¿Pues qué creen? Ando de buenas y me inspiré y escribí el siguiente capítulo. Se los quiero dejar antes de que pase cualquier cosa. No rompe con la historia, pero es un buen regalito para las enamoradas de Snape.

Espero les guste y no dejen de comentar!

CAPÍTULO 9

-¡Desmaius!- fue lo último que recordaba Hermione luego de caer aturdida debido al hechizo que el Señor Oscuro aplicó sobre ella. Su situación fue agravada debido a la debilidad física que presentaba su cuerpo. Después de todo, ella había permanecido encerrada durante días encadenada sin ser alimentada de manera alguna. Su organismo presentaba signos de deshidratación que, de no ser atendidos prontamente, podrían empeorar su salud. Y eso no le convenía a Lord Voldemort. Necesitaba que la que se convertiría en su mujer gozara de excelentes condiciones físicas para concebir de manera óptima a su unigénito. Por tal razón fue que le solicitó a su vasallo de mayor confianza, Severus Snape, que cuidara de la chica. No había mejores manos en las que pudiera depositar tal misión.

Hermione Granger despertó después de unas horas. Recobró paulatinamente la consciencia, pero la realidad que vieron sus ojos la abrumó sobremanera. Comenzaba a recordar que se encontraba en la mansión Malfoy y bajo el poder del Señor Tenebroso. Sin embargo, ya no se hallaba en la mazmorra donde había sido encerrada, sino que ahora su cuerpo descansaba sobre un blando y placentero colchón. La sensación de las cobijas era sencillamente deliciosa, ni siquiera las de su cama en Hogwarts habían sido tan memorables.

Su cuerpo apenas le respondía, por lo que aún no estaba en condiciones para poder levantarse… y ahí fue cuando recordó que la última vez en que había deseado ponerse de pie casi caía al piso de no ser por el agarre que el Señor Oscuro hizo de ella. El intercambio de miradas de aconteció después fue totalmente inesperado para la chica. Los ojos del hombre-bestia por unos segundos no reflejaban odio ni malicia, sino simple profundidad, como de quien quiere conocer todos los detalles de la otra persona. En esos breves instantes ella perdió un poco el miedo que le tenía a Voldemort, y no entendía el por qué le dio acceso a su propia intimidad. No se había tratado en ese momento de un acto de legeremancia con el que el Señor Tenebroso intentara leer la mente de la joven, sino que fue un simple reconocimiento de sí mismo en una mirada ajena, tal vez la más… limpia que había visto.

La castaña, al verse imposibilitada para levantarse, se limitó a observar la habitación en la que se encontraba. Era muy espaciosa, pero había muy poco mobiliario. Estaba pintada en un color verde esmeralda –típico de los
Slytherin- y era muy oscura, pese a que era de día. Había una ventana no muy pequeña del lado derecho de la cama, la cual dejaba filtrar los primeros rayos de sol. Por su cuenta, la cama tenía un dosel muy elegante, del cual colgaban cortinas semitransparentes en colores verde y plata. La cama también se encontraba revestida de una fina colcha también en verde con suaves bordados élficos plateados. A ambos lados de la misma se hallaban dos mesitas, y enfrente se encontraba la enorme puerta de madera de roble con grabados de serpientes. El toque final de la recámara lo daban un ropero antiguo pero igual de elegante que el resto de los demás muebles y accesorios, y una mesa de estudio junto con una silla.

La mujer estaba tan ensimismada que sólo un fuerte sonido de cristal rompiéndose no muy lejos de ahí la sacó de sus cavilaciones. Cerca de la ventana del cuarto se encontraba una puerta sencilla que daba a algo que parecía ser un baño. Escuchó ruidos que provenían de ese lugar y vio una tenue luz de vela encendida dentro. Su corazón se estrujó al pensar que el Señor Oscuro se encontrara ahí.

-¿Qui… quién está ahí?- dijo con voz trémula la chica.

Nadie respondió. Sólo vio como una figura de negro salió con un movimiento violento hacia el encuentro de la que hacía la pregunta.

-Profesor Snape,- titubeó la castaña antes de continuar- ¿qué pasa? ¿Qué hago aquí?-

-Me temo, señorita Granger, que usted en este momento no se encuentra de paseo en un fresco día de verano.- el sarcasmo de Snape le hizo recordar a ella lo maravillosas y tediosas que eran sus clases en el colegio. –Y si lo prefiere, puede dejar de llamarme profesor en vista de que, evidentemente, ya no lo soy.-

-Entonces cómo debo llamarlo, ¿Señor Snape? ¿Severus? ¿Maldito traidor?- dijo con aire autosuficiente la muchacha.

-No tiente su suerte, Granger.- el pocionista se acercó arrebatadamente hacia la cama y vio con furia a la mujer que se había atrevido a llamarlo traidor -Usted no sabe nada.-

-¿Y usted sí lo sabe? ¿Sabe lo que ocasionó su estúpido juego de doble espionaje? ¡Hizo que todo empeorara y a gente como usted le debo… le debo…!-

-Continúe, señorita Granger. No hay otra cosa que pueda deleitarme más en este momento que escuchar su sermón de lamentos y culpas-.

-¡Váyase de aquí! ¡Déjeme sola!-

-Cuando usted era mi alumna, la insufrible sabelotodo, llegué a pensar que era mucho más inteligente que un estudiante promedio. Sin embargo, me parece que erré en tal aseveración dado que todo aparenta que usted no tiene ni idea del problema en que está metida.-

-¡Por supuesto que lo sé, pero eso es algo que no pienso discutir con usted!

-¡Ni a mí me interesa en lo más mínimo su bienestar!-

-¡Entonces, lárguese y déjeme en paz!-

-Aunque en este momento eso es lo que más ansío hacer, no puedo. El Señor Oscuro me mandó a cuidarla para que recupere su salud.-

-¿Qué?- Hermione pensó para sus adentros que el muy bastardo de Voldemort se estaba apresurando todo para dejarla embarazada cuanto antes. Tanta amabilidad de hasta colocarla en una habitación especial de la mansión no era propia de un ser tan despreciable como él.

-¿Es que acaso usted es sorda o tonta? Voy a curarle las heridas que tiene, y déjeme decirle que no es nada placentero para mí hacerlo. Ahora, vaya al baño y dese una ducha. No se demore. En ese ropero hay ropa para que elija, pero le sugiero que se ponga cómoda y de preferencia algo que deje al descubierto la mayor parte de las piernas, dado que la posición en que la acomodé durante su agradable estancia en la celda debió lastimarlas- el filo de las palabras del mortífago llegó al límite de Hermione para poder soportarlas. Ella hizo un esfuerzo sobrehumano para levantarse y el pocionista ni siquiera hizo el intento por ayudarla. Cuando hubo estado de pie dio algunos pasos con muchísimos esfuerzo y dolor, y ahora ambos ahora se daban las espaldas.

-Dese prisa- añadió ponzoñosamente el hombre.

Ella cogió toda la fuerza que tenía en ese momento y de un momento a otro se giró contra él y estampó su mano con toda su ira contenida en la mejilla del mortífago.

-Esto- sentenció Hermione- es por sus burlas y por haberme encerrado en ese lugar, aun bajo las órdenes de tu amo. Después me cobraré lo demás.-

Severus estaba totalmente impresionado. No se esperaba ni en sueños una reacción así de la mujer y mucho menos que una exalumna, la más correcta y perfecta de todas, se hubiera atrevido a golpearlo.

-Le aconsejo que no abuse su suerte, Granger. Después de todo yo conozco como nadie este terreno de juego, y usted obviamente no.- el hombre volteó con furia para encontrarse con el rostro de la chica- ¿Qué le hace pensar que tendrá la oportunidad de vengarse de mí? ¿Acaso piensa que tendrá un lugar lleno de privilegios sólo por convertirse en la esposa del Señor Tenebroso?- dijo con un exceso de sarcasmo, mismo que necesitaba Hermione para darle la estocada final de la batalla.

-¿Y qué le hace pensar que no? Después de todo, mi querido profesor, usted no es mujer y dudo mucho que sepa de esos temas.- y diciendo esto, la mujer caminó con mejor soltura, pues su cuerpo resentía la dicha de haber dejado por primera vez al pocionista mordaz sin palabras.

La chica se dio un delicioso baño en la tina. La habitación no era tan pequeña como ella pensaba y también estaba decorada de modo elegante. Del agua emanaban ricos aromas de lo que ella descifró como hierbas para relajar el cuerpo. Lavó cada una de las partes de su anatomía con verdadero ahínco, pues la sangre seca y la suciedad se habían impregnado en su piel como lapas. El champú y los jabones olían extraordinariamente bien, y ello reforzó un poco la idea última que le había dejado caer como agua helada a Snape: si el Señor Oscuro quería tener una mujer la tendría, con los bueno… y con lo malo. De alguna manera tendría que ingeniarse volver a hablar con él para tantear el terreno y saber qué era lo que exactamente esperaba él de ella. Pero de ninguna manera cedería ante él, aunque fuera lo último que hiciera. Además, tendría que ganarse una buena posición ante sus ojos para hacerle pagar a unos cuantos mortífagos por sus males, entre ellos a Snape.

Sin embargo, un profundo dolor interno le vino de repente en su corazón, pues de hecho ella estaba jugando el papel de esclava del Señor Tenebroso, y en esos momentos ni siquiera sabía cuál paso sería el siguiente. Su mente se llenó de ideas casi suicidas, pero más suicida que haberse entregado a él bajo su voluntad había sido la peor de todas y la única que sí había realizado. Comenzó a llorar maldiciéndolo a él, a Snape, a la celda y a la misma recámara en la que por alguna extraña razón la habían trasladado para ser curada. Hundió su cabeza bajo el agua para dejar de pensar. Sólo unos leves toquidos que apenas escuchaba la extrajeron de su trance.

-Granger, salga ya antes de que se convierta en una pasa, y créame, así será más repugnante tener que curarla- Severus la esperaba con impaciencia afuera y él, a diferencia de ella, había notado el transcurrir del tiempo.

Hermione salió sobresaltada y cuál fue su sorpresa al recordar que de la cama se había ido directo al baño sin escoger antes la ropa con la que se cambiaría. Envolvió en una toalla blanca su cabello y en otra de igual color su cuerpo, dejando al exterior sus delicados hombros. Se puso unas sandalias tan pronto como pudo y comenzó a voltear el cuarto de baño buscando qué ponerse. Sin duda no volvería a usar su ropa sucia y rota. Cuando vio que no tenía opción y que seguramente Snape sabía de la torpeza de su acción y se regocijaba de ella, decidió salir así del baño muy para su vergüenza, y de esa forma lo hizo.

El hombre la estaba esperando con una expresión de tremenda burla en su rostro, mas no se rio. Ella, en cambio, ni siquiera volteó a verlo y se limitó a caminar perezosamente hacia el ropero. Ninguno hablaba. Cuando Hermione llegó hasta su destino, el hombre se cercioró de que ella no lo veía y no pudo resistir las ganas de verla… y sí que era hermosa. Las gotas que aún permanecían en sus hombros brillaban apenas con la escasa luz de la habitación, pero podía verlas como finos trozos de diamantes sobre su piel jovial. La toalla enmarcaba un bien formado trasero que, si bien no era muy abultado, se veía como el de una mismísima veela. Hermione comenzó a ponerse nerviosa dado que no encontraba algo ad hoc con ella y el tiempo pasaba en esa penosa situación. Sólo habían en el ropero vestidos largos muy elegantes y algunas pijamas de seda en color negro o verde esmeralda. Su sentido común le indicó que en el cajón de hasta abajo del ropero encontraría la ropa interior. Tuvo que agacharse para abrirlo y sacar lo que buscaba. No obstante, cuando se levantó una parte de la toalla descendió por la espalda y dejó a la vista del hombre que, contrario a su voluntad, no podía dejar de ver el cuerpo de mujer que ahora tenía su exalumna. Ella se apresuró para acomodarla en su sitio pero le fue un poco difícil al tener ocupadas las manos con la ropa que había escogido. Sin decir ni una palabra se dirigió nuevamente al baño y se cambió.

Después de un rato salió con un poco de pesadumbre, casi arrastrando las piernas.

-¿Profesor Snape?- ella se encontraba un poco avergonzada por el trato que le había dado al hombre. Después de todo, sería él quien la ayudara a sanar, y por ello no halló otra forma para referirse a él más que como lo hacía cuando era su estudiante.

El hombre estaba absorto en su mente. Después de que la chica se había ido a cambiar no podía dejar de pensar en lo increíblemente linda y sexy que se veía en esas condiciones. Nunca se hubiera esperado que la Hermione Granger que él conocía se convertiría en la mujer que había visto salir en toalla.

-¿Profesor Snape? ¿Se encuentra bien?- preguntó con preocupación la chica por segunda vez. El hombre salió de sus pensamientos haciendo un ademán de despeje de la cabeza para poner atención a la dulce voz que le llamaba.

-¿Qué… qué quiere Granger?- el hombre dirigió su vista hacia donde la muchacha y si lo que antes había visto había sido altamente gratificante para su vista, esto que ahora veía era mil veces mejor. Hermione vestía una fina pijama de seda en color negro. La parte de arriba era una sencilla blusa sin mangas, que sólo era sostenida por unos delicados tirantes, por lo que se asomaban también los tirantes que sujetaban el sostén. En la parte de abajo llevaba unos shorts que dejaban al descubierto sus bien formadas aunque lastimadas piernas. El hombre ahora no pudo disimular ante ella y se le quedó observando con verdadera sorpresa.

-Estoy lista… ya puede empezar a curarme.- la mujer notó con obviedad la vista de su exprofesor sobre su cuerpo y no pudo hacer otra cosa más que sonrojarse de vergüenza.

-A… acuéstese sobre la cama- al mortífago le costó trabajo salir de la impresión que le estaba produciendo la hermosa chica. Se dirigió luego al baño por varios frascos de pociones y ungüentos que trajo a la brevedad.

-Tenga, beba esto.-

-¿Qué es?- dijo con desconfianza la muchacha.

-¡Ay, por favor! ¿No pensará que quiero envenenarla? Ande, haga caso y bébalo. Es un analgésico que le ayudará a mitigar el dolor.-

Ella hizo caso, aunque con sorna, ya que más que una indicación, el pocionista le había dado una orden. Después se hizo el silencio. Le dio a beber dos pociones más y otras cuantas las utilizó para sanar las heridas. El hombre comenzaba a ponerse verdaderamente nervioso al revisar cada parte visible del cuerpo de la mujer. Vio varias cortadas y moretones en sus piernas, las cuales comenzó a tocar sin pedir permiso a la chica para colocarle ungüentos que le ayudarían a cerrar las heridas. Hermione notó el nerviosismo del hombre y sólo atinó a cepillar su cabello con un peine que había llevado ella desde el baño. Hacer eso le ayudaría a distraer su mente y a quitar un poco de tensión a la situación. El masajeaba con fervor pero sin lastimarla. Ella sin pensarlo comenzaba a disfrutar del tacto de las manos del hombre sobre su piel, pues realmente se estaba comenzando a sentir aliviada. Luego siguió el masaje hasta sus brazos, por lo que el mortífago tuvo que cambiar de posición y sentarse más cerca de ella. Masajeó con ahínco y de vez en vez volteaba a ver a la cara a la chica mientras se quitaba del rostro algunos mechones de su azabache cabello que le obstaculizaban la visión. Ella continuaba viendo hacia cualquier parte con tal de no encontrarse con los ojos negros del hombre que en algún tiempo le habían inspirado mucho respeto.

Severus, sin darse cuenta, comenzó a sudar y a respirar más rápido. Sin duda era una situación muy comprometedora de la que ninguno de los dos quería ser partícipe, pero esas habían sido las órdenes del Señor Oscuro. Continuaba el masaje con fervor y ella sólo atinaba a obligar a su mente a viajar a ninguna parte.

-Dese la vuelta- dijo el pocionista

-¿Cómo?- dijo Hermione extrañada.

-Que se dé la vuelta-

Ella hizo caso, pues entendió que ahora tocaba el turno de la espalda. Él subió la blusa hasta el cuello de la chica para poder masajear con libertad. Notó que estaba muy lastimada y el masaje bajó de intensidad. Ahora se dibujaba perfectamente la espalda que minutos antes viera con gotas de agua sobre ella. Fue bajando gradualmente hasta la espalda baja y vio la linda silueta que dibujaban la cintura y la cadera de la mujer. Estaba empezando a perder los estribos y una erección no controlada comenzó a adueñarse de su miembro cuando bajó su vista y vio la hermosa montaña que era su trasero. Ella estaba más nerviosa a cada segundo que el hombre tocaba puntos sensibles de su espalda que le hacían estremecer los adentros. Él rompió con el momento antes de que las cosas subieran de tono.

-Ya puede voltearse- dio la espalda a la mujer mientras ésta regresaba a su posición inicial. Con su capa cubrió la erección del que era preso y limpió el sudor de su rostro.

-Gra… gracias, profesor.-

-Ya le dije que no soy su profesor- contestó ariscamente el hombre.- Y todavía no termino.

Snape se acercó hacia el rostro de la chica y le comenzó a untar pomada sobre las heridas que tenía en él. El pulso del hombre le delató el nerviosismo y ella ni siquiera podía parpadear. Por un momento el mortífago ya no pudo resistir y la vio a los ojos con una expresión indescifrable. Ella le devolvió la mirada casi con terror. Luego él se puso de pie y le ordenó que bebiera una poción más para dormir. Dicho esto, la dejó sola en el cuarto más confundida que antes, y se marchó a su alcoba a hacer lo que un hombre hace a solas después de tener tan cerca a una hermosa mujer.

Ella hizo lo que le pocionista le indicó y cayó profundamente dormida encima de la colcha. Después de un rato acaeció la noche y una casi espectral figura se internó en su recámara. Se sentó en la cama junto a ella y con el dorso de su mano le tocó el rostro

-Buenas noches, mi pequeña impura.-