Disclaimer: los personajes que menciono de Rouroni Kenshin no me pertenecen sino a Nobuhiro Watsuki, este fic fue escrito por diversión, así que no me demanden.

Agradezco mucho los comentarios de: Stela(cruel...,veamos hasta donde llega el señor de los hielitos), lunascorpio(mil gracias, seguiremos entonces con Tsunan... ^_^), Prinsesa(n_n) y Edison Ruiz .

Nos seguimos leyendo


Kitsune

IX


Tsunan, que se ha quedado horas extra haciendo la nueva versión de una escena de acuerdo a los trazos del mangaka con el que trabaja. Probablemente se ha olvidado de la hora, de comer y beber, lo que importa es que la escena lo más perfecta posible. Tsunan Tsukioka desea alcanzar la perfección, aunque el trabajo que desarrolla no sea suyo.

Sueña con llevar a cabo su proyecto, mientras plasma sueños, deseos y anhelos y de otros, hasta que pueda tener la oportunidad de mostrar lo suyo. Mientras tanto debe de ser paciente, trabajar mucho y esperar.

La tonada de una película de finales de los 90 lo despierta, siente adolorido el cuello y un brazo. Cuando termina de timbrar reconoce el número de Sano, pasa de media noche. Llama a su amigo que le pregunta dónde se encuentra, él le responde que se quedó terminando un encargo, dice que recuerde que tiene clase en unas horas. Se levanta. Observa el dibujo. No está nada mal, ya está seco y con suerte será una de las portadillas más memorables del manga.

Se estira, casi no se escuchan ruidos fuera, es un día de labores y la vida nocturna no es tan intensa como en los fines de semana. Cierra la oficina, pone las alarmas, en el expendedor de la entrada compra una lata de café. Necesita estar despierto, el último camión pasa en unos minutos y lo peor que puede pasarle es quedarse dormido y despertar al otro extremo de la ciudad.

Sabe que llegando a casa, sano estará en el quinto sueño y habrá una nota que dice que su cena está en el refrigerador. No se atreve a decirle que más de dos semanas de comida en el Akabeko le tienen harto. Pero es parte de ese extraño pacto de silencio con su vecina, que hace días no ven, porque está en grabaciones.

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No basta con que llegues tus límites, debes esforzarte para hacer un movimiento perfecto, había dicho Aoshi hace unos días y desde ese entonces Misao terminaba exhausta después de los entrenamientos, tanto que solo acertaba a tomar una ducha y quedarse dormida. Salía corriendo con una tostada en la boca apenas si a tiempo para llegar a clases, en los últimos días casi no había visto a Kaoru.

Nadie más que Hannya sabía que una noche después de uno de los entrenamientos, sus piernas no habían aguantado más y se había desplomado antes de llegar a su habitación. No hizo drama, no se quejó, solo cerró los ojos y esperó un poco antes de recuperar sus fuerzas para llegar a su futón.

Kaoru estaba preocupada, Misao se veía cansada en los descansos y esa chispa que la caracterizaba parecía apagarse por momentos. Ella no entendía que podía hacer que resultara tan cansado. Imaginaba que tal vez la ponían a ayudar en casa, había escuchado que era temporada alta en el Aoyia, o que la práctica de la ceremonia del té se había hecho más severa, se había enterado de un maestro que ataban las piernas de sus alumnos con rollos de tela para que los movimientos fueran precisos y perfectos. No, debía tratarse de algo más, pero en realidad poco sabía que pasaba más allá de la fachada del Aoyia.

Decidió darse una vuelta un día de esos con la excusa de llevar un libro que había olvidado la chica de ojos verdes. Cuando llegó al restaurante Okon la reconoció y la invitó a pasar, le dijo que de momento su amiga estaba ocupada, que era cosa de su abuelo, se acercaba un día importante y Misao debía de estar lista, que con gusto le daría el libro. Kaoru se marchó decepcionada, preguntándose qué clase de familia era la de Misao.

En esos momentos Misao practica, su mayor deseo es demostrar que es apta para que le asignen una misión, por pequeña que sea, desea demostrar que puede hacerlo, que puede perfeccionar sus habilidades, pero sobre todas las cosas desea un gesto de aprobación, por pequeño que sea del inexpresivo Aoshi, que cada día le exige más.

Aoshi sabe que está siendo duro con ella, pero sase dice que Misao lo necesita. En cualquier momento puede llegar cualquiera de los "invitados y como aún no confirman las intenciones debe estar preparada para todo. Mientras ella practica sus lanzamientos el revisa disimuladamente en su teléfono las instrucciones de Miburo. Los otros se mueven, cualquier día de estos pueden salir de las sombras. Solo es cuestión de tiempo.

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Megumi esperaba que terminaran de maquillarla, las escenas de los exteriores en los jardines se habían rodado al empezar la semana, seguirían los del hospital y posteriormente se dirigirían al los sets que habían recreado habitaciones de la era Meiji.

El proyecto parecía marchar, con uno que otro contratiempo. El director era un viejo conocido que desde hace tiempo había querido trabajar con ella y ella estaba encantada de formar parte del proyecto. La adaptación del texto le parecía bastante apegada al original, el protagonista era bastante amable, la a mayor parte del elenco no lo conocía más que a dos o tres actores con los que había trabajado antes. En definitiva, unos años después todo era distinto, o al menos eso parecía.

Mientras leía los guiones de las siguientes escenas pensaba que interpretar a Mineko no era solo un gran honor, también era una forma de crear nuevos recuerdos de una historia que amaba y al mismo tiempo le traía tantos recuerdos impregnados de alegría, placer y dolor.

Recordaba aquella tarde en esa casa de las afueras, se había llevado varios guiones para leer mientras esperaba. Había dejado de lado los que se parecían a Kitsune, no quería que la encasillaran en ese personaje, pero por lo visto su agente no le conseguía más que guiones parecidos, necesitaba un reto. Tomó el primer libro que estaba al alcance de su mano, lo abrió en una página al azar y se sumergió en la lectura. no se dio cuenta cuando llegó hasta que sitió su aliento en la nuca.

- ¿cariño?

- ¡el protagonista es un idiota!

- ¡no me digas!

- ¡endeudarse por culpa de un derrochador y hacerla sufrir tanto! – dijo dejando que la bata que la cubría se deslizara suavemente por su hombro-

- Meg-chan…

- ¿sí? – dijo con una mirada inocente

- me estás haciendo sufrir

Ella deja el libro de lado y jala de su corbata para atraerlo a su lado. Ella no se dio cuenta de que dejaba caer su portafolios, solo pensaba en atraerlo y abandonarse a sus caricias. El batín se deslizó dejando ver su piel clara, los botones de la camisa se abrieron en un santiamén, la corbata terminó en el suelo, sus manos se apresuraron en despojar a su amante de cierres y trusas, mientras sus dedos buscaban acelerar la proximidad de su piel.

Una indicación de la maquillista la trajo de vuelta. Debía concentrarse en la siguiente escena. Le gustaba el papel de Mineko, por momentos la entendía, pero en otros le irritaba, pero así era el personaje. Se miró de reojo en el espejo, pronto filmarían más escenas donde interactuaba con los amigos y conocidos del protagonista. Debía ser coqueta, amante del arte, aparentemente más libre que las otras chicas, siempre a un paso de ir más allá de lo debido, pero nada más, porque la pequeña Mineko no podía olvidar que la sombra de su hermano vigilaba sus pasos.

Su agente entró muy contento y le dejó un ramo de floresde tallo largo, espinas anchas. Deja que uno de sus dedos busquen rápidamente la tarjeta.

Para la más bella entre las bellas.

No hay remitente. Debía agradecer el obsequio, pero no puede adivinar si el que las ha enviado es amigo o enemigo. Después de lo que ha pasado en semanas anteriores no se decide si dejarlas o enviarlas al cesto de la basura. Una de las maquillistas se adelanta y las pone en un jarrón. Se lleva la tarjeta a la nariz y alcanza a distinguir un aroma a maderas. Se pregunta quién será en esta ocasión, al menos tiene una caligrafía hermosa, tal vez, un hombre maduro chapado a la antigua.

Se sobresalta. Sacude su cabeza y su mirada se refleja. Se ha transformado una vez más en Mineko y debe apresurarse, se aproximaba la hora de que volviera a escena. Lo que más deseaba Megumi es deshacerse del espectro de Kitsune. Se da cuenta de que su agente lleva un rato hablándole cuando menciona algo de una fiesta del elenco. Ella solo acierta a murmurar algo de un vestido , antes de que las encargadas de vestuario entren a hacer su trabajo.

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Kaoru desearía que el pelirrojo no se la pasara disculpándose cada que la ve . Desearía que Himura la viera con otros ojos, no como a una escolar más que va al café de moda, sino como a una mujer, pero por lo visto eso es imposible. Y ahora que Misao casi no está con ella se aburre, así que hace su pedido de siempre, se pone sus audífonos blancos y se concentra en su tarea mientras escucha un cover de Keane e inconscientemente muerde su lapicero.

Himura se esmera por ofrecerle sus mejores creaciones cada que ella aparece por el café, pero por lo visto eso solo le ha traído problemas a Kaoru, pero ninguno se da cuenta. El no sabe que su club de fans la trae en la mira y la tienen etiquetada como la enemiga número. Han creado un anti-club en línea y se encargarían de hacerle la vida miserable si no fuera campeona nacional de kendo. Pero ya hallaran la forma. Desearían que Himura dejara de enviarle sus mejores creaciones y se comportara como un esclavo ante una princesa feudal, cada que se quejan Kamatari se limita a hacer un gesto despectivo hacia la kendoka.

Lo que nadie sabe es que Himura desearía revivir a su amada de las cenizas; está tan encerrado en sí mismo que en los últimos tiempos las cosas han empezado a cambiar, él aún no se ha dado cuenta, pero una persona más empieza a infiltrarse lentamente en su vida, mientras una parte de él se aferra a un pasado oscuro, como un pozo en una noche sin luna.

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El periodo de exámenes de Sano ha pasado, fue una semana del demonio llena de trabajos, ensayos y exposiciones, el equipo sigue entrenando y él sigue en la banca. Si, lo dejan entrenar con el resto del grupo, pero el entrenador no está muy seguro de enviarlo al campeonato. Es uno de esos días en que Sano desearía no haber conocido a su insufrible vecina, pero que se le va a hacer. El daño está hecho.

Solo espera que sus notas sean lo suficiente buenas para poder seguir el siguiente semestre, pues su puesto y por supuesto su beca peligran. En el trabajo se enmascara bajo una fachada amable, no quiere problemas con Hiko. Necesita el dinero para pagar la renta, los alimentos, la luz… no puede darse el lujo de estar de malas, para eso están los entrenamientos, aunque en estos días no le sirvan de nada.

Las campanillas de la puerta suenan. Su jefe se acerca solícito un murmullo recorre la sala, el uniforme de las tres desconocidas que ingresan al café es el de una famosa universidad de señoritas Sta. Magdalia. Sano está a punto de volver a la cocina cuando una de las chicas le llama la atención. Pálida, de aspecto delicado, sus ojos observan rápidamente el lugar, sus amigas lo aprueban, lleva una cruz en el cuello, las tres llevan carteras parecidas, los murmullos continúan, la chica castaña sonríe al reconocerlo. Él le obsequia su mejor sonrisa haciendo que más de una muriera de envidia.

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Cae la noche. Sanosuke tiene pintado en su brazo el número de la chica de Sta. Magdalia. No esperaba verla en ese sitio, cambió de mesa con uno de sus compañeros para poder saludarla. Sayo no dijo mucho, sus amigas bromearon, dijeron que estaban en un viaje escolar y se habían escapado después de las actividades. Querían conocer en persona el café de los chicos de Il Leone di Damasco. Bromearon y la más atrevida escribió el correo de la herma a del ex de su vecina en su antebrazo. Además tiene tarjetas de presentación de las 3. Sonríe. La primera vez que la vio no se había dado cuenta de lo guapa que era Sayo.

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Megumi entra en el sitio de la reunión. Se supone que la reunión es para que el elenco conviva y se relajen un poco. Ha unas chicas que están en el karaoke interpretando canciones de moda, los mayores los ven desde las mesas. Ella sonríe, va directo a la barra, pero alguien se le adelanta. Los productores dicen que están contentos para su trabajo y que les gustaría contar con su ayuda en otro proyecto.

Se la llevan a la mesa donde platican como viejos amigos, se entera de las novedades, de algunos problemas con el set, algunos detalles del guión. Parece una velada agradable, se hacen fotografías, alguien más se une a la reunión. A primera vista le resulta familiar, pero no sabe de dónde, su cabello y su porte es llamativo, su fisonomía le es familiar, pero no termina de recordar de dónde lo conoce.

Parece cansado. Le dicen que es uno de los productores. Lo presentan como Yukishiro E. ella trata de ocultar su sorpresa, jamás lo habría reconocido, hacía un papel pequeño en Kitsune , quien diría que años después se encentrarían así. Se entera que se hizo famoso después de hacer películas de artes marciales en China, muchas otras en Boollywood, que le permitieron fundar su compañía productora, regresa a casa como el hijo prodigo, primero colaborando con este proyecto y quizá más adelante en algo más.

Megumi brinda por él. La música sigue, la noche avanza. Algunos se retira, otros siguen en la diversión, éntrela pista de baile y las mesas. El chico de cabellos blancos la saca a bailar una canción tras otra. El susurra a su oído, ella sonríe, salen del lugar a un sitio más tranquilo.

Son las dos de la madrugada afuera hace frío, ella lleva un vestido color negro de corte clásico. Enishi le pasa su saco por los hombros mientras comparten un cigarro y hablan del pasado, sorprendidos de encontrarse de nuevo, en estas circunstancias. La fiesta sigue adentro, de pronto él le pregunta si le gustaron sus rosas, ella responde con una sonrisa.

A varios kilómetros de ahí, después de dudarlo mucho Sanosuke ingresa a su lista de contactos a Sayo. Está tan cansado que solo checa algunos de sus correos, no llega a enterarse que del otro lado una chica espera ver su nombre entre sus conocidos desde el día del funeral. No tiene idea de que ella sueña con él, que poco a poco ha ido tejiendo una vida imaginaria juntos. Donde ella es la heroína que lo aparta de la malvada ex de su hermano, que arrepentida pide perdón, se celebra la anhelada boda y todos forman parte de una bonita familia.

A kilómetros de ahí Megumi estornuda. Enishi sugiere llevarla de vuelta a la fiesta, pero ella niega, dice que está cansada y que aunque al día siguiente no tiene llamado quiere descansar un poco. Su acompañante le ofrece llevarla hasta el sitio donde se hospedan, la chica observa los automóviles, no ve el de su agente, no quiere imaginar dónde se habrá metido, así que acepta.

Tsunan duerme a pierna suelta, sueña en como continuará su obra. Sueña con la viuda del espadachín, viviendo en un hermoso localizado palacio en el corazón de una montaña, donde no permite que ningún varón la atienda. La viste con los mejores de la seda más fina, le obsequia joyas de todos los reinos conocidos y la visita noche tras noche. Pero ella se comporta más fría que un tempano de hielo. Lejos, el joven aprendiz emprende en secreto un viaje que pretende vengar la muerte de su maestro acompañado de su mejor amigo, un individuo experto en plantas medicinales y un chiquillo latoso que busca vengar a su padre.

La noche reina, un grupo de hombres se aproxima al Aoyia. llevan días vigilando, tienen un mapa del lugar y al lugar que tienen que ir. de acuerdo con la consigna habrá un solo rehén, todo el que se ponga en su camino debe morir. Uno a uno entran pensando que es solo una guarida de ratones, pero no tienen idea de lo que les aguarda , tanto que desearían jamás haber emprendido esa misión.


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