Disclaimer: InuYasha y sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi.
Advertencias: Capítulo un tris insinuante... pero nada de qué preocuparse.
Capítulo 9: ¿El fin de lo nuestro?
.
Kagome estaba en estado de shock, ¿de verdad Sango era capaz de eso? No dudaba de la palabra de su amiga, sin embargo le costaba creer que ella y Miroku casi tienen relaciones. Realmente no le extrañaba eso del mujeriego ojiazul, su amiga era quien le preocupaba. Ella era lo bastante tímida y recatada para hacer algo como eso sólo porque si. Estaba ansiosa, quería saber exactamente qué había sucedido entre sus dos amigos. Por lo que luego de colgar, y no decirle nada más, la pelinegra estaba muy despierta con los ojos pegados al techo y sin saber que pensar. Quería que pasara rápido el tiempo y que ya fuera el día siguiente, aunque había recordado todo el incidente de la fiesta y cómo había afectado a toda la escuela y se le pasaban un poco las ganas de ir, sin embargo quería saber que había sucedido entre Sango y Miroku, ahora que estaba en su habitación tenía la cabeza hecha un manojo de nervios y ansiedad. Y eso que hasta ahora comenzaba la semana.
.
.
.
–Deberías dejar la curiosidad InuYasha –dijo Mizuki–. Pero Miroku… ¿hasta dónde llegaste con ella?
El peliplata miró a la rubia con resentimiento, mientras el pelinegro reía.
–Bueno… no es muy decoroso que un hombre hable de estas cosas –la rubia le fulminó con la mirada, él prosiguió–. Hoy fui a visitar a Sango para pedirle los apuntes de historia y casualmente sus padres no estaban.
–Algo me dice que realmente sabías eso, y no fuiste sólo por los apuntes –inquirió InuYasha con una ceja arqueada, Mizuki le dio un golpe en la cabeza–. ¡Mizuki! ¡¿Por qué hiciste eso?! –preguntó con el ceño fruncido, sobándose la zona golpeada.
–Deja a Miroku contar su historia –respondió inexpresiva, mientras el pelinegro se burlaba.
–En fin, lo que sucedió después fue que ella me dijo que viera algo de televisión mientras ella buscaba sus apuntes, ella se estaba demorando siglos… ni idea de qué estaba haciendo –rió entre dientes–, aunque cuando llegué estaba bastante acalorada.
–Tú te refieres a que Sango estaba… -otro golpe para InuYasha- ¡Mizuki!
–No necesariamente tendría que estar haciendo lo que estás pensando, ella podría estar haciendo aseo… o algo así. Deberías de dejar pensar en sólo sexo, InuYasha.
Miroku rió ante el comentario.
–Bueno, no sé que hacía, aunque rico si ella se estaba-
Ahora el golpeado había sido el pelinegro.
–Deberías dejar de golpear a la gente, las americanas son muy violentas –se burló mientras se sobaba la cabeza, la rubia le hizo una mala cara–. Volviendo a la historia, como se demoraba tanto busqué que ver, y casualmente terminé viendo un canal de esos para adultos.
–¿Casualmente Miroku? ¿En serio? –se burló el peliplata–. Yo creo que hace tiempo que no utilizas nada por allá abajo…
–Par de idiotas, dejen de hablar de obscenidades con una mujer presente –gritó Mizuki, dándoles el enésimo golpe en la tarde.
–Mizuki, tu eres peor… –replicó Miroku, la rubia se sonrojó levemente mientras fruncía el ceño–. InuYasha no es que esté tan necesitado, tú sabes que yo siempre mantengo actividad.
–Idiotas.
–En fin, yo estaba viendo la película triple x, cuando llegó Sango con su cuaderno de historia, se había cambiado y tenía un short con el que se le veían las piernas hermosísimas, y una blusa esqueleto.
–No sé que sigo haciendo aquí, ustedes son unos pervertidos.
–Mizuki… acá en perversión nos gana otra.
–Ustedes son unos críos, no deberían hablar de eso.
–Lo que sucede es que tú nunca nos has visto en acción –dijo InuYasha de manera insinuante.
–¿Osea que ustedes dos…? –Mizuki los señaló y soltó una carcajada–, ¡No sabía que ustedes le iban al otro equipo!
Miroku fulminó al peliplata con desespero, dio un pesado suspiro y observó con cara de póquer a la rubia que reía animosamente.
–No Mizuki, yo soy un hombre, no sé de InuYasha.
–Idiota, yo también lo soy, es que Mizuki entendió mal.
–¡Seguramente fui yo y no otro que ni sabe hablar! –dijo la rubia limpiándose las lágrimas–. Miroku, por favor continúa con la historia.
–Si dejaras de reírte… –dijo con exaspero–. Ya imaginarán como se sonrojó y luego me lanzó todo lo que tuvo a su alcance llamándome "pervertido" cosa que claramente no soy. Yo trataba de persuadirla que estaba equivocada, y accidentalmente ella cayó sobre mí, en mi…
–¿Lo tenías parado? –exclamó InuYasha con risa.
–Si –respondió cortante el pelinegro–, por lo que me pegó una cachetada… lo demás es historia.
–¿Cómo que historia? –preguntó la rubia– Houshi, más te vale decirme cómo fue que terminaron en esas, siendo ella tan esquiva.
–Antes que InuYasha nos cuente antes cómo le fue hoy con Kagome –sugirió Miroku en tono mordaz, el peliplata lo fulminó con la mirada.
–¿Kagome? ¿No era Kikyo? ¡Explíquenme!
–Sí, explíquenme a mí también como es eso de Kagome –se escuchó una fría voz femenina a sus espaldas, Miroku e InuYasha giraron horrorizados, mientras la rubia estaba avergonzada.
–¡¿Ki-Kikyo?!
.
.
.
La pelinegra como pudo escondió a su profesor entre su armario, se acomodó rápidamente su cabello rebelde en una coleta pensando en que al idiota de Naraku no le diera por hacer algo malo y que se aguantara ahí o buscara la manera de huir. Se dirigió hacia la puerta a abrir a quien llegaba, un peliplata con expresión imperturbable.
–Sesshomaru, bienvenido –saludó la pelinegra dejándole la puerta abierta, él asintió e ingresó mirando el lugar–. Toma asiento.
Ambos se sentaron en la sala, y la pelinegra sacó sus apuntes, colocándolos en la mesa de centro, mientras el peliplata estaba sentado tranquilamente con una expresión imperturbable mirando con calma todo su alrededor. Kagura le miró con una mueca de confusión.
–Ehm… ¿Quieres algo de tomar? ¿Un jugo? ¿Vaso de agua…?
Sesshomaru asintió con serenidad, aceptando un vaso con agua, mientras miraba a la pelinegra levantarse hacia una especie de cocina, cogió el cuaderno de historia de la chica y comenzó a ojearlo, no tenía mayor cosa, dio un pesado suspiro de exasperación, Kagura al regresar lo miró desconcertada, descargando el vaso en la mesita de centro.
–¿Pasa algo malo? –preguntó con cautela.
–Bueno, no tienes muchos apuntes, no sé qué es lo que vamos a estudiar…
La pelinegra desvió la mirada con un leve sonrojo e incomodidad.
–Yo pensé que tú traerías los tuyos también…
Sesshomaru le miró inexpresivo, tomando del vaso con calma, y luego de unos minutos de silencio incómodo se atrevió a hablar.
–Quizá sea mejor que dejemos así y estudiemos otro día… –Kagura soltó un suspiro mirándole con un poco de decepción–, o podemos ir a mi casa por mi cuaderno y estudiar.
–¡No es necesario! ¡De verdad! –la chica agitó las manos tratando de persuadir al peliplata–, no veo necesidad de eso, puede ser otro día, si puedes, aunque a decir verdad no lo creo tan necesario…
–¿En serio? –preguntó imperturbable, casi con severidad–, no tienes muchos apuntes, realmente veo complicado que vayas a aprobar, además-
Un fuerte sonido se escuchó, como si algo en un armario se hubiese caído.
–¿Qué fue eso?
La pelinegra sintió sus orbes salir de sus cuencas, se paró justo en frente del muchacho, impidiendo que se dirigiera hacia el lugar de donde venía el sonido, y ella estaba completamente segura que el causante de eso había sido Naraku.
–¿Qué cosa? No escuché nada… –se apresuró a decir, Sesshomaru hizo el amague de avanzar–, seguramente fue algún gato o algo… –desvió la mirada.
–¿Ocurre muy a menudo? Necesito ver.
A pesar de que Kagura intentó evitar que el peliplata se dirigiera hacia el armario, él en un ágil movimiento la esquivó y llegó hasta la habitación, la pelinegra desesperada intentó detenerlo, y justo antes de que el chico abriera el armario, se detuvo a mirarla.
–¿Por qué estás tan nerviosa?
–¿Y-yo nerviosa? ¡Claro que no! Es que le das demasiada importancia a un simple ruido…
–Vives sola, ¿no es así? –preguntó más en una afirmación, a la que la pelinegra asintió algo aturdida–, y, ¿no te asusta que algún intruso entrara aquí?
«Si supiera…» pensó Kagura negando lentamente con la cabeza, el chico se dio la vuelta y abrió la puerta del clóset, sintió que su corazón se detuvo, se le subieron los colores al rostro. «¡Mierda! ¿Cómo le explico que hace Naraku aquí?» tragó saliva esperando lo peor, sin embargo ese momento nunca llegó. Sesshomaru cerró la puerta con su rostro levemente confundido, dándose la vuelta.
–Tenías razón, no fue nada… sin embargo eso fue raro.
Kagura suspiró en completo alivio, y pudo jurar que internamente hizo un baile de victoria. Guardó la compostura y le miró con tranquilidad.
–Te dije que no había sido nada… ¿entonces?
–Pues como quieras –respondió estóico, regresando a la sala–, si no es necesario, puedo darte mis apuntes.
La chica no pudo evitar sentirse un poco decepcionada, sin embargo estaba aliviada. Después de todo había sido el mismo Naraku que la había metido en ese lío, sería mejor no entablar demasiada relación con el Taisho. No mientras aún tuviera conexión con Naraku.
–Claro, con tus apuntes es suficiente, gracias.
.
.
.
–¿Y bien? –inquirió la pelinegra con los brazos cruzados por debajo del pecho, con una expresión inalterable sin embargo con un tinte de impaciencia–. ¿Debo volver a preguntar qué tiene que ver esa chica Kagome en todo esto?
–Yo… hay un cliente que me necesita, ¡nos vemos! –dijo la rubia alejándose casi corriendo de esa mesa, el ojiazul estaba a punto de hacer lo mismo, sin embargo Kikyo le detuvo.
–¿Por qué no me dejas ir, Kikyo? ¡Aquí no pasa nada! –exclamó el pelinegro, palideciendo inmediatamente, aquel rubor ocasionado por el trago no estaba más.
–Miroku, fuiste tú quién habló de eso, quiero saber, ¿hay algo malo?
–Kikyo, no sé por qué armas tanto drama… Kagome es la niñera de Shippo, ya te lo había comentado, ¿no? –acotó el peliplata rodando sus ambarinos ojos.
–Sí, lo sabía –respondió con severidad–, mi pregunta es a qué se refería Miroku cuando habló de ella.
InuYasha dio una fugaz mirada hacia su pelinegro amigo, no con enojo ni exaspero, quizá él estuviese más ebrio por lo que no sentía ningún peligro o miedo.
–Mira Kikyo, Miroku me preguntó eso porque hoy hubo un accidente, casi se incendia mi casa y básicamente fue culpa de ella.
–¡¿Qué?! –exclamó la chica, sin embargo además de su voz, se escuchó una más grave, Kikyo dirigió una mirada confusa con el ceño fruncido hacia Miroku–, ah, parece que él tampoco lo sabía.
–No seas problemática, precisamente eso le contaba…
–No parecía demasiado que hablaran de eso.
InuYasha dio un bufido de exasperación, obligó a la pelinegra sentarse a su lado, y en ese forcejeo, Miroku aprovechó para escurrirse y salir pitando de ahí.
–Linda, Kagome no es de importancia, pero ya estoy cansado de tus reclamos… acaso ¿no confías en mi?
–Tú me das razones para no hacerlo.
–Entonces estás diciendo que esto no funciona, ¿o si?
–No digo eso… es que últimamente pasas demasiado tiempo con ella, ya casi no nos vemos, si no es porque pasé por aquí, no habría ni hablado contigo.
–A todas estas, ¿por qué viniste?
El peliplata frunció el ceño exigiendo una explicación, Kikyo desvió la mirada.
–Yo… quería verte, pensé que estarías aquí, y no me equivoque. Aunque detesto el que estuvieras hablando de esa chica, ya ni me determinas para nada. Dime, ¿ya no me quieres?
El Taisho entrecerró los ojos, procesando las ideas, no es que no la quisiese, el realmente quería a la Miko, aunque de eso no estaba ya muy seguro, sus sentimientos estaban cambiando y a pesar de que no lo aceptara, la responsable de todo eso era Kagome, además que el dolor punzante en su cabeza por el trago no ayudaba demasiado.
–Kikyo yo… no estoy seguro ya, es que… –se rascó la nuca con exasperación.
–O sea que quieres terminar –habló con ironía, una sonrisa satírica adornando sus delicadas facciones.
–¡No es eso! ¡Yo…!
–Los borrachos siempre dicen la verdad, ¿no es así? Estás demasiado tomado, no entiendo porqué seguimos juntos, si desde que llegó esa chica casi ni nos vemos ni hablamos…
–¡No es culpa de Kagome, yo…!
–La defiendes… seguramente ya obtuviste lo que querías de ella, como de todas las demás –la pelinegra dijo eso en un tono tan frívolo, que InuYasha se apresuró a agarrarla por los hombros, estrellando sus labios con los contrarios con brusquedad y algo de torpeza.
–¡No es eso Kikyo! ¡Yo no quiero nada con Kagome! Sólo que tú y yo últimamente hemos estado distanciados… es eso.
–Lo siento –le apartó con indiferencia, levantándose de la silla–. Estás confundido, tomémonos un tiempo para que aclares tus ideas.
–¿Estás terminando conmigo?
–¿Tu qué crees? –masculló despectiva, dándose la vuelta y alejándose–. Aunque sé que pronto volverás a mí –susurró para sí misma saliendo de aquel billar.
Al instante, Miroku y Mizuki estaban cada uno a un lado del peliplata con una mirada interrogante. El primero en hablar fue el pelinegro.
–¿Qué demonios pasó InuYasha?
–Creo que Kikyo terminó conmigo –respondió encogiéndose de hombros, ambos chicos en asombro casi dejan sus mandíbulas en el suelo, el Taisho miró a la rubia–, ¿me das un trago y me haces compañía, Mizuki?
Con confusión la rubia asintió y le entregó una botella medio llena.
–Mañana hay clase…
.
.
.
Era el segundo día de esa semana, ¿el martes sangriento? No tanto así, sin embargo, si las cosas habían estado muy movidas el día anterior, ese día estaría aún peor. Kagome esperaba que superaran el tema de la fiesta, pero siendo honestos, hasta ella misma lo dudaba. Pero estaba equivocada. Ese martes nadie había hablado de la fiesta, más sin embargo, ella seguía siendo centro de atención. ¿La razón? Qué más se había demorado InuYasha el asimilar que había vuelto a ser soltero, que todo el instituto en enterarse del rompimiento entre el peliplata y la pelinegra, y como no, si en todas las versiones algo tenía Kagome que ver de alguna manera.
–Mira quién está aquí –dijo una molesta chica de tercero–, además de meterse entre Koga y Ayame, también es la causante que el tonto de InuYasha y Kikyo terminaran.
–Déjame en paz Kaori –respondió Kagome sin mirarla siquiera.
–No, no, tú no te vas –se apresuró a bloquearle el paso–, no sabía que las chicas como tú eran unas completas zorras.
–¡Mira pedazo de…! –habló Sango hasta que fue interrumpida por su amiga.
–Déjala, ni sabe de lo que habla. Si vas a molestar a alguien con tus chismes, que al menos sean un poquito ciertos, operada…
–¡¿Qué?! ¿Operada quién? –exclamó Kaori claramente ofendida.
–A mi no me mientes, esa nariz no es real –le señaló el rostro a la chica–. No sé de qué va ese tal rompimiento entre InuYasha y Kikyo, pero te aseguro que no tengo nada que ver, ni tampoco me relaciones con Koga y Ayame que yo ni hablo con ellos –continuó con severidad–, aunque sabes qué, di lo que quieras, ni me importa, sólo trata que no te crezca esa nariz por mentirosa.
Kaori abrió la boca sorprendida que fácilmente una mosca podría entrar ahí, un rojo de furia subió a su cara mientras sus secuaces, Mio y Yukie trataban de abanicarla con sus cuadernos.
–Kaori, lo de tu nariz… ¿es verdad?
–¿De qué hablas mocosa? ¡Es mentira! –refunfuñó colérica.
A unos metros se encontraban Kagome y Sango riendo y caminando con tranquilidad hacia el jardín a comer un poco. La castaña miró a Kagome aún con diversión.
–Kagome, eres genial, ¿cómo sabías que la nariz de Kaori es operada?
–¿Lo es? No lo sé, me pareció…
Ambas soltaron una sonora carcajada, luego de reír unos instantes, quedaron serias y en silencio.
–Entonces… ¿cómo es eso que Kikyo e InuYasha terminaron? ¿Y… por tu culpa?
–No sé, no es como que yo hable con InuYasha todo el tiempo, lo único que sé es que ese es el tema del día en este instituto, y que claramente yo soy la villana y causante de la separación –respondió con ironía–, pero Sango, no quiero hablar de eso… no he podido pegar el ojo en toda la noche, necesito saber qué sucedió entre tú y Miroku.
Repentinamente la castaña se sonrrojó, y desvió la mirada.
–B-bueno, y-yo… –la pelinegra la fulminó con la mirada, Sango tragó saliva con nerviosismo y desvió la mirada–, verás, el pervertido mujeriego fue a pedirme apuntes como te había dicho, pero yo estaba… eh, haciendo aseo por lo que estaba acalorada, así que mientras me cambiaba lo dejé en la sala y el muy idiota se puso a ver un programa… para adultos.
–¿Qué? –rió la pelinegra–, Miroku no tiene vergüenza.
–Como sea… al forcejear caí en él… en su… –se tapó la boca avergonzada, Kagome rió sabiendo a qué se refería exactamente su amiga, asintió tratándola de hacer sentir más cómoda, y animándola a continuar–. Entonces estaba a punto de golpearle, cuando me agarró por los hombros y me besó.
.
El pelinegro había hecho girar a Sango, por lo que ahora ella estaba bajo su cuerpo, a su completa merced. Miroku arremetió su lengua en la cavidad ajena, besándola como si su vida dependiese de ello. Sin embargo la cosa no quedó ahí, y aunque la castaña hizo todo lo posible por sacarse de encima al Houshi, al final terminó cediendo. A medida que las cosas se fueron calentando, Miroku no se conformó sólo con un beso, y comenzó a tocar los pechos de la chica. Ella intentó protestar, pero él se adelantó guiando la mano femenina hacia su entrepierna. Allí se perdió todo raciocinio para Sango. Pasaron algunos minutos, hasta que el pelinegro quiso llevar las cosas aún más allá, no obstante Sango lo detuvo en ese momento, ella no quería continuar, no así. Miroku completamente sorprendido, se separó de la chica, entendiendo perfectamente que se rehusara, pero frustrado. Además aún tenía un problemilla…
–Sango… ¿puedes dejarme usar tu baño?
–¡¿Qué?! –preguntó completamente ruborizada– ¡NO!
–¿Es en serio? –habló impactado– Es que… necesito ir.
Sango giró el rostro, desviando su mirada avergonzada, asintiendo aún con duda, pero ella sabía que no podía impedirle eso. Miroku tardó un rato, al salir se despidió con un simple adiós dejando a la castaña asombrada y muda.
.
Kagome soltó una sonora carcajada que causó que medio instituto se girara a verla, la pelinegra no podía aguantar la risa, mientras una completa avergonzada Sango trataba de calmarla diciéndole que no era un motivo de risa lo que había pasado.
–Es que Sango… ¡No puedo creerlo! –exclamó limpiándose lágrimas de las comisuras de los ojos–. Pagaría mucho dinero por ver a Miroku en esa situación.
–De verdad, no es gracioso… –suspiró con resignación la castaña–. Te conté no para que te rieras.
–Bueno, bueno… ya me calmo –dijo tratando de hablar aún con risa–. ¿Has vuelto a hablar con él?
–No, y hoy no lo he visto.
–Parece que no vino a clase –dio una rápida mirada a su alrededor–, ni tampoco InuYasha, y esto de su separación con Kikyo me está volviendo loca… necesito que aclare las cosas, no es que me guste mucho estar en boca de los demás, he tenido suficiente estos últimos días.
–Quizá deberías hablar con él en la tarde –mencionó la castaña con un deje de preocupación.
–Si es que está en casa…
.
.
.
Kagome trataba de hacer su tarea, mientras un pequeño pelirrojo revoloteaba de un lado a otro, diciendo que quería jugar, que tenía hambre, que tenía sueño, que Kagome era una aburrida, y bueno, ella ya estaba harta. Había jugado con él casi toda la tarde, pero tenía que hacer tareas y el pequeño inquieto no dejaba de molestarla.
–Shippo, ¿por qué no juegas un rato videojuegos? –preguntó con una sonrisa y los ojos cerrados, ocultando muy en el fondo su molestia.
–¿En serio puedo Kagome? –preguntó el niño con sus ojitos brillándole de la felicidad, la chica asintió aún sonriente.
El niño se dirigió a la sala en donde estaba el televisor con la consola, y cuando se disponía a jugar, se escuchó un ruido en la puerta, y al instante apareció el peliplata tambaleándose de un lado a otro.
–¿InuYasha? –preguntó Kagome levantándose de su asiento para caminar hasta el chico–, ¿estás bien?
–Yo… ¡Estoy perfecto!
–Perfecto, si ni siquiera viniste a dormir anoche, ¿cómo le explicarás a mi tío? –preguntó Shippo volviendo su vista a la pantalla del televisor.
–¿No viniste anoche? –preguntó la pelinegra molesta– ¿En qué demonios piensas InuYasha?
–¡Pequeño mocoso! –gritó hacia el niño, el cual salió corriendo mientras Kagome lo detuvo y lo arrastró hasta el sofá.
–Deja a Shippo –masculló Higurashi sentándose a su lado–, ahora dime, ¿qué te está pasando? Tienes un tufo terrible y no regresaste anoche, no fuiste hoy a clase, y llegas como si nada… no es como que me importe, no soy tu mamá ni menos, pero gracias a tus problemas de alguna extraña forma siempre termino involucrada.
–No seas molesta, Kagome –farfulló desviando la vista, tropezando con cada palabra, realmente estaba ebrio–. No eres mi madre, pero… ¿podrías cuidarme?
–¿Eh? ¿De qué estás hablando? Yo no cuido borrachos, menos si el borracho eres tú.
–No seas tan mala, sé que en el fondo quieres…
–¡N-No podrías estar más equivocado!
–¡Tartamudeaste! ¡Ja-ja!
Kagome puso los ojos en blanco, levantándose del sofá, sin embargo el peliplata le agarró la muñeca impidiéndole irse.
–No me dejes, tu no…
La fuerza que usó el Taisho, fue bastante, y aunque sin mucha dificultad Kagome hubiera podido librarse del agarre, los ambarinos ojos del chico reflejaban una especie de melancolía y tristeza, que hizo que la pelinegra se sentara a su lado, soltando un pesado suspiro de resignación.
–¿Es por Kikyo? ¿Es verdad que terminaste con ella?
–Ya lo sabes, veo que los chismes corren en ese maldito instituto.
–Ni que lo digas, y como raro estoy metida en eso, dicen que terminaron por causa mía, deberías aclarar ese asunto, yo no tengo nada que ver en eso.
–Bueno, no están del todo equivocados –murmuró InuYasha mirando hacia otra dirección.
–¡¿Qué?! ¿De qué hablas?
.
.
N/A: Más de tres meses sin actualizar, de verdad ¡lo siento! He tenido algunos problemas, y no hace mucho que salí a vacaciones, por lo que no tenía mucho tiempo, aunque este capítulo no es tan largo, me demoré mucho tiempo en escribirlo, habían cosas que no me cuadraban, y al final quise meterle una pequeña situación que me pasó para hacerlo cómico... creo yo o.ó No me maten por tardarme tanto :c Les aseguro que continuaré, aunque pronto viajaré, así que no tendré mucho tiempo.
Espero les haya gustado, y cualquier cosa siéntanse completamente libres de hacérmelo saber. ¡Gracias Jossy-chan y Azucenas45 por sus reviews! De verdad me hacen feliz :P Espero actualizar pronto. Un saludo :3
¿Les gustó el cambio de nombre al fic o volvemos al anterior? ¡Gracias por la idea Jossy-chan! :'3
