N/A: Antes que nada, mil y un disculpas. Prometí ir actualizando una vez y no he subido desde diciembre. Me siento extremadamente culpable, hice algo que odio que me hagan y eso es dejar pendiente a los lectores sin actualizar. NO HE NI VOY A ABANDONAR ESTA HISTORIA. La amo demasiado para hacer algo así. El problema fue que este capítulo se negaba a salir bien, no es nada del otro mundo, y he tenido un gran cambio en mi vida al cual aun me estoy adaptando. No es que me esté intentado escusar, pero es para que se entienda un poco.
Espero que disfruten este capítulo.
Capítulo 9.
Bilba no podía creer todas las preparaciones que estaba haciendo Elrond para la fiesta de esa noche. Aún no estaba cerca de parecerse a una fiesta de cumpleaños de cualquiera de sus primos Took, cuando estos decidían invitar a toda la Comarca, pero eso no le quitaba lo impresionante a ver cuando empezaron a llegar decenas de elfos en un ritmo constante durante todo el día. Unos cargaban enormes bandejas, repletas todas de comida. Otros llevaban en sus manos hermosos instrumentos, de los cuales Bilba solo pudo nombrar un par, pero con los cuales sin duda se haría música maravillosa. Pero los que más le llamaron la atención a la hobbit fueron los que llevaban paquetes envueltos, algunos en mantas y otros en papeles obscuros, los contenidos siempre ocultos de la vista de Bilba. Esto la extrañaba, pero cada vez que le preguntó a Elrond qué podrían ser, él siempre se las arregló para desviarla a otro tema, el cual solía ser comida. Al final, Bilba se aburrió de intentar conseguir una respuesta directa. Al fin y al cabo, se sabe que siempre que le preguntas algo a un elfo, te responderán sí y no al mismo tiempo.
Entre tanto atareo, el día se pasó volando para Bilba.
Vio a la Compañía solo un par de veces, incluyendo el fugaz almuerzo, ya que entre todos los recorridos que le dio Elrond para mostrarle Rivendell, sus jardines y bibliotecas más específicamente, y un largo tiempo con una modista que le estuvo tomando medidas para la túnica que usaría esa noche, Bilba simplemente no había tenido el tiempo para estar o hablar con ellos.
El único con el que estuvo casi todo el tiempo fue su querido Ori, el cual no dejaba su lado. Sólo la dejo sola cuando Bilba se estaba cambiando, pero eso no le impidió ser testigo de las pruebas de cada una de las túnicas. Para Bilba fue muy entretenido tenerlo a su lado en cada momento, nunca había tenido a nadie que la acompañara de esa forma, sin contar a sus padres.
Durante el día los dos fueron descubriendo las cosas que tenían en común, en su mayoría libros y la pasión por estudiar. Bilba se dio cuenta que aparte de un gran guardián, en Ori podría encontrar un gran amigo.
Mientras Bilba y Ori disfrutaban su día, el resto de los enanos tuvieron que aguantar a un iracundo Thorin, quien se las arregló para pasar todo el día de mal humor. Ninguno de ellos estaba demasiado feliz por la estadía en Rivendell y el poco tiempo pasado con los dos de los más jóvenes de la Compañía. Pero el líder ya estaba llegando al nivel que la mayoría lo estaba evitando. Sólo Dwalin y Balin, sus más cercanos, parecían tenerle paciencia. Inclusos sus sobrinos habían optado por evitarlo después de un rato y varios gritos.
"¡Es que no entiendo porque no pueden hacer todas esas cosas con nosotros!" gritó Thorin después que Balin le intentó explicar por quinceava vez el por qué Bilba y Ori no se encontraban con ellos.
"En nuestra primera noche nos las arreglamos para destruir todos los muebles de la pieza en que nos encontrábamos" repitió Balin con voz cansada "Es entendible que Lord Elrond no nos quiera cerca de sus bibliotecas y jardines. Hay días en que ni siquiera yo te quiero dentro de mi oficina"
Esto dejó callado a Thorin… por unos minutos, antes de que siguiera molestando al resto.
Cuando finalmente fue la hora de la fiesta, todos agradecieron en silencio al ver llegar a Bilbo y Ori.
"Bueno, me alegro de que no hayan destruido nada en nuestra ausencia. Elrond definitivamente temía por alguno de sus muebles en esta habitación" comentó Bilba, sorprendida gratamente de que a habitación que la Compañía compartía estaba en un estado similar al de la mañana.
Balin le dio una mirada presumida a Thorin, quien simplemente miró hacia otro lado para evitar ver a su amigo y consejero. Fue de casualidad que su mirada callera de vuelta en la hobbit.
"¿No tuvieron ningún problema con los elfos?" preguntó Thorin, mirando brevemente a Ori, pero la mayoría del tiempo con los ojos fijos en Bilba.
Bilba dio un resoplido algo exasperada, le tomaría tiempo acostumbrarse a las maneras de Thorin. O mejor dicho, cambiarlas.
"No. No tuvimos ningún problema con Elrond y su gente. Todos ellos se portaron de las mil maravillas. Nos mostraron los maravillosos jardines y grandes bibliotecas, que llevan cuidando por milenios. Sin duda ha cumplido todas mis expectativas de niña. Era incluso más de lo que imagine que sería" explicó con tranquilidad, pero con una sonrisa que decía el nivel de felicidad que en realidad sentía en ese momento.
Recordando las palabras de Gandalf sobre su infancia, todos los enanos se alegraron de verlo feliz. Incluso Thorin fue incapaz de decir algo en contra de los elfos en ese momento.
Fue entonces cuando Elrond decidió entrar a la habitación.
"Estamos felices de anunciar que la fiesta está lista para comenzar. Solo nos falta nuestro invitado de honor" dijo Elrond sonriéndole a Bilba, quien le sonrió de vuelta, aunque algo más tímida de lo que había estado hace unos segundos.
"Bueno, pongámonos en marcha" dijo ella caminando hacia la puerta junto con Elrond, seguida por Ori unos pasos más atrás. Estaba a punto de salir cuando se dio cuenta de que nadie más los seguía. Se detuvo y giró para mirar a la compañía, que la observaba alejarse en silencio "¿Y ustedes? ¿Qué les pasa que se quedan allí tan parados?"
Los enanos se miraron entre ellos extrañados.
"Nosotros no participaremos de la fiesta" dijo Thorin, como si fuera obvio pero sin entender el por qué Bilba les preguntaba.
"¿Y por qué sería eso?"
"Porque es una fiesta para ti y los elfos"
Bilba miró a Elrond exigiendo una explicación, pero este se encogió de hombros sin entender tampoco.
"¿De dónde sacaron esa idea?" les pregunto Bilba con las manos en la cintra.
Los enanos se miraron entre ellos, dándose cuenta de que en realidad, nunca nadie las había dicho que ellos no estaban invitados.
"Dejen de pensar tanto en cómo responderme y simplemente acompáñenos, si es lo que desean" diciendo eso, Bilba le hizo un pequeño gesto a Elrond y siguieron caminando.
Ori la siguió sin siquiera dudarlo, al igual que sus dos hermanos. Bofur se ajustó bien el sombrero y siguió a su querido amigo, influenciado en su decisión al pensar en el vino y cerveza que sin lugar a dudas estarían presentes en la celebración, mientras que Bombur pensaba en la comida mientras cruzaba el umbral de la puerta. El resto empezó a seguirlos por inercia, hasta que al final quedaron solamente Thorin y Balin.
"Supongo que nos vas a acompañar" le dijo Balin al que era uno de sus amigos más antiguos, al verlo algo inseguro sobre qué hacer
"¿Ir a una fiesta para estar rodeado de esos malditos elfos? No, gracias"
"Esos malditos elfos nos han dado alojamiento por el tiempo que lo necesitemos y nos han ofrecido su ayuda sin esperar nada a cambio" trato de razonar Balin, pero Thorin era conocido por lo testarudo no sin razón.
"No hacen nada de esto por nosotros desde la bondad de sus corazones, lo sabes. Todo esto es por el hobbit"
"¿Por qué no lo llamas por su nombre? Bilbo. Bilbo Bolsón, creí que ya habías decidido llamarlo así"
Thorin dejó caer sus brazos, derrotado.
"No sé qué tiene el ho… Bilbo, pero hay algo extraño en él. Algo no está bien en él"
Balin se sorprendió al oír un tono derrotado en Thorin, mirándole la cara se dio cuenta de que no era solamente su voz. Por primera vez desde que habían salido de La Comarca se encontraban solos y Thorin había dejado caer la máscara que llevaba frente a los otros. En su expresión había dolor, incomodidad y tenía la mirada de un niño perdido, el cual no entendía lo que estaba pasando a su alrededor. Balin solo había visto esa mirada en una persona… pero era imposible. Thorin no podía estar pasando por lo mismo.
"Es cierto que había algo diferente en él, yo creo que todos lo habíamos notado. Pero ya sabemos que es por eso de ser un hijo del destino. Gandalf nos lo explicó" Balin trató de calmar a Thorin, consiguiéndolo a cierto grado, pero quedando él mismo con una duda en la mente.
"Tienes razón, es simplemente eso. Un hijo del destino"
"Entonces… ¿Vamos? Aunque solo sea para evitar que tus sobrinos se enamoren de alguna de esas elfas"
La idea de que eso sucediera despabiló a Thorin e hizo que saliera rápidamente de la habitación, dejando atrás a Balin. El enano de blanca cabeza se río sacudiendo la cabeza de un lado a otro. Algunas cosas nunca cambian.
Bilba sonrió cuando Thorin y Balin finalmente los alcanzaron y siguió caminando junto a Elrond hasta que llegaron a una gran puerta de madera. Al otro lado se escuchaban risas una suave música, lo que hizo que los nervios de Bilba volvieran. Toda esa gente reunida solo por ella. Su respiración se empezó a agitar un poco y sus manos sudaron.
"Tranquila, hermana mía. Nadie allí te desea daño alguno ni espera algo especial de ti. Esto es para mostrarte nuestra alegría de que estés aquí" la calmó Elrond, consiguiendo que Bilba se tranquilizara de nuevo "Espero que te guste lo que hemos preparado, ten en mente de que hicimos nuestro mejor esfuerzo"
Bilba y los enanos miraron a Elrond, unos sin entender a qué se refería y otros simplemente curiosos, cuando este abrió las puertas.
Bilba se quedó sin aire adentro, mientras que más de algún enano inclinó su cabeza al lado, sin entender la reacción de Bilba.
Era obvio que ninguno de ellos entendería el porqué de su impresión, porque nunca habían estado en una celebración hobbit. Pero para los ojos de Bilba, se encontraban en una réplica casi exacta de una de las fiestas de mayoría de edad de sus primas Took, las más grandes y mejor celebradas de todas. Las flores, los adornos, la música, todo era perfecto. Lo único que no parecía calzar en la imagen era la altura de los elfos, la falta de niños jugueteando por ahí y el que no se encontraban al aire libre.
"Elrond… no lo puedo creer" Bilba intentó contener las lágrimas, pero eso no impidió que se humedecieran sus ojos "Gracias, mil gracias"
"No te preocupes en darme as gracias, hermana mía. Es lo mínimo que podíamos hacer por ti"
"No entiendo" dijo Dwalin "Esto es una gran fiesta, eso lo puedo ver. Pero, ¿por qué tanto agradecimiento?"
"Dwalin, es que es difícil que lo entiendan, con lo poco que saben de la cultura de mi gente" le empezó a explicar Bilba a medida de que entraba al salón "Han recreado una de las más grandes fiestas para nosotros, que es cuando celebramos la mayoría de edad, a nuestros treinta y tres. Yo nunca celebré mi mayoría, por diferentes razones"
Los enanos tenían una idea de cuales podían ser esas razones después de haber hablado con Gandalf, por lo que evitaron seguir preguntando, sino que se dedicaron a admirar lo que parecía ser una típica fiesta hobbit.
Fuentes y fuentes repletas de comida, jarras con la más rica cerveza y finos vinos, adornos florares en cada pilar y mesa, con guirnaldas que colgaban del techo, sin lugar ninguna duda, los elfos se habían esforzado al máximo para esto.
Fue entonces cuando Elrond decidió tomar la palabra.
"¡Mi gente!" el silencio fue inmediato, todos los elfos atentos a las palabras de su señor "Hoy nos hemos reunido para honrar a Bilbo Bolsón, hijo del destino y mi hermana del alma. Que su copa y la de sus compañeros nunca estén vacías, que sus estómagos estén siempre satisfechos y que sus pies no encuentren descanso con nuestra música"
Los elfos aplaudieron a las palabras de Lord Elrond, sin perder la elegancia que los caracterizaba, y empezaron a cumplir sus órdenes. En unos segundos cada uno de los enanos se encontraron con una jarra de cerveza en las manos, mientras que Bilba agradecía el vino dulce que le habían traído.
Bilba estaba admirando los adornos del lugar, cuando se dio cuenta de que una elfa que no había visto antes se acercaba a ellos. Elrond la vio acercase y orgulloso extendió la mano para que ella la tomara.
"Bilbo, desde tu llegada he querido presentarte a mi hija, Arwen"
"Es un honor conocerla, Lady Arwen" dijo Bilba, inclinándose para hacerle una reverencia, pero Arwen se lo impidió.
"No puedo permitir que un hermano de mi padre se incline ante mí, Bilbo Bolsón. Menos si es un legendario hijo del destino" dijo ella con palabras suaves y melodiosas "Es más, soy yo quien se debe inclinar ante ti"
Bilba negó con la cabeza.
"Que ninguno de nosotros se incline ante el otro, ya que somos iguales. Pero he de admitir que una belleza como la tuya es digna de ser alabada, Arwen" Bilba dijo esas palabras con la intención de hacerla sonrojar y romper un poco el hielo entre ambas. Por la mirada que le dio la elfa, estaba claro que estaba consiente sobre el verdadero género de Bilba, por lo que el comentario no cargaba con ningún otro tipo de significado.
"Puede que los hobbits no estén dentro de los típicos estándares de belleza de los elfos, pero sin lugar a duda tu eres una vista digna de ser admirada" le respondió Arwen, con la intención de seguir el juego.
Elrond estaba feliz de ver a su hija relacionándose tan bien con su hermana del alma, alejándose de la incomodidad rápidamente. Sus sonrisas eran radiantes y cada una parecía brillar a medida que se desarrollaba la conversación y el juego seguía entre ambas, sacando brillantes sonrisas de cada una de sus bocas.
Las reacciones de los enanos, en cambio, eran totalmente diferentes.
Era una incredibilidad que se mostraba en sus caras sin que nada lo evitara. Cuando ellos vieron a la joven elfa acercarse a ellos, todos quedaron admirados por su aspecto y delicada figura, aunque ninguno estuviera dispuesto a admitirlo. Después de haber estado conviviendo con Bilbo las últimas semanas, todos ellos habrían jurado que el hobbit era del tipo que se paralizaba frente a una dama, incapaz de decirle una palabra sin sonrojarse completamente y avergonzarse a sí mismo. El verlo coquetear descaradamente con la hija de Elrond fue shockeante y el que ella le respondiera de la misma forma hizo que más de alguna mandíbula se fuera al suelo. El único que no estaba tan impactado era Ori, obviamente, pero eso no evitaba que se sorprendiera un poco por la manera de actuar de su señora.
Mientras los enanos aun no reaccionaban, la conversación entre las dos mujeres continuaba tranquilamente, con una que otra intervención de Elrond. En cuestión de minutos ambas quedaron siendo grande amigas, más cercanas de lo que Bilba había sido alguna vez con muchas de las hobbits de su edad.
Los enanos estaban empezando a recuperarse de la impresión, cuando la banda empezó a tocar una canción bastante animada, la cual no parecía concordar la imagen previa que los enanos tenían sobre las fiestas de los elfos. Pero en cuanto notaron como los ojos de Bilba brillaban al reconocer la canción, supusieron que era una melodía hobbit.
"¿Cómo?" fue lo único que pregunto Bilba, alternando su mirada entre Elrond y Arwen.
"Solo tuvimos que buscar algunos libros sobre las costumbres hobbits en nuestra biblioteca" explicó Elrond.
"Y el que la mitad de sus costumbres estén relacionadas con fiestas y celebraciones en las que tocan música significo que encontramos información muy detallada sobre ella" añadió Arwen con una sonrisa.
"Bueno, entonces sabrán que estas canciones no pueden sonar solas" dijo Bilba y todos la miraron extrañados, los enanos por fin volviendo a poner atención a lo que pasaba a su alrededor. Bilba extendió su mano y Arwen la tomó, intuyendo su intención "¡Tienes que ser acompañadas por palmas contra palmas y pies que no toquen suelo! Vamos, te enseñare el baile que le corresponde a esta canción"
Fue así como Bilba llevó a Arwen de la mano, teniendo que levantar su mano por sobre su hombro para que Arwen no tuviera que ir inclinada, a la pista de baile. Elrond y el resto de los elfos vieron la acción entre enternecidos y entretenidos, y los más jóvenes no tardaron en acercarse a Bilba, atentos a sus palabras con tal de aprender el nuevo baile. En cuestión de minutos, decenas de parejas saltaban, aplaudían y formabas figuras al son de la música. Las risas no faltaban, pero indudablemente quien más energía tenía a través de todo esto era Bilba. Sus pies eran los que más resonaban contra el suelo entre saltos y saltos. Hubo en minuto en que dio una señal y se cambiaron las parejas, de forma que quedó con una elfa que era incluso aún más alta que Arwen. ¿La solución que encontraron los elfos para el problema de alturas? Dos de ellos tomaron a la hija del destino y la alzaron hasta una mesa, frente a la cual su compañera siguió bailando, ambas riendo descontroladamente.
Los enanos miraban a su querido hobbit disfrutar de sí mismo en un rincón algo apartados, sin querer entrometerse. Pero esto no les duró mucho. De pronto se acercó una elfa y caminó directo hacia donde se encontraban los tres más jóvenes de la compañía. El resto los observaba divertido al darse cuenta que sus caras habían tomado un tinte rosa, pero no dijeron nada.
"¿Te gustaría bailar conmigo?" pregunto la elfa.
Kili, que era el más extrovertido de los tres, y el más acostumbrado a recibir insinuaciones, sonrió encantado, pero esa sonrisa cayó al ver que la elfa daba un paso hacia Ori y este asentía, tomando la mano que le ofrecían y dirigiéndose hacia donde todos estaban bailando. Grandes risotadas resonaron entre los enanos al ver la expresión de Kili, pero no paso mucho tiempo más ante de que cada uno de ellos fuera llevado a la pista, intentando seguir el ritmo de la música junto con los pasos que Bilba les enseñaba pacientemente.
Al final solo Thorin y Dwalin quedaron parados solos, ambos con un ceño fruncido que no hacía que alguna de las elfas se les quisiera acercar. Incluso Balin estaba bailando, o intentando hacerlo, con lo que parecía ser una elfa aun en la niñez. La pequeña se había sentido en confianza con el enano en cuestión de segundos por su aspecto de abuelo.
Cuando cambió la canción, Bilba hizo que todos se detuvieran para poder explicar los nuevos pasos antes de seguir bailando. Este era un baile grupal, en el cual las parejas definidas no eran necesarias y todos interactuaban con todos. Fue entonces que se dio cuenta de que le faltaban dos enanos en el baile. Dio las instrucciones generales y se dirigió a la esquina donde estaban los dos amargados.
"¿Qué se supone que hacen ustedes dos acá y no bailando?" les preguntó poniéndose las manos en la cintura.
"Yo no bailo" dijo Thorin.
"Tampoco" añadió Dwalin.
"Tonterías, todo el mundo baila. Puede que algunos bailen mal, pero eso no significa que no bailen. El bailar es necesario"
"No para nosotros" contesto Thorin.
"Bueno, por hoy va a ser necesario que lo hagan. Necesito tener a todos mis amigos bailando a mi lado" exigió Bilba, una vez más sin dejarse intimidar por la actitud de Thorin "Así que los quiero ver a los dos en el baila ahora mismo"
Y así, sin esperar ninguna respuesta, Bilba los tomó por los brazos y los llevó hasta donde estaban el resto de los enanos. Pudo haber sido por la sorpresa o por la fuerza que ninguno de los dos enanos sospechaba que la hobbit pudiera tener, pero consiguió arrastrarlos sin mayor resistencia. El resto de la noche estuvo llena de baile, comida, risas y juegos. Bilba podía asegurar que nunca lo había pasado tan bien en alguna celebración en la Comarca, donde era probable que nunca sería aceptada y respetada de la forma en que lo era entre los elfos y ahora los enanos.
La fiesta continuó por varias horas más, hasta que ya era bien entrada la noche y se acercaba el amanecer la música no se detuvo. Tampoco se acabó la comida ni la bebida. Muchos otros se sorprendieron por la capacidad de Bilba de comer y beber sin detenerse, pero ella de nuevo le quitó importancia, señalando que era normal para todos los hobbits comer de esa manera.
"Bueno, ya lo puedo decir sin temor a equivocarme: estoy agotado, siento que ya no puedo dar un paso más" dijo Bilba dejándose caer en una banca junto a los enanos, después de haber bailado otras tres canciones enteras.
"No entiendo de donde sacas toda esa energía" le comentó Bofur, que tenía la cabeza apoyada sobre la mesa, usando su sombrero como almohada "Hace más de una hora que no he sido capaz de levantar mis pies, mucho menos bailar de la forma en que lo has hecho tu"
El resto de los enanos emitieron gemidos de aprobación, cada uno con diferentes niveles de agotamiento. Bilba se rió de ellos mientras se servía un poco de agua.
"Pero bueno, un hobbit sabe cuándo ha alcanzado su límite y este hobbit ciertamente lo ha alcanzado" dijo Bilba con una sonrisa aletargada y sus parpados algo caídos "Iré a agradecerle a Elrond por las molestias y luego me retiraré a mi habitación. Les deseo buenas noches a todos. Y gracias a todos"
"¿Por qué nos das las gracias, muchacho?" le preguntó Balin al borde del agotamiento.
"Estoy consciente de que no le son agradables los elfos. Les agradezco el esfuerzo que han hecho esta noche, por aprender los bailes de mi gente y no causar problemas en general" Bilba les hizo una pequeña reverencia y fue a buscar a Elrond.
"Sin lugar a dudad, ese hobbit es algo especial, hijo del destino o no" declaró Bofur, mientras todos la veían alejarse.
"Ustedes no tienen ni idea" susurró Ori.
N/A: Bueno, eso era. Espero que les haya gustado. Balin se está haciendo una idea de lo que podría estar pasando entre Thorin y Bilba, pero aun falta mucho para que se descubra la verdad. Trataré de subir el siguiente capítulo lo más pronto posible, pero no puedo prometer nada. Muchas gracias por todos los comentarios, en realidad me han animado un montón a seguir escribiendo.
