I N Q U E B R A N T A B L E
CAPITULO 9
"EL ENCUENTRO"
Cada vez que lograban avanzar grandes distancias, los jóvenes fugitivos al elegir el lugar para descansar inspeccionaban minuciosamente el área. Armand entrecerraba sus ojos intentando ver más allá en la lejanía, mientras que Terry agudizaba todos sus sentidos para percibir alguna señal de habitantes. Y una vez que confirmaban que no había ni una persona a la redonda descansaban.
—¿Cómo estás?
—Estoy cansado, tengo frío, y tengo hambre… pero ¡Soy libre!
—¡Gracias a Dios lo somos!, Creo que ahora si nos daremos el lujo de dormir aunque sea un poco más, al parecer no hay peligro.
—Así es, en lugar de darte el sí ya casi oyes mi ronquido, estoy exhausto.
Transcurrieron algunas horas, el sueño venció a los agotados jóvenes, quienes al cabo de descansar extensamente, de manera abrupta despertaron a la par al escuchar unas voces apenas perceptibles de entre ellas sobresalía una voz fuerte y firme que daba órdenes.
—Son soldados, se están acercando al río, vienen hacia acá —con vista de águila Terry los veía.
—Si, es una tropa, de seguro nos están buscando —le confirmaba su visión Armand.
—Dejaremos el río y nos adentraremos al bosque otra vez.
—El bosque será ventajoso para nosotros, aunque tardaremos más en llegar al puerto.
Terry pensaba que ahora tendrían que enfrentarse a fuerzas muchísimo más poderosas que a las de la naturaleza salvaje que los rodeaba. Nunca se había sentido tan pequeño y protegido como a la sombra de esos gigantes árboles.
Fue así, después de caminar incansablemente kilómetros y kilómetros, a través de arbustos y árboles que milagrosamente vieron como los soldados se dirigieron hacia el lado opuesto que ellos.
—Creo que han desistido seguir esta ruta.
—No cabe duda que traes ángel de la guarda amigo.
—Creo que empiezo a ser creyente. ¿Tienes hambre? Aún me quedan varias moras, podemos parar y comerlas.
—No, ya he comido tantas que hasta ya he empezado a odiarlas.
—Sabes Terry, por una parte me alegro de no estar solo, pero lamento profundamente haberte arrastrado a esta infamia. Me pregunto qué pecado habrás cometido para merecer esto. Jajaja.
—¡Tal vez haber nacido! Jajaja.
Rindiéndose a la debilidad que sentía en las piernas, pero más por el peso que sentía en su alma Armand se dejó caer al suelo. De rodillas le pidió perdón a Terry.
—Terry mi Amigo, en verdad que siento desde lo más recóndito de mi ser, haber sido el causante de tanta penuria y sufrimiento. Perdóname, y acepta mi compromiso moral y de caballeros que a partir de este momento te ofrezco mi vida y gratitud eterna. Seré una persona servicial a tu disposición. Nadie nunca me había demostrado tanto coraje, valor y amistad. Te estaré eternamente agradecido Amigo del alma.
El joven Grandchester tenía acuosos sus ojos, había sido un largo tiempo de sufrimiento, de tormento y dolor. Y nadie mejor que Armand sabía y sentía lo que fueron esos doce meses para el aristócrata.
—Vamos, vamos no es tiempo de flaquear, tú no eres culpable de nada, y si buscas a quien culpar, entonces condena a las circunstancias, pero es mejor que no desaproveches esa energía en sentirte mal. Y solamente te pediré dos cosas, que sigamos el camino y que no te rindas nunca, ¿De acuerdo Amigo?.
—De acuerdo. Muy bien. Entonces avancemos hacia el norte, he pensado que no estamos muy lejanos de Normandía, y mi plan consiste en que tú zarpes del puerto "El Havre" hacia América,y yo partiré hacia Southampton ya que me ocultaré y buscaré ayuda en Londres — animadamente decía el Diplomático.
—Perfecto, eso haremos Armand —con toda la fe del mundo Terry aceptaba el plan.
La infalible compañía que ellos tuvieron fue la majestuosa y diversa franja del cielo que vieron durante muchos amaneceres, pasó del claro azul a un índigo oscuro, se guiaban con los pálidos fulgores de la luna que después del negro abismal nuevamente llegaba la luz acogedora de los rayos solares. Esa fue su visión y compañía durante varias semanas.
*******
—¿Candy, vas a salir a la cubierta otra vez? —le preguntó Albert mirándola preocupado.
—Eso había pensado — era asombroso cómo Albert podía adivinar su pensamiento.
—Ten cuidado, hay demasiada neblina.
—No te preocupes, me cuidaré bien.
La Pecosa ansiaba estar frente al mar deseaba que la brisa despejara su mente y corazón, sus manos fuertemente se sujetaban de la baranda de acero del imponente navío que surcaba el Atlántico.
El viento le retiraba de su rostro las lágrimas que anunciaban el desahogo de su tristeza. Su mirada seguía perdida en aquellas profundas y oscuras aguas, inevitablemente sintió añoranza por aquel mejor momento de su vida, su encuentro inesperado en la cubierta del Mauritana, era su recuerdo más clavado, el deseo palpitante que había sentido de joven y que hasta la fecha no la dejaba vivir.
—¡Oh Terry, te extraño tanto! En una noche como esta te conocí, daría todo porque aparecieras nuevamente en mi vida.
******
Prodigiosamente Armand y Terry llegaron a la costa de Normandía. Con su aspecto de vagabundos fácilmente se filtraban entre la gente que los evitaba por asco. Ellos se desplazaban con extrema precaución, puesto que en cada esquina veían policías o soldados vigilando y resguardando el orden de aquel embarcadero.
Tener nuevamente la cercanía del mar al aristócrata le erizó la piel, pues veía como cada vez era menor la distancia entre él y Candy. Sin perder tiempo Armand buscó a sus amigos para embarcarse inmediatamente, pero su alegría se desvaneció cuando vio que de un poste pendía un cartel mediante el cual las autoridades francesas anunciaban una recompensa por las cabezas de ellos dos, los acusaban de traición y conspiración contra Francia. Le sorprendió la rapidez con que difundieron la noticia y sus rostros para atraparlos.
Al Diplomático le avergonzaba interrumpir el ensueño que en ese prodigioso momento disfrutaba Terry con sus ojos cerrados y respirando la brisa del mar.
—Armand, lo logramos estamos en el puerto "El Havre", ahora busquemos a tus amigos para marcharnos a la mayor brevedad posible —emocionado decía el actor.
—Terry, me temo que tendremos que planear nuevamente, mira esto!!! —le extendió el cartel que había desprendido del poste.
El joven Grandchester después de leerlo, enfurecidamente resopló. Después de un largo tiempo en silencio y sumergidos en sus pensamientos individuales, finalmente el aristócrata le expuso al Diplomático:
—Armand, lo he pensado mejor, y aunque me duela en el alma aguantar algunos días te acompañaré a Southampton, pues estoy seguro que si ya nos buscan exhaustivamente, revisarán cada barco centímetro por centímetro, por lo tanto no me parece seguro cruzar el atlántico en un barco francés.
—Tienes toda la razón Terry, será mejor no arriesgarnos demasiado, no sería lo mismo que mis amigos nos ayudaran a llegar rápidamente a Inglaterra que durante la larga travesía a New York. Has atinado en tu conclusión amigo.
—Yo zarparé con rumbo a Inglaterra, pues si me quedo en Francia corro demasiado peligro en que me capturen pronto. Desde Londres continuaré mi investigación. Solo regresaré aquí para finalizar mi misión y encarcelar a los malditos verdaderos traidores.
—Yo te podría esconder en la villa de mi padre ubicada en Escocia. Ahí podrías vivir despreocupadamente en lo que decides retomar tu pesquisa. Yo te dejaría instalado y le daría instrucciones precisas sobre tí a los sirvientes. Además, de que ya merecemos comer y descansar como la "gente decente" ¡Jajaja!. Necesito ropa y dinero para zarpar de Edimburgo o Glasgow a América, urge deshacerme de esta facha de Chris Hetfield, tengo que lucir como quien soy en realidad, sólo así podré viajar discretamente como Terruce Grandchester, con el camuflaje del actor pasaré inadvertido, y ya no será tan peligroso hacer el larguísimo viaje. ¿Qué te parece mi proposición Armand?
—Terry, ya no me gustaría seguirte exponiendo, ya has hecho suficiente por mí. No deseo crearte problemas con tu familia, ni mucho menos arriesgarlos a ellos también. Lo mejor sería separarnos llegando a Southampton. Iré a Londres para buscar algunos nexos que me puedan ayudar.
—¡Jajaja! No me hagas reír, esa villa es prácticamente mía puesto que solamente yo la ocupo en mis vacaciones, y en cuanto a mi familia recordarás que te dije que carezco de ello. Lo importante ahora es mantenernos alejados de los franceses y sobre todo de recuperarnos físicamente, tenemos que alimentarnos y dormir hay que recobrar el tiempo perdido.
—¡Jajaja! No te quejes de mi menú ya que te alimenté con lo que pude: Nueces, moras, y uno que otro pescado que logré atrapar, estoy seguro que mejor dieta no encontrarás, recuerda cuidar tu imagen "actor" ¡Jajaja! Entonces vayamos con rumbo a Inglaterra.
—Gracias Armand, siento como si ya estuviera acabando mi pesadilla. Ver nuevamente el mar me da fortaleza, su brisa me susurra sonidos paz y esperanza.
******
Sus dotes de buen anfitrión y las atenciones que derrochaba Edward a Candy no cesaban y no pasaron inadvertidas por sus padres. Desde su regreso a Inglaterra, Edward había padecido nuevamente la preocupación de sus padres para que obtuviese un matrimonio ventajoso. Y obstinados con el tema, no dejaban de presionarlo, pues toda mujer de prestigioso apellido, acaudalada riqueza y aristocrática estirpe, representaba una posible candidata.
Sus padres el Conde y Condesa Stockstill por temor a las vicisitudes políticas que el país sobrellevaba por la guerra, querían salir intactos a las consecuencias que sufriera Inglaterra tras el fin del primer combate mundial.
Su intención de quedar ilesos, e incluso más consolidados los hizo pensar en América, para afianzar negocios en lo que se definía la situación final del Reino Unido. Por esa razón, la Srita. Andrew era la prometida perfecta para sus planes.
Edward se arrepintió de haberse mostrado tan interesado en Candy ya que ahora tendría que someterse a las órdenes de sus padres, a quienes conocía tan bien y sabía que no se detendrían hasta comprometerlo y casarlo con la Pecosa.
Y para empezar le organizaron una fiesta de bienvenida a los Andrew, haciendo énfasis en que presentarían ante la sociedad londinense a la futura heredera del Clan Andrew, por esa razón tanto Albert como Candy se vieron moralmente obligados a aceptar, pues diplomáticamente era un acto de suma importancia social, y el hecho de desairar tal evento equivalía a una ofensa para los formales y educados aristócratas ingleses.
Después de que el joven Stockstill les informo del magno evento se retiró de la villa Andrew de Escocia, dejó atónita a una Candy que no sentía la dicha de ser honrada con esos peculiares "detalles" de la alta sociedad, temía que su vida social nuevamente se saturara y se repitiera en Londres y Escocia tal como habían sido sus últimos meses en New York.
—Candy, no te veo muy animada con la iniciativa e invitación de Edward y sus padres, pero ya que se han tomado la gentileza veámoslo por el lado bueno. Edward ha sido una grata compañía para ti, y yo estoy muy contento porque has vuelto a sonreír aunque sea poco y superficialmente, pero eso ya es un avance Pequeña.
—De veras aprecio a Edward —dijo—. Es muy inteligente y considerado, y he disfrutado durante el tiempo que hemos pasado juntos. Sabes que detesto los bailes, pero estos últimos meses, con él a mi lado, no me ha importado bailar.
—Él ha sido bueno contigo Candy —le dijo Albert—. Y toda su familia te adora, pretenden convertirte en Condesa aunque tú no lo necesitas, eres una dama naturalmente elegante y convencional, además tu heredarás mi fortuna por lo tanto, tampoco necesitas riquezas pues todo lo mío será tuyo.
—Albert, ¿Entonces no renunciarás a ser el líder de todos los integrantes del Clan Andrew, es decir aceptarás las nuevas responsabilidades que conlleva ese distinguido prócer?
—Así es Pequeña, he pensado en no desampararte a ti ni a Archie de lo que les corresponde, tú sabes que la Tía-Abuela Elroy es muy autoritaria e imperativa, y esto deriva del poder que le brinda su categoría ante el clan, además ella ya es una mujer mayor que merece descansar, creo que al dedicar demasiado tiempo para sí misma la limitará en inmiscuirse en la vida de los demás ¿No te parece? Jajaja.
—Jajaja, tienes casi toda la razón pero… ¿Qué hay de ti y tu libertad?, Ser un importante hombre de negocios te apresará en tiempo, espacio y presión… y tu esencia mi querido Albert es sinónimo del viento: libre, imparable, y eterno viajero que transita por todo el mundo.
—¡Jajaja!, ¡Wow Candy! ¿Desde cuándo te expresas asi? No te apures Pequeña, George nunca me ha dejado solo, además en cuanto regrese Archie de su último viaje él también se integrará a la administración general de nuestros negocios, entre los tres sacaremos adelante las finanzas del clan.
—No te burles Albert, simplemente lo dije así y punto. Y sí: Qué alegría que pronto volverá Archie, ya ha pasado más del año que se fue y ya muero por volverlo a ver. Tal vez ahora que estamos en Europa nos veamos pronto.
—Sabes Pequeña, nunca me imaginé a Archie como un "trotamundos", aún estoy sorprendido de ello.
—Si Albert, coincido contigo, nunca pensé que Archie cambiara tanto, pero hay heridas en el alma que nos hacen pensar y actuar muy diferente a lo que siempre hemos hecho. Hay dolores que nos dejan un profundo vacío imposible de llenar, y eso es lo que imagino que sufre Archie tras la muerte de Stear.
—Así es pequeña, ese tremendo golpe que recibió Archie aún no lo ha podido asimilar ni mucho menos superar, pero aquí y en China estaremos para ayudarlo en cuanto nos permita el acercamiento verdad.
*****
—Lamento mucho tener que separarnos Terry. En verdad te estaré eternamente agradecido a pesar de las inhóspitas circunstancias que hemos vivido, ha sido un placer ser tu amigo.
—Basta no quiero que vayas a llorar. Dí que temes perderte y no sobrevivir pero ha llegado la hora de tomar cada uno su camino.
—Has sido un gran hermano para mí. Te estaré eternamente agradecido dos veces me salvaste la vida Terry. Yo siempre estaré al pendiente de ti para ayudarte. Nunca dudes en buscarme.
— No, no, no. Definitivamente he quedado espantado de amistades peligrosas, ya no te quiero volver a ver, ¡Jajaja!
— Sé que no lo haces con intención, pero cuando hablas con tanta aspereza puedes herir nuestros sentimientos. ¡¡¡Nunca me acostumbré a tu ácido y negro humor!!! ¡Jajaja!.
— No es verdad, sólo bromeaba, pero ya veo que me conoces bien! Al contrario Armand, yo te lo debo a ti, estoy en deuda contigo ¿Cuántas veces me salvaste de mí mismo mientras enloquecía y desfallecía en ese agujero? Fuiste la consciencia y fortaleza que en muchas ocasiones me abandonó y que tú con tanto esfuerzo las trajiste a mí.
Ya estaban en Southampton, el camino se bifurcaba ante el par de amigos, el momento de la separación había llegado. Un sólido, fraternal y entrañable abrazo fue la despedida de los hombres que a base de sufrimiento consolidaron su amistad.
Después de la cálida muestra de amistad ambos se vieron directamente diciéndose en silencio un hasta luego, cada uno tomó su rumbo sin mirar atrás, ninguno demostraría flaqueza, con grandes pasos se abrieron camino a la determinación y seguridad que necesitaban sus vidas.
******
Inesperadamente en una tranquila tarde Albert y Candy recibieron a la causante de sus pesadillas, la Tía-Abuela Elroy hacía su arribo en la villa Andrew en Escocia.
—Como matriarca del clan Andrew recibí una especial invitación por parte de los Condes Stockstill, te confirmo que si viajé y acepté venir aquí fue por la cordial, insistente y prestigiosa atención que nos han brindado —les aclaraba Elroy a ellos—.
Y lo he aceptado para no menospreciar a la nobleza inglesa, para que el apellido Andrew no se ponga en tela de juicio por una descortesía. Así que no te des la importancia que no tienes Candice, no viajé aquí por ti, sino por relaciones diplomáticas y negocios. Por cierto William, te informo que la reunión con el clan se realizará el próximo sábado y será aquí en nuestra mansión de Escocia.
—¿Aquí en casa? ¿Por qué si es tan importante lo estás haciendo tan informal? ¿Por qué no lo realizaremos en el Corporativo Andrew? —desconcertadamente preguntaba Albert.
—Por razones bélicas mi arribo a Londres se demoró y no alcancé a llegar puntual para asistir a la fiesta que los nobles Stockstill nos ofrecieron, por lo tanto para reparar mi falta, he decidido organizar una fiesta en agradecimiento al digno detalle, por esa razón habrá fiesta aquí en nuestra mansión el próximo sábado y aprovecharemos para reunirnos con los integrantes del clan, al fin de cuentas ya han sido invitados ellos y toda la aristocracia inglesa.
La razón e interés por la que los padres de Edward enviaron invitación hasta América, fue porque en realidad con quien les importaba quedar bien era con la Tía-Abuela Elroy. Ellos sabían que nadie superaba a Elroy en cuanto a contactos y relaciones en América.
Se afirmaba que en el mundo de finanzas las decisiones más relevantes dependían de su anuencia. Que en los negocios petroleros y banqueros nadie tenía más cabida ni influencia que los Andrew. Sus conexiones con Inglaterra llegaban a las más altas esferas y gran parte de su poder provenía de allí y de América.
Y ese era el poder que le sería concedido a Albert si aceptaba seguir siendo el líder supremo del Clan Andrew. Nada más ni nada menos que el poder petrolero mundial en tiempos de guerra, sí que era una fortuna. Además, de ya ser un magnate, se convertiría en uno de los hombres más poderosos del mundo.
******
Terry a como pudo viajó hasta Escocia, su último transporte lo hizo viajando como polizonte en una carreta que contenía paja, este material le sirvió para esconderse del carretero quien nunca percibió la presencia del aristócrata, el cual yacía reposando placenteramente pues la paja equivalía a un colchón de plumas, que lo llevó a disfrutar de una merecido siesta.
Curiosamente aún portaba algunos periódicos con los que se había cobijado durante las anteriores y frescas noches. Asombrosamente ese papel se había vuelto su único equipaje. Ahora pretendía cubrir su rostro con él, pero su corazón casi se le para al ver la foto de su amada Candy. Como loco extendió el papel para leer la nota que anunciaba el evento que se llevaría a cabo en la mansión de los Stockstill.
Una sensación calidoscópica de emociones sobresaltó al corazón de Terry a quien se le bloqueó la garganta cuando leyó el titular de la página de sociales: "Fiesta de Bienvenida para la Familia Andrew, quien presenta ante la Sociedad Londinense a su Heredera la Srita. Candice W. Andrew".
No podía creer lo que leía, rápidamente verificó la fecha, el evento ya había pasado, pero aún era reciente por lo que supuso que los Andrew aún habitarían su villa en Escocia. Frenéticamente salió de su escondite y le arrebató salvajemente las riendas de los caballos al carretero para dirigirse aceleradamente hacia la mansión Andrew, ahora más que nunca le urgía llegar a ese lugar.
******
La organización de la fiesta estuvo a cargo de la matriarca quien prestaba muchísimo ánimo en la coordinación del evento, se encargó desde seleccionar a los invitados hasta de las cuestiones menores.
La mansión Andrew deslumbraba lujosos adornos de fiesta, desde el portal de las rosas (el cual era muy similar al de mansión en América) hasta el majestuoso salón de baile desbordaban exquisita elegancia, el fino gusto de la Tía-Abuela daba muestras de la excelente anfitriona y lo aristocrática que era.
Con dos centenares de invitados la mansión parecía un mar de gente, de todos los rincones emanaba la algarabía de las variadas pláticas que ahí se desarrollaban. El ambiente era muy sofisticado, la más selecta alcurnia inglesa convivía amenamente esa noche. Elroy aprovechó un breve tiempo antes de iniciar el baile para solicitarle a Albert que se reuniera con los líderes del clan.
El rubio se encontraba platicando plácidamente con Candy y Patty cuando la longeva mujer lo llamó.
—William, ya es hora de que te reúnas en la biblioteca con los importantes hombres Andrew ya te esperan ahí.
—¡En este momento! ¡Es que me parece tan inapropiado Tía-Abuela! Hay demasiado ruido y simplemente no es lugar ni fecha adecuada — le debatía el inconforme Albert.
—Respeta mi decisión William, yo no estaré aquí siempre, mientras yo viva así serán las cosas, ya muerta entonces sí harás lo que quieras, mientras deja de ser la sombra de Candice, no le pasará nada a esa mujer en tu ausencia. Además, según tú serás muy breve puesto que renunciarás ¿O no?—el rubio tragó saliva y se negó a pensar en el día en que Dios le arrebataría a la indomable matriarca—. Yo te alcanzaré en unos minutos, solamente daré el mensaje del inicio del baile, y en cuanto terminemos nuestra reunión, anunciaremos la cena.
Fue así que el rubio se reunió en el amplio y fino despacho con los veteranos hombres, pues era algo que ineludiblemente su responsabilidad como cabeza del clan le obligaba atender para darles su respuesta final.
Al ver que Albert se había retirado a la biblioteca, la veterana mujer inició su mensaje a todos los invitados.
—No sé cómo expresarles y retribuirles por lo feliz que me hacen al recibir tan cordial y dignamente en esta inigualable y destacada sociedad a mi amada familia, especialmente a mi adorada sobrina-nieta la Srita. Candice White Andrew, a quien no recuerdo haberla visto nunca antes tan dichosa como ahora; desde que encontró la compañía y amistad del Sir Conde Edward Stockstill es otra, es una mujer sobradamente feliz. Aprovecho la ocasión para corresponder y enaltecer al Clan Stockstill su excelente merced de anfitrión, ya que ellos fueron quienes nos brindaron una monumental presentación social en este país. También agradezco a cada uno de ustedes su distinguida presencia aquí, espero que sea la primera de muchas más reuniones, ya que al parecer nuestras familias se unirán por mi amada nieta y por el Conde Stockstill ¡Salud por ambos clanes!
Después de oír esto a Candy se le borró la sonrisa y bebió inmediatamente más de tres copas y enfurecida salió a la terraza, le faltaba aire. No podía creer la osadía de Elroy, ¡Cómo se atrevía hacer una insinuación de ese tipo! Y sobre todo hacerlo de la peor manera: Públicamente.
—Patty, por favor regálame cinco minutos a solas ¿Si? Necesito digerir las aberrantes palabras de Elroy —casi con bufidos le dijo la Pecosa a su amiga. Y después de eso se retiró.
******
Al llegar Terry a la mansión de los Andrew, se dio cuenta que estaba abarrotada de invitados, el perfume de prestigiosas marcas flotaba en el aire. Y al ver a tanta gente tan elegantemente bien vestida y alegre Terry sintió más que nunca que ningún vínculo él tenía con esa sociedad, no podía acercarse ya que su aspecto de delincuente o vagabundo causaría alboroto entre esa escrupulosa multitud, y ahora con su nueva apariencia y condición de fugitivo era lo que menos necesitaba, llamar la atención de todo mundo.
Terry subió por alguna de las plantas enredaderas que estaban sobre la pared y de esa manera llegó a una de las varias terrazas de esa mansión, eligió la que estaba más oscura para evitar que alguien lo viera.
Al cabo de unos minutos Edward alcanzó a Candy en la terraza, era una oportunidad para estar a solas con ella que no desaprovecharía.
—Disculpa mi interrupción a tu intimidad Candy —dijo Edward —, pero creo que tu Tía-Abuela manifestó impertinentemente mis deseos. Y sé de antemano que esto te ha enfurecido Candy —se acercó a ella llevando consigo dos copas, la de él y la ya acostumbrada copa para la Pecosa.
—Siempre ha sido así, ella cree que yo le debo estar eternamente agradecida y que por ello debo obedecer sin protestar todas sus órdenes. No te preocupes Edward contigo no es el problema. Es con ella. Estoy segura que has escuchado los rumores que soy la candidata ideal para ti o para Neal Leegan y por eso ella no se detendrá hasta dejarme bien casada con alguno de ustedes dos.
—Yo por supuesto que lo haría, tú sabes Candy mis sentimientos hacia ti, son profundos y sinceros. Si tú me aceptaras mañana mismo nos casaríamos. ¿Por qué no me das la oportunidad de hacerte feliz? ¿O es acaso qué prefieres a Neal?
Al no causarle gracia sus comentarios, Candy enojada le respondió.
—Es mejor que te retires Edward no quiero desquitar contigo mi enojo. Quiero estar sola por favor!
—¡Ah, no! Has bebido demasiado y no sería conveniente que te quedes aquí sola, yo te haré compañía y te cuidaré — inesperadamente abrazó tiernamente a Candy.
Entonces ella lo miró detenidamente los efectos del vino se empezaban a manifestar en la Pecosa , aunado a que había cierto aire con su inolvidable Terry que inevitablemente siempre se lo traía a la mente, tal vez era su educado y fino acento inglés, su oscura y larga melena. Candy no sabría descifrarlo, pero ella siempre pensó que era su gran deseo de volver a tener cerca a Terry, que por eso se conformaba con el recuerdo que Edward le traía del único hombre que aún la hacía suspirar.
—Gracias Edward tú has sido tan bueno y paciente conmigo… y yo me he portado muy mal contigo.
Edward aprovechó la confusión de Candy para acercarse más a ella y le dijo:
—Esta cercanía me permite alcanzar las estrellas.
—¿Quieres que veamos las estrellas? — referidamente la Pecosa se lo dijo a la costumbre que ellos tenían de ver hacia el cielo.
—Por supuesto, llévame a donde quieras Candy! — emocionadamente él le respondió al tiempo que la tomaba de la mano.
Candy sostuvo su mano atada a la de él y lo condujo hasta una de las más apartadas bancas.
—¿Aquí te parece bien?— preguntaba inocentemente la mareada rubia.
—A tu lado cualquier lugar es el paraíso —le respondía extasiado por la cercanía que tenía.
El firmamento nublado mostraba una luna desvanecida apareciendo una y otra vez entre las nubes, el juego de escondidas en el cielo daba y quitaba la luz a las parejas que se beneficiaban con su oscuridad y discreta luminosidad.
Terry abrió como nunca sus ojos, no podía creer lo que veía, pues la pareja apareció ante su vista, agudizó sus oídos porque le parecía inverosímil lo que escuchaba. A pesar de la oscuridad que predominaba en la banca donde estaban sentados Edward y Candy , él la reconoció sin dudar.
El joven actor estaba paralizado no emitía ningún ruido, desesperadamente estaba temblando, la furia que le recorría amenazaba con delatarlo. Estaba pegado contra la pared para que nadie lo viera. Le dolía la cabeza y sentía una opresión en el pecho, sentía que moría de traición.
La heredera y el conde seguían concentrados en su plática que no percibieron la presencia del joven Grandchester.
—¡Demonios! ¿Dónde está Albert, el Elegante, la Tímida o la Gordita … hasta su mucama tomó vacaciones o de qué diablos se trata esto? ¿Por qué te han dejado sola en un lugar tan alejado y oscuro? —Ese era el razonamiento que Terry se preguntaba en su mente, pues ante la imagen de mendigo, pordiosero, vagabundo que traía no se atrevía a pararse enfrente de la rubia con esa facha.
—Candy hoy luces más bella que nunca. Eres toda una dama, serías una perfecta condesa a mi lado nada te faltará, todo mundo estará a tus pies.
—¿En verdad, a ti te parece? —Preguntaba la embriagada heredera.
Terry no podía creer que Candy aceptaba y disfrutaba ese piropo, ¿Desde cuándo disfrutaba la coquetería la despistada de la Pecosa? ¿Quién es este tipo? ¿Qué acaso no sabe que es una Tarzán Pecoso que nunca memorizaría el protocolo aristocrático? ¡Ella trepa árboles es mi MonaPecas!
—¡A mí me pareces maravillosa, eres arrolladoramente bella! —le decía esto mientras le besaba los dedos enguantados de Candy —. Yo pondré el mundo a tus pies.
—No lo merezco, puesto que la lista de mis defectos es muy extensa, si te los indico estoy segura de que te decepcionarás.
—No, tú eres perfecta, todo en ti es hermoso, yo te quiero tal cual eres.
—¡Jajaja!, No te creo Edward, ya que en verdad yo soy una mujer que ama su libertad, no tolero cualquier manifestación de celos o de posesión por pequeña que sea. Está en mi naturaleza ir contra las reglas, reacciono de manera enérgica e intransigente ante las injusticias, y puesto que soy una mujer independiente no soy mujer de hogar, no sé cocinar y tampoco tengo la intención de ser fábrica de niños —, Candy le enlistó según ella su negro historial con la intención de decepcionar al conde pero él le respondió.
—No me importa. ¡Yo así te adoro! Y te daré vida de reina.
—Pero aquí no estamos validando tus sentimientos. Sino los míos y te digo que no soportaría que tu adoración se convirtiera en sufrimiento. No me gusta estar rodeada de personas solitarias y amargadas... pues estoy segura que acabaríamos viviendo bajo el mismo calvario.
—No, yo estoy dispuesto a darte todo de mí, viviré sólo para hacerte feliz Candy.
—¡Oh Edward! Eres todo un caballero — los efectos del vino le esfumaron la sensatez e inteligencia.
—Si Candy, pero ante esta situación y cómo estamos me resulta difícilmente comportarme como un caballero. Daría mi fortuna por un beso tuyo.
La luna se escondió tras las nubes que cómplicemente cubrieron su luz. Terry enfurecido no logró ver si la cercanía terminó en beso o no. Incapaz apartó su mirada, el dolor le esfumó el coraje por reclamar. Su corazón estaba a punto de estallar. No podía creer que su dulce Candy no lo hubiera ya abofeteado, si ni siquiera lo había rechazado era porque tal vez le gustaba —pensó—.
Edward tomó el rostro de Candy lo sostenía de su barbilla mientras ella sonreía nerviosamente. La Pecosa estaba enmudecida, su estado de embriaguez no le permitía actuar razonablemente. Terry, enfermo de celos, interpretaba su silencio como una aceptación, temía que al no detenerlo él se tomara más libertades, ¿Por qué a él no lo cacheteaba? ¿Qué has hecho durante toda mi ausencia? ¿En qué te has convertido mi dulce amor? —mentalmente le reclamaba a su rubia—.
Terry estaba a punto de salir de su escondite cuando vio la cercanía que la boca de Edward insistentemente buscaba el contacto con la de Candy, mientras que su voz sonaba totalmente enronquecida por la excitación que tenía por besar a la Pecosa. Terry iba a saltar encima de ese extraño que estaba tratando de seducir a su ingenua Candy. Tenía el pulso acelerado a causa de la impresión de la que él era víctima.
Definitivamente el actor no toleraría esa escena ni un segundo más. Temía porque Candy siempre había ido en contra de las reglas, su alma rebelde reaccionaba distinta a todas las normas establecidas. ¿Acaso ese hombre era su prometido? ¿Hasta dónde habían llegado en su relación íntima? Con la invasión de esas infernales dudas, los celos que le hervían su sangre, el coraje y la impotencia estallaron en el ser de Terry quien no pudo más y estrelló su puño contra la pared, dio un paso hacia ellos cuando.
Al escuchar ese ruido proveniente del escondite del actor, Candy brincó de su asiento asustada y preguntó
—¿Hay alguien ahí? —indagó preocupada la Pecosa.
—Yo no escuché nada –respondió Edward considerablemente molesto porque ese ruido frustró el anhelado beso que casi le daba a la Pecosa.
Entonces escucharon unos pasos y la voz de Albert apareció, había salido a buscar a Candy y al ver sus ojos llorosos y que sus labios temblaron cuando trataron de sonreír se preocupó y le preguntó:
—Pequeña ¿Te encuentras bien? ¿Has llorado?
—No Albert, es lo de siempre, tú sabes —sin querer hablar más de sus sentimientos delante de Edward, Candy sabía que Albert perfectamente entendía a que se refería.
—No es correcto que estés aquí Candy —le dijo el rubio con una mirada retadora.
—Pero está en mi compañía Sir William — Edward habló intentando defenderla.
—¡Eso no importa! Lo conveniente es que regresemos al salón.
—De ninguna manera faltaría a su amada hija – en tono enfadado insistió.
—No es de caballeros estar en un lugar a oscuras y bebiendo Edward. Si realmente valoras y quieres a Candy empieza respetándola —con llamas en sus ojos y voz Albert le respondió.
Albert encaminó a la entrada a Candy y le pidió tanto a Patty como a Dorothy que la llevaran a su recamara a recostar.
Terry estaba devastado, sus piernas le fallaron y se dejó caer. Albert escuchó el ruido e inmediatamente regresó a la terraza, se acercó a ese lugar que era el escondite de Terry y lo encontró ahí desplomado. Reconoció difícilmente a su amigo y le tendió la mano para levantarlo.
Terry no podía recuperar su sentido común, él recién había librado una carrera entre la vida y la muerte teniendo como meta llegar a su amada Candy, y se encuentra con ella ataviada en un hermoso vestido, disfrutando de manjares y bebidas sofisticados, rodeada de algarabía y fiesta, y lo imperdonable: Gozando de la luna y las estrellas con un perfecto desconocido, sin dudar esto le dolió más que el calvario de todos los meses encerrados.
Aún estaba absorto después de la inesperada escena que le dejó la más amarga de su existencia. Le dolía el alma darse cuenta que Candy siempre había sido una flor silvestre y no una rosa de invernadero, que tenía derecho a hacer su vida, pero haber renunciado a su amor tan rápidamente lo mataba. No entendía porque si adoraba correr por la colina de Pony, ahora no dejaba de asistir a todos los eventos sociales aristocráticos.
Albert creía que iba a reír y llorar a la vez, increíblemente había encontrado a su mejor amigo en el lugar menos imaginable. No sabía qué decirle y después de ver su resquebrajada imagen le habló.
—Me doy cuenta que estas consternado y abatido ¿Qué te pasó Amigo?
—Albert tengo que esconderme en lo que aclaro mi situación soy un fugitivo.
—Tienes que descansar y alimentarte Terry —fue lo primero que se le ocurrió después de observarlo detenidamente, pues la figura atlética y perfecta de Terry que en el pasado siempre había llamado la atención de las mujeres, ahora ya sólo eran huesos y músculos sin más carne que la ejercitada por tanto caminar y correr.
—Albert si eres inteligente no me ayudes de ningún modo, no te quiero involucrar.
—¡No pasará nada, nadie se ha dado cuenta de que estás aquí me alegro tanto de que hayas vuelto Amigo!
— No yo primero que nada necesito hablar con Candy.
—Ella está indispuesta, se ha ido a recostar un momento, mientras tú puedes aprovechar este breve tiempo. Terry no pretendo incomodarte pero luces muy mal, será mejor que me acompañes para que comas algo, te duches y descanses. ¡Amigo, lamento mucho por lo que pasaste aunque no hemos hablado, tu imagen me dice tanto! Urge que te afeites pues en este momento esa barba es más larga que la de Santa Claus, mira tu cabello hay que lavarlo y cepillarlo.
Terry aceptó la invitación de Albert, necesitaba estar en condición presentable para inmediatamente encarar a Candy.
El magnate condujo al actor a una de las tantas habitaciones, le llevó ropa limpia, le hizo guardia mientras el actor se bañaba y se cambiaba, Albert sorprendido notó la daga y el cuchillo que portaba Terry.
—¡Wow! Es producto de mi imaginación o en verdad están tan graves las cosas para que portes tantas armas Terry.
El joven aristócrata dudó en responderle, pensaba que no le entendería o ¿Cómo podía comprender un hombre aquel aislamiento destructor aquella carga sin fin?
—No te asustes Albert, no soy un asesino, esas fueron las herramientas que me permitieron alimentarme al cortar los frutos que encontraba en el bosque, pero ya habrá tiempo de contarte Albert, ahora todo lo que quiero es hablar con Candy.
—De acuerdo, en cuanto termines tu arreglo personal te reuniré con ella.
—Gracias Albert —lacónicamente respondió el actor pues estaba perplejo ante lo que veía en el espejo.
A Terry le costaba trabajo reconocer su rostro reflejado ahí. De aquel apuesto galán distaba mucho, así como cambió su estado físico también sentía que algo cambió en el imperante sentimiento que dominaba su corazón, todo ese gran amor que sentía por Candy ahora se había vuelto confuso, tan solo recordar sus movimientos, sus palabras ante ese extraño le revolvía sus entrañas y en acto de impotencia y coraje golpeó con su puño al espejo, así como cayó en mil añicos el espejo igual él sintió su corazón roto en mil pedazos.
******
Transcurrieron algunos minutos, Terry había finalizado su arreglo personal pero al escuchar un bullicio con demasiado alboroto lo hizo salir al pasillo, tanto él como Albert se sorprendieron de ver un tumulto de invitados en las afueras de la habitación de Candy.
Ambos jóvenes asustados rápidamente se introdujeron a través de esa muchedumbre, tras llegar al interior de esa alcoba, se encontraron con la vergonzosa escena de ver a Neil Leegan recostado y semidesnudo en la cama de la Pecosa.
Candy no sabía a qué temía más, si a la mirada acusadora de los invitados y Edward que echaban fuego por los ojos, al asco de verse medio vestida y a su lado tener a Neil, o miedo de no haberse imaginado que Terry estaba presenciando tan aberrante escena.
El sonrojo crispaba la piel y mejillas de Candy, eso y el desalineado camisón era todo lo que cubría al resto de su cuerpo. Al darse cuenta de su comprometedora situación sus ojos se abrieron desmesuradamente, la taquicardia casi le provoca el estallido de su corazón al encontrar su mirada con los rabiosos ojos de Terry a quien su estómago se le contrajo como si hubiera recibido un puñetazo.
Ambos nunca imaginaron que su encuentro sería bajo esas infames circunstancias que ni en sus peores pesadillas tuvieron. La inquebrantable conexión que entre ellos existía hoy también los unía con el mismo peso del dolor, la sensación de pérdida los embargó al pensar cada uno en sus mentes: Hoy te encontré y hoy te perdí.
C O N T I N U A R Á . . .
Gizah
************************
HOLA NIÑAS HERMOSAS Nuevamente aquí terminé un capítulo más, quedo a la espera de sus comentarios, reclamos, tomatazos, sugerencias, aportaciones, dudas, y demás etc…
LADY ANNALISE: Wow Niña! No sabes la emoción que me invadió al ver cómo has leído completamente mi kilométrica historia, el hecho de acaparar tu atención y percibir tu interés me ha proyectado al placentero infinito de la jactancia, pues al leer todos tus reviews me doy cuenta que realmente vale la pena escribir, gracias por la motivación que me has brindado al expresarme tus comentarios respecto a mi trabajo. Y sobre el fic sabes, yo estoy de acuerdo contigo en encontrar tan grandes confusiones, pero son frases abiertas que terminarán en alguna escena triste o feliz… Amiga, perdóname si han sido algo depresivos mis capítulos, pero según la historia ya iremos cambiando del tipo de emoción jajaja. Mi niña no sé como agradecerte y compensarte tus bonitas palabras. GRACIAS de todo corazón!!!
NASHTINKA: Tal vez fue su castigo por haber elegido quedarse con Susana, aquí le estoy demostrando que el destino es un buen ejemplo de lucha, pues no se detiene hasta que se cumple su cometido, y si Terry estaba destinado a Candy, en este fic le tocó llegar a ella de una manera muy ruda. Lo siento, pero quería profundizar en el dolor, ahora espero de todo corazón poder llegar a profundizar en el amor, placer y gozo. Nashtinka tu compañía ciberespacial es tan cálida y afectuosa tal cual si fuese un hermoso abrazo fraternal. Gracias!
MARIANA WAY: Una vez más he cumplido tu orden, Terry fue a Escocia y ahí se encontró con la Pecosa, solo que no pude evitar que le fuera muy mal… ahí sí que te fallé amiga, pero confiemos en que se irán arreglando las cosas, mientras haya vida hay esperanza y no olvidemos que aparte de enamorados éste par son unos luchadores incansables de la vida y de las adversidades. Gracias por esperarme capítulo tras capítulo, te estoy infinitamente agradecida Amiga.
DIANIS: Hola Amiga, que sorpresa verte por acá, muchas gracias por tu lindo detalle de escribirme. Sé que mi fic está algo exagerado desde el punto de partida, pero no importa yo quería mostrar a Terry más intrépido aún que el del anime. Y a una Candy más humana, que llega un momento en que la vence tanta tragedia, digo porque si es ejemplo de fortaleza, alegría y esperanza, pero en el anime apenas le daban oportunidad de librar un problema cuando ya encima tenía otra desgracia, e increíblemente otra vez ella seguía sonriendo. Yo creo que si tuvo un momento de flaqueza por eso la incliné un poquitín al alcohol, pero luego lo seguimos viendo ok? Gracias por unirte a este grupo de soñadoras.
MOONDAN: Yuuuuhuuu, yo también bailé cuando lo liberé, ya me sentía el Pìpila por llevar esa losa en mi espalda, no sé porque aguanté tanto cargando ese gran peso de tenerlo encerrado…en fin ya es libre! Jajaja está genial tu idea de llevar a T & C a rehabilitación por alcohólicos pues imagínate si siguen de borrachitos jajaja juntos no pararían de parranda en parranda (te imaginas en qué finalizarían esas borracheras uuuy!!!!) jajaja. De Albert te debo la respuesta ya que es un super galán que merece un mujeron que lo llene de la A a la Z. Mi Niña Consentida, gracias por nunca abandonarme, TQM un millón.
MARIA FANS NUMERO UNO DE TERRY: Gracias por la ayuda y las porras que le has dedicado tanto a Candy como a Terry, mira que si lo amas al grado de ayudar a tu rival de amores jajaja. Perdóname porque no te di el reencuentro añorado, pero es cuestión de tiempo para que este par se entregue al amor que les revienta el corazón el uno por el otro. ¿Verdad que sí confías en que Terry superará todo esto? Dime que sí, porque sino… la que va a necesitar porras voy a ser yo por ser tan cruel en esta historia de amor! Gracias Mary!!!
MAFMZT: Primero que nada te agradezco muchísimo la atención que me has brindado capítulo a capítulo, y sobre todo por salir del anonimato al escribirme. Me emocioné mucho con tu review porque me encantó tu frase: "El mejor licor que en sus vidas podrán tomar es el embriagante sabor de sus labios". ¡Wow, felicitaciones¡ te quedó genial muy auténtica y adecuada para este par. Se nota que te gusta la poesía, pues mira que hermosa metáfora nos compartiste. Ojalá que me sigas escribiendo así de bonito, es que me encanta la poesía. Muy agradecida y muy emocionada me despido con mucho cariño.
MALINALLI: Jajaja, sí que eres imparabale eh! Mira, mira que te quieres volver toda una MATAHARI, quieres andar de matona de guardias, quieres consolar a mi príncipe. ¡Osas en bañarlo, tocarlo y curarlo! Te agradezco Maly tus buenas intenciones pero ya sabes que oficialmente yo soy quien "lame sus heridas", te cedo hasta la parte de matona, pero de lo demás Amiga no te sacrifiques y mejor me encargo yo, no te quiero ocasionar problemas con Anthony. MALY, en verdad que sin tus palabras tal vez hoy no hubiera publicado este capítulo, te estaré eternamente agradecida por seguir impulsando mi ánimo, pues sin tu motivación creo que andaría por el terreno de la depresión. Gracias por alejarme de esos sinuosos caminos. Estoy en deuda contigo Amiga. Gracias por tu paciencia, comprensión y sincera Amistad. En verdad que te quiero muchísimo Maly!!!
