Declame
Esta obra es un Crossover entre algunos personajes de la saga de Harry Potter de la autora JKR con el libro Peligro Mortal de Eileen Wilks.
Ni el trama, ni la historia me pertenecen, si no a sus respectivas autoras. Yo solamente los combine por diversión.
En el baño, Hermione abrió el grifo, se quitó su vestido de dama de honor, hizo una bola con él y lo tiró a la basura. A pesar de lo que le había dicho a Blaise, su arma se había quedado en la mesita de noche y no se la había traído con ella. Su baño era demasiado pequeño para un tiroteo. Dejó caer al suelo las medias y el sujetador mientras la pequeña estancia empezaba a llenarse de vapor. Despegó con cuidado la venda de malla que cubría su herida.
La mayor parte del daño no era visible. Los médicos creían que la bala la había alcanzado de rebote, no había signos de abrasión alrededor del orificio de entrada y la bala se había quedado alojada dentro en vez de salir por la espalda. Pero sí que había causado bastantes daños: había desgarrado músculos y astillado huesos.
Ahora, lo único que Hermione podía ver era una ligera depresión que acababa en un círculo arrugado, que todavía estaba enrojecido y tenía mal aspecto. Una costra con forma de media luna en una esquina indicaba el lugar por el que se había abierto la herida cuando había caído al suelo.
Le habían dicho que la cicatriz desaparecería con el tiempo. Y esperaba que así fuera. Desde los diez años había sabido que podían hacerle daño, de forma permanente e irreversible, y las cicatrices no le habían hecho desistir de sus propósitos. Pero era lo suficientemente vanidosa para darse cuenta de que no le gustaba el aspecto de esta.
Draco creía que el trance había hecho que la herida de su hombro sanará más rápido, al igual que la de la cabeza. Con cuidado, Hermione tocó el círculo pequeño y arrugado. Naranja.
Existían drogas que hacían que se te cruzaran los cables en el cerebro, de modo que podías saborear un color u oler un sonido. Sinestesia, así es como lo llamaban, LSD, peyote, mescalina...Incluso la marihuana era conocida por borrar la línea que separaba los sentidos. Pero Hermione no le daba a las drogas y a sus sentidos normales no se les habían cruzado los cables. Tan solo le sucedía al sentido extra, el que le permitía percibir la magia.
Quizá fuera normal. Su don era escaso. Nunca había conocido a otro émpata y se hablaba muy poco de ellos en el folclore. No tenía mucho a lo que remitirse salvo su propia experiencia y nunca antes se había tropezado con un demonio. Quizá percibiera la magia de otras esferas de forma diferente.
¿Pero por qué esa magia se había quedado pegada en ella?
Frunció el ceño mientras ajustaba la temperatura del agua. Entró en la ducha y cerró la cortina.
Estupendo, aquello era estupendo. Por unos instantes, el simple placer del agua caliente vació su mente. Deseaba dormir allí, de pie, con el agua caliente cayendo sobre ella... y no tener que encarar a Draco otra vez.
Aquello era patético. Disgustada consigo misma, Hermione estrujó el bote de champú con una mano. Podía hacerlo con la izquierda, pero no podía elevar el brazo derecho, y lavarse el pelo con una sola mano era muy raro. Aunque tenía clarísimo que no se iba a ir a la cama con pegajosos mechones de sangre seca en el pelo.
Desde que había resultado herida, Draco le había estado lavando el pelo. Se sintió culpable. Él era mayor de lo que ella pensaba. Un montón de mujeres salían con hombres mayores que ellas. Entonces, ¿cuál era el problema?
Hermione cerró los ojos y dejó que el agua la relajara. Draco tenía cincuenta y cuatro y ella veintiocho, así que él era veintiséis años mayor que ella. Veintiséis años era casi una vida entera para Hermione. Pero no para él. Ahí estaba el problema.
Salió de la ducha, se secó. Intentó acallar la irritante vocecita que imitaba a su madre y que escuchaba continuamente en su cabeza. Esta vez le decía que cuidara su piel. Y no pudo resistirse a echar mano de la crema hidratante.
¿Draco también discutiría con la vocecita de su cabeza? ¿Aquella que era como si su madre le estuviera diciendo aún lo que tenía que hacer y lo que no? O quizá fuera la vocecita de su padre, porque Draco era un hombre... Pero decidió que un hombre de cincuenta y cuatro años seguro que ya habría encontrado su propia vocecita a la que escuchar.
Hermione se puso una camiseta y un pantalón corto, y cogió un peine de dientes anchos para desenredar el pelo; incluso consideró seriamente irse a la cama sin secárselo. Pero la disuadió la perspectiva de una almohada mojada. Sacó el secador y lo enchufó.
¿Los secadores ya existían cuando Draco era pequeño? Había nacido alrededor de 1950. Los secadores se habían inventado mucho más tarde, ¿no?
Draco aparentaba unos treinta. Y dolía descubrir que no los tenía y que había dejado que ella creyera en una mentira. Hermione había creído que compartían referentes culturales, pero no lo hacían. Cuando era una niña, se había dedicado a escuchar música disco. Y él había escuchado... ¿qué? ¿Los Beatles? ¿Elvis? Ella había crecido viendo Cagney and Lacey, Cheers, Happy Days, Draco ya era mayor cuando Happy Days había estado en antena.
Apago el secador, enrolló el cable alrededor del aparato y lo guardó en un cajón. Echó mano de las vendas y del esparadrapo para cubrir de nuevo la herida, pero finalmente decidió que no era necesario. La versión religiosa de la magia que Luna había empleado al parecer había funcionado muy bien en ella, cosa que la desconcertaba bastante. Pero ya se preocuparía en otro momento por lo que aquello significaba.
Inspiró profundamente y abrió la puerta.
Draco estaba en la cama, en el lado derecho, ya que Hermione siempre dormía en el izquierdo. Estaba apoyado en un par de almohadas, con una sábana cubriéndole las piernas y la cadera. Debajo de ella estaba desnudo. Creía que los pijamas eran la cosa más estúpida jamás inventada por el ser humano.
Él la estaba observando muy detenidamente. Sus ojos la hacían pensar en el agua a medianoche, llena de misterios e insinuaciones, guardándose sus secretos.
Hermione ya estaba harta de misterios.
— ¿Por qué no me lo dijiste?
— Antes de que entraras en el clan, no podía. Después... supongo que fue por miedo. No ha sido muy noble por mi parte, pero tenía razón.
— ¿Tenías miedo de que me enfadara?
— ¿Acaso no lo estás?
"Enfadada" no era la palabra correcta. Confusa, desorientada, dolorosamente consciente de todas las diferencias que había entre ellos...
— Tú también tienes tus secretos. Y yo lo respeto.
— ¿De qué estás hablando?
— La abuela.
Hermione parpadeó.
— Pero ahora ya sabes lo que es. No te hablé de lo que era, pero la viste en acción. Incluso Theo vio cómo cambiaba.
La boca de Draco se torció en un gesto de disgusto.
— También sé que no existen, eh, seres como tu abuela que pueden convertirse en otros animales, y sin embargo, ahí está. Y no te he presionado para que me des una explicación.
— Mejor para ti, porque no tengo ninguna.
— No te estaba pidiendo que me explicaras nada.
Hermione hizo rechinar los dientes.
— No me estás escuchando. No te he dicho que no vaya a contártelo. No puedo, porque no sé nada. Si hay alguien más reservado que tu padre, esa es mi abuela.
Draco no dijo nada durante unos instantes, después hizo un gesto de disgusto y se rascó el pecho.
— Eso hace que mi silencio sea más difícil de explicar.
— Tienes la edad de mi madre. Mi padre tiene tan solo dos años más que tú. —De pronto, surgió un pensamiento—. Porque tú envejeces, ¿no?
Draco arqueó las cejas.
— Has conocido a mi padre y otros lupi de su edad. Sí que envejecemos. Solo que más despacio. El motivo quizá sea que nuestra capacidad de sanar repara el daño que hacen los radicales libres que, según los científicos, son los causantes del envejecimiento.
Los lupi lo curaban todo, desde resfriados hasta enfermedades de transmisión sexual e incluso heridas de bala. ¿Por qué no iban a ser capaces de curar el daño causado por el envejecimiento?
— Copias —murmuró.
— ¿Qué?
— He leído sobre eso. Para cuando cumplimos siete años, todas las células de nuestros cuerpos son copias. Cuando cumplimos setenta, nuestro ADN está trabajando con copias de copias de copias, y empiezan a desgastarse. Quizá lo que sea que provoca que cuando nos hacen un test de laboratorio salgan resultados tan extraños, mantiene tus copias en mejor estado que las mías.
— Sí que te gusta que las cosas tengan lógica.
— ¿Por qué no? La magia es un sistema, ¿no? Intenta descubrir las reglas por las que se rige y sabrás cuál es tu lugar.
— Tienes más en común con Blaise de lo que te gusta admitir.
No, no era cierto.
— ¿Hay algo más que hayas decidido no contarme? ¿Algo importante?
Los dos largos segundos de silencio fueron respuesta suficiente. Hermione sintió que le empezaba a doler el estómago.
— No llevamos mucho tiempo juntos. Lo sé, pero...
— No se trata de eso. Yo... maldita sea. —Se pasó una mano por el pelo—. No debería contarte nada. Es... se supone que eso es trabajo de la rhej.
La sacerdotisa o la historiadora con la que se suponía que Hermione tenía una cita dentro de dos días.
— Así que es un secreto del clan. Un secreto lupi. No se trata solo de ti.
Draco no dijo nada. Simplemente se giró y dio unos golpecitos en la cama, en el lado de Hermione, invitándola a que se sentara. Ella podía entenderlo. Ella también tendría que guardar secretos a veces. Secretos del FBI.
Pero no serían sobre ella. Maldita sea. Quizá se estuviera comportando de forma infantil, pero quería que fuera Draco quien se lo contará todo, no esa mujer a la que no había visto en su vida. Hermione tiró de las sábanas.
— Hermione.
Ella frunció el ceño.
— Probablemente sea estéril.
Hermione abrió la boca. Luego la cerró. Y finalmente tragó.
— Tienes un hijo.
— Una bendición. Un milagro, quizá. Pero tengo cincuenta y cuatro años y Scorpius es el único hijo que he tenido. La expresión "casi estéril" sería más adecuada.
Draco estaba haciendo un esfuerzo por no revelar ningún sentimiento y Hermione no podía saber hasta qué punto le estaba costando hacer esa confesión.
— Pero... no puedes tener la seguridad sin hacerte una prueba.
— No estás pensando. Las pruebas de laboratorio no funcionan con los miembros de la Estirpe.
Claro. Claro que lo sabía.
— Aun así, tú has estado con un montón de mujeres y no siempre te has quedado lo suficiente para saber si... No puedes estar seguro.
— Cuando nuestra semilla germina, nosotros lo sabemos inmediatamente.
¿Lo sabían? ¿Los lupi podían saber si una mujer se quedaba embarazada? Draco lo sabría si ella... Hermione se tocó el pecho. Tenía la sensación de que no le llegaba aire suficiente a los pulmones.
Por supuesto, ella utilizaba métodos anticonceptivos. Había empezado a tomar la píldora tan pronto tuvo el período por primera vez, muchos años antes de tener su primer amante. Su madre lo había entendido. Y, por primera vez, sin necesidad de explicaciones ni de largas discusiones, su madre había sabido por qué Hermione sentía que necesitaba esa protección.
Tenía ocho años cuando sucedió y por lo tanto aún no era fértil. La habían secuestrado. La habían metido en el maletero de un coche y se la habían llevado... A ella, y a su mejor amiga, Sarah. Se habían saltado las clases y escapado a la playa, donde un hombre de aspecto agradable, como el de un inofensivo abuelo, se las llevó. El hombre no había violado a Hermione porque la policía llegó a tiempo.
A tiempo para ella. Pero no para Sarah. Así que Hermione sabía en su sangre, en sus huesos y en sus entrañas que a una mujer se le podía hurtar su libertad de elección, y quería estar segura que de que esa libertad, esa decisión de tener un hijo, estuviera siempre en su mano.
Solo que ahora no era así.
— Lo siento —susurró Draco.
— No. —Hermione respiró profundamente mientras intentaba alejar la confusión—. No te disculpes por algo que no puedes evitar. Sé... —Hermionehabía visto a Draco con su hijo, abrazándolo, levantándolo en brazos, lleno de sencilla y absoluta felicidad. Un mes atrás a Hermione no se le habría pasado por la cabeza que Draco fuera un hombre hecho para ser padre.
— Siento tu pérdida. —Las palabras que solía emplear para aliviar a los familiares de las víctimas de crímenes resultaron ser muy adecuadas en aquel instante.
— Con el tiempo me he ido acostumbrado. Pero esto a sido un golpe para ti. No sé cuáles son tus planes respecto a los hijos.
Ella tampoco, la verdad.
— No había ninguno en el horizonte, así que... —Hizo un gesto con el hombro sano—. La verdad es que no he pensado mucho sobre el tema. —Y ahora no sabía qué era lo que sentía.
— Si quieres, todavía puedes tener hijos.
La boca de Hermione hizo un gesto de disgusto.
— Quieres decir con otro hombre.
— Sé que por la educación que has recibido piensas que eso no está bien. Pero la mía me dice que estaría mal privarte de una felicidad tan fundamental como la de ser madre, solo porque no me siento inclinado a compartirte.
— Es algo más que mi educación. —Hermione no sabía cómo explicarle a Draco por qué la fidelidad era tan importante para ella, sobre todo cuando él pensaba todo lo contrario. Y, oh...
Dios. Hermione se tensó.
Se supone que eso es trabajo de la rhej. Eso es lo que él había dicho sobre su secreto. Pero lo que Draco le acababa de contar no era un secreto de los lupi... a no ser que lo que le sucedía a él le sucediera también a los otros lupi.
No eran completamente estériles. Eso era obvio. Pero quizá la magia que les sanaba y les impedía envejecer influía de algún modo en su fertilidad. Quizá esa era la razón por la que los lupi habían elevado el sexo y la seducción a la categoría de arte, y por la que consideraban que los celos eran inmorales. Si no aprovechaban todas las oportunidades que se les presentaban para poder tener hijos, podrían llegar a extinguirse.
El rostro de Draco no le dijo nada. Y por una vez, Hermione no se sentía inclinada a preguntar. Draco había roto alguna especie de ley o de regla al haberle revelado aquello. Podía esperar a escuchar el resto.
De alguna manera, ayudó que Hermione se sintiera muy cansada. Se sentó en su lado de la cama.
— Supongo que Blaise habrá hecho su pequeño hechizo.
— Sí. El efecto debería pasar al cabo de diez horas, o cuando se abra la puerta del apartamento.
— Eso es extraño.
Draco le pasó una almohada y no hizo ningún comentario sobre el hecho de que Hermione no fuera a dormir desnuda como solía hacer normalmente. Aquella decisión no tenía nada que ver con él. Quizá los tipos malos todavía no estuvieran listos para un segundo asalto. O puede que el hechizo de Blaise funcionara a la perfección y el demonio hubiera vuelto al infierno, a Dis, o cómo diablos se llamara aquel sitio.
Pero quizá no. Si tenía que luchar con los malos, humanos o lo que fueran, no quería hacerlo desnuda. Apagó las luces, se tumbó... Y oyó el suspiro de Draco mientras sus brazos la rodeaban. Un suspiro de alivio. Draco no había estado tan seguro de que Hermione tuviera pensado dormir con él aquella noche, aunque tan solo estuviera en condiciones de dormir, y nada más.
A ella, sin embargo, no se le había pasado por la mente lo contrario. Y fuera lo que fuera lo que significaba aquello, estaba demasiado cansada para preocuparse. Sintió que la gravedad le presionaba contra el colchón, estrujando pensamientos y preocupaciones, dejándola felizmente inmóvil.
Bostezó sonoramente. Draco tiró de las sábanas mientras cogía postura en su lado de la cama, muy cerca de ella. Automáticamente, ella se acercó a él... Y se sentía feliz de estar así, a pesar de todo lo que había descubierto aquella noche. Y de todo lo que no había descubierto. Tantas preguntas...
Un cuerpo pesado aterrizó al pie de la cama y después se hizo un ovillo pegado a un pie de Hermione. Ella pudo sentir el ronroneo de Crook, un sonido casi inaudible, tranquilizador a su estilo, al igual que el brazo de hombre que le cogió por la cintura. Bostezó de nuevo y sus ojos se cerraron poco a poco.
Sin previo aviso, una pregunta escapó de sus labios.
— ¿Qué música escuchabas de niño?
— ¿Mmmm? —Draco sonaba como adormilado.
— Cuando eras un niño, ¿qué tipo de música escuchabas?
— Oh. Bach, Beethoven, Chaikovski. Cualquier cosa con cuerdas. Jazz.
Señor. No podía ser normal ni predecible ni hasta en lo más sencillo, ¿eh? Hermione se rindió y dejó que el sueño tomara su cuerpo
Hola mis bellezas, ¿como están? Bueno, por el día de hoy, les dejare este capítulo. Solo quiero informarles que voy a darle un stop a esta obra.
Me encuentro feliz de traerles este capítulo, donde pudimos descubrir algo increíble. Yo también me quede de piedra como tu cuando descubrí que son "infertiles". Ahora sabemos porque no son celosos ni porque se casa, eh aquí el verdadero motivo ¿Ustedes que piensan?
Sin más, se despide
Lumione
