-Llega corriendo como alma que lleva el diablo y se tira en reverencia como el consejero del emperador en Mulan (?)- ¡La espera que les hice hacer no tiene nombre ni perdón! QAQ

Pero no fue mi culpa -No totalmente- Les había prometido que no me iba a tardar en el próximo capítulo (o sea este) pero se me atravesó un examen que me absorbió por completo y para peor ¡No sé si lo voy a pasar!... JODIDO KIKITORI (QAQ)9
... Por eso odio lo exámenes de conocimiento de idioma QnQ

Bueno, ya, lo que sea... Ya (al fin) pude hacer el capítulo y lo hice mediamente más largo (casi siempre hago como 3,000 palabras, esta vez fueron 5,000 (?) ) para compensarlo QuQ.. ... ... PERDONEME QAQ -Se va de dramática por ahí-

...

Capítulo 9: Revelación inesperada

En esos momentos todo estaba en completo silencio, ni el viento emitía sonido. Solo había cinco personas expectantes a que uno hiciera un mínimo movimiento, un sonido, algo.
Un largo silencio que para dos de esas personas parecieron minutos, horas.

Al poco tiempo, se oyó un movimiento. Un pequeño jalón que le dio el chino a las sábanas, eso fue lo que se escuchó, haciendo que la tensión y el silencio se rompieran al fin.

-Veo que no piensas darnos ninguna explicación. ¿Verdad China? – El ruso comenzó a dar un par de pasos, logrando adentrarse a la habitación

-No se te ocurra avanzar más – Se levantó la taiwanesa de dónde estaba y estiró la mano para dar a entender que se detuviera. A eso el eslavo detuvo su andar, al tiempo que le dedicaba una de sus características sonrisas.

-Taiwán. Déjalo, ya no importa lo que pase. Ya no puedo escapar… -Sonó la voz del mayor en un susurro lastimoso que todos los presentes pudieron oír y entender –Ya solo quiero que me dejen en paz –Sonó quebrada esa oración. Buscaba por todos los medios aguantar su desesperación. Solo porque no estaba en condiciones saltaba por la ventana, si no estuviera preñado fácilmente lo haría.

-China-san. Por favor díganos que sucede ¿Por qué está aquí, por qué tanta seguridad por usted? – A pesar de haber estado ajeno a toda esta situación desde que comenzó le interesaba saber lo que sucedía, pues el vivir directamente algo tan raro como esto lo hacía tener sus dudas y curiosidad.

Otra vez un silenció se hizo presente. Taiwán se encontraba expectante a algún movimiento de Rusia o Corea, Japón estaba igual que la taiwanesa, a diferencia de que el esperaba una respuesta. China solo deseaba que la tierra se lo tragase, poder desaparecer. Rusia y Corea solo tenían la mirada baja por lo que oyeron decir del chino.

-Solo venía a hablar con usted… -Corea rompió el silencio con una voz lastimosa y extrañamente formal. Sabía que había hecho algo fatal, pero nunca creyó que su hermano, mentor el cual ahora veía de otra forma ahora, no le diera tiempo ni oportunidad de explicarse. De decir porque lo hizo. Sabía que no podía esperar un perdón y que el milenario se tirara a sus brazos correspondiendo sus sentimientos y perdonando su atrocidad. Lo sabía, pero mínimo esperaba que le diera esa oportunidad aunque nunca más lo quisiera volver a ver

-No hay nada de qué hablar. Sé lo que ambos me hicieron y no quiero que se me acerquen… -Se encogió un poco más en su lugar apretando más su agarre en las vestiduras de la cama que ahora lo cubrían –Por favor, váyanse de aquí – Rogó con la esperanza de que ambos le hicieran un mínimo caso.

Ante lo que dijo el chino, Rusia y Corea automáticamente se voltearon a ver con una mirada de completa duda y sorpresa. Ahora entendía cada uno porque el contrario se encontraba ahí, provocando que esas miradas de asombro cambiaran por unas de odio hacia el receptor. Sin embargo, no podían recriminar nada porque ellos mismos hicieron lo que con la mirada le recriminaban al contrario.

-Ya oyeron a mi maestro. ¡Váyanse de aquí y si tienen conciencia nunca vuelvan a este lugar! – Armándose de valor logró romper el silencio, sentía el aura de furia que cada uno de los culpables emanaba para el otro. Lo último que quería era que pasara algo y lastimaran a su maestro o lo descubrieran –Japón. También vete de aquí. Por favor. Llévate a Corea contigo y no vuelvan – Suplicó al país del sol naciente –Sé que quieres una respuesta pero no puedo ser yo la que diga algo, no ahora. Por favor vete y llévatelo –

-Taiwán-san… -El azabache iba a hablar cuando fue interrumpido por Corea, el cual sin previo aviso corrió hacia el ruso que ya volvía a avanzar hacia donde estaba China. Los asiáticos no se iban a dar cuenta si no fuera por el movimiento abrupto de su hermano peninsular.

-¡Aléjate de aniki! – Lo tomó de la gabardina jalándolo hacia atrás. Al ver que el ruso cayó de bruces al suelo los dos asiáticos quedaron sorprendidos, nunca habían visto esa fuerza en el coreano. Tan pacífico que se ve.

-¡China-san! – Gritó en un intento de detener al chino con la voz. China, al voltear para ver que ocurría y ver la acción, se aferró mejor de la cobija para llevársela como si fuera capa, logrando cubrir su cuerpo, y abrió la puerta al balcón.

Cuando la chica vio a su maestro salir fue tras él a auxiliarlo. Al ver que quería pasar al balcón de alado se subió a la baranda, aprovechando que ambas estaban gruesas y casi juntas una con la otra, abrió sus piernas, apoyando un pie sobre cada baranda –Lo ayudo a subir – China estiró su mano libre y con cuidado, y rapidez, trepo siendo auxiliado en el cruce

-Veo que quieres tener una pequeña charla conmigo – Comentó con una sonrisa que estaba muy lejos de ser amigable. El rubio se incorporó para quedar frente a frente con el coreano que lo miraba retador

-No hay nada de qué hablar entre tú y yo. No te voy dejar acercarte a China y lo toques con esas manos –Al decir lo último lo dijo con desprecio y asco, denotando indirectamente a lo que quiso referirse

-Sabes que no estás en condiciones para hablar de eso ¿Verdad? – Levantó su tubería, moviéndola con rapidez acertando a la cabeza del coreano, tirándolo al suelo por la fuerza usada –Por lo que veo también manchaste a China – Se podía sentir como el ambiente se volvía negro y morado por cada palabra que soltaba el ruso. Estaba consciente que él estaba en igual de condiciones, pero no se podía permitir que nadie más tocara a quién amaba.

Sin decir palabra, Corea se levantó de su lugar para intentar acertar un golpe al ruso. Cosa que no se le complicó mucho, y que sus conocimientos de combate cuerpo a cuerpo eran tan buenos como los de China o Japón. Lo que le complicaba dar en su objetivo era la forma en la que se defendía en ruso –Eres un cobarde – Se alejó unos pasos sin darle la espalda en ningún momento.

-Deberías tener cuidado con lo que hablas –Sonrió de nueva cuenta, cualquiera que lo haya visto creería que vio al mismo diablo sonreír, pero en este momento Corea estaba con la adrenalina y la ira al tope que eso poco le importó.

-Hay que salir por el patio trasero, así nos perdemos en el bosque y será más fácil darle la vuelta a la montaña para bajar a la base – Señaló la joven cuando se encontraban en el corredor principal.

Después de trepar por los balcones, salieron por la habitación de alado y de ahí corrieron escaleras abajo hasta dar en donde se encontraban ahora. Para estos momentos la taiwanesa se encontraba, literalmente, halando del chino mientras corría. Tenían que darse prisa para poder perder de vista a los demás en dado caso que los estuviesen siguiendo.

Cuando llegaron al patio, China se zafó de la mano de la menor, jadeando con fuerza y con notoria molestia en su mirada –Déjame descansar… -

-Maestro, no tenemos tiempo. Hay que apurarnos cuando… -Volteo a ver al chino interrumpiéndose abruptamente. Al verlo no supo que hacer. Debían seguir huyendo, pero se veía que su maestro no estaba en condiciones ni de caminar -¿Podría caminar rápido? –

-Haré el intento – Siguió a la chica con la rapidez que su cuerpo le permitía, pero a dar unos pasos sintió un dolor que pasó de su vientre a la espina dorsal, haciéndolo caer de rodillas

-¿¡Se encuentra bien!? – Corrió alarmada a auxiliar al chino, el cual no se movía de su lugar, solo se veía como sus hombros subían y bajaban por la inercia del movimiento al respirar agitado.

-¿Necesitan ayuda? –

Un golpe en la pared se oyó por toda la pieza, sino es que en todo el recinto. Corea pegó contra la pared por la fuerza en la que fue aventado, cayendo con la misma fuerza en el piso.
Ambos hombres ya estaban cansados, jadeantes pero con la determinación muy en alto aún. Ninguno daba su brazo a torcer, pero era lógico quién era el que menos dañado estaba.

-Será mejor que te rindas – Se incorpora para quedar totalmente recto e intimidar más – Tu nunca lo tendrás, jamás te va a perdonar por nada –

-¿Y a ti qué te hace creer que será tuyo y que te perdonará? – Se logró de levantar con un poco de esfuerzos por lo lastimado que quedo por el golpe previo – Debes recordar que estamos en las mismas circunstancias. A mí no me importa si ya no me quiere hablar, pero haré lo posible por volverme a acercarme a aniki y que se dé cuenta que jamás lo volveré a hacer –

-Yo no estoy diciendo que me perdonará –Se quedó estático en su lugar sin dejar de ver al asiático con esa mirada afilada de reto constante.
Durante todo su enfrentamiento fueron sacando sus pecados, cada golpe era la confesión de uno y el desahogó del otro. Ahora ambos sabían que no habían sido los únicos que abusaron de la nación milenaria, sino que también ambos compartían el mismo sentimiento hacia esta.

Ahora su pelea no era más que una que determinaría el dominio de uno, ya no era para evitar que se el contrario tocara al chino. Ya hace rato se habían dado cuenta que este no estaba ahí. Ahora su lucha era para ver quien se lo quedaba.
Sí, usando esas palabras, pues eso era prácticamente.

-Pero será más fácil que sea mío si te elimino – Levantó su tubería para acertar el golpe, sin embargo, cuando movió esta hacia abajo solo pegó con el suelo. A pesar de estar muy lastimado, Corea aún tenía resistencia y podía moverse.

-Si no morí a lo largo de mi historia ¿Qué te hará creer que lo haré ahora y por culpa de tus manos? – Retó al tiempo que se incorporaba, avanzando con velocidad logrando acertar un golpe en la mandíbula del ex soviético.

Este, ni se movió de donde estaba dejando un silenció de lo más sepulcral y tétrico. Corea retrocedió unos pasos para asegurar terreno en dado caso que el otro decidiera atacar.
Rusia movió su cabeza lentamente hasta levantar la mirada hacia el castaño. Su mirada estaba ensombrecida en estos momentos, no se sabía que había en ella. Solamente, sin despegar la vista, avanzó hacia Corea. Este se puso en guardia, deteniendo un golpe que iba directo a su estómago.

Ambos dejaron su mirada incrustada en la ajena. Forcejeando para que el contrario ceda a la fuerza del otro. Ambos ya estaban perdiendo la razón, ya ni se acordaban el por qué iniciaron esto. Solo el orgullo estaba presente, el cual no los dejaba detenerse, no lo dejaba ceder.

De no ser porque el corte de un cartucho se oyó, irrumpiendo el silencio retador, habrían seguido con ese juego sin sentido.

-Están completamente sumidos en su pelea no creo, siquiera, que se molesten en venir –

-Gracias por la ayuda, pero no era necesario que me cargaras, aru –

-Maestro… - Hizo una seña de silencio al mayor, al notar como si tic salió en la oración.

Estaban bajando por la parte lateral de la montaña. Japón al notar que el chino y la taiwanesa estaban escapando, trató de ir tras ello por su ruta, pero la creciente disputa de los otros dos le cortó el paso. Así que los siguió por el pasillo, al divisarlos los siguió de lejos para saber que harían, hasta que vio como el mayor caía ante un dolor.

-¿Sucede algo? –Preguntó al chino, el cual cargaba entre sus brazos. Al oír su forma de hablar creyó que algo le pasaba

-No es nada… -Hablo lo más calmo que pudo para evitar que su muletilla se notara o Japón sabría lo que ocultaba. Por suerte su embarazo no estaba aún muy adelantado y gracias a la posición que tenía entre los brazos de su hermano isleño se podía esconder junto con la cobija que aún cargaba. Y eso último era algo que extrañaba al azabache, pero por el momento era mejor no preguntar y llevar a su ex tutor a la base, esperando ya hayan refuerzos ahí.

El sonido de un mental cayendo sonó como eco en la habitación que estaba en un silencio absoluto hasta ahora. Cuando Rusia soltó su tubería el ejército cayó sobre ambos hombres arrestándolos. Todo el tiempo señalándolos con armas cargadas y listas para ser detonadas.

-Sus jefes no tardarán en llegar a Beijing. Están en graves problemas políticos – Habló uno de los comandantes que llegó como refuerzos ante el llamado de unas de las enfermeras que se había escondido en el templo -¿Acaso saben lo que pudieron ocasionar cuando tumbaron a nuestro jefe gubernamental y a nuestra infantería? –Todo el tiempo habló con autoridad y regaño. Gritándoles en sus caras cuando los tenía firmes ante él –Sus jefes tendrán mucho de que disculparse. Sobre todo el tuyo –Escupió con furia al coreano. Xi Jiping ya conocía como era de extremista el representante de Rusia y hablar con su jefe era fácil y más cuando tienen buena amistad ambos países. Pero con Corea aún había ciertas tensiones que podría provocar algo grave por la imprudencia de su representante.

Ninguno de los países dijo nada. Solo se quedaron cayados viendo al suelo. Corea regañado y Rusia sonriendo como si fuera un juego, ocultando lo que en verdad sentía o pensaba.

-Serán llevado a Beijing en este instante. Cuando nuestro jefe se recupere el dictara una sentencia a ustedes que sus presidentes no podrán decir "No" –Hizo una seña con la cabeza a los militares que inmediatamente se llevaron a ambos países fuera del templo. Durante todo el recorrido fueron en silencio, ni una mirada, ni una palabra. Nada fue dicho, ni entre los militares, ni entre los arrestados. Todos iban en un silencio sepulcral que fácil se podía comparar con el arresto a una ejecución.

Pasaron largos minutos hasta que se empezó a oír mucho ruido. Movilizaciones por aquí, movilizaciones por allá. Todo era un completo caos, no porque fuera una escena de zona de guerra. No. Los militares caídos ya estaban siendo atendidos por paramédicos y estos estaban bien, solo habían sido noqueados. La movilización era porque el dragón había despertado y, además de estar completamente furioso, estaba preocupado por su nación, la cual estaba siendo atendida en la carpa del general.
Se oía como ordenaba a fuerte voz llamar transporte para los asiáticos que estaban ahí y que se fueran, se oía como apuraba a los paramédicos para que terminaran con los soldados y se llevaran a China al hospital.

El dragón, al percatarse que Rusia y Corea habían llegado se dirigió con furia a ellos. Si no fuera que sus presidentes ya estaban por llegar los apalearía ahí mismo. Cuando se dispuso a soltarles una cátedra de odio se oyó como una mujer asomaba su cabeza de la carpa donde estaba siendo atendido China y gritaba con pánico –EQUIPEN UN HELICÓPTERO EN ESTE INSTANTE-

Ante ese grito la criatura se volteó totalmente pálido, ese grito no le había gustado en lo absoluto –Comandante. Llévese a estos dos de aquí y no los quiero volver a ver hasta que yo regrese a Beijing ¡Es una orden! –El comandante hizo el saludo de orden y los militares empezaron a empujar a las naciones al helicóptero militar que los llevaría a presidencia. Mientras el superior iba a toda prisa gritando con preocupación -¿Cómo está mi nación?-

Durante el transcurso inevitablemente voltearon a donde estaba la mujer anterior mente, no tardó mucho para que volviera a asomar la cabeza para encarar al superior que esperaba respuesta y lo que gritó les cayó a los tres como un balde de agua traía desde la misma Siberia

-SI NO NOS APURAMOS ABORTARÁ-

~Varios minutos atrás~

Japón seguía llevando a China entre brazos, el cual se veía nervioso –China-san. Si es por Corea-san y Rusia-san no se preocupe. Ahora no creo que ellos nos vayan a seguir. No se ponga nervioso o asustado, o lo que sea que le pase – Trató de tranquilizarlo por todo lo que ha estado deduciendo hasta ahora, a falta de pistas lo único que le queda es usar su propia intuición.

-Lo único que me importa es llegar a la base… -Soltó un suspiró al final. Estaba empezando a sentir otra punzada como la que sintió antes de que Japón lo cargara. Se recargó en el hombro del azabache y cerró un poco sus ojos por el creciente dolor, trataba de controlarlo un poco pero cada vez se le hacía imposible.

Un gruñido de dolor salió de su garganta haciendo que ambos isleños se detuvieran para ver que le sucedía a su antiguo mentor –Maestro ¿Se encuentra bien? – La chica solo recibió una negación pronunciada, seguido por una respiración constante y fuerte, como si fueran sollozos en un lamento. Japón lo bajó con suavidad quedando él semi hincado y China, como si fuera un bebé, estaba en su regazo. Así también Japón podría descansar.

Ambos se vieron preocupados, mas un grito de la taiwanesa alertó más al país del sol naciente. Preguntó con fuerza a que se debía su grito y esta solo señalo su pierna. Levantó un poco al chino para poder ver que era lo que señalaba la mujer, viendo como la tela blanca de su pantalón estaba siendo teñida de carmín -¡Rápido! –Sin decir nada más corrió con el chino en brazos, tan rápido como pudo siendo seguido por la chica muy de cerca.

No tardaron mucho para llegar a la base. Viendo como paramédicos estaban atendiendo a la milicia y el dragón daba órdenes sobre traer más y más refuerzos, además de que los que ya habían subido al templo. Una enfermera alertó sobre la llegada de los asiáticos y sin tardar Taiwán grito por ayuda. Llevaron a Yao a la tienda del general y lo recostaron en el catre

-¿Qué le sucede a Yao? – Preguntó el dragón asomándose a la tienda, tratando de ver lo más que podía

-Está sangrando –Contestó Japón alarmado –No sé qué habrá sucedido pero… -Su explicación fue interrumpida por la médico que entró para ver al chino. Está retiró la manta y lo que vio Japón fue lo que lo dejó mudo -¿Qué es…? –

-¡Atiéndalo de inmediato! –Se volvió a ver interrumpido por el dragón antes de dejar a los de la tienda solos

-Taiwán, China-san ¿Qué está sucediendo? – Su mirada no podía separarse del abdomen bajo del milenario, el cual ya ni le importó que su hermano lo viera en esas condiciones, lo único que quería era que ese dolor se fuera.

-Esto no se tenía que saber. Y al parecer por lo que está pasando se tomarán medidas para no levantar más sospechas –Lo tomó del brazo y lo alejó del catre para que la mujer pudiera atender al chino sin estorbos –Esto empezó desde la fiesta de América… -La joven empezó a contarle lo sucedido a Japón. Lo que le contó China hasta lo que estaba viendo en estos momentos.

Cada palabra fue oída por el azabache, que en esos momentos tenía muchos sentimientos encontrados. Sobre todo con la parte del embarazo -¿Y qué va a ser?- Fue lo único que preguntó.

-Si te refieres al sexo y a su función. Aún no lo sabemos- Bajó su mirada, viendo al piso con tristeza y miedo –Tengo miedo de que maestro dé a luz a un "sucesor"-

Ante esas palabras, el japonés sintió como si una katana afilada atravesara su pecho, pues las palabras de la taiwanesa le calaron hondo. Sabía a lo que se refería y lo que ocurriría con China de ser ese el caso.
Como impulso abrazó a la castaña de forma protectora y considerada. No era muy común que mostrara de esas formas sus emociones, pero en solo pensar en la muerte de una nación y más si esta fue quién lo crío es un golpe muy duro –China-san no tendrá un sucesor, será una nueva provincia o una micro-nación –Sin querer apretó más el abrazo –China-san no morirá-

Para estos momentos poco le importaba lo increíble que era que Japón hiciera lo que estaba haciendo en estos momentos, lo único que le importaba era el consuelo y el desahogo que el azabache le estaba ofreciendo.
Quería creer que lo que le decía era cierto, que lo que le susurraba no eran solo palabras al azar… Estaba asustada.

Sin embargo, ese momento se rompió por el grito que soltó a mujer hacia el exterior. Ambos asiáticos se miraron con impacto para luego mirar como la mujer volvía a correr hacia el chino, al cual trataba de mantener despierto. Cuando volvió a asomarse al exterior ambos sintieron un miedo peor por lo que la mujer grito con desesperación.

Todos los que estaban presentes, militares y paramédicos se movilizaron con rapidez apenas y el superior grito la movilización. Alistaron un helicóptero médico y ayudaron a llevar a su representante a este, con el mínimo movimiento posible pero con la rapidez marcada. Le inyectaron suero en un brazo y le colocaron oxígeno apenas y lo terminaron de anclar al transporte. Ni un segundo pasó cuando cerraron la puerta de la aeronave y está despego con dirección a la capital de China.

-¡Muévanse también ustedes! –Sin preguntar la criatura tomó entre sus patas a los dos hermanos del chino y voló con ellos siguiendo lo más de cerca que podía a la máquina, pues su velocidad no se comparaba con la tecnología, ya que su vuelo era lento a comparación.

Mientras, en otra de las aeronaves se encontraban dos naciones que estaban con el alma fuera de sus cuerpos. Sus cerebros no daban crédito a lo que habían oído. Estaban totalmente idos. Como si estuvieran muertos completamente.
¿Eso era lo que estaba ocultando? ¿Por eso tanta seguridad? ¿Por eso no quería que lo vieran?
Todo eso inundaba sus mentes y sabían que alguno de ellos era el culpable, pero lo que los ponía mal fue que tenían la sensación de que tenían la culpa de haber mandado al asiático mayor al hospital.

No supieron cuánto tiempo pasó, y poco les importó. Solo supieron que estaban subiendo a un elevador que los llevaría de la azotea hacia la oficina del jefe de China, donde seguro sus propios jefes los estarían esperando para darles una reprimenda severa.
Y así fue, pues apenas y entraron a la oficina y la jefa de Corea se levantó a soltarle un manotazo en la mejilla mientras le gritaba que cómo era posible que haya irrumpido en una base militar, mientras el jefe de Rusia solo lo miro de forma reprobatoria por unos segundos antes de volver su vista al mandatario chino.

Era claro que a los jefes de dichos países se les dijo que sus naciones habían cometido el improperio de irrumpir en una base militar y que ambos habían apaleado a su infantería y que desconocía la razón por la cual ambas naciones hicieron eso.
La jefa de corea le grito a su nación lo que se le había dicho y ahí fue donde ambas naciones entendieron que el embarazo de china era un secreto de estado, pues Xi Ping no menciono a China en ningún momento a sus jefes.

-Señora Geun Hye, por favor tome de nuevo asiento. Voy a tener que consultar con ustedes cosas muy importantes respecto a lo que acaba de suceder –El jefe de china se vio serio a lo que la mujer tomo del brazo a su nación y con molestia lo sentó a su lado para poder oír cómo resolver el problema.

Los tres mandatarios estuvieron hablando durante un largo tiempo sobre sobre el incidente y las represalias que habría. Al principio los jefes de sur Corea y Rusia preguntaron por el representante de China, a lo que su jefe, hábil, contesto que estaba reparando los daños en la base militar, por lo que los otros dos no preguntaron más.

Tanto como Yong Soo como Ivan estaban oyendo en silencio cada palabra que los políticos discutían. Sabían que habían metido la pata y hasta el fondo, pero ellos también que iban a saber lo que había pasado. Aunque viéndolo en retrospectiva era demasiado obvio y hora se arrepentían de haber irrumpido en el templo y haber armado ese alboroto.
Pero lo hecho, hecho está y su castigo será no pisar tierras chinas hasta nuevo aviso.

Los jefes estuvieron de acuerdo, así calmarían cualquier tensión política o militar que eso hubiera ocasionado. Los jefes tenían libre acceso a la nación, pues los encuentros, los lazos y tratados políticos se mantendrían en pie, pero a los representantes de la nación se les prohibía poner un pie el en país.

Ambos aceptaron su castigo sin rechistar, pero por dentro ambos quedaron destrozados.
No solo habían cometido una acción horripilante hacía alguien que aman, sino que alguno de ellos había provocado el embarazo y además, por su imprudencia, ese producto podría morir y, si van las cosas peor, China se iría con él.

-De no haber llegado a tiempo hubiera ocurrido una tragedia. En un momento podrán pasar a verlo –

-Que susto… -Taiwán soltó un suspiro pesado mientras poco a poco se marcaba una suave sonrisa de felicidad en su rostro.

Con las atenciones y los medicamentos exactos pudieron detener las hemorragias y salvar la vida del bebé y que este se encuentre saludable. Se dieron las restricciones de que mantuvieran a China en un ambiente relajado, sin estrés y en reposo total para evitar que vuelva a ocurrir otra situación así.

El nerviosismo y la tensión que recibió con la llegada de Rusia y Corea al templo más su escape provocó que el cuerpo atacará al producto como si este fuera la causa de esos males provocando la hemorragia con ello.

-Son parientes de Wang Yao ¿Cierto? –Llegó una enfermera con unas hojas en mano. Taiwán y Japón asintieron –Por aquí. Acaba de despertar –Empezó a caminar por los pasillos siendo seguidos por los menores.
Al llegar a la habitación los dos miraron con alegría y preocupación a su antiguo mentor que reposaba sobre la camilla con un suero en un brazo un líquido con vitaminas en el otro.

-China-san ¿Cómo se encuentra? –

-Mejor –Quería hablar lo menos posible, aún se sentía cansado por todo, tanto física como mentalmente, pero ya se sentía más tranquilo porque ese dolor punzante ya se había ido al fin.

-¿Y cómo está el pequeño? –Taiwán se acercó hasta el chino posando una mano sobre su vientre con suavidad, temiendo que con ese toque su sobrino se fuera a romper.

-Sin peligro –Sonrió suave y débil a la menor que también le devolvió al sonrisa

-Debería dormir. Sufrió muchas cosas estas últimas horas –Ya era la madrugada para este momento, pero ninguno de los tres sentía ese cansancio que la hora te da. Más bien era un agotamiento mental por parte de todos, nunca habían sufrido tanta tensión desde la última guerra.

-No me siento cómodo –Puso una mueca de molestia. Nunca le gustaron los hospitales y ahora que le pedían reposo sentía que no se movería de ahí en un buen tiempo.

-No te preocupes. Si te hace sentir mejor dormiré aquí contigo para que no te sientas solo –

-También me puedo quedar. No tengo ningún problema – Hizo una suave reverencia, como un pacto silencioso para una promesa hacia el chino

-Gracias –Soltó con sinceridad sintiéndose un poco más tranquilo, aunque deseaba estar en su cama, aunque fuera en el templo, pero deseaba estar en un lugar más cómodo

-El superior me dijo que apenas y te den de alta volverás al templo. Si vuelves a tu casa solo tendrás estrés porque la calle no te dejará dormir. Recuerda que vives cerca de una avenida principal.

-¿Entonces volveré allá? – Su voz se oyó como si se decepcionara de la decisión pero en verdad estaba complacido. Tendría de nuevo paz y tranquilidad, pero aún tenía una duda -¿Y ellos?-

-No lo sabemos. Vimos que se los llevaron en un helicóptero militar, pero ya no supimos que pasó con ellos –Habló el japonés como buen testigo –Supongo que su jefe o el superior le dirá lo que pasó –Era lo más lógico que pasaría, y para ser sinceros, él también tenía curiosidad de lo que les habrán hecho.

-De cualquier forma dudo que quieran volver al templo. No sabiendo que los has rechazado deliberadamente – Animó la taiwanesa, esperando así los ánimos de su maestro se elevaran un poco. Aunque los tres sabían lo tercos que podían ser esas dos naciones aun así funcionó, pues China río un poco.

-Tienes razón. Al fin podré están tranquilo –Habló un poco más antes de recostarse en la cama.
Sin embargo aún estaba en su mente la duda, por más que quiso quitar eso de su mente aún estaba presente un pensamiento. Ya no estaba preocupado por el "¿Por qué lo hicieron?" Lo que estaba rondado en su cabeza en este momento era "Cuando sea prudente ¿Estará bien presentarlo como su hijo?", "¿Podré saber quién es el padre así como lo hacen los humanos o las naciones tendremos alguna restricción?", "De poderlo saber ¿El padre lo aceptará?" y dudas similares lo atacaban, pues eso de una forma u otra lo afectaba ya que su sueño siempre fue tener una familia, pero como nación sabía que eso era algo imposible hasta ahora. Y ahora tenía esa duda.

Con esos pensamientos se quedó dormido junto a Japón que se quedó en el sofá a velar por su hermano mientras la taiwanesa se iba a descansar al hotel donde ella siempre suele hospedarse.