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Desde que había probado lo que era el sexo, Elena sentía necesidad de más. Ver a Damon en clase le hacía recordar su noche de pasión y eso la ruborizaba y excitaba al mismo tiempo. Le costaba atender a la explicación que daba él en clase, puesto que su mente fantaseaba con volver a estar en su cama.
-Estás muy distraída hoy -le dijo Caroline en la hora del almuerzo-. ¿Te pasa algo?
-¿Qué? Perdona no te estaba escuchando -se disculpó la joven, volviendo a la tierra.
-Elena, ¿estás bien? -se preocupó Bonnie, posando una mano en el hombro de su amiga.
-Sí, claro. Es solo que anoche no dormí muy bien...
-Te entiendo -suspiró Caroline con cansancio-, yo también me quedé hasta las tantas estudiando Historia. Dios, hay tanto que memorizar...
-Pero si vosotras no tenéis de qué preocuparos -les dijo Matt, incorporándose a la conversación-. Sois unas celebritos. Yo sí que debería estar preocupado. En cambio, esta noche he dormido como un tronco -sonrió con orgullo.
-Pero habrás empezado a estudiar al menos, ¿no? -le preguntó Bonnie al chico.
-¿Tan pronto? Ni loco.
-¿Pero cómo que pronto? -se alteró Caroline-. ¡Pero si el examen es el miércoles!
-Vaya, pues no me acordaba... -dijo Matt agachando la cabeza derrotado.
"¿Que el examen de Historia era el miércoles?" gritó Elena mentalmente, quien aún no había empezado a estudiar. Tendría que ponerse a estudiar pero ya. Con las ganas que tenía de ver a Damon al martes...
D&E
El martes, al terminar la clase de Literatura, Elena esperó a que se fueran todos para hablar con Damon.
-¿Ocurre algo? -preguntó este extrañado, pues habían acordado no quedarse a hablar después de las clases a menos que fuese importante.
-Esta tarde no voy a poder venir -dijo ella con pena-. Mañana tengo un examen de Historia y a penas he estudiado.
-Tranquila, no pasa nada -le sonrió él ahora más calmado, cogiéndole la mano deseoso de sentir ese cosquilleo que sentía al tocarla-. ¿Por qué has esperado al final de clase para decírmelo en lugar de mandarme un mensaje? -preguntó curioso.
-Necesitaba estar contigo, tocarte... -explicó ella acariciándole la mano que él le había tendido-. ¿Sabes? No puedo parar de pensar en la noche del viernes.
-Yo tampoco -coincidió él, imitando las caricias de la chica.
-Estoy deseando volver a repetirlo...
Sin decir nada, Damon se levantó del asiento, la cogió de la mano y se la llevó a la zona de la clase que actuaba de punto ciego, puesto que desde ninguna ventana ni puerta podía verse.
Una vez allí, el chico acorraló a Elena contra la pared y la besó con ansia. Ella le correspondió de inmediato, rodeándole el cuello con sus brazos y hundiendo sus dedos en el pelo de él. Damon aprovechó que esta entreabrió la boca para introducirle su lengua, entrelazándose así la de ambos en una pasional y frenética danza.
-Elena... -murmuró él cuando se tuvieron que separar para respirar-. Vas a conseguir volverme loco.
-Creo que empiezo a arrepentirme de anular nuestra cita de hoy -susurró ella contra sus labios.
-El deber es lo primero. Tranquila, te lo compensaré el viernes -sonrió pícaramente él-. Si sigues queriendo verte conmigo, claro.
-Pues claro que quiero seguir viéndome contigo -aseguró Elena posando ambas manos en las mejillas de él-. Sería una ilusa sino.
Damon la volvió a besar, esta vez había algo más que pasión y deseo en sus labios, había algo mucho más profundo que todo eso, había amor.
-Será mejor que vuelvas a clase -sugirió él.
-A estas horas no creo que me dejen entrar. Sage es muy estricta con los horarios.
-Así que, señorita Gilbert, ¿no tiene dónde pasar los próximos cuarenta y cinco minutos? -preguntó él divertido.
-Estaba pensando que tal vez mi profe favorito podría aprovechar ese tiempo para una nueva lección -sugirió ella jugando con los botones de la camisa del chico.
-Veré qué puedo hacer... -dijo Damon antes de darle un beso para después susurrarle al oído-. Te espero en mi despacho en cinco minutos.
Sin más explicaciones, el chico se fue dejándola sola en el aula.
Tal y como le había pedido, Elena fue su despacho, aunque tardó menos de cinco minutos.
Al entrar y cerrar con pestillo como siempre, fue a sentarse en el regazo de Damon.
-Así que quieres una nueva lección, ¿eh? -dijo él con voz traviesa.
-Exacto -afirmó ella rozando su nariz con la de él.
-Está bien...
Antes de que Elena pudiese decir nada, Damon se lanzó a sus labios y los devoró con ansia, dándole pequeños mordiscos incluso.
La chica no supo cuáles eran las intenciones de él hasta que este se deshizo de los shorts de ella.
Elena quiso quitarle a él la ropa también, pero no la dejó.
-Shh... -chistó Damon contra sus labios cuando ella iba a protestar-. Solo siente -dijo acariciando los muslos desnudos de la chica, cerca de su zona íntima.
La joven se retorcía de deseo anticipado, buscando ser saciada.
El chico le desprendió las braguitas de encaje rojas y continuó jugando y acariciando su cuerpo cerca de su zona de placer.
-Damon... -jadeó Elena contra su oído.
-Disfruta de tu nueva lección: juegos manuales -le dijo él introduciendo un dedo en el interior de ella.
El chico ahogó los gemidos de la joven con su boca, gemidos que aumentaron cuando este introdujo un segundo dedo y jugó con el clítoris de ella hasta que esta explotó en un placentero y explosivo orgasmo.
-¿Qué? ¿Te ha gustado la clase? -rió él divertido besándole la mejilla mientras ella recuperaba fuerzas.
-Reafirmo lo dicho: eres mi profe favorito -sonrió Elena posando las manos en la nuca de él y dándole un beso para después unir sus frentes.
-Y tú mi alumna favorita -coincidió Damon también sonriente.
-Mi turno -dijo la joven llevando sus manos los vaqueros de él con intención de desabrochárselo.
-En otra ocasión quizá -la detuvo el chico-. Casi se nos ha acabado el descanso.
-Pero eso no es justo -se quejó ella haciendo pucheritos-. Tú me has dado placer y yo a ti no.
-Te aseguro que darte placer es lo más placentero y gratificante que he hecho en mi vida.
-Esto no quedará así... -dijo Elena cruzándose de brazos.
-¡Oh, vamos! No te enfades, nena. Encima que has sido tú la que ha tenido un orgasmo... -rió él divertido-. Ya tendremos tiempo de sobra para el resto... -añadió dándole uno de esos intensos besos que la hacían olvidarse de todo salvo de ellos dos uniendo sus almas como una sola.
D&E
En la tutoría del jueves, Elena estaba dispuesta a retomar lo que Damon había interrumpido aquella mañana del martes, aunque este se resistía a caer en su juego.
-Elena... -le regañó el chico cuando esta, que estaba sentada a horcajadas sobre él, empezó a moverse, restregándose contra su cuerpo en un intento de excitarle.
-No nos oirán -aseguro ella, besándole el cuello.
-Será mejor no arriesgar –logró decir él en un leve gemido.
La joven dejó de besarle la garganta para mirarle a los ojos.
-¿Cómo haces eso? -le preguntó él colocándole un mechón de pelo detrás de la oreja y dándole un corto beso.
-¿Hacer qué? -dijo ella jugando con los pelos de detrás de la nuca de él.
-Volverme loco por ti -susurro Damon a escasos centímetros de sus labios.
-Podría acusarte de lo mismo -sonrió la joven dándole un pasional beso.
Mientras se besaban, el chico metió las manos por debajo de la camiseta de ella y realizó un camino de caricias hasta llegar a los senos, donde se entretuvo por más tiempo.
-Damon... -gimió tímidamente ella, tirándole del cabello para agarrarse bien a él.
-¿Qué tal te fue el examen de Historia? -preguntó este divertido, sin parar sus caricias.
-¿En serio quieres que piense en eso ahora? -logró decir Elena con la respiración entrecortada debido a la excitación.
-Está bien -dijo él deteniéndose en el acto y retirando sus manos de la piel de ella-. ¿Y ahora? ¿Vas a decirme cómo se portó Ric con el examen?
-Mejor que tú, seguro -se quejó la joven haciendo pucheritos, puesto que la estaba poniendo a cien y no la dejaba explotar en ese placer que solo él le hacía alcanzar.
-Venga, no te pongas así... -le dijo Damon imitando sus pucheritos, haciéndola reír-. Eso me gusta más -celebró dándole un beso en la comisura de los labios.
-El examen fue fácil -contó ella-. Lo que me costo más fue concentrarme y dejar de pensar en ti.
-Así que ahora soy una distracción, ¿eh?
-Yo no lo llamaría así -le contradijo la joven juntando sus frentes.
-¿Y cómo lo llamarías?
-Mi punto débil -dijo ella volviendo a unir sus labios.
D&E
El viernes por la tarde, Elena llegó a su cita con Damon puntual como siempre. Nada más aparcar el coche, vio que él la esperaba junto al Camaro, al otro lado del garaje.
La chica sonrió y fue a reunirse con Damon, quien la recibió con un dulce beso.
-¿Qué te apetece hacer hoy?
-Estaba pensando en quedarnos aquí -propuso ella con voz traviesa.
-Suponía que dirías eso -rió él rodeándole los hombros con un brazo y dándole un beso en la sien para después conducirla hacia la casa.
La pareja entró al amplio salón, donde Elena volvió a encontrarse con aquel piano de cola negro que tanto le llamó la atención la primera vez que estuvo allí.
-¿Tocas? –le preguntó él al seguir la dirección de su mirada.
-Siempre quise apuntarme a piano, pero mis padres no me dejaron. Decían que era un gasto de dinero innecesario.
-Hmm... Pues creo que es otra cosa que voy a tener que enseñarte –sonrió él de lado, cogiéndole de la mano y condiciéndola hacia el piano.
-¿En serio? Soy horrible tocando.
-Por eso te voy a enseñar.
Damon le hizo una señal de manos para que se sentase junto a él frente al majestuoso piano. El chico empezó a acariciar las teclas con delicadeza, cerrando los ojos mientras sus dedos presionaban tímidamente unas teclas y hacía sonar una corta pero armoniosa melodía.
-¿Qué te gustaría tocar? –preguntó él abriendo los ojos y girando la cabeza para mirarla.
-Primero me gustaría oírte tocar a ti –dijo ella, deseosa de oírle tocar el piano.
-Como quieras... –accedió él sonriente-. Pero te advierto que he perdido algo de práctica.
-No importa, sé que será hermoso.
-Confías demasiado en mí.
-Confío en ti más que en cualquier otra persona, más que en mí misma. Y a mí no me parece demasiado –le contradijo ella.
Damon no respondió al comentario, solo cerró los ojos y volvió a concentrarse en el piano, haciendo sonar la tan conocida pieza Für Elise de Beethoven.
-Adoro esa bagatela.
-Todo un clásico –coincidió él, cambiando a otra pieza sin haber terminado esta-. A ver qué tal esta...
-¿Cuál es? –preguntó Elena curiosa, pues no la reconocía.
-Nocturne, opus 27 nº2, de Chopin –explicó él, deteniendo la melodía lentamente-. Ahora tú.
-¿Yo qué?
-Que toques algo –la animó Damon.
-Ni hablar, soy malísima.
-Está bien, tocaremos los dos juntos, ¿te parece?
-Pero no te rías –le pidió ella.
-Nunca me reiría de ti. Contigo, mucho. Pero de ti nunca.
Acto seguido, Damon empezó a tocar una sencilla y animada melodía en el lado derecho del piano, haciéndole una señal con la mano izquierda a la chica para que le imitase en el otro extremo.
-Empezaremos aquí y nos encontraremos en el centro –propuso él-. Vamos, demuéstrame lo que sabes, Elena. Yo también confío en ti y sé que eres mejor de lo que dices ser.
La chica no quería defraudarle, por lo que empezó a tocar teclas del piano para rimar la melodía que él estaba tocando. Poco a poco, sus movimientos se hicieron más fluidos y seguros, llegándose a evadir tanto que no se percató de la atenta mirada de Damon hasta que sus miradas se encontraron cuando sus manos chocaron al llegar al centro del piano.
-Me gusta cómo suena eso –la felicitó él con una sonrisa sincera.
-Lo he hecho horrible.
-Para nada, ha sido increíble. Nunca te he visto más relajada y segura de ti misma.
-Es que tú me pones nerviosa –se excusó ella algo ruborizada.
-Tú me pones, simplemente –le dijo él con una sonrisa pícara.
Elena se mordió el labio inferior al encontrarse con esos hermosos ojos azules que brillaban de puro deseo y prometían una larga noche de pasión.
-¿Vamos a mi cuarto? –prepuso él al ver cómo la joven le desnudaba con la mirada.
-Vamos –accedió rápidamente la chica, levantándose de la banqueta y tomándole de la mano.
Damon se dejó conducir por ella hasta el dormitorio principal donde, una vez allí, la agarró de la cintura y la aupó hasta hacer que esta rodease su cintura con las piernas. La pareja se besó con necesitad contra la pared más próxima a la puerta, donde se desprendieron de la ropa superior en arrebatos de lujuria.
El chico la condujo hacia la cama, donde cayeron juntos sin separar sus bocas ni por un segundo. Después de eso, Damon comenzó un camino de caricias y besos que recorrió el cuerpo completo de la joven, quien arqueó la espalda deseando ser tomada.
Una vez se hubieron desnudado mutuamente, Damon cogió un preservativo del cajón de la mesita de noche y las caricias y besos continuaron hasta unir sus cuerpos y alcanzar el clímax juntos.
Cuando sus respiraciones se normalizaron y el chico volvió del cuarto de baño tras deshacerse del preservativo, la pareja se abrazó en la cama.
-¿Es normal que ahora esté siempre así?
-¿Así cómo? –preguntó Damon, acariciando suavemente la espalda desnuda de la chica.
-Con ganas de hacer el amor contigo a cada momento -respondió ella dibujando círculos con sus dedos en el torso desnudo de él.
-Supongo que es como siempre al probar una experiencia nueva: quieres repetirla una y otra vez hasta que te acabas cansando de ella.
-Nunca me cansaré de ti -aseguró Elena.
-Eso espero, por que yo tampoco me cansaré de ti -coincidió él inclinándose para unir sus labios.
Elena se movió para posicionarse encima de él y profundizar así el beso, a la vez que sus zonas íntimas se rozaban.
-Aunque una cosa es no cansarse y otra muy distinta es matarme a polvos -rió Damon contra sus labios-. Vas a acabar reventándome, nena.
-No veo que tu cuerpo se queje -rió ella dirigiendo su mirada a su ahora erecto pene.
-Un drogadicto consumiría droga hasta matarse. Tú eres mi droga -le dijo él volviendo a unir sus labios con ansia.
-Quédate conmigo hasta mañana –le pidió él entre besos.
-No puedo, tengo que estudiar. Tengo examen de Literatura el lunes.
-Será capullo el tío ese, ponerle un examen a mi chica un lunes...
-Querrá tener el próximo fin de semana libre para hacer a saber qué –le siguió el juego la joven.
-Será que tiene a alguien especial con quien que compartir ese fin de semana...
-Será –coincidió Elena uniendo sus labios y cubriendo de caricias el torso de él, para luego volver a unir sus cuerpos una vez más.
Damon había puesto el examen un lunes para así tenerlo corregido antes del viernes y estar libre de trabajo el fin de semana. Como había partido ese fin de semana, las amigas de Elena iban a tener más ensayos con el equipo de animadoras, por lo que no podrían quedar con esta. Por otro lado, Alaric se iba fuera de la ciudad para arreglar el papeleo de una investigación que estaba realizando y no vendría hasta el domingo por la noche. Eso significaba que Damon y Elena tenían todo el fin de semana para ellos solos, con la única pega de que ella no podía quedarse a dormir en casa de él. Por lo demás, prometía ser un fin de semana perfecto.
