Un beso frío recorrió su cuello, haciéndole gemir por lo bajo. A su mente vino la imagen de Ciel con sus enormes ojos azules y ese cuerpo que tanto le gustaba. Sin embargo, por primera vez, agradeció el hecho de ser tan simplón cuando se trataba de caricias pues, cuando abrió los ojos, se encontró con la realidad. Ya no estaba en Le Rouge y quien le besaba no era Ciel, sino Geneviere.

-Hace muchos días que no lo hacemos. - Susurró ella, sentándose sobre el regazo del moreno.

Sebastián sonrio ocultando su completa desnudez con la sábana, guardando la carcajada que se desataba en su interior al imaginar el escándalo que se le habría armado de haber dicho esa sencilla palabra. Ciel.

-Lo sé. Es que quería guardarlo para el día de la boda. - Respondió, sonriendo lascivamente mientras levantaba su camisón ligeramente y con sus dedos movía hacia un lado la parte de su ropa interior que cubría su sexo. -Pero... podríamos adelantar ese momento para hoy.

La verdad es que el cuerpo de Geneviere siempre había sido motivo para despertar la pasión de Sebastián. No obstante, la duda había surgido. Después de tantas veces de tener sexo con el ojiazul, ¿aún querría algo con ella?

Su cuerpo parecia responder mejor a eso que sus propios pensamientos pues, antes que pudiera darse cuenta, se hayaba frotando su miembro desnudo contra la humedad de su futura esposa. La chica comenzo a gemir suavemente. Tomó su cabello con sus manos y lo lanzó sobre su hombro derecho para luego inclinarse y besar a Sebastián.

-Seb... Mmm... - El miembro del moreno estaba completamente erecto y ella no quería desaprovecharlo.

Sebastian le sacó el camisón y comenzó a acariciar sus pechos. - ¿Quieres cabalgar? - Ella le guiñó un ojo y él sonrió. - Entonces tienes que montarte.

Geneviere entendió lo que su prometido quería. Levantó su trasero ligeramente, solo para volver a sentarse pero, asegurandose que el miembro de Sebastian le penetrara. - Ahh... - Jadeó, al sentir su masculinidad dentro de ella.

El moreno la sujetó de las caderas y cerró los ojos, ayudándola a moverse. Arriba y abajo. - Ahh... Ahh... - Jadeaba, mientras profanaba aquel cálido interior. Ella arqueó la espalda y comenzó a mover las caderas con más rapidez, provocando un sonido errático causado por los testículos del moreno que chocaban contra su trasero mientras ella se movía.

-¡Eso! ¡Sigue! - Exclamó el moreno, propinándole una nalgada para que la chica se moviera con mas rapidez. Sus pechos moviéndose en sincronía con su cuerpo.

Unos cuantos movimientos más y Sebastián no pudo soportarlo, tampoco ella cuando sintió la esencia del moreno en su interior.

-Sigues siendo tan bueno como lo recordaba. - Dijo, recostándose a su lado y besándole la mejilla.

-Solo porque tu sigues siendo igual de habilidosa al seducirme. - Respondió.

Geneviere se enfocoó por un instante en aquellos ojos borgoña que le encantaban pero, de repente, su vista rodó hacia abajo. Su sonrisa se esfumó por completo y tal como el moreno lo había previsto desde hace unos días, la reacción fue exactamente la que él había imaginado. - ¿Otra vez?

Sebastián sostuvo su mano. - Por favor... Déjame explicarte... He estado muy estresado y no pude resistirme...

Ella quitó su mano y arrugó el rostro, pensando por un momento lo que tenía que decir para hacer entender a Sebastián. - No entiendo por qué no comprendes que tener ese hábito te hace ser un perdedor. ¿Qué sucede contigo, Sebastián? ¿El resto de tu vida vas a lamentarte porque "mami" no estuvo para ti cuando tenías doce años?

El moreno no le respondió. Los ojos se le pusieron ligeramente rojos y solamente miró hacia abajo. - ¿Qué sucedió con esos días cuando me decías que todo podíamos superarlo juntos?

Ella bufó por lo bajo. - Esos días continúan. Pero, pronto formaremos una familia. No quiero nuestros hijos tengan un padre del que se avergüencen.

-¿Se avergüencen? ¿Te parece que van a avergonzarse de mí solo por eso? -Esta vez su tono fue más autoritario. - Voy a darles amor, voy a darles todo lo que necesiten.

-¿Y el ejemplo? ¿Qué voy a decirles cuando su miren que su padre tiene los brazos llenos de marcas o que se inyecta él mismo? - Se levantó de la cama y se paró al lado del moreno.

-Vas a decirles la verdad. Y ellos, como mi familia deberían apoyarme al igual que tú... - No pudo continuar porque en ese instante le vino un mareo extraño. Presionó dos dedos contra una de sus sienes y cerró los ojos.

Geneviere le observó y solo masculló. - Drogadicto de mierda.

Sebastián, en un momento de ira, la tomó por el brazo y apretó su muñeca. - Pues todavía estas a tiempo de casarte con alguien igual de perfecto que tú. Así que piénsalo. - La soltó con brusquedad, provocando que cayera sentada en la cama.

Arrojó la sabana a su lado y se levantó, decidido a ducharse y marcharse lo más pronto posible a su clínica. Lo necesitaba.

Entró al cuarto de baño y azotó la puerta al cerrarla. Geneviere puso los ojos en blanco y simplemente evitó ponerle atencion a Sebastián.

Y en el baño, Sebastián decidió llamar a Grey. El albino todavía necesitaba apoyo en su grupo del hospital y Sebastián consideraba que podría crear una mentira sobre el hecho de "tener que pasar las noches en Buffalo" y, quizás, regresar de vez en cuando para ver a Ciel.

Era verdad aquello que se puede pensar mejor cuando se está en la ducha pues cuando salió de ella estaba decidido. Tomó una toalla, la enrolló alrededor de su cintura y salió caminando con los pies mojados sobre la alfombra. Tomó su teléfono celular. Geneviere le observó desde la cama. - ¿A quién llamas? - Preguntó, pero Sebastián no le dio una respuesta. Por el contrario, continuó caminando hacia la sala, sosteniendo el aparato contra su oído.

Genevere se levantó con la sábana enrollada alrededor del cuerpo y se acercó a la puerta.

-Charles, ¿cómo vas? - Saludó el moreno al aparato.

"¡Hola, Sebastián!" Respondió Grey alegremente. "Y mira que no morirás porque estaba por llamarte."

-¿Ah sí? ¿Y eso por qué? - Sebastián no prosiguió porque era mejor escuchar primero la propuesta de su amigo.

"Bueno, tengo un paciente que dice haber escuchado de ti y tus terapias. En fin, quiere recibir el tratamiento contigo. Y eso ya es una gran ayuda, tu lo sabes."

-Lo... Lo es. Y en estos días no tengo demasiadas citas asi que podría llegar unos días a Buffalo para ver a ese chico. - Añadió, al ver de reojo que Geneviere estaba observándolo desde el umbral de la habitación.

"¿Crees que podrías venir en esta semana?" Preguntó Grey.

-Seguro. Hoy mismo iré a resolver lo que tenga pendiente en la clínica y luego partiré para el hospital.

"Te lo agradezco en verdad, Sebastián."

-No tienes porque hacerlo. Nos vemos.

Ambos se despidieron y la chica con sus bucles rubios se acerco a el cuando termino de conversar. - ¿Te vas a ir? - Sebastián no sabía interpretar a perfección los sentimientos detrás de esas palabras. ¿Será que a "Gen" le dolía el que se marchara por unos días o era alivio?

-Sí, iré a visitar a Grey. - Afirmó él, sonriendo falsamente pero, sonriendo al fin y al cabo.

-Ya veo. ¿Será por muchos días? - Ahora parecía arrepentida de la forma en que le hablaba.

-Una semana a lo sumo.

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En un par de horas estaba puesto al camino. Se sentía sumamente relajado, como si se hubiera quitado un peso de encima con el que llevaba demasiado tiempo cargando. No obstante, su distracción inmediata fue recordar lo que Claude había llegado a contarle tan impacientemente el otro día.

"¿Así que quieres consultarme como psicólogo?" Había preguntado, sonriendo al principio, creyendo que el otro le tomaba por tonto.

"Sí. Es lo que te decía. Me atormenta demasiado el no saber qué sucedió con alguien…"

"¿Estabas enamorado de esa chica?" Sebastián lo intuyó al ver el tipo de preocupación que embargaba a su amigo.

"En realidad era un chico." Claude se mordió la mejilla desde el interior de la boca, quizás no sabiendo como continuar. "Soy bisexual. Ninguno de ustedes lo sabe porque siempre he sido demasiado cuidadoso. Incluso… el día de tu despedida, ¿recuerdas? Me fui con una chica…"

"Es cierto. Una chica trigueña, si mal no recuerdo." Aseguró el moreno, tomando más atención en el asunto.

"Bueno, cuando íbamos camino a la habitación me llamó la atención un chico de ojos azules que salía del cuarto de la par del nuestro y…" Suspiró. "La dejé a ella y me fui con él."

Y Sebastián sintió deseos de partirle la cara. ¡Era Ciel! ¡Su Ciel! Aunque sabía que nada podía reclamar porqueel chico le pertenecía a cualquiera, sintió un dolor en el pecho. "¿Y te acostaste con él?" Reunió toda la buena intención que le quedaba para continuar.

"Sí. Pero… Honestamente eso no es lo importante. Lo verdaderamente importante para mí es encontrar a Alois." Claude apretó los puños y eso dejo ver al psicólogo la impotencia que su amigo sentía sobre el hecho.

"¿Quién es Alois, Claude?" Le miró con interés.

Claude sonrió ligeramente, quizás picaresco se podría decir. "Alois Trancy es el amante más sensual con el que puedes soñar. Impetuoso a morir pero, no menos deseable por eso." Tomó aire. Sebastián le hizo un gesto con la mano para que continuara. "Lo conocí el día en que su madre llegó con él a mi despacho. La mujer no estaba segura de continuar sosteniendo el matrimonio con su marido y quería asegurarse de recibir el dinero y las propiedades que le correspondían al momento de la partición de bienes. Alois estaba y no estaba ahí porque a ratos le veía prestar atención a todo lo que se hablaba. No obstante, cuando creía que interrumpiría se detenía, bajaba la mirada hacia el móvil que tenía en las manos y se desentendía del asunto por completo.

Le indiqué a su… madre todo lo que debía hacer y luego, pasé la factura por mis servicios. Nada especial. "

"¿Cómo fue que le volviste a ver?"

"Me lo encontré frente al edificio unos días después. Me recuerdo que me abordó con un 'Observé como me veías el otro día.' Y yo nervioso le respondí que no sabía de qué me hablaba. Él se echó a reír. '¿No te gustaría tomar un café conmigo y seguir viéndome así?´

Yo nunca me resistí. El jamás preguntó mucho. Es más, actuaba como si me conociera de hace mucho y eso me fascinaba. Siempre tan confiado, tan seguro de sí mismo y yo que toda la vida he sido lo contrario. Las tardes en su cama amando su cuerpo, jugueteando con su cabello rubio, comenzaron como un error para luego volverse algo que quería hacer a diario. Su exquisito cuerpo de dieciséis años me dio placeres que no había encontrado en ninguna mujer y… también me dio el amor que no pude tener antes."

"¿Y después de eso desapareció? Supongo que habrá cambiado de parecer. Ya sabes, los adolescentes…"

"No. No. En ningún momento desapareció por su voluntad. A él le gustaba que nos filmáramos haciendo el amor." Claude mentalmente saboreó el decir eso y a Sebastián le dio ligera envidia por no poder decir lo mismo de Ciel. "Sus padres descubrieron uno de los videos en la cámara y… no volví a saber de él después de esa noche en la que me llamó llorando, diciendo que no sabía qué sucedería con él. Yo le ofrecí ir a traerlo y que nos escondiéramos en alguna parte pero Alois me alejó con un 'no sabes cómo son ellos'." Finalizó con fingida simplicidad, aunque se notaba la tristeza del otro.

Sebastián se había quedado pensativo en ese momento y hasta hoy, no imaginaba lo que sería de él si un día Geneviere o Ciel desaparecieran. ¿Geneviere o Ciel? Uh. A veces se preocupaba de su estado mental. ¿Es qué acaso estaba enamorado de los dos?

Antes que pudiera responderse a la pregunta incómoda se dio cuenta que ya había llegado a su destino. El Hospital Mental de Buffalo. Bufó por lo bajo, estacionándose para luego bajar del auto. La última vez que estuvo en ese lugar no fue para nada bueno.

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Ciel se levantó de la cama y bostezó. Era una suerte que James Parker se encontrara en el baño o tal vez se habría molestado por su actitud, claro que Ciel podría siempre decir que eran sus talentos como amante los que le agotaban.

James salió del baño en ese momento. Tenía las mangas enrolladas hasta el codo y el chaleco a medio abotonar.- Ciel eres exquisito. Creo que tendré que estar contigo más seguido.

-Puede tener a quien quiera. No entiendo por qué me habría de querer a mí. – Respondió vagamente.

-Porque eres mejor que nadie. – Susurró, tomando su barbilla.

Al ojiazul no le gustó aquello último. Sobre todo porque James salió de la habitación de inmediato y aunque el menor intentó indagar a qué se debía esa repentina actitud no tuvo tiempo.

Ciel corrió detrás de él, abrochándose los pantalones como podía y con la camisa abierta. Parker había entrado en la recepción de Madame Red y seguramente la pelirroja le castigaría por lo que fuera que el hombre iba a decirle.

Sin embargo, sus pasos se detuvieron y un escalofrío recorrió su cuerpo cuando escuchó las palabras del hombre a su tía.

"Quiero comprar a Ciel."