CAPITULO IX – VERDADES A LA LUZ

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Interrogatorio

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El cuartel general de aurores bullía con la actividad reinante. Todos unían sus esfuerzos para hallar al falso Marshall. Sabían que tenía a la joven cautiva pero desconocían cuánto tiempo la mantendría con vida. Una buena parte de los equipos de aurores están a la búsqueda del asesino, mientras otros, como Hermione, buscan frenéticamente más información. Harry volvió a interrogar al verdadero Marshall, el ex trabajador del área de mantenimiento del que el asesino tomó el nombre. Esta vez el interrogatorio pasa a ser más fuerte y el hombre confiesa que es traficante de reliquias y falsificador. Dijo que hacía años un compatriota suyo le pidió que le buscara una espada hecha por duendes, pues sabía que él se movía en los círculos del bajo mundo mágico.

—Yo sólo le tramité una identificación falsa, pues era un compatriota. Nada más. Jamás imaginé que la llenaría con mi propio nombre. Y sobre la espada me limité a contactarlo con el duende Brokjm y no llegué a saber si cerraron el trato.

Podía tratarse de un simple coleccionista de cosas antiguas, pero debía de confiar en su instinto. El asesino sabía de historia, el poema hablaba de una espada y un hombre manco.

—Hace unos días te mostramos muchas fotografías y no identificaste a nadie. En ese momento no sospechábamos de ti. Pero ahora —Harry se acercó con la varita en mano y el hombre empezó a sudar—, las cosas son distintas, necesito que identifiques a tu compatriota, a ese que te pidió la espada.

—Lo que usted diga, jefe Potter. Estaré encantado de ayudarlo

—Dime, ¿Es éste hombre?

Y le mostró la foto de identificación del falso Marshall. La del hombre caucásico, esmirriado, de ojos verdes, cabello rubio y escaso y sonrisa hueca.

Miró la fotografía mágica. Cinco minutos, y luego diez. El hombre frunció el ceño unos minutos, visiblemente concentrado en recordar. Abrió los ojos y volvió a concentrarse.

—Jefe. No puedo recordarlo. Y la verdad no lo entiendo, pues en mi negocio no puedo olvidar una cara.

Harry empezaba a sospechar.

—Dime el nombre, quizás podamos ubicarlo de esa manera.

—Claro, jefe. Su nombre es Wi-ffffff. Es Wi-fffffff… Wi-fffffff.

—¡Tiene la maldición del sello! —exclamó Hermione que también estaba presente.

No era la única que lo dedujo. Harry y algunos capitanes también tenían experiencia en estos asuntos. Algunos magos solían aplicar ese hechizo prohibido para borrar su imagen directamente de la mente de los afectados. Incluso para más seguridad, la maldición trababa la lengua del afectado para que jamás revelara dato alguno del mago tenebroso.

—Voy a buscar a Griphook. Si alguien puede averiguar qué duende vendió la espada, ese es Griphook. Lo que me da esperanza es que por más poderoso que sea un mago, es muy difícil que pueda hechizar a un duende.

Dos horas más tarde, Harry llegó con noticias alentadoras: Griphook consiguió al duende que años atrás había forjado una espada para un mago que le pagó una fortuna con tal de mantener su silencio. La espada tenía un solo carácter; una flecha hacia arriba. Hermione interrumpió para aclarar que esa era la runa para Tyr, el dios de la guerra. Harry interrogó al duende y este confesó, previo pago de otra fortuna, que tendría que pagar el ministerio por los datos de aquel mago. Después Harry le entregó a Kingsley el pergamino donde estaba escrito el nombre y la dirección del dueño de la espada.

"William Poulsen. Condado de Aalborg, península de Jutlandia – Dinamarca"

Hermione no se quedó atrás en esas horas que Harry pasó con los duendes. Cuando llegó al ministerio, se encargó de rastrear a los antepasados de las jóvenes asesinadas. Todas eran descendientes de Gunnhildr Gormsdótti, la esposa de Eirik Bloodaxe, el segundo Rey de Noruega en el año 835. Pero tal como lo había deducido Hermione, Gunnhildr según los libros antiguos de la comunidad mágica, era una bruja. Para los muggles, ella tenía cierta reputación de ser una bruja, pero nadie osó delatarla. Una de las leyendas refería que ella vivía en una choza con dos magos finlandeses, aprendiendo su magia. La bruja, ambiciosa, cuando obtuvo el conocimiento que deseaba, hechizó al Rey de Noruega para que matara a los magos y después se casó con él. Según la historia muggle, la leyenda acababa allí. Pero para los magos cronistas la historia continuaba. Uno de los magos finlandeses se llamaba Tyrius Fenrir. Y algunos lo confirmaban como el primer hombre lobo y mago de la humanidad.

—La bruja Gunnhild fue contaminada por Fenrir —explicó Hermione a todos los aurores que escuchaban sin poderlo creerlo—. Ella fue la primera mujer lobo de la historia con el gen espontáneo. En la actualidad sólo quedan cinco descendientes directos puros. Las cuatro chicas atacadas y una quinta conocida como Jarina. Todas ellas eran licántropos puros no registrados.

Esa misma tarde tres compañías de aurores emprendieron el viaje a la costa norte de Dinamarca. A las tres de la tarde y con el permiso de la guardia danesa, los cincuenta aurores, preparados y sedientos de justicia irrumpieron en el pequeño pueblito de Aalborg. Encontraron la casa más no al dueño ni a la joven secuestrada. Los aurores especializados revisaron todo el lugar, pulgada por pulgada. Encontraron planos, los expedientes de Perry, con los datos de las jóvenes asesinadas, copias de los libros encontrados en la cabaña de la montaña, y los restos de una mujer y un hombre enterrados en el jardín posterior, pero no encontraron rastros de la joven australiana. Casi al final de la tarde un auror, especializado en romper maldiciones, salió con el rostro triunfante. Tenía un pequeño pensadero entre las manos y una botella con la sustancia plateada.

"Te ganaste una promoción instantánea", pensó Harry mirando al joven auror.

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En la mente de un asesino

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Todos hicieron un círculo alrededor de su capitán. Harry volvió a sentir la conocida sensación de succión y de pronto se encontró dentro de la mente torturada de William Poulsen.

"…William era el hijo de una familia muggle, aristocrática y conservadora de Dinamarca. Cuando cumplió once años, llegó la carta de la escuela Jelling de magia, pero sus padres, creyendo que su hijo se había vuelto loco, lo encerraron por cinco años en el manicomio de la ciudad. Sus padres supusieron haberle curado la locura de creerse un ser con magia, pero no podían estar más errados, pues el director de la prisión resultó siendo uno de los mortífagos arrepentidos del primer levantamiento con Voldemort que terminó, con papeles fraudulentos, haciéndose con el cargo de Director. Éste, al ver que le chico era un mago, decidió tomarlo bajo su tutela. Con él, William aprendió los secretos de la magia prohibida y las pociones malditas. Ambos practicaban hechizos en los pacientes del psiquiátrico para perfeccionar sus creaciones. En esos años, William también fue abusado reiteradamente por su supuesto protector.

Poulsen deseaba regresar a la casa paterna a disfrutar de una gran vida, por lo que con lo aprendido, hechizó a su oscuro mentor e hizo que se tirara desnudo a las cuadras de los cerdos. Al día siguiente, recogieron los restos del director esparcidos por doquier.

Su fortuna le sería entregada cuando cumpliera los veinticinco años. Fue a la universidad e ingreso a estudios escandinavos. Era poco sociable, pues a pesar de contar con el respaldo económico, la gente solía temerle, probablemente por su inestabilidad con la magia y sus arrebatos de cólera producto de su estancia en el psiquiátrico. Se convirtió en un friki de la historia nórdica.

De la universidad se pasaba a estudiar unas runas en un pueblito cercano llamado Aalborg. Allí alternó a una bruja pobre conocida como Jarina, que se acercó a él solo por sus ropas elegantes. Entablaron conversación y ella no vio mejor oportunidad para salir de la pobreza que casarse con el chico, aunque estuviese medio loco. William, a pesar del inmenso conocimiento de las artes oscuras y pociones mortales era un ingenuo de las pasiones femeninas. Jamás tuvo encuentros carnales con ninguna mujer, a pesar de desearlo secretamente. Quizás por su excesiva timidez debido al abuso recibido y por cierto desequilibrio mental, pues los años de tratamiento resquebrajaron su salud.

A ella le bastó darle una poción amorosa para lograr que se casara con él. Poulsen, conocía de pociones malditas gracias a su maestro pero dejó de usarlas al salir de aquel lugar. Pero el hecho de no practicar las artes oscuras, no significaba que no detectara la magia oscura correr por sus venas.

Pero cuando él se dio cuenta de que estaba bajo los influjos de una poción amorosa, era demasiado tarde ya. La astuta bruja llevaba suministrándole la poción por casi un año. Ya estaban casados, y vivían en una casucha pobre, porque los padres de William se negaron a avalar el que consideraban un capricho estúpido de su hijo. Una noche llegó a casa sorpresivamente y encontró a su mujer en la cama con su amante. Ella había contactado a ese joven mago para que matara a los padres de William, pues estaba cansada de esperar a que éste heredara la fortuna.

Jarina estaba segura de que William no haría nada, pues bajo los efectos de la poción amorosa, ella podría hacer lo que fuese y él continuaría creyendo amarla. No lo amaba, pero al no tener ni un centavo necesitaba asegurarse de la herencia de William para pagarse la pócima que tomaba cada noche de luna llena: Era un licántropo puro. Una mujer lobo que se ocultaba en el bosque los días de luna llena y que mentía sobre su estado. Sabiendo que William no haría nada para perjudicarla continuó haciendo el amor con su amante. Frente a él.

Ese fue el momento en que el cerebro de William decidió desconectarse de la realidad. Su instinto luchaba contra aquella fuerza que aplacaba su razón, igual que lo hiciera en el psiquiátrico cuando le suministraban pastillas que adormecían o alteraban su conciencia. El sabía por sus conocimientos que estaba bajo los efectos de una poción contra su voluntad.

Y luchó. Y peleó contra esa oscura sombra en su voluntad.

Los gritos de placer de la mujer hicieron que William temblara, pero no temblaba de miedo, temblaba preso de un sentimiento que jamás había experimentado. Era como una olla a presión que acabaran de tapar y pugnaba por explotar. Aquel cuadro, el golpe de saberse controlado, un mago como él, que torturó a muchos hombres hasta hacerles orinarse en los pantalones de miedo, a merced de la voluntad de una simple ramera que se revolcaba con su amante en su propia cama, fue demasiado para su mente.

Gritó cuando pudo liberarse del hechizo de Jarina. Sin pensarlo tomó la varita dada por su maestro y arrojó un hechizo hacia el hombre que copulaba con su mujer. Le reventó el cráneo y los sesos cayeron sobre la bruja. La mujer al ver a su amante muerto entró en cólera y se transformó en una loba. Al ser licántropo pura de la rama original, podía convertirse a voluntad. William tuvo su primer ataque de histeria en este punto. Jamás le habían hablado de los hombres lobo. Intentó huir, pues en su mente confusa no lograba procesar la situación. La loba se paseaba con desprecio y William al contemplarla se empezó a jalar de los pelos y a darse de cabezazos contra la pared, aterrado por aquella visión, creyendo que estaba en el Asgard y que es el mismo demonio Fenris, el lobo hijo de Loki, era el que se le presentaba. Luego su cerebro se desconectó otra vez y entró en mutismo sobre una silla. La mujer lobo al verlo en ese estado bajó la guardia, pensando que se había vuelto loco.

El ex mortífago que abusó de él y lo convirtió en su seguidor le enseñó a aprovechar los momentos de debilidad de su enemigo. Y lo hizo. Al recobrar la conciencia, atacó con una espada que compró a un herrero cercano y la hundió en el estómago de la mujer, ella volvió a su forma humana y cayó herida de muerte. William, con los ojos inyectados en sangre, pronunció el poema, creyendo ya a esas alturas que es un enviado celestial de Odin, que es la reencarnación del Dios Tyr, el justiciero, el que acabará con el lobo Fenris y su dinastía de abominación. Luego empieza a cortarla con el cuchillo para grabarle el poema, pero ella logra, con sus últimas fuerzas, arañarle la mano derecha. William, indignado, inmediatamente y sin titubear, se corta la mano y luego con la varita cauteriza la herida con fuego. Termina con el ritual del águila de sangre, leído de viejos textos nórdicos. Luego entierra a Jarina en su propia casa. Ahora no hay nadie que cuestione su poder. Es el Dios Tyr.

Concibe el plan de desterrar de la faz de la tierra a los descendientes originales que portaban el gen de la licantropía y debía comenzar con toda la rama original de los hombres lobos. Se agenció para entrar en el ministerio y obtuvo los nombres de los descendientes de Gunnhildr. Decidió matar sólo a la rama femenina en edad fértil de esta descendencia, creyendo que así preservaba el mundo del destino final: El Ragnarök.

Al trazar dicho plan, se infiltró en el ministerio para investigar tanto la genealogía de las víctimas, como al movimiento de los aurores. Fue en ese período que decidió alcanzarse de una verdadera espada hecha por duendes. Se la compró a un duende contactado por su ex compañero de aulas, Phillip Marshall. Logró crear una maldición para los que leyeran el poema que inscribía en sus victimas, en siete días terminarían carbonizados. Y cuando lo descubrieron, suministró poción multijugo al viejo Tyler Perry y lo hizo pasar como el verdadero asesino. Después se retiró a un pueblo costero hasta que lograra encontrar a la joven faltante…"

Harry salió de los recuerdos de William Poulsen. No se levantó del pensadero ni extrajo la cabeza del plasma. Aprendió a diferenciar sus pensamientos y a bloquear su mente, por lo que permanecía en una especie de borde, y esto le ayudaba a pensar y analizar con mayor claridad los pensamientos de otra persona.

—Es suficiente…. Harry debe salir de inmediato de esa mente enferma o podría afectarle toda aquella locura.

—Pero Hermione —habló uno de los capitanes—, debemos conocer la verdad y quien mejor que el mejor auror para encontrarle sentido.

—¡Dije que es suficiente! —bramó Hermione para hacerse escuchar entre el gentío—. Nadie arriesgará la vida de Harry, no me importa el motivo. ¿Lo entendieron?

Harry escuchó nítidamente la voz de Hermione, y se quedó sorprendido al escuchar aquel diálogo entre ella y los aurores. Ella se estaba enfrentando sola a una oficina con cien aurores armados y dispuestos a todo por conseguir información. O era muy valiente o realmente ella…

Le dolía algo la cabeza, pues entrar en un pensadero restaba energía. Se dejó sujetar por sus amigos fingiendo un mayor cansancio, porque deseaba tiempo para pensar y fue depositado en el cuarto de reposo.

Había sido un tonto. Lo tenía tan claro y lo dejó pasar. Supo lo que tenía que hacer. Lo primero era contactar a Ginny. Y a Ron.

Después, se jugaría la vida.

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El león contraataca

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Hermione trazó las fechas de los asesinatos con la información que habían encontrado en la casa (los mapas astrales de cada mujer y antiguos mapas nórdicos) y se percató horrorizada de que ese día habría luna llena y que los signos de la joven se alineaban perfectamente. Harry, quien regresó frotándose la nuca al comprobar los avances, volvió a sentir admiración por Hermione quien, aunque nunca le gustó la adivinación, sabía mucho más que todos los expertos en aquella sala.

Dedujo, según la información encontrada, que había 30 lugares donde podría efectuar el sacrificio, dado que era la última descendiente de Gunnhildr debía hacerlo en un lugar importante; Hermione aseveró que sería sobre una de las grandes piedras con inscripciones rúnicas en el territorio nórdico (que incluía a Dinamarca, Finlandia Islandia, Noruega y Suecia). No tenían opción, aún con la ayuda de los aurores franceses y daneses que estaban a su lado, no podrían buscar en todos los lugares. Se dividieron en grupos de dos personas y repartieron los lugares rogando que en uno de ellos se encontrara a William Poulsen con su víctima y que no fuera demasiado tarde.

Hermione quería estar presente, pero Harry era tajante en este punto. Ella no iría, pues era demasiado peligroso. La tomó de la mano y le explicó que debía de esperar los resultados con gente amiga. Que había conversado con Ginny y con Ron para explicarles un poco sobre la situación. Ellos ya la estaban esperando en el Caldero Chorreante. Neville, el propietario, junto a Hannah, su esposa, le tenían reservada una habitación a cada uno, como en los viejos tiempos. Le rogó que aceptara, porque no podría realizar la misión sabiendo que ella podía estar en peligro. Hermione terminó aceptando, pero no logró decir nada más, pues la lata de pickels empiezó a despedir un brillo azulado. Harry se encargó de arreglar un traslador y en segundos ella estaba en el Caldero Chorreante.

Ron, George, Bill e incluso los patriarcas Weasley están desperdigados por el renovado Caladero Chorreante, nerviosos, pues Ginny se había encargado de contarles que Harry estaba en una misión peligrosa para atrapar al asesino de las jóvenes. Transcurrió todo un día sin noticias de Harry ni del resultado de la operación. Como era fin de semana, había un buen número de personas en el pub, que acudían después de hacer sus operaciones en el Callejón Diagon. Ellos no sospechaban del tumulto que envolvía a la familia Weasley. Sólo Luna y Neville, aparte de los Weasley, son los únicos que saben el peligro que corre Harry en esa misión. Hermione va por décima vez hacia la barra para preguntar a Neville si es que llegó alguna lechuza o si revisó la chimenea o si el teléfono ha sonado. Ginny la toma del hombro y la lleva hacia la mesa, sin dejar de dirigirle una mirada perspicaz. Ginny aún amaba a Harry, pero era consciente de que Harry ya la había olvidado. Intuía el motivo y ahora estaba segura de la realidad de sus suposiciones. No podía negar que le incomodaba conocer el motivo en forma real. Lamentablemente para ella, debía, una vez más, luchar para sobrellevar lo que el destino le deparaba. Suspiró y volvió a tranquilizar a Hermione.

Ron, por su parte, estaba perdido en sus pensamientos. Le daba vueltas en la cabeza la llamada desesperada de Harry. Necesitaba que ellos se encargaran de proteger a Hermione, pues él no podría hacerlo personalmente y no confiaba en nadie la seguridad de ella más que en sus amigos. El tono y la agitación con la que Harry pronunciaba las frases atropelladamente, encendieron una pequeña llama dentro de las entrañas de Ron. Se dijo asimismo que no tenía derecho a sentir nada con respecto a ella, pero la realidad del pensamiento en su cabeza era demoledora. Quizás se equivocaba.

"A quien quiero engañar", pensó Ron. Recordó las últimas veces en que había conversado con Harry sobre Hermione. Cerró los puños instintivamente por unos segundos al comprobar que el presentimiento se convertía en realidad con cada recuerdo de los ojos de Harry. Más instantes después relajó el semblante y aflojó la presión de los nudillos. Volvió a realizar el gesto de hacía más veintidós años, en medio de la sala común de los Gryffindors, el día que ganaron la copa de las casas. Si tenía que ser alguien, quién mejor que Harry Potter.

Unas parejas bailaban alegremente una canción irlandesa cuando saltaron hacia atrás pues la figura de un Lince apareció entre ellos. Era el patronus de Kingsley anunciando que la operación había sido un éxito, que la muchacha estaba a salvo, y que el asesino había sido capturado, pero que había una baja importante en el cuerpo de aurores inglés. Y luego el lince desapareció.

Todo el clan Weasley, Luna, Rolf, Neville, Hannah y Ginny gritaban emocionadas de saber que aquel monstruo ya no podía dañar a ninguna chica más. Neville repartía cervezas a todos los parroquianos quienes recién eran partícipes de la noticia que corrió como reguero de pólvora. Todos celebraban. Todos menos Hermione, quien, a pesar de la noticia, temblaba mientras rogaba con todas sus fuerzas. Estaba casi oculta en una esquina del pub, lejos de la barra y de la repentina llena pista de baile. George bailaba como un desaforado junto a una feliz Angelina y Luna daba vueltas, sola como muchas veces, a pesar de que su esposo la miraba enamorado desde la mesa contigua, haciendo aparecer flores amarillas sobre las mesas junto a ella.

"Que se encuentre bien", rogaba mentalmente.

De repente el silencio cubrió el lugar. Pero esto duró apenas dos segundos, pues el sonido de vítores se extendió en el local en cuanto descubrieron a la figura que apareció en medio del lugar. Ella se levantó de su lugar y se paró de puntillas para intentar observar al recién llegado.

Allí estaba Harry, con el cabello revuelto, manchas de barro en los zapatos, la capa hecha jirones, una herida apenas coagulada en la frente, pero con la sonrisa más encantadora que Hermione había visto en su vida. Los ojos verdes la miraban expectantes. Ella quiso correr y lanzarse hacia sus brazos, incluso logró dar un par de pasos inseguros, pero se detuvo contemplando al círculo que se había formado en torno a Harry. La señora Weasley lo palpaba para asegurarse que no tuviese un hueso roto. Ron le palmeaba la espalda y Ginny se colgaba de su brazo para besarle la mejilla. Ella podía ir igualmente, como siempre, como su amiga y abrazarlo para asegurarse que estaba bien. Pero esta vez, sentía que no era suficiente.

"Quiero más"

Hermione intentó analizar lo que ocurría, pero su corazón latía tan rápido que le impedía incluso respirar. Se abrazó los costados, nerviosa y algo avergonzada. Quería más. Necesitaba más que ser su amiga y la certeza de este pensamiento le dolía casi físicamente, imaginaba que él la rechazaría, que alguien vendría y los interrumpiría o, como ya había pasado, que Harry daría media vuelta al ver a la multitud.

Harry se abrió paso entre el gentío. Cojeaba ligeramente mientras avanzaba y aventó la capa de viaje a Ron, antes de mirarlo fijamente. Entre ellos hubo un entendimiento mutuo.

Ella captó la mirada. Su corazón volvió a acelerarse.

Continuó avanzando hacia ella, con los labios delgados casi formando una pequeña sonrisa y con la expresión tan decidida que muchos observaron interesados. Detuvo su avance unos segundos y Hermione sintió que el alma se le caía al piso. Pero simplemente apuntó con la varita a la radio del lugar. Con total control de la situación, extendió su mano izquierda hacia ella, anhelante. Hermione pensó que la conocida melodía, aquella del bosque de Dean y del día que hicieron el amor, sonaba más alta cada vez más, o quizás se debía a que todos miraban en silencio, unos interesados, otros hipnotizados.

"Sus manos están frías, quizás debería tomar una sopa de pollo", se dijo Hermione y de pronto se dio cuenta que sus pensamientos empezaban a carecer de lógica. "Posiblemente tiene que ver con sus ojos verdes", meditó mientras Harry la halaba con suavidad hacia el centro de la pista sin dejar de observarla ni un instante. Todos se hicieron a un lado, sin dejar de mirarlos.

—¿Te encuentras bien?

Pero él le puso el dedo índice sobre los labios para acallarla. La sonrisa apenas se mostraba en su rostro; tenía la sombra de una incipiente barba sobre la fuerte mandíbula, ojeras notorias, más los ojos verdes tenían vida propia. Deslizó una mano y la sujetó con posesividad de la cintura. Empezó con un movimiento rítmico pero lento, sus hombros se movían acompasados a pesar de que continuaba cojeando ligeramente. Hizo un movimiento con sus labios como si los mordiera y ella percibió pequeñas gotas de sudor sobre sus propios labios.

"¿Qué estoy haciendo?", repetía Hermione, mientras se movía como autómata, con el semblante serio, igual que aquella vez en que había bailado con Harry adentro de una tienda en medio de un bosque deshabitado. Aquella vez se sintió igual. Que pisaba fuego y que debía escoger. Y en ese entonces, prefirió a Ron. Ahora, es ese momento, volvía a suceder todo igual. ¿Debía arriesgarse a iniciar algo? Si fallaba, perdería a Harry como su amigo. Alzó el rostro y la mirada de Harry continuaba sobre ella como retándola a que continuara.

—Vine por ti.

La manera en que sus labios se curvaron al susurrar esas palabras y la sinceridad en sus ojos, dejó a Hermione embelesada durante una milésima de segundo. El calor de Harry era todo lo que la envolvía.

De pronto vino una vuelta y una sonrisa se formó en el rostro de Hermione. Parecía que con aquella sonrisa los ojos verdes brillaban y Harry ahora no sólo sonreía con sus labios, lo hacía con sus ojos, con sus gestos, con su cuerpo. Estaba feliz. Hermione cedió al fin y volvió a sonreír voluntariamente.

Ahora ella le dio la vuelta a él con el mayor cuidado que pudo y escuchó la risa de Harry tan franca y radiante que su corazón empezó a acelerarse nuevamente. Ambos continuaron bailando al son de la melodía, lejos de las murmuraciones que empezaba a llenar el lugar.

El tomó su mano izquierda y aminoró el ritmo del baile, respiraba un poco agitado y Hermione no quiso averiguar si era la tensión del asalto o simplemente estaba contemplando algo que le producía una sensación de bienestar y felicidad infinita. Harry la atrajo más hacia sí y ella no se resistió, apoyó el rostro sobre la camisa húmeda pero no le importó, estaba segura de que con el calor que experimentaba en ese instante su cuerpo era capaz de vaporizar el agua de la ropa de Harry.

Bailaron así unos segundos más, los murmullos ahora eran frases de asombro completas y risitas nerviosas por todo el local. Ginny tenía una expresión algo melancólica aunque por momentos se iluminaba su mirada, mientras Ron tenía una expresión impasible en el rostro. El resto de amigos en común, miraban satisfechos.

La música llegaba a su fin y Hermione comprobó que sus palmas tenían gotas de sudor. La sensación de algo flotando dentro suyo se incrementó al separarse unos centímetros de Harry. El la observaba atento, tenía los ojos brillantes, resaltando la tonalidad esmeralda en ellos. Ella sacudió la cabeza y parpadeó, sin poder creerlo. Él sabía donde estaban y la gente que había a su alrededor. Estaba Ginny, Ron, sus ex suegros, sus amigos. Cerró los ojos, pero al abrir los ojos nuevamente, Harry todavía estaba parado frente a ella, más ahora, sus caras estaban separadas unos cuantos centímetros, la luz en los ojos de Harry le atraía y la envolvía irremediablemente. Se dejó rodear por el sentimiento. Aquella mirada transmitía determinación, pero también anhelo y deseo.

Todo, excepto su desbocado corazón palpitante se detuvo, no había música, ni murmullos, ni nadie a su alrededor. Harry levantó sus manos y tomó el delicado rostro con ambas manos

—Confía en mí —susurró con sus labios a milímetros de los ella.

Sus labios eran tan tibios y tan firmes. De pronto no importaba si todo lo demás junto a ellos se derrumbaba, se alzaba o protestaba; porque ese sólo beso era suficiente para sostenerlo. La incipiente barba raspaba su rostro y eso lograba que ella suspirara aún más.

¿Qué estarían pensando los demás? Se preguntó Hermione ¿Quizás debería mostrarse más discreta?

"No"

No quería ni lo haría. No tenía ninguna intención de apartarse de él, de hecho, no tenía objetivo alguno, ni pensamiento, ni determinación alguna más allá de besarle por el resto de su vida. ¿Sentiría él lo mismo? Le echo los brazos al cuello.

Y ya no era sólo un beso. Estaba haciéndole el amor a su boca. Cuando al fin se separaron, Harry respiraba pesadamente y Hermione se sentía presa de alguna fiebre interna.

El silencio reinaba en el lugar.

—Te amo, Hermione. Desde hace mucho.

Hermione juraría que su corazón estaba a punto de salir desbocado de su pecho al escuchar aquella frase. Apoyó las manos en el firme tórax de Harry y se estremeció al sentir el corazón latir impetuosamente contra sus palmas, incluso más fuerte que el suyo. Levantó la vista para mirarlo una vez más.

—También te amo —Hermione escondió su rostro en el cuello de Harry para aspirar el aroma que la acompañaría por el resto de su vida.

Harry suspiró satisfecho y buscó su rostro. La tomó de la barbilla para mirarla profundamente. Los murmullos aumentaron y a él no le importó.

—¿Te casarás conmigo, verdad?

—Haces un excelente desayuno. ¿Cómo podría negarme?

Enlazados de la mano, con la mayor tranquilidad del mundo, salieron hacia las frías calles de Londres, con dirección a su departamento. Harry pensó que algún día le confesaría, quizás después de hacerle el amor desesperadamente, que en su primer baile en el bosque de Dean, había empezado a amarla.

FIN

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Espero les haya gustado la historia. Si es así, déjenmelo saber :P pues a quien no le gusta recibir un review? XD

Es mi primer H/Hr y se me ocurrió cuando vi la pela HP and the deathly hollows part I, la escena del baile entre ambos me hizo flipar! (casi derramo la soda encima mío de la emoción XD)

Nos leemos fandom!

Gigi