- ¿El 3XA? – preguntó la detective Rizzoli.
- Sí, es su apodo. Pero eso ya debería saberlo…
- La verdad es que yo le conocí por otras circunstancias. Sé que puede suponer un problema ya que tiene una hija y una familia que cuidar pero me preguntaba si podría venir a Boston, solo tendría que ayudarnos a identificarle como el asesino que me atacó a mí y no necesitaríamos nada más, quizá los archivos de sus víctimas.
- Espere un momento, ¿la atacó? Eso no suena a su modus operandi – dijo Castle, interrumpiendo a la detective, notando como un rayo de esperanza luchaba por abrirse paso en su pecho.
- Es una larga historia, señor Castle. Sería más cómodo si pudiéramos vernos y le explicaría todo con todo lujo de detalles…
- No voy a irme de New York a menos que sepa a ciencia cierta que es él. – la cortó el escritor, serio.
Se oyó un suspiro al otro lado de la línea, el suspiro de una persona agobiada y con pocas horas de descanso. Castle sabía bien cómo era eso.
- Está bien. No pude verle la cara así que no puedo describirle nada más que la voz, hablaba suave, con acento americano. Era caucásico, estatura y peso normales, y creo que tenía el pelo marrón oscuro tirando a negro. Me dijo que su cuenta pendiente era un escritor de New York que tenía una compañera, como yo.
Un escalofrío recorrió la espalda de Castle, quien tuvo que respirar hondo antes de poder hablar de nuevo.
- ¿Llevaba una cuerda verde y blanca?
- No.
- Entonces no es él.
- Señor Castle… Estaba tratando de imitar a mi infierno personal, al "cirujano de Boston".
- ¿Por qué haría eso? – inquirió el escritor, luchando con la sensación de que la detective tenía razón y Tyson había vuelto a las andadas.
- Porque se conocían y tenían un pacto – contestó ella, con voz cansada. – Mire, yo le prometo que le cuento todo lo que quiera saber, pero este no es el modo de hacerlo. Por favor, si realmente es usted su cuenta pendiente, venga a Boston y ayúdeme a identificarle. Usted y yo estamos en el mismo bando, señor Castle, lo crea o no.
- Está bien – Castle suspiró, resignado – Cogeré el primer vuelo que haya.
La detective Rizzoli se lo agradeció y, tras intercambiar números de teléfono, el escritor colgó. Con las manos temblorosas todavía, recogió su chaqueta del respaldo de la silla y se escabulló de la comisaria, aprovechando que todos estaban demasiados ocupados como para fijarse en él, un hombre pálido y con paso tembloroso que sentía que aquella pesadilla solo acababa de comenzar.
- Gracias, Espo – dijo Beckett, sonriéndole mientras anotaba una cosa en el informe.
Eran tan sumamente complicados que, a veces, ni tres policías con experiencia como ellos sabían que había que poner en algunas casillas. Lo habían debatido y consultado, y al final, era una tontería. Kate resopló, apartándose algunos pelos de la cara con ese gesto, y se giró para ir a su mesa. Iba tan concentrada que no se dio cuenta de la ausencia de Castle hasta que se sentó y vio su silla vacía.
- ¿Y Castle? – preguntó en voz alta, a nadie en particular.
Ryan y Esposito la miraron, encogiéndose de hombros. Ellos la habían estado ayudando y no le habían visto irse. Beckett frunció el ceño, preocupada. ¿Dónde estaría? Miró en la salita de conferencias y en la de descanso, pero no estaba por allí, y nadie de la planta de homicidios le había visto. Cogió el teléfono y llamó a recepción.
- Comisaría 12 del NYPD – saludó un policía con voz grave.
- Hey, Smith, soy Beckett. ¿Has visto a Castle irse?
- Ah, detective. Sí, salió hace un rato con mucha prisa, tenía mala cara.
- Vale, gracias.
Kate dejó el teléfono con un poco de brusquedad y se lo quedó mirando un rato, la preocupación comiéndola por dentro. ¿Mala cara? ¿Con prisa? ¿Tendría algo que ver con la llamada? Se había ido justo después… ¿Habría pasado algo con Alexis? ¿Con Martha? ¿A lo mejor Gina o Meredith? Aunque no le hacía ni pizca de gracia la idea, sabía que eran sus exmujeres y que Castle aún se preocupaba por ellas. "Acabas antes llamándole" se dijo a sí misma, mientras sacudía la cabeza. Se sacó el iPhone del bolsillo trasero de los vaqueros y contó mentalmente los bips.
"Hola, has llamado a Castle. ¡Qué suerte tienes!".
Beckett no pudo evitar poner los ojos en blanco ante su mensaje de buzón de voz, pero la preocupación volvió pronto.
- Hey, Castle. ¿Estás bien? Cuando me he dado la vuelta no estabas y ha sido después de la llamada y bueno… Smith me dijo que no tenías buena cara… - dudó unos segundos – Si necesitas algo no dudes en llamarme.
Bloqueó el iPhone y lo dejó a su lado, en la mesa, para estar atenta a cualquier signo de vida por parte del escritor. Abrió y cerró el boli varias veces, nerviosa, sin apartar la vista de la pantalla en negro del móvil. Cuando habría pasado, por lo menos, un minuto, se centró en los informes y trató de hacerlos rápido para poder ir a ver a Castle.
-OoOoO-
El escritor abrió la puerta de su loft precipitadamente, con tanta prisa que la llave se le quedó enganchada en la cerradura y se le escapó de la mano al tirar de ella. Frenó bruscamente y dio dos pasos a atrás, respirando hondo para calmar el leve temblor de sus manos antes de tirar suavemente de la llave hacia él y lograr sacarla.
Tiró la americana de cualquier forma en el perchero de la entrada, sin preocuparse por si quedaba bien colgada o no. Las llaves aterrizaron en el sillón por pura suerte, y él se dirigió a su despacho, hacia la botella de whisky y los vasos. Metió dos cubitos en uno y se sirvió un buen trago del líquido ámbar. Sentado en su silla de trabajo, miró como el sol arrancaba destellos en el vaso, reflejándose como si fueran diamantes. Notando el calor del whisky deslizarse por su garganta, y actuar como un bálsamo calmante e insensibilizante para sus nervios, pudo dejar de temblar y comenzar a pensar con objetividad, lo que le había faltado al salir corriendo de la comisaria. Ni siquiera le había dicho que se iba a Beckett…
"Olvídate de ella. Si el 3XA ha vuelto, lo último que necesitas es gente a tu alrededor a la que pueda dañar" se reprendió a sí mismo. Se sacó el iPhone del bolsillo e, ignorando las múltiples llamadas perdidas de Kate y sus mensajes de voz, lo puso en silencio, dejándolo boca abajo encima de la mesa. Así no vería la cara sonriente de Beckett cuando le llamara de nuevo, así no le dolería tener que colgarla y pasar por alto sus llamadas.
Cogió el portátil y lo encendió y, mientras cargaban las aplicaciones, se bebió el culito de whisky que le quedaba en el vaso. Notó el alcohol correr por sus venas, calentándole y eliminando parte de ese frío interior que se había instaurado en él cuando había oído la palabra "asesino en serie". No sabía quién era aquella detective Rizzoli, ni siquiera si de verdad era una detective, iba a viajar a Boston confiando en la palabra de una desconocida que decía haber sido atacada por Tyson. La descripción había coincidido pero podría ser cualquier tarada con ganas de juerga. O el mismo Tyson tendiéndole una trampa… Sacudió la cabeza, sin querer beber más y, a la vez, queriendo beber hasta que no pudiera más.
Abrió el Google Chrome e inició una búsqueda en Google sobre "Detective Rizzoli BPD". Rezando por que saliera algo, y harto de mirar el circulito girar mientras buscaba, abrió otra pestaña y fue a una de esas páginas para buscar vuelos. Insertó el destino y el lugar de origen, rellenó los datos y esperó a que le apareciera el precio. Cambiando de nuevo de pestaña, volvió a Google y vio varios artículos de periódicos con el nombre de "Detective Jane Rizzoli" destacado en negrita. Uno sobre una medalla al honor, y otro sobre el caso del cirujano de Boston. Parecía que sí que existía y, además, era considerada un héroe.
- Con menuda gente te juntas, Castle… - masculló, hablando solo.
Metió los números de su tarjeta de crédito y ya no le dolió que le cobraran casi 200 dólares por un vuelo a Boston, solo ida, y en primera clase. El 3XA había vuelto a la acción y no importaba cuanto costara el vuelo, él iba a ir a pillarle de una vez por todas.
-OoOoO-
Beckett probó a llamarle por quincuagésima vez. Dejó otro mensaje de voz más, pidiéndole que la llamara y le dijera lo que estaba pasando. Diciéndole que estaba preocupada.
Se mordió el labio inferior, con el ceño fruncido y la mirada perdida.
- ¿Detective Beckett? – la llamó Gates, y, por su tono, no era la primera vez.
Alzó la mirada, volviendo al mundo real de golpe.
- ¿Sí?
- ¿Terminó esos informes?
- Erm… - recorrió con la vista las casillas rellenas con datos, esas casillas que habían requerido de toda su concentración, en esos momentos escasa. – Sí, señor, las acabo de terminar.
La capitana asintió e hizo el amago de volver dentro de su despacho pero Beckett se levantó y la llamó, logrando que se girara para mirarla de nuevo.
- ¿Sí, detective?
- ¿Podría irme a casa? Me ha surgido un imprevisto y… - dejó que su voz se fuera apagando, insegura sobre si debía continuar o no.
Gates ni siquiera se lo tuvo que pensar.
- Por supuesto, vaya y asegúrese de que todo está bien.
- Gracias, capitán.
Ella le hizo un gesto por encima del hombro mientras volvía a cerrar la puerta del despacho, parapetándose tras las persianas corridas. Beckett cogió el abrigo y se lo puso con rapidez, casi sin lograr atinar con el brazo en el agujero de la manga. Se colocó la bufanda de cualquier manera, sin necesitarla, pero aun así llevándola. Cogió el móvil de encima de la mesa, comprobando de nuevo la pantalla, tal y como llevaba haciendo toda la mañana. Nada nuevo.
Estaba ya de camino al ascensor cuando se le ocurrió mirar las tarjetas de crédito de Castle para saber a ciencia cierta donde estaba. Y ya de paso podría mirar de donde venía esa llamada de por la mañana que le había alterado tanto como para no devolverle las perdidas. El listado de llamadas de su teléfono apareció rápidamente, casi no tuvo ni que esperar, y, repasando todas, encontró la intrusa.
El prefijo 617 fue lo que llamó su atención. Sin tener si quiera que consultar de donde venía, deslizó el dedo por la barrita que indicaba aquella llamada y su origen la dejó desconcertada.
- ¿Boston? – preguntó al aire.
