Capitulo 9
Aclaraciones: Inuyasha y sus personajes son, propiedad de Rumiko Takahashi.
El Ingreso al Instituto
Rin esperaba ansiosa a Sesshomaru, reuniendo todo el valor posible para encararlo y tratar de convencerlo que no podía estar ni un solo día mas sin entregarse a él. Ya eran 3 meses de abstinencia "obligada", ya que su marido no quería tocarla por temor a lastimarla luego del nacimiento de Ichiro y le pareció normal al principio, pero ya era ridículo.
Sesshomaru hizo su entrada como todas las noches para darle un corto beso en los labios, pero ella se apartó desconcertándolo.
— ¿Qué te sucede? — Inquirió estoico.
— Estoy cansada de tu actitud — Cruzó los brazos a modo de molestia.
— ¿A qué te refieres? — Hacía gala de toda su calma y esto sólo molestaba más a la joven.
— No te hagas el tonto — Espetó — Te necesito, te extraño tanto — Se sonrojó levemente, mientras se abanicaba la cara con la palma de la mano, para calmar el calor que sentía ante tal declaración.
Él enarcó una ceja, Rin nunca le hablaba de ese modo — Ya hablamos sobre ese tema — Sentenció.
La morena lo taladró con la mirada — Lo sé, pero fue hace un mes — Espetó alterándose más — Ya estoy bien por favor — Bajó los brazos y lo miro con súplica.
El ambarino acercó su rostro al de ella, quedando a solo centímetros de distancia de sus labios, provocando un escalofrió en su mujer — ¿Por favor qué?
— Hazme tuya "toda la noche" — Quiso agregar.
Sesshomaru, no podía explicar el torbellino de sensaciones que experimentaba en su interior, con aquellas simples palabras. Él, el gran Sesshomaru Taisho, doblegado por los deseos de una chiquilla de 15 años, era tan irónico. Rió para sus adentros ante tal revelación.
La besó con todo el deseo contenido durante esos tortuosos meses.
Ella correspondió gustosa y colocó las manos en su cuello, para asegurarse que no se alejara, como lo había hecho en otras ocasiones, pero él no tenía intenciones de hacerlo. La tomó por los muslos y la subió a la altura de su cintura, donde ya se notaba su excitación, la llevó hasta la cama y se sentó con ella sobre él, devoró su cuello sus senos, mientras la joven sólo podía gemir y sujetarse fuerte de su marido.
Aquella noche entró en ella una y otra vez hasta que el cansancio los dominó a ambos.
— Gracias Sesshomaru — Abrazó su fuerte pecho y recargó la cabeza en el.
— ¿Gracias por qué? — Le acariciaba su sedoso cabello, con olor a flores que tanto le gustaba.
— Por complacerme — Sonrió.
— No es algo que solo tu desearas — Declaró con poco interés.
— Aja, así que también me extrañaste — Lo acusó entre coqueta y divertida.
— Pensé que te lo había demostrado.
Ella asintió — Pronto será mi cumpleaños — Lo miró a los ojos.
— ¿Deseas algo en especial? — Interrogó.
— Uuuhhmm — Colocó un dedo sobre su barbilla — Tenerte así de nuevo — Pronunció con tono sexy.
— No sabía que fueras tan pervertida — Respondió algo burlón.
— Tú me enseñaste a ser así, ¿recuerdas?.
Él la miró y luego asintió — No me desagrada en lo absoluto — Confesó.
La morena sonrió complacida.
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Rin y Sesshomaru se encontraban en su despacho, ella jugaba con su cabello, mientras él ojeaba algunos papeles sobre su escritorio.
— Rin — La aludida levantó la mirada — Te inscribiré en un instituto, el lunes inicias — Informó.
La morena abrió los ojos al máximo y llevó sus manos a ambos lados de sus mejillas, mientras se levantaba súbitamente de la silla que ocupaba y corría a abrazar a su marido.
— Muchas gracias Sesshomaru — Se separó de él y le dedicó una dulce sonrisa — Y ¿A qué instituto iré?
— Al Shikon no Tama.
— ¿Quee? — Gritó sorprendida.
Él la miró por el rabillo del ojo — ¿No es de tu agrado? — Ahora la miró fijamente.
Rin sintió su cuerpo temblar ante aquella mirada que la escrutaba y no era una sensación para nada desagradable.
— No, es todo lo contrario, me encantaría ir y ¿a quien no?, es uno de los mejores del país, pero...
— ¿Pero? — La apremió.
— Tal vez me miren extraño, todos tienen mucho dinero — Explicó.
Sesshomaru entrecerró los ojos, odiaba cuando Rin se sentía menos por su antigua condición — Tú eres una Taisho — Le recordó con la voz más seria de lo normal.
— Lo sé — Suspiró — No me hagas caso — Sonrió — Que emoción, que emoción — Casi gritaba .
Sesshomaru relajó las facciones, le encantaba verla feliz.
— La hermana de Hakudoshi asiste a ese instituto y es de tu edad, pediré que te coloquen en su aula.
— Gracias — Volvió a abrazarlo con más emoción — Me encanta estudiar, lo extraño tanto — Confesó.
— Entonces ¿Por qué te negaste a tener un tutor?
— Porque me pareció exagerado — Declaró encogiéndose de hombros, se sentó sobre él con las piernas abiertas quedando frente a frente — Creo que debo agradecerte de forma más apropiada — Le susurró en el oído, mientras comenzaba un apasionado beso.
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Aquella tarde estaba muy emocionada, irían de visita Izayoi e Inuyasha, al igual que Hakudoshi con su hermana Kanna, esto a petición de Sesshomaru para que las chicas se fuesen conociendo y en verdad se lo agradecía mucho, podía ser frío, celoso, controlador, pero con ella mostraba una faceta distinta y amaba que así fuese.
— Hola Rin — La saludó Hakudoshi con su característico humor burlón, mientras la abrazaba, parecía que su pasatiempo favorito era molestar a Sesshomaru, quien lo veía desde la comodidad de un sofá con una clara mueca de enojo, a lo cual él respondió con una amplia sonrisa y un saludo militar, que sólo acrecentó la mueca en el rostro de su amigo.
Rin sabia las intenciones de Hakudoshi y le causaba gracia que se comportaran como niños.
— Hola Hakudoshi — Saludó con el mismo entusiasmo.
— Mira ella es Kanna mi hermana — Le señaló a una chica blanca, de ojos negros y cabello plateado igual al de su hermano, era delgada y muy hermosa pero demasiado seria.
Rin la saludó con una gran sonrisa — Hola, bienvenida.
La chica asintió y le dijo gracias.
— Siempre he dicho que Kanna parece hermana de Sesshomaru, tienen ese mismo carácter de hielo — Pronunció rolando los ojos, a lo cual su hermana respondió dándole un codazo en las costillas.
— Oye — Se quejó adolorido, mientras pasaba su mano para calmar el dolor.
— Te lo tenías bien merecido — Intervino Sesshomaru.
Rin sólo rió.
— No le hagas caso Rin, lo que pasa es que mi hermano es demasiado "jovial" — Explicó con algo de burla — Yo soy sería simplemente, pero me da gusto conocerte, Ah por cierto, hola Sesshomaru.
— Hola Kanna.
— ¿Quieren pasar al jardín o esperar a que Izayoi e Inuyasha lleguen? — Inquirió Rin.
— Pasemos al jardín por favor — Pidió Kanna.
— Muy bien vamos.
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Se encontraban sentados en los bancos que estaban distribuidos a lo largo y ancho del jardín. Rin tenía en brazos a Ichiro y Kanna se dedicaba a acariciarlo para hacerlo reír, cuando hicieron su aparición Izayoi y su hijo, este llevaba de la mano a una jovencita alta, delgada, de cabello azabache y ojos chocolate. Saludó a los presentes con una gran sonrisa, en especial a Kanna que era una de sus mejores amigas.
Inuyasha se apresuró a presentársela a Rin ya que era la única que no la conocía.
— Hola Rin, mira ella es mi novia Kagome, va en el mismo curso que Kanna, así que también será tu compañera y quise que la conocieras.
— Hola Inuyasha, muchas gracias — Le regaló una hermosa sonrisa — Un gusto en conocerte Kagome.
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Las tres chicas se alejaron un poco del resto de los presentes, se les veía muy contentas, parecían amigas de toda la vida.
Izayoi cargaba al pequeño Ichiro, mientras reía con Kazumi y los tres varones hablaban sobre negocios.
— Sesshomaru — Lo llamó Hakudoshi con un tono serio bastante impropio en él — Ya tenemos las pruebas suficientes para que la policía encierre a Bankotsu por un largo tiempo.
— Bien, debemos actuar cuanto antes.
— ¿No te da temor que tome venganza? — Preguntó Inuyasha algo inquieto.
— Yo no le temo a ese desgraciado — Su tono era extremadamente molesto y tenía la nariz arrugada, en un gesto de desagrado.
— No lo digo por ti, sino por Rin y el bebé — Aclaró.
El ambarino relajó las facciones, pero no cambió su tono de voz — No permitiré que se les acerque, ya tienen escoltas y duplicaré la seguridad de ser necesario.
— ¿Entonces procedo? — Inquirió Hakudoshi.
— Sí.
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Terminada la visita Rin se encontraba en la cocina con Kazumi, cuando su marido la llamo con su habitual tono frio.
— Rin, ven a mi despacho.
Se despido de Kazumi y lo siguió hasta llegar al lugar indicado, él entró en silencio y ella se limitó a seguirlo.
— ¿Ocurre algo malo? — Interrogó algo preocupada, al ver su semblante más serio de lo normal.
— Reforzare la seguridad — Anunció.
— ¿Que? ¿por qué? — Se alarmó.
— Ya tenemos todas las pruebas en contra de Bankotsu y las entregaremos a la policía — Explicó.
— Pero eso es una buena noticia, no entiendo porque piensas reforzar la seguridad, si la policía lo atrapa no habrá más peligro — Exclamó algo confundida.
— No es así — Replico él — Entregaremos las pruebas y espero que lo atrapen enseguida, pero también cabe la posibilidad que se escape y sería muy peligroso, además tiene cómplices — Declaró esto en un tono de mayor molestia.
— ¿Cómplices? — Ahora sí que estaba asustada.
— Sí, Naraku es uno y contra él aún no tenemos nada.
"Naraku", recordaba perfectamente a ese tipo, a pesar de sólo haberlo visto una vez, se había creado una imagen muy negativa de él y como la cereza del pastel era el padre de Kagura.
— Lo recuerdo — Dijo más para sí misma — Se nota que él y Bankotsu son tal para cual — Escupió con desagrado — ¿Que es lo que quieren?
— Mi dinero.
— Típico de ese tipo de gente — Cada vez sonaba más molesta e indignada — Seguramente Kagura se te ofreció y se te metió por los ojos con el mismo propósito — Soltó esas palabras sin pensar, rápidamente se cubrió la boca con las manos e hizo un gesto de sorpresa — Yo...lo siento...n no quería decir eso — Bajó la cabeza apenada.
— No balbucees, sabes que me desagrada, y no tienes por qué disculparte, tal vez tengas razón.
Rin levantó la cara de golpe y lo miró fijamente para ver si estaba enojado o tal vez triste, pero su rostro solo reflejaba su frialdad habitual. Se maldijo internamente, tal vez sus palabras le habían causado dolor al recordarle lo ocurrido con el gran amor de su vida, porque, aunque todos le dijeran que Sesshomaru la quería más de lo que había querido a Kagura, ella simplemente no se convencía. Y fueron esos pensamientos los que hicieron que su cara se tornara triste y que él lo notara enseguida.
— ¿Que te sucede?
— ¿Eh? — Ella volvió de sus pensamientos de golpe — No es nada.
— No sabes mentir.
Le regalo una sonrisa forzada — Es enserio, sólo estoy algo preocupada por lo de ese par de delincuentes.
Él sabía perfectamente cuál era la causa de su repentina tristeza, el mencionar la relación con aquella mujer y seguramente pensaba que lo había hecho sentir mal con sus palabras, pero estaba muy lejos de la realidad, aquello ya no le interesaba, así que decidió ignorarlo.
— No tienes porque, no permitiré que les pase nada ni a Ichiro ni a ti — Aseguró.
Rin le sonrió, no importaba su pasado con aquella mujer, sin duda su presente eran su hijo y ella y quería que así fuese siempre, sabía que la amaba, aunque fuese tan poco expresivo.
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El día anterior de iniciar sus clases, le pidió a Sesshomaru que la llevara al orfanato para que los niños conocieran a Ichiro.
Él accedió a regañadientes, no le gustaba que Rin saliera por todo lo que estaba pasando con sus enemigos, pero no podía negarle nada cuando se lo pedía con tanta dulzura.
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Llegaron en la mañana y todos los niños se abalanzaron sobre ella, abrazándola y mareándola con miles de preguntas. Sesshomaru los miraba con desaprobación, pero prefirió no decir nada y mantener una distancia prudente para observar a Rin y a su hijo.
— Esta hermoso tu hijo — Gritaba Sakura, dando saltitos alrededor de Rin, ella solo atinaba a reír a carcajadas.
— Ya has silencio — Le reprochó Shippo en tono serio — Vas a despertar a Ichiro.
— Lo siento Rin — Se excusó la pequeña.
— No te preocupes — Le acarició el cabello.
— Rin, ¿ Me permites cargarlo?
— Claro que si señora Kykio — Le entregó al pequeño, que hacia ruiditos y movía enérgicamente sus manitas.
— Es tan hermoso — Sonrió enternecida.
— ¿Verdad que sí? — Cuestionó Sakura — Es igual al señor Sesshomaru — Susurró bajito la niña, provocando risas en Rin y Kykio.
— Así que Sesshomaru te parece guapo ¿eh? — Pregunto divertida.
— Claro Rin, parece un príncipe, tienes mucha suerte — Le guiñó un ojo.
Rin rió nerviosa ante el comentario de la pequeña y se sonrojó levemente. — No sabes cuanta — Pensó.
— Rin, es hora de irnos — La interrumpió Sesshomaru, que estaba claramente fastidiado ante el parloteo incesante de los niños.
— Oh sí tienes razón, se me pasó el tiempo volando.
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La joven se despidió de todos con la promesa de regresar pronto, sabía que Sesshomaru no se sentía cómodo allí y le agradecía infinitamente el que la hubiese acompañado, porque sabía que temía por su seguridad y la de Ichiro.
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— Maldito Sesshomaru, no puedo creer que haya podido conseguir las pruebas en mi contra y que se las entregara a la policía, pero no le voy a dar el gusto de verme en la cárcel, antes de eso lo mato a él y a su estúpida familia — Vociferó Bankotsu —Koga, comunícate con Naraku, tenemos que planear nuestra venganza en contra del perro de Taisho — Siseó.
— Sí señor, enseguida.
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Aquella mañana Rin se despertó muy temprano, le emocionaba tanto poder volver a estudiar, se sintió triste cuando se fue del orfanato, porque pensó que siendo Sesshomaru tan frío como era no le permitiría volver a estudiar, pero estaba feliz de haberse equivocado. Se bañó y colocó su uniforme, su marido la observaba en silencio desde la cama.
Le hervía la sangre al verla con aquel uniforme, que consistía en una camisa blanca de mangas cortas estilo marinerito, con corbata roja y la falda roja de tablones a mitad de la pierna, su cabello recogido en una coleta alta, le daban un toque inocente, pero a la vez sensual que a él le encantaba.
Se levantó de la cama sin hacer ruido y la abrazó por la espalda, provocando que la joven diera un salto por el susto. La besó en el lóbulo de la oreja.
— Te queda bien el uniforme — La elogió.
Ella le sonrió de forma coqueta y se dio la vuelta para apresar sus labios en un beso demandante, él le correspondió enseguida y la tomó de las piernas, mientras la recostaba en la pared. Ella lo rodeó con estas alrededor de su cintura, mientras sujetaba fuerte su cuello.
— Voy a llegar tarde — Le susurró contra los labios, con la respiración agitada, él se separó un poco para mirarla a los ojos.
— Este asunto lo terminaremos en la noche.
Rin le sonrió y asintió con la cabeza.
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Llegaron al instituto y todos observaban a los recién llegados.
Sesshomaru asesinó con la mirada a varios "chiquillos" que contemplaban embobados a su mujer.
Rin solo rió, ese hombre era tan celoso que a veces, "y solo a veces", eso le parecía tierno.
Se dirigieron al despacho de la directora Y tocaron la puerta.
— Adelante, buenos días, bienvenidos, por favor tomen asiento — Les pidió una mujer de unos 55 años, baja de estatura y de complexión gruesa, cabello canoso y su cara estaba llena de arrugas, pero tenía una sonrisa muy amable. — Señor Taisho, le agradezco mucho que haya elegido nuestro instituto para la educación de la señora Rin.
— Espero no haberme equivocado — Sentenció él.
Rin lo miró por el rabillo del ojo, ¿Siempre tenía que ser tan poco amable?.
— Le aseguro que no se arrepentirá de su decisión — Le volvió a sonreír, él no dijo palabra alguna —Señora Taisho, aquí esta su horario — Le extendió una hoja — Yo personalmente le daré un pequeño recorrido por las instalaciones y la conduciré hasta su salón.
— Muchas gracias — Sonrió la joven y le hizo una pequeña reverencia.
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Los tres salieron de la dirección. Sesshomaru besó la frente de Rin a modo de despedida y ella le sonrió.
— Que tengas un buen día — El ambarino solo asintió.
— Hasta luego señor Taisho.
— Hasta luego — Se marchó hacia su auto.
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Rin estaba asombrada, aquel edificio era impresionante, Kaede se dedicó a explicarle a detalle donde estaba cada lugar. La cafetería, para la cual le entregó una tarjeta con la que podría comprar y se le agregaría a la cuenta que pagaba Sesshomaru por mes, el gimnasio le fascinó, la piscina, en fin, todo el lugar.
— Llegamos a su aula — Le hizo un gesto con la mano para que entrara — Buenos días jóvenes — Todos los alumnos respondieron respetosamente al saludo — Profesora Midorico, por favor permítame un momento para dirigirme a su clase.
— Por supuesto señora directora.
— Alumnos, ella es la señorita Rin Taisho y a partir de ahora su nueva compañera.
Los murmullos no se hicieron esperar. Rin estaba algo nerviosa, pero se tranquilizó al ver a Kanna y Kagome que le sonreían.
— Mucho gusto, mi nombre es Rin Taisho y espero nos llevemos bien — Hizo una pequeña reverencia.
— Muy bien señorita Taisho, siéntese al lado de la señorita Higurashi.
— Sí profesora.
-Hola Kagome, hola Kanna — Las saludó muy animada, las aludidas correspondieron al saludo.
La directora se retiró y así la profesora, continuo con su clase.
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Al sonar la campana que indicaba el almuerzo, las tres jóvenes se dispusieron a ir a la cafetería.
— Mira Rin — Le habló Kagome — Ella es Sango y es amiga de Kanna y mía.
— Hola mucho gusto, soy Sango Yagami y espero seamos amigas.
— Mucho gusto Sango yo espero lo mismo — Sonrió.
— ¿Nos vamos? — Las apresuró Kagome — Muero de hambre.
— Yo también — Le confesó Rin riendo.
— Y ¿Como está Ichiro?
— Muy bien Kanna, esta enorme y es muy inteligente — Respondió orgullosa.
— ¿Tienes un bebé? — La interrogó Sango asombrada.
— Así es, tiene tres meses.
— Waoo eres muy joven para ser madre — Exclamó.
Rin se sonrojó — Lo sé, pero es una larga historia.
— Lo tienes que conocer Sango, Ichiro es precioso — Aseguró Kagome, juntando sus manos con ensoñación — Es una copia en miniatura de Sesshomaru.
— ¿Sesshomaru? ¿te refieres al hermano mayor de Inuyasha? — La miró incrédula.
— Así es.
— ¿Eres la esposa de Sesshomaru Taisho? — Abrió los ojos a más no poder.
— Sí — Contestó con algo de desconcierto, al ver la cara tan rara que ponía Sango.
— Taisho, ¿No lo relacionaste? — Le decía Kanna como si estuviese hablando con una niña pequeña.
— La verdad no — Río — Waaoo Rin, eres muy afortunada de ser la esposa de uno de los hombres más lindos del país.
La joven se sonrojó y respondió un "lo sé", nerviosa.
— Espero estés hablando de mi Sanguito.
— Eso quisieras — Roló los ojos — Mira Rin, este es mi novio Miroku Utagawa.
— Mucho gusto hermosa señorita — Le tomó la mano y se la besó.
Rin volvió a reír nerviosa — Mucho gusto, Rin Taisho.
— La esposa de Sesshomaru Taisho — Agregó Sango.
— ¿SESSHOMARU TAISHO?, ooh discúlpeme señorita.
— Cobarde — Sango lo miró con los ojos entrecerrados.
— ¿Sesshomaru Taisho? — Preguntó una voz femenina — ¿El terror de las mujeres más lindas de esta ciudad?
— Así es — Contestó Kagome con algo de molestia — Es el esposo de mi amiga Rin.
La recién llegada observó de pies a cabeza a Rin.
— Ella es Ayame Daigo, la novia de mi hermano Kohaku.
Ayame era alta, blanca, su cuerpo con muchas curvas, su cabello rojo largo amarrado en dos coletas y ojos verdes.
Las mujeres se observaron fijamente durante unos segundos, el ambiente se volvió tenso, se notaba que Rin no le había agradado a Ayame y el sentimiento era mutuo.
— No pensé que Sesshomaru se casara tan pronto después de lo de Kagura — Rompió el silencio la pelirroja.
— Pues ya ves la vida da sorpresas — Respondió Rin, su tono delataba su molestia.
— Vaya que sí —Sonrió con malicia — Sango por favor entrégale esta libreta a Kohaku y dile que pasaré a visitarlo en la noche.
Se marchó dejando a una Rin muy enojada y una Sango apenada.
— Discúlpala Rin, ella es algo "especial".
— No te preocupes Sango, no es tu culpa, parece que no nos caímos bien.
— Bueno, bueno, pero ya olviden eso porque yo sigo muriendo de hambre.
— Tan exagerada Kagome — Roló los ojos Kanna.
Todos rieron.
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Rin llego a su casa con un dolor en las mejillas de tanto que sonreía.
— Buenas tardes — La saludó Kazumi — No te pregunto cómo te fue porque tu cara lo dice todo — Rió.
— Sí, estoy feliz, me fue muy bien, mis compañeros son muy agradables, bueno menos una tal Ayame — Borró su sonrisa de golpe dando paso a un fruncimiento de cejas y un tono de desagrado.
— ¿Y quién es esa? — La interrogo la mayor.
— Una estudiante de otro salón que es novia del hermano de Sango, una de mis compañeras, se portó muy grosera y yo ni siquiera le di motivos — Pronunció en tono más enojado.
— Ya, ya, ya no te amargues por eso, no a todos le podemos simpatizar, sólo ignórala y ya, ahora vete a cambiar para que cenes.
— Ya vuelvo — Le informó mientras corría por las escaleras — Voy a pasar a ver a Ichiro.
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Al día siguiente Rin conoció a Kohaku el hermano gemelo de Sango, era muy simpático y amable, le agradó al instante, pero sus amigas le advirtieron que Ayame era muy celosa y era mejor mantener la distancia, pero a pesar de eso se hicieron muy amigos y él la aconsejaba ya que era muy maduro para su edad.
Se encontraba caminando por el pasillo con Kohaku, iban hablando y riendo de tonterías cuando vieron a alguien muy conocido acercarse.
— Como te gusta perder el tiempo — Espetó — ¿Es por esta que ya no pasas tanto conmigo?
— Basta Ayame — Ordenó — Rin y yo sólo somos amigos.
— Ja, sí claro — Pronunció con sarcasmo — ¿También te le piensas meter por los ojos como a Sesshomaru? — Inquirió.
— ¿Qué te pasa? ¿ Por que me hablas así? — La encaró — Yo jamás me he metido contigo — Contestó cansada de sus insultos.
— Claro, si con esa cara de yo no fui quieres engañar a todos, pero conmigo no funciona, ¿Me escuchas? — Hizo el ademán para tomar a Rin por el brazo, pero Kohaku intervino, la tomó por la cintura y se la llevo de allí, mientras la chica seguía insultando a la morena a la distancia.
Rin suspiró con pesadez, esa mujer estaba completamente loca.
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Kohaku llevo a Ayame a un salón vacío y cerró con seguro la puerta, se veía realmente molesto.
— Estoy harto de tus escenas de celos ¿Acaso no te da vergüenza exhibirte?
La chica bajó la cabeza apenada — Es que te amo demasiado y no sé qué me pasa cuando te veo con otra — Se excusó.
— Simplemente no me tienes confianza — Aseguró.
— No es así mi amor — Lo miró suplicante — Es que me da terror perderte.
Kohaku acortó la distancia que había entre ambos y la besó de forma ruda y posesiva, adentrando su lengua en la boca femenina.
Ayame gimió y poso las manos en su cuello. Kohaku la levantó por el trasero y la chica lo rodeó con las piernas, la llevó hasta el escritorio y la sentó allí, mientras le subía la camisa escolar y dejaba al descubierto uno de sus bien formados pechos, ella no paraba de jadear y gemir. Tomó uno de sus pechos y lo llevo hasta su boca, provocando que sus pezones se endurecieran.
Ayame le bajó el cierre del pantalón e introdujo su mano para sacar su miembro ya erecto, jugó con el entre sus manos, para luego bajarse del escritorio y arrodillarse frente a el para llevárselo a la boca, mientras lo chupaba y lamía. Kohaku la sostenía fuerte del cabello para intensificar la caricia.
La chica logró que llegara al orgasmo, él la levantó y regresó a su posición anterior en el escritorio, le levantó la falda e hizo a un lado la ropa interior para introducir sus dedos, volvió a besarla y le susurró que la amaba, ella sólo se limitaba a gemir y repetir su nombre. Sacó sus dedos y de un solo movimiento bastante brusco se introdujo todo de golpe en el cuerpo femenino. Ayame hubiese gritado sino se lleva las manos a la boca, no podían olvidar el lugar donde estaban. La giró para dejarla de espaldas a él y seguir embistiéndola con rudeza. El orgasmo de ambos llegó entre jadeos y sonidos más fuertes.
— Te amo — Lo besó Ayame, mientras se arreglaba el uniforme y el cabello.
— Y yo a ti mi vida — Salieron del salón hacia sus casas como si nada fuera de lo normal hubiese pasado.
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Desde aquella discusión con Ayame, había hablado pocas veces con Kohaku y eso la entristecía, porque le tenía un gran cariño.
Se encontraba sentada en uno de los patios del internado, amaba la naturaleza y ese lugar le parecía muy lindo, porque era como un pequeño parque rodeado de árboles y con algunos bancos.
— Hola Rin.
— Kohaku — Se giró para mirarlo y al instante le sonrió — Hace mucho que no te veía.
Él asintió.
— Pero ¿Está bien que estés aquí? ¿Ayame no se enojará contigo?
— Tú eres mi amiga y tarde o temprano lo tiene que entender — Se encogió de hombros.
Ella lo miró no muy convencida, pero prefirió no decir nada más, de todos modos extrañaba mucho el hablar con su amigo.
La joven se sentía muy deprimida en los últimos días porque ya casi no veía a su marido y cuando lo hacía se portaba más distante y frio, le había pedido explicaciones, pero él decía que era solo exceso de trabajo.
La morena le contó con lujo de detalles lo que ocurría con Sesshomaru, él solo la escuchaba atento.
— Tienes que tenerle paciencia Rin, es un hombre muy ocupado creo que mi padre es igual, pero no por eso nos quiere menos a mi madre mi hermana y a mí. Intenta hablar nuevamente con él y pregúntale si puedes ayudarle de alguna manera, no te conviertas en otro problema para él, sino en una solución — Le sonrió con dulzura.
Rin se le arrojó a los brazos mientras sollozaba un gracias.
— Que linda escena.
Ambos buscaron la fuente de aquella voz.
— Ayame — Pronunció Kohaku sorprendido.
— ¿Ahora también me van a negar que tienen algo más que una amistad? — Vociferó — Eres un mentiroso y tu una cualquiera — Le propinó una sonora bofetada a Rin.
— ¿Estás loca o qué? — Le reclamó el moreno molesto.
— CÁLLATE — Salió corriendo, dejando a una Rin desconcertada y a Kohaku furioso.
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Sin pensarlo dos veces Ayame se fue en busca de Sesshomaru, sabía perfectamente donde quedaba su empresa.
Llegó hasta la recepción y le pidió a la encargada que le dijera a Sesshomaru que necesitaba hablar con él algo urgente sobre su esposa y que eran compañeras de clases.
Sesshomaru no dudo en dejarla pasar al escuchar que se trataba sobre Rin.
— Buenas tardes señor Taisho — Se permitió unos segundos para admirar al hombre frente a ella.
— Buenas tardes.
— Vine a decirle que su esposa lo engaña con Kohaku, mi novio y que en estos momentos se encuentran juntos en el instituto — Escupió con veneno.
El rostro de Sesshomaru paso de frío a furioso en un segundo, salió de allí lo más rápido que pudo, tenía que matar a ese desgraciado y a Rin, a ella la haría pagar muy caro por su traición.
Ayame se había quedado congelada en su sitio al ver la reacción de Sesshomaru y se llenó de pánico. Quería que se desquitara con Rin, pero ahora su novio también estaba en peligro.
Se le ocurrió llamar a Sango para contarle lo sucedido, esta la insulto y le cerró el teléfono.
Sango decidió llamar a Kagome para que le pidiera a Inuyasha que las acompañara al instituto y evitar una desgracia.
Inuyasha se encontraba con Hakudoshi y él también quiso ir, era al único que Sesshomaru escuchaba por muy enojado que estuviese.
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Kohaku había conseguido un poco de hielo para que Rin se colocara en el golpe, estaban hablando sobre lo ocurrido, cuando la joven observo con horror a Sesshomaru acercarse a ellos. Tenía una mueca en su rostro que sólo infundía el más profundo temor.
— Así que era cierto — Habló con una voz que Rin jamás había escuchado, ahora entendía porque muchos le temían y hasta Hakudoshi evitaba pasarse mucho de la raya con él.
— No es lo que piensa señor Taisho — Kohaku se levantó del banco y le dio la cara — Mi novia malinterpretó todo, yo jamás le he faltado el respeto a Rin...
Pero no pudo seguir hablando, porque Sesshomaru lo había tomado por el cuello y le había propinado un fuerte golpe en la mandíbula, que lo lanzó lejos y lo dejó inconsciente. Rin perdió la capacidad de moverse y creía que hasta de respirar, su corazón latía tan fuerte que sentía que rompería su pecho, quería correr y ayudar a su amigo, pero su cuerpo no le respondía.
Sesshomaru la miró como nunca antes, con odio rabia y hasta una pizca de dolor y decepción.
Sin previo aviso la tomó por el brazo obligándola a levantarse y la llevó casi a rastras hasta el auto, ella no decía palabra alguna ni se resistía, sólo podía llorar calladamente.
Cuando llegaron a la mansión la bajó del auto de la misma forma y la llevó hasta la habitación. Rin reaccionó al verse en aquel lugar tan querido para ella.
— Sesshomaru, por favor no pienses mal todo fue un mal entendido, yo jamás te engañaría, yo te amo — Suplicó entre sollozos.
— CÁLLATE, eres peor que Kagura — Escupió con asco.
La morena abrió sus ojos al máximo, la había comparado con aquella mujer tan despreciable y le había dicho que era peor. Perdió todo el miedo que tenía desde que lo vio en el instituto y lo remplazó por indignación, le importó muy poco si la golpeaba o le hacía algo peor, tenía que decirle , explicarle todo así él no quisiera escucharla.
— ¿Peor has dicho?, yo soy tu mujer, la madre de tu hijo y no me importa que no me creas que nunca te he engañado, que todo lo estas mal interpretando — Frunció el ceño. Él la miro de nuevo con rabia, pero ella no se acobardó.
— ¿Sabes porque Ayame nos encontró hablando? porque le pedí un consejo a Kohaku para no perderte, porque has estado tan frío y distante conmigo que — Bajó la cabeza y las lágrimas no dejaban de salir — Que pensé que ya no me amabas y por eso me separabas de ti, pero él me dijo que te tuviese paciencia, que fuese un apoyo para ti y no un problema más. Que estúpida soy al preocuparme por ti, mientras tú piensas que soy peor que tu amada Kagura — Espetó dolida.
Sesshomaru no sabía que decirle, era cierto que estaba extraño, pero no por lo que ella pensaba, sino porque intentaba protegerla de Bankotsu y Naraku y se frustraba porque esos desgraciados aún estaban libres.
Suspiró pesadamente — Rin, — La abrazó, pero ella lo empujaba para apartarlo de sí — Maldición Rin ¿No entiendes que no soporto la idea de que estés con alguien más? Tú eres mía Rin, MIA — Recalcó en tono demandante, ella dejó de llorar y lo miró fijamente a los ojos — Te amo Rin — Acortó la distancia y la besó de la manera más dulce que fue capaz. Posó una de sus manos en la nuca de la joven para intensificar el beso, mientras con la otra levantaba su falda para acariciar uno de sus muslos.
— ¿Sesshomaru estas alli? — La voz de Inuyasha y los fuertes golpes que le propinaba a la puerta rompieron el momento de placer.
El ambarino salió de la habitación visiblemente molesto — ¿Que es lo que quieres? — Espetó frunciendo el ceño.
— ¿Donde está Rin?, ¿ Que le hiciste? — Preguntó demandante a su hermano. Hakudoshi se acercó hasta ellos.
— ¿Que sucede Inuyasha? — Rin salió de la habitación con semblante preocupado.
— ¿Estas bien? ¿Este bruto no te hizo nada? — Ahora fue Hakudoshi quién habló.
Sesshomaru lo fulminó con la mirada.
— Estoy bien chicos no se preocupen — Les sonrió y ellos suspiraron aliviados.
— Temimos que Sesshomaru te hubiese hecho daño, por eso vinimos — Explicó Inuyasha.
La joven sonrió — Se los agradezco mucho.
— Por cierto Rin, las chicas están abajo y quieren verte.
— Claro Inuyasha, enseguida voy.
— Hakudoshi ve a mi despacho en un momento — Le "pidio" Sesshomaru.
— De acuerdo.
Sesshomaru y Rin se quedaron a solas en el pasillo, ella lo miraba divertida y él estaba claramente fastidiado por la interrupción.
— Ni creas que esto se va a quedar así — Le advirtió en tono serio, a lo cual ella sonrió inocente.
— ¿De que hablas? — Ladeó la cabeza.
Él la miro duramente y luego se le acercó hasta casi rozar sus labios — A que te haré pagar por el mal rato que me hiciste pasar hoy — Advirtió.
Rin sintió un escalofrió recorrer su espalda y humedad en su entrepierna ante aquellas palabras — Estaré ansiosa esperando ese castigo — Unió sus labios y mordió suavemente el inferior antes de separarse, se dio la vuelta para marcharse, pero sintió unos fuertes brazos tomarla por la cintura. El amabrino le lamió el cuello y acaricio la cara interna de sus muslos. Le encantaba lo práctico que podía llegar a ser el uniforme de Rin en casos como ese. Sin previo aviso introdujo sus dedos en el interior de la joven, mientras los movía rítmicamente. Rin gimió de placer, quería regresarse a la habitación y que se lo hiciera ya, pero recordó que los estaban esperando.
— Sesshomaru — Su voz sonaba tan excitada que a él le encantaba — Nos están esperando — Concluyó con dificultad.
Él detuvo sus caricias y retiró sus dedos — Andando — Pidió con tono impasible.
Ella lo miró pasar a su lado, se veía igual que siempre y ella estaba a punto de caer de rodillas por todo el placer sentido hace unos instantes.
Detuvo sus pasos y la miró por encima del hombro — ¿Sucede algo? — Preguntó con cierta burla, mientras sonreía de medio lado al verla en ese estado.
La morena lo miró molesta —No es nada, vámonos — Apremió.
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Llegaron hasta la sala y estaban reunidos Inuyasha, Kagome y Kanna. Hakudoshi estaba en el despacho esperando a Sesshomaru.
— Hola Rin — Kagome se le arrojó a los brazos — ¿Estas bien — Miró por el rabillo del ojo a su cuñado, se le notaba el enojo con este, pero él se dio por desentendido y se marchó hacia el despacho.
— Estoy bien Kagome no te preocupes, y ¿Kohaku? ¿Como esta él? — Su voz delataba su preocupación.
— Él está bien, tranquila. Sango y Miroku lo llevaron a una clínica, le practicaron algunos exámenes y todo está en orden.
— Qué alivio tan grande siento, Sango debe estar muy enojada conmigo por lo ocurrido — Bajó su cabeza.
— Tú no tienes la culpa de nada — Se apresuró a decir Kanna — Es la maldita de Ayame la que sembró la intriga y bueno Sesshomaru que reacciono sin pensar — Susurró lo último.
— Así es Rin — Agregó Kagome — Temimos tanto que te hubiese hecho algo — Dijo en tono de angustia.
— Yo al principio también sentí temor cuando lo vi golpear a Kohaku, pero a mí no me hizo ningún daño físico — Se abrazó a sí misma, recordar aquella escena aún le daba escalofríos.
— Me impresiona como se contuvo contigo Rin — Habló finalmente Inuyasha.
Las tres chicas lo miraron con una clara mueca de confusión.
— A que te refieres? — Lo cuestionó la morena.
Inuyasha suspiró — A Kagura la golpeo Rin y a Bankotsu lo envió al hospital por varios días.
Rin abrió sus ojos al máximo — ¿Quee? ¿la la golpeo?.
— Así es, por eso estoy convencido de que te ama más de lo que el mismo cree.
Ella no supo que decir, recordar ese horrible momento donde lo había visto con tanto odio reflejado en su rostro, pero también con ese tinte de tristeza y decepción en sus ojos.
— Pero igual fue bastante bruto — Replicó Kagome.
— Hombres — Agregó Kanna rolando los ojos.
— Oye — Se ofendió Inuyasha.
Las chicas rieron ante su reacción.
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En el despacho se encontraban Sesshomaru y Hakudoshi.
— Volviste a reaccionar como un idiota Sesshomaru — Le recriminó Hakudoshi casi a gritos.
El aludido desvió la mirada — No te he llamado para hablar de eso — Pronunció indiferente.
— Lo sé — Contestó aún más molesto — Pero necesitaba decírtelo, nos preocupamos mucho por la seguridad de Rin — Resopló — Temimos que le hicieras daño como a...
— Rin no es Kagura — Lo cortó abruptamente.
— Eso lo sé de sobra, ella sí es una mujer decente, enamorada de un celoso inseguro que no se la merece — Espetó.
— Cállate Hakudoshi — Su tono sonaba más contrariado que enojado — Sé que me comporté como un imbécil — Hakudoshi rió ante tales palabras — Le dije que era peor que Kagura.
La sonrisa del albino se borró de golpe y dio paso a una mueca de rabia — ¿Cómo pudiste compararla con esa zorra? — Siseó.
— Estaba demasiado enojado no pensé lo que hacía — Confesó.
Hakudoshi estaba sorprendido de que Sesshomaru estuviese tan comunicativo y más en un tema tan personal, pero no hizo ningún comentario.
— Rin es una persona hermosa y no sólo lo digo por su belleza física, sino también por su forma de ser, estoy completamente seguro que jamás te fallaría.
Él asintió — ¿Aún no sabes nada de Bankotsu y Naraku?
— No — Contestó con fastidio — Ese par se sabe esconder muy bien y tienen espías en la policía , lo que lo hace doblemente difícil. Estoy seguro que esa mujer los está ayudando.
— Estoy pensado sacar a Rin y a Ichiro del país hasta que logren atraparlos, le pediré a Inuyasha y a su madre que los acompañen — Le comunicó.
— Ella no va a querer irse sin ti.
— Lo hará por la seguridad de Ichiro — Aseguró.
— Sí, es muy probable — Concedió.
— Hablaré con ella hoy mismo, así que ve preparándolo todo, el viaje será luego de su cumpleaños.
— ¿Tan pronto? — Se sorprendió — Eso será dentro de cinco días.
— Es mejor así, por su seguridad.
— Entiendo, está bien hare lo que me pides.
— Bien.
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Estaban reunidos en el comedor cenando, todo había vuelto a la calma luego del incidente de la tarde.
— Bueno nosotros nos retiramos — Anunció Hakudoshi mirando a su hermana.
— Buenas noches a todos — Deseó esta en tono serio.
Hakudoshi hizo un saludo con la mano a modo de despedida, muy típico en él.
— Nosotros también nos retiramos, buenas noches — Inuyasha se levantó de la mesa.
— Buenas noches — Kagome abrazó a Rin.
— Buenas noches, nos vemos mañana — Le sonrió a ambos.
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Subieron a la habitación en silencio, Rin fue la primera en romperlo.
— Quiero darme un largo baño, eso de seguro me relajara.
Sesshomaru solo la miro, pero no dijo nada.
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— Me siento como nueva — Salió sonriente del baño, el ambarino la miraba fijamente — ¿Que ocurre? — Esa mirada la estaba poniendo nerviosa.
— Aún me debes algo — Le recordó.
La joven se relajó, sabia de lo que estaba hablando — Y ¿Como deseas que te lo pague? — Le habló con sensualidad, mientras le sonreía y se quitaba la bata de baño, quedando completamente desnuda ante sus ojos.
Sin pensarlo dos veces se lanzó hacia ella y la tomó por la nuca para besarla lleno de deseo, mientras que su otra mano agarraba su cintura para apegarla más a él. La empujó en la cama y se recostó sobre ella, Rin le desabrochó la camisa lo más rápido que pudo y lo despojó de esta, para poder acariciar su bien formado pecho.
Sesshomaru dejó sus labios y se trasladó a su cuello, la jovencita jadeaba complacida. Siguió sus besos en descenso y llegó hasta sus senos, se llevó uno a su boca mientras acariciaba el otro con su mano, Rin arqueó la espalda cuando sintió que él le lamia y mordisqueaba uno de sus pezones, mientras con su mano acariciaba sus muslos levemente separados. Ella apartó sus manos de su pecho y trabajosamente intentaba desatar el cinturón del pantalón, él entendió el mensaje y se lo quitó por sí mismo, quedando completamente desnudo, su erección ya era evidente, Bajó sus besos a su vientre hasta llegar a su vagina, colocó ambas manos en sus rodillas y le separó las piernas para introducir su lengua. Nuevos gemidos salieron de su boca con la nueva corriente de placer que esto le provocó. El orgasmo no se hizo esperar terminando en su boca.
La miró desde toda su imponente altura con una sonrisa sensual y divertida. Volvió a besarla con lujuria, sentía su sangre hervir.
Rin guió sus manos hacia su miembro y comenzó a masajearlo, Sesshomaru gruñó de placer. Las caricias de sus manos fueron remplazadas por su boca, los gruñidos se intensificaron a medida que sentía su orgasmo llegar.
Se acomodó entre sus piernas y comenzó a rosar la punta de su pene en la entrada de Rin, estaba endemoniadamente húmeda, moría por entrar en ella, pero decidió la torturaría un poco.
— Sesshomaru, por favor.
Él sonrió con arrogancia, había logrado su objetivo — ¿Por favor qué? — La miró a los ojos.
— Hazlo ya — Se mordió el labio inferior.
— ¿Qué cosa? ¿esto? — Se introdujo un poco en ella.
La muchacha gimió y apretó sus hombros — Sí, por favor — Volvió a suplicar con voz entrecortada.
Sabía que Sesshomaru estaba jugando y quería matarlo por eso, pero en esa posición no podía hacer nada, él tenía el control.
— Hazlo ya — Demandó.
— ¿Me estás dando una orden? — Preguntó casi divertido.
— Sí — Estaba visiblemente molesta.
Se introdujo completamente en ella de una sola embestida, arrancando nuevos gemidos. Rin lo rodeó con las piernas para que profundizara en su interior, las embestidas cada vez eran más rápidas y profundas, la habitación pronto se llenó de gemidos y jadeos de ambos. Rin arqueó la espalda cuando sintió un orgasmo recorrer su interior. Sesshomaru sentía en su miembro las delirantes succiones de la vagina de Rin, llegó también a su orgasmo.
— ¿Ya te he dicho cuanto te amo? — Susurró en su oído la joven.
Él negó con la cabeza.
— Te amo muchísimo — Lo besó con dulzura y se acomodó en su pecho para poder dormir plácidamente.
Sesshomaru la observaba dormir, pensando en lo pronto que tendrían que separarse por culpa de esos desgraciados, la extrañaría tanto, pero se sacrificaría con tal de que ella y su hijo estuviesen seguros, aún si eso significaba dejarlos de ver por un tiempo.
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Hola, comenten por fis. Ya estamos llegando al final de esta historia. 😊
