VACACIONES EN ESCOCIA

CAPITULO # 9

Por: Tatita Andrew

Cuando Albert se levantó para ir al baño después del sexo fantástico que habían tenido Candy se acostó de lado y se quedó observando su amplia ancha su estrecha cintura, y se quedó sin aliento, era un sueño de hombre hecho realidad, se sonrojo al recordar la forma en que había terminado todo. Lo que todavía no podía asimilar era el hecho de que desconfiara tanto de ella. Entendía que tal vez hubiera sufrido una decepción y se lamentaba por no haberle preguntado sobre su pasado, que era lo que lo llevaba comportarse de esa manera.

Sabía que las cosas no habían quedado claro entre ambos que la incertidumbre seguía allí, y que él pensaba que tenía oscuras intenciones con el Sr. Leagan cuan alejado de la realidad estaba, si el supiera las dudas que la asaltaban por saber si este era su verdadero padre. Pero lo que más le dolía era que no confiaba en ella que no creía en su palabra cuando le decía que no tenía ningún tipo de relación con el amigo de su padre.

Aprovecho mientras estaba en el baño, para ponerse el vestido y para arreglarse un poco estaba terminando cuando el volvió a la habitación y por la forma en que la miró se dio cuenta que todavía estaba enojado con ella.

-Tenemos que hablar. Dijo ella

-Si estas dispuesta a decirme que estabas haciendo con el Sr. Leagan cuando te encontré tomando un café, entonces sí tenemos que hablar y soy todo oídos.

-¿Qué pasa si no estoy dispuesta a decirte nada? Porque ya te lo he dicho, que no depende de mí, no puedo hacerlo.

La miro duramente se encogió de hombres y le dijo.

-En ese caso Candy, tu y yo no tenemos nada de qué hablar es tan sencillo como eso.

Ella se quedó atónita.

-¿Aunque acabemos de hacer el amor?

-Si te has atrevido a engañarme con el amigo de mi padre, o si estas planteando hacerlo, entonces me temo que lo que hemos compartido no ha sido nada más que sexo vacío y carente de importancia, algo que hemos hecho por pura satisfacción física y totalmente humana.

En ese momento Candy se sintió tan sucia y usada, no podía creer que el considerara lo que habían acabado de tener como sexo vació. Contuvo las lágrimas no le daría la satisfacción de mostrarle que le habían dolido en sobremanera.

Pero sin decir más se puso las zapatillas y salió de su casa, solamente cuando llego al hotel se rindió al dolor y lloró amargamente.

Días después los celos y las dudas hacían meollo en la cabeza de Albert por eso y tomado por un impulso se dirigía a la casa del socio de su padre el Sr. Leagan, quería que le dijera frente a frente cuál era su relación con Candy. Al pensar en ella el remordimiento lo asalto por la forma en que la había tratado la última vez, claro que lo que habían tenido era todo menos un sexo vacío ni el mismo se había puesto a analizar cuáles eran los sentimientos que la rubia despertaba en él. Y recordó que debido a la furia y luego a la pasión que los envolvió era la primera vez que habían tenido relaciones sin protección.

¿Y si Candy estaba embarazada? ¿Y si le hacía lo mismo que su ex? No podría soportar la situación si Candy se sentía atraída de otro hombre estando embarazada de él, aunque había permitido con toda la frialdad que ella se fuera de su casa en ese estado, sabía que estaba a punto de llorar y lo que él deseaba con todas sus fuerzas era tomarla en brazos y no dejarla ir pero la duda y la incertidumbre pudieron mucho más que sus buenas intenciones.

Sabía que estaba loco por ella, por esa misma razón tenía que enfrentarse al Sr. Leagan de frente no podría estar en una relación con una mujer si esta quería estar con otro hombre.

Una vez que llego a la mansión un empleado lo condujo hasta la biblioteca.

-Gracias por recibirme con tan poca antelación

-Por favor Albert, me honras con tu visita, lo único que lamento es que mi hermosa Eliza no esté aquí para saludarte, pero quizás podamos hacer otra visita muy pronto. Tenemos mucho de qué hablar ¿verdad?

Albert no tenía ganas de hablar de negocios en aquel momento o mucho menos de su hija, lo que en realidad quería saber con urgencia era la relación que lo unía a Candy y fue al grano directamente.

-Te vi ayer tomando café con una amiga mutua.

-¿Con Candy? Ah sí es una joven encantadora.

Albert pudo ver el nerviosismo en el hombre mayor y eso lo hizo sospechar más y llenarse de rabia.

-¿Qué interés tienes en ella puedes decírmelo con franqueza?

-No sé a qué te refieres.

-¿Ha entendido muy bien la pregunta? ¿Verdad?

El hombre se aflojo la corbata en un gesto nervioso.

-Se trata de un asunto privado que solo le concierne a la joven y a mí.

-¿Una cuestión privada? ¿Qué puede haber entre ustedes dos que sea privado? Que yo sepa la conociste en la cena en casa de mis padres. ¿Acaso estas intentando convencerla de que se acueste contigo?

El hombre se puso de pie furioso y ambos estaban enfrentados aunque el rubio era mucho más alto que él.

-No te pases de la raya Albert, tu padre se avergonzaría si se enterara como me estas insultando en mi propia casa.

-No mezcles a mi padre en esto, esto es algo entre tu y yo, y exijo que me digas que esta pasando realmente, y no pienso moverme de aquí hasta que lo hagas.

-Esta es mi casa Williams Albert Andrew y no voy a consentir que me vengas a exigir nada.

Y en ese momento el rubio se dio cuenta que el Sr. Leagan lo miraba enfadado tal vez porque había creído que la visita era para dejar en claro el interés de Albert por su hija Eliza nada mas lejos de la realidad.

-Será mejor que tu me expliques tu propio interés en esa joven me pregunto a que se debió tu osadía de llevarla a la cena, tu padre reía que lo hiciste solo para molestarlo, porque ambos esperábamos que Eliza y tu se gustarán y decidieras iniciar una relación, sin embargo, si te has tomado la molestia de venir sólo porque nos viste tomando un café juntos, tu interés en Candy debe ser muy serio.

Ni el mismo sabía y menos le iba a explicar sus sentimientos al socio de su padre.

-Lo único que tienes que saber es tenemos una relación.

-¿Supongo que te estas acostando con ella? Sí está claro que sí, que por eso has venido a mi casa, exigiendo saber con tanta furia porque me encontré con ella.

-Quiero saber la verdad y el rubio se preparaba para oír lo peor.

-No puedo negar que me decepciona tu interés en la joven, ya que tanto tu padre como yo teníamos grandes esperanzas de que Eliza y tú llegaras a bueno… está claro que eso no va a suceder ¿verdad? Lo que voy a contarte es algo estrictamente confidencia ni siquiera tu padre puedo saberlo. ¿Tengo tu palabra de que no decepcionaras mi confianza?

-Sí.

Y en ese momento el Sr. Leagan le empezó a contar a Albert una historia increíble pero al parecer era cierta, por eso tanto el parecido, por eso el interés de aquel hombre con Candy.

Muchas horas más tarde mientras se dirigía a buscarla pensó que la vida estaba llena de muchas coincidencias pero en este caso eran demasiadas.

La encontró mirando el atardecer la había ido a buscar al hotel y había sabido que salió hace horas y no había regresado.

Candy miraba hacia el horizonte y decidió que eran muchas las preguntas las coincidencias que habían en la historia del Sr. Leagan pero sabía que la verdadera razón por la que se había ido de vacaciones era para alejarse de los hombres como su ex, así que no iba a seguir indagando en el asunto, ella ya tenía unos padres y los amaba con todo el amor del mundo por haberla acogido y criado como si fuera su verdadera hija.

Se sentía muy decepcionada pensaba que Albert sería diferente al final, ella era la que había soñado con algo más, para él solo fue sexo ocasional mientras ella estaba vacaciones, no podía estar con un hombre que no confiaba en su palabra. Ya sabía que el era desconfiado por causa de una decepción del pasado. ¿Pero acaso no se daba cuenta? Que ella era diferente, no le importaba en absoluto su dinero o su posición social. Estaba segura que una vez que ella se fuera de Escocia la olvidaría fácilmente, pero nunca iba a poder ser feliz porque vivía en el pasado.

Salió de sus pensamientos cuando reconoció una voz que le hablaba.

-¿Te he estado buscando? Fui a buscarte, y me imagine que podrías haber venido aquí. Y ya vez tenía razón.

Albert deseaba abrazarla se sentía tan culpable por haber dudado de ella, a pesar de todas las veces que Candy le aseguro que no tenía ninguna especia de aventura con el socio de su padre. Pero es que era tan hermosa, y no dudaba que cualquier hombre se prendaría de su belleza.

Pero sobre todo le costaba confiar en una mujer, y es que a pesar de que deseaba con todas sus fuerzas creer en ella, era muy poco el tiempo que llevaba conociéndola y no tenía muy buenas referencias en ese tema con respecto a sus otras relaciones.

-Ah ya, y porque razón sería, tal vez para hablarme sobre el buen sexo que tenemos.

-Candy… yo no quise decir eso.

-Claro que lo quisiste, y sabes qué. Hizo un gesto de indiferencia con la mano no estas equivocado, los dos seríamos unos tontos si nos atrevemos a pensar que estos día son algo más que puro sexo. En cuanto me vaya volverás a tu vida normal y yo solo seré una aventura de vacaciones.

-Estas equivocada en varias cosas, la primera no creo que mi vida volvería ser normal como tú la llamas después de que te hayas ido, la segunda tu y yo sabemos que no es solo sexo, lamento si te hice sentir que era de ese modo, jamás me he sentido así con nadie, pero no entendía tu resistencia a hablarme sobre los motivos que tenías de encontrarte con el Sr. Leagan. Lo que me lleva al siguiente cuestionamiento ¿Por qué decidiste venir de vacaciones justamente a este lugar?

Ella lo miro asombrada.

-¿En serio quieres saberlo?

-Hemos estado tanto tiempo juntos y ninguno de los dos ha hablado mucho sobre el pasado.

-En realidad hay dos razones pero la principal es que encontré a quien en ese tiempo era mi prometido teniendo sexo con una mujer en mi propia cama, en mi propia casa, hace mucho tiempo que al parecer lo hacía y yo ni por enterada.

-Eso debió ser un golpe duro.

-Por supuesto, y no es que lo amara lo suficiente pero me sentí herida, sabía que yo era tan culpable como él, de toda esa situación.

-¿Cómo dices? ¿Acaso lo alentaste a que tuviera una aventura?

-No, pero después reflexione que el no era el hombre adecuado para mí, y que seguíamos estando juntos por comodidad, siempre me decía que yo era muy fría y tal vez era así, pero lo que más rabia me daba era haber desperdiciado tantos años de mi vida a lado de un hombre como ese, y en esa relación dañina, la vida es una sola y allí estaba yo sin atreverme a salir y ver que me esperaba más allá.

-No, se si vendrá al caso pero te puedo asegurar que eres la mujer más ardiente, que he conocido en mi vida, Candy, con solo mirarte puedo ver fuego en tus ojos y la invitación que me haces para que me queme en ellos.

Ella no respondió todavía estaba muy dolida por la última vez que habían hecho el amor.

Como te imaginaras necesitaba, alejarme, huir, aventurarme, llámalo como quieras, pero nunca hasta ese día había sido una chica impulsiva siempre había sido la hija perfecta, la novia perfecta, la ejecutiva perfecta, así que me contacte con tu hermana por el internet apenas vi el anuncio y Escocia estaba muy lejos, no conocía a nadie, y sabía que allí era donde tenía que ir. Y eso es todo, como sabrás ya sabes el resto de la historia.

-¿Pero eso no es la única razón cierto? Mencionaste que hay otra.

-La verdadera razón es la que te dije, lo demás solo me llegue a cuestionar cuando estuve aquí.

-Candy acabo de hablar con el Sr Leagan.

En ese momento la rubia miraba a Albert asombrada, enojada y sobre todo decepcionada, no podía haberse atrevido pero por la mirada que le había dado, era cierto, y ni siquiera se notaba arrepentido por haberlo hecho, había violado su intimidad, y lo que era peor le había confirmado sus sospechas de que nunca podría llegar a confiar en ella ni en ninguna otra mujer por la traición que había sufrido.

-¿Cómo te atreviste?

-Sí, lo hice, lo admito fui a enfrentarlo y que me dijera si te estaba engañando para que accedieras a tener una aventura con él.

-Pobre Señor Leagan. ¿Cómo has podido pensar siquiera que yo….?

-Lo sé, ni siquiera se acerca remotamente a lo que yo me imaginaba. Porque no me dijiste nada

-No me correspondía a mí hacerlo, me pidió que le guardara el secreto, quien soy yo para delatarlo, por Dios tiene esposa y una hija.

-Candy tu podrías ser su hija también.

-De eso no está completamente seguro.

-Pero Candy, todavía lo dudas, son tantas cosas que dejan de ser ya coincidencia, me conto que te pareces tanto a una chica que conoció hace mucho tiempo, y la edad coincide con la tuya, llevas su mismo nombre. Además vienes de Estados Unidos.

-Puede ser, pero de todos modos, nunca lo sabremos.

-¿No harás nada para comprobarlo?

-¿Qué ganaría yo Albert? Me he puesto a pensar, que eso no cambia nada, yo tengo una madre y un padre esperándome ellos son los que me cuidaron y me convirtieron en la persona que soy ahora, además no podría hacerle eso, no puedo venir a remover cenizas del pasado, es un hombre intachable. ¿Te imaginas la vergüenza que tendrá que pasar? Si se llegaran a enterar que tiene una hija bastarda por allí, la cual ni siquiera la quiso, ya que según lo que me conto, le había dado dinero a la chica para que abortara a la criatura que estaba esperando.

-Debes estar bromeando. ¿Renunciarías a toda su fortuna? ¿Sabes que al comprobarse que eres su hija? Tendrías los mismos derechos que tiene Eliza y nadie podría hacer nada.

Candy lo miro con una mirada llena de odio y rencor.

-Te he dicho mil veces, que a mí no me interesa el dinero de nadie, nunca me han interesado esas cosas, estudie, y antes de venirme acá tenía mi propio apartamento el cual está viviendo tu hermana y renuncié a mi trabajo, no me costaría nada volver a empezar cuando vuelva, y tú más que nadie debes saber lo dolida que estaba al enterarme que no eras un simple fotógrafo sino un multimillonario, todavía no puedo asimilar esa información para que vengas a poner en dicho mi honestidad.

Albert de nuevo se sintió avergonzado las cosas no le estaban saliendo como el esperaba, intentaba disculparse con Candy por haber dudado de ella, pero al contrario estaba metiendo mucho más la pata, y es que le costaba mucho confiar en que una mujer no estuviera interesado en su dinero.

-Serias la primera mujer que conozco, que le importara el dinero Candy, y que se atrevería a rechazar la oportunidad de descubrir si el Sr. Leagan en su padre solo para no causarle más daño.

-Por lo visto has conocido a las mujeres equivocadas, dijo en tono serio.

-Candy con respecto a otro asunto, he estado preocupado desde la última vez que nos vimos, sé que fue todo mi culpa, me sentía tan encolerizado que la cabeza se me nublo no pensaba en nada, que en me confesaras, luego una cosa fue dando paso a la otra y se encendió este fuego que nos hace arder cuando estamos juntos. No usamos protección alguna, en este momento podrías estar esperando un hijo mío, solo quiero que sepas que yo no permitiré….

En ese momento ella se levantó y le apunto con el dedo índice muy molesta.

-¿Qué no me vas a permitir que Albert? Ni se te ocurra prohibirme tener a este bebe, el hecho de que seas mucho más rico y adinerado que yo, no te da el derecho a mandar sobre mi cuerpo, y que te quede claro, que si estás pensando en hacerme abortar tal como lo hizo el Sr. Leagan con el hijo que estaba esperando estas muy equivocado. No te he pedido ni te pediré nada en todo caso, si llegara a haber consecuencias de lo que hicimos yo me haré cargo, si no deseas no te exigiré nada. Yo puedo hacerme cargo del niño sola.

Albert también se molestó. Pero comprendió que al igual que él Candy también se sintiera un poco desconfiada en sus intenciones, después de todo todas las personas que han formado parte de la vida de ella le han mentido siempre, su novio, sus padres adoptivos, el Sr Leagan, diciéndole que si ella hubiera sido su hija no la habría querido tener.

-Candy, no pongas en mi boca palabras que no he dicho, jamás te pediría que abortaras un hijo mío, pero eres una mujer muy joven, y por ende un niño podría privarte de ciertas cosas, si llega a suceder el caso que no te encuentras en capacidad de hacerte cargo de él, yo con todo la responsabilidad que tengo en esto, podré darle lo mejor.

-O sea, que ahora me dices que pretendes quitarme a mi hijo, para criarlo entre los ricos y que sea un niño orgulloso y desconfiado igual que tu, que cree que todas las mujeres van tras el por su fortuna.

-Tampoco he tratado de decirte eso.

-Dejemos las cosas así Albert, por lo visto nunca vamos a poder entendernos tú y yo, Albert la verdad entiendo que te sientas tan reacio en volver a confiar en una mujer, lo mismo me pasa a mí, después de las decepciones que he sufrido por parte de las figuras masculinas en mi vida, pero no por eso voy a dejar de vivir o enamorarme por miedo a pensar siempre lo peor de los demás, sí tal vez vuelva a sufrir, y tal vez deposite mi amor en alguien que no lo merezca pero será mi decisión, me das mucha pena solo eres un pobre niño rico que teniéndolo todo para ser feliz, nunca podrá llegar a serlo. Ahora me voy.

-Espera, - la agarro del brazo -no hemos terminado de hablar y si estas embarazada.

-No te preocupes, si lo estoy te lo hare saber, pero quiero que te quede claro que no pienso abortar a mi hijo y tampoco pienso renunciar a él, ya volveremos a vernos si eso sucede.

Candy se fue muy molesta con Albert por ser como era, tal vez no era culpa de él, ser tan sínico y desconfiada entendía que había sufrido por causa de su ex mujer, pero ni siquiera quería hablar del tema, el fracaso de una relación no significa que sigas viviendo en el pasado y sobre todo molesta consigo misma por haberse enamorado de él sabiendo que no le podía corresponder de la misma forma, que solo era un romance de vacaciones y sobre todo como le había dejado muy claro solo era sexo, y lo que más le dolía era que no la conocía nada, al pensar que ella podía estar interesada en su dinero o en el del Sr Leagan, todo ese tiempo no la había llegado a conocer ni siquiera la mitad mejor era poner tierra de por medio y no volverlo a ver hasta que supiera si había tenido consecuencias su ultimo encuentro.

Albert quería golpear una pared, una piedra, o cualquier cosa que tuviera al frente, Candy lo había dejado votado allí solo, después de todo el tiempo que paso buscándola para pedirle perdón por haber dudado de ella, la rabia crecía dentro de él, por no haberse podido expresar de la forma en que había querido es mas creo que había arruinado las cosas mucho más de las que estaban, las palabras de Candy hacían eco en su cabeza, y eran verdad ella que debía estar desconfiada en tener confianza con algún hombre, no lo hacía, en cambio él, pero sabía porque era Candy no podía llegar a sentir el dolor que le causo cuando supo que su ex mujer había estado embarazada y lo había abortado porque ese niño le arruinaría su vida, su cuerpo, ella no iba a pasar malas noches por nadie y menos con un niño siendo ella muy joven, por eso el no quería presionarla a tener un hijo en el caso de que ella no lo quisiera.

Además decidió que la única persona culpable de su desconfianza hacia Candy era su padre, si el no se metiera constante mente en su vida, sino le hubiera presentado a esa arpía que luego se convertiría en su mujer, y por si fuera el colmo pretendía nuevamente meterse en su vida para que se casará con Eliza. Pero esta vez no lo iba a permitir decidió ir a buscarlo y decirle las cosas de frente esta vez nadie se iba a meter en su vida, y a elegir la mujer para él, cuando el sabía que esta era Candy.

En cuanto la Sra Andrew vio llegar a su hijo sabía que se acecinaban problemas, preguntó por su padre y fue enseguida a buscarlo en el estudio.

-Hijo que sorpresa.

-Pero te aseguro que no será grata, Padre he venido para decirte específicamente que dejes de meterte en mi vida, y que te quede bien claro.

-Pero Albert, porque me tratas de ese modo.

-Te parece poco, solo tú eres el culpable de que haya conocido a esa bruja que tuve por esposa, sabías que no era una chica buena, que no me quería, pero como era la hija de tu socio, no dejaste de ponérmela siempre en mi camino.

-Hijo mi intención nunca fue hacerte daño, ella me juro que te amaba en verdad que la ayudara a conquistarte y que una vez casados serían felices.

-Pero no has aprendido la lección padre, después del infierno que pase cuando aborto a mi hijo tu nieto, todavía te empeñas en querer casarme con Eliza Leagan, a pesar de que te he dejado muy claro que no me interesa en absoluto.

-No quería presionarte, solo quería que la conocieras, ahora sería incapaz de obligarte a tener algo mucho mas serio con ella, pero sino quieres no hay problema, pero que quede claro que sí yo te presente a tu ex, y que también ayude a que estuvieran juntos pero jamás te obligue a casarte con ella, eso fue decisión tuya así que no me puedes echar toda la culpa.

-Es verdad padre, yo era muy joven e inexperto me sentí halagado y vanidoso de que una mujer de su clase y belleza estuviera tan enamorada de mí, que no mire más allá de lo evidente, por eso he venido a decirte que de ahora en adelante seré yo quien decida con quien deseo salir, con quien voy a casarme. ¿Has entendido padre?

-Te prometo hijo, que de ahora en adelante respetare tu elección sin entrometerme ni juzgarte por la persona que hayas escogido.

-Gracias papa.

Albert sabía que tenía que solucionar las cosas con Candy, ella solo estaba allí en Escocia por Vacaciones y si decidiera marcharse por su actitud, no podría soportar verse alejado nuevamente de su hijo en el caso de que ella quedara embarazada eso es lo primero que iba a ser.

Después de varios minutos que la Sra Andrew no había escuchado gritos ni peleas, ni reproches decidió llevarles un refrescos para ver como estaban las cosas en ambas fronteras y no pudo quedar más asombrada su esposo y su hijo que llevaban años de enemigos por la maldita bruja esa que fue la causante de la infelicidad del muchacho, ahora estaban ambos conversando como si todo este tiempo no hubiera transcurrido entre ellos, no dejo de sentirse complacida, y después de ellos le dieran las gracias y ella se disculpara por tener cosas que hacer salió del estudio, sabía que debía dejarlos solos, necesitaban mucho tiempo juntos solucionando y aclarando sus diferencias, pero era bueno que por lo menos estuvieran hablando sin tratar de matarse, y sabía que el cambio de todo esto se lo debía a cierta chica de ojos verdes que su hijo había llevado a la cena, y supo que Albert tenía los días contados ya que Cupido lo había flechado y el ni siquiera se había percatado.

CONTINUARÁ….

CHICAS HE ESTADO SIN ACTUALIZAR ESTOY FULL DE TRABAJO PLIS PACIENCIA, TRATARE DE IR POCO A POCO….