Hola chicas esta historia es una TRANSCRIPCION de la original de Yurika Cullen que muy amablemente ME PERMITIÓ ADAPTAR sus historias a los personajes de Candy Candy, y así compartir con ustedes su talento….espero le agrade tanto como las otras historias que su inspiración nos ha permitido disfrutas…
HACIENDO TÚ SUEÑO REALIDAD
By Yurika Cullen
Capitulo Nueve
La tarde estaba hermosa, el sol brillaba fuertemente el día de hoy y una suave brisa soplaba refrescando el ambiente. Era una lástima que no me hubiera podido quedar un rato mas con las chicas, habíamos ido al café de Archie a comer un par de helados y después las chicas se irían al salón de video juegos un rato más a divertirse, pero yo no pude. Y no me molestaría tanto si no fuera porque la culpa la tenía la maldita fiesta de caridad de mi abuela, ya era viernes, la fiesta era hoy y tenía que irme a casa y empezarme a preparar para esta noche, definitivamente era una pena.
Escuche unas risas atrás de mí que me llamaron la atención, estaba a punto de girarme cuando reconocí la más estridente de todas, la de Susana, ella y su grupo de amigas venían caminando atrás mío a solo un par de pasos de distancia, así que ignorándolas y tratando de disimular que no las había reconocido seguí caminando tranquila, aunque en verdad era molesto escucharlas reír.
— Susana, ¿Pero que no es esa la ex de tu novio?— escuche hablar a Karen
— ¿Ah, sí? No lo sé, nunca recuerdo a la gente insignificante— dijo mientras soltaba su típica risa estridente, las demás rieron también— Aunque ella debe estar bastante al tanto de mí, imagina los celos que debe sentir la pobre al pensar que Terry es todo mío. ¿Ahora donde va a encontrar alguien que le preste atención? Si Terry estuvo con ella, era solo para darme celos y así conquistarme, ¡pobre niña ilusa!— y de nuevo se escucharon las risas, era obvio que sabían que estaba escuchando, pero esa era su única intensión, molestarme, lo que me daba mucha lástima, pues no lo estaban logrando
— Según me contaron, increíblemente se casó— comento Johan
— Lo más seguro es que se habrá casado con algún viejo desesperado y a punto de morir, solamente alguien así podría fijarse en una cosa como ella— Definitivamente las palabras de Karen estaban empezando enojarme ¿Quién demonios se creían? No eran más que unas zorras insoportables que no tenían el más mínimo respeto por sí mismas y en lo único que pensaban eran en ropa, uñas arregladas y sexo. Pero no les daría el gusto de molestarme, no les prestare más atención
Estaba a punto de cruzar en una esquina aun con sus risas resonando en mis oídos cuando escuche el ruido de un motor y el rechinar de unas llantas al frenar sobre el asfalto, me gire a ver que era y no lo podía creer, ¡Era Albert! Estaba en su motocicleta y tenia puesto un estupendo traje de motociclista que lo hacía ver más sexy de lo que era. Pude escuchar claramente la exclamación de sorpresa a mis espaldas. Sin poder evitarlo sonreí.
— ¿Desea ir a alguna parte mujer hermosa?— dijo luego de quitarse el casco
— ¡Albert!— dije acercándome a él y colgándole los brazos al cuello dándole un efusivo abrazo, definitivamente era mi héroe, siempre aparecía cuando más lo necesitaba— ¿Qué haces aquí?—
— Vine a buscarte para llevarte a casa, no puedo permitir que mi esposa ande sola en la ciudad cuando yo puedo llevarla y traerla cuando ella quiera— dijo pasándome un brazo por la cintura correspondiendo a mi abrazo
— No seas exagerado— reí, él me dio un pequeño beso en los labios
— La verdad es que salí temprano de la empresa, pase a buscarte al café de Archie pero justo habías salido, así que imagine que aun estarías yendo… Sube, así llegaremos más rápido y tendremos más tiempo para prepararnos para esta noche— dijo dándome un segundo casco, yo no lo dude ni un segundo y subí, cuando arrancamos pude ver por el espejo de la moto que las zorras nos miraban sorprendidas, no lo pude evitar y volví a sonreír… ¿Así que un viejo desesperado y a punto de morir? ¡Ha! Albert es totalmente lo contrario.
— ¡Albert, Candy! Qué bueno que ya están aquí— dijo hipócritamente mi abuela cuando llegamos a la fiesta, siempre era igual, frente a los demás yo era su nieta adorada, era obvio que ahora fingiría que éramos su familia adorada, la fiesta estaba rodeada de sus socios y por ningún motivo mostraría otra cosa que no fuera felicidad ante los demás
— Hola Abuela, señor Mac Gregor, señor Stevens— salude cortésmente a los socios más importantes de la empresa
— Un gusto verte Candy—saludo Stevens dándome un beso en la mejilla
— Vaya Albert, ¿Quién lo diría? Te casaste con la nieta de Elroy, y puedo decir que ha sido tu mejor elección— dijo amablemente Mac Gregor— se ha convertido en toda una hermosa mujer— dijo de nuevo haciéndome sonrojar, Albert sonrió y los saludo amigablemente, ellos dos habían sido los que se habían encargado de enseñarle a Albert todo lo relacionado con la empresa
— Vas a tener que estar muy atento, más de uno va a estar interesado en robarte a tan preciada joya— fue ahora el turno de Stevens de hacerme avergonzar
— Tendré los ojos bien abiertos— comento Albert mientras me abrazaba, mi abuela solo nos miraba disimuladamente con el ceño fruncido
Esta noche me había empeñado en cambiar mi estilo, aunque no era un cambio muy brusco había querido vestirme más elegante y parecer algo más madura, mi cabello lo había recogido por completo dejando unos pocos risos sueltos en algún lado, me había comprado un vestido negro ajustado hasta la rodilla, de cuello en ve pero con un escote pronunciado en la espalda, zapatos negros con taco aguja y levemente maquillada con el fin de no cambiar al extremo, las chicas habían estado de acuerdo con el atuendo y Albert también me había dado su aprobación. Así que lo más seguro es que mi abuela estuviera molesta porque yo no tenía expresión de angustia ante la fiesta como las veces anteriores.
Estuvimos conversando con bastante gente, y hablando especialmente de la empresa y de negocios, el tipo de personas que asisten a estos eventos son realmente aburridas, nadie tenía un tema de conversación interesante, pero como me lo había prometido, no le iba a dar el gusto a mi abuela de que me viera pasándola mal, así que tratando de entender un poco de lo que hablaban me integre en cada conversación y así se fue pasando la noche.
— ¡Oh Albert!— se escuchó después de un rato, sentí que Albert se tensaba a mi lado y apretaba el agarre de mi mano desesperado, no lo pude evitar y solté una risita, él me dio una mirada de reproche— No os imagináis lo feliz que me hace verte aquí— si había algo que me molestaba de esta mujer más que sus fallidas cirugías estéticas, era el estúpido y falso acento y ese chillante tono de voz que usaba siempre para llamar la atención, ella creía que se veía sofisticada, pero la verdad solo hacia el ridículo
— Eliza que gusto verte ¿Cómo has estado?— saludo él de manera cortes pero con su rostro algo rígido
— Estupendamente, acabo de volver de unas merecidas vacaciones, tenéis que ir a visitar New York, es un lugar maravilloso, te rejuvenece completamente, aunque como vos podéis ver yo aun estoy muy joven— y yo imagino que se fue a New York a operarse otra vez, por eso se sentía rejuvenecida, pero se veía totalmente lo contrario. Eliza estaba a punto de agarrarse del brazo de Albert pero se dio cuenta por fin de mi presencia y se detuvo— ¡Oh perdonad mi mala educación! No sabía que habíais venido en compañía de un familiar ¿Es acaso vuestra hermana?— esta mujer en verdad que es irritante
— No, nada de eso, déjame presentártela, Eliza ella es Candy Andry, mi esposa— la insoportable mujer abrió tanto los ojos que pensé que le había dado algún paro cardiaco, pero al final tomo un poco de compostura y sonrió falsamente
— Mucho gusto señora Eliza— dije tendiéndole mi mano
— Por favor querida, solo Eliza, aun soy muy joven— yo sonreí triunfal, y como le había dicho a Albert, esta noche dejaría muy claro para quien él estaba disponible y al parecer funciono, pues tan rápido como vino, se fue
— Bueno, os dejo, hay alguien más a quien deseo saludar, un placer señora Andry— Albert suspiro aliviado, yo de nuevo reí ante su exageración
— No te burles por favor Candy, esa mujer me pone los pelos de punta, nunca se da por vencida, aunque al parecer la espantaste— yo sonreí y le cruce los brazos al cuello
— Yo solo cumplí con lo prometido, esta noche nadie se te va a acercar— Albert nos guío en la posición en la que estábamos hasta la pista de baile y empezó a moverse suavemente al compás de la música
— En realidad si lo piensas con detenimiento, he sido yo el que ha tenido que hacer ese trabajo, estoy harto de tener que aclararle a los hombres que no estás disponible y viniste conmigo, todos han estado pendientes de ti todo el tiempo, y creo que después de todo no los puedo culpar, esta noche estas muy hermosa— yo me sonroje
— Gracias, tu también te ves muy guapo Albert, aunque siempre lo estas, pero hoy en especial tu también has estado llamando la atención de todas las damas de la fiesta, si no es por mis miradas de disgusto ya se te habrían lanzado la mayoría—
— ¿Celosa?— me pregunto sonriendo provocativamente
— Si, ¿Acaso no tengo derecho?— respondí algo molesta, él sonrió y me dio un ligero beso
— Pero a mí no me interesan, solo hay una mujer que tiene permitido hacerlo y ha sido la única que no ha querido intentar nada esta noche— dijo mirándome fijamente y con expresión muy seria, un escalofrío me recorrió la espina dorsal
— ¿Te has puesto a pensar en que tal vez no es que no quiera, si no que es demasiado tímida para hacerlo?— Albert me apretó más contra él y su mano empezó a vagar por el escote en mi espalda, la piel se me puso de gallina
— Pues no debería, no sabes cómo me gustaría que por lo menos hiciera el intento, yo no la desilusionaría rechazándola— la excitación me llego de golpe, y estoy absolutamente segura que él está en las mismas condiciones
— ¿Me estas queriendo decir que si yo en este preciso instante te pido que hagamos el amor, me complacerías?— pregunte sintiéndome más animada y atrevida
— Te complacería fielmente— su mirada se torno oscura, oscura por el deseo, yo solté el aire que sin saber estaba conteniendo
— Entonces… hazme el amor Albert, porque me muero porque estemos juntos ahora mismo— me dio un leve beso en los labios y luego se acerco a mi oído y susurro
— ¿Quieres que nos vayamos a casa? Porque de verdad estoy más que dispuesto a complacerte— y de nuevo sentí un hormigueo en todo el cuerpo
— Creo que no llegaremos lo suficientemente rápido, tengo una mejor idea— dije pensando exactamente en lo que haríamos y tomando a Albert de la mano y tratando de pasar desapercibidos lo guíe entre la gente hasta nuestro próximo destino
