Disclaimer: El Copyright y la Marca Registrada de todo lo referente a Harry Potter, es propiedad de la escritora J.K. Rowling.

Dedicatoria: A Piper Lupin. Por haber sido mi review número 100. ¡Muchas gracias ninia! Te quiero n.n


Mordaza.

Las rejas de la celda rechinaron cuando Draco Malfoy entró. Tiró un poco más de los brazos de la débil chica y la aventó al suelo sin ninguna consideración.

-Quédate aquí y no hagas ruido.-dijo el rubio sin mirar a Hermione.

Y antes de que la castaña pudiera decir algo, salió de la celda y cerró la cerradura con un hechizo no verbal. Caminó por los oscuros pasillos hasta que llegó a la habitación que buscaba; abrió la gran puerta y entró.

-Cierra la puerta, Draco.-dijo la figura que estaba sentada en el sillón enfrente de la chimenea.

El rubio obedeció sin decir palabra y acto seguido, se dirigió al otro sofá que se encontraba en la sala; tomó asiento junto a su padre y esperó a que Lord Voldemort hablara.

-Debo decir que éste ha sido uno de los mejores planes que he hecho.-dijo el Señor Tenebroso hablando más para sí mismo que para los Malfoy.

-Estoy de acuerdo en eso, mi señor.-dijo Lucius con la mirada clavada en el suelo.

Pero Voldemort no contestó. Se limitó a clavar la vista en la chimenea y sin previo aviso, se levantó bruscamente del sofá para dirigirse al rubio menor.

-Draco, el día de hoy vas a demostrar tu fidelidad ante Lord Voldemort.-dijo el hombre clavando sus ojos rojos en los grises del chico.

-Dígame lo que tengo que hacer, mi Lord.-agregó el chico con un escalofrío y sin poder evitar que por su voz se asomara un matiz de miedo.

El Señor Tenebroso hizo una mueca que se podría definir como una sonrisa malévola y se alejó un par de pasos de él.

-Quiero que tú seas el encargado de nuestra invitada.-continuó Voldemort girando su varita entre sus dedos.

Draco levantó la vista y, muy a su pesar, se enfrentó con esos ojos rojos que tanto le atemorizaban.

-¿A que se refiere exactamente con "ser el encargado"?-preguntó con un hilo de voz pensando que tal vez no quería saber la respuesta a esa pregunta.

-Quiero que le enseñes que es inferior a nosotros-dijo el hombre-Quiero que vayas y la tortures hasta que ella te suplique que la mates, y si te portas bien, te cederé ese honor.-terminó con una sonrisa siniestra tomando asiento de nuevo en el sofá.

El chico apenas pudo reprimir un escalofrío. Él no era un asesino, no lo era. Y sin que alguna de las dos personas que estaban en la sala se diera cuenta, el rubio agachó la cabeza y lanzó una maldición al aire. Maldijo su mala suerte, su destino, su apellido…y por primera vez, su sangre limpia.

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Lucius y Draco llegaron a la celda en la cual se encontraba Hermione. La chica estaba recargada en la pared con las rodillas dobladas hacia su pecho. Tenía varias heridas en la cara que sangraban, su cabello estaba más revuelto de lo normal, tenía la ropa rasgada y la parte inferior de su cara estaba un poco morada, debido a la mordaza que le apretaba. Además, estaba el hecho de que se encontraba atada de brazos y piernas. Pero al parecer esos eran detalles sin importancia, pues en cuanto los Malfoy entraron a la celda, la chica alzó el mentón con dignidad mientras los observaba.

En los ojos de Hermione podían leerse claramente las palabras: "No se saldrán con la suya" y al parecer, Draco no fue el único que leyó ese mensaje, pues su padre dio una respuesta muy clara a él.

-Ya verás cómo nos saldremos con la nuestra, sangre sucia.-dijo Lucius a la vez que por su cara se asomaba una sonrisa siniestra.

El rubio mayor se acercó un poco más a la chica hasta situarse justo delante de ella. En un rápido movimiento, la tomó bruscamente del cabello y lo jaló hacia atrás, provocando que su cara quedara a escasos centímetros de la suya.

-Mi hijo tendrá el honor de torturarte-le decía el rubio mirándola con sus ojos inyectados de odio-Y yo tendré el placer de verte suplicar que te mate y termine con el dolor.

Draco simplemente se dedicaba a mirar la escena. Con su padre enfrente, no iba a poder echarse para atrás. Tenía que hacerlo, era su deber. Era su obligación hacer pagar a Granger solamente por ser amiga de Potter. Y ser una sangre sucia. Aunque al chico, a esas alturas de la guerra, poco le importaba ya la sangre. Esta era una cuestión más bien familiar, pues sabía el poder que Voldemort tenía y cómo podía usarlo contra sus propios padres y contra él.

-Draco-pronunció Lucius sacándole de sus pensamientos-Acércate y haz lo que te han ordenado.

El rubio caminó lentamente hasta que se situó a un lado de su padre. Levantó la vista, que había mantenido fija en el suelo, y se encontró directamente con unos ojos castaños que le pedían ayuda en silencio. Porque el chico estaba casi seguro que Hermione sabía que estaba obligado a cumplir las órdenes de Voldemort. Ella sabía que él no lo hacía por gusto, lo hacía porque era su deber.

Lucius dirigió su mano a su bolsillo y sacó dos varitas. Le entregó una a Draco y apuntó a la castaña con un movimiento ligero de cabeza. Había llegado el momento. El rubio menor apuntó temblorosamente a Hermione en el pecho, mientras veía cómo ella cerraba los ojos y fruncía levemente el ceño, esperando sentir el dolor en cualquier momento.

Pero justo en ese instante, se escucharon unos pasos que bajaban apresurados hacia las celdas. Entre las sombras, apareció la figura de Dolovoh, quien se dirigió hacia Lucius.

-Malfoy, el Señor Tenebroso solicita tu presencia en la habitación-dijo el hombre-Al parecer tiene que darnos un anuncio.

Lucius detuvo su vista en el mortífago durante unos breves segundos y acto seguido, la dirigió hacia su hijo.

-Tengo que ir, Draco-inquirió caminando lentamente a la puerta de la celda-Quédate aquí y encárgate de ella. Ya sabes lo que tienes que hacer.

Y antes de salir, le dedicó a Hermione otra mirada de asco.

Sin saber muy bien que hacer, Draco volteó de nuevo hacia Hermione. La observó por algunos instantes y pudo sentir cómo la chica mantenía su vista fija en él, como extrañada de la mirada que éste le dedicaba. El rubio se acercó a ella y le quitó la mordaza de la boca. Pudo observar cómo la tela había quedado marcada en la parte debajo de su rostro.

-Malfoy, hacer esto es bajo hasta para ti.-fueron las palabras que salieron de la boca de la castaña en cuanto pudo hablar.

Pero el chico no contestó. Sin decir una palabra, comenzó a desatarle manos y pies ante la mirada sorprendida e incrédula de Hermione.

-¿Qué estás haciendo?-preguntó la chica sin creerse que Malfoy la estuviera ayudando.

Y él siguió sin decir nada. Cuando ella ya no estaba atada, la tomó de los brazos y la levantó abruptamente.

-Vete.-dijo Draco mirando a Hermione fijamente a los ojos.

-Pero, yo… ¿qué?-balbuceó estupefacta.

-¿Te vas a ir o quieres quedarte a recibir sesiones de Crucios?-

Hermione dirigió sus ojos castaños a los grises de él y mantuvo su vista ahí sin despegarla ni un segundo.

-¿Porqué haces esto?-inquirió la chica.

-Abstente de preguntar y lárgate antes de que me arrepienta.

-Pero, tú vas a tener problemas…

-¡Joder, lárgate de aquí!-le dijo el chico tomándola bruscamente del brazo y zarandeándola un poco para que reaccionara-Si no lo haces en este momento, va a llegar mi padre y los demás y entonces será demasiado tarde.

Hermione le sostuvo la mirada indicándola que podía seguir.

-Sal de la celda y ve a las escaleras que se encuentran del lado izquierdo-continuó Draco indicándole cómo debía salir-Ve derecho hasta que llegues a una habitación muy vieja, algo así cómo un sótano. Ahí hay una pequeña ventana que da a los jardines. Corre unos veinte metros y podrás aparecerte-

La chica asintió aun un poco turbada. Lentamente comenzó a caminar hacia la salida que el rubio le indicaba y antes de salir por la puerta, volvió su vista hacia atrás.

-Gracias, Malfoy-le dijo sinceramente-Te prometo que nunca voy a olvidar esto.

El chico lanzó un bufido.

-Lárgate y déjate de cursiladas-le dijo, pero la chica siguió parada observándole-¡Vete, maldita sea!

Ante esto, Hermione echó a correr y no volvió la vista ni una sola vez. Ni siquiera cuando a lo lejos escuchó cómo Lucius lanzaba un grito al aire. Lo hecho, hecho estaba. Miró la ventana que el rubio le había indicado anteriormente y sin pensarlo, salió por ella.

Cuando la siguiente semana, en El Profeta, se anunció la muerte de Draco Malfoy, a manos de los mortífagos, Hermione no pudo evitar sentirse culpable. Una tibia lágrima resbaló de su mejilla pero la limpió rápidamente. Él había elegido ayudarla. Y ella solamente le había prometido que jamás olvidaría ese gesto.

Y muchos años después, con hijos y marido, la mujer lo recordaba. Porque ella había prometido que no lo olvidaría.

Y Hermione Granger siempre cumplía sus promesas.


N/A: Bueno, primero que nada quiero darles las gracias por los ánimos para que me aliviara. Ya estoy curada, jojo xD. Ahora actualizo en viernes porque el fin de semana no voy a tener tiempito. Hablando del vicio…Ya vieron que esto no fue una viñeta, porque es mucho más largo el capítulo; pero bueno, el punto es que quedó. Personalmente el final no me termina de gustar mucho, pero es lo mejor que pude hacer jajaja, espero que a ustedes les guste más que a mí :)

Ahora les vengo a hacer una propuesta para el próximo vicio. Estoy trabada porque en el siguiente, Hermione y Draco tienen que cumplir un castigo juntos pero a aquí su servidora, no se le ocurre un razón por la cual tengan que castigarlos juntos. Así que les propongo: Díganme una razón creíble por la cual tengan que compartir castigo, luego entren a esta página (quiten espacios): h t t p // biweasley . livejournal . com/ y vayan hasta abajo, donde dice: Tabla de 30 vicios. Escojan un vicio y díganmelo en el review. Yo lo escribiré y ustedes saldrán en él.

Ok, no es la gran cosa, pero algo es algo. ¡Espero muchas ideas! Solo escogeré DOS porque necesito razón para dos vicios.

¡Saludines!

Atte. Bianca