Capítulo IX

En las mazmorras del rey Thranduil, Thorin había cambiado para siempre.

A pesar de todo el odio que había dejado en él Thranduil, y todo el peso de la venganza contra Smaug que había heredado de su padre, ahora había un nuevo sentimiento que crecía indetenible adentro de esa fuerte coraza que tenía y que ocupaba su mente más que el propósito de llegar a Erebor y recuperar el antiguo reino de los Enanos.

La sensación de las suaves manos de ella rozando todo su adolorido pecho, el calor de sus cuidados aquella noche, era demasiado hipnotizante para él. Algo en su cuerpo había despertado como un volcán y ahora no sabía a dónde lo iba a arrastrar eso.

Pero aceptar lo que le ocurría ahora era renegar de su raza y su linaje.

Thorin no podía amar a una hobbit, tan simple como eso, él no podía amar a la persona que habían contratado para entregar a las fauces de Smaug.

Porque su hobbit era para eso, ésa era su misión, y si Thorin ahora se retractaba, la misión se vendría al piso por completo. No sabía si lo que más le dolía era eso, poner la vida de Belladonna en semejante peligro, o el hecho de que ella jamás se fijaría en él de la manera que deseaba.

Todo su orgullo se tambaleó en la cuevas del Rey Elfo, nunca notó que en realidad era débil en aspectos importantes de la vida pues no sabía tratar a la mujer que le había robado el corazón. No creía que podría acercársele nunca como hombre y además no se la merecía. Y las palabras de Thranduil sellaban el destino de aquella ilusión: él no era más que "un enano feo y apestoso".

Era demasiado doloroso, y él no pidió eso, no lo quería, era un estorbo, una distracción para un guerrero con una misión tan importante como él ¡La hobbit estaba allí para enfrentar a Smaug así le costara la vida, y así ellos poder recuperar su tesoro y aún más, Erebor mismo! ¡Esos sentimientos inoportunos! ¡Lo arruinaban todo!

Thorin cerraría su corazón a ese invasor y entrometido sentimiento que era un estorbo. Para eso lo educaron, para ser un guerrero y un líder fuerte que no se dejaría doblegar por las emociones y sentimentalismos.


Más apesumbrado que nunca se la pasaba más callado y alejado de ella que antes.

Ya cuando la compañía llegaba a Esgaroth, todos preguntaban a su líder cómo iban a entrarle a los Hombres. El rey Enano no tenía cabeza para responderles, divagaba torpemente que Balin empezó a darse cuenta de que algo ocurría entre él y Belladonna, porque ambos tenían la cabeza en otra cosa que no era la misión.


Una noche me encontré con Thorin sin querer mientras él paseaba solitario a la luz de la luna.

-Belladonna- me llamó al verme impulsado por el temor a que me fuera -Hemos estado muy ocupados todos estos días, sin poder...hablar-

-Bueno sí, ehh- fue lo que me salió pero me ilusioné, y me ilusioné mucho.

-Eres oficialmente amiga de los Enanos de Erebor, nos salvaste y te espera un titulo de honor en mi reino cuando lo recupere-

Fue lo que dijo, lo que tenía que hablar. Esperaba otra cosa, mi corazón que latía con fuerza tontamente ilusionado esperaba otra cosa después de aquella noche juntos a orillas del rio.

-Cuidaste de mí y me sanaste- aquello lo decía con mucha majestuosidad pero nada más. Me sentí como uno de sus soldados -Serás recompensada-

-Sí, lo sé. Así como también recibiré mi parte del tesoro- dije disimulando mi emoción.

-Claro- dijo él.

-Bien, entonces no hay más nada que hablar- claramente veía que yo no sería nada para él, que no era una Enana hermosa y digna de un rey, así que di la media vuelta y me marché para preocuparme más por mi misión: un enorme dragón que me esperaba, y no debía pensar más en este tonto amor de niña.


Thorin se sintió miserable al verla marcharse, pero así debía ser. Aquel viaje era lo más cruel que podía soportar, y no imaginaba el llegar a las ruinas de Erebor y dejar que Belladonna entrara sola allí... ¡Oh, quién podría comprender!

Ese amor inoportuno era una maldición... y una bendición, debía reconocer, porque ella le estaba abriendo los ojos a un mundo que antes desconocía.

Ah, el Enano bufó ruidosamente y miró hacia el horizonte donde estaba la Montaña Solitaria y solamente debía tener en mente a Smaug y nada más. En cuanto a lo que ocurriera con Belladonna durante su misión... él nada podía hacer al respecto.

De mal humor volvió con los Enanos para discutir su llegada a Esgaroth. Entonces fue cuando vio aquello: Kili y Fili bromeaban sin camisa y con los pantalones colgándoles de la cintura que casi se le caían por las piernas, con Ori, Bifur y Bombur riéndose escandalosamente y muy poco respetuosamente en un rincón, y a su lado vio algo mucho peor: Era Bofur y estaba tomado de las manos con su hobbit, su Belladonna ¡Vaya atrevimiento más grande! Belladonna siempre corría a sus brazos, de arriba a abajo iba con él, desde que salieron de La Comarca eran Bofur y Belladonna y eso ya molestaba a Thorin lo suficiente. La puñalada de los celos le atravesaba el pecho.

Claro, no podía saber que Bofur había encontrado a la hobbit triste y que se había sentado con ella para consolarla. Que no había allí otra cosa que una profunda amistad. Y aunque lo viera, la naturaleza celosa de los Enanos no lo dejaría razonar.


-¡Kili! ¡Fili!- una voz nos sobresaltó a todos -¡Qué hacen comportándose como unos ebrios y con esas fachas!- Thorin había aparecido en el grupo furioso con sus sobrinos -¡Qué falta de respeto es ésa! No parecen ser dignos de llevar el linaje de Durin ¡Vístanse!-

Kili y Fili se avergonzaron mucho y enseguida corrieron a ponerse sus camisas. Los jóvenes habían tenido un momento de vanidad para con la hobbit mientras trataban de animarla, ésa era la verdad, por eso se quitaron las camisas. Thorin no era tonto. Ori, Bifur y Bombur se estaban riendo de aquel teatro que los jóvenes montaban pero ya no.

-Sólo estaban jugando- bufó Balin observando todo-Todos necesitamos relajarnos después de lo que hemos pasado, y tratamos de divertir a nuestra saqueadora que anda nerviosa por la cercanía de su trabajo... ¡Enfrentar a Smaug, nada menos!. No hay que tomarse las cosas tan en serio-

-Bofur, quiero hablar contigo- Thorin ignoró a Balin pues estaba enfocado en Bofur nada más.

-¿Qué pasa?- perpleja por aquello traté de razonar con Thorin. Pero él sólo me miró con reproche y volvió a su asunto con el Enano. Bofur no dijo nada sino que se levantó de la hierba para atender al jefe. Él era muy humilde y poco orgulloso, por lo tanto no chistaba ante estas cosas

-Ya estamos demasiado cerca de Smaug- le dijo el jefe enérgicamente. Yo y los otros Enanos observábamos atontados la escena- Nadie cree que lo logremos, todos nos ven muertos apenas lleguemos allá. Esperan que muramos para tomar nuestro tesoro ¿Entiendes la responsabilidad que tenemos, Bofur?-

-Claro que sí- Se defendía el aludido nerviosamente.

-Entonces es hora de que dejes de jugar todo el tiempo y te pongas a entrenar en combate, porque podemos ser atacados por orcos en cualquier momento y tú no has agarrado una espada en todo el viaje. Sólo andas de amiguito ¿Entiendes?-

-Un momento muchachos, calma, calma- intervino Balin al fin -¿Por qué la preocupación, Thorin? antes no te importaba que no todos fueran guerreros-

-Me importa ahora ¡Ocúpense de la situación y dejen el amigueo!- ordenó a Bofur y a todos los demás -Los espero junto a la fogata, a todos, vamos a hablar lo de mañana-

Dejando las cosas claras y sin darme un chance de calmarlo, el rey Enano se aleja dejando a Balin meneando la cabeza ante una clara escena de celos.

-¿Qué rayos pasó?- balbuceó al fin Bofur- ¿Y qué tiene de malo que andemos sin camisa? No estamos desnudos, vamos. Nunca ha sido problema, no le hemos faltado el respeto a nadie-

-Pues tal vez ante una mujer a Thorin no le guste que anden sin camisa- suspiró Balin.

-Bah y eso ¿Por qué?- torció el gesto Bofur –Yo soy un Enano bastante decente y les dije a estos torpes que se bañaran con sus pantalones, al menos-

-Ah, muchacho, no preguntes, que ese mal genio de Thorin es porque está atravesando algo muy confuso que le ha llegado justo ahora. Está sufriendo...- Balin meneaba la cabeza cansadamente- Vamos, todos, a la fogata-

Esto no podía quedarse así, yo hablaría lo que tuviera que hablar en aquella reunión.


La noche estaba clara pues la luna brillaba como nunca sobre nosotros en aquel cielo inhóspito. Los Enanos y yo nos sentamos al rededor de la fogata, excepto Dwalin y Dori que debían permanecer vigilando todo el lugar. Ya nuestra compañía estaba sin los ponys (Que tuvimos que dejar antes de entrar al Bosque Negro) y sin la mitad de nuestros fardos. La comida la habíamos recuperado un poco en nuestro trayecto, nada más que puras frutas secas y vegetales que conseguíamos para comer en aquellas tierras. El hambre era perenne sobre todo en ellos cuya dieta consistía en carne mayormente. Sólo yo estaba bien con comida como ésa

-Bien- habló Thorin más sereno pero en su rostro quedaban las marcas de sus tormentos. Ninguno de ellos podía comprender lo que le pasaba, debía controlarse, no se estaba comportando como el líder que aquella compañía necesitaba -Mañana llegaremos a Esgaroth y de allí sólo es un paso a nuestro destino. Hemos pasado juntos incontables días, compartiendo esta vida al aire libre, de privaciones y peligros. Todos nos hemos vuelto una familia- y sus ojos azules se clavaron en mí haciéndome estremecer, y no tanto por lo que sentía por él, sino por la tristeza que había en ellos.

-Estoy seguro de que los herederos de Girion están allí- intervino Glóin -Podremos negociar con ellos, sabrán que somos los que hemos venido a retomar Erebor y lo respetarán-

-Es posible, Glóin- apoyó Oin.

-¿Quién es Girion?- intervine yo muy acomodada en el grupo; que allí reunidos alrededor de la fogata se sentía la compañía de verdad como una familia, a pesar de las discusiones.

-Era el antiguo regente de Valle, la ciudad que está junto a la Montana Solitaria. Solíamos ser aliados los Enanos y la gente de Valle. También fueron arrasados por el dragón- contaba Oin.

-Entonces esta gente no son enemigos- preguntó Fili ansioso.

-No deberían- susurró Thorin- Los descendientes de Girion y la gente de Valle deben estar tan interesados como nosotros en matar a Smaug-

-Entonces ¿Qué hacemos?- Bombur bostezaba cansado.

-Entraremos a esa ciudad y reclamaremos nuestro lugar. Si se oponen y no se nos unen los atacamos- opinó Thorin enérgicamente.

-No, no no, espera Thorin, creo que eso no es prudente- hablé yo parando un poco aquel ímpetu -¿Cómo atacar nosotros a toda una ciudad? Es una tontería-

-Es cierto, me dejé llevar por mis impulsos- Thorin reflexionó, La hobbit obraba ese efecto en él, pues antes estaba totalmente ciego por muchas cosas y por eso cometía algunas imprudencias.

-Muy bien dicho, mi querida hobbit- me felicito Glóin por aquel logro. Otra vez veía que yo enfrentaba a Thorin victoriosamente. Pero no se atrevió a poner su mano sobre mi hombro delante de él y nadie sabía en realidad por qué.

-Entonces. Que nuestras saqueadora haga el plan- anunció Thorin sobresaltándome -La que nos salvo. Ella decide ¿Qué opinas, Bella?-

-Bueno, hum- me agarró de sorpresa pero bueno, yo ya tenía una idea clara- Está bien. Si esta gente fue víctima de Smaug también y fueron gente de Valle aliados de los Enanos en tiempos pasados, no veo por qué habrían de apresarnos. No pensemos lo peor y no actuemos a la defensiva-

Los Enanos murmuraron entre sí.

-Opino que mañana lleguemos a Esgaroth con tranquilidad y nos presentemos. Porque no tenemos nada que ocultar y nada por qué actuar como bandidos, nos presentaremos como lo que somos - continué.

Thorin asintió con la cabeza aceptando mi plan.

-Iremos yo y mis herederos primero- agregó Thorin para redimirse con Fili y Kili que sonrieron.

-Bien, eso suena mucho mejor- apoyé.

-Y también con mi hobbit- concluyó el rey Enano.