera hecho si su situación fuera otra. Aún así, Lucy le había agradado lo poco y nada que había conversado con ella. Ese era su único motivo para mostrar una especie de sonrisa cuando eran las dos de la mañana y tenía que estar en esa molesta silla para poder ir a algún lado.

Lucy se fue, de vuelta a su habitación. Esperaba que Gray pudiera despertarla por la mañana, no creía poder encender su cuerpo tan temprano cuando fuera el momento.