9
-Harry –comenzó Ron, observando de tanto en tanto a su prometida, que hablaba largo y tendido con su hermana.
-Dime –contestó el chico, rodando los ojos. Esperaba con toda su alma que Ron omitiera el tema, pero al parecer no era su día.
-¿Ginny y tú…?
-No -cortó Harry. No quería hablar de eso. Estaba tan frustrado respecto a ese tema, que maldecía una y otra vez su obligación de romper con Ginny anteriormente. Muchas veces se lamentaba el no haberse fijado en la hermana de su mejor amigo antes. Pensó que tal vez, tuvieran un poco más de confianza luego del final de la Batalla, y les habría resultado fácil volver, pero todas sus cavilaciones terminaban en eso, ilusiones. ¿Por qué era tan difícil decirle a Ginny que la amaba todavía?
-Pero, ¿has hablado con…?
-No –cortó Harry, de nuevo-. Lo siento, Ron, pero no estoy de humor para hablar de eso. Es realmente duro…
-Lo sé –admitió Ron, comprensivo. A pesar de que una parte de él no quería que Harry y Ginny volvieran, el pelirrojo deseaba con todas sus fuerzas lo contrario. Cuando Ginny estuvo con Harry, nunca había visto a su hermana y a su amigo tan felices.
Harry convenció a Ron de hablar de otra cosa, y así se pasaron la hora, hablando de temas triviales, hasta que Harry le anunció a Ginny que debían irse.
Ron no comprendía por qué Hermione estaba tan feliz, al grado de proponerle que pasaran la Navidad completamente solos. Reconoció ese brillo extraño en los ojos castaños de su prometida, de cuando estaba tramando algo.
Pero no puso objeciones. La idea de Hermione le favorecía demasiado como para oponerse. Se le subieron los colores al rostro, simplemente pensando. La amaba tanto…
