ES MI PROMESA
Capitulo 9: Réquiem
Por Okashira Janet
Hinata respiró, lo hizo hondamente, el día anterior se había ido un poco con el sake, de cualquier manera cualquiera que no estuviera acostumbrado a tomar se pondría mal con un par de copas, vagamente recordaba haberse acostado en la cama con Suigetsu a su lado cantando la canción de una araña que tejía su telaraña.
—¿Estas lista? —El perro estaba suelto y la miraba sonriendo, con esa sonrisa de colmillos atrevidos y ojos muy rojos.
—Lo estoy. —No había dudas en ella, no cuando había llegado a ese punto. El perro movió ampliamente su cola, era verdaderamente aterrorizador, pero de alguna manera había dejado de temerle, él era solo una manera de encontrar un fin.
—Parece que quieres preguntar algo. —Para ser un animal tenía una malvada sonrisa demasiado humana.
—¿Eres mi Byakugan? —Se lo había estado preguntando desde la primera vez que lo había visto.
—No, —el perro pareció divertido—, no en realidad.
—¿Entonces?
—Soy tu venganza y tu destino. —Titubeante adelantó dos pasos.
—¿Qué pasara?
—Lo sabes, —la oscuridad fue tragándosela dejando sólo el resplandor de aquellos ojos rojos en el aire—, tú lo sabes.
Aquel había sido probablemente el último sueño de su vida, era bastante propio de ella tener un último y perturbador sueño antes de morir. Sus dedos se movieron en el aire en busca de relajarse, apenas un pequeño consuelo para la tensión que sufría en ese momento su cuerpo.
El mañana había llegado, eran las siete de la tarde, el sol se acababa de meter dejando el mundo en una suave penumbra y el hombre que había estado esperando llegaría y entonces lo mataría, lo haría y luego moriría.
Suigetsu se había separado de ella hacía pocos minutos.
—"Voy por los guardias, ya vuelvo". —Ya que su fin no contemplaba el sobrevivir no había demasiadas cosas que pudieran salirle mal, la meta era fija. Aquella noche Hinata Hyuuga acabaría con el dragón que había segado la vida de su hermana.
Sintió que el pecho le subía y bajaba con intensidad y tuvo que obligarse a sí misma a regular su respiración, lo había logrado, el escenario jamás volvería a ser tan bueno como en ese momento, era su oportunidad, su momento, no lo desperdiciaría.
—Kiba-kun, Shino-kun, Neji-niisan, Naruto-kun… —Sus labios se apretaron con fuerza—. Gra-gracias. —Sintió que algo dentro de ella descansaba, aquel era el adiós definitivo y ya no habría más dudas. Su cuerpo se relajó de una manera que no había logrado en el pasado, como si se entregara por completo al combate, algo que le había sido imposible tiempo atrás.
El Byakugan se activó casi por inercia y lo vio venir, el hombre caminaba sin prisas por el jardín, su porte era sereno, su rostro era imperturbable, sus manos se ocultaban tras sus ropas samurai. Aquel hombre aparentemente tan sereno era el causante de su infierno personal, el amor atraía el odio, esa era la verdad, nunca había pensado que lograría odiar tanto a alguien…
—¿Qué haces ahí? —Ni siquiera giró a verla, simplemente detuvo su camino tensando un poco la espalda, Hinata ya había pensado que la descubriría, no se estaba escondiendo de cualquier modo.
—¿Qué cree que hago? —Sintió una extraña elegancia en el cuerpo cuando dejo el árbol tras el que se había mantenido hasta el momento.
—Ya te lo dije. —Lentamente el samurai giró hacía ella, Hinata se sorprendió un poco, era joven, no lo había notado antes o más bien no le había prestado atención, para ella él era apenas una mascara de dolor y furia—. No puedes vencerme.
—Puedo hacerlo. —Hinata apenas apretó un poco los puños.
—Tienes demasiado odio. —El rostro del hombre podía competir con el de un monje, tan pacifico en su parquedad—. No te deja ver con claridad.
—Al contrario, —Hinata adelantó un pie—. Es mi motor.
—Las emociones en una batalla…
—Lo sé. —Hinata tomó aire con fuerza, Shino solía repetírselos, "calma y serenidad", aquel era el lema con el que intentaban frenar siempre a Kiba, sabía que justo en esos instantes aplicaba bastante bien a ella misma—. Y como mi enemigo no debería aconsejarme.
—¿Enemigo? —Ambos se vieron fijamente, Hinata tuvo que hacer un esfuerzo, uno enorme.
—Usted mató a mi hermana.
—Era mi misión, —el samurai pareció lejanamente apesadumbrado—, mi deber.
—No me importa. —No debía titubear, no debía escucharlo.
—Ella era muy joven… —La recordaba, se lo decían esos ojos que por un instante giraron a ver a la luna.
—Hanabi-chan tenía mucho que vivir, ¡ella era un genio!, era fuerte, ella… ¡yo la amaba! —Sintió que su corazón clamaba por venganza en un remolino negro que la consumía.
—Lo lamento. —¿Cómo podía tener el descaro?, ¿cómo se atrevía después de hundirla en la miseria darle sus condolencias?—. ¿No has matado tú también a alguien por una misión?
—Sí. —Pero aquello ya no le importaba.
—Los samuráis siempre vivimos al margen, siempre buscando la paz, el equilibrio de este mundo. —El hombre miró nuevamente al cielo, Hinata entrecerró los ojos, sabía que ya no le quedaba más que odio por él.
—¿Qué tenía que ver Hanabi-chan con ese odio?
—Era hija del clan más importante de Konoha.
—¿Y eso qué?, —Hinata apretó los puños, sintió que la voz se le volvía pesada, como si los sentimientos se le desbordaran—, era una niña.
—Una niña cuya muerte podría traer la paz. —Y entonces lo entendió, la venda, el perro, su propio ojo, la sangre que escurría de los ojos de Hanabi durante el sueño.
—Voy a matarte. —Sus pies se movieron solos para colocarse en la técnica propia de su familia, respiró hondo para serenarse, el odio podría serle de ayuda sólo si lo domaba, el perro que reía en su interior era un animal salvaje que no obedecería a sus mandatos a menos que lo obligara.
—Mi nombre es Okisuke, —lentamente el samurai desenfundo su espada—, ¿cuál es el tuyo?
—Hinata. —Probablemente ya no era una Hyuuga, de cualquier manera su identidad se había perdido en algún momento. Sintió que algo eléctrico le recorría la punta de los dedos, seguramente era adrenalina, debía calmarse, debía recordar a Shino, sus palabras firmes recomendando serenidad.
—Eres una persona justa, —el samurai extendió su espada hacía ella en un gesto tanto ofensivo como de reconocimiento—, presentarse en un combate es una regla de cortesía hacía tu enemigo. —Ella lo sabía, que había cosas que no podría desechar, no podía simplemente hacer a un lado años de entrenamiento en las costumbres Hyuuga, no podía darle la espalda a sus modales ni a su modo de pelea, pero ya le había dado la espalda a la luz, lo demás no era importante.
—También es una cortesía ante la persona que estas por matar. —Su voz se estaba volviendo suave de nuevo, por alguna razón al serenarse regresaba a sus costumbres ordinarias, tomó aire con fuerza tratando de encontrar el punto intermedio en dónde el odio fuera su motor pero no le estorbara para ver con claridad la pelea.
—Hyuuga Hinata. —El samurai adelantó el brazo con la espada en alto, no parecía divertido, enojado ni preocupado, de hecho su rostro no mostraba nada más que una vaga sensación de pesar—. Este mundo tiene muchos matices.
—Al matar a mi hermana has despertado un odio que dormía. —El perro alzó la cabeza dentro de ella, estaba sonriendo divertido.
—Es inevitable, el amor atrae odio.
—Y yo la amaba demasiado. —Ambos se vieron fijamente, aquel fue el último reconocimiento que necesitaban para notar que la persona frente a ellos también era un humano, también tenía sentimientos, también tenía familia. Pero aquello se hacía a un lado ante la venganza.
—Lo lamento. —Eso fue lo último que él dijo, se arrojó hacía adelante con la espada despidiendo destellos azules, Hinata esta vez no se dejaría atrapar, colocó una mano en el suelo y giró su cuerpo de un ágil salto a la derecha cayendo de cuclillas, su ojo castaño cubrió rápidamente su flanco derecho, el Byakugan recorrió el área izquierda de manera más completa.
Apenas fue un segundo, pero brincó impulsándose con ambas piernas antes de que el la partiera en dos llegando desde su espalda.
—Has mejorado. —Por alguna razón era chocante que fuera precisamente él quien se lo dijera. Sus pies cayeron de manera grácil sobre el pasto después de dar una ligera voltereta en el aire, las personas que nunca habían visto pelear a un Hyuuga solían maravillarse ante una técnica que más bien parecía un sofisticado baile, aunque por lo mismo solían ser subestimados, Hinata rezó porque aquel fuera el caso.
No contestó nada ante el elogio de él, colocó las manos al frente concentrándose en la técnica que había desarrollado por años en la soledad, la técnica que sin saber precedería a su muerte. Delgados hilos de chakra se desprendieron de sus dedos, en el pasado podía verlos sin ningún problema, pero tener el Byakugan solo en el ojo izquierdo daba algo de problemas.
Él pareció percibir algo porque se puso en pose defensiva, Hinata se lanzó contra su costado izquierdo, si lograba tocar un solo punto importante…
—Te has precipitado. —Él susurró contra su oreja, apenas fue un segundo de dolor, Hinata sintió la espada atravesarle la pierna, pero aún así una pálida sonrisa se pintó en su rostro.
—Lo hicimos los dos. —Y Okisuke tuvo que apretar los labios para no dejar salir la sangre que retenía en su boca, los delgados dedos de la chica presionaban su abdomen, algo le dijo que su hígado no volvería a ser el mismo.
De un salto ambos se separaron y se dieron una larga mirada, Hinata sintió que el ojo castaño se le oscurecía, era una mirada turbia, nunca había logrado algo igual cuando había tenido la pupila habitual del Byakugan, incluso Neji cuando el odio lo consumía no había podido tener esa oscuridad en los ojos, los Hyuuga eran incapaces de tal cosa, pero ahora sentía el ojo castaño mirando de esa manera, torvo y oscuro.
Okisuke tenía los labios apretados, pero aún así un delgado hilo de sangre corrió por ellos, la observó atentamente, como dándose cuenta de que no era el gato herido que había abandonado la ocasión anterior.
—Muere. —Hinata se lanzó al frente intentando no darle espacio para reponerse, su brazo izquierdo atacó su costado, él intentó bloquearla con la espada, pero aquello ya entraba en sus planes así que dejó caer la mano y en su lugar lo barrió con la pierna derecha, él saltó, dio una vuelta en el aire y cayó unos pasos atrás—. ¡No escaparas! —La voz le salió rasposa, el perro dentro de ella estaba desatado de esa manera cruel en que esperaba paciente el momento de clavar los colmillos. Se lanzó hacía delante con la mano derecha cerrada en un puño, si quería tener una oportunidad de tocarlo debía deshacerse de aquella molesta espada, o por lo menos de hacerla a un lado, para su desgracia la pierna herida no le contestaba tan rápido como podría moverse con anterioridad, por fortuna parecía que él también estaba dañado.
Sin embargo tuvo que frenar en seco cuando él giró la espada en su muñeca de tal manera que la filosa hoja danzó en espirales hacía ella, con aquello aumentaba su rango de defensa y ofensa, por instinto dio un salto lateral buscando un fallo en su postura.
Esta vez fue él quien se lanzó hacía ella, su rostro tan sereno como antes de que empezaran a hablar, era un rostro que no decía nada, le recordaba un poco al de Neji, pero incluso Neji solía hacer uno que otro gesto durante una batalla. No lo pensó mucho y se lanzó al suelo con las manos por delante para catapultarse lejos de su alcance, aún no alcanzaba a leerlo y sabía que no era muy inteligente de su parte lanzarse al todo por el todo, no era tan fuerte ni sus técnicas tan espectaculares.
Mantuvo el equilibrio en su pierna derecha dejando la izquierda, que sangraba profusamente, elevada a un lado, era una noche fría, siempre lo eran ahí de cualquier forma, por más que repaso con rapidez la naturaleza a su alrededor nada le dio una idea clara de alguna posible ventaja.
—Lenta. —La voz de él le susurró en la oreja y apenas fue capaz de dejarse caer hacía delante como un fardo y elevar al mismo tiempo la pierna intentando patearlo, lo logró, pero él también alcanzo a rozarle con la espada un brazo, para escapar de su alcance tuvo que rodar por el suelo.
—"¡Funciona, funciona!". —Le ordenó con furia a su pierna izquierda mientras la obligaba a ponerse en pie de un salto y tomar la guardia una vez más. Largos hilos azules se desprendieron de sus dedos, gastar chakra de manera que se volviera visible era un desgaste espectacular, pero dado que no le importaban las consecuencias el precio no era exageradamente alto.
—¿Qué…? —Okisuke entreabrió los labios, no era muy dado a expresiones de más, ni en su vida diaria ni mucho menos en una pelea, pero la pose que había adoptado la muchacha a juego con aquellos rayos de luz en medio de la noche hacían un contraste hermoso con la oscuridad.
"Su-suelte a Hanabi-chan…" La recordó de aquel lejano día, apenas una mariposita asustada vistiendo una yukata, la voz suave y aterrorizada, las manos con un mal juego de ofensa, los ojos de quien no conoce el verdadero dolor, aquella noche en que había matado a su hermana ella era alguien diferente, no era la misma mujer frente a él en esos justos instantes.
"El odio genera odio Okisuke, la muerte trae dolor, como samurai debes aprender a vivir con eso" como samurai era su deber hacerle frente a esa chica, entregarse en batalla a quien quería consumar la venganza de un ser amado, pero no podía ofrecerle su vida, no, como samurai debía vivir con eso, con saber que sus acciones traerían dolor en un ciclo interminable de muerte.
Ella de pronto echó a correr hacía él y había algo hermoso en su corto cabello ondeando casi azul bajo la luz de la luna, en sus dedos tejiendo una telaraña de chakra que centelleaba como vibraciones en sus manos pequeñas.
Por inercia se colocó en posición de defensa y no supo porqué no se preparaba a contraatacar como era más su estilo.
"Y algún día la culpa clavara sus colmillos en la suave carne de tu corazón" la voz de su maestro se repitió en su mente y no pudo evitar sobresaltarse, por más hermosa que fuera en su triste oscuridad, por más que sus acciones fueran justificadas él no podía entregar su vida, ¡aún había muchas cosas que debía hacer!, además su muerte no traería a la vida a su hermana, una muerte no podía cambiar el rumbo torcido que había tenido el destino.
Fue apenas un quiebre en su mente, la espada que mantenía en posición defensiva cambió a un ataque ofensivo, pero ella se lanzó a un lado con la dignidad y elegancia de un miembro de la realeza, sus manos se abrieron como si fuera a abrazarlo.
—¿Qué? —Se dio cuenta en el último momento e intentó retroceder pero los hilos de chakra se enredaron en su empuñadura, él único sitio que no podía cortar, ella tiró de ellos, fue automático, la espada se soltó de sus dedos al ser tirada hacía atrás, un sitio que no tenía bien afianzado por intentar el ataque en lugar de la defensa, ¿sabría ella que así serían las cosas o había cambiado su movimiento al final?, de cualquier manera giró con el puño preparado y alcanzó a impactar su entrecejo que sangró casi al instante mientras ella rodaba por el suelo, ¡debía moverse rápido!, no era nada sin su espada frente al Byakugan.
—¡Ah! —Hinata se puso de pie y apenas tuvo tiempo de arrojar la espada fuera de su alcance, el ojo castaño se le nubló por la sangre, había sido un buen puñetazo para alguien que no era un experto en el área, quizás solo era que los hombres tenían más fuerza, eso y su delicada piel que no solía jugar a su favor.
De cualquier manera se pasó una mano por la cara sabiendo que volvería a sangrar enseguida, mal lugar para ser herida definitivamente. Pero no tardó más de dos segundos, en cuanto pudo ver medianamente bien se lanzó hacía delante con las dos piernas en una barrida, la mano derecha como punta de apoyo, sabía que la pierna izquierda no le serviría como ataque a menos que ejerciera velocidad así que rotó en su propio eje dándole la mayor velocidad posible, él la saltó con ambos pies, por un larguísimo segundo se mantuvo en el aire.
—¡Junken! —No fue demasiado pero alcanzó su tobillo izquierdo y vio cómo el pie claudicaba casi al instante. Ambos se lanzaron hacía atrás y respiraron agitadamente, la espada se encontraba a la misma distancia de uno que de otro, Hinata ni siquiera había hecho el intento por usarla porque sabía que era un arma inútil en sus manos, no sabía ni siquiera sostenerla de la manera correcta, pero dejar que él la recuperara no era una opción.
—Has mejorado.
—Ya lo había dicho. —Hinata alzó una mano en posición de ataque mientras intentaba normalizar su respiración.
—No esperaba usar esto… —Por primera vez el samurai pareció dudar, pero se recompuso rápidamente y llevó la mano lentamente al parche que ocultaba uno de sus ojos.
—Lo sabía… —Hinata de verdad lo intentó, pero la voz le salió temblorosa de la garganta al toparse de frente con el ojo claro de su hermana mirándola atentamente, sintió que el corazón se le apretaba dolorosamente contra las costillas.
—Enterramos a Hanabi ayer. —Recordó la voz de su padre diciéndole aquella frase en cuanto había despertado, en ese entonces le había creído, pero, ¿cuánto tiempo en realidad había estado inconsciente?, ¿un día?, ¿una semana?, ¿unas horas?
—Byakugan. —El samurai activó su ojo, aquello pudo con ella, se quedo ahí quieta observándolo sin creerlo, negando la realidad, que el ojo de su hermana estaba en el cuerpo de su asesino, que el hermoso ojo de la niña danzaba pequeño en la cuenca vacía del enemigo.
En cuanto Okisuke notó su momentáneo estado de shock se desplazó con agilidad y alcanzo su espada, al tenerla entre sus dedos sintió la calma recorrerlo como una vieja aliada, aún no podía acostumbrarse a usar aquel ojo, había datos que no podía diferenciar y aunque su rango de visión era increíblemente alto (por el entrenamiento que aquella niña Hanabi había tenido) él no podía darle el uso que los Hyuuga le daban haciendo gala del Junken.
—Yo voy… —Los dedos le temblaban—. Yo… —Sintió como la sangre corría furiosa por sus venas—. Yo te… —El perro alzó la cabeza con rabia, ya no sonreía, estaba ahí, colmillos amenazantes y ojos rojos—. ¡Voy a matarte, voy a matarte, muere, muere! —Sintió que los pulmones se le volvían un remolino de fuego.
—Hum. —Okisuke apenas alcanzó a frenarla con el mango de su espada cuando lo atacó por la izquierda, jamás había visto algo como eso, las emociones la habían consumido por completo y una persona en semejante estado era peligrosa hasta para ella misma—. Espera. —Pero ella no lo escuchó, una patada, un golpe al rostro, rodar por el suelo, era como pelear con un ente de la naturaleza, como pudo le clavó la espada en el hombro y le dio la vuelta dentro de su piel para causar más daño, pero fue como si no lo sintiera, ella lo lanzó de una patada como si solo se tratara de una bola de algodón.
—¡Ese ojo no es tuyo! —Hinata chilló, estaba respirando de tal manera que todo alrededor se volvía oscuridad y sólo podía concentrarse en la vista del guerrero caído. Okisuke se puso rápidamente de pie y trató de normalizar la respiración, algo dentro de él se había roto y no era eso lo más preocupante, había estado esperando que los guardias llegaran de un momento a otro, pero nadie se había aparecido por ahí, ¿sería que esa chica los había eliminado?, no, no podía ser, cuando había entrado al jardín ella ya estaba ahí.
—Byakugan.
—¡No te atrevas!, —Hinata rugió con ira, aquel sentimiento nunca antes la había atacado de aquella manera—, ¡no te atrevas a usar el ojo de mi hermana! —Nuevamente se encontraron en el aire y nuevamente ambos se hicieron daño, pero esta vez fue Hinata quien cayó como un fardo al suelo, los ojos, sin embargo, fijos en él con una intensidad espantosa. En automático Okisuke retrocedió un paso, nadie nunca lo había mirado así, no quería cargar con una mirada de esa intensidad.
—Lo siento. —Levantó la espada y por primera vez sus ojos mostraron emoción, algo que se parecía al miedo pero que no lo era, quizás era culpa, él pretendía borrar del mundo a la persona que le causaba ese sentimiento. Con dificultad Hinata se puso de rodillas, las venas alrededor de sus ojos pulsaban.
—Una vez dijiste que no podría matarte por mi misma.
—Y era verdad. —Okisuke borro cualquier rastro de emoción de su rostro, debía acabar con ella, hacerlo antes de que sus convicciones flaquearan, hacerlo antes de que aquellos ojos que encerraban un odio visceral quedaran clavados para siempre en las profundidades de su alma. Con lentitud alzó la espada con ambas manos, ella estaba demasiado deshecha como para pararse y atacar, por un momento solo fue eso, el rey de pie presto a dar el castigo y el esclavo de rodillas, la espalda bien recta, la mirada fija en su verdugo.
—El caso… —Los labios de Hinata se movieron lentamente mientras la espada bajaba directo a su cabeza—. Es que no estoy sola…
Alguien se atravesó en medio, fue menos que un latido de corazón, Hinata adelantó la mano y el chakra brilló azul en sus dedos, luego hubo un chispazo, sintió como si el agua golpeara su pecho, como si la persona que se había metido en medio de ellos se diluyera en la nada.
Tic-tac
De un corazón que se había detenido.
Tic-tac
La espada perdió su dirección y pasó rozándole la oreja a su objetivo.
Tic-tac
Y cayó sobre ella, por su condición ella no pudo soportarlo y ambos se desplomaron en el suelo. Y su cabello era casi azul en la noche, su cuerpo era pequeño y sangraba, pero aún así tenía un agradable olor a flores. Pensó que lo apartaría, pero no lo hizo, quizás no tenía la fuerza necesaria, la vida se le estaba escapando y lo sabía, pero aún así utilizó sus últimas fuerzas en girar el rostro y ver sus ojos. Estaba el ojo castaño que lo veía fijamente, pupila ligeramente dilatada y una cicatriz que hablaba de dolor y estaba el ojo blanco que simplemente lo miraba en calma, aceptando el destino.
—Lo siento. —Susurró sin voz, pero ella pudo leer sus labios, luego dejo caer la frente sobre su hombro y su cuerpo perdió fuerza, Hinata lo supo, había muerto, su cuerpo pesado le aplastaba las costillas. Sintió que un escalofrío le recorría todo el cuerpo, alzó la mirada al cielo, había empezado a nevar.
—¿Estas bien? —La voz de Suigetsu parecía un arrullo lejano—, ¿estas bien? —No se movió, la cabeza de aquel hombre se había amoldado en su hombro, era como si tomara una siesta usándola de almohada, pero estaba muerto, ella lo había matado, había parado su corazón.
—¡Hinata! —Suigetsu la tomó por ambos brazos y la arrastró sacándola de debajo de aquel hombre, aún no podía reaccionar, no podía hablar—. ¡Debemos irnos!, alguien se dará cuenta de que ciertos guardias han decidido darse una vuelta al inframundo. —Sentía la necesidad en las palabras del joven, pero no podía reaccionar—. ¡Hinata! —Finalmente la sacudió por los hombros obligándola a verlo—. Ya lo has hecho, ¡lo hiciste!, ahora vámonos.
—No. —Y por fin sus pensamientos volvieron a pertenecerle.
—¿No?
—Suigetsu-kun, hay algo que debo hacer.
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Naruto se colocó el traje de Cazador que todos habían desistido de usar cuando la misión había empezado a tomar tintes poco ortodoxos. Con lentitud se miró en el espejo, con la mascara carecía de identidad, apenas unas hebras doradas que sobresalían y que de cualquier manera no decían mucho. Giró lentamente la mirada a la izquierda y se encontró a Neji acomodándose los guanteletes, parecía que hacía esfuerzos por recuperar la serenidad, algo que normalmente era inherente a su persona.
La cuestión es que habían esperado y esperado, con paciencia como se los había ordenado Sasuke, a que alguien de las fronteras les diera el aviso de que Suigetsu o Hinata habían atravesado al país del Hierro, pero era la fecha que no se habían dado reportes.
—"Tenemos tres opciones", —Sasuke les había aclarado reuniéndolos en torno a la mesa—, "La primera es que no nos hayan querido pasar el reporte para atraparlos por su cuenta, la segunda es que aún no hayan logrado pasar o no piensen hacerlo y la tercera…", —por un segundo todos se vieron a los ojos—, "es que hayan pasado usando algún método que no los haya detectado".
—"¿Y ahora que hacemos?".
Respirando hondamente Naruto cerró los ojos, para salir de dudas había entrado en modo ermitaño y había buscado el chakra de Hinata… y lo había encontrado. El caso es que estaba dentro del país del Hierro, lo cual era un enigma porque no parecía que nadie la estuviera buscando.
Y si en las fronteras eran detectados los genjutsus (caso aparte Sasuke que era un monstruo) eso quería decir que había entrado por otro medio.
—Gracias… Naruto-kun.
Y entonces aquella frase tomó sentido, aquella chica triste sentada en el columpio, aquella chica frágil y enferma, ¡era Hinata!, sus instintos no habían estado equivocados, de verdad había sido ella, ¡por eso sabía su nombre!, la había cargado, la había tenido en sus brazos, muy dentro de él había sentido la necesidad de protegerla, ¡y la había dejado ir!, como siempre había sido tan tonto de no ver más allá, de no comprenderla.
Apretó los puños de tal manera que casi le sangraron, ¿cómo no había relacionado aquel cabello con el que solía usar de niña?, y ahora que Neji y Sasuke habían analizado fríamente el caso, ¿no era factible que se hubiera extirpado el Byakugan para pasar la frontera?, por supuesto, aquello era terrorífico y todos esperaban estar equivocados, porque alguien que sacrificaba un ojo por su meta no parecía que pudiera encontrar la puerta a una salvación.
¿Y Suigetsu?, como Naruto no estaba familiarizado con su chakra no había podido encontrarlo en medio de tantos chakras ajenos, además había tenido que deshacer inmediatamente la técnica porque tal flujo impresionante de energía alertaría a los samuráis y lo último que querían era que los echaran fuera o surgiera un conflicto.
¿Había pasado Suigetsu la frontera, estaba con ella?, no lo sabían. Karin había pasado mucho tiempo caminando por las heladas calles buscándolos, pero de ellos nada, como si hubieran sido absorbidos por la tierra.
Abrió los ojos cuando escuchó a Sasuke maldecir porque se le habían atorado las vendas de los brazos con un clavo salido de la puerta, como siempre su amigo lucía bien, aquella vestimenta le quedaba como anillo al dedo, él en cambio se sentía ahogado con colores tan apagados y aunque Neji había cuestionado los gustos de alguien que vestía de naranja chillón…
—¿Están listos? —Karin se asomó por el resquicio de la puerta, había atado su larga cabellera roja en un apretado moño sobre la nuca así que a juego con la oscuridad de la noche no era llamativa en lo absoluto.
—Ya casi. —Sasuke colocó la espada en su cinto y tronó los huesos de su cuello.
—¿Estas segura? —Neji repitió, por tercera vez, la misma pregunta y Karin estuvo tentada a rodar los ojos, aunque supo que bajo la mascara no tendría un buen efecto.
—Sí, sentí el chakra de Suigetsu y el de Hinata por la dirección del castillo.
—Vamos antes de que escapen. —Sasuke se colocó al frente y los demás dieron un seco asentimiento, luego echaron a correr por los tejados, había empezado a nevar.
No había mucha gente en las calles debido a las bajas temperaturas, uno que otro samurai apenas giraba la cabeza con aparente sorpresa si es que alcanzaba a verlos, Sasuke renegó mentalmente porque el traje de Cazador fuera tan estético y tan poco abrigador, por lo menos en Akatsuki dejaban eso de lado y se echaban las pesadas capas encima, prefería por mucho la moda criminal que la de Konoha. De cualquier manera acumuló un poco de fuego en la garganta y lo dejó salir con lentitud por sus labios, se decía que un Uchiha no podía morir congelado si sabía usar bien sus técnicas y él si que sabía usarlas, lastima por los demás que tendrían que entrar en calor corriendo.
De reojo giró a ver a Naruto que se encontraba más serio de lo normal, era inevitable, aquella chica era algo especial, lo era para el rubio aunque no lo dijera. Neji tampoco estaba tan calmado como lo dictaba su naturaleza habitual y aunque Karin intentaba parecer indiferente tampoco parecía que lo estuviera logrando en gran medida.
No pudo evitar un pequeño gruñido, ¿qué pasaría cuando se encontraran a aquellos dos?, la misión primordial decía que atraparan a Hinata Hyuuga, ¿podrían pasar por alto entonces a Suigetsu?
—¿Por donde? —Sin girar a verla Sasuke se dirigió a Karin.
—En el castillo. —Karin frunció un poco el ceño—. Creo… —Nadie reclamó que no fuera tan concisa, en primera porque un ataque al castillo parecía realmente poco inteligente, de todos los lugares donde podían atraparlos habían decidido expresamente entrar a la cueva del lobo.
—Vamos. —Sasuke salvó la puerta de un impulso, pero apenas estar del otro lado una espada le rozó el cuello.
—¿Quién eres?
—Un Cazador de Konoha. —Los demás cayeron tras él y un par de segundos después ya estaban rodeados por más de una docena de samuráis.
—¿A quien buscan?
—Es una misión secreta. —Sasuke siseó, no mandaban Cazadores a decirle todos los detalles a cualquiera.
—No pueden entrar al castillo por más Cazadores que sean. —Un hombre en verdad grande se colocó frente a ellos—. Mucho menos cuando acaba de llevarse a cabo un atentado.
—¿Atentado? —Naruto dio un paso al frente, pero Sasuke lo detuvo colocando un brazo frente a él.
—Puede que tenga que ver con lo que estamos investigando.
—Dadas las circunstancias ustedes serán retenidos como posibles sospechosos.
—Nosotros acabamos de llegar, —Karin bufó cruzándose de brazos—, ¿cómo podríamos haber hecho cualquier cosa?
—Por el momento serán tratados de esa manera. —El samurai extendió un brazo y todos los que los rodeaban los apuntaron con sus armas—. Ninjas de Konoha están bajo arresto.
—Será en otra ocasión. —Sasuke contestó con su tinte sin emoción de siempre, Karin apenas alcanzó a sentir como Naruto la jalaba de un brazo y al instante siguiente ya se encontraban corriendo a unos cien metros de allí.
—¿Qué fue eso? —Confundida se dejó arrastrar por la monstruosa fuerza del rubio.
—Es que Ottou-san me dejo buenos jutsus de herencia. —Naruto soltó con una risita.
—Claro. —Karin rodó los ojos, no podía ser que alguien que luciera tan bien en traje de Cazador dijera cosas como aquella en plena misión.
—¿Por donde? —Neji preguntó con voz tensa, al escapar de los samurais estaban, quizás, afectando relaciones diplomáticas, malo por él que representaba a los Hyuuga, los otros tres no tenían mucho orgullo familiar que mantener, la verdad.
—¡Por ahí! —Karin señaló un estrecho pasillo y los cuatro lo atravesaron corriendo, los samurais los seguían cuando Sasuke se giró hacía ellos y lanzó un genjutsu para después seguir su carrera.
—No los entretendrá por mucho tiempo. —Los demás asintieron y siguieron avanzando, pero casi al instante tuvieron que apretujarse contra un árbol, al frente habían cercado un espacio junto a la torre, había por lo menos cuatro hombres asesinados de mala manera, varios samuráis murmuraban y se agachaban a recoger pruebas del suelo.
—Parece que empezaron la fiesta sin nosotros. —Sasuke achicó la mirada.
—Hinata-chan… —Realmente Naruto no supo que decir, le dirigió una fugaz mirada a Neji, pero no es como si pudiera saber mucho de sus emociones oculto como estaba tras la mascara.
—Por allá. —Karin señaló el jardín que se extendía frente a ellos, con el disimulo propio de su profesión se deslizaron entre las sombras y los samuráis, demasiado ocupados en esclarecer el crimen, no los notaron.
Naruto se estremeció, no estaba nevando demasiado pero se le había mojado ya la cabeza y los hombros con aquellas plumillas blancas que bajaban suavemente del cielo.
—Es por… —Karin paró en seco y todos lo hicieron con ella, en medio del claro se encontraba un cuerpo tirado viendo hacía el cielo, los brazos acomodados sobre el pecho como si estuviera meditando.
—Es…
—Okisuke. —Sasuke se acercó al cuerpo e inmediatamente los demás hicieron lo mismo, al parecer los samuráis aun no se percataban de aquel otro asesinato.
—¡¿Pero que…?! —Neji retrocedió un paso al igual que Naruto, pero Karin y Sasuke que estaban más acostumbrados a cosas como aquella debido a los experimentos de Orochimaru apenas y alcanzaron a fruncir un poco la nariz.
—Le han extirpado un ojo. —Sasuke puso una rodilla en el suelo para verlo más detenidamente—. Nada elegante, parece hecho con un kunai. —El joven pasó una yema de sus dedos, las cuales sobresalían de sus guantes, por encima de la mejilla manchada de carmesí de aquel hombre—. Tal parece que esa chica ha cumplido su cometido.
—¿Habrá escapado ya? —Neji titubeó.
—No. —Karin giró la mirada hacía el camino que continuaba—. Siento su chakra y el de Suigetsu más adelante.
—Continuemos. —Sasuke se puso de pie y sacudió sus manos, Naruto apenas pudo dirigirle una última y atormentada mirada al cuerpo inerte de quien había sido un gran samurai que había peleado con ellos en la cuarta guerra, de nuevo había fallado, no había logrado detener a Hinata, la había tenido vulnerable y frágil en sus brazos y la había dejado ir, ¡esas eran las consecuencias!
Avanzó como autómata tras Karin que no parecía orientarse perfectamente a juzgar por los movimientos que hacía con las manos y la cantidad de veces que tuvo que detenerse para volver a seguir el rastro.
—¡Por ahí! —Finalmente pareció encontrar una corriente de chakra lo suficientemente fuerte para seguirla y nuevamente empezaron a correr, había dos guardias caídos en la entrada de un edificio, pero esta vez no parecía que estuvieran muertos, para su desgracia los que los perseguían ya se habían recuperado del genjutsu y les pisaban los talones de nuevo.
—¡Es Okisuke-san!
—¡Han matado a Okisuke-san!
—¡Atrápenlos! —Los lamentos y las exclamaciones se suscitaron tras ellos, pero Sasuke les ordenó continuar, no iban a fallar la misión teniendo el objetivo tan cerca.
—Por aquí. —Karin los guió por un frío y oscuro pasillo que no parecía tener fin, más de una vez Naruto sintió como sus pies resbalaban y de no ser porque estaba en medio de una importante misión y su corazón latía desigual por Hinata se hubiera puesto a gimotear acerca de que un fantasma saldría de un momento a otro por alguno de aquellos viejos e inservibles candelabros.
—¡Al frente! —Karin chilló con su último aliento y al instante los tres hombres la rebasaron y entraron de un solo tranco a lo que parecía ser un salón de extraña arquitectura y que, ¡por todos los cielos!, era más frío que todas las nevadas pasadas juntas.
—¿Qué…? —Sasuke se quedó helado.
—Hi-Hina… —La voz de Naruto se le perdió en la garganta, Hinata estaba ahí, sentada en el suelo frente a ellos, tenía sangre seca que iba desde su frente hasta debajo de su ojo derecho y no, Naruto no se había equivocado, era un ojo castaño, sólo que en aquellos momentos parecía negro de tan oscuro como estaba, aquella mirada no era normal, incluso el ojo claro que tenía el Byakugan causaba algo muy parecido al terror.
La ropa estaba echa una lastima, había sangre por todos lados, sangre en su brazo, sangre en su cuerpo, sangre en el piso, pero aquello no era lo verdaderamente impactante, lo que los había detenido a todos, lo que había hecho que Karin soltara un chillido era…
—Estoy un poco preocupado.
—¿Y eso por que?
—Es porque hace ya más de un mes que Hanabi-chan no se presenta con su equipo.
Como un sueño tardío recordó la conversación con Konohamaru, aquel día cuando había encontrado al niño en la aldea le había mencionado que no podía encontrar a aquella "princesa fría" que en su casa no le daban explicaciones, que la tierra se la había tragado.
—Hanabi-sama… —Neji cayó de rodillas, los demás ni siquiera giraron a verlo, nadie podía separar la mirada de Hinata, el cuerpo pequeño e inerte de su hermana apoyado en sus piernas, la cabeza de largos cabellos castaños acomodada en un ángulo extraño, un ángulo en el que se podía apreciar con claridad que había un ojo faltante.
Hinata no pareció inmutarse al verlos, había algo en su mano derecha, con la mano izquierda peinaba delicadamente el cabello de su hermana, pero sus ojos estaban fijos en la nada con una oscuridad que parecía tragársela.
—Hi-Hinata-chan… —Naruto abrió la boca y boqueó como un pez fuera del agua, luego cerró los ojos apretándolos con fuerza, la recordó de cuando eran niños, escondida a medias tras un tronco diciéndole que era un fracasado, pero un fracasado con orgullo y que eso lo hacía un ganador.
La recordó aquel día cuando le había llevado flores al hospital y habían acabado knock out los dos, en aquel tiempo aún no entendía su escandaloso rubor ni sus tartamudeos desesperados. La vio muy claramente cuando había regresado de su viaje con Jiraiya, ella estaba ahí, nuevamente oculta de él, nuevamente demasiado roja y candida ante su usual arrebato y como siempre había acabado desmayada sin que él entendiera muy bien la razón.
Volvió a verla en aquella misión en búsqueda de Sasuke, aún tímida, pero un poco más decidida, un poco más confiable, un poco menos retraída ante su presencia, luego el tiempo daba un salto, él en el suelo, ella enfrentándose a un hombre que la rebasaba por mucho en poder.
"Porque yo te amo" ella era así, ella era amor y sonrojos, ella era gentileza y bondad, ella, la primer mujer que lo había amado de verdad…
¿Qué le había pasado?, ¿qué había dejado que le ocurriera?, había estado tan sumido en sus propias metas y preocupaciones que no había tenido tiempo de girar a verla, que no había alcanzado a comprenderla, la había dejado ir tantas veces que ahora sus ojos ya no miraban hacía él.
—¡Están ahí!
—¡Están al frente! —Antes de que pudieran hacer algo los samuráis los rodearon, todos apuntando con sus espadas hacía ellos y visiblemente perturbados por el macabro espectáculo que se les presentaba.
—¿Qué esta sucediendo aquí? —Naruto no pudo evitar sobresaltarse al ver entrar a Mifune en persona, de la impresión incluso abrió la boca y tuvo que aceptar que la mascara de Cazador era bastante útil.
—Son los ninjas intrusos. —Alguien dio un paso al frente—. ¡Han matado a Okisuke-san! —Hubo un bramido general.
—¡El chico de cabello blanco, Suigetsu de la niebla!, —un samurai que cojeaba e iba sujeto a otro elevó la voz por encima de los demás—, ¡él fue quien acabo con los guardias!, pude escapar, pero los demás…
—Okisuke… —Los puños de Mifune se apretaron y su rostro pareció envejecer por lo menos diez años, aquel joven leal había estado con él desde que era un niño, lo había visto crecer y volverse un hombre bajo las leyes de la espada. Tomando aire endureció su faz—. ¿Quiénes son ustedes? —Se giró hacía Sasuke quien en seguida aclaró la voz.
—Somos el grupo Cazador de Konoha, venimos por ella, —con un dedo señaló a Hinata—, Hyuuga Hinata, desertora de nuestra aldea.
—No. —Mifune apretó los dientes—. Ella y su compañero han matado a mi mano derecha, han entrado en mi castillo y atentado contra mis hombres, el País del Hierro la juzgara y decidirá su muerte. —Naruto sintió que la sangre se le caía hasta los pies, la vista se le volvió borrosa cuando giró a verla, pero Hinata simplemente estaba ahí, mirando a la nada, sus dedos moviéndose delicadamente sobre el cabello de su hermana, como si todo lo demás le fuera ajeno.
—No. —Neji dio un paso al frente adelantando a Sasuke—. Son ustedes quienes deben dar explicaciones. —El resto del equipo Cazador no pudo evitar asombrarse ante la firmeza del joven Hyuuga que apenas hacía unos minutos se había derrumbado en el suelo.
—¿Qué has dicho? —Mifune parecía debatirse entre la exasperación y la extrañeza.
—Hyuuga Hanabi, ¿cómo explica que tengan su cuerpo escondido en este lugar? —Sorprendido Mifune miró el cuerpo de la pequeña, no había que ser un genio para notar que había estado tratado para poder conservarlo, eso y que llevaba bastante tiempo muerta.
—Eso… —En realidad no lo sabía, de hecho aquella sala de investigación no era su área.
—El clan Hyuuga es un respetable clan de Konoha, ¡el más importante de nuestra aldea!, el secreto del Byakugan es protegido con la vida misma si es necesario, al firmar un pacto de paz entre nuestras aldeas ustedes como aliados han recibido nuestra amistad, ¡y nos pagan robando el secreto del ojo blanco! —Aún debajo de la mascara la furia de Neji se volvió palpable, lentamente Naruto le puso una mano sobre el hombro, había olvidado lo dolorosa que era la historia de Neji.
—No puedes comprobar… —Un samurai habló inseguro.
—¡No sólo eso!, —Neji avanzó de dos trancos y abrió la mano que Hinata mantenía parcialmente cerrada, ella ni siquiera lo giró a ver pero dejó ir lentamente los dedos—, ¿sabes que es esto? —Algunos apretaron los dientes y otros giraron la mirada—. ¡El Byakugan, el Byakugan que tu subordinado Okisuke se implantó en el rostro!
—Estas basado en teorías. —Finalmente Mifune habló con propiedad, aunque Naruto se dijo a si mismo que parecía más cauteloso que antes.
—Usted es el que no sabe lo que ocurre en su propio castillo. —La voz de Neji se volvió fría—. Si quiere encontrar a quien asesinó a sus guardias o si quiere esclarecer la muerte de Okisuke encuentre a Suigetsu de la Niebla, nosotros nos llevamos a Hyuuga Hinata y el cuerpo de Hyuuga Hanabi también. —Neji giró para estar frente al líder de aquel país—. Aunque quizás le sea más productivo investigar a sus propios investigadores.
—Quiero esclarecer este asunto, —Mifune giró a ver a Hinata, pero luego negó con la cabeza—, aunque admito que interrogarla a ella no parece que vaya a llevar a ningún lado. Bien Cazadores de Konoha, dado que ambos lados hemos cometido crímenes que se haga como ustedes lo dicen hasta que logremos esclarecer el asunto, pero si descubro que esta ha sido una treta Konoha sabrá de los samuráis del País del Hierro.
—Oh puede que los samuráis del país del Hierro sepan de Konoha. —Sasuke comentó sin ganas, pero la amenaza fue palpable en el aire.
—Déjenlos ir, —Mifune alzó una mano—, recojan los cadáveres, que se haga un equipo de rastreo para encontrar a Suigetsu de la Niebla y quiero al equipo de investigación en mi despacho en cinco minutos.
—¡Si señor! —En cuanto el líder salió el resto de los samuráis empezó a salir de uno en uno lanzando miradas de reojo hacía ellos, de cualquier manera no era como si pudieran descifrar sus expresiones con semejantes cascos encima.
Neji soltó un suspiro y le puso el ensangrentado ojo en la mano a Sasuke.
—¡Eek!, —el joven abrió grandes los ojos—, ¿qué se supone que haga con esto?
—Tienes experiencia con eso, ¿no? —Neji se sacó la máscara, ya no había nadie más que ellos en el salón.
—Maldito Hyuuga. —Sasuke frunció el ceño y luego giró rápidamente la mirada alrededor, un frasco, un frasco…
—Hinata-sama… —Neji se puso en cuclillas frente a ella y fue como si se transformara en un servil y amable protector al instante—. Hinata-sama… —Pero ella seguía sin verlo, de hecho fuera de acariciar el cabello de Hanabi no parecía que tuviera otro rastro de vida—. Vamos a llevarla a Konoha, ¿de acuerdo?
—Creo que se le ha ido la chaveta. —Karin se quito la mascara, Naruto hizo lo mismo sólo para lanzarle una mirada de furia a la pelirroja—. ¿Qué? —La chica se defendió—. No reacciona.
—Hinata-sama, voy a cuidar a Hanabi-sama ahora, ¿esta bien? —No hubo reacción así que con un suspiro Neji quito lentamente a la niña de sus brazos, Hinata apenas dejó que sus manos cayeran inertes sobre su lastimado cuerpo.
—Hinata-chan. —Asustado Naruto se dirigió hacía ella, no había visto que tan herida estaba porque el cuerpo de Hanabi tapaba buena parte de su cuerpo, pero tenía la apariencia de un colador de tan rota.
—Karin, —Sasuke que por fin había metido el ojo en un frasco se quito también la mascara y respiró hondamente—, ¿podrías buscar a Suigetsu ahora que todos se han ido?
—Jum. —La pelirroja bufó pero se apuró a obedecer, juntó las manos haciendo el sello, se concentró y…
—¿Qué? —Naruto frunció el ceño, Karin había abierto los ojos con sorpresa y veía a Hinata fijamente—. ¿Qué pasa? —Pero la pelirroja no contestó, sus ojos rojizos se abrieron con sorpresa que después se convirtió casi al instante en furia.
—¿Qué hiciste?, —se paró frente a Hinata, pero no pareció que la chica le prestara atención a ella tampoco—, ¡¿qué hiciste zorra?! —Ante la mirada pasmada de los tres hombres le volteó el rostro de un bofetón.
—¡¿Te volviste loca?! —Sasuke la sujetó de ambas muñecas echándola hacía atrás.
—¡Ella esta llena de la esencia de Suigetsu! —Karin bramó enfurecida mientras lágrimas de rencor salían de sus ojos.
—¿Qué? —Naruto apretó las cejas sintiéndose confundido y perdido.
—¡Lo que dije!, —la pelirroja se debatió para zafarse del agarre de Sasuke—, ¡estuvo con él!, ¡siento su esencia dentro de ella!, ¡el chakra de Suigetsu fluctuando en su cuerpo!, ¡zorra! —Acto seguido la joven abrió la boca intentando calmar su respiración, las lágrimas se secaron rápidamente de su rostro—. ¡Maldito dientes de tiburón! —Apretó los dientes con furia, tomó de cualquier manera su mascara y salió dando trancos del salón.
Naruto se sujetó al pilar más cercano.
—No… —No podía ser cierto, no quería creerlo, Hinata no podía haber… Cerró los ojos sintiéndose estupido, ella se lo había dicho, que había estado a punto de caer en la oscuridad, que en el pasado el camino se había torcido, pero que él la había rescatado, que él había sido su luz. Sí, en el pasado ella se había aferrado a él, había intentado caminar a su lado por un camino que parecía ser el correcto y ¿qué había hecho él a cambio?, había dejado sus sentimientos relegados, había caminado por la senda que se había trazado sin girar una sola vez hacía ella.
Y ahora la había perdido, había perdido a la chica que era noble y amable, había perdido a quien lo había salvado más de una vez, a quien siempre anteponía su seguridad por encima de todo lo demás.
"Naruto-kun, ¿estas bien?" recordó aquel momento en medio de la guerra, con la vida de todos peligrando, con el mundo tambaleándose y aún así ella parecía existir sólo para él, para ella su vida giraba en torno a él. ¡Que tonto, ciego e inmaduro había sido!, la había perdido, la había perdido como persona, como mujer, como ninja…
—Hinata-chan. —Había dolor en sus ojos azules cuando se puso en cuclillas frente a ella—. Voy a llevarte a Konoha. —Pero los ojos claros que siempre esperaban con ansias para poder verlo ya no estaban ahí, en su lugar había una mirada castaña que lo ignoraba por completo y un ojo blanco que miraba a la nada.
—No sé, —Sasuke soltó un suspiro—, pero no creo que Karin éste dispuesta a dejar que la muerda para que sane.
—Traigo un par de vendas. —Neji, que lucía tan cansado como si acabara de salir de una mortal pelea llevó una mano hacía su porta kunais, había sellado el cuerpo de Hanabi en un pergamino, como estaba bien tratado no corrían peligro de descomposición, pero de alguna manera todo aquello era macabro.
—Voy a ver si Karin encontró a Suigetsu, —Sasuke resopló—, no creo que haya podido ir muy lejos. —Acto seguido el Uchiha salió del salón, Neji se dirigió con paso lento hacía Hinata.
—Voy a vendarla, ¿de acuerdo? —Como esperaba no obtuvo respuesta así que simplemente soltó un suspiro y procedió a empezar a quitarle la ropa para vendarle el hombro herido, Naruto estaba de pie tras él, muy rígido.
Los dedos de Neji no parecían tan ágiles mientras la desnudaba y tampoco parecían demasiado profesionales mientras la vendaba, pero Naruto sabía que él tampoco hubiera podido hacerlo a la perfección, a pesar de sus múltiples heridas y el estado deplorable de su cuerpo Hinata tenía una hermosa piel blanca, una cintura estrecha y una marcada curva hacía sus caderas que ni siquiera su mal estado alimenticio de los últimos tiempos había logrado desparecer.
Su busto seguía siendo generoso, de hecho hacía más contraste en comparación con su delgado cuerpo, Naruto entendió que Neji intentara no acercarse demasiado a la ropa interior que cubría aquella anatomía de su prima.
—Naruto, —Neji carraspeó, por un segundo el rubio pensó que lo tacharía de mirón y cierto, estaba viendo, pero no había sido su intención en un principio, ¡había sido Neji quien había empezado a desnudar a una chica frente a sus ojos!—, ¿podrías levantarla para bajarle los pantalones?, esa herida en su muslo esta sangrando mucho.
—Oh, —el rubio asintió torpemente—, claro. —Sin mucha seguridad se situó tras ella y sujetándola por la cintura la alzó contra él para que Neji pudiera hacer su tarea, ella estaba fría como una estatua de mármol y su piel desnuda contra su cuerpo le produjo un doloroso sentimiento. Ese hermoso cuerpo se había entregado a otro hombre y de alguna manera él había sido un causante indirecto de que sucediera, ella, la mujer que lo había amado no había podido contra el remolino de oscuridad que la había engullido y él no había sido lo suficientemente atento como para darse cuenta y extender su mano hacía ella.
—Listo. —Neji volvió a colocarle los pantalones—. Aunque su ropa también esta hecha un desastre. —Con cuidado para no reabrir las heridas volvió a ponerle su blusa, seguramente se había roto la capa cuando estaba luchando—. ¿Hinata-sama? —Volvió a probar suerte, pero ella era completamente ajena a su persona. Los ojos de Neji se entristecieron—. Esta bien. —Abrió los brazos para cargarla, pero en automático Naruto la retrajo contra su cuerpo.
—Yo…
—Naruto, —Neji soltó un suspiro recordando lo que el rubio le había dicho cuando buscaban a su prima "No dejare que nadie le haga daño a Hinata-chan. Si esto se sale de tus manos yo te ayudare"—, no tienes que hacerlo.
—Pero yo…
—Soy el guardián de Hinata-sama, si alguien ha fallado aquí soy yo, tú única misión en este asunto era como Cazador y estás cumpliendo con ese deber.
—No. —Naruto bajó la cabeza, el rubio flequillo le cubrió los ojos.
—¿Naruto?
—Voy a proteger a Hinata-chan.
—No tienes que hacerlo.
—Es porque quiero hacerlo. —Los ojos azules del rubio se encontraron con la mirada blanca de Neji y el joven no pudo hacer otra cosa que soltar un suspiro.
—Esta bien. —Pareció que Neji iba a decir otra cosa, pero negó con la cabeza—. Te espero afuera. —Naruto vio su espalda alejarse y luego el silencio, sabía que de ser otras las circunstancias aquel sería un encuentro sumamente incomodo, con demasiadas cosas que decir, tanto que aclarar, pero no ahora, no cuando Hinata era casi una muñeca desarmada entre sus brazos.
Con cuidado la acomodó de tal manera que su cabeza se refugiara en su pecho y luego se puso la mascara, ella cerró los ojos, no supo si dormía o no porque su respiración había sido pausada desde antes, pero se consoló pensando que quizás estaba descansando.
—Hinata-chan, —le susurró al oído cerrando los ojos—, voy a cuidar de ti, es mi promesa. —Luego irguió los hombros y salió del salón, no quería que Hinata volviera a estar en un lugar como aquel nunca más.
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Estaban avanzando de vuelta a Konoha, Karin enfurruñada adelante y Sasuke luciendo fastidiado a un lado de ella, no habían podido encontrar ni rastro de Suigetsu y dado que el joven no formaba parte de su misión habían tenido que abortar su búsqueda.
—¿A dónde diablos se habrá ido? —Sasuke gruñó—. No había una ruta de escape visible.
—Quien sabe. —Karin contestó con acidez—. Pero sea a donde sea que se haya ido parece que dejo un regalito dentro de esa… —La pelirroja se acomodó los lentes con aires de indiferencia, Neji no quiso preguntarle si quería decir lo que estaba pensando y tampoco quiso usar el Byakugan para asegurarse, no creía poder soportar más de aquello. Naruto que avanzaba con Hinata en brazos ni siquiera pareció darse por enterado, aunque hubo una ligera tensión en sus músculos que no pasó desapercibida por Sasuke.
—Por cierto, —el Uchiha decidió que no le convenía seguir hablando de su ex compañero de Taka—, ¿cómo supiste que ellos fueron los que mataron a tu prima?
—No lo sabía. —Neji respiró hondo—. Pero cuando vi a Hinata-sama con el cuerpo de Hanabi-sama en las piernas supe porqué había hecho todo eso. Hinata-sama siempre había sido una persona demasiado amable que cuando amaba a alguien lo hacía con todo el corazón, lo sé porque hubo un tiempo en que me amo de esa manera y sé que también amaba con esa intensidad a su hermana, por eso… —Neji no agregó nada más, pero Sasuke asintió con la cabeza, algo en esa historia le hizo recordar dolorosamente a Itachi.
—¿Cómo supiste que tenía el ojo de ese hombre en su mano? —Karin preguntó con sequedad. La verdad se había sorprendido bastante ante aquel macabro descubrimiento.
—Tampoco lo sabía. —Neji sonrió con cansancio—. Pero si Hanabi-sama no tenía un ojo y Okisuke tampoco…
—¿Eres algo así como un jodido genio? —Karin arqueó ambas cejas.
—No. —La garganta de Neji pareció raspar—. Pero soy quien mejor conoce a Hinata-sama.
—De cualquier manera hemos logrado salir de esa gracias a ti. —Sasuke comentó secamente—. Esta anocheciendo, acamparemos. —Al instante todos giraron a ver a Karin.
—¿Qué? —La pelirroja los miró ofendida.
—Si la dejamos con ella la mata. —Sasuke les susurró como si estuviera hablando de un asunto sin importancia—¿Alguna sugerencia?
—¿Dormir juntos? —Naruto acotó inseguro.
—Demasiado apretado y Hinata-sama esta herida. —Neji arqueó una ceja—. Voto porque Naruto duerma con Karin.
—Moción aceptada. —Sasuke asintió con la cabeza.
—¡¿Qué?! —El rubio sintió que se le desencajaba la mandíbula—. ¡No!
—Sí. —Neji le quito a su prima de los brazos y Sasuke le dio una patada en el trasero—. Eres el que mejor se lleva con ella.
—¡Más bien soy el que menos mal trata!
—Para el caso es lo mismo.
—¿Qué murmuran? —Karin giró a verlos malhumorada.
—¡Nada! —Naruto se puso tieso y luego giró a ver a los otros dos con mal disimulado rencor, pero a ninguno pareció afectarle. Al final tuvo que armar la tienda, prender la fogata y mirar (no sin cierto dolor en el corazón) como Neji entraba con su prima en brazos a la tienda seguido de Sasuke, ella estaba mal, de hecho estaba muy mal, pero no habían conseguido atención medica en lo que llevaban de camino y Sasuke aseguraba que: "serás idiota Naruto, no esta dormida, esta desmayada", así que no eran buenas noticias.
Bastante desanimado abrió la puerta de la tienda.
—¡Voy entrando!
—¡Escúchame bien!, —al instante que puso un pie adentro Karin lo sujetó del cuello y lo echó al suelo—, si te atreves siquiera a rozarme, si por casualidad alguna parte de tu cuerpo toca algo que no sea tu propio cuerpo…
—¡E-entiendo! —Unas rayas moradas aparecieron bajo sus ojos.
—Más te vale. —La pelirroja lo soltó no sin antes meterle un empujón.
—Outch, —Naruto se frotó la parte dañada—, ni siquiera estoy interesado en ti.
—¡¿Qué quieres decir con eso?!
—¡Na-nada! —Si para decir tonterías no se estudiaba.
—¿Insinúas que no soy sexy o algo así?
—¡No-no, es sólo que-que no eres mi tipo! —Algo le decía que Karin era como Sakura (golpea y luego averigua).
—¿Tu tipo?, ¿y quien rayos es tu tipo?
—Es… —Al instante los ojos azules del joven se oscurecieron.
—Ya, —Karin bufó molesta—, pues parece que tu princesita ha decidido que el dientes de tiburón…
—No lo digas. —Naruto cerró los ojos—. Todo esto es mi culpa.
—Por favor, —Karin rodó los ojos—, cuando una chica quiere hacerlo con un chico no hay factores externos que valgan, si ella quiso…
—No entiendes. —Naruto se sentó en medio de la tienda, el cabello rubio le cayó desordenado por la frente—. Hinata-chan era la persona más dulce y amable, ella siempre estaba ahí animándome, entregándome sus sentimientos, siguiéndome e intentando caminar a mi lado, ella… ella incluso dijo que me amaba, ella arriesgó su vida más de una vez por mí.
—Sí, —Karin se sentó frente a él—, a veces las mujeres somos unas idiotas…
—¿Crees que amar a alguien sea idiota? —Naruto abrió grandes los ojos mirándola fijamente.
—Cuando amé a Sasuke terminó atravesándome a la mitad, dime, ¿qué se ganó ella por amarte?
—Nada… —Por primera vez en su vida Naruto no pudo sostener una mirada—. Nada…
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—¿Cómo sucedió esto? —Neji le susurró a Sasuke.
—No sé, —el Uchiha le contestó en el mismo tono bajo—, pero ya sabes que Naruto es experto en lavarle el cerebro a la gente. —Eran pasadas las diez de la mañana, ya habían recogido el campamento y Naruto cargaba a Hinata, eso no era raro, lo raro es que Karin estaba frente a ella, luciendo fastidiada pero aún así con el brazo descubierto y restregándoselo en la boca como quien ofrece un pedazo de carne.
—Vamos idiota, muerde o muere tu elige.
—Vamos Hinata-chan, —Naruto la zangoloteó un poco intentando que abriera los ojos—, despierta, Karin-chan quiere ayudarte. —La pelirroja frunció el ceño, ¿qué era eso de Karin-chan? Y bien que sonaba lindo pero…
—¡Te estoy hablando tonta! —De buena gana le hubiera dado un pellizco, no le quedo de otra que restregarle el brazo en la cara—. No creas que dejar que me muerdas me hace mucha gracia.
—Vamos Hinata-chan, —esta vez Naruto prácticamente la hizo brincar entre sus brazos, el resultado fue que la muchacha abrió los ojos lentamente luciendo desubicada y débil—, ¡eso es Hinata-chan!
—Escucha idiota, —Karin se acomodó las gafas con la mano libre—, tienes que morder, ¿entiendes? —Hinata la observó luciendo desubicada—. ¡Muerde estupida, sólo tienes que morder! —Sus ojos rojos brillaron mientras prácticamente le metía el brazo en la boca, fue justo en ese instante que las pupilas de Hinata brillaron y no, no era el color que hubiera esperado… Karin no pudo evitar abrir la boca al tiempo que sus mejillas se coloreaban, los dientes de Hinata se cerraron en torno a su brazo y su calida lengua acarició su piel, pero no, no era eso, no era ella, era, era…
—¡Ah! —Se echó hacía atrás gimiendo al tiempo que sus mejillas se ponían rojas como una manzana, Naruto parpadeó sintiéndose abochornado y atrás de ellos Neji y Sasuke parpadearon, se miraron entre ellos buscando una explicación y al no encontrarla giraron la mirada al frente nuevamente.
—¡Kya! —¿Aquel había sido un gemidito de placer?, Naruto no lo había escuchado en vivo y en directo muchas veces, pero parecía que eso era. Por instinto se echó hacía atrás y al hacerlo el brazo de Karin fue liberado.
—Uh. —La pelirroja se quedo ahí, ojos muy abiertos mirando a Hinata que parecía haber vuelto a perder el sentido en los brazos de Naruto, las mejillas sonrojadas y un cierto aire de estupefacción—. Con eso… con eso debe estar lo suficientemente bien para llegar a Konoha sin problemas…
—Oh, —Naruto carraspeó—, gracias…
—Sí, bueno. —Nerviosamente Karin se acomodó los lentes—. Si es todo vámonos.
—Ah, sí. —Naruto, que parecía tan nervioso como ella, empezó a marchar en el mismo lugar sin moverse realmente a ningún lado.
—Bien, —Sasuke miró de reojo a Karin y luego a Hinata, ¿quién entendía a las mujeres?—, vámonos, tenemos camino que recorrer.
—¡Sí! —Ambos Uzumaki chillaron al tiempo y echaron a andar de manera torpe, Sasuke negó con la cabeza, mejor nunca decirles que eran familia, no creía que pudiera soportarlos si descubrían que los mismos genes corrían por sus venas.
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Notas de Okashira Janet: Me falta un examen, pero no podía apagar la llama NaruHina que prendió Kishimoto con el capitulo de esta semana así que me he puesto a escribir con furia amorosa (risas).
Lamento la demora y espero que el capitulo les haya gustado, por fin he llegado a la parte que quería, espero que sea más fácil escribir de ahora en adelante (espero).
Gracias por leer a:
a-satoshi
Ro0w'z
Rocio Hyuga
Namikaze Rock
Maribelteka
Noelialuna
Lilipili
Jan di-chan
Kik
Kage Ni Hime
HoshiNoTsuya
1rosiestar1
Alabdiel
Hyuuga
NANA-chan53
DiZereon
Katyn
Inter170890
Annie Thompson
Neralys
Gaby L
Gynee
Ahileen Ishida08
Pandemonium Potter
LightDanica
Bjork
Un beso a todos, de verdad muchas gracias por leer, la manera como cada quien toma los tintes de esta historia es realmente gratificante para mí, creo que es el primer fic que escribo en el que las ideas de los lectores son tan apasionadas, muchas gracias por compartir eso conmigo. Un beso Ciao.
29 de Noviembre del 2012 Miercoles 11:57pm ¡Ya a dormir!
