Acá están algunas de las continuaciones de los capítulos por personajes. Ya aviso que nose si habrá de Dawn, ya que su vida está totalmente cambiada y sinceramente se me aburre escribir desde su punto de vista, así que probablemente se enteren de ella por Paul.
Los personajes de Pokemón no me pertenecen
20 de Mayo de 2017
Serena guardó los últimos platos en la alacena antes de quitarse el pañuelo de la cabeza. Tenía el cabello corto, pero eso no hacía que no se le cayera por el estúpido clima y el shampoo de mala calidad que usaban.
Calem estaba esperándola en el sofá que habían conseguido cambiar después de haber vivido más de un año en ese sitio. Desde aquella vez, que la vio con el cabello corto y la mirada definida, que entendió que estaba comprometida a hacer algo y que no era solamente por capricho como él siempre decía, el chico prometió contarle la verdad sobre Xerneas e Yvetal si ella conseguía controlar sus poderes.
Todas las noches después de cenar era lo mismo. Se sentaban enfrentados con las piernas cruzadas y las mangas arremangadas, para que la marca con forma de X en el antebrazo de Calem hiciera presencia.
La había descubierto aquel día, cuando él le dijo que no podría explicarle bien todo el asunto hasta que algo de Yvetal se presentara en ella. Era la primera vez que veía a Kalm con algo de manga corta.
—¿Ya terminaste?
Serena asintió con la cabeza— Podrías lavar los platos alguna vez, ya sabes.
—Siempre te quejas de que lo hago mal. Ahora siéntate.
Serena rodó los ojos, algo que no era muy propio de ella. Pero Kalm le colmaba la paciencia, asíque sacaba esas facetas que no sabía que tenía o lo peor de ellas. Se sentó elegantemente con las piernas cruzadas y tomó las manos de Calem. No tuvo que arremangarse como siempre lo hacía, porque recién había terminado de lavar los platos.
No estaba muy entusiasmada, no como las primeras veces. Lo hacían cada noche hacía más de dos meses y nada fuera de lo común sucedía. Ni llamadas de Satoshi, ni noticias en la radio (porque no tenían televisión con cable). Nada fuera de lo común. Esa Serena que había nacido el día que decidió cortar su cabello parecía entrar en la desesperación, porque no había nada que pudiese hacer.
—No funcionará jamás si no cierras los ojos, tonta.
Resopló, sabiendo que intentar educarlo era imposible, y cerró los ojos. Se concentró en Sylveon, en su madre, en Ash y en Satoshi. Se concentraba en las manos de Calem, más grandes que las suyas, encerrándoselas casi por completo. En sus insultos y sus extrañas manías. En su olor. En su particular forma de tratarla y consolarla cuando lo necesitaba, y en tratar de imaginar su relación con Satoshi.
Tenía que enfocar su mente en algo,
Tenía que funcionar. Colapsaría si no obtenía ningún tipo de noticias o algo que pudiese decirles como actuar.
Pero sabía que cuando Kalm soltaba el agarre en sus manos y nada extraordinario ocurría, era porque no había funcionado.
Cuando abrió los ojos, Calem ya se estaba levantando— Lo siento, Serena, otro día será— Y se bajó las mangas del pijama de manga larga
Serena lo miró con el ceño fruncido, mientras caminaba hacia su habitación. Calem se detuvo antes de desaparecer por el pasillo y resopló.
—No puedo decirte nada, porque si Satoshi me está haciendo perder el tiempo contigo es porque algo fuera de lo común debería suceder. Si te digo que es lo que se o que creo que debería pasar, te forzarás a hacerlo solo para sentirte útil y no es así como funciona.
La impotencia la innundó. Al igual que ayer. Y antes de ayer. Y todas las noches anteriores desde el 4 de marzo. Sus ojos se pusieron algo acuosos, pero no se permitiría llorar. Se suponía que todo lo del corte de cabello y eso era para dejar de ser tan sentimental y volverse algo más ruda.
—No llores. No servirá de nada— Finalizó Calem, y unos segundos después se escuchó el portazo de su habitación.
—¡No estoy llorando!— Le gritó. Pero su voz ya estaba quebrada.
Calem se sentía terrible cada vez que no funcionaba, pero en parte aliviado. No sabía si el hecho de tenerle una pizca de afecto a Serena fuese parte del plan de Satoshi, pero sin que nadie lo quisiera, había pasado. Si hubiese sabido que consolarla una semana entera tras la muerte de su madre lo convertiría en un dependiente de sus emociones, lo hubiese evitado.
Pero no lo hizo, y no lograría dormirse hasta estar seguro de que ella no estaba llorando.
No entendía porque.
Era fanática del rosa. Tardaba horas en cocinar cualquier cosa (aunque el resultado era mejor que algo precocinado del supermercado). Tardaba mínimo cuarenta minutos en bañarse, y siempre lo dejaba sin agua caliente. Era malísima discutiendo, nunca sabía que contestar, como si nunca hubiese peleado por tonterías con alguien. Parecía a propósito que cada vez que le pedía que no mencione algo, ella lo hacía.
Insegura, llorona, femenina y paciente.
Lo sacaba de quicio de cualquier forma, más allá del hecho de que él está convencido de que tiene que odiarla desde que la conoció.
Pero a medida que pasaba el tiempo se le hacía más y más difícil, porque por más que no haya tenido mucho contacto social durante los últimos ocho años, sabía que Serena no era el tipo de persona a la que se odia por sus actitudes o acciones.
Era físicamente perfecta, no podía negar eso, e irresistiblemente adorable.
Objetivamente hablando, claro está. No tendría una opinión sobre ella, porque desde el principio estuvo condicionada por el hecho de que se supone que es la encarnación humana de Yvetal.
Y ella ni siquiera lo sabía. Decírselo supondría desobedecer a Satoshi, además de que no sabía como podría decirle a Serena que encarnaba al pokemón de la muerte. No decírselo implicaba dejar las cosas como ahora, y que pasara más y más tiempo hasta recibir la bendita llamada de su tutor que le dijera que podían regresar a Unova. O no. No lo sabía, porque no se lo había dicho. Pero cada vez estaba más tentado.
Se sobresaltó de golpe cuando la puerta de su cuarto se abrió con todo. La mesa de luz alumbró a una Serena llorosa y enfadada.
Debía estar muy metido en sus pensamientos, porque siempre sentía su presencia.
—¡Tonta, casi me matas de un susto! ¡Te dije que no entres a mi habitación más que para limpiar, y ya sabes que debes tocar si yo estoy adentro!
Serena, con una sudadera de él que por algún motivo se ponía encima muy seguido y unos pantalones lilas de pijama, solamente lo miró con los ojos brillosos, el ceño fruncido y la mandíbula presionada.
—Dime que rayos te pasa, no vas a poder llorar si no lo haces— Se incorporó en la cama de una plaza, indicándole con la mano que se siente— Ya sabes como funciona.
Y Arceus, no sabía que demonios era lo que lo impulsaba a ser de esa forma. Se sentía bien consolándola, era como si llenara una parte de él que había estado vacía desde la muerte de sus padres. Tal vez era que ya había pasado por cosas como por las que pasa Serena, o que usaba sus estúpidos encantos femeninos con el, diablos, no lo sabía.
Y ella parecía aprovecharse de él, porque muy a menudo aparecía en su cuarto con esa misma expresión.
Y él, no se lo prohibía.
Serena no se sentó, abrió la boca para decir algo varias veces, pero Kalm casi que sonríe cuando se apoyó contra la pared y la golpeó con la mano abierta.
—¡No puedo hacer nada bien! ¡Y si tu tan solo me dijeras que diablos es lo que tengo que hacer para activar a Yvetal o como se llame, podría sentirme más útil!
—Ya te dije que...
—¡Es por mi culpa que está pasando todo ésto! ¡Por mi culpa murió mi mamá, y por mi culpa tal vez mis amigos estén muertos!
Calem resopló. En cada uno de sus llantos, Serena revelaba algo nuevo. Ya sea desde alguna tontería de la cocina o como imaginaba que sería su primer beso con Ketchum.
Ahora, ¿por qué sería que es su culpa todo lo que está pasando?
—No tienes la capacidad mental como para haber planeado todo ésto y que salga bien. Solo así sería tu culpa
Hizo un puchero que casi lo hace reír.
Antes de sollozar, ya estaba sentada junto a el, con la cabeza en su hombro.
Revoleó los ojos, porque se sentía tan natural como respirar, aunque no debería.
—El día que fuimos a buscar a Dawn y Gary yo huí del bosque.
—Lo se. Te molestaste con todos y decidiste pensar más en tu vida que en la de Dawn y Gary.
—¡No lo digas así! ¡Yo jamás quise que nada de ésto ocurriera! ¡Esperaba que los encontraran y regresaran a salvo a Unova!
—Una princesita como tu jamás pensaría de otra forma.
—¡Si tan solo no me hubiese rebelado así, ahora todo estaría bien! ¡Sylveon no se hubiese ido, mi mamá estaría viva, y yo no tendría que vivir con la incertidumbre de saber si puedo hacer algo útil o no!
—No hay nada que puedas hacer, Serena, Sylveon abandonó tu cuerpo— Le acaricio el cabello con el brazo sobre el cual reposaba su cabeza. Lo hacía sentir bien... suponía— Lo único que puedes hacer ahora es esperar. A que se muestren signos de Yvetal para que Satoshi nos diga que hacer, o que él venga por nosotros...
—¡Pero es que estoy harta de esperar, Calem!
—Kalm...
—¡Me siento una inútil aquí encerrada, pero temo que si me rebelo pasen cosas malas por mi culpa de nuevo!
—Alguien está en su período...
—¡No lo estoy, Kalm!— Serena se desprendió de su agarre y lo miró a los ojos.
Sus rostros quedaron peligrosamente cerca, y las perfecciones tan alabadas del rostro de Serena (con los ojos rojos y lagrimas recorriendolo por todas partes) hicieron justicia.
Se alejó un poco. No era como si se hubiese sentido incómodo.
Pero diablos, era hombre. Ella lo sacaba de quicio pero vivían juntos hace un año y más de una vez tuvo ganas de...
Pero era imposible. Al menos con la chica que llevaba dentro al pokemón de la muerte, mientras el llevaba al de la vida.
—¡Ahora te quedas calladito, verdad! ¡Porque sabes que es cierto y de todas formas no quieres decirme nada!
—Créeme que no es por eso— Respondió, sin dejar de fijar sus ojos grises en los celestes de ella. Sintió hasta lástima por un momento. Porque él estaba allí con un objetivo y una misión. Sabía que hacer y como reaccionar. Serena era una ficha del juego nada más, y ni siquiera sabía cual era su rol...
—¡Ayúdame!— Exclamó. Su torso se inclinó hacia adelante, y la cercanía lo tentó de nuevo.
Era hablar o besarla.
Y no podía besarla.
Hablar los llevaría a Unova... Tal vez...
Si él le contaba todo, tal vez Satoshi lo castigaría de por vida, pero al menos no tendría que soportar sus llantos y la seductora forma de sus labios. Incluso podría conseguirse a una chica por ahí, porque esperaba que esos deseos carnales sean porque no tocaba a una mujer hacía mucho tiempo...
—Te diré todo lo que demonios quieras saber— Soltó Kalm. Muy frío. Como la primera vez que se habían encontrado— Pero luego volveremos a Unova, y no puedes acercarte a mí de nuevo.
4 de Marzo de 2017
May se había vestido con lo primero que encontró a penas salió del baño. Le sudaba y temblaba todo el cuerpo, que combinado con el hecho de que sus manos comenzaban a helarse parecía como si le hubiesen inyectado anestesia. Se apoyó contra la puerta, con ambas manos pegadas a ella y los ojos bien abiertos.
Todo se había vuelto tan claro.
No existía tal accidente, ni ninguna moto ni ningún acompañante.
Brian, si es que su nombre era Brian, la había sacado del tecnológico, donde aparentemente Kinomoto tenía su laboratorio, en el cual le había hecho algo a su mente para olvidarlo todo. Le había mentido desde entonces y la había mantenido cautiva durante más de un año.
No podía sacarse la asquerosa muñequera, porque sabía que sucedería eso. Sucedería que recordaría todo.
Respiró profundo varias veces, tratando de controlar el halo de hielo que se comenzaba a generar debajo de sus botas con cordones. ¡Diablos! ¡Había recordado todo, maldita sea, había recordado todo lo que vivió hacía más de un año! Y se acababa de dar cuenta de que...
De que había estado un año prácticamente dormida... Un año perdido en la batalla...
Y no sabía que tan adelantado estaba Arnold Kinomoto comparado a ellos.
No sabía si Paul, Misty y Serena habían sobrevivido...
Drew...
Abrió los ojos como platos al entenderlo todo.
Andrew Hayden, el famoso y arrogante tenista, era Drew.
¿Pero por qué Drew se pondría a jugar al tenista famoso considerando que Satoshi le había dado un Eevee para detener a Kinomoto?
Así como habían hecho que ella olvide... Podrían haber hecho que Drew olvide también...
Solo había una persona que podría responder sus dudas.
Aguantó la respiración para no llorar. Brian había cuidado de ella durante un año entero, y jamás se le había ocurrido decirle la verdad. ¿Que tan estúpida y asustada podía sentirse? Era prácticamente como si la hubiese estado acosando con permiso
—¡May!— Se oyó su voz, desde afuera de la habitación. Hizo temblar todo su cuerpo.
—Tranquila, tranquila...— Dijo para sí misma, casi inaudiblemente.
No estaba indefensa. No tenía que tener miedo. No había nadie más en la habitación: no estaban Misty o Drew para planear algo infalible y salir huyendo; y no estaban Ash o Dawn para hacer las imprudencias que a ella se le ocurrían pero que nunca eran su culpa porque ellos tomaban la iniciativa.
Estaba fusionada con Glaceon. La marca en su muñeca y el halo de hielo debajo de sus pies que ya había congelado la pata de la cama se lo decían.
Podía hacerlo. Podía encarar a Brendan.
Dejó salir el aire helado de sus pulmones lentamente. No sabía que tan impulsiva estaba siendo al hacer lo que iba a hacer, pero no tenía a nadie que la guiara en este preciso momento.
Era la única desventaja de tener familiares y amigos incondicionales. No sabías como reaccionar cuando estabas sola.
Se separó de la puerta y la abrió con velocidad.
Brian estaba justo afuera, como si estuviese a punto de tocar
—¿Como estuvo tu ducha? Tardaste mu...
No supo que fue lo que la impulsó a hacer aquello, pero se sintió extremadamente bien.
Brian no había terminado la frase para cuando May lo dejó inmovilizado contra la pared por un enorme pedazo de hielo. Si es que decidía sacarlo, no sabía como demonios lo haría. Parecía como si sus poderes estuviesen fuera de control otra vez, como aquella vez que Drew besó a Brianna...
Ok. Si podía recordar, definitivamente
—¡Dime tu nombre, ahora mismo!— Fue lo primero que le gritó. Tenía muchas preguntas que le costaba organizar en su cabeza. Mucha información había entrado de golpe y organizarla no se le estaba haciendo una cosa sencilla. Sumándole la excitación que parecía tener el Glaceon en su interior y que sus sentidos estaban activos al cien porciento.
Brian o como se llame abrió los ojos como platos. Pareció tomarle unos minutos ubicarse donde estaba y que era lo que había pasado.
—Cielos, te quitaste la muñequera...
May le arrojó otra porción de hielo a los pies, que habían quedado descubiertos. No sabía cuanto duraría sin matarlo de hipotermia, pero por algún motivo eso no parecía preocuparla.
—¡Que cómo te llamas!
—May, tienes que escucharme antes de hacer cualquier cosa... Créeme que te salvé, y te dije que no te quitaras la muñequera porque no sabía como podía dañar a tu mente...
—¡Pues resulta que me la quité y mi mente no está para nada dañada!— Comprimió más el hielo, generando una mueca de dolor en la cara de Brendan— ¡Dime quien eres y porque me sacaste de las garras de Kinomoto!
—Soy Brendan Kinomoto, soy el hijo del monstruo.
May abrió los ojos como platos ante la revelación, y el suelo debajo de ella se congeló.
—¿Que..?— Fue todo lo que pudo decir
—Me tiene trabajando para él desde que huyeron del tecnológico, el día del baile de invierno.
—¿Por qué me ayudaste a escapar?
—Porque no me gusta como estuvo haciendo las cosas. Para mi el estado también deposita demasiados fondos en los Pokemón, pero no por eso tiene derecho a robarse las vidas de todos los alumnos del tecnológico y tuya y de tus amigos. Así que te saqué de ahí, para demostrarle que no soy lo que el cree; te saqué antes de que pudiese robarte la memoria a ti también.
—¿No crees que me habrías ayudado más si tan solo me hubieses dejado recuperar la memoria?
—No sabía que tan mal podía hacerte, May. Experimentó mucho con los demás, y no quería que siguiera haciéndolo contigo.
—¿Qué fue lo que pasó con Drew?— Inspiró hondo sin dejar de fruncir el ceño y presionar la mandíbula cuando volvió a hablar— Yo estaba embarazada. ¿Donde está mi bebé?
Brendan suspiró— Tu y Drew fueron capturados aproximadamente tres meses después que Gary, Dawn y Misty.— Entonces tenían a Misty, pero no a Paul. Al menos no lo habían atrapado ese día— No sé que fue lo que los hizo regresar a Hoenn después de haber huido, pero un Hellken los encontró y los llevó al laboratorio. A Drew le hicieron lo mismo que a Gary, Dawn y Misty. Tu estabas embarazada, así que tardaron más en decidir que harían contigo. Recibiste una cesárea antes de recuperar la conciencia y querer destruirlo todo. No se que pasó con el bebé.
Recordaba vagamente unas luces blancas parecidas a las que había visto cuando recién despertó sin recordar nada, antes de que Brendan invente toda la mentira. Una sensación punzante la acompañaba en el vientre, mientras lanzaba hielo hacia todas partes. Luego sus ojos se cerraron otra vez. Cada vez que se veía la cicatriz en el estómago, creía que eran rastros del supuesto accidente en motocicleta que la había dejado con amnesia. Luego ésta desapareció.
Se tragó el nudo que tenía en la garganta.
—¿Qué fue lo que le hicieron a Drew y a los demás?
Brendan suspiró— Es horrible May, yo tampoco estoy de acuerdo con lo que hizo...
—¡Habla ahora, Brendan!
—Apartó sus recuerdos. Desactivó a las evoluciones de Eevee dentro de ellos con un suero llamado SH-41. Los Pokemón parecen fundirse con sus memorias y personalidades, por lo que quedaban inactivos siempre y cuando la marca que tienen en sus muñecas no hiciera contacto con el aire. Es como si fuese el otro lado del círculo de la memoria, al cual el suero no puede acceder. La marca les devolvería sus recuerdos si no fuese porque mi padre les dio otras personalidades.
Por eso Brendan no quería que May se quite la muñequera...
—Dudo que todos tengan muñequeras.
—Gary, Dawn y Misty tienen injertos de piel. La marca reaparece solo si usan sus poderes, por eso el injerto se inserta antes que el suero.
—¿Que hay de Drew?
—El organismo de Drew rechazaba los injertos así que su madre dijo que lo tatuaran.
Creía haber oído mal, así que preguntaría
—¿Su madre? ¿Cómo que su madre?
Brendan volvió a resoplar y no respondió
—¡No me sirve que tengas lástima ahora o cualquier tipo de arrepentimiento que estés sintiendo! ¡Tienes que decirme todo lo que sabes si realmente quieres hacer algo bueno!
—La mamá de Drew está con Kinomoto. Su padre huyó con la niña pequeña para que no le laven el cerebro también y ahora ella es la alcaldesa de Ciudad LaRousse.
Por eso "Andrew Hayden". Andrew era en realidad el nombre de Drew, pero como que desde que participa en concursos se inscribe con el apodo "Drew", ya nadie más que su identificación lo llama así. Drew le había contado la historia de su ciudad una vez. En caso de ser hombre el alcalde (cosa que ocurría la mayoría de las veces) sus hijos se apellidarían como la ciudad; era una tradición desde la fundación de Ciudad LaRousse. Si era mujer, tomarían el apellido de su madre o padre acorde a la partida de nacimiento.
El apellido real del padre de Drew era Hayden, que era el apellido que figuraba en su partida de nacimiento. Celinne debía de haberse aprovechado de la situación, y le había dado a Drew su nombre legal para ocultarlo.
Aunque no lo estaba haciendo muy bien, dado que lo había convertido en un famoso jugador de tenis profesional.
—¿Que hizo con Misty, Dawn y Gary?
—Misty es su secuaz. Le hace creer que es su hija, mi hermana menor para ser precisos, y me considera el traidor de los traidores por haberte salvado. La encontraron poco antes del incendio.
No sabía que tan grave era el cuadro o cuanto estaba resumiendo Brendan. Probablemente mucho, considerando que tenía hielo incrustado por todo su cuerpo. Recordaba algunas imágenes del incendio, pero era como si no estuviesen claras todavía. Paul se había alterado un poco.
—¿Que hay de Gary y Dawn?
—Ambos fueron encontrados en el bosque, y compartían cuarto de reseteo. Sus Eevee son complementarios, Espeon y Umbreon, sus poderes se anularían si atacaban al mismo tiempo durante el proceso. Era el primer reseteo que hacían, así que tenían que tomar medidas. Gary es el rompe corazones del tecnológico, hermano gemelo de Green. Los gemelos Firelanguer, para ser exactos. Lo dejaron conservar su nombre porque cedió con facilidad al suero.
—¿Y qué, a Dawn le cambiaron el nombre?
—Su nombre es Emily Rose Howels, y vive en Ciudad Petalburgo como la abeja reina del instituto donde Kinomoto la asignó, con un matrimonio que necesitaba dinero y le debía favores a mi padre. Le cambiaron el nombre porque se resistió al reseteo cuatro veces, antes de que conectaran a Gary en el mismo cuarto.
Gary, Misty, Dawn... y Drew... estaban viviendo vidas de otras personas, vidas inventadas por un maniático cuyo objetivo además de eliminar la existencia de los pokemón y alzar a la raza humana, aún no entendía.
Un momento, Ciudad Petalburgo...
Estaba tan segura de ellos que en ningún momento se le ocurrió...
—¿Por qué enviaría a Dawn a Ciudad Petalburgo?
—Porque está libre de pokemón. Kinomoto hizo que todos migren o los eliminó... Así con todos los entrenadores.
—Y el líder de su gimnasio.
—Si, fue el primero junto a su familia.
Kinomoto ya debía considerarla un blanco fácil o debía dar por hecho el lavaje de su memoria cuando decidió no matar a sus padres.
Tenía que estar agradecida por ello, pero ahora no tenía ni idea de donde estaban Max, su mamá y su papá.
Genial, algo más a la lista de problemas.
—¿Quien más trabaja para Kinomoto? ¿Y qué tanto sabe él de nosotros?
—Un muchacho llamado Alain hace los mismos trabajos que Misty. Kinomoto capturó a una amiga suya o algo así y lo manipula con eso— Alain, El nombre le sonaba de alguna parte— Sabe que se ocultan en Unova y está desesperado buscándolos. Busca a Serena también, y a un chico llamado Calem Vanderwall, que son parte de su "plan". No se porque no los mata en vez de hacer todo el proceso de lavarles la mente, pero por algo es y algo me dice que está muy apresurado por terminar con esa parte.
—¿Y tu?
Brendan pestañeó indignado— ¿Yo? ¿Yo que?
—¿Por qué me salvaste? ¿Por qué huyes de él?
—Te dije que quería rebelarme, May...
—¡Dime la verdad! ¡¿Qué objetivo tienes?!
—¡Al principio era eso, lo admito!— May no llegó a fruncir el ceño cuando Brendan se sonrojó de golpe y exclamó— ¡Luego terminé enamorándome de tí!
Parecía loco que entre todo el desastre... Brendan se diera el lujo de sentir algo...
—¿Vas a liberarme ahora?
27 de Febrero de 2017
Frenó como pudo a unas cuantas cuadras de su destino. Ese auto sería muy llamativo en un pueblo como Paleta. Ni siquiera estaba estacionado, estaba... ¿Arrimado a la esquina, era como le decían los choferes?
Andy no sabía conducir. Fue donde el padre de Serena tenía la sucursal de su empresa en Hoenn, después de saltar por la ventana de su cuarto en el tercer piso de la mansión, y que los árboles acogieran su caída. Una especie de hoja verde apareció donde debía estar el tatuaje, de forma muy tenue y delicada, como si tuviese piel crecida por encima. No supo como no se asustó por eso, y corrió de forma sobrehumana hasta la sucursal de la empresa, donde al ver que era el tenista Andrew Hayden, llamaron a Michael Gabena de inmediato.
El padre de la ex princesa de Kalos llegó directo desde Kanto para atenderlo. Andrew no supo explicarse bien, balbuceó un par de cosas, de hecho, porque no entendía lo que le estaba pasando. Michael le dijo que Samuel Oak le explicaría todo, por lo que le dio las llaves de un auto con caja automática, le explico en media hora como funcionaba, y lo envió directo a la carretera. Le dijo que lo llevaría él mismo si no fuese porque Gina, su esposa, sospecharía
No supo como demonios llegó. Su cuerpo estaba demasiado tenso al conducir, tenía miedo y estaba en plena autopista, sin registro, y corriendo el riesgo de que cualquiera que lo mirara por la ventana lo reconociera por ser un famoso tenista. El profesor Oak le había dicho que le habían lavado la cabeza. El no lo creyó, aunque el asunto estuvo rondando por su cabeza casi un año. Su "otro yo" en caso de existir, probablemente tampoco sabía conducir.
No lo creyó, porque quedarse en la cómoda posición con todo resuelto en la que estaba era mucho más cómodo que molestarse en tratar con su curiosidad y sus inseguridades acerca de su tan perfecta vida.
Chequeó que no hubiese nadie mirando en la desértica pradera de Pueblo Paleta, apagó el auto y bajó de él (aún con sus pantalones y camiseta de pijama junto a unos calcetines negros).
Las luces de la enorme residencia Oak estaban apagadas, probablemente el profesor estaba dormido y el lo espantaría al despertarlo.
Pero el saber que él podía explicarle que demonios había ocurrido era lo único que lo mantenía cuerdo y no lo hacía entrar en crisis. Andrew era un tipo que siempre tenía que tener todo resuelto, siempre debía saber donde estaba parado y a donde iría. No podría vivir con una extraña marca en su muñeca, un tatuaje que desaparece casi por completo de golpe, y plantas que hacen lo que el quiere que hagan, sin saber que tenía la solución.
El profesor Oak era la solución. Gabena había dicho que él sabía que era lo que tenía. Ahora debía decírselo para saber como proseguir.
Miró a su alrededor. No sabía que tan conocido era en un pueblito llamado Paleta, pero no podía arriesgarse a que nadie lo vea, y menos conduciendo, cosa que podría traerle algún problema legal.
Corrió sintiendo el rocío de la hierba en sus calcetines, hasta que llegó a la puerta y tocó el timbre.
No escuchó pasos hasta unos diez segundos después, donde el rostro de una mujer se le apareció detrás de la puerta. Tenía una mirada cálida de ojos avellana, de esos que probablemente se ponían verdes con la luz del sol. Sentía que ya los había visto en alguna parte.
—¿Si?— Preguntó la mujer, sin abrir la puerta del todo. Parecía mirar detrás de Andrew también, como si le temiera a algo.
—Me llamo Andrew Hayden. Vengo a ver al profesor Oak— Respondió, lo más calmado que pudo. Necesitaba saber que le pasaba. Por primera vez en su vida, estaba cuestionando lo que le ocurría.
—¿A estas horas?— Cuestionó la mujer. Algo en sus ojos se le hacía extrañamente familiar— ¿Por qué asunto es?
No sabía que tanto podía decirle...
—Sólo dígale que Andrew...— Se corrigió, al recordar que el profesor Oak lo llamaba de esa otra manera que sentía que le sentaba mejor, pero que nadie usaba— que Drew vino a verlo...
La mujer lo miró con desconfianza una vez, para cerrar la puerta. Se oyeron un par de ruidos desde el interior de la vivienda, y luego el profesor apareció por la puerta. Antes de que Drew pudiese decir algo, el hombre miró hacia ambos lados y lo arrastró dentro de la vivienda.
Cerró la puerta con sus múltiples cerrojos y luego lo miró. Estaba más despeinado que hacía un año, y había algo desquiciado en su mirada. Como si hubiese estado pensando muchas cosas que no se resolvían.
—¿Profesor?
El profesor respiró profundo y habló— Siento haberte jalado así, Drew— Dijo, llamándolo otra vez de ese modo— Pero alguien ha estado espiándonos todo el día, y por eso nos vamos a ir.
—¿Nos?— No entendía a que se refería. Tal vez a él y a la otra mujer que vio antes. —¿A donde van a ir?— Lo siguió con sus calcetines húmedos mientras caminaba por toda la residencia. No recordaba mucho de su encuentro hacía un año atrás, pero entendía que estaba más amueblado que antes. —Profesor, algo extraño me pasó ésta noche, hace unas horas... Por eso estoy aquí...
—¿Qué fue lo extraño que te pasó?— Preguntó el profesor, guardando cosas en una caja con la tenue luz que salía de lo que parecía ser la cocina, que aparentemente no tenía ventanas como para verse que estaban prendidas— ¿Entendiste que yo te decía la verdad? Aunque no me sorprende que hayas dudado de mí, es decir, no se si le creería a un anciano que dice que le lavaron el cerebro..
—Bueno, de hecho...— Siguió diciendo Drew, mientras el profesor caminaba en círculos— Un hombre apareció junto a mi cama con mi madre ésta noche, y trataron de inyectarme algo... Salté por la ventana y los árboles me atraparon— El profesor tenía toda su atención puesta en él ahora— ¿Cree que sea alguna clase de pokemón? Aunque ellos ya casi no aparecen en Hoenn...
El anciano volvió a resoplar y le tomó la muñeca, donde el tatuaje referido a su novia solía estar. La miró durante unos segundos, como si estuviese procesando lo que iba a decir y no supiese como.
—Drew, hace un año te dije que te lavaron el cerebro, y no estaba bromeando: eliminaron tus recuerdos de alguna forma. Dentro tuyo hay un pokemón tipo hierba que te proporciona poderes, pero con la memoria borrada no podías usarlos. Se trata de Leafeon.
Ok. Ahora si que era totalmente increíble, en lo que realmente significaba la palabra creíble con el prefijo delante.
El profesor Oak pareció notar su inconformidad en la expresión de su rostro— Drew, no vas a creer nada de lo que yo te diga, porque tampoco conozco la historia completa. Hay solo una persona que puede ayudarte, que está donde nosotros nos dirigimos.
—¿Nosotros? ¿Quienes? ¿Y a donde van?— El hecho de hablar de la partida del profesor pareció volver a despertar su obsesión por dejar todo guardado en cajas o moverse sin parar de un lado a otro.
—Mi hijo Gerald, su esposa Alison y yo. Iremos a Unova, donde se encuentra Satoshi. Es el padrino del hijo de Gerald, Gary, que de hecho era tu amigo antes de que ocurriera todo ésto.
Antes de que Andrew pudiese abrir la boca para decir algo, otras voces lo interrumpieron.
—Papá, ya envié todos tus pokemón a mi reserva en Ciudad Celeste, estarán bien ahí...
Otro hombre apareció en la sala. Tenía el cabello castaño, y los rasgos eran parecidos a los del su padre, exceptuando por sus brillantes ojos verdes. Su anatomía completa le trajo una sensación de recuerdo, como si lo tuviese en la punta de la lengua y no pudiese hablar. Estaba vestido con ropas cómodas, cosa que sintió extraña por algún motivo.
—¿Drew?— Preguntó el hombre. Probablemente se trataba de Gerald.
—¿Lo conoces?— Preguntó la mujer de ojos avellanas junto a él
—Es amigo de la escuela de Gary. Es el coordinador más jóven de los reconocidos de Hoenn, Drew LaRousse.
—LaRousse es la ciudad donde vivo de hecho, mi apellido es Hayden...
Gerald miró al señor Oak con complicidad— Sí, eso es lo que la televisión y tu juego de tenis dicen de ti.— El hombre castaño volvió a mirar a su padre— ¿Vendrá a Unova con nosotros?
—No creo que tenga otra alternativa. Supongo que Gabena lo envió hasta aquí por respuestas, y el único que puede dárselas es Satoshi.
—¿Satoshi?— Cuestionó Drew, esta vez. La sensación de que ya haya estado un buen rato ahí dentro y que no haya obtenido ninguna respuesta a parte de todas las cosas que ya le había dicho el profesor Oak, comenzaba a molestarle.
—Es... mi mejor amigo, digamos. El padrino de mi hijo también. Está algo loco y es un poco irresponsable, pero estoy seguro de que hace lo que puede... él puede decirte que es lo que ocurre contigo...
—¿Un poco? ¿Un poco irresponsable, Gerald?— Cuestionó Alison, con los brazos cruzados. Tenía rasgos finos, algo en su forma física le recordaba a Giselle, pero sin la repugnante sensación que también lo invadía cuando la escuchaba hablar. Wow. Nunca había admitido eso, ni en sus pensamientos.
—Estoy seguro de que sabe lo que hace, Ali. Si Gary estuviese en peligro, Satoshi lo sacaría de allí de inmediato, estoy seguro.
—Por supuesto. Tu tenle toda la fe que quieras. Así está su amigo— Acotó, con una caja en sus manos y señalándolo a Drew— Que no recuerda ni su nombre
—¿Por qué se van?— Interrumpió Drew, tratando de distraer su mente del hecho de que aún no había obtenido ningún tipo de respuesta.
—El tipo que te robó los recuerdos está tratando de tomar el poder en Kanto como lo hizo en Hoenn. Sabe que no somos especialmente amigos de sus ideales, así que vamos a marcharnos con Satoshi, porque él no sabe donde está. Su esposa ya está con él y nos envía mensajes a diario— Respondió Gerald. Su carácter animado parecía poner nerviosa a su esposa.
El poder de Hoenn, ¿Poder político?
—Espere, ¿se refiere a Kinomoto, o sea, Arnold Kinomoto? ¿El ministro de educación?
Alison rodó los ojos y resopló, como si no tuviese ganas de explicarse. Samuel Oak no hizo esa expresión, pero algo le dijo que no quería tener el tiempo para explicarle las cosas.
—Drew, tenemos que marcharnos antes de que salga el sol del todo, sino seremos un blanco fácil en las rutas y no podremos huír— Dijo el profesor, dejándose caer exhausto en una silla con una sábana encima. —Con nosotros estarás a salvo, y Satoshi puede explicarte todo lo que te pasó e incluso es probable que pueda devolverte tus recuerdos. Si no vienes, tu madre te encontrará y cuando te inyecte ese suero olvidarás toda ésta conversación o cualquier duda que hayas tenido.
La mujer alzó los hombros, como si no le importara. Parecía estar preocupada por el tal Gary.
—Tu eliges, Drew— Finalizó Gerald, mientras algo de luz solar comenzaba a filtrarse en las cortinas.
Hannah McCatter
