Hola, ¿cómo están todos?, yo espero que bien, he aquí otro capítulo de esta historia que me ha ayudado a mejorar mi forma de escribir, será mucho el tiempo que me tome terminarla, pero lo haré, pero por ahora se irá de forma lenta, me queda una semana de vacaciones, así que hay que aprovecharla al máximo escribiendo, no se si este sea el último capítulo de vacaciones que publique.

Sin más preámbulos comencemos.


Capítulo 8: Memorias

Miraba todo a su alrededor, no había palabras para describir, era un paraíso; desde la pequeña hoja que caía del árbol de bambú, hasta la roca que era empujada por el río debido a la fuerza de la corriente.

Saltaba entre la vegetación, se subía a los troncos, apreciaba cada extensión del Valle, era hermoso, ningún lugar se le podría comparar, faltarían cientos de años para que un lugar superase al Valle de Wing Chun. Respiraba e inhalaba el aire fresco, se sentía bien, era relajante y cómodo, sacó su pergamino y comenzó a escribir con el pincel y la tinta, cada cosa que le inspiraba la plasmaba en un poema, era muy común en él.

Regresó al Valle después de unas horas; los ciudadanos iban y venían, caminaban entre las calles, algunos se detenían a comprarle a los comerciantes que llegaban; se podían encontrar diferentes artículos, entre ellos: joyería, ropa, juguetes, herramientas, etc. Era algo tan común de ver, pero para él era muy bonito, sonreía feliz, se sentía la tranquilidad, era revitalizante.

—Dishi —habló una persona detrás de él, era una voz profunda, pero cariñosa y amorosa, volteó a verlo y lo abrazó emocionado. Vestía un Qi zeng dorado, su pelaje plateado daba un idea de la edad que podía tener, unos cincuenta años.

—Abuelo —él lobo lo cargó entre sus brazos —, ¿qué haces aquí, no deberías estar trabajando?

—¿No puedo visitar a mi nieto querido? —Dishi rio, lo quería mucho, era su héroe, su modelo a seguir, su maestro, su padre, pero sobre todo, su querido abuelo.

—¿Vamos a entrenar? —el abuelo asintió con una sonrisa en su cara, no podía estar más orgulloso de su nieto, era enérgico y soñador, algo que en vida él nunca pudo ser, por eso le animaba en todo lo que se proponía, para que lo concretara y fuera adquiriendo experiencia.

—Vamos hijo —y se fueron al lugar de entrenamiento de sus ancestros.

Era bueno recordar de vez en cuando, en los momentos donde más solitario estaba, las anécdotas le acompañaban, miraba las estrellas, a veces le transmitían un aire de nostalgia, eran bellas y nunca se apagaban, cómo el espíritu de entrenamiento de su muy amado abuelo.

2

Tejía una camisa, sentada en una silla de bambú, lo único que iluminaba la cocina era una vela en medio de la pequeña mesa, a un lado de ella estaba el pergamino un poco extendido, hace mucho tiempo que no lo veía, eran años, incluso podría contarlos con los dedos, pero era un regalo, ¿volvería a verlo en persona?, no estaba segura, sólo podía esperar y que el destino lo decidiera.

Hacia lámparas con papel para vender, mojaba el papel, luego lo pegaba a la estructura de madrea, y al final pintaba cualquier cosa en ella, desde caligrafía, hasta un paisaje. Le divertía mucho hacerlo, y más cuando estaba con su madre, veía sus lámparas y le sonreía por el trabajo bien hecho. Vestía un shen-i blanco con rosa, tenía adornos de flores alrededor de el.

—Bien hecho Rong, no cabe duda que eres muy talentosa —ella sonreía por el comentario de su mamá, una hembra de a lo mucho treinta años de edad, vestía un shen-i rosa con azul celeste, era una leopardo del norte de china cómo ella.

—Gracias mami.

—Ahorita vuelvo, voy por más papel, más tarde iremos a venderlas —ella asintió feliz.

Los ciudadanos pasaban cerca del puesto, miraban las lámparas, algunos preguntaban y compraban una, otros sólo preguntaban, y algunos pasaban de largo sin detenerse a ver. Algunos días llegaban a vender todo, pero a veces sólo llegaban a vender cinco o diez.

—Mami, ¿crees que hoy se nos vendan todas? —preguntó de forma inocente.

—Claro hija, tienes que tener fe —Rong sonrió feliz por la respuesta.

Entre la gente se acercó un anciano, vestía un qi zeng dorado, apreciaba cada detalle de las lámparas, era muy curioso, su mamá se levantó y fue a abrazarlo, ella se sorprendió por eso.

—Mamá, ¿quién es él? —el anciano sonrió extendiéndole la mano de forma amistosa, ella devolvió el saludo un poco nerviosa.

—Mira hija, él es el señor Chao, es un amigo, es el protector del Valle.

—Mucho justo, que niña tan bonita —dijo reverenciándose, Rong se sonrojó y se puso detrás de su madre, ella rio por la acción de su hija.

—Déjela, es un poco tímida —Chao sonrió —, no importa, tarde o temprano será más abierta con los demás, es un comienzo.

—¿Y que lo trae por aquí? —preguntó sorprendida.

—Decidí tomarme un descanso, y pasar tiempo con mi nieto.

Rong vio un bulto detrás del señor, se movió hacia el para apreciarlo un poco mejor, estaba detrás de su abuelo, viendo hacia arriba escuchando la conversación, de forma espontánea bajo la mirada y la vio, estaba relajado, sus miradas se conectaron, él sonrió, ella se enrojeció y desvió su mirada, pero igualmente sonrió.

—Hija él es el nieto del señor, Dishi —lo presentó, él hizo un ademán saludando a distancia —¿cree que su nieto pueda quedarse a jugar con ella?, para que no se aburra de estar todo el día —Chao sonrió asintiendo.

—¿Quieres quedarte a jugar con esta hermosa niña Dishi? —él asintió sonriendo un poco nervioso —, bien, me retiro, hasta luego Jie —se despidió de la señora y se fue de ahí, la señora se regresó atrás del puesto dejándolos solos, Rong miraba hacia abajo, no sabía que hacer o que decir, era un extraño igual que ella para él.

—¿Quieres ir al bosque? —propuso Dishi feliz y enérgico, Rong asintió sin decir ni una palabra —, ¡genial!, vamos —la tomó de la mano y corrieron con dirección a internarse en el bosque.

Sonrió divertida por el recuerdo, era un niño muy bueno y noble, sin mencionar su interminable energía, era muy soñador, lo recordaba muy bien, nunca dejó de despertarle un deseo de aventura, siempre pudo persuadirla para ir con él, era un logro que casi nadie tiempo después logró.

3

No dejaba de reír por los recuerdos, podía parecer un loco, siempre la convencía de hacer cosas que en su vida ella nunca deseó experimentar.

El viento soplaba fuerte, parecía que se avecinaría una tormenta, los arboles eran sacudidos con violencia, la cuerda se tambaleaba, estaba aferrada a ella, tenía miedo, no dejaba de moverla.

—¡Vamos Rong hazlo! —retó desde el suelo un joven Dishi, se mofaba del miedo de ella.

—¡Esta es la última vez que te hago caso! —entonces se balanceó y saltó, giró al momento de soltarse y cayó de pie. Ya no estaba asustada, sonreía cómo una loca, se sentía bien.

—¿Cómo te sientes? —preguntó él temeroso de que fuera golpeado por su estupidez.

—Fue increíble, lo haré otra vez —Dishi sonrió cómplice, Rong se trepó a la cuerda y se balanceó, parecía una niña, estaba contenta. Pero la tormenta sería muy peligrosa, tenían que irse, la tomó de la mano y se fueron de ahí.

Al llegar al Valle la soltó, ella le sonrió y lo abrazó, había sido una tarde increíble, él sabía cómo convertir un día monótono y aburrido en un día de sorpresas y aventuras.

—Gracias Dishi —casi no se veía gente por las calles, se protegieron en sus casas por la tormenta que se avecinaba, cortaron el abrazo —, gracias por ser mi amigo.

—No es problema, gracias por ser la mía —le extendió un pergamino —, tenlo.

—Dishi no sé qué decir —estaba sorprendida por el regalo.

—No digas nada —ella le dio un beso en la mejilla derecha y se fue, él se tocó la mejilla, lentamente sonrió y se retiró a su casa.

Miró la luna, le recordaba su presencia, su esencia, su tiempo y su amor, exhaló de forma lenta y melancólica, hace mucho tiempo que no le hablaba, extrañaba eso, en esos momentos es cuanto más deseaba regresar el tiempo a la época en la que fue más feliz, pero era imposible, tendría que encontrar solución al presente para hacer del futuro un mejor momento.

4

Volvió a mirar el pergamino, era muy detallista y un artista nato, era difícil recordar la última vez que le dio un poema, eran jovenes en ese tiempo, Dishi reafirmaba aún más su faceta y se encargaba de cuidar el Valle junto con su abuelo, ese día el poema la dejó sin habla, puesto que cambió su vida.

Abrió el pergamino, no lo leyó en días, no por no querer, sino porque no tuvo tiempo de hacerlo debido al trabajo de la venta de lámparas, era largo, comenzó a leerlo:

Por eso

Porque eres buena, inocente

Cómo un sueño de doncella,

Porque eres cándida y bella

Cómo un nectario naciente.

Porque tus ojos asoma

Con un dulcísimo encanto,

Todo lo hermoso y lo santo

Del alma de una paloma.

Porque eres toda una esencia

De castidad y consuelo,

Porque tu alma es todo un cielo

De ternura y de inocencia.

Porque al sol de tus virtudes

Se mira en ti realizado

El ideal vago y soñado

De todas las juventudes;

Por eso, niña hechicera,

Te adoro en mi loco exceso;

Por eso te amo, y por eso te he dado mi vida entera.

Por eso a tu luz se inspira

La fe de mi amor sublime;

¡Por eso solloza y gime

Como un corazón mi lira!

Por eso cuando te evoca

Mi afán en tus embelesos,

Siento que un mundo de besos

Palpita sobre mi boca.

Y por eso entre la calma

De mi existencia sombría,

Mi amor no anhela más día

Que el que una mi alma con tu alma.

Dishi

Estaba anonadada, él le revelaba su amor en un pergamino, lo hizo de forma hermosa, pero no sabía cómo reaccionar, era muy repentino, no podía creerlo, quería ir con Dishi, pero estaba segura de que tenía la guardia nocturna, pero lo hablaría después ahora tenía que asimilar esta revelación, su mejor amigo declarándole su amor.

No sabía que pensar, no puedes amar a tu mejor amigo, o al menos eso creía, apagó la vela para luego dormir, mañana sería otro día, estaría lleno de sorpresas, de eso estaba segura.

5

Recordaba muy bien ese poema, se la pasó la noche en vela escribiéndolo, recordando cada momento a su lado, cada travesura, cada dulce que le dio, cada abrazo que ella le entregó de manera sincera, había caído rendido a ella.

La luna era su guardián, era un centinela en ese momento, junto a su abuelo tenían la misión y el deber de salvaguardar el Valle, vigilaba desde lo alto de la torre del palacio del alcalde, vestía un traje negro, casi parecido al de los ninjas, con la única diferencia que no usaba capucha, sólo su máscara le cubría el rostro. Observaba lo pacífico que estaba su hogar, no había peligro alguno por esa noche, pero traía su bastón por si acaso. Ya habían pasado días desde que le entregó el pergamino, estaba preocupado por su decisión, quizás revelárselo fue una estupidez, quizás había perdido su amistad, y era por eso que no la vio en más de tres días.

Dishi —habló una voz melodiosa y dulce, miró hacia abajo, era Rong, estaba impresionado y sorprendido a la vez, ¿qué hacía ahí?, bajó de la torre.

¿Qué haces aquí Rong? —preguntó en voz baja, ella le quitó la máscara y lo besó, Dishi estaba congelado, creía que era un sueño.

Yo también te amo Dishi —cortó el beso viendo la situación de forma graciosa por la reacción de él, él salió del trance y la besó también, la abrazó, hace tanto que anheló eso, podría decir que eran años, y en verdad lo eran.

¿Por qué no te he visto en días? —ella agachó la mirada apenada.

Porque no sabía que decirte, me avergonzaba verte, soy una tonta en estos aspectos —él sonrió, era tan inocente cómo una niñita de cinco años.

El inepto he sido yo, puesto que he sido un cobarde al no decírtelo de frente.

No, el poema fue hermoso —lo besó de nueva cuenta —, mi amado poeta.

Mi querida musa —ambos sonrieron, la luna fue expectante de su amor y quedó grabado para toda la eternidad.

Era difícil recordar ese acontecimiento, lo más duro era no llorar, desde ese tiempo ahora tenía que soportar que sus besos se los diera a ese león hindú, no transmitía buena vibra, algo tenía oculto y lo descubriría. Pero por ahora tenía que aguantarse de una forma cobarde, pero era prudente para evitar más sufrimiento.

6

La noche cayó presa de la agonía de ella, no dejaba de llorar, ¿Dishi era un asesino?, no podía ser cierto, era mentira, pero los ciudadanos y las pruebas mostraban que tal vez sí.

Dishi la miraba a los ojos, quería explicarle, pero ella no quería, le dolía el corazón, no podía evitarlo, era imposible. De sus ojos brotaban lágrimas, él con las yemas de sus dedos las limpiaba, le destrozaba verla así, era una tortura.

—Por favor escúchame —pedía, suplicaba, pero algo dentro de ella le decía que no lo escuchara.

—No sé si pueda hacerlo —le dolía decirle eso a la persona que más amaba —, no hay pruebas de lo que afirmas, quizás los ciudadanos tengan razón y si lo mataste.

—¿Tú me creerías capaz de hacerlo?

—No sé en qué creer ahora —se separó de él —, no quiero volver a verte, por favor lárgate y no me hagas más daño —cerró los ojos en un intento de evitar el sufrimiento.

—Está bien, pero quiero que sepas que yo no romperé mi promesa —ella le dio la espalda, después de un rato volteó, él había desaparecido, cayó de cuclillas mirando al cielo, la luna era su consejera.

—¿Él es inocente? —preguntó al aire, las corrientes se hicieron más fuertes, unas cuantas hojas la rodearon, era muy extraño. Algo quería decirle la naturaleza, su llanto fue opacado por los truenos, las nubes cubrieron el cielo y la lluvia cayó empapándola.

Dejó de tejer, ya no quería recordar ese día, comenzaba a creer que había sido una estúpida al no escucharlo, se levantó de la silla y se fue a dormir, tendría que reflexionar después la decisión que tomó, ya había sufrido lo suficiente, tenía que descansar ahora.


Espero que les haya gustado, debo aclarar que el poema es del famoso poeta Manuel Acuña. Fue increíble entrar en la historia de estos dos personajes, debo decir que aún hay mucho que aclarar, pero por ahora les doy un entremes, los invito a que dejen sus comentarios que me alientan a seguir escribiendo, agradezco a todos aquellos que se toman la molestia de escribir aunque sea unas palabras, los invito también a que lean mis otras historias que estoy seguro que les gustaran.

Nos vemos hasta el próximo capítulo, se despide su amigo y escritor:

CARPINTERO IMPERIAL