[Un mundo de misterios]

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Adrien miró el museo desde la cornisa de un edificio. Él podía escuchar el trinar de las palomas, las campanadas de la iglesia más cercana y ver la perfecta fachada del Louvre. Si algo había aprendido Adrien, era que a los militares les gustaba vivir a lo grande, no importaba cuanto se dijera acerca de su forma de vida estricta y frugal, eso no eran más que mentiras en la mayoría de los casos.

Él pasó todo el día comprando a medio París con el fin de conseguir una invitación para aquella fiesta, y no fue defraudado, ya que encontró una a un precio muy elevado. Adrien no sabía si aquello tendría resultados, pero tenía una ciega confianza en que todo saldría bien.

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Marinette le dio los últimos toques a su vestido. Ella pasó la mano por su rostro, tocándolo con las yemas de sus dedos. El polvo de arroz que su doncella utilizó había acabado de disimular los últimos vestigios de la herida que Gabriel Agreste le dejó en la cara. Aquella marca era un recordatorio de su miserable tutor, pero, también de la pasividad con la que Adrien observó lo que ocurría frente a él, y eso era algo que ella no le podía perdonar.

Lentamente, Marinette bajó las escaleras y se miró en el espejo del recibidor, en donde pudo apreciar el fino vestido de gasa azul oscura con pedrería que había heredado de su madre. Aquel era uno de sus pocos recuerdos, y Marinette no podía sentirse más que orgullosa por la gracia con la que lo llevaba.

— Te ves muy bien— comentó Félix mientras salía de su estudio. Él también lucía muy elegante, y aún más imponente con su uniforme de gala.

— Será nuestra primera aparición en público, no quiero avergonzarte— dijo Marinette.

Ella se sintió como una traidora, pues lo cierto era que no tenía el mínimo interés en su compromiso. Deseaba utilizar aquella oportunidad para divertirse un poco y olvidar a Adrien. Sin embargo, Marinette no dejaba de sentirse agradecida con Félix, pues le gustase o no, él había mostrado más consideración con ella de lo que hubiere hecho cualquier otra persona desde la muerte de sus padres.

— No lo harás — dijo Félix en un tono casi condescendiente. Félix le ofreció su brazo, por lo que ella lo tomó, y juntos caminaron hacía el carruaje.

El Louvre se encontraba hermoso. Marinette adoraba el contraste de las brillantes y modernas luces eléctricas con el azul de la noche. Las invitadas se veían despampanantes, mientras una colección de uniformes y galones militares pasaban ante sus ojos. Félix y Marinette avanzaron hasta el lugar en el que se llevaría a cabo la fiesta. Los comensales pasaron a cenar, después, siguieron al salón de baile, pero no fue sino hasta un par de piezas posteriores a la apertura, que sintió una mirada sobre ella.

Marinette volteó de un lado a otro, buscando a la persona que la observaba, hasta que vio a un hombre acercándose rápidamente mientras le ofrecía una copa de champaña.

— Por favor, dime que brindarás conmigo— dijo Adrien dedicándole una sonrisa amistosa. Marinette se quedó petrificada. Ella nunca esperó que encontrarlo en aquella fiesta.

— Preferiría no beber— respondió Marinette secamente, mientras se cruzaba de brazos.

— Por su puesto que no, eso lo sé- dijo Adrien quien no pareció darse por vencido por ante el rechazo — pero aún así, sólo me queda venir aquí, y rogar por el perdón de mi lady, trayendo esta ofrenda de paz. — continuó levantando la copa una vez más.

—Eso es lo más cursi que he escuchado- respondió Marinette— Aún así, eres bueno a la hora de pedir disculpas, pero muy lento cuando llega el momento de actuar.

— Lo sé, lo sé, Marinette. Yo sé que traicioné tu confianza, yo sé que arruiné todo para los dos, pero tengo un plan, podremos partir a Egipto si eso es realmente lo que tu deseas— dijo Adrien sonando ligeramente desesperado.

— No es que desee regresar a Egipto. Yo sólo quiero un lugar en el que no me sienta como una intrusa o una simple carga.

— Tu no eres una carga para mí.

— Pero tu padre…

— Qué se vaya al diablo— dijo Adrien bruscamente. — él no puede pretender decidir sobre nuestras vidas luego de que solo lo veo un par de veces al año. Quiero estar contigo, Marinette.

Marinette tomó una gran bocanada de aire, no sabía que pensar. Adrien era rápido con las palabras, pero lento con sus acciones.

— No puedo confiar en ti. — dijo Marinette.

— Por favor. Marinette. Tu no tienes por qué casarte con ese soldado, podemos vivir juntos— dijo Adrien.

— No tenemos más que diecisiete años- respondió Marinette desesperada.

— No tenemos más opciones- dijo Adrien. — pero seremos felices, eso lo sé.

Marinette se mordió el labio. Si se iban al plano de los sentimientos, ella prefería a Adrien. Pero, Félix representaba toda la seguridad que había perdido tras la muerte de sus padres. En aquel momento, recordó las eternas tardes silenciosas en el salón de su prometido. Él apenas decía un par de palabras, y no tenían prácticamente nada en común, más que el deseo de conseguir algo de seguridad y estabilidad en sus vidas.

— Marinette, por favor— pidió nuevamente Adrien mientras le volvía a acercar la copa de champaña.

— No lo sé.

— Tu y yo tenemos que estar juntos— dijo Adrien cada vez con más urgencia. Marinette estiró su mano, tomó la copa de champaña y bebió un poco.

— Es solo una copa, no pienses ni siquiera por un momento que te he perdonado— dijo Marinette tajantemente. Ella observó a Félix quien se encontraba al otro lado del salón y parecía estar atravesando una terrible tortura.

— ¿Es Chloe la que está hablando con tu prometido? — preguntó Adrien hablando con algo de sorna. Marinette lo miró con resentimiento. ¿Cómo se atrevía a burlarse de la única persona que la había tratado con algo de respeto?.

— Voy a rescatarlo— dijo Marinette resueltamente.

— Espera — respondió Adrien quien la tomó firmemente por el codo mientras que evitaba que se fuera de su lado. — Por favor no te vayas con él.

— Es mi prometido, tengo que estar con él — dijo Marinette quien sintió una especie de placer perverso al ver la cara de Adrien. Era claro que lo estaba lastimando, de la misma manera en que él lo hizo cuando dejó que Gabriel Agreste la humillara.

— Por favor, no te vayas con él. Yo también podría darte todo lo que necesitas. Tu sabes que yo también estoy completamente solo. — le pidió Adrien. Marinette recordó las caricias de Adrien, su forma tan particular de hacerle entender que solo existía ella.

— Lo lamento— dijo Marinette tras pensarlo por unos segundos. La mirada en el rostro de Adrien fue de puro e inalterado dolor, pero ella no vaciló, había demasiado entre los dos para sólo dejarlo pasar.

— Hola— dijo Marinette al acercarse a Chloe y Félix. — lamento interrumpirlos - prosiguió, mientras que él la miraba como si fuera su tabla de salvación en medio de un naufragio.

— No interrumpes, justo en este momento estaba pensando en lo buena idea que sería bailar con mi prometida. — dijo Félix alegremente mientras hacía su copa a un lado y guiaba a Marinette a la pista de baile— con permiso, señorita Buregeoise.

La música inundó los sentidos de Marinette, y a pesar de todo, ella no se podía olvidar del par de ojos que la miraban atentamente desde uno de los extremos de la pista de baile. Adrien seguía presente en el salón, y Marinette era dolorosamente consciente de aquel hecho. La mano de Félix se cerró con un poco más de fuerza en su cintura, y ella tuvo la leve impresión de que él también se había percatado de que Adrien se encontraba entre la multitud.

— Supongo que ha venido a pedir tu perdón— comentó Félix mientras confirmaba las sospechas de Marinette.

— Sí— respondió ella sin atreverse a mirarlo a los ojos.

— ¿Se lo darás? — preguntó Félix.

— ¿Félix? — preguntó Marinette mientras levantaba su mirada hacía él.

— Marinette — comenzó Félix haciéndola guardar silencio— lo cierto es que me gustaría actuar de una manera diferente, decirte que si sientes miedo, sería mejor que te fueras con él. Pero, lo cierto es que no puedo hacer algo como aquello. Tu sabes que te necesito, y tengo que jugar con tus reglas, por más que no me guste.

Marinette se quedó en silencio mientras que los dos bailaban. Felíx no era una mala persona, pero era más que claro que lo único que tenían en común eran sus necesidades. Ella era demasiado sensible para conformarse con la plena seguridad de que lo suyo era simplemente un acuerdo de negocios. De repente, Félix dejó de bailar y la tomó firmemente de la mano. Marinette le permitió conducirla a través del pasillo, hasta una sala apartada que se hallaba desocupada.

En ese momento, Marinette entendió que para Félix sí era increíblemente importante cómo lo percibieran los demás. Mientras que a Adrien y a ella no les afectaban verdaderamente las habladurías. Los dos hubieran podido llevar una existencia perfectamente feliz en su pequeño paraíso privado en medio de la nada, mientras que ignoraban todas as reglas del mundo exterior. Pero el capitán no pensaba de la misma manera. Era claro que él necesitaba la aprobación de la sociedad, y aún más importante, la necesitaba si quería seguir ascendiendo en su carrera.

— ¿Nos vamos? — preguntó Marinette mientras él la seguía guiando por el pasillo.

— Sí, eso sería lo mejor — respondió Félix— tu Romeo nos estaba mirando, y todos se dieron cuenta de que era cuestión de minutos antes de que hiciera una escena— dijo Félix muy molesto.

— Supongo que para ti es muy importante no dar ninguna muestra de debilidad en público— respondió Marinette de mala manera. Félix se detuvo y volteó hacía ella. Él tenía el ceño fruncido y se veía realmente molesto, por lo que no pensó dos veces antes de tomarla por los hombros y mirarla fijamente.

— No tienes ni idea de cuanto trabajo me ha costado llegar tan lejos, ni de los sacrificios que he tenido que hacer. Yo no puedo permitir que un simple escándalo social arruine mi reputación y entorpezca mi carrera— dijo haciendo énfasis en cada una de las sílabas de sus frases. Marinette no se sintió intimidada por la intensidad con la que dijo aquellas palabras, pues él no parecía violento. Pero, ella no se había equivocado. Él era una persona profundamente práctica e interesada en el conservar la buena opinión de los demás.

— No quiero irme todavía.

— Para ser honesto, Marinette. Tu estás muy lejos de ser lo que yo llamaría una "buena" novia- dijo Félix ligeramente exasperado— así que seré yo quien tome las decisiones de aquí en adelante.

Marinette se sintió ofendida por aquello, pero se quedó en silencio. Ella tuvo una breve visión de lo que sería su vida de ahí en adelante. Marinette se vio a sí misma, llevando la vida como una callada y obediente esposa, que no le quedaría más opción de existir única y exclusivamente en función de las necesidades de Félix y de su carrera. Por un momento, no pudo dejar de preguntarse si su mamá se sentiría así, pues desde que su padre se marchó al ejercito a Sabine no le quedó alternativa más que aceptar abnegadamente toda decisión que fuera beneficiosa para Tom.

— ¡Esperen! — dijo una voz desde el pasillo. Marinette se soltó del agarre de Félix y se dio la vuelta, para encontrarse de frente con Adrien.

— Vámonos, Marinette — dijo Félix quien se veía incómodo e impaciente por evitar cualquier tipo de enfrentamiento o escándalo.

— No, espera, Marinette, lamento todo lo que ha sucedido, por favor, no me desprecies así— Insistió Adrien. Ella no supo que pensar. De repente, un grupo de mujeres avanzó por el recibidor mientras charlaban y reían. Marinette vio claramente que el centro de atención era una chica un poco mayor que ella con brillantes ojos azules y cabello negro.

—¿Bridgitte? — preguntó Félix quien soltó la mano de Marinette como si esta lo quemara.

— ¿Félix? — respondió la chica mirándolo de reojo.

Por unos breves instantes, todos los presentes se quedaron en silencio. Nadie se atrevió a comenzar una conversación incómoda y falsa, hasta que un fuerte estruendo llamó la atención de todos. Una gran cantidad de invitados comenzaron a precipitarse desde el salón hasta la salida. Marinette usó aquella oportunidad para separarse de Félix y correr hacía la parte exterior.

— Espera— dijo Adrien tomándola de la mano.

— Tenemos que transformarnos, algo muy extraño está sucediendo aquí— dijo Marinette. Adrien asintió. Los dos corrieron a un rincón escondido en uno de los laterales del edificio, y se trasformaron en Chat Noir y Ladybug.

La pareja trepó las paredes del edificio central, hasta que se encontraron en el decorado techo del museo. Marinette comenzó a avanzar hasta el salón, justo donde había comenzado todo.

— Es extraño— comenzó Marinette mientras avanzaban— no puede tratarse de un Akuma. Estamos muy lejos del pueblo, o del bosque.

— Probablemente tenga que ver con papá — comentó Adrien pensativamente, casi cómo si hablara para sí mismo.

— ¿A qué te refieres? — preguntó Marinette levantando su mirada del domo que daba justo encima del salón.

— Descubrí algo muy curioso esta mañana — dijo Adrien. Él le narró rápidamente lo que sucedió en la biblioteca de Gabriel Agreste, le describió la imagen del libro, y la historia que leyó.

— ¿Tu realmente crees que aquello no es más que un cuento de hadas? — preguntó Marinette casi con incredulidad.

— ¿Y tu no? — preguntó Adrien cómo si fuera lo más obvio del mundo- en los meses que llevamos viviendo juntos hemos descubierto que existen las hadas del bosque, los demonios y extrañas puertas en la mitad de la nada sin ninguna explicación.

— Adrien— comenzó Marinette — ¿Tu tienes mi llave? tengo la impresión de que no la encontré por simple casualidad.

— Sí— dijo él mientras abría uno de los bolsillos de su traje de gato. — la recuperé poco antes de que encontrara el libro en la biblioteca de papá — explicó Adrien mientras sacaba un objeto gris de hierro, que más parecía café por la cantidad de oxido acumulada.

— Yo tampoco creo que fuera una casualidad que tu la encontraras— dijo Adrien seriamente.

Un nuevo grito se escuchó desde el interior del salón. Marinette entendió que no era el momento indicado para tener aquella conversación. De alguna manera, los Akumas se habían trasladado de su pequeño pueblo en la mitad de la nada, a París, en donde podrían ocasionar aún más daño de lo usual.

Chat Noir y Ladybug se deslizaron con mucho sigilo por una de las ventanillas del domo. Ellos aún contaban con el elemento sorpresa y no planeaban perderlo. Marinette se asustó al ver lo que se encontraba a su alrededor. El Akuma tenía el poder de crear una especie de burbujas gigantescas, en las que había gente encerrada. Las víctimas se veían vivas, pero sus movimientos eran extremadamente lentos.

— ¿Crees que estarán bien si los dejamos allí? — preguntó Chat Noir al ver que Ladybug no tenía la menor intención de liberarlos.

— Sí, creo que estarán más a salvo si se quedan allí, en vez de encontrarse en la mitad de la pelea— opinó Marinette.

— Buen punto.

Marinette se movió con rapidez a través del salón, hasta lo que parecía ser un ejercito de momias se interpuso en su camino. Ella se detuvo, y miró hacía él otro lado en donde vio una figura esconderse en la galería. Marinette entendió de inmediato que se trataba del Akuma quien enviaba aquellas criaturas para distraerlos.

— Tengo que seguirlo si quiero quitarle el objeto contaminado- dijo Marinette. Chat asintió y se interpuso entre ella y las momias con su bastón listo para el ataque.

— No te preocupes, yo pelearé en contra de ellos, tu encárgate del Akuma— dijo Chat Noir mientras que apartaba a Ladybug.

Marinette asintió y corrió por uno de los pasillos hacía la galería. Ella miró a sus lados, y se encontró con un sin fin de valiosas piezas. Marinette sudó frío, pues solo esperaba que la batalla no fuera a causar un daño permanente. Rápidamente, ella invocó su amuleto de la suerte, y le sorprendió ver salir una especie de versión de juguete de su propio miraculous. Sabía que no tenía mucho tiempo, por lo que debía utilizarlo inteligentemente.

Ladybug encontró al Akuma al final del pasillo. Era una criatura extraña. Tenía cuerpo de humano y cabeza casi animal, más parecía una estatua egipcia de mármol negro que un verdadero ser humano. Marinette se aproximó con sigilo, aunque bien parecía que eso era lo que él quería. De repente, ella notó que él miraba un papiro que flotaba en el aire.

— Deja ir a la gente que tienes abajo— dijo Marinette insolentemente.

— Eres tú a quien estado esperando. Eres tu quien arruinó mis planes hace 4000 años— dijo el Akuma.

— ¿De qué estás hablando? — preguntó Marinette mientras agitaba su yoyo de manera circular.

— Quería revivir a mi reina, pero tu te interpusiste en mi camino, no dejaste que usara a una de esas sacerdotisas del templo- dijo el Akuma. Marinette hizo la nota mental de preguntarle a Tikki cuantas Ladybug habían existido antes que ella, pero ahora debía concentrarse en la batalla.

— No dejaré que uses a nadie— dijo la chica quien trató de golpearlo con el extremo de su arma, pero él fue más rápido y transformó su cabeza en una especie de pájaro que dejó salir una poderosa ráfaga de aire. Marinette fue lanzada al otro lado de la galería. En ese momento, ella entendió que era absurdo intentar vencerlo con fuerza bruta, ya que él tenía mucho más poder que Marinette.

— ¿Qué es lo que quieres de mi? — preguntó Marinette poniéndose de pie.

— Quiero tu miraculous— respondió.

— Te lo daré si dejas ir a las personas que están en las burbujas, y a aquellos que trasformaste en momias.

— Es un trato— respondió la criatura. Marinette miró con atención el colgante que él llevaba en su cuello, el mismo que había brillado cuando utilizó sus poderes. Ella entendió que se trataba del objeto contaminado. Marinette caminó muy lentamente hacía él e hizo el movimiento para quitarse sus aretes.

— Tómalos, si es que tanto los quieres— dijo ella mientras los lanzaba con fuerza al otro lado de la galería. El Akuma se precipitó para alcanzar los aretes, pero no logró ver a Marinette robándole el pendiente.

— ¡Es un engaño! — dijo el Akuma. Marinette usó la oportunidad para limpiar el Akuma y regresar todo a la normalidad. Ella no quería tener que enfrentarse a Félix de inmediato. Odiaba admitirlo, pero deseaba pasar más tiempo con Adrien.

Marinette recargó rápidamente a Tikki y regresó al salón en donde la esperaba Chat Noir, quien no tenía ninguna prisa por marcharse.

— ¡Regresaste! — exclamó Adrien emocionado.

— Sí, quiero hablar contigo, aún tenemos una conversación pendiente— respondió Marinette quien le dedicó una sonrisa y tomó su mano. Chat Noir la abrazó contra su cuerpo y estiró su bastón hasta que ambos se encontraron nuevamente en el tejado.

— Tenemos que irnos de aquí— dijo Marinette. Ambos saltaron a través de los tejados de París, usando la oscuridad de la noche para esconderse de ojos curiosos.

— Siéntate aquí, conmigo— dijo Chat Noir mientras que los dos paraban en una azotea de una mansión que parecía estar abandonada.

— Tikki, fuera puntos— dijo Marinette. Chat la imitó.

— ¿De qué quieres hablar? — preguntó Marinette mientras se sentaba en el baranda de piedra de aquella azotea.

— Tengo muchas preguntas. Papá trama algo puedo sentirlo.

— Él quiere que vaya a la casa del campo una última vez antes de que me case con Félix — dijo Marinette mirando hacía la ciudad.

— Eso es extraño, y muy sospechoso— dijo Adrien — en especial porque él nunca se quedaba en casa a esperar la primavera.

— ¿Por qué? — preguntó Marinette mientras que Adrien se sentaba junto a ella.

— No lo sé— respondió Adrien encogiéndose de hombros — inicialmente, pensé que se debía a que la primavera le traía demasiados recuerdos. Mamá siempre amó la primavera. El jardín con la tapia sellada era el favorito de Mamá. Ella lo cuidaba como su tesoro, y esperaba con ansias la primavera. Pero, después de su muerte, Papá no solo selló el jardín sino que evitaba la casa en cualquier otra temporada que no fuera invierno, cuando todo estaba completamente muerto.

— Adrien— empezó Marinette con la garganta seca— odio decirte esto, pero creo que detrás de la muerte de tu madre hay mucho más de lo que parece. Esa llave la encontré en su antiguo tocador.

— Lo sé.

— Tu Papá podría ser el culpable— dijo Marinette seriamente. Adrien levantó su mirada y la observó fijamente.

— Créeme, eso lo sé— aceptó Adrien. Marinette entendió que él ya había pensado en ese tema en una infinidad de ocasiones.

— Hay alguien que podría ayudarnos — dijo Tikki alegremente.

— ¿Quién? — preguntaron los dos emocionados.

— Un viejo brujo que vive a las afueras de París— dijo Tikki— bien, en realidad, él vive en todas partes, pero, por ahora lo encontraremos a las afueras de París.

Marinette miró el reloj de una iglesia cercana, y se dio cuenta de que era casi media noche. Ella estaba segura de que llegaría después del amanecer a la casa de Félix, y no estaba segura de cómo lograría explicar aquello.

— Me meteré en un problema enorme, pero espero que sirva de algo— dijo Marinette. Adrien le brindó su mano junto con una sonrisa. Ella la tomó, y con aquello le dio a entender que también le daba su confianza nuevamente.

Marinette y Adrien tomaron un carruaje hasta el punto que Tikki les señaló. Ella estaba muy consciente de que ambos hacían girar las cabezas de los transeúntes a su alrededor, pues nadie esperaría ver una joven pareja de aristócratas, vestidos de gala en la madrugada. El carruaje se detuvo. Adrien pagó el viaje y los dos se encontraron en la puerta de una casita de campo. Marinette miró a su alrededor. Era claro que unos años atrás aquel lugar debió haber sido completamente campestre, pero con el aumento de tamaño de la ciudad, estaba siendo lentamente devorado por esta.

La casita asemejaba a algo que se vería en una especie de cuento de hadas. Tenía una puerta redonda y las paredes se encontraban cubiertas por enredaderas. Marinette la miró atentamente y caminó el sendero hasta que los dos se encontraron en la entrada.

— Hola, buenas noches — saludó Marinette a un anciano que salió a recibirla con un rostro sonriente y un traje curioso. Llevaba una especie de túnica gris raída y una puntiaguda barba. Marinette no pudo dejar de notar que era oriental como su madre, eso le gustó.

— Hola, niños, hola— saludó alegremente, cómo si los conociera desde hacía tiempo- desde hace mucho que los estaba esperando— continuó. Marinette y Adrien entraron a la casa lentamente, mientras se miraban él uno al otro.

— ¿Nos estaba esperando? — preguntó Adrien — pero, usted no nos conoce— dijo él lentamente.

— Claro que los conozco— respondió el anciano — ¿quien creen que les dio sus miraculous?

Marinette abrió los ojos de par en par. Este era el momento que ella había estado esperando desde hacía tanto tiempo, cuando por fin todo lo que le había sucedido desde su llegada a Europa comenzaría a tener sentido.

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El anciano se llamaba Fuu. Marinette ni siquiera se atrevió a preguntarle su edad. Ella supuso que debía ser increíblemente viejo, tanto como el bosque o como la mismísima existencia de Ladybug. Pero, lo que él si les explicó, fue que él era una especie de guardián del bosque.

— La última vez que tuvimos este inconveniente fue hace casi 500 años — explicó Fuu exasperado. — todo fue culpa de esa chiquilla tonta.

— ¿A qué se refiere? — preguntó Adrien — ¿está usted hablando de la dama de la puerta? ¿la que lleva un halcón y un unicornio?.

— Sí, si claro— respondió — ¿Dé quien más podría hablar?

— ¿Usted la conoció? — preguntó Marinette.

— No la conocí directamente, pero tuve que lidiar con el caos que ocasionó— dijo Fuu dejando su taza de té a un lado.

— Su nombre era Annabelle— empezó el anciano- su padre no era un hombre humilde cómo cuenta la historia, todo lo contrario, era un duque. Ella estaba muy molesta porque su padre le dejaría todo su dinero a su hijo mayor. Él era un militar, y uno muy poderoso y carismático. Annabelle quería una forma de impresionar a su padre y dejar los méritos de su hermano por el suelo.

— Fue por eso que ella usó la magia. Ella quería su poder. — intervino Adrien.

— Exacto— asintió Fuu — pero ella no calculó que el precio de lo que pedía era muy alto, y liberó una gran cantidad de espíritus en el bosque. Abrió una puerta que nunca debería ser abierta, y creo un gran desbalance en la línea que separa el de las hadas y el nuestro.

— ¿Qué pasó con su familia? ¿y con ella? — preguntó Marinette. Fuu dejó salir un largo y cansado suspiro.

— Nadie es capaz de salir de aquel mundo con vida. Una vez se entra allí, no se pertenece más aquí, se necesitaría que algo terrible sucediera para poder salir, y ni siquiera sería lo mismo. Su familia fueron víctimas de la mala decisión de Annabelle.

— Maestro Fuu— comenzó Adrien quien ya le había recitado su parte de la historia — creo que papá quiere abrir esta puerta nuevamente.

— Lo dudo— respondió Fuu — la suprema hada de este bosque sólo confiaría en una mujer para hacerlo. Ella solo permite hacer el hechizo durante la primavera, cuando la naturaleza está viva. Además, la puerta ya ha sido abierta, es por eso que su busque está corrupto.

— ¿Qué? — preguntó Adrien— ¿cree que mamá abrió esa puerta? — preguntó Adrien.

— Es posible — asintió Fuu.

— Mamá nunca podría hacer algo como eso— dijo Adrien — debe ser un error.

— Alguien cerca al bosque ha debido abrirla, y la única mujer que ha desaparecido en aquella área es tu madre, no puedo pensar en alguien más.

Marinette guardó silencio, pero compartió una breve mirada con Fuu. Era obvio que él esperaba que ella cerrara esa puerta, el problema es que no tenía la menor idea de como hacerlo. Adrien seguía muy descompuesto por la acusación de Fuu. Él había pasado tanto tiempo imaginando a su madre como un ser perfecto, que pensar que ella hubiera abierto la puerta era inconcebible, así hubiera sido un accidente.

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Adrien y Marinette se marcharon en la carreta de Fuu, la cual prometieron dejar en el parque frente a la casa de Félix para que él pasara a recogerla. Pero, esto no fue lo único que el anciano les dio. Los tres tenían la suposición de que Gabriel Agreste tenía un leve conocimiento de lo que estaba sucediendo, y su interés en la historia de la dama de la puerta se debía a que le daría una forma de resolver el error que cometió su esposa.

— Tiene lógica. Es por esa razón que papá no quiere pasar tiempo en casa. Él teme las consecuencias de lo que hizo mamá — dijo Adrien tristemente.

— Adrien— empezó Marinette con la intención de consolarlo.

— Pero, esto no cambia nada — dijo Adrien con una especie de firmeza en su voz que Marinette nunca había escuchado.

— Marinette— comenzó él, deteniendo la carreta y volteando su atención hacía ella- si tu me aceptas, los dos nos marcharemos juntos. Papá no me quiere, nunca lo hizo, si lo hiciera jamás me hubiera abandonado, no importa que tan grave hubiera sido lo que mamá hizo.

— No digas eso— empezó Marinette quien sabía cuán lastimado se encontraba Adrien. Ella trató de tomar sus manos entre las suyas, pero Adrien fue más rápido y la tomó la iniciativa. Él la besó firmemente, y por primera vez, Marinette no sintió ninguna duda en su gesto. Algo había cambiado en el transcurso de aquellos días.

— Solucionaremos este desastre cuando llegue la primavera y después nos marcharemos, juntos— dijo Adrien — mientras tanto, debes vivir con Félix.

— Adrien…— suspiró Marinette.

— Yo hablaré con él. Si él quiere dinero, yo se lo daré, sé que llegaremos a un acuerdo— dijo Adrien.

Marinette y Adrien se detuvieron en frente del parque junto a la antigua panadería. Marinette se la enseñó a Adrien.

— Debió haber sido muy hermosa— dijo él.

— Lo era.

— Marinette — comenzó Adrien tomándole la mano— por favor, espérame. Te prometo que todo estará bien- dijo él quien le besó el dorso de su mano.

— Yo confío en ti, Adrien— respondió Marinette mientras sentía la tibia luz del sol sobre su cabeza.


Hola a todos. Este capitulo salió relativamente corto para lo que yo estoy acostumbrada. Mañana tengo algo muy importante, así que estoy muy nerviosa, necesitaba publicar algo para relajarme, espero que les agrade, adiós.

RESPUESTA A LOS REVIEWS

Sonrais777: Hola, jajaja la verdad es que esa era la idea, el Adrien de este fic es el colmo, monta en cólera por todo y no hace nada cuando se necesita, por eso tengo que ponerlo a sufrir un poquito, jajajaja. Espero que te gustara, gracias por comentar :D

MajoPatashify: Hola, gracias por el comentario, lamento mucho la demora TT_TT lo siento, gracias por comentar, y por emocionarte por la historia, gracias.

Hina- edith: Gracias por leer y por comentar, yo entiendo lo que se siente emocionarse con una historia, yo también me emociono mucho con unas historias, gracias por decir eso.

Frany H.Q. : jajajaja Adrien no es tan inocente, te lo aseguro. Mheee yo creo que con todos esos chats y ladybugs Tikki Plagg no asombran ya por nada. Siii últimamente no sé, no he puesto raiting M, y reconozco que hace falta, aunque tengo que admitir que yo también tengo ganas de escribir algo como eso.

Respecto a Gabriel, tienes razón, este es uno de los fics en los que más malo lo he escrito, pero creo que en la serie va a terminar siendo no tan malo, pero, por su puesto este es el mundo del fanfiction, yo tengo derecho a soñar, tengo que admitir que tu historia de barba azul está muy buena, esa idea podría dar origen a un fic muy bueno. No te voy a decir que es o que tiene pensado, pero estoy segura de que con este capitulo podrás hacer un par de teorías más. Me encanta leer sus teorías.

La idea con Félix era ponerlo como alguien bueno, pero que es muy diferente a Marinette. La verdad es que he leído a Félix tan malo pero tan malo, que esta vez no quería hacerlo así, pero si que creara mucho drama. Sí, lo de Félix y Marinette viviendo juntos lo pensé, a riesgo de spoiler, porque es spoiler, Gabriel lo ve como un mal necesario. Claro que es escandaloso pero es preferible a arriesgarse a que Adrien la deje embarazada, pero eso saldrá más adelante ( Ugghhh espero que nadie lea esta respuesta, porque spoiler, lo siento)

Albasky: Hola, nonononono no pienses que yo no quería a Adrien de la Bella Durmiente, ese Adrien era mil veces más inteligente que este, supongo que porque ese era mayor y algo más sabio, pero este Adrien es el colmo, por eso me veo en la forzosa situación de ponerlo a sufrir, jajajajajajaja. Siiii cuando escribí la escena del libro pensé en Jackesadit me muero por ver como reaccionan a este capitulo jejejeje, gracias por comentar.

Agatha2391 : oh, gracias por comentar, la verdad es que tu comentario me ha puesto muy feliz, gracias.