Capítulo 9: "Número telefónico".
Eren miró a la moza con el ceño fruncido y algo que parecía ser recelo. Rivaille se obligó a borrar esa mueca que, suponía, debía ser de aprensión o espanto, y adoptar una postura más conciliadora para no alarmar a la muchacha.
—¿Sabes dónde puedo conseguir libros? —preguntó poniéndose de pie.
Rose los miró más relajada y empezó a reír con ganas. ¿De dónde habían salido esos sujetos? No sabían pedir un desayuno, no conocían la moneda local y encima le hacían esa clase de preguntas.
—¡En una librería! ¿En dónde quieres conseguir libros? —respondió, pero al darse cuenta que el hombrecillo le hablaba muy en serio y se mostraba mosqueado por su gracia agregó—: A cinco cuadras, en el centro, al frente del Banco Mundial tienen la Biblioteca del Viejo Mundo.
—Eso preguntaba, gracias.
Se pusieron de pie, Eren se despidió de la chica levantando una mano y caminaron buscando el mentado centro. La plaza estaba atestada de gente que vestía de manera muy extraña. Rivaille trataba de no distraerse, pero al igual que Eren intentaba encontrarle sentido a una moda tan diversa, pues así como se cruzaban con personas que llevaban pantalones y camisa, también había muchachitas con muy poca ropa y jóvenes con peinados exóticos.
—¿Qué mierda miras tanto, marica? —le dijo un punk a Eren. Este en respuesta señaló estupefacto la cresta que llevaba en la cabeza.
—Joder, pareces un gallo —opinó Rivaille.
—¿Son del circo? —Eren todavía quería ver a los leones. El Sargento lo jaló de un brazo para sacarlo del tumulto cuando los amigos de esa mala imitación de un gallo se pusieron de pie y caminaron hacia ellos, ofendidos por la pregunta.
Llegaron mediante indicaciones a la biblioteca. Las escaleras frente a ellos eran interminables, cuando estuvieron delante de la puerta esta se abrió con un chirrido; parecía tratarse de algún santuario. ¿Venerarían también allí a las Murallas? Rivaille recordó a Rose y pensó en ello, en que tantos años habían pasado que conocer la historia del mundo podía llevarle demasiado tiempo.
—¿Sí? —dijo un anciano canoso tras el mostrador, era más bajito que el Sargento y por ello recién entonces se percataron de su presencia, a su lado el humo de un sahumerio expelía un rico olor. Lavanda, reconoció Rivaille.
—¡Hola, señor! —dijo Eren con efusividad, el anciano bigotudo señaló a lo lejos y le habló con tono monocorde.
—Allí están los cómics.
Eren no entendió a qué se refería el buen hombre, pero caminó como un autómata hechizado ante todo hacia el lugar señalado, dejando a Rivaille frente al mostrador.
—¿Libros de historia?
—¡Por Dios! —exclamó el anciano levantando la cabeza con los ojos desorbitados, Rivaille se sobresaltó por el cambio abismal— ¡Alguien joven que no viene por cómics! ¡¿Es el fin del mundo y yo no me enteré?!
—¿Qué le pasa, abuelo? —Había llevado una mano a la cintura por instinto, pero se relajó al ver que el hombre no representaba una amenaza.
—Nada, es que hoy en día si no estudias algo, es raro que la gente venga por libros… ¡en especial LIBROS! —recalcó con emoción; parecía estar a punto de largarse a llorar— Dime, ¿historia moderna, antigua? ¿De qué siglo?
—Pues… es un poco difícil precisarlo.
—Sígueme.
El anciano salió detrás del mostrador y, cojeando, lo condujo hacia una puerta vaivén; ese sistema desconocido casi le costó la nariz al Sargento de no ser por la advertencia de Eren, quien ya estaba del otro lado maravillándose con los mentados cómics. Algunos no los podía leer porque no entendía las palabras, pero a los que sí los tomó y se los llevó consigo mientras seguía a Rivaille y al anciano.
—Está es la sala de libros digitales —El bibliotecario señaló una larga mesa. Allí no había nada de lo que Rivaille buscaba, pero las sillas estaban dispuestas frente a objetos que consideró como cuadros.
—¿Libros… libros de papel no hay?
El anciano tuvo que secarse una lágrima antes de responder. Se quitó los lentes, los limpió, carraspeó para regular el tono de voz y trató de hablar sin que le saliera quebrada.
—Sígame, buen hombre.
—¿Qué le pasa? —murmuró Eren, algo asustado por la congoja en contraste con la sonrisa que tenía el anciano— ¿Qué le dijiste, Rivaille? —reprochó.
—Nada, solo pedí por libros, se ve que no es muy común…
—¡Aquí! —El hombrecito abrió una enorme puerta de dos hojas, allí, apilados como en una biblioteca común y corriente, había cientos de compendios—. Lo único es que no se prestan los libros de papel. Son una reliquia hoy en día. No insista —señaló el cartel pegado en la puerta, decía exactamente lo mismo que había dicho—. Ahora, si quieres alquilar un lector electrónico debes hacerte socio. El costo es de dos sinas por día o cincuenta por mes. Conviene por mes. Solo necesitas fotocopia de la cédula de identidad y tener un servicio a tu nombre. Los libros se pagan aparte de acuerdo al autor y/o a la demanda.
—Creo que no tengo nada de eso.
—Dígame, joven —el anciano giró, hablándole con efusividad—, ¿es historiador o algo así?
—Algo así… —respondió Rivaille con tedio— ¿Cómo funcionan los lectores electrónicos?
Al hombrecito casi le da algo con esa pregunta. No existía nadie en la actualidad que desconociera el uso de un lector electrónico.
—Señor, no llore —rogó Eren cuando el anciano se quebró. Con el dorso de la mano le dio a Rivaille en el pecho mientras se lo recriminaba— ¡Lo has hecho llorar de nuevo, desalmado!
El supuesto desalmado miró a uno y a otro con inocencia.
—No, está bien jovencito —el anciano sonrió con las mejillas rojas y humedecidas—, es lindo ver que la juventud no está tan perdida. Son lágrimas de felicidad.
—Joder, el mundo debe estar peor de lo que temía —murmuró Rivaille, espantado. El anciano asintió reiteradas veces y con resignación.
Mientras Rivaille buscaba en libros de papel y trataba de aprender a usar esos mentados libros digitales, Eren se entretuvo leyendo los cómics. De vez en cuando reía o exclamaba palabras que al Sargento lo distraían, pero llegó un momento en el que se aburrió de todo ello.
—Ya, Rivaille, salgamos a caminar, quiero conocer este mundo —murmuró desganado.
—Espera —se quejó, con un brazo descansando en el respaldar de otra silla mientras daba vueltas las hojas—, apenas estoy a la mitad del siglo XIII… esta colección de libros es genial —miró la tapa, decía algo así como "Historia para niños, resumida". Sintió una inexplicable punzada en el ego. ¡Pero la colección cumplía su función de informarle lo más elemental!
Así como Eren quería conocer ese mundo a través de los ojos y de la experiencia, Rivaille pretendía hacerlo de la mano y la seguridad de los libros. No congeniaron al respecto, pero en algún momento los dos sintieron hambre.
—¡Ya, pesado! —le gritó a Eren, quien arrojado en el sillón y tapado como un vagabundo por los cómics, no paraba de quejarse.
—Estamos hace horas encerrados aquí y tú no me dejas salir.
—No podemos separarnos. Si nos perdemos, ¿cómo haremos para encontrarnos? —Cuando los dos se pusieron de pie lo miró de arriba abajo— ¿Dónde dejaste tu equipo? —Buscó el suyo, se lo había quitado para dejarlo bajo la mesa en la que estaba sentado.
Eren se estiró para alcanzarlo detrás del sillón y tomarlo.
—Aquí. —Se lo colocó, antes de que Rivaille lo retara.
—Tenemos que encontrar un lugar donde vivir, no podemos andar con el equipo para todos lados, en el barco eso pareció llamarles la atención —reflexionó, sintiendo una jaqueca llegar—, además quiero dormir un poco.
—La calle no parece ser un buen lugar para dormir. Mientras tú estabas leyendo, vi por la ventana como la policía levantaba a un vagabundo. Se ve que no les gustan los vagabundos.
—¿Viste a la policía?
—Creo que sí… tenían unos uniformes horribles de color azul… iban en esos carros de metal. ¡Autos! —apuntaló con energía mientras terminaba de colocarse los tirantes, de inmediato se puso la capucha encima.
Al salir, se despidieron del bibliotecario quien los había tratado de manera muy amable, rogándoles —literalmente rogándoles— que volvieran. En todas esas horas solo había recibido la visita de ellos dos. Debía sentirse muy solo allí.
Se sentaron en las escalinatas y eso pareció conformar la curiosidad de Eren, quien no dejaba de observar a la gente tan variopinta cruzar frente a ellos. Rivaille, en cambio, había posado los ojos en el Banco Nacional, muy atento a cada movimiento. Había visto uno de esos carros descargar enormes bolsas, había hombres uniformados haciendo una especie de cercado y, supuso por ello, que allí debía haber mucho dinero o joyas.
Algo surcó el cielo, llamándoles inmediatamente la atención. Un pájaro de metal sobrevolaba sobre ellos.
—Eren… —le llamó la atención— si algún día, por cualquier cosa, llegamos a separarnos, acuérdate de este lugar. Nos encontraremos aquí.
El chico asintió, convencido con la idea de tener un punto de encuentro ante la muy alta probabilidad de separarse. Rivaille se puso de pie y Eren lo imitó. Buscaron el mismo local en el que habían desayunado, pero Rose ya no estaba, había terminado su turno; en su lugar un muchacho les tomó el pedido, que no había sido otra cosa más que carne y verduras.
El dinero se agotaba, también las energías. Después de comer Rivaille le propuso ir a buscar el mentado hotel, recorrieron las calles hasta llegar a una casona que de no ser por el letrero, simulaba ser una casa de familia. Cuando atravesaron un pasillo con paredes carcomidas de humedad, llegaron a un mostrador al final, desde donde una señora regordeta los miraba con muy mala cara.
El hombre había pedido un cuarto con una sola cama al enterarse de que la tarifa era más barata que si pedía un cuarto con dos camas. La mujer miró al jovencito junto a ese supuesto pedófilo y le salió de manera natural reclamarlo.
—¡Este es un hotel de familia, no uno de parejas!
Rivaille palideció ante la idea, Eren miró hacia los costados buscando un jarrón donde meterse y no salir nunca más. Querían volver a cristalizarse, por siempre.
—¡Por Dios, mujer! —exclamó Rivaille— ¡No somos pareja! ¡Nos manda Rose… la moza!
—Joder —la mujer refunfuñó, con un cigarrillo colgando de los labios que pitó con energía—, ella siempre con sus amigos homosexuales —estiró la mano y les alcanzó la llave.
—¿Cuánto es? —preguntó más calmo.
—Veinticinco sinas las veinticuatro horas, pero no damos ningún servicio —explicó con tedio.
Aquello último fue literal, pues cuando Rivaille tomó la llave y subió las escaleras en compañía de Eren, descubrieron al abrir la puerta que ni siquiera limpiaban. De manera inmediata le dio la orden de ir a buscar lo necesario para fregar esa mugre. Asco le daba acostarse en la cama.
El pedido de una esponja y de agua llamó la atención de la mujer, pero no se quejó por el trabajo gratuito. Antes de darle todos los implementos al chico, trató de hablarle, pero las palabras no parecían querer salir de su enorme boca.
—¿Te paga bien por lo menos?
—¿Q-Qué?
—Nada, deja… —La mujer agitó una mano y la cabeza llena de rulos rojos, para después darle el balde—, un muchachito como tú debería estar estudiando, no aquí.
—Sí, señora —dijo Eren con algo de temor. Sin atreverse a darle la espalda subió las escaleras.
—¿Por qué caminas como un cangrejo? —dijo su Sargento en lo alto de la escalera, acaparando su atención.
—¿Cangrejo?
—Esas cosas del mar… —Hizo el gesto con los dedos simulando un cangrejo— ¿nunca lo viste en los libros prohibidos? Decían que caminaban de costado, así como vienes.
Le sacó el trapeador de la mano y caminó hasta el final del pasillo en donde estaba el cuarto. Entre los dos se pusieron a limpiar, en especial el baño. Les pareció muy moderno, pese a que en verdad no lo era. Cuando terminaron, Rivaille cayó exhausto sobre la cama. No supo en qué momento se quedó dormido, pero se despertó a la mitad de la tarde, oyendo la risa de Eren.
El chico miraba uno de esos cuadros que se movían, allí, lo que parecía ser un lobo dibujado perseguía a una gallina deforme y gigante, teniendo miles de accidentes en el proceso. Miró a Eren, iluminado apenas por la luz de la pantalla. Afuera ya casi era de noche.
—Marca Acme —murmuró Eren y eso de inmediato repitió el cuadro parlanchín.
No supo por qué, pero verle tamaña emoción le hizo sonreír. Era evidente que para el chico ese mundo resultaba fascinante, no era para menos; pero a Rivaille todavía seguía aterrándole un poco.
—Dormí demasiado.
—Rivaille —se sorprendió, dejando el control remoto sobre la cama de una plaza y media—. Tengo hambre.
—Mierda, eres peor que un hijo bobo —se quejó él, dando la vuelta.
Eren guardó silencio, reparando en el detalle de que el Sargento no tenía por qué subsanar sus propias necesidades.
—Lo siento —dijeron al unísono, incómodos por ese silencio. Rivaille volteó y tomó la palabra—, ¿qué hacías mirando esa cosa?
—Televisor, también le dicen plasma. La señora me vino a traer esto… —tomó el control y lo sacudió— para hacerlo funcionar. Vino muchas veces —reconoció con algo de extrañeza.
—¿Los equipos?
—Siguen debajo de la cama, Rivaille. No estés tan pendiente de ellos, no creo que nadie quiera robarlos, no veo que sean usados hoy en día.
—Por eso mismo… —Se puso de pie para ir al baño y lavarse la cara. Estuvo un rato largo jugando con la perilla de la luz, tratando de adivinar cómo funcionaba ese enigmático candil.
—¿Adónde vas? —Él también se paró para seguirlo por el cuarto, aún con el control remoto en la mano.
—Iré a buscar algo para comer. Yo también tengo hambre.
No alcanzó a tocar el picaporte de la puerta porque Eren lo tomó del brazo y tiró para evitar que la atravesara. Rivaille no lo miró a la cara pese a que supuso lo que iba a decirle.
—N-No… no me gusta que robes, Rivaille.
—¿Y cómo pretendes comer? —Se quitó de mala manera esa mano que le impedía salir— ¿Crees que el cuarto es gratis, que la comida es gratis?
—No, ya lo sé, pero… —bajó la vista al suelo—, vale… lo entiendo.
—Genial, si lo entiendes… —asintió con fingida indiferencia— volveré en un rato.
—Igual no me gusta que hagas eso —reiteró en un murmullo viéndole la espalda.
El Coyote seguía persiguiendo al Correcaminos con resultados nefastos, pero a Eren ya no le hacía gracia.
—Es solo por… hoy —carraspeó, ¿por qué demonios se sentía incómodo?— Mañana trataré de buscar algún empleo o… haré alguna mierda más decente.
—Yo también —lo miró con simpatía y cuando giró para cerrar la puerta le sonrió—; vuelve, ¿vale?
Rivaille asintió y se marchó. Nunca antes se había sentido incómodo siendo quien era. O mejor sería decir que le importaba muy poco lo que la gente pudiera llegar a opinar de él, pero en el presente no podía evitar evocar, mientras caminaba por la calle, la mirada de Eren: una mezcla de decepción con resignación. No era su culpa que tuviera creada una imagen errónea de su persona.
Eren comprendía que no tenía otro camino, que en tal caso debía sentirse agradecido de que no lo dejara librado a su suerte. Robar para sí mismo podía ser más redituable que robar y tener en cuenta a quien le reprochaba sus métodos para llevarle un poco de alimento.
Era de noche y bajo la luz de uno de esos candiles extraños hurgó entre sus ropas hasta que dio con la tarjeta o trozo de papel. Por más que investigaba, sobre el blanco inmaculado solo había números escritos a puño. Se quedó con la idea de que debía tratarse de algún tipo de código secreto. Hizo un bollo con el papel, pero enseguida lo alisó y lo volvió a guardar en el bolsillo para seguir caminando.
Su prudencia le dictaba que le convenía guardar la única conexión que tenía con alguien que podía explicarle algo sobre sí mismo. La mujer le había hablado del estigma, ¿podía tener que ver con lo poco que había leído en los informes de Hanji? Lamentaba haber perdido rastros de esos papeles tras la primera cristalización.
Se vienen capítulos más tranquilos a partir de ahora, puede que la historia avance lentamente, pero lo importante es que avanzará. No es fácil plantear a los chicos en un mundo distinto en pocas palabras, así que paciencia… que todo llegará a su debido tiempo.
Tenía ganas de titular este capítulo "Apocalípticos vs integrados" o "Los apocalípticos han ganado", pero no daba XD Era una referencia demasiada extraña, o más bien, que se podría llegar a mal interpretar (y no era mi fin). La Universidad me hace daño.
Como no es de extrañar en mí estoy muerta de cansancio y seguro estaré olvidándome aclarar algo de vital importancia, en tal caso despejaré posibles dudas en respuestas a comentarios.
¡Ah! Por cierto, que me olvidé de avisarte en el capítulo anterior, YumiLyokoGen08, tienes los MP bloqueados, supongo que lo tendrás así porque quieres, pero sé que mucha gente a veces lo tiene así y no lo sabe, así que te aviso que, mientras no los desbloquees, nadie podrá responderte comentarios o acosarte vía MP, y piensa… todos queremos ser acosados textualmente. De todas formas, muchas gracias por pasarte por este fic, espero que el nuevo capítulo te guste ^^.
