Como había supuesto, su entrada en la Academia de Aurores no fue precisamente un camino de rosas. Nada más cruzar las puertas sintió las miradas de odio de los que serían sus compañeros por tres años (si tenía suerte y no lo mataban antes). Incómodo, se medio escondió detrás de Harry y Hermione.
-¿Te escondes, huroncito? –Harry mantenía su sonrisa, aunque por dentro era un manojo de nervios.
-Aunque te parezca raro, odio ser el centro de atención –Draco miró nervioso a su alrededor. En los pocos metros que habían avanzado ya había escuchado varios "asesino", "mortífagos", "deberían ejecutarte" y otras lindezas por el estilo- Creo que debería marcharme. Esto no ha sido buena idea.
-Venga, Malfoy –Hermione sentía pena por el chico. En esos momentos no quedaba nada del prepotente Slytherin del colegio- Saca esa vena de serpiente que tienes y demuéstrales que todo te resbala.
-Me dais más miedo vosotros que ellos –cogió aire con fuerza y recompuso su máscara de frialdad. Se enderezó y salió de su escondite. Se concentró en reencontrarse con su antigua personalidad, aquella que inspiraba temor y respeto. Recordó sus días como mortífagos y adoptó la pose de la que hacía gala por aquel entonces. Se sintió mejor inmediatamente.- Vamos. No quiero llegar tarde el primer día.
Harry y Hermione no pudieron evitar un estremecimiento al escuchar de nuevo aquella manera de hablar arrastrada y con aquella cadencia casi perezosa. Cayeron en la cuenta de que, en la semana que el ex mortífago llevaba viviendo con ellos, no había hablado de esa manera. "Hemos traído de vuelta al monstruo", pensó Hermione. Pero no tenían otra opción. Si el resto de alumnos vislumbraban aunque fuese un miligramo de debilidad en el rubio, acabarían con él antes de que acabase la semana.
-Creo que ésta es nuestra aula –Harry se detuvo ante una puerta enorme, de color negro y con unos grabados un tanto extraños en ella.
-Runas de protección – murmuró Draco.- Para que los hechizos o pociones fallidas no dañen lo que esté fuera de esta sala.
Entraron y buscaron asiento. En contra de los deseos de Hermione de ponerse en primera fila, los chicos la arrastraron a al última. La sala tenía forma de anfiteatro, por lo que desde allí las vistas eran magníficas. Esperaron en silencio a que el resto de sus compañeros entraran. Harry vio dos o tres caras conocidas, entre ellas las de Seamus y Dean. Los chicos se sentaron a su lado. Saludaron a Hermione e ignoraron a Draco.
-¿Qué hace ese aquí? –Seamus lo miró de mala manera.
-Es nuestro compañero de clase y vive con nosotros –Harry les miró fijamente, retándolos a que dijeran algo malo. Los otros se limitaron a encogerse de hombros. Seamos refunfuñó algo entre dientes pero no añadió nada más en voz alta. El profesor hizo acto de presencia y todos guardaron silencio.
-Bien. Si estáis aquí es porque habéis obtenido los EXTASIS necesarios. Por lo que he podido leer de vuestros expedientes académicos, tenemos entre nosotros a dos mentes verdaderamente brillantes. Señorita Granger –buscó con la mirada a la chica, que levantó la mano- Todo Excelentes menos en Defensa contra las Artes Oscuras que obtuvo un Supera las Expectativas. Muy buenas notas. Hacía años que no veía algo así. Bueno, empezaremos….
-¿Quién es la otra persona que ha sacado buenas notas? –Hermione se había dado cuenta del supuesto olvido del profesor, que la miró con mala cara- Si ha reconocido mis méritos académicos ante toda la clase, creo que es justo que también lo haga con la otra persona.
-Bien, señorita Granger. Veo que le gusta la igualdad entre personas.
-Sí, por eso no considero justo que sólo se menciones mis logros si hay otra persona igual o superior a mí.
-De acuerdo. La otra persona ha obtenido todos sus EXTASIS con Excelentes. Hacía al menos cien años que nadie conseguía todo E en esa prueba. –Un murmullo de asombro llenó la sala, mientras todos giraban la cabeza de un lado a otro buscando al genio que había logrado aquel record insuperable.- Ante la insistencia de la señorita Granger, tengo que felicitarle, señor Malfoy. Su expediente es impecable. No sólo los EXTASIS tienen todo Excelentes. Sus TIMOS fueron iguales y por lo que veo, el resto de cursos también los pasos con las máximas calificaciones. Tiene usted una mente privilegiada.
-Gracias, profesor –Draco se sentía incómodo ante las miradas de sus compañeros. Nunca había alardeado de sus capacidades como estudiante. Todo lo contrario. Sus compañeros de colegio creían que era un vago, una persona que sólo pensaba en divertirse y que pasaba curso gracias a las influencias y el dinero de su padre. Pero todos sus logros académicos se debían a su esfuerzo y a la facilidad que tenía para retener datos y comprender las cosas a la primera.
-Que calladito te tenias que eras todo un cerebrito, hurón –Dijo Harry entre dientes. Recibió un codazo por respuesta. La primera hora de la clase fue pura teórica, para decepción de casi todos los alumnos. Draco lo agradecía, pues el coger apuntes, aunque fuese con una vuelapluma, le permitía pensar en otras cosas. Y en ese momento su mente estaba ocupada con el tema Greengrass. Dudaba entre seguir el consejo del señor Weasley e ir a por los desgraciados que estaban asesinando a todos sus conocidos, o mantener la boca cerrada y dejar correr el asunto hasta que éstos se cansasen y las cosas volviesen a su lugar. Tan concentrado estaba que no oyó lo que le preguntaba el profesor. Hermione le sacudió un poco para que aterrizara.
-Perdone, ¿podría repetir la pregunta?
-Estaba diciendo al resto de la clase que, ya que tenemos el privilegio de contar con nosotros a alguien tan versado en las Artes Oscuras como usted, podríamos hacer una parte práctica un poco más… interesante. –el profesor lo miraba con desprecio al rubio, que le dedicó su mirada más fría.
-Para mí sería todo un placer, pero creo que el Ministro les ha comentado el… pequeño problemilla que tengo –levantó las manos- pero si tanta ilusión le hace… por mí no hay problema.
Draco se levantó con parsimonia, sintiendo todas las miradas fijas en él. Hermione le agarró del brazo y le suplicó con la mirada que no lo hiciera. Harry no pudo callarse.
-Tienes las manos inutilizadas. ¿Cómo demonios vas a batirte así?
-Ya os dije que aguanto el dolor muy bien.
Descendió con paso firme hasta la tarima donde le esperaba el profesor. El hombre se removió un poco incómodo en el sitio. Le habían dicho que tenía carta blanca para hacer la vida imposible a aquel chico, que se aprovechara de su lesión. Pero no había tenido en cuenta la terquedad del muchacho.
-Bueno, empezaremos con una demostración práctica de los hechizos defensivos verbales. Yo le atacaré y usted se defenderá.
Draco se limitó a quitarse la chaqueta del traje y arremangarse la camisa. Tenía la varita sujeta en el brazal que le había entregado Harry. La cogió con fuerza a pesar del dolor lacerante que sentía. Pero la adrenalina pudo más. Se sentía asustado y eufórico a la vez. No iba a dejarse humillar por aquella panda de inútiles. Inclinó la cabeza a modo de saludo y el profesor empezó sus ataques. El rubio los rechazó todos con potentísimos hechizos, muchos de los cuales ninguno de los presentes en el aula conocía. De vez en cuando se oían exclamaciones de sorpresa y asombro. Después de diez largos minutos, un jadeante profesor detuvo sus ataques. Cogiendo aire, se dirigió a la clase.
-Como han podido ver, una buena defensa es a veces, mucho más efectiva que un ataque agresivo y contundente. Salvo para el Avada. El estar bien preparado para defenderse es lo que nos separa, en combate, de la muerte. ¿Alguna pregunta?
-¿Qué hizo ese maldito mortífago cuando usted le lanzó el bombarda? –quien preguntó era un chico alto, de pelo castaño y ojos negros, que lanzaba miradas asesinas a Draco. Éste le miró unos segundos y luego contestó con voz potente, arrastrando las palabras como sólo él sabía hacer.
-Se llama "involvium protego". Crea un vacío alrededor de quien lo lanza. Ese vacío absorbe la potencia del hechizo de ataque y lo disuelve sin que éste ocasione ningún daño.
-Nunca lo había oído –el profesor miró a su alumno con algo parecido a la curiosidad- Si es tan amable, podría explicarnos de dónde lo ha sacado.
-Nunca han oído hablar de él porque sólo yo lo conozco. –Draco miró al vacío durante unos segundos y luego continuó- El profesor Severus Snape fue su creador. Lo hizo para mí exclusivamente. Me salvó la vida en innumerables entrenamientos cuando… bueno, se puede imaginar cuando.
-¡ESTÁ MINTIENDO! –Gritó una chica.- ¿Para qué iba a proteger a un verdadero mortífago un miembro de la Orden del Fénix?
-Snape era mi padrino. Y, para que os quede claro a todos y no volváis a molestar con vuestras estúpidas preguntas, cuando te reclutaban, te llevaban a un campamento de entrenamiento. Cuando yo entré éramos cien. Sólo diez lo terminamos con vida. Allí, o eras el mejor, el más fuerte, rápido y despiadado, o morías. –Draco se giró hacia el profesor- ¿Continuamos o ya hemos terminado?
-Vuelva a su sitio, señor Malfoy. Quedan diez minutos de clase. Lean los tres primeros capítulos de su libro. Para mañana quiero dos pergaminos de dos metros cada uno sobre todos los hechizos defensivos y de ataque que existan… o que conozcan. Eso es todo.
Draco subió de dos en dos los escalones y se dejó caer en su silla. Depositó la varita sobre la mesa y cerró con fuerza los ojos. Estaba mareándose por el dolor. Harry se inclinó hacia delante y, mientras hacía que leía, habló con él.
-¿Te encuentras bien?
-Creo que voy a perder el conocimiento por el puto dolor –intentó mover un poco los dedos y las descargas de dolor llegaron inmediatamente a sus terminaciones nerviosas. Soltó una maldición por lo bajo- No creo que aguante mucho más.
-Por lo menos te queda el consuelo de que les has dejado sin habla –Harry no lo reconocería en voz alta, pero la actuación del rubio había sido soberbia.- ¿De verdad Severus creó ese hechizo?
-Tú mejor que nadie sabes de lo que era capaz, Potter. Aunque ahora mataría porque hubiese creado una poción que eliminase el dolor de manera rápida y que no te dejase grogui.
-Tendrás que aguantar hasta la hora de la comida –Hermione le ayudó a recoger sus cosas. La señal que anunciaba el fin de la clase resonó en el aula- Ahora tenemos Táctica y Estrategia. Por lo menos esa clase es teórica y no tendrás que forzar las manos.
Las dos horas siguientes las pasaron escuchando a un aburridísimo ex auror que se dedicó a fusilar los veinte primeros capítulos de su libro de texto. En el aula sólo se oía la voz del hombre y el rasgueo constante de la pluma de Hermione y la vuelapluma de Draco. Harry dormitaba en su sitio de manera descarada. Aquello era como estar de nuevo en la clase de Historia de la Magia. Cuando la cabeza del moreno chocó con violencia contra la mesa, Draco lo zarandeó un poquito.
-Como sigas así, te vas a desnucar, Potter. –El rubio miró al profesor- ¿Estáis seguros de que ese hombre sigue vivo? Es como una versión mejorada de Binns
Harry se tapó la boca para ahogar una carcajada. Seamus, que estaba delante de ellos, agitaba los hombros con fuerza. Del sitio de Dean salían bufidos contenidos. Hermione tardó unos segundos en darse cuenta de que intentaban no reírse a carcajadas. Bufó, molesta. Aunque no pudo evitar una sonrisita. El comentario del hurón había sido bastante gracioso. Por suerte para ellos, la señal que les dejaba media hora libre para comer retumbó por toda la Academia. Se levantaron a reacción y salieron a la carrera. Una vez en el pasillo, rompieron a reír. Y siguieron haciéndolo hasta que llegaron al comedor. Buscaron una mesa vacía y se sentaron. Inmediatamente la mesa se llenó de comida, para deleite de los chicos y exasperación de Hermione, que seguía en contra de la esclavitud de los elfos domésticos. Comieron con verdadera ansia. Todos menos Draco, que se las vio y deseó para poder comer sin hacer mucho el ridículo. Cuando consideró que ya había terminado, Hermione se giró hacia él y le cogió la mano derecha.
-Veamos cómo ésta después de tu demostración de esta mañana –se notaba que estaba molesta por el tono cortante de sus palabras. Draco sonrió de medio lado.
-Si no te conociera tan bien, sabelotodo, creería que te has enfadado con el profesor por obligarme a pelear.
-Estoy molesta contigo porque te ha podido tu vena exhibicionista y, como el señorito tenía que lucirse ante todos, ahora mismo tienes los dedos agarrotados –movió uno de los dedos con brusquedad, haciendo que el chico soltase un juramento- ¿No era que aguantas muy bien el dolor?
-Disfruta mientras puedas, come libros –Draco entrecerró los ojos y la miró de manera amenazadora- Porque esta especie de tregua acaba cuando esté en condiciones de valerme por mí mismo.
-Me parece bien –Hermione sintió cómo se le encogía el estómago. Se estaba acostumbrando a esa nueva faceta del hurón que, sin ser del todo amable, tampoco era el capullo integral al que les tenía acostumbrados.
-Eso ha dolido y mucho –Draco apretaba las mandíbulas con fuerza para que no se le saltasen las lágrimas. Si su tía no había conseguido verle derramar ni una lágrima, la sangre sucia no lo iba a conseguir. Permanecieron en silencio hasta que acabó la hora de la comida.
-Ahora tenemos tres horas de Pociones y luego una tutoría de media hora para ver qué tal nos estamos adaptando –Harry miraba el pergamino donde tenían apuntado el horario del día como si se tratase de un detentor- ¿Qué mente enferma diseña estos horarios?
-Deja de quejarte y camina, Harry. O no llegaremos a tiempo.
Hermione cogió a los chicos de las túnicas y los arrastró por el pasillo hasta el aula de pociones. La clase transcurrió en calma. Draco se limitó a tomar apuntes. La profesora no le dejó hacer nada más. Por lo menos alguien se preocupaba por él. Cuando terminaron las tres horas, fueron al aula de su tutoría. A esa hora sólo estaban ellos tres. Se sentaron en un sofá de un verde horroroso y esperaron a que llegara el director. El hombre apareció ante ellos con una sonrisa de oreja a oreja. Por lo menos en lo que se refería a Hermione y Harry. Cuando posó su mirada en Draco, la sonrisa se convirtió en una mueca. El chico se limitó a obsequiarle con una sonrisa que haría palidecer de envidia a un basilisco.
-Bueno, por lo que me han contado sus profesores, el primer día ha sido brillante. Pero qué podemos decir de dos de nuestros más queridos héroes. ¿Han sido las clases de vuestro gusto?
-Sí. No han estado tan mal como creíamos –Harry se había dado cuenta del desprecio que el director había hecho a Malfoy. Pero éste permanecía impasible, como si estuviese viendo llover.
-Su profesor de Defensa me ha comentado que su clase ha sido…. Bastante instructiva. Y todo gracias al señor Malfoy –el desdén no pasó desapercibido para ninguno de ellos. El aludido se limitó a asentir con la cabeza.- Le ruego que, de ahora en adelante, se guarde sus habilidades de asesino para usted, señor Malfoy. No creo ético que el resto de sus compañeros tenga que sufrir el ver sus malas artes.
Draco no contestó. Volvió a asentir con la cabeza y se desentendió del hombre. Sabía que aquello iba a pasar pronto. Pero no se esperaba que la cosa fuese tan directa. Sentía la furia en Potter y el asombro en Granger. Y no tardaron en explotar.
-Perdone, señor director. Pero ni él es un asesino, ni es poseedor de malas artes –Harry clavó su intensa mirada esmeralda en el hombre, que se removió incómodo en su asiento- Si Malfoy ha mostrado parte de sus conocimientos, ha sido por petición expresa del profesor. Y sólo nos ha mostrado hechizos defensivos. Incluso hemos aprendido uno que nos hubiese venido muy bien durante la guerra y que habría salvado muchas vidas de haberse conocido.
El hombre abrió la boca para protestar, pero fue cortado por una furibunda Hermione. La chica tenía el pelo completamente encrespado, lo que le daba la apariencia de una Furia.
-Me parece inadmisible el trato que están dando a Malfoy. Si esto sigue así, voy a hablar con toda la prensa del Mundo Mágico para que conozcan la realidad de nuestro "perfecto" sistema educativo. Tanto presumir de igualdad de oportunidades entre todos los magos y a la primera de cambio, se dedican a atacar, insultar e intentar hacer de menos a un alumno que, a pesar de sus errores pasados, es la mente más brillante que hemos tenido en siglos.
Se levantó y, tras regalar al director una de sus mejores miradas de odio, salió del aula. Draco se levantó, hizo una pequeña reverencia a modo de despedida y la siguió. Harry se quedó allí parado unos segundos más y, mientras sujetaba la puerta, dijo:
-No arriesgué mi vida para que la intolerancia y los prejuicios siguieran en nuestra sociedad. Si esto sigue así, no sólo mi amiga lo dará a conocer en la prensa. Yo hablaré con el Ministro en persona para que tome cartas en el asunto. Que tenga buen día.
