El diario robado para Erwin Smith

Junio, 845. Karanese.

Rastrear el linaje no será fácil y recién es el comienzo. Tuve que ahondar en documentos olvidados del distrito Utopía para poder dar con un solo papel que contenía el nombre que busco.

Estoy en la biblioteca ahora, aprovechando mis horas libres para buscar en los archivos de personas.

Dejaré una copia aquí, puede que necesite esto más tarde:

"Frost: Clan familiar. Primeros artesanos en distrito Klorva, nobleza de alta jerarquía durante el reinado de Sagan VII del año 786 en adelante. Compuesta por cuatro herederos; se desconoce paradero anterior al de éste periódo en concreto."

Lo único que se reporta en este documento es que todo inició con Némesis Frost, quien tomó el nombre del barco que lo trajo durante los últimos viajes de búsqueda de sobrevivientes durante el reinado del rey Santo (tengo que buscar más sobre esos eventos).

Némesis trabajó como mercader durante sus primeros años en el distrito Karanese, según estos informes. No se dedicó a la artesanía hasta unos años después, según mis cálculos, unos treinta años más tarde.

¿Que clase de artesanía? ¿Fué sólo en éste distrito? Quizás investigar sobre el desarrollo de su empresa en otros lugares además de Karanese me dé más detalles sobre cómo la familia Frost creó tanta fortuna.

Me encuentro aquí con que Némesis tuvo tres hijos: Gendra, Julian y Bastian. Pero no hay detalles de qué sucedió con ellos o quién fue la madre de sus hijos. Debo confiar en estos documentos por ahora; Karanese no posee cuantiosa cantidad de documentos como Trost o Sina. Quizás en mi próximo viaje dentro de tres días a Klorva, que aquí dice que fue la cuna de Némesis, pueda visitar los archivos y saber con exactitud qué sucedió con la llegada de Némesis al muro Rosa.

Junio, 845. Klorva.

El distrito está lleno de sorpresas.

Los puertos de ferry que conectan el distrito con la entrada del muro Rosa; solían ser los puertos donde los barcos de sobrevivientes anclaban durante los primeros años de las creaciones de los muros.

No muy lejos de la estación principal, se encuentra el Departamento de Embarque y Registro. Pasaré por allí en cuanto termine los detalles de la expedición.

Como lo esperaba, encontré más información sobre Némesis en los archivos cercanos al ferry.

Copiaré aquí la ficha completa de lo que encontré:

Frost, Nemesis:

Edad: Trece.

Aspecto: Caucásico, peso contraindicado, presenta signos de deshidratación y mala alimentación. Dificultades para moverse correctamente.

No específica familiares, se lo trasladara a la tienda médica n°205 con los demás menores con salud comprometida.

Dice no recordar su nombre a excepción de su apellido, se lo bautizó con el nombre del barco transportador de exploración marítima.

Es el 8vo Némesis registrado en este distrito.

Historial médico, tienda médica n°205

Paciente: Frost, Nemesis.

Responde favorablemente a la dieta indicada. Su aumento de peso es favorable y de buena evolución.

Responde a estímulos sensoriales y tiene mente despierta.

Se lo dará de alta en los próximos tres días.

Si Némesis encontró su hogar en Klorva, me es de suponer que aquí tuvo sus inicios como artesano, aunque tampoco puedo fiarme; ya que me quedan varios días en el distrito veré qué más puedo encontrar.

Más tarde.

Como lo sospeché, Némesis comenzó sus días de artesano aquí. Y debo admitir que me sentí sorprendido sobre qué clase de artesanía fue la que eligió.

Armamento, y no sólo armamento de milicia, sino en el especializado para las exploraciones fuera de los muros.

Muy a mi pesar, no dan demasiados detalles. El armamento para exploración es complejo y aparentemente Némesis fue partícipe de esto; teniendo en cuenta también las fechas en las que comenzó a dedicarse a la artesanía armamental, puedo suponer que se trató de los prototipos que derivaron a los equipos tridimensionales que usamos actualmente. En las escuelas enseñan que fue Ángel Aaltonen quien trabajó en los avances del equipo tridimensional ¿Como llegaste a eso, Némesis?

Los registros civiles también indican que se casó con Marion Crabe, de familia humilde. Su primogénita fué Gendra Frost, luego vino Julian, el heredero y por último, Bastian.

Gendra murió joven, incluso antes de poder contraer matrimonio. Algo aquí está referido a una enfermedad de herencia, pero no dicen de qué, ni de quién proviene. Por nacimiento, el imperio que Némesis logró crear en un tiempo asombroso, pasó a manos de Julian.

¿Cómo logró Némesis una fortuna tan inmensa en este periodo de tiempo? Mis sospechas van hacia Aaltonen, puede que le haya pagado por sus servicios de artesano con equipos tridimensionales.

Nada de esto me queda demasiado claro, debo buscar más en los registros.

Finales de Junio, 845

Siento que me estoy acercando a algo aunque no tengo muy en claro que.

Se esforzaron mucho por borrar a los Frost no sólo de la nobleza y de los muros, sino que también de los registros. Me pregunto por qué tanto esfuerzo por eliminar cualquier rastro de ellos.

Aunque no fueron prolijos; ni siquiera se empeñaron en rastrear el linaje de Némesis Frost.

Pero a partir de Julian y su herencia, todo se pone mucho más interesante.

Porque no hay nada, absolutamente nada que pueda encontrar a simple vista en los archivos de Rosa o Sina y sin embargo aquel que tenga los suficientes años y memoria podrían asegurarme que los Frost existieron en este mundo; y que la realeza los odiaba por eso.

Incluso recuerdo a mi padre hablar de ellos, él era un hombre inteligente y culto cuyos pensamientos a menudo parecían desafiar su época. Lo escuché mencionarlos muchas veces; hasta que un día no lo hizo más, como lo hizo el resto de la población luego de que la familia desapareciera.

Ahora lamento no hacer prestado la atención suficiente.

Cada día que pasa mis sospechas crecen. Porque los hombres de la historia se empeñaron en hacer que esta familia desapareciera de Sina y todo me hace pensar que los horrores por los que pasó la pobre Naomi no se deben solamente a que nació en el lugar equivocado de la humanidad.

Quizás alguien la quería encerrada en Mitras. Y yo voy a descubrir por qué.


Capítulo 9

Erwin dejó su pluma a un lado antes de recostarse nuevamente sobre el respaldo de su asiento dando un suspiro. Había decidido aprovechar su pequeño descanso entre papeles y formularios para pasar a su nuevo diario (aquel diario bonito, de portadas de cuero nuevo y que una niña de ojos hechizantes había conseguido para él) la información que había podido socavar entre esos días de exploraciones y viajes.

Estaba decepcionado por lo poco que había averiguado. Pero también tenía que ser justo al pensamiento de que tenía asuntos importantes que resolver por el momento. La invasión al Muro María era una mala señal; una muy mala y Erwin estaba preocupado.

Se llevó una mano a los cabellos para peinarlos hacia un costado, podía sentir la tensión en sus músculos ante la acción y la falta de sueño haciendo mella en su cabeza. Tenía poco tiempo para resolver problemas que eran urgentes y el linaje de Naomi estaba entre esas cosas. Estaba acostumbrado a esos momentos de su vida en los que nada parecía tener una solución posible pero él no sería el Comandante de la Legión de Reconocimiento si no fuese capaz de mantener la situación bajo control.

Casi sonrió al pensar aquello.

Desde que era más joven, sabía que los titanes eran una amenaza mucho más latente de lo que los demás imaginaban. Sabía que los muros sólo eran para ganar tiempo, que no estaban verdaderamente protegidos. Nadie tenía el control de la situación, nadie podía hacerlo.

Ahora, sin poder evitarlo, pensaba en Naomi y sus cálidos abrazos de despedida.

¿Cómo podría mantenerla segura?

Erwin tenía un mal presentimiento y el hecho de que él no fuese un hombre demasiado sujeto a las supersticiones aumentaban su incomodidad. La familia de la niña, según palabras de su propio protector en Mitras, habían sido asesinados en el pequeño cuartucho frío en el que se refugiaban de la oscuridad del mundo subterráneo; asesinados pero sin robo alguno. Y si Naomi no hubiese caído en manos de Levi probablemente hubiese tenido el mismo destino que sus padres. Nadie en la ciudad subterránea sabía de los Frost, a nadie le importó en absoluto; ni siquiera Erwin reparó en la niña durante su misión para dar con los traidores y desenmascarar a Levi y su compañía. No fue hasta que el hombre pidió por su seguridad que Erwin supo que Naomi estaba agonizando en una pequeña casa en Mitras, herida por la brutalidad de hombres sin corazón.

Erwin frunció el ceño observando a la nada en su oficina.

¿Por qué tanto encarnizamiento por una niña?

Lo que más le preocupaba con respecto a eso era la posibilidad de que la amenaza aún persistiera y Naomi estaba sola en un mundo que no conocía por más que Levi y él se esforzaran por cuidarla. Erwin aceptaba que Naomi había logrado meterse muy profundo en su corazón durante los pocos meses que pasaba bajo su cuidado y que el sólo hecho de imaginarla igual de lastimada que cuando llegó a él hace tiempo le erizaba la piel de odio. Pero también tenía que analizar de manera crítica la situación, dejando de lado los sentimientos hacia ella.

Si Naomi Frost pertenecía a una familia poderosa que había sido exterminada de manera extraña, evidentemente averiguar el pasado de la niña era algo de índole importante.

Las personas con mucho poder habían tratado de engañarlo muchas veces antes, Levi era la prueba viviente de eso. Sabía que no podía confiar en Sina y el poder que regía allí, quizás Naomi pudiera ayudarlo a entender el porqué.

Unos golpes secos en la puerta de su despacho lo hicieron volver a la realidad.

-Adelante.

La puerta del despacho se abrió suavemente pero Erwin aún no observaba hacia allí, sino que tenía sus ojos pegados en la esquina de su habitación; buscando la mejor manera de proceder con la situación. De todos modos sabía quienes eran, los había llamado hacia dos días.

Podía no estar demasiado tiempo en Karanese pero tenía soldados allí que lo mantenían al tanto de las tropas y por lo tanto, de las pequeñas travesuras que Naomi había hecho en el distrito.

Ambos soldados lo saludaron como correspondía a su cargo y esperaron en silencio hasta que el Comandante se dignó a mirarlos.

Ambos eran hombre grandes y eran buenos en su trabajo; él lo sabía porque había luchado junto a ellos y los había visto pelear. Sabía varias cosas de ellos, un ejemplo era la amistad que tenían con cierta niña proveniente del subterráneo.

-Descansen, soldados- pidió Erwin, tomando los papeles que tenía debajo de su diario para leer mejor los nombres- Herger Lerman y Lyndon Veitz- leyó- llevan más de dos años en el servicio y han asistido en diez campañas.

-Señor- dijeron ambos a la vez.

-Tengo por entendido que prestaban servicio en Karanese ¿Fue por algo en particular?- Erwin observó a uno de ellos, un joven de rostro risueño y cabello largo- ¿Soldado Veitz?

-Nada en especial, señor- respondió el hombre- nos enviaron allí como guardias de cuartel.

Erwin asintió mientras dejaba los papeles de nuevo sobre el escritorio y miró a los dos soldados con ojo crítico, frío.

-Estoy planificando una exploración que será dentro de cinco meses; según su prontuario, son buenos en peleas de campo abierto. Los quiero aquí en Trost por el momento hasta su aviso de partida con el frente de vanguardia.

Los dos soldados asintieron, sin mirarlo a los ojos pero él sabía que lo habían escuchado muy bien.

-También otra cosa- añadió- quiero que se ocupen de algo en los meses en los que permanecerán aquí.

Y ellos escucharon.


Naomi se observó en el espejo enorme que había en su habitación para asegurarse de que estuviese arreglada.

Un vestido borgoña, sobrio para sus días de estudio, zapatos negros de cuero pulido y medias oscuras hasta sus rodillas. Había trenzado parte de sus largos cabellos (demasiado largo para su gusto, tenía deseos de cortárselo) y el resto de sus mechones caían suavemente por su espalda. Se colocó su delantal blanco de encaje sobre el vestido con cuidado de no estropear su peinado y volvió a analizar su reflejo.

Habían pasado cuatro meses desde que Erwin la dejó allí, cuatro meses desde que se vió rodeada de lujos con los que apenas había podido soñar en la ciudad subterránea. Ahora ella no buscaba comida en las cocinas del cuartel, podía sentarse a esperar en las mesas de la Sala Común a que se la sirvieran. Su habitación era limpiada por sirvientas todos los días y sus horas libres podía pasarlas en cualquier lugar del internado que ella deseara.

Tenía tanta libertad que no sabía qué hacer con todo eso; y no le gustaba.

Naomi estaba extrañando correr por los tejados de la ciudad, manchar sus ropas con el polvillo y la suciedad de lugares abandonados, sentir la brisa de la mañana en su rostro durante cada amanecer mientras se escondía de bravucones y borrachos de las guardias.

Se sentía sofocada con tanto lujo, porque sentía que no era para ella; como si fuese una intrusa allí usando las ropas de una niña de alta cuna y comiendo un alimento por la que muchos niños de su edad matarían en Mitras.

Aún así no hablaba sobre eso; para el resto de la escuela ella era Naomi Smith y era la pupila del Comandante de la Legión de Reconocimiento. No preguntó sobre las razones por las cuales Erwin insistió en que llevase su apellido durante su tiempo allí, pareciendole razonable si ella era su protegida. De todos modos, ella apenas sabía el origen de su nombre gracias a Levi y los papeles que él había logrado rescatar de la casa en donde la sacó.

Como pupila de un hombre importante, todos los tutores la llamaban por "señorita" o "Miss Smith" y Naomi simplemente no lo toleraba, deseando con todas sus fuerzas volver a ser la Naomi a la que cada soldado en el cuartel de Karenese conocía por tener la agilidad de una gata y las garras de una. Ella extrañaba a Herger y a Lyndon; las sonrisas cómplices de personas que habían vivido el mismo infierno que ella.

Suspiró. Había crecido mucho en ese poco tiempo en el internado-había aprendido a hablar mejor, hacer cálculos matemáticos y diferenciar artistas por sus libros y pinturas- pero no en la manera en la que ella deseaba. Pero de todos modos se esforzaba cada día por ser una buena alumna, tratando de cumplir con las expectativas de Levi y Erwin como lo había prometido.

Satisfecha con su estado, Naomi decidió dejar su habitación para dirigirse a la Sala Común con el resto de los alumnos, escuchando ya el caos que éstos generaban en el pasillo al otro lado de su puerta camino al mismo lugar.

Reprimió un escalofrío de incomodidad al meterse entre la fila de alumnos; como toda residente del subterráneo disfrutaba más de la soledad y el silencio pero de todos modos le restaba importancia al asunto. Caminó entre ellos apretando sus libros contra su pecho, cuidando de no pisar a nadie.

-Naomi-exclamaron tras ella entre el barullo de voces que generaba medio centenar de chicos en un mismo pasillo.

Ella se dió la vuelta para encontrarse con Marco agitando una mano en el aire para llamar su atención y con una sonrisa en los labios. La niña se quedó parada en su lugar para dejar que la alcanzaran Marco y su amigo, Jean, otro chico que Naomi se enteró luego de su encuentro inicial compartía habitación con él en el instituto.

Resultaba que Marco sí era de Trost e iban al mismo lugar, ambos chicos un poco más adelantados que ella en los estudios. Marco no tardó en llevarla de nuevo al internado luego de esa pelea en las calles y presentarla a su mejor amigo para contarle lo que había pasado.

-Buenos días- dijo ella mientras los chicos se acercaban y luego comenzaba a caminar con ellos.

-Creíamos que ya estabas en la Sala Común- respondió Marco- que casualidad ¿Verdad, Jean?

-Él quiso pasar por aquí- gruñó el rubio sin mirarla- a estas alturas ya estaríamos desayunando.

Naomi no era ajena al hecho de que no le agradaba a Jean pero francamente le importaba poco. Toleraba su presencia como a todas las cosas en su vida que estaban fuera de su control; tampoco le desagradaba, a menudo su actitud juguetona y las veces en las que no era un completo idiota y le hablaba, le hacía recordar a Farlan.

Y los dioses eran testigos de cuánto lo extrañaba y deseaba saber de él.

-No es como que vayan a cambiar el menú- repuso ella- y no es como que Jean se queje mucho de eso. Es comida después de todo.

Marco dejó escapar una risita y cubrió su boca con una mano a medida que su amigo suspiraba.

-No puede ni siquiera comenzar la mañana sin decirme algo; no sé porque insistes en que le hablemos.

-Porque, Naomi es amable y simplemente una buena chica- respondió el pelinegro, tratando de no empujar a la niña en su intento por caminar entre tantas personas queriendo doblar la esquina del pasillo- y también porque sabe defendernos de bravucones.

-Ay por favor- exclamó Jean- ni siquiera hay bravucones en este lugar.

Naomi no respondió.

La Sala Común, como insistían en decirle a ese lugar, no era mucho más grande que el salón que usaban en el cuartel de tropas para servir la comida a los soldados. Tenía grandes columnas de concreto a los costados de las paredes laterales y grandes ventanales cada cuatro metros de distancia que iluminaban todo el recinto incluso en días sin mucho sol. Varios banderines y cortinas de color bordó surcaban el techo alto de la sala y decorado con ribetes de oro y azul opalino, los mismos colores que los uniformes de los estudiantes.

A lo largo de todo el lugar, se extendían banquetas de pino así como mesas anchas en donde ya estaban dispuesta la vajilla, pulcramente brillante en la espera de comida.

Naomi sabía que la verdadera sala importante de la escuela se encontraba en el ala norte del edificio, en lo que los profesores llamaban el Aula Magna, era sin duda alguna, uno de los lugares más impresionantes que ella había visto en su vida. Con paredes blancas, inmaculadas; cuadros vistosos y candelabros hechos de cristal. La opulencia de la sala sólo estaba destinada a las reuniones de la alta sociedad que la usaba para fines benéficos o ceremoniales y por lo tanto, era poco usado por los alumnos que circulaban a diario por esos pasillos.

Los tres chicos cruzaron el umbral hacia el salón, ahora cálido por las hogueras y con el aroma dulzón de la avena y la leche caliente, pan recién horneado y quesos diversos. El primer día en que ella comió allí, casi sintió náuseas ante tanta variedad y apenas probó bocado, aterrorizada ante tanta cantidad.

Naomi se sentó en una de las mesas cercanas a la pared, dejando sus libros de literatura a su lado. El pelinegro se sentó a su lado bostezando sonoramente y su amigo hizo lo mismo sin mediar palabra. A Marco no parecía molestarle que ella fuese bastante callada en ocasiones y era algo de lo cual Naomi estaba agradecida (con Jean igual a pesar de las constantes peleas). Sentía menos peso sobre sus hombros al respecto, no teniendo que lidiar con la necesidad de ser más comunicativa para ahorrarse los problemas.

-Oye ¿Vas a ir a tu casa luego de que termine la semana?- preguntó Marco de pronto. Naomi se preguntó de dónde sacaba ese chico tantas energías desde temprano- Jean y yo iremos a la casa de mi abuela aquí en Trost. Tiene un campo de manzanas muy famoso en la zona.

Naomi se mordió el labio levemente, dudosa. Porque realmente no tenía muchas esperanzas de que Erwin pudiese visitarla en lo que quedaba de ese mes, mucho menos irse con él. Fingió acomodar sus libros sobre la mesa con total interés mientras pensaba en una respuesta convincente.

-No seas bobo, Marco- intervino Jean- su tutor es el Comandante Smith. Quizás hasta tenga que irse de exploración.

-Oh ¿En serio? Pensé que no…-

-Su última exploración fue hace cinco meses- dijo ella encogiéndose de hombros- probablemente estén planeando otra en estas fechas.

Pero lo dudaba. El fracaso había sido monumental y ella dudaba que la Legión de Reconocimiento se recuperase pronto de eso. A Naomi le preocupaba como Erwin estaba tomando la situación, porque a fin de cuentas, era la cara más visible de las tropas. También estaba preocupada por sus amigos; cuando ella preguntó por Levi, Erwin no tardó en tranquilizarla. Pero cuando nombró a Farlan e Isabel no quedó tan convencida. Erwin le había dicho que estaban bien, pero su sonrisa se había desvanecido.

Ella sabía lo que había sucedido en realidad, lo supo desde que habló con el Comandante antes de llegar al internado. Eran demasiadas personas, demasiado consumo y como Rosa no parecía ser tan diferente a Mitras, la decisión de Erwin había sido la mejor.

-Debe ser difícil una vida así- dijo Marco a su lado y logrando que la niña lo mirara con interés- o tener alguien en la familia que explore el exterior. Quiero decir, no sabes si volverás ¿verdad? debe ser difícil.

-Lo es- respondió ella apartándose de la mesa al ver que los sirvientes estaban por servirles el desayuno- pero es su trabajo. Tienen sus motivos para hacerlo.

-Es por eso que voy a meterme al Servicio del Rey- dijo Jean tomando un trozo de pan caliente de las bandejas en el centro de la mesa- la vida es fácil y es más segura. Marco y tú harán lo mismo si tienen algo de cerebro.

-¿Qué te hace pensar que me haré soldado?- preguntó ella.

-Eres jodidamente buena golpeando gente y sinceramente no te veo en otra cosa que no sea en eso. Incluso te veo lo suficientemente demente como para meterte en las Tropas de Reconocimiento.

-Pues conozco a alguien que si te escuchara…-musitó ella.

Marco dió una exclamación tan fuerte tomando a ambos de un brazo que Naomi por un momento pensó que algún hueso de su cuerpo se había quebrado. Miró a Jean por el rabillo del ojo y éste lucía inexpresivo comiendo su avena; como si ya estuviese acostumbrado a eso.

-Ya se- siguió Marco con una sonrisa y mirándola- ¿Por qué no vienes con nosotros?

Definitivamente ahora había sido Jean el que reaccionó.

-¿Qué?- exclamó atónito.

-¿Qué?- preguntó Naomi a su vez.

-Dile a tu tutor si puedes pasar los días libres que tenemos en casa de mi abuela.

Naomi observó a Marco y luego a Jean; de nuevo pasó su mirada al pelinegro y después otra vez al rubio, quien abrió los ojos como platos y la señaló con un dedo a modo de advertencia.

-Ni se te ocu…-

-Déjame enviarle una carta al Comandante Smith para preguntarle- respondió ella con una sonrisa de oreja a oreja.

-Por el Santo Muro Rosa- bufó Jean tirando el trozo de pan que tenía en su mano.

Marco, por su parte, soltó un pequeño chillido de triunfo antes de volver a su desayuno.

-No puedo creer que tenga que estar una semana entera con ella todo el tiempo. Como si aquí no tuviese suficiente.

Naomi sonrió. Si bien Jean era muy reticente con ella y en ocasiones podía llegar a hablarle muy mal, la niña sabía de sobra que si no la quería cerca, sería mucho más notorio. Le resultaba extraña la perspectiva de pasar toda una semana en una casa de familia. Después de tantos años de esa ausencia (¿Ella lo recordaba en realidad? ¿La familia? No lo sabía) la asustaba.

Pero quería hacer el intento y llenar un poco ese vacío en su pecho que la ciudad subterránea y sus heridas le habían dejado. Ese vacío que se tornaba insoportable a veces desde que Levi la había dejado.

Levi, quien no la escuchó gritar su nombre meses atrás, aún le dolía recordarlo.

-Va a ser genial ¿sabes?- dijo Marco con una sonrisa y sacándola de sus pensamientos-mi abuela estará feliz de recibirte.

Y su sonrisa era tan bonita, tan brillante, que Naomi le creyó.


La noche aún persistía.

Levi podía notarlo desde su ventana, justo sobre su cabeza; la luz de la luna iluminando el resto de su habitación. Todo era silencio a pesar de que sabía que algunos soldados rezagados aún daban vueltas por el cuartel de Trost.

No podía dormir, pero eso no era nada nuevo.

Lo que le preocupaba, era la sensación avasallante sobre su pecho que había crecido desde su conversación con Erwin esa misma noche, varias horas atrás. Era una sensación extraña, pesada en sus extremidades y llenando de dudas sus pensamientos. Era una sensación muy parecida a la que vivía en Mitras cuando escapaba de sus enemigos en la oscuridad de los pasillos. Pero esta vez no lo sentía por él. Sino por Naomi.

Tenía la sensación de que llevarla a la superficie había despertado algo importante y peligroso; y que esa amenaza ahora pendía sobre su cabeza.

Los recuerdos de su reunión aún pasaban como flashes en su mente, recordando cada palabra, cada detalle:

"Erwin le extendió un papel y Levi lo tomó sin mediar palabra. El hombre cerró su diario y tomó sus anotaciones a medida que él leía, guardando algunas cosas bajo llave en su escritorio. Sus ojos pasaban por cada línea, tontos garabatos hechos con una caligrafía demasiado pulcra hablando de Naomi con ojo crítico pero esperanzador. Que ella estaba siendo muy aplicada en las clases, que aprendía rápido, que era muy hábil para emprender desafíos en clase…

-Está mejorando- dijo Erwin sin más.

-Siempre lo hace- dijo él sin mirarlo aún- Naomi siempre es así.

Al terminar de leer, le devolvió el papel sin más preámbulos. Fue en ese momento que comenzó a notar el vacío en su pecho, la añoranza haciéndose notar furiosamente en su corazón.

-También me envió esto- repuso su comandante extendiéndole una carta.

Levi también la tomó y comenzó a leer con interés, un brillo especial en sus ojos. Esa letra torpe y a menudo torcida en sus costados no era otra letra más que la de su Naomi. Y el dolor se hizo más fuerte en el pecho, sosteniendo una pequeña porción de ella a pesar de tanta lejanía. La carta hablaba sobre un paseo a la casa de uno de sus compañeros, pidiendo permiso para ir.

-Tenías razón- dijo Erwin con una sonrisa- ya está haciendo amigos allí. Así que voy a autorizar que vaya, creo que le hará bien. Es evidente que no puedo tenerla en el cuartel ¿verdad?

Levi sabía de lo que hablaba. Esa costumbre estúpida de usar sus palabras para sacarlo de sus casillas. A veces no la soportaba, sobre todo cuando hablaba así tratándose de Naomi. Así que decidió ignorarlo y pretender que seguía descifrando la diminuta letra de la niña sobre la hoja.

Pero evidentemente, la reunión no sólo se trataba de los avances de ella, aparentemente quería que se tratara de algo más.

-¿Por qué no vas a visitarla?

-Eso es algo que no le incumbe, señor- respondió casi de manera automática, defensiva.

-La última vez que la viste, agonizaba en una cama en el hospital de Karenese- respondió Erwin con tono serio- ella realmente deseaba verte, Levi.

-Tenemos asuntos más importantes- respondió extendiéndole la carta- que hacer con el Muro María es una de esos asuntos.

-¿Ahora eres Comandante?

-Soy un soldado- se dió cuenta de que estaba usando un tono de voz demasiado alto para la tranquilidad de la habitación pero Erwin tenía esa misteriosa manera de hacerlo perder el control con pequeñas cosas, tocando los puntos exactos en los que él bajaba su guardia- no puedo proteger a Naomi si ni siquiera puedo mantener a los titanes lejos de ella.

-Ir a verla podría ayudar de maneras que no imaginas.

-Usted no sabe lo que ella necesita, yo sí- no pudo reprimir un suspiro, porque los recuerdos le pesaban, aún podía escuchar sus llantos- lo que ella necesita es que esté lejos.

Erwin se levantó de su asiento, aparentemente dispuesto a dejar la conversación allí y eso le pareció más que bien. No estaba listo para lidiar con nada de eso por el momento; quizás cuando ella fuera más adulta, cuando pudiera entender por qué él hizo todo lo que hizo.

-Ella está viva porque tú interviniste- dijo el hombre- lo mínimo que quiere hacer es darte las gracias por eso.

-Si permanece a mi lado. van a pasarle cosas malas- respondió él, cruzando los brazos sobre su pecho y observándolo- desde que ella apareció frente a mi, ha sufrido. Alejarla de mí está logrando que tenga una vida normal. No pienso ponerla de nuevo en peligro por mi egoísmo.

-Levi, a Naomi le sucedieron esas cosas porque alguien está detrás de ella ¿No has pensando en la posibilidad de que lo que le sucede a la niña no es por tí, sino por lo que ella arrastra en su pasado?

-Otra vez con eso- gruñó exasperado, estaba harto de escucharlo, esa estúpida idea- no se porque le dije lo de sus padres.

-Porque sabías que era extraño, porque quieres protegerla. Y yo también lo quiero.

Levi quiso golpear algo por pura frustración. Decir lo que verdaderamente pensaba podía ponerla en riesgo o contarle a Erwin sobre todo lo que había pasado y porqué Naomi había sufrido un ataque así estaba entre los secretos que quería llevarse a la tumba. Porque en realidad no sabía qué hacer con todo lo que sabía; atar los cabos como lo estaba haciendo Erwin sólo dejarían al descubierto el temor de Levi a que Naomi estuviera mucho más en peligro en la superficie que en Mitras.

¿Y si él se había equivocado? ¿Qué hubiera hecho con ella sino podía dejarla en Sina?

-Levi- insistió Erwin.

-Se toma demasiadas preocupaciones por una niña- respondió de manera desafiante- ni siquiera se trata solamente porque se lo pedí ¿verdad? ya no.

-Tienes que pensar en la posibilidad de que Naomi sea una noble.

-¿Por qué tanto empeño en ello? ¿Cuál es la jodida obsesión que tiene con ella?

-Los Frost eran artesanos de armamento de exploración- le explicó, dejando sus cosas a un lado del escritorio y apoyándose en él- y hay algo en esa familia que me lleva al Rey. Si ella es descendiente de esa familia…-

Querrían matarla. El temor de Levi era más fundamentado de lo que imaginaba. Sus manos se volvieron un puño a sus costados y la ira se revolvía en su pecho. Naomi no volvería a sufrir por su pasado, no volvería a tener heridas. Erwin pareció darse cuenta de algo en su mirada, ese bastardo podía verlo todo, al instante su mirada se suavizó y el azul profundo de sus ojos mostraron algo más que secretos.

-Mi padre sabía de ellos- le dijo- él conocía a los Frost. Aún lo recuerdo bien; a él hablando sobre un tal Iven Frost, que se dedicaba a prototipos de equipo tridimensional. También lo escuchaba hablar sobre su lealtad a ellos…-

-¿Lealtad?- preguntó él apoyando sus manos en la silla frente a él, de pronto su cuerpo demasiado pesado para sus huesos.

Erwin sonrió cansinamente.

-Lealtad, Levi- respondió- aparentemente mi padre no era solamente alguien que se oponía al rey sino que también era fiel a los Frost. Ellos, cuya familia fue borrada del mapa empezando por Sina. ¿Ahora comprendes porque quiero saber de su pasado?

Levi unió las piezas, una por una; sus dedos apretaron la superficie blanda del tapizado.

-Quieres proteger a la última de los Frost- dijo- mantener la lealtad de tu padre.

- Cuidar de Naomi fue una promesa que te hice- los ojos de Erwin se clavaron en los suyos- y si es una Frost, protegerla también es el linaje de mi propia familia. Saber sobre el peligro que la persigue nos ayudará, Levi. Ten presente eso."

Levi se llevó un brazo al rostro para cubrir sus ojos y no ver los objetos de su habitación brillar por la luna; sus dientes apretados con fuerza para evitar gritar de frustración. Si las sospechas de Erwin eran ciertas, Naomi jamás estaría a salvo y eso lo aterraba. Porque ella era todo lo que le quedaba sin que él realmente la mereciera, las cicatrices las obtuvo por él, el dolor lo vivió porque él falló en protegerla.

¿Cómo demonios iba a cuidarla de enemigos que no podía ver?