CAPÍTULO IX

Will. Enero de 2014.

Cálidos oscuros

Su vuelo se había retrasado más de seis horas a causa de una avería. De este modo, había llegado a casa en la madrugada muerto de sueño, derrotado. Todo esto para levantarse a las 5:30 de la mañana siguiente para ponerse a punto y enfrentarse al turno más madrugador de la cafetería. Para después, con poco tiempo entre medias, iniciar las clases.

Sin embargo, Will estaba feliz como una perdiz, porque aquel día volvería a ver a Nico.

No habían perdido el contacto ningún día, ya fuera vía mensaje de texto, llamada o incluso Skype (realmente sólo había sido una vez, poco tiempo, pero había valido la pena). Y para sorpresa de Will, que de vez en cuando le había enviado fotos, Nico le había honrado también con alguna.

La primera había sido la prometida, la de su hermana Bianca, pero para su sorpresa, en ella también estaba él. Parecían el agua y el aceite, él una amalgama de tonos oscuros, ella toda plata y azul (al parecer, era una hada del invierno, Nico le había hecho el traje, que era toda una maravilla). A Will le había inspirado tanta ternura que aquella imagen había sido su fondo de pantalla durante todas las fiestas. Aquella misma mañana la había cambiado, a sabiendas de que Nico le pediría que la cambiara. Después, Will le había enviado fotos de playas, de él en la playa, de comida o de cualquier cosa, porque Will era así. Y Nico, cuando se lo había pedido, le había enviado fotos de dibujos, otra de Bianca enseñando el regalo que le había hecho Nico (que era un lote de pinturas para niños), e incluso una de Percy, Jason y Nico en fin de año.

Había sido tanto el contacto, que al mismo tiempo, tenía miedo de que la cosa no fluyera de aquel modo en persona.

Al principio, como siempre en el turno de mañanas, se produjo una avalancha de gente, ansiosa por obtener aquel café que le aportaría la energía para comenzar el día y comportarse como seres humanos, en algunos casos. Sin embargo, pasada aquella primera hora, tan pronto como habían llegado, todos se esfumaban. Ahí fue cuando Will volvió a pensar en él, en que no debería tardar mucho en llegar, y ahí fue cuando en efecto él llegó. Will estaba a mitad de limpiar una mesa, pero su mano se quedó quieta, muerta sobre el tablero de madera falsa.

Nico.

Demasiado sexy.

Nico.

Supuso que en aquellos momentos respiró, pero no fue consciente de ello, pues la única función vital que podía llevar a cabo era la de mirarle.

En lugar de sus sudaderas y su típica chaqueta de aviador, llevaba un abrigo largo negro, entallado en el torso, abierto en la caída, que llegaba por debajo de las rodillas. Le estilizaba a la par que le daba un aspecto misterioso y sexy. Por no hablar de aquellas solapas… que le pedían a gritos que las agarrara para atraerlo y besarle. Para coronar su look, se había cortado el pelo. Realmente, lo que había hecho había sido raparse el lado izquierdo de la cabeza, y el resto caía a la derecha, largo y ligeramente rizado.

Entonces fue cuando se dio cuenta de que no era lo correcto que se reencontraran allí, ante todos. Porque Nico se pondría nervioso, actuaría de forma violenta y todo iría mal. Así que Will aprovechó que todavía no le había visto y desapareció de la escena al mismo tiempo que le escribía:

Estoy en el almacén. ¿Vienes?

Nico no tardó mucho en entrar.

—¿Cómo sabías que estaba aquí? ¿Me has visto y te has escondido?

Will no le respondió. Estaba aprovechando la cercanía para observarle con mayor detenimiento.

—¿Estás sordo, Solace? ¿O perturbado?

—Estás demasiado guapo —le replicó con resolución.

Nico tragó saliva. Bajó la mirada, porque ya no era capaz de sostenérsela. Tampoco dijo nada más.

—¿No vas a besarme? —le preguntó Will, para sorprenderle todavía más.

—¿Y por qué tengo que besarte?

—¿Porque soy tu novio, quizás? —la seguridad con la que lo dijo no demostró ni por un momento que lo que estaba haciendo era tantear el terreno.

—¿Y por qué tengo que besarte yo? —esta vez, la pregunta fue enunciada de un modo y con un sentido completamente distinto. Además, sirvió para que Will se anotara un tanto.

Y cumplió su fantasía. Le agarró de las solapas para estrellar su boca contra la suya, con voracidad, con rapidez. Nico le sorprendió (aunque realmente no, Nico tenía pinta de ser voraz…) al añadirle dientes al asunto. Le mordió, sin hacerle daño. O realmente sí, un poco, pero no un dolor doloroso. Sin darse cuenta cómo, cuando Will abrió los ojos y volvió a la tierra, se dio cuenta de que su espalda se encontraba contra la puerta del almacén.

—Feliz año nuevo —le susurró al oído, antes de darle un besito en la oreja y separarse de él.

X.X.X

Tras el beso, Will volvió a su trabajo, Nico tomó asiento en su mesa, de vuelta a la rutina habitual. Percy, Jason y Reyna se le unieron poco después. El rubio, que ahora ya no se ocupaba de la caja, sino de atender a las mesas, les saludó con su cordialidad habitual. Como si todo fuera como de costumbre, sin ningún cambio aparente, sólo obviando una pequeña parte; aquella mínima parte de que todavía conservaba marcas en las muñecas producidas por las uñas de su amigo, que se las había hecho, por cierto, mientras se besaban ardientemente en la semioscuridad del almacén.

Unas horas después Nico se marchó, Will fue a clase. Cuando terminó la jornada, fue a casa. No había nadie, como ya esperaba. Subió las escaleras, entró en su habitación, que no estaba vacía.

Nico estaba sentado en el suelo delante de su cama, llevaba cascos y tenía el portátil en el regazo. Will le había dado las llaves de casa, le había dicho que podía ir a la hora de su vuelta para pasar un rato juntos, que no habría nadie que se percatara de su presencia. No había sido errónea su suposición de que Nico querría llevar la relación en secreto, y sin embargo, no se esperaba que di Angelo le tomara la palabra y se instalara en su habitación. No al menos sin insistirle muchas veces antes.

Cada sorpresa del italiano le gustaba más y más.

Will dejó caer su cartera después de cerrar la puerta, y se sentó al lado de Nico en el suelo. Apoyó la cabeza en su hombro y le preguntó:

—¿Qué haces?

Nico se quitó los cascos, apagó el reproductor de música.

—Trabajo de investigación sobre los renacentistas. ¿Estás bien?

Will giró el rostro.

—No tan bien como tú con tu nuevo corte de pelo, pero considero que también tengo mi punto.

—Solace… —dijo con un ligero asomo de gruñido.

El aludido se frotó los ojos.

—Me han agobiado bastante. Bastante es poco, en realidad. Este semestre tengo prácticas en el hospital… muchas horas. Pero sigo teniendo clase. Y no sé cómo podré compaginar todo con mis turnos de trabajo, porque lo he estado mirando y no me da el tiempo. Y luego además estás tú…

—¿Me ves acaso como otra responsabilidad de tu lista?

Will se había levantado mientras se lo preguntaba, y se giró para mirarle, desde arriba.

—No, idiota. Lo que quiero decir es que a mis días les faltan horas. Y eso es una mierda porque además de toooda esa mierda quiero pasar tiempo contigo.

La respuesta de Nico resultó ser un:

—Wow, debe realmente serlo cuando empleas "mierda" dos veces en la misma frase.

Will rodó los ojos.

—Me esperaba un, yo también quiero pasar tiempo contigo, pero supongo que gracias por el apoyo, cariño.

Nico suspiró. Sus ojos se abrieron mucho cuando se dio cuenta de que Will empezaba a desvestirse. Se había quitado los zapatos y acababa de bajarse los vaqueros.

—¿Qué estás haciendo?

—¿Cambiarme de ropa? No hay nada que me apetezca más ahora mismo que hacerme bolita en mi cama llevando mi pijama favorito —terminó de quitarse los pantalones, y se enfundó en otros. Después, se quitó el jersey y se giró, con la camisa de pijama en la mano—. Además, no es como si no me hubieras visto en bañador antes —ante la ausencia de respuesta de Nico, añadió—. ¿Cuando te llevé a la casa de la playa? Aunque estabas en trance pintando. Pero de todos modos, en alguna de las fotos que te he enviado…

Nico interrumpió su parloteo al darse cuenta de lo que se estaba poniendo.

—Pijama de Star Wars, ¿en serio? Menudo friki.

—A mucha honra —cerró la puerta del armario y se subió a la cama. En realidad, se desplomó en ella—. Es y será siempre de las mejores sagas cinematográficas de la historia. La trilogía original, quiero decir. Las otras eran innecesarias, pero Padme y Anakin se hacían de querer.

—Lo sé —replicó Nico.

Al principio no le dio importancia, pero luego Will se giró para mirarle.

—Ohhh, a ti también te gustan. Estoy seguro de que eres un maldito friki que soñaba con ser caballero jedi.

—Por favor —Nico rodó los ojos—. Un Lord Sith.

—Por supuesto —Will le acompañó en el gesto—. Puedes sentarte en la cama, no muerdo, ¿sabes? A diferencia de otros… —añadió con su mejor sonrisa picarona.

Después de apagar su ordenador y dejarlo en el escritorio, Nico le hizo caso.

—Puedes también quitarte los zapatos.

—No voy a empezar a desnudarme simplemente porque tú lo digas, Solace.

Tras un suspiro, Will se giró y cumplió con su promesa de hacerse una bolita. Segundos después, di Angelo se había descalzado y se tumbaba a su lado.

—Tengo que hablar con mi padre —murmuró contra la almohada—. Y es algo que no me apetece en absoluto.

—¿Crees que no te dejará que renuncies al trabajo?

De nuevo, Will volvió a girarse. Ahora compartían la almohada, compartían el campo visual.

—Supongo que sí que me dejará. El problema será lo que me pida a cambio.

—No entiendo.

—Siempre me pide algo. Algo que no me apetece hacer. Lo que menos me apetece, en realidad. Es retorcido.

—Vaya, lo siento. Está claro que en la lotería de los padres ni tú ni yo tuvimos suerte.

Tras unos segundos de reflexión, Will le respondió:

—Se dice que cuando tienes un padre de mierda, luego tú resultas ser un padre genial. Tú y yo teniendo un hijo, ¿te imaginas? Los mejores padres del mundo.

—Relaja un poco, ¿no crees? ¿Ya hablando de hijos?

Will sonrió. De este modo fue como Nico se dio cuenta de que en todo aquel rato, aquella sensación extraña, aquello que le había faltado, había sido la sonrisa aparentemente sempiterna de Will.

—Entonces no te digo los nombres que había pensado.

—¿Nombres? ¿Plural? —preguntó un Nico más que agitado.

—Es broma, idiota —Will le acarició la nariz, sin dejar de reír. Después, llevó su mano al lado rapado de la cabeza de Nico—. Suave. Me gusta.

—Lo sé —repitió Nico, con aire de superioridad.

—Voy a tener que besarte para que dejes de decir eso, ¿Nico Solo?

—Puede —fue lo último que dijo antes de dejarse besar.

Aquella noche Nico no se quedó a dormir, pero el plan volvió a repetirse hasta hacerse costumbre. Cierto día, bajo la almohada, se encontró un pijama de stormtroopper para él. A pesar de quejarse, acabó usándolo.


Puede que tampoco vaya a ser un fic muy largo, pero aún le quedan unos cuantos capítulos, para aquellos que tenían dudas. Espero que os haya gustado y

Nos vemos en el otro lado.