Esta historia está inspirada en la novela "A song of ice and fire" del escritor George R. R. Martin. Por ende, los personajes no me pertenecen, ya que son propiedad de George R. R. Martin.

"Invierno en Llamas"

Capítulo 9

Jon Snow

En cuanto llegamos a Rocadragón inmediatamente mis hombres y los Dothrakis se dispusieron a excavar para extraer el Vidragón sin descanso alguno. Lo único que me sostenía en ese preciso momento, era el deseo de volver a ver a Daenerys sonreír una vez más frente a mis ojos. No había duda alguna que esa mujer me había cautivado desde el primer momento que nuestras miradas se cruzaron, sin embargo, desde que decidí partir a Rocadragón, había algo que me inquietaba, y eso era lo que me tenía un poco tenso durante los días que llevábamos en el hogar de la última Targaryen.

—Mi señor—habló Ser Davos para captar mi atención—, necesita ver algo.

Le miré por un segundo antes de reaccionar adecuadamente y asentí con un leve movimiento de mi cabeza para después seguirle el paso. Una vez que nos detuvimos, fue inevitable mostrar mi rostro de asombro al estar viendo delante de mí las marcas que los primeros hombres habían dejado como evidencia de la existencia del ejército de los muertos. Observé con detalle las marcas, tratando de llegar a una conclusión, la cual era evidente desde un principio.

—Ellos existen desde el principio de todo—dije, y tragué un poco de saliva antes de proseguir—¿Por qué tanto esfuerzo por hacernos creer que solo eran un cuento de terror?

—Creo que los primeros hombres creyeron que la amenaza había desaparecido justo en el momento que levantaron el muro—replicó Ser Davos.

—Más bien creo que pensaron que ellos jamás serian capaces de derribar el muro—dije, y me volví en mi lugar para ver directamente a Ser Davos y agregar—Ordene que no pararemos hasta extraer el último pedazo de Vidragón.

Ser Davos apretó los labios ante mis últimas palabras.

—¿Pasa algo, Ser Davos? —pregunté.

—Mi señor, es mi deber recodarle que desde que llegamos hace más de tres días, no hemos parado de extraer el material—contestó mi mano—Necesitamos descansar, inclusive usted también, su alteza.

Le miré por un segundo y solté un leve suspiro.

—Tiene razón, Ser Davos—comencé a replicar—, nos detendremos por este día, sin embargo, mañana a primera hora quiero a todos de vuelta en las cuevas.

—Entendido, su majestad.

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Dejé que mi cuerpo se relajara dentro de la bañera mientras me bebía una copa de vino. Aún sostenía mi queja de que el invierno era más duro con los extranjeros, especialmente conmigo. Eché mi cabeza hacia atrás y cerré los ojos por un momento, tanto que llegué a recordar mi primer encuentro con Jon Snow, al cual le habían otorgado el título del Rey del Norte. Era inevitable el no soltar un profundo suspiro sólo de recordar sus penetrantes ojos negros sobre los míos, lo cual provocó que dibujará une leve sonrisa sobre mis labios. Abrí mis ojos nuevamente y volví a beber de mi copa de vino, después de un rato, decidí salir de la tina y enredé mi cuerpo con un trozo de tela. Caminé directo a mi habitación mientras secaba mi cabello tranquilamente, sin embargo la silueta de Daario sobre mi cama me desconcertó por completo.

—¡¿Qué demonios haces aquí?!—le pregunté inmediatamente.

El mercenario se levantó de mi cama para comenzar a caminar directo a mi dirección, sin intenciones de borrar su estúpida sonrisa de sus labios.

—Cómo Jon Snow no está—comenzó a responder a mi pregunta—Pensé que necesitarías de la compañía de un verdadero hombre—terminó de decir justo en el momento que se detuvo a unos cuantos centímetros de distancia.

Le miré por un segundo antes de inhalar un poco de aire para después soltarlo lentamente de mi sistema. Sus últimas palabras provocaran que mi sangre hirviera, gracias al simple hecho de insinuar que era una puta que necesitaba de cualquier hombre para calentar mi cama.

—¿Eres idiota?—repliqué, furiosa—Escucha, lo que paso entre nosotros es pasado… sólo eso—le miré directamente—ahora estoy enamorada de Jon Snow y él es el único hombre que tiene derecho de calentar mi cama.

—Te dije que volverías hacer mía—dijo, ignorando mi pregunta.

Daario soltó una leve risita y se atrevió a posar sus largos dedos sobre mi hombro desnudo. No pude evitar reaccionar ante su contacto, y él lo notó.

—Estás muy equivocado si crees que voy a follar contigo de nuevo—le afirmé, y de un fuerte empujón lo aparte de mí, logrando una decente distancia entre nosotros.

—Debo confesar que esa parte de ti me agrada—dijo, y sonrió nuevamente—tanto que te deseo aún más—e intentó nuevamente acercarse a mi dirección.

—¡Aléjate de mi!—grité, y retrocedí unos cuantos pasos.

—Tranquila—replicó, y elevó las manos a la altura de su pecho en señal de haber entendido.

Llené nuevamente mis pulmones de aire y lo solté lentamente.

—Ahora, largo de mi habitación, si no quieres que llame a mis hombres para que te decapiten aquí mismo—le dije, sin intensiones de caer en su juego.

Daario apretó los labios y echó su cuerpo hacia atrás, para después volverse en su lugar y comenzar a emprender camino hacia la salida de mi habitación, no sin antes agregar:

—Te lo advierto… volverás a ser mía… si no es por las buenas, será por las malas.

Y sin decir ni una palabra más, abrió la puerta y se topó con la silueta de la hermana menor del Rey del Norte, Arya Stark. Lo único que fui capaz de visualizar fue ver cómo esquivó su persona y caminó por el largo pasillo. Arya por su parte se introdujo inmediatamente a mi habitación y caminó rumbo a mi dirección.

—Danny ¿Estás bien?—me preguntó.

Le sostuve la miraba por un segundo antes de replicar.

—Sí, estoy bien—contesté, y volví a recuperar mi postura e inmediatamente volví a hablar—No es lo que te imaginas…yo…—no pude terminar, ya que la menor de las hermanas Stark me interrumpió.

—No tienes porque darme explicaciones, sé perfectamente que no serías capaz de traicionar a Jon—dijo—Jon jamás confió en él, mucho menos yo, pero mi hermano siempre respetó tu decisión de permitirle quedarse aquí.

—Entiendo—fue lo único coherente que salió de mis labios.

Quedamos en silencio por un par de minutos, pero el sonido de su voz irrumpió en mi habitación.

—Tal vez no sea el momento indicado, pero necesito de tu ayuda—confesó.

Posé mis ojos sobre su dirección y le deje ver una expresión de curiosidad sobre mi rostro.

—¿Sucede algo?—pregunté inmediatamente.

—Es sobre meñique—contestó sin dudarlo—Él traicionó a nuestro padre, entrego a Sansa a esos dementes de los Bolton y ahora tiene el descaro de pasearse como todo un Lord en el norte—pausó por un momento para tomar una bocanada de aire—En pocas palabras, él es como el mercenario, siempre estará del lado de las riquezas y del que más le convenga.

Medité por un segundo su petición antes de emitir palabra alguna.

—¿Me estás pidiendo que lo enjuiciemos?—le pregunté.

—Al menos podríamos encerrarlo hasta que llegue Jon y decida qué hacer con él.

—Arya, yo no puedo decidir eso, aun no estoy casada con Jon—pausé por un segundo— Sansa es la única que puede. Será mejor que lo negocies con ella.

Arya enderezó su espalda y apretó los labios antes de replicar.

—El problema es que Sansa no quiere hacer nada contra meñique—dijo, y soltó un leve suspiro.

—Bien, lo único que podemos hacer es mantenerlo vigilado, hasta que regresé Jon—pausé por un segundo antes de proseguir para inhalar un poco de aire—¿Eso servirá?

—Por el momento—contestó, sin intenciones de apartar su mirada de mis ojos.

—¿Hay algo más en lo que te pueda ayudar?

—Eso es todo. Gracias por escuchar.

—Gracias a ti por acudir a mí—dibujé una amplia sonrisa sobre mis labios.

Sin ninguna palabra más de por medio, Arya se dio la media vuelta y salió de mi habitación.

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—Casi lo arruinas—dijo Lord Baelish justo en el momento que se detuvo frente al mercenario.

Daario frunció el ceño y apretó los labios antes de reaccionar.

—No sé porque demonios tenemos que esperar—pausó por un segundo para tomar una bocanada de aire antes de proseguir—Es el momento perfecto para tomar Invernalia.

Meñique dejo escapar una leve risita de sarcasmo ante las últimas palabras del hombre.

—Por supuesto que lo sería… si no nos llevarán ventaja los salvajes que obedecen a Daenerys—replicó Baelish—Por eso es más razonable esperar a que el ejército de Cersei llegue al Norte para cuidar nuestra espalda—Pausó por un momento—¿No fue lo que acordaste con el actual gobernante de los siete reinos?

Daario apretó los dientes ante las últimas palabras que salieron de los labios del actual señor del Valle.

—No sé cuanto más pueda esperar por ello—le dijo Daario—sólo una cosa es clara, una vez que tenga a Daenerys en mis manos… desapareceré de la maldita faz de la tierra.

Meñique sonrió ampliamente.

—No tengo duda de ello—soltó de golpe.

Daario por su parte apretó los labios por un segundo y soltó un leve suspiro de resignación.

—No sabía que los dos fueran tan buenos amigos—se escuchó la voz de Tyrion Lannister, una vez que se detuvo a unos cuantos centímetros de distancia de los dos hombres.

Tanto el mercenario como Lord Baelish trataron de ignorar por completo las últimas palabras que salieron de los labios de la mano derecha de la Madre Dragón, pero fue inevitable mostrar sus rostros de rotunda incomodidad.

—Digamos que sólo son conversaciones ocasionales—por fin se atrevió a emitir palabra alguna el señor del Valle.

Tyrion sonrió ampliamente y apretó los labios en señal de sarcasmo.

—Eso espero—fue lo único inteligente que se atrevió a decir la mano derecha de la reina.

Daario por su parte, sólo fue capaz de hacer una pequeña reverencia ante la presencia de uno de los hermanos Lannister antes de marcharse del lugar, sin decir palabra alguna. Tyrion solamente sonrió por lo bajo y volvió a depositar sus ojos sobre la dirección de Meñique, para después continuar con su camino.

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El amanecer en el Norte, especialmente en Invernalia, era una de las cosas más hermosas que me había tocado presenciar en tierras foráneas. El insomnio se apodero de mi cuerpo durante la noche, lo cual provocó que saliera al patio principal del hogar de los hermanos Stark para tratar de relajarme un poco, ya que últimamente me encontraba muy tensa, debido a la ausencia del Rey del Norte. Sin embargo, la inesperada presencia de Fantasma frente a mí, provocó que dibujara una amplia sonrisa sobre mis labios.

—Hola, pequeño—le dije, y me atreví a posar una de mis manos sobre su suave pelaje.

El lobo por su parte restregó mucho más su lomo sobre la palma de mi mano mientras se movía de un lado a otro.

—Sí, yo también lo extraño y mucho—volví a hablar mientras soltaba una leve risita de resignación.

—Veo que han establecido una buena conexión—habló la voz de Sansa justo en el momento que detuvo su paso delante de mí.

Posé mis ojos sobre su dirección y le sonreía ampliamente. Fantasma por su parte soltó un leve gemido de relajación y se marchó inmediatamente del lugar.

—Tenemos algo en común. Los dos extrañamos a Jon y lo queremos de vuelta—le confesé y fue inevitable soltar una leve risita de nervios.

Sansa dibujó una amplia sonrisa sobre sus labios.

—Ya no tiene que preocuparse por ello, su majestad—comenzó a replicar sin intenciones de borrar su amplia sonrisa sobre sus labios—Justamente he venido a decirle que Jon está en camino regreso a Invernalia.

Solté un leve suspiro de alivio justo en el momento que la hermana menor del Rey del Norte terminó de emitir palabra alguna y fue inevitable trasformar mi leve suspiro de alivio en una pequeña carcajada de alegría.

—Esas son excelente noticias Lady Sansa.

Sansa borró su amplia sonrisa de golpe e inhaló un poco de aire antes de hablar nuevamente.

—Arya me visitó anoche—se atrevió a hablar, nuevamente—, ella está inquieta con la presencia de Lord Baelish…. más bien sobre su destino.

Le sostuve la mirada por segundo antes de apretar los labios.

—Lo sé—repliqué y bajé la mirada por un segundo antes de proseguir—Arya acudió a mí por un consejo—volví a posar mis ojos sobre el rostro de Sansa—Sin embargo, le dije que tú eras la única que podía decidir sobre el destino de Lord Baelish.

La pelirroja desvió su mirada por un momento y meditó por un segundo sus siguientes palabras.

—No podemos darnos el lujo de perder a los caballeros del Valle—salió de sus labios, una vez que volvió a posar sus ojos azules sobre los míos—No en este momento.

—En eso tienes todo mi apoyo—le dije—Sin embargo, también estoy de acuerdo con Arya, respecto a que Lord Baelish no desaprovechara la oportunidad de traicionar a sus aliados—pausé por un momento para tomar una bocanada de aire antes de proseguir— recordemos que él está de nuestro lado porque la suerte lo está, pero que pasará cuando la suerte nos dé la espalda… ¿Él seguirá de nuestro lado?

Sansa apretó los labios al escuchar mis últimas palabras, sobre todo mi pregunta.

—En este momento tú eres la señora de Invernalia—me atreví a volver hablar para captar nuevamente su atención, consiguiéndolo con éxito—Puedes decidir lo que más convenga, sin embrago, permíteme darte un consejo: No ignores las inquietudes de tu hermana o gente… ya que después puede ser demasiado tarde.

Sansa me sostuvo la mirada, pero no fue capaz de emitir palabra alguna respecto a mi consejo, ya que el sonido del rechinar de caballos irrumpió en nuestra pequeña conversación. Desvié mis ojos a la entrada principal de Invernalia, y fue imposible ignorar de qué se trataba del ejército de Cersei Lannister, ya que el emblema real del León estaba por todas partes.

—Mis señores, sean bienvenido a Invernalia—se escuchó la voz de Tyrion Lannister detrás de mi espalda.

Detuvo su paso a unos cuantos centímetros de distancia de mi lugar y sonrió ampliamente. Sin embargo, su sonrisa fue obstruida repentinamente por una expresión de asombro sobre su rostro. Traté de averiguar el porqué de su repentina expresión, pero fue imposible seguir meditando sobre ello, ya que la voz de unos de los hombres de Cersei habló para captar mi atención.

—Agradecemos su cálida bienvenida, Lord Tyrion—dijo, para después proseguir a desmontar su corcel.

—Perdone mi siguiente comentario—comenzó a hablar Tyrion—, pero ¿Dónde está Ser Jaime? Él es el que debería de estar al mando, no usted.

Por fin entendí su expresión.

—Ser Jaime fue encomendado a otra misión por parte de la Reina—contestó el soldado—Manda sus más sinceras disculpas.

Tyrion sonrió débilmente ante las últimas palabras emitidas por el soldado perteneciente al ejército de Cersei Lannister.

—Bien, entonces no se diga más—sonrió ampliamente mi mano derecha para después extender sus brazos a la altura de su pecho—Esta noche haremos un gran banquete para compensar ese largo viaje.

Apreté mis labios por un segundo y sonreía ampliamente ante las últimas palabras que salieron de los labios de Lord Tyrion.

—¿No es así, su majestad?—me preguntó.

—Por supuesto. Sean bienvenidos mis señores—fue lo único inteligente que salió de mis labios.

Ante mis últimas palabras, los hombres de Cersei Lannister comenzaron a instalarse inmediatamente a las afueras de Invernalia. Me volví en mi lugar junto a Tyrion y emprendí camino rumbo a la sala de reuniones.

—¿Sucede algo Lord Tyrion?—me atreví a preguntar.

—Esto no tiene sentido, su majestad—comenzó a contestar a mi pregunta—Jaime jamás dejaría botado el mando del ejército—detuvo su paso por un segundo.

—¿Crees que sea una mala señal?—le volví a preguntar en el momento que detuve mi paso junto con él.

—Eso trato de averiguar, su majestad—respondió, y posó sus ojos sobre los míos—Mientras tanto, sugiero que se mantengan bajo vigilancia.

Llené mis pulmones de aire y lo solté lentamente antes de replicar.

—Bien—fue lo único inteligente que se me ocurrió decir en el momento.

Me volví en mi lugar y le di la orden a uno de mis hombres de mantener en vigilancia los movimientos de los hombres de Cersei Lannister. Una vez que lo hice, reanudé mi camino, posé mis ojos en la dirección adónde se encontraban Lord Baelish junto a Daario y pasé de largo.

—¿Satisfecho?—le preguntó Meñique a Daario

—No te imaginas cuanto—respondió el mercenario mientras dibujaba una amplia sonrisa sobre sus labios.

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—¿Aún sigues creyendo que es mala idea?—le pregunté a mi mano derecha.

Tyrion despegó sus ojos de la copa de vino que sostenía en su mano en ese momento, para posarlos sobre mí. Inhaló un poco de aire y lo soltó lentamente.

—Sólo puedo decir que no hay que bajar la guardia—apretó los labios antes de proseguir—Usted es lo más importante en esta sala.

Posé mis ojos adónde se encontraban los hermanos del Rey del Norte, bajé por un segundo la mirada y me atreví a volver mis ojos nuevamente sobre Tyrion.

—Tal vez…pero hay personas aquí, que también lo son para mí—aclaré mi garganta antes de proseguir—No te preocupes, Lord Tyrion. Falta muy poco para que Jon este de regreso.

Sonreí ampliamente mientras le daba un pequeño sorbo a mi poca de vino.

—Esperemos y todo esté en orden cuando el Rey del Norte regrese—me dijo, y se levantó de su lugar—Sí me disculpa, su majestad, necesito hacer mis necesidades—hizo una pequeña reverencia ante mi presencia y emprendió camino, no sin antes esperar por mi aprobación.

Le observé por un segundo y volví a posar mis ojos sobre los hermanos de Jon Snow, los cuales se convertirían en mi familia dentro de muy poco. Sin embargo la presencia de Daario irrumpió mi pequeño momento de meditación.

—Agradable velada ¿No crees?—preguntó justamente en el momento que se sentó en el lugar que hacía un par de minutos ocupaba Tyrion.

—Sería mucho mejor si Jon estuviera aquí…conmigo—repliqué sin pensarlo dos veces y posé mis desafiantes ojos violeta sobre los suyos.

Pude ser testigo de cómo su amplia sonrisa desapareció de su rostro justo en el momento que salió de mis labios el nombre de Jon Snow. Apretó los labios por un momento y mordió su labio inferior en señal de estar disfrutando del momento, tanto que volvió a dibujar una amplia sonrisa sobre sus malditos labios. Tomó la copa de vino que estaba delante de él y le dio un pequeño sorbo.

—No hay nada más atractivo que someter a una mujer—salió de sus labios justo en el momento que depositó la copa de vino sobre la mesa—¡Ah! y excitante.

Fruncí mi ceño en señal de no estar disfrutando para nada de su compañía, mucho menos de sus comentarios fuera de lugar. Inhalé un poco de aire para tratar de relajarme, lo solté lentamente y eché mis hombros hacia atrás.

—Te pido que te reserves tus estúpidos comentarios, si no quieres que te ejecute aquí mismo—le dije, sin intenciones de retractarme de ninguna de mis palabras.

Daario por su parte soltó una leve carcajada ante mis últimas palabras.

—Sí realmente es lo que quisieras… mi reina, ya lo hubieras hecho—me dijo, y recargó su espalda en la silla.

—No me provoques—repliqué inmediatamente, un poco molesta—Sí aun no he dado la orden, a pesar de tus insinuaciones, es por el simple hecho de que te consideró un buen guerrero para mi ejército—le miré directamente—Nada más. Ahora te pido que desaparezcas de mi vista.

Daario apretó la mandíbula gracias a mis últimas palabras e inhaló una buena cantidad de aire, para después dejarlo escapar lentamente de su sistema. Enderezó su espalda y se levantó de su lugar para empezar a emprender camino, no sin antes hacer una pequeña reverencia ante mi persona y agregar:

—Bien, espero y no te arrepientas de esto.

Solamente fui capaz de asentir con un leve movimiento de mi cabeza para ordenarle que se marchara, a lo cual él accedió rápidamente sin pensarlo. Le di un trago a mi copa de vino y la deposité nuevamente encima de la mesa. Algo en el ambiente me tenía totalmente inquieta, y no me iba a relajar hasta averiguar de qué se trataba.

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Tyrion Lannister había conseguido escabullirse del banquete en honor a la nueva alianza entre el Norte y el ejército perteneciente a su hermana, Cersei Lannister, reina actual de los siete reinos, menos del Norte. Caminó directo a unos de los establos de Invernalia para encontrar el lugar adecuado para hacer sus necesidades.

—Después de todo no creo que haya sido una idea inteligente convencer a Cersei—se dijo asimismo, mientras se abrochaba su bragueta para acomodar sus pantalones.

Una vez que lo hizo, se volvió en su lugar, dispuesto a seguir con su camino de regreso al banquete, pero un misterioso sonido proveniente detrás de uno de los establos se hizo presente y le impidió rotundamente seguir con sus intensiones.

—¿Quién anda ahí?—preguntó Tyrion, un poco inquieto.

—¿Estás solo?—respondió la voz de un hombre, ignorando la pregunta original por parte de la mano derecha de la madre dragón.

—¿Jaime? ¿Eres tú?

El hermano mayor de Tyrion Lannister salió de las sombras para verse cara a cara con su hermano menor.

—Tenemos que hablar, es urgente—salió de sus labios.

—¿Qué demonios haces aquí escondiéndote como un bandido?—le preguntó inmediatamente Tyrion.

—Ya habrá tiempo para contestar esas preguntas—respondió Jaime—Escucha, Daenerys y los hermanos Stark están en peligro. Fue un error el confiar en Cersei.

Tyrion abrió los ojos como platos y reforzó su teoría de que algo andaba mal.

—¿De qué carajos hablas?

—Tyrion, por favor, te pido que creas en mi palabra—contraatacó Jaime—Cersei nunca tuvo la intención de aliarse con Daenerys Targaryen y mucho menos con un traidor como Jon Snow.

—¿Cómo puedo saber que todo este teatrito no es idea de parte tuya y de ella?—volvió a preguntar el hermano menor de Cersei—Además, tú eres la persona menos indicada en pedir confianza, cuando sabías perfectamente que yo no fui culpable de la muerte de Joffrey.

Jaime apretó la mandíbula y soltó un leve suspiro de resignación.

—Tienes razón, no me merezco tu confianza—comenzó a hablar Jaime—, pero al menos dame la oportunidad de comenzar hacer las cosas de la manera correcta. Además, no me parece correcto querer destruir a los hombres de ambos cuando hay una amenaza más fuerte que puede dejar a todo Westeros sin seres vivos que gobernar.

Tyrion posó sus ojos sobre los de su hermano mayor, inhaló un poco de aire y lo soltó lentamente.

—Ve al grano, Jaime—salió de golpe de los labios de su hermano.

—Hay un traidor en entre ustedes, esa es la razón por la que te digo que están en peligro.

—No me digas…es Lord Baelish—replicó Tyrion, sin sorpresa alguna sobre su rostro.

—Es inevitable el no pensar que él lo sea—pausó por un momento antes de proseguir—, pero no, el traidor es el mercenario, el que está bajo el mando de la madre de dragones.

La mano derecha de Daenerys quedo atónito por un segundo antes de procesar toda la información que había salido de los labios de su hermano mayor.

—¿Hablas de Daario Naharis?—preguntó Tyrion, y soltó una leve carcajada—No, debes estar confundido, Daario haría lo que Daenerys le ordenará sin pensarlo dos veces, él no sería capaz de traicionarla.

—¿Y cómo te imaginas que el ejército de Cersei llegó justamente en el momento que la mitad de los hombres de Daenerys y Jon Snow están en Rocadragón?—preguntó Jaime.

Tyrion quedo en silenció por un segundo, sin intenciones de emitir palabra alguna, ya que aun no podía creer en las palabras de su hermano.

—El mercenario acudió a Cersei y le proporcionó valiosa información sobre los planes y próximos movimientos del Norte a cambio de tener a la madre dragón para él sólo.

El hombre pequeño posó sus ojos nuevamente sobre los de su hermano, y soltó un profundo suspiro de resignación, por el simple hecho de haber aceptado lo que estaba pasando.

—Sí es verdad lo que dices, tenemos que sacar a Daenerys de Invernalia—replicó Tyrion.

—No, es demasiado tarde—le dijo a su hermano—Lo único inteligente que podemos hacer es aprovechar esta oportunidad, ir a muelle por la espera de Jon Snow y planear un contraataque.

—¿Cómo puedes decir eso? Daenerys es la última Targaryen y debe sobrevivir—dijo Tyrion, tratando desesperadamente de regresar al banquete.

—No seas estúpido—salió de los labios de Jaime, mientras tomaba del brazo a su hermano menor para impedir que cometiera una locura—Siempre creí que eras el más inteligente de los Lannister, sin embargo en estos momento no me lo pareces del todo.

Tyrion desistió de sus intentos de ir en busca de Daenerys Targaryen.

—Y yo siempre creí que tú eras el más estúpido—replicó Tyrion, soltando una leve carcajada—sin embargo, en estos momentos no me lo pareces tanto.

Jaime sonrió ampliamente ante las últimas palabras de su hermano menor.

—Bien, dices que Daenerys no está en peligro, pero ¿Que hay con los hermanos Stark?

—Así es, cómo te dije, el mercenario no dejara que le pase nada—dijo Jaime—Sobre los hermanos Stark, tampoco debes de preocuparte por ellos, Cersei los necesita con vida para poder negociar con Jon Snow.

—¿Y cómo demonios cree Cersei que logrará eso?

—Ella les perdonará la vida a cambio de que el Rey del Norte entregué su titulo y juré lealtad ante ella.

—Eso suena cómo un plan interesante—replicó Tyrion ante las últimas palabras de su hermano mayor y soltó un leve suspiro de resignación.

—No perdamos más tiempo y vayamos directamente al muelle.

Tyrion asintió con un leve movimiento de su cabeza y emprendió camino junto a su hermano, no sin antes darle un leve vistazo a la dirección adonde se encontraba Daenerys en compañía de los hermanos stark.

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—¿Disfrutando de la velada?—pregunté justo en el momento que tomaba asiento junto a los hermanos menores de Jon Snow.

Sansa y Arya sonrieron ampliamente, mientras que Bran mostraba una neutra expresión sobre su rostro, de la cual me percaté inmediatamente.

—¿Sucede algo, Bran?—me atreví a preguntar.

Bran posó sus ojos sobre los míos por un segundo antes de contestar a mi pregunta.

—Hay un traidor entre nosotros—respondió—No estamos a salvo en este momento.

—¿De qué demonios hablas, Bran? ¡Explícate!—exigió Arya.

Estuve a punto de replicar cuando el sonido de unas copas de vino estrellándose contra el suelo captó mi atención. Uno de mis hombres empezó a golpearse el pecho fuertemente y le empezó a salir espuma por la boca. Había sido envenenado. De un solo movimiento me levanté de mi lugar y corrí rápidamente hasta su lugar, sin embargo, era demasiado tarde, el hombre ya había muerto y con ello, la mayoría de mis hombres.

—En nombre de Cersei Lannister, les pido que no opongan resistencia si es que valoran su vida—gritó unos de los hombres pertenecientes al ejército de Cersei Lannister.

Posé mis ojos sobre el sujeto que había emitido palabra en nombre de la actual reina de los siete reinos.

—Te dije que te ibas a arrepentir—salió de los labios de Daario.

Apreté la mandíbula al escuchar su voz, fruncí mi ceño y eché mis hombros hacia atrás.

—¿Por qué no me sorprende?—pregunté.

El muy cabrón sonrió ampliamente y caminó directamente hacia mi dirección.

—No deberías—me dijo—Esto no se hubiera logrado sin la ayuda de Lord Baelish.

—Te dije que nos deshiciéramos de él—le comentó Arya a Sansa, la cual solamente fue capaz de posar sus ojos llenos de rabia sobre el Lord del Valle.

—Gracias—salió de los labios del mercenario justo en la dirección en que se encontraba Lors Baelish.

Posé mis desafiantes ojos sobre la dirección a donde se encontraba Meñique, pero mi sorpresa fue ver la habilidad de Arya de tomar por sorpresa a Baelish por detrás y posar una de sus dagas sobre su garganta.

—Ordena a tus hombres que se retiren, si no quieres que le corte la garganta aquí mismo—dijo Arya, sin intenciones de retirar su daga.

Daario apretó los labios por un segundo y soltó una leve carcajada.

—Tú misma lo has dicho, Lady Arya, mis hombres—pausó por un momento antes de proseguir—Así que no me interesa en lo mas mínimo lo que le pase a ese traidor.

Lord Baelish borró por completo su amplia sonrisa para darle entrada a una expresión de suplicar gracias a las últimas palabras que salieron de los labios del mercenario.

—Ese no fue el trato—replicó Meñique entre pausa.

—Tú mismo lo dijiste—la voz de Bran se hizo presente para captar la atención de los presentes— "Nunca confíes en mí"

—Punto extra para el Joven Stark—dijo Daario mientras apuntaba con su dedo al hermano menor del Rey del Norte.

—No, por favor—suplicó Baelish.

Arya por su parte posó inmediatamente sus ojos sobre su hermana mayor, sólo para confirmar su permiso de cumplir su pequeña venganza sobre todos aquellos que dañarón a su familia. Sansa asintió con un leve movimiento de cabeza y Arya no dudo ni por un segundo en rebanar la garganta de Meñique. Una vez que lo hizo, fue aprendida por uno de los hombres de Daario junto a sus hermanos.

—Lastima, era un buen aliado, pero difícil de confiar—fue lo único que salió de los labios de Daario al presenciar la trágica muerte de Lord Petyr Baelish.

—¿De qué se trata eso?—pregunté, sin intenciones de despegar mis desafiantes ojos llenos de rabia sobre los suyos.

—Todo se trata de ti, mi reina—respondió a mí pregunta—Ahora, lo único que tienes que hacer para mantener a salvo a los hermanos de tu querido Jon Snow, es obedecerme en todo.

Posé mis ojos sobre los hermanos menores del Rey del Norte y me pude percatar de las intenciones de Arya de atacar nuevamente, sin embargo, le indiqué con la mirada que se detuviera, a lo que ella accedió.

—Está bien, pero promete que no les harás daño—le dije.

—Siempre cumplo mi palabra, mi reina—replicó Daario con una amplia sonrisa sobre sus labios—Pónganlos bajo llave y manténgalos vigilados.

Y ante las últimas palabras de Daario, los hombres obedecieron sus órdenes y se llevaron a los hermanos Stark, provocando que desaparecieran de mi vista.

—Mientras tanto, tú y yo nos vamos a divertir mucho, mi reina—volvió a hablar la voz del mercenario—camina—me ordenó.

Solamente fui capaz de apretar la mandíbula y obedecer ante su petición.

Una vez que entramos a mi habitación, me arrogó en la cama y comenzó a desabrochar sus pantalones rápidamente. No sabía porque mi cuerpo no estaba respondiendo a mi petición de darle un golpe en la cara y salir corriendo del lugar. Miedo, eso era lo que me estaba impidiendo defenderme adecuadamente ante la situación. No podía ni siquiera imaginar que iba a ser ultrajada en la misma cama que compartía con Jon. Sentí los labios de Daario sobre mi cuello mientras que una de sus manos se colaba por debajo de mi vestido para llegar a detenerse sobre uno de mis muslos. Lo único inteligente que se me ocurrió fue no oponer resistencia hasta encontrar la oportunidad de atacar y liberarme de su agarre. Sentí cómo introdujo uno de sus dedos en mi interior y con su mano libre aprisionó uno de mis senos, acariciándolo fuertemente, y esperé por el siguiente acto. De un sólo movimiento, levantó mi vestido hasta la altura de mi cintura y comenzó a introducir su miembro en mi interior, lentamente. Apreté la mandíbula y cerré mis ojos fuertemente tratando de ignorar sus movimientos de cadera. Desesperada, en medio del acto, abrí mis ojos y comencé a analizar a mí alrededor con la esperanza de encontrar algo con lo cual defenderme y afortunadamente lo conseguí. Estiré mi brazo lo más que puede y alcancé un pequeño objeto de madera que se encontraba sobre el pequeño mueble que estaba justo al lado de mi cama.

—¿Eso te gusta?—me preguntó en medio del acto y posó sus labios sobre los míos.

Ese fue el momento indicado para atacar, le mordí el labio inferior y estrellé el objeto de madera sobre su cabeza. Daario soltó un grito de dolor e inmediatamente removió su cuerpo y me dejo libre. No lo pensé dos veces y me levanté de la cama para caminar directamente a la salida, pero su voz me lo impido.

—Sí sales por esa puerta, no te aseguró el bienestar de los hermanos Stark, especialmente el del estúpido Rey del Norte—me advirtió en medio de quejidos.

Me volví en mi lugar y le sostuve la mirada. Daario por su parte limpió los pequeños rastros de sangre que tenía sobre su labio inferior y se sobo levemente en el lugar donde estrellé el objeto. Soltó una leve carcajada y se levanto de su lugar, a duras penas caminó a mi dirección y se detuvo a unos cuantos centímetros de distancia.

—Esta vez corriste con suerte, mi reina—pude sentir su aliento sobre mi rostro—, pero no te aseguro que la siguiente vez sigas teniendo suerte.

Y de un sólo movimiento, esquivó mi persona y salió de mi habitación.

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Jon Snow

Por fin habíamos llegado a pisar nuevamente tierras norteñas. No podía con las ganas de llegar rápidamente a Invernalia para poder sentir nuevamente los suaves labios y piel de la madre de Dragones. Sin embargo, todos mis deseos se vinieron a bajo cuando pude visualizar la silueta de Tyrion Lannister junto a Ser Davos y Jaime Lannister

—¿Sucede algo, Ser Davos?—me atreví a preguntar.

Tyrion aclaró su garganta antes de responder por ser Davos.

—Lo siento mucho, Jon—comenzó a responder Tyrion—, pero fue un grave error el haber confiado en Cersei—pausó por un momento antes de proseguir.

—¿Qué demonios paso?

—Justo en el momento que llegó el ejército, tomarón Invernalia bajo las ordenes de Daario Naharis—finalizó.

Levanté una de mis cejas en señal de confusión.

—¿Daario?

—Acudió a mi hermana y le proporcionó información de tus planes y próximo movimientos a cambio de obtener a Daenerys para él—habló la voz de Jaime Lannister.

Sostuve mi mirada en dirección a Tyrion, sin decir ni una palabra, pero no había necesidad de hacerlo, ya que él entiendo perfectamente mi pregunta sobre la razón de la presencia de su hermano

—Es una larga historia—respondió, y pusó los ojos en blanco.

—Luego habrá tiempo para ello—repliqué y comencé a caminar directamente a mi caballo.

—Sí no es mucha discreción, mi señor ¿Qué tiene planeado hacer?—preguntó Ser Davos.

Monté mi caballo y le miré desde arriba.

—Ir por Daenerys y mis hermanos—respondí mientras le indicaba a mi caballo que se diera la vuelta

—Debemos hacer un plan de ataque—sugirió Ser Davos.

—El plan es simple, eliminar a Daario, liberar a Daenerys y a mis hermanos para tomar Invernalia de regreso—y le ordené a mi corcel que comenzará el camino.

—Que sutileza—salió de los labios de Jaime.

—Ya oyeron al Rey ¡Vamos, Vamos! —grito Ser Davos a los hombre de Daenerys y Jon Snow.

Continuará…

Notas de la autora (LiLiCo): Hola, principalmente quiero agradecer enormemente a las personas que se tomaron su tiempo en leer el capítulo anterior de mi historia, y sobre todo que hayan dejado su comentario y están al pendiente de mi fic desde el primer capítulo (Y a los lectores (as) que también están pendientes de mi fic, y no dejan comentario, también les agradezco mucho). Por otra parte, muchas gracias por sus favorites, follows y reviews. En verdad, se los agradezco desde lo más profundo de mi corazón y más, el saber que la historia es de su total agrado. Espero que hayan disfrutado de la actualización y que haya sido de su total agrado.

¡He vuelto! Una enorme disculpa por mi evidente usencia en el fandom. Sin embargo, espero tener el próximo a tiempo. Saludos.

Elena: Muchísimas gracias por tu comentario. Qué bonito se siente que digas que te agrada mucho la historia. Espero y hayas disfrutado del nuevo capítulo. Besos.

Got: ¡Hola! Lamento mucho haberte hecho esperar bastante por la actualización. Espero y lo hayas disfrutado. Saludos.

Lesly: ¡Hey, Linda! Muchas gracias por tu comentario. No, para nada he pensado en abandonarlo, pero si me es un poco difícil organizar mi tiempo para redactar. Espero y haya disfrutado el nuevo capítulo. Saludos.