¡Hola lectores! Aquí un capitulo bastante zabrosongo 7u7 preparen sus hormonas y ovarios(?)

¡Esperamos que les guste!

Declaimer:

Nota: Saint Seiya The Lost Canvas no nos pertenece al igual que sus personajes.


Capitulo IX

Cuando Agasha finalmente entro a la biblioteca no se atrevió a mirar atrás, y simplemente se acercó a su mejor amiga quien inmediatamente supo que algo seguramente malo había sucedido, y luego de que reunió la calma suficiente para decirle como pudo todo a la perpleja pelirroja, la muchacha de ojos ámbar estuvo a punto de ir a dirección ella misma y arrancarle la piel a tiras al infeliz que había prácticamente asaltado a la castaña, pero esta ultima la convenció de no hacerlo y de que los profesores se encargarían de todo y ella solo debía llevar por escrito el incidente a la mañana siguiente. Le tomo algo de tiempo, pero luego de que la pequeña alemana viera razón, ella silenciosamente le agradeció en silencio al hombre de cabellos azul celeste haberla ayudado en un momento de apuro.

A la mañana siguiente la pelirroja marcho con una reluctante castaña de ojos verdes oliva hacia la dirección con el informe del incidente del día anterior escrito en sus manos, y al llegar al edificio no solo se enteraron que el asaltante en cuestión había sido expulsado, sino que también pasaría un tiempo en prisión por sus acciones y eso quedaría gravado por siempre en su expediente de vida.

Ninguna cuestiono la veracidad de lo dicho, y ambas se asombraron de lo que había podido hacer el hombre de los ojos azul cobalto, cuando ponía su mente en un objetivo particular. Él había prometido que haría pagar al malnacido adecuadamente y lo había conseguido, espectacularmente.

Después de eso transcurrieron unas semanas sin ningún tipo de incidentes.

A Shea el muchacho que la molestaba termino por dejar de fastidiarla luego de que ella le hubiera asestado tremendo golpe en sus áreas blandas aquel día, y ella disfrutaba de sus clases en paz al igual que la castaña que por obvias razones no volvió a tener problemas; sin embargo, en todo ese tiempo ellas no se los encontraron, aunque siempre les parecía ver sus cabellos desaparecer por las esquinas de los pasillos.

Ellos por otro lado, se les había complicado un poco con cosas con las asignaciones y los primeros parciales del semestre, y junto con los seminarios que daban cada cierto tiempo en la universidad el tiempo que normalmente tenían libre se había reducido a prácticamente nada entre una cosa y la otra. Pero siempre las tenían a ellas en el pensamiento, constantemente y se prometieron a sí mismos que pronto, en cuanto se desocuparan y lograran salir de tanto ajetreo que hablarían de nuevo con ellas.

Y así pasaron una semana y media más, sin verse ninguno las caras.

Casi a mitad de esa semana Agasha y Shea estaban haciendo nuevamente inventario para los libros nuevo que la universidad había decidido comprar, hablando y bromeando para aligerar el ambiente un poco mientras recorrían las estancias, tanto así que se les paso las horas y no se dieron cuenta que iban quince minutos retrasadas para su hora normal de salida. Espantadas porque los autobuses mientras más tarde más tardaban en llegar, recogieron con prisa y salieron pitadas hacia la parada, sabiendo que se habían perdido su bus usual, pero que aún podían alcanzar el siguiente.

—Bueno por lo menos no tenemos nada importante que hacer —murmuro Agasha distraída.

—Cierto, si no me temo que ya estuviéramos calvas del estrés —asintió Shea, viendo a ver si el bus se veía ya desde la parada.

Pasaron unos minutos más cuando finalmente llego el bus y fueron capaces de subir y tomar asiento cansadas, con ganas de llegar al apartamento lo antes posible para comer algo y descansar debidamente después del día tan ajetreado en la universidad. Los trabajos de esas vacaciones las habían dejado agotadas y con sueños atrasados, pero afortunadamente, habían logrado salvar una generosa cantidad de dinero de ambos trabajos en el banco y tenían una suma decente para una emergencia.

A medio camino del trayecto empezaron a notar que el tráfico estaba más pesado de lo normal, y había una tranca del demonio en uno de los semáforos más importantes; irritadas más allá de todo, pero con una curiosidad innata, se pegaron a la ventana mientras el bus avanzaba a paso de tortuga, con el conductor y todos los demás pasajeros curiosos por ver cuál era el problema, y por lo poco que vieron, les hizo pensar que había habido un accidente de algún tipo porque había mucha gente aglomerada más los bomberos y la policía no pudieron enterarse con exactitud que había sido.

Una vez pasado ese ajetreo, todo volvió a la normalidad como si no hubiera pasado nada, con el tráfico regulado y las personas metidas en sus propios asuntos, y en nada de tiempo llegaron a su edificio, sin saber que se encontrarían con una sorpresa nada placentera.

Al día siguiente, Asmita quien había dormido en casa del peliazul la noche anterior debido a que usualmente cuando hacían seminarios corregían todo juntos reunidos en una de las dos casas, con ayuda de café o té, hasta altas horas de la madrugada durante esos periodos; se levantó al alba, y puso a hacer café, mientras esperaba a que estuviera listo inicio con su usual rutina de meditación y como un reloj bien aceitado algunos minutos después Albafika entro a la cocina apagando la cafetera después de asegurarse de que el brebaje estuviera listo, y al girarse y ver la puerta corredera de cristal que daba al patio lateral abierta, ni siquiera parpadeo.

El peliazul ya estaba familiarizado con esa rutina.

Puso unas rodajas de pan en la tostadora y saco huevo y tocino, disfrutando de la calma de la mañana, la quietud y silencio que se acababa en lo que entraban a la universidad. Y ese pensamiento inevitablemente lo llevo a la castaña y en si estaría mejor luego del incidente, pero rápidamente aparto esos pensamientos de su cabeza o se arriesgaría a que pasar el resto del día amargado y molesto.

—Afortunadamente terminamos con las correcciones temprano —comento Asmita entrando por la puerta lateral de la cocina luego de su meditación matutina para servirse una taza de café negro bien caliente.

—Así es —suspiro Albafika, sirviendo el desayuno automáticamente, y sentándose en la mesa.

Y así comenzó su rutina de siempre, ligera conversación con intervalos de silencio, hasta que llegó la hora de ducharse e irse a trabajar en lo que pensaban sería un día como cualquier otro.

Sino bien habían bajado del auto en el estacionamiento, la conversación que se oía por los pasillos era de un supuesto accidente que había ocurrido la tarde del día anterior, y de la que todo el mundo parecía estar al tanto menos ellos. Curiosos como todo ser humano, fueron a la sala de profesores de idiomas y efectivamente sus colegas también parecían comentar sobre ello, leyendo el periódico que daba más detalles sobre lo sucedido.

Después de los típicos saludos cordiales y conversaciones sobre clases y calificaciones, y haber entregado los parciales y test de los seminarios en la dirección para ser procesados, al fin uno de sus colegas saco a relucir el tema.

—¿Supieron del accidente? Sucedió ayer a las seis y veinte de la tarde… —comento uno de los profesores, ojeando el periódico como si no lo hubiera visto mil veces ya.

—Sí, hemos oído algo —respondió Asmita sin darle mucha importancia, organizando sus papeles del día.

—Que tragedia… se confirmó la muerte de dos jóvenes muchachas —comento una de las otras profesoras, con tristeza—Aparentemente iban a la universidad… es una lástima que su futuro haya sido truncado tan violentamente y tan rápido.

Y los demás siguieron el tema, mientras Albafika y Asmita sin darle mucha importancia, más que la debida tristeza por dos vidas tan jóvenes pérdidas, se dirigieron cada uno a sus debidas clases, y todo lo que tenía que hacer en el día rondando en sus mentes. La mañana paso con bastante rapidez y el almuerzo no pudieron tomarlo debido a un conflicto que se encontraron en medio de uno de los pasillos y tuvieron que llevar a ambos involucrados a la dirección y presentar el caso.

Pero a todos lados a donde iban estaba el tema del accidente, sobre todo cuando se confirmó que las jóvenes difuntas habían asistido a esa misma universidad, y como todo eso les causo un ligero interés, pero sin pararse realmente a pensar en ello. Para el final de la jornada estando en la sala de profesores volvió a surgir el tema, pero con más detalles aún. Y no fue hasta que uno de ellos no menciono un crucial dato que antes no se había sabido y que hizo que la sangre se les congelara en el cuerpo y la respiración se les atascara en la garganta.

—Aun no consiguen identificar a las víctimas, pero los testigos afirman que una de ellas tenía el cabello pelirrojo —comento a uno de sus colegas, sin darse cuenta que dos personas en el cuarto se congelaban.

—¿Hay más detalles de quienes podrían ser las jóvenes? —pregunto de la nada Asmita, deteniendo todo lo que estaba haciendo y pensaba hacer y mirando en su dirección.

Ellos, aunque amables y tranquilos, siempre procuraban mantenerse al margen de conversaciones que no tuvieran que ver con el trabajo, por eso les sorprendió a los demás profesores que el rubio inquiriera saber algo así.

—Bueno… según testigos oculares, eran dos chicas de aproximadamente entre dieciocho y veintiún años, delgadas, baja estatura, una pelirroja y una castaña, en los restos que el fuego no consumió por completo se identificó dos carnets de esta universidad, pero demasiado dañados como para decir por seguro quienes eran y como hoy faltaron muchas personas no se sabe por seguro —informo nuevamente la profesora mirándolos extrañada.

El mundo dejo de girar por unos largos minutos que parecieron eternos para ellos, al oír las descripciones de las chicas que encajaban perfectamente con la de dos personitas que ellos conocían, que ahora que recordaban y prestaban debida atención a los comentarios de los alumnos hechos durante el día, el accidente había ocurrido justo en el mismo horario en que ellas dos tomaban el autobús y en la misma ruta. Cada vez más inquietos, murmuraron una excusa por lo bajo y se marcharon con la más absoluta tranquilidad que pudieron reunir, dirigiéndose a los salones donde aún dos de sus colegas estaban terminando sus lecciones, y preguntando como quien no quiere la cosa si una chica en particular había faltado ese día, cuando la respuesta fue positiva, sintieron algo frio asentarse en su interior.

La negación estaba firme aun en sus mentes, pero todo indicaba a que ellas habían sido las chicas del accidente.

Albafika condujo casi arriba de la velocidad hacia su casa, sus manos apretando el volante del auto con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos, Asmita permaneció callado y absorto en sus propios pensamientos, pero en lo que el hombre de cabellos azul celeste estaciono en el aparcamiento de la casa ambos fueron directo a buscar información, uno al periódico que no habían leído esa mañana y el otro a encender su computador para buscar información sobre lo sucedido por internet.

Y los resultados no fueron nada bonitos, al parecer un camión que iba conducido por un hombre bebido había cruzado un semáforo en rojo estrellándose contra un autobús, ocasionando un fuego que se propago, resultando en varias personas heridas, siete con quemaduras de segundo grado, y dos muertes. Las víctimas eran dos jóvenes chicas universitarias, que no habían sido reconocidas aun debido a que el fuego las había dejado irreconocible y ningún familiar se había presentado a reclamar los restos o reportar alguna desaparición.

Al final de su investigación, estaban casi seguros de que las chicas envueltas en el accidente no eran otras que Shea Metzger y Agasha Gakis.

Habían querido esperar, siempre retrasando el momento para hablar una vez más con ellas, creyendo que aún tenían mucho tiempo por delante, pero ahora parecía que su tiempo se hubiera terminado, aunque había algo dentro de ellos que se negaba a creer que fuera posible que las muchachas hubieran muerto. Ambos se quedaron mirando a la nada, con recuerdos de ellas danzando en sus mentes, y una sensación de opresión en el pecho que no parecía a nada que hubieran sentido con anterioridad.

Hasta que no hubiera confirmación irrevocable, ninguno de los dos hombres lo aceptarían como la rotunda realidad.

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Agasha observo con sorpresa e inquietud como la puerta del departamento donde vivían estaba abierta de par en par, Shea se puso en alerta máxima, pensando que podría ser un ladrón, pero cuando entraron con cautela, querido que fuera una banda de ladrones antes que las personas que le estaban devolviendo la mirada; Ellas se quedaron congeladas, la castaña veía a la mujer que se había casado con su padre volviendo su vida miserable hasta llevarlo a una muerte prematura, y que seguidamente había vuelto su vida un infierno por el tiempo en que estuvieron bajo el mismo techo.

Y Shea por otro lado no le quitaba la vista de encima a su tío, quien tras la muerte de sus padres tomo su custodia e inicio los días más oscuros de su infancia. Quería huir, por primera vez el verdadero miedo se acentuó en su mente desde aquella trágica noche en que casi había arruinado su vida. Luego de ese incidente la pelirroja había decido huir con la castaña y desde ese día no habían vuelto a ver a esas personas; ambas se miraron con preocupación.

—¿Qué hacen aquí? —hablo primero la joven de ojos ámbar con una nueva oleada de irritación. No sabían cómo habían conseguido una copia de sus llaves o si había forzado el cerrojo, pero le molestaba que invadiera su pequeño santuario.

Su tío era un hombre alto, musculoso, por la sangre alemana que corría por sus venas, sin embargo, estaba algo regordete luego de comer más de lo debido, y este sonrió con burla antes de responderle.

—Yo creo que es bastante obvio, sobrina —dijo revisando los muebles y tocando el material.

Shea estaba ya a la defensiva, nunca podría adivinarse cuando y donde aquel hombre iba a demostrar su verdadera naturaleza. Pero debían andarse con cuidado si querían salir indemnes de esa confrontación.

—Oh, pero miren nada mas, Agasha, cuanto has crecido —comento una voz con falsa amabilidad. La castaña entrecerró los ojos ante la visión de su madrastra—Hemos venido aquí para ver cómo les iba, ya que no se preocupan en mantenerse en contacto con nosotros—murmuro sonriendo de oreja a oreja, con una mirada sagaz—Me alegra comprobar que les va muy bien.

Ellas se miraron sintiéndose aún más inquietas y tensas ante aquellas palabras.

—¿Qué es lo que quieren? —pregunto firme la castaña ¿No les bastaba haberles hecho la vida imposible en el pasado? Al parecer no era suficiente y venían a por más.

La madrastra de Agasha perdió la sonrisa, y las observo impasiblemente.

—¿Pues dinero que más? —explico encogiéndose de hombros, sus fríos ojos recorrieron el lugar una vez más para dar énfasis en lo que deseaba.

Lívidas de enojo los corrieron con amenazas que llamarían a la policía, y ellos se fueron con demasiada facilidad bien dispuestos, e incluso después de que estos se hubieran marchado los nervios de ellas no se calmaron pues tenían la seguridad de que volverían. Lo peor del caso es que tenían miedo de involucrar a la policía en el asunto y lastimosamente no tenían dinero suficiente para pagar un abogado que les ayudara en situaciones como aquella.

Los dos días siguientes no pudieron salir de su hogar.

No porque no quisieran, sino porque ellos prácticamente las estaban rondando como buitres. Habían hecho amenazas veladas en distintas ocasiones y a ambas chicas les daba terror salir de su hogar para encontrarse con aquellos que se hacían llamar a sí mismos sus familiares; tanto así que por la noche apenas pudieron pegar ojos por temor a que se colaran en la oscuridad para atacarlas por no ceder a sus demandas, no sería la primera vez que aquello pasara.

Cuando por fin reunieron el valor suficiente como para aventurarse fuera del apartamento, compraron un refuerzo de seguridad para la puerta y cambiaron la cerradura, ya que no podían quedarse indefinidamente encerradas sin perder la beca y sus trabajos, esa fue la única solución a la que llegaron.

Al tercer día, nerviosas y exhaustas, se dirigieron a la universidad, pero no sin antes comprobar la seguridad de las puertas, estando atentas a todo lo que le rodeaban, ya que sus 'familias' podían ser bastante mal intencionadas y causarle un accidente si se lo propusieran. Cuando llegaron hicieron todo lo posible para estar más tiempo trabajando en la biblioteca, apenas salían de una clase, corrían pitadas para ganar un dinero extra que les haría falta más que nunca; no habían pensado mucho en los atractivos profesores debido al ajetreo en el que sus vidas se habían visto envueltas.

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Albafika poso los siguientes días en una bruma de preocupación e inquietud, recriminándose internamente el no haber hecho un esfuerzo mayor al hablar con ella y conocerla más profundamente y determinar de una vez por todas si lo que él sentía cuando estaba la muchacha a su alrededor era una simple atracción llena de curiosidad o algo mucho más profundo. Pero ahora parecía que era demasiado tarde, porque cada día que pasaba sin noticias de ellas hacía que el nudo que se instaló en su interior se apretara cada vez más, hasta hacer dificultosa su respiración.

Él suspiro con pesadez mientras estaba sentado en su escritorio, su vista recorrió el aula desierta desde hacía pocos minutos, se pasó una mano por el rostro cansado no solo por el día tan ajetreado sino también por las noches en vela desde que la noticia del accidente había surgido ¿Cuánto más seguirían preguntándose si las dos muchachas que murieron eran sus exalumnas? Los forenses estaban por descifrar el enigma y el peliazul no sabía si estaba listo para enfrentar la verdad.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por un ligero temblor que sacudió su escritorio, él observo con calma como los vidrios de las ventanas vibraban. Y frunciendo el ceño se levantó despacio y manteniendo su equilibrio con facilidad se dirigió al pasillo con la intención de calmar las masas de estudiantes que podía escuchar incluso desde adentro del salón gritando alarmados.

Afortunadamente el temblor no duro mucho tiempo ni tampoco había dado una réplica aún, pero eso no fue suficiente para que el pánico que gobernaba en la universidad se aplacara, por ende, las personas que en su mayoría eran alumnos estaban saliendo despavoridos de las aulas creando un barullo en los corredores.

Cuando el peliazul por fin salió a uno de los pasillos principales, vio a muchos alumnos y profesores correr espantados de aquí para allá, quizás buscando a un ser querido o un refugio propio donde esconderse por si hubiera otra replica. Él, sin embargo, se detuvo en seco al divisar una larga cabellera castaña entre tantas personas más, congelándose en el acto.

Sus ojos azul cobalto se mantuvieron fijos en el lugar, conteniendo la respiración ¿Acaso era una ilusión de su mente? Pero su vista no lo engañaban ya que la muchacha que estaba en ese momento buscando con la vista a alguien con desesperación, no era otra que Agasha Gakis.

Albafika reacciono abriéndose paso por la multitud mientras su corazón latía desbocado, temiendo que ella fuera a desaparecer como un espejismo si la dejaba escapar, así que apresuro el paso. Cuando llego a su lado ella alzo la mirada con sorpresa porque no había notado su presencia, más cuando la joven abrió sus labios para preguntar algo, el alto hombre de largos cabellos azul celeste le sobrevino un impulso tremendo que no pudo contener.

Él la abrazo con fuerza.

Su fragancia de aroma femenino lo inundo por completo, y no pudo evitar cerrar los ojos, disfrutando de la calidez de su menudo cuerpo que le indicaba que, en efecto, la muchacha estaba viva y respirando. Ella parpadeo confundida cuando se vio envuelta en aquellos poderosos brazos masculinos, cuando momentos antes estaba buscando a Shea, de la cual se habían separado tras salir de la biblioteca por la turba asustada de personas, cuando de pronto Albafika se había aparecido ante ella con una mirada incrédula, preocupada y feliz, dejándola desconcertada.

Él la acerco aún más contra su cuerpo, en un intento de cubrirla para que no fuera empujada bruscamente por el centenar de personas que aun corrían por el pasillo, mientras con su vista rapaz y su increíble fuerza se abría camino entre la muchedumbre para así poder encontrar un lugar solitario con toda la intención de hablar con ella a como diera lugar.

Albafika contemplo nuevamente a la joven castaña quien se encontraba recargada contra su costado bajo su hombro, claramente confundida, pero con total confianza en él mientras maniobraban entre la gente para ir a un lugar seguro en donde pudieran hablar, y considerando lo que le había ocurrido unas semanas atrás eso decía muchas cosas significantes. Tenía una infinidad de preguntas que hacerle, y no pensaba parar hasta que su curiosidad hubiera sido saciada.

—Ehm… Albafika, ¿A dónde vamos? —pregunto la joven presionándose contra el cuerpo masculino inconscientemente para evitar chocar contra un estudiante que paso corriendo a su lado, tan distraída estaba que no se dio cuenta de que había dicho su nombre sin querer.

El peliazul casi se detiene para voltearle a mirarla sorprendido, intrigado de como sonaba su nombre con su voz encantadora. Algo en su interior vibro con energía ante eso, pero luego se encargaría de descifrarlo viendo que por el momento necesitaban salir de la muchedumbre.

—Aun sitio con menos gente —le respondió con serenidad, y no queriendo alarmarla, la miro con una ligera sonrisa tratando de transmitirle seguridad pues no quería que ella se asustara.

Agasha casi tropieza con sus propios pies por la sorpresa de su respuesta, y debido a que ella confiaba en que él no la lastimaría simplemente asintió, guardando silencio hasta que llegaron pronto a un pequeño claro después de pasar algunos edificios pocos utilizados en aquella época. Estaba rodeado de algunos árboles y flores por lo que el director había decidido construir unos bancos bellamente tallados en esa área.

Albafika aminoro el paso apresurado una vez se vieron libres de los alumnos y con un sitio en mente la llevo hacia allá, para cuando llegaron la castaña estaba maravillada del hermoso lugar, pero sus pensamientos fueron interrumpidos por la suave mano del hombre que la insto a que tomara asiento en una banca de madera bajo un gran árbol con pequeñas flores blancas. Ella pensó que él se sentaría a su lado, pero un pequeño rubor subió por sus mejillas al ver que él se acuclillaba en frente sin soltar su mano.

Él la inspección para comprobar su estado, solo para su paz mental, lo único que lo preocupo fueron unas diminutas ojeras debajo de sus ojos. Algo realmente grave tuvo que haber pasado para que la chica faltara dos días, y si un accidente no la detuvo ¿Qué pudo hacerlo? Se pregunto con el ceño fruncido; al notar que ella parecía algo nerviosa, Albafika volvió a sonreír ligeramente.

—¿Supiste del accidente de un bus que sucedió estos días?

—Sí, ¿Por qué? —Agasha parpadeo confusa.

Él se levantó y tomo asiento a su lado, reluctante de dejar ir su pequeña mano, perturbado por lo que había podría haber sido pero determinado a saber todo, finalmente le relato lo ocurrido durante esos dos días en que ella estuvo ausente. Del fallecimiento de las jóvenes estudiantes, que sospechaban había una posibilidad que fueran ellas por sus características, además que pasó en la misma ruta de bus que ellas tomaban usualmente aparte de que la hora era a la que ambas dejaban la universidad y que no habían sido identificados los cuerpos aún.

Sin embargo, no le hablo aun de lo que creía sentía por ella ya que no sabía cómo expresarse y estaba tratando de aclarar si su atracción era solo pasajera o algo más profundo, por lo que se olvidó de eso por el momento y le pregunto lo que había pasado con voz suave, y al instante la joven se puso tensa y algo nerviosa, no quería que se enterara sobre sus problemas y menos lo que le había sucedido en el pasado, pero tampoco quería mentirle de alguna forma.

Así que se decidió por decirle solo una parte.

—Digamos… que se nos presentaron problemas familiares —murmuro por lo bajo sin mirarlo, sus labios formaron una fina línea blanca.

Albafika la miro curioso, sabía que había algo más ya que ella no encontraba su mirada, y si el temblor en su delicada mano indicaba algo era que fuera lo que fuera no era bueno, mas no quiso presionarla pues quería que confiara en él por su propia cuenta. Quería ayudarla en todo lo que estuviera a su alcance y más.

—Agasha… —ella se giró para mirarlo y las ganas de volverla a abrazarla volvieron, especialmente cuando esta lo miro con una expresión de vulnerabilidad, pero resistió al impulso con pura fuerza de voluntad—Si tienes algún problema ya sea dentro de la universidad o fuera de ella, quiero que sepas que puedes contar con mi ayuda —dijo con seriedad, queriendo que entendiera que la auxiliaría si tenía alguna dificultad.

La castaña se sobresaltó un poco ante sus palabras, sabiendo que probablemente había visto a través de su media verdad, mas no pudo evitar que su corazón se ablandara un poco porque en vez de presionarla para saber la verdad decidió, en cambio, ofrecerle ayuda de una manera delicada que no la hizo sentir incomoda.

—Gracias —dijo en un murmuro con una pequeña sonrisa en sus labios, apretando su mano para dejarle en claro silenciosamente que apreciaba sus intenciones.

Al ver que ella no se animaba a hablarle sobre lo que la molestaba, el simplemente suspiro, no podía obligarla a decírselo por qué no sería correcto, así que atenuó ese instinto protector que la castaña despertaba en él y simplemente asintió.

—Recuerda, si llegas a necesitar algo, solo tienes que venir a mi —murmuro inclinándose y depositando un pequeño beso en su coronilla, antes de levantarse y tomándola de la mano una vez más la insto a ir con él, y una vez supo que no tenía más clases se ofreció a acompañarla hasta que encontraran a su amiga pelirroja.

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—¿Q-Que diablos? —grito Shea sintiéndose ser aplastada por los cuerpos más altos y fornidos que ella, no por primera vez en cinco minutos—¡Ahora si se cómo se sintió Mufasa! —se quejó la pelirroja, sintiendo como miles de zapatos pisoteaban sus pies mientras algunos codazos no tardaban en llegar por los lados.

Sin saber a dónde iba a parar siguió tratando de abrirse camino para buscar a su amiga, la cual había sido arrastrada por la muchedumbre salvaje de personas. Desesperada y algo enfadada ya con el asunto, saco más fuerza y comenzó a apartar a la gente sin mucho éxito, debía agregar.

—¡Verdammt noch mal! —no pudo evitar maldecir en voz alta, frustrada de seguir siendo mangoneada, empujo con más fuerza a los alumnos a su alrededor—¡Fuera de mi camino, scheiße! —grito a todo pulmón con furia agitando los puños con el ceño fruncido.

Y de la nada, sintió como alguien la rodeaba con unos brazos fuertes repentinamente y el gentío ya no la hamaqueaba ya que era presionada contra un fuerte pecho masculino. Su corazón se disparó latiendo como loco en un estado de pánico momentáneo pensando irracionalmente que su tío de alguna manera había logrado entrar a la universidad y la había encontrado; se giró con algo de dificultad debido a la fuerza de aquellos brazos con toda la intención de propinarle un buen golpe en sus partes íntimas y sacarle los ojos si era posible, pero se detuvo en seco al ver de quien se trataba en realidad.

Sus ojos ámbar se abrieron con sorpresa y confusión al verlo ahí.

—¿Q-Que…? —intento preguntar, sintiendo el desconcierto cubrir su rostro, cuando fue interrumpida de una forma totalmente inesperada.

Asmita se encontraba caminando con calma y sin expresión en el rostro por un pasillo con toda la intensión de ir a ver a su mejor amigo, pero su mente se encontraba divagando en la dirección que llevaba días yendo desde la noticia del accidente.

La pelirroja de ojos ámbar.

Sus actividades habían seguido con normalidad, pero por dentro parecía que algo estuviera ausente por lo que encontraba que se distraía con mayor facilidad de lo que lo rodeara, algunas veces se levantaba a mitad de la noche con su nombre en sus labios, y no podía evitar sentirse impotente y frustrado. Estaba constantemente viendo las imágenes del accidente tratando de encontrar algún detalle que se le hubiera escapado, que pudiera indicar que no eran sus exalumnas las que habían fallecido, pero siempre regresaba a la misma conclusión, y era que no se podía determinar la identidad con seguridad hasta que dieran un informe los forenses.

Incluso sus meditaciones habían cambiado y ya no podía concentrarse del todo.

¿Ese estado de limbo se detendría algún día? se preguntó con pesadez pinchando el puente de su nariz por debajo de los lentes con cansancio, cuando repentinamente el suelo y las ventanas comenzaron a temblar y los gritos no se hicieron esperar.

Pero para Asmita todo aquello era un inconveniente menor, por lo que siguió caminando con el destino en mente, orientando a los estudiantes y profesores que se detenían lo suficiente para escuchar sus instrucciones; su rostro impasible y calmado, casi indiferente los tranquilizaba lo suficiente como para que pensaran con claridad.

—Esto es una maldita locura. Uno podría pensar que estarían preparados para una eventualidad como está dada la cantidad de simulacros que se hacen durante todo el año en la universidad —un hombre alto de tez morena y largo cabello azul oscuro murmuro a su lado, ayudando a calmar un poco la multitud y dirigirlos hacia un lugar más apropiado.

—No importa cuántos simulacros completen, siempre regresaran a su nivel básico si se dejan dominar por el pánico. Es tan simple como eso, Defteros —el rubio agrego, esquivando a un grupo de chicos que iba pasando corriendo hacia el jardín.

—Pues maldición si no es irritante —fue lo que el hombre moreno gruño, antes de que su vista de azul profundo se fijara en una figura menuda que parecía ser llevada contra corriente y que reconoció de inmediato, más con un suspiro de exasperación, él murmuro una despedida y se encamino hacia aquel lugar.

Asmita simplemente negó al ver al hombre moreno tomar a una chica menuda de largo cabello y lanzársela al hombro para seguidamente desaparecer por uno de los pasillos laterales. Estaba contemplando seguir su camino hasta el aula de su amigo como había planeado en un principio cuando sus oídos registraron algo particular que lo hizo detenerse, y ladear la cabeza un poco tratando de captar que había sido aquello y descifrar de dónde provenía; cuando creyó haber imaginado cosas y pensaba continuar, volvió a oírlo.

Su corazón se detuvo por unos segundos que le parecieron eternos, hasta que capto la voz de la persona que menos se esperó encontrar en ese lugar. Giro su rostro con lentitud… y ahí a unos pasos de él, estaba una coronilla pelirroja gritando barbaridades a los que la rodeaban que no parecían oírla ni entenderla debido a que usaba la lengua alemana para expresar su enojo.

Sin siquiera ser consciente de ello se fue acercando a ella, viéndola con más claridad a cada segundo, su glorioso pelo rojo amapola, su piel saludable de color trigueña, y su voz cantarina que en ese momento estaba despotricando contra la multitud de estudiantes.

—¡Fuera de mi camino, scheiße!

Y como por arte de magia o algún poder divino todo se volvió más vivido y colorido, el tiempo que había parecido detenido súbitamente acababa de dar marcha nuevamente, y unos sentimientos desconocidos hasta ese momento quemaron su interior de emoción. Sin detenerse ni pensar primero antes de actuar como normalmente hacía, estiro sus brazos y la atrajo hacia sí mismo, sintiendo su calidez; al momento siguiente ella se giró y alzo el rostro, con ojos ámbar sorprendidos y desconcertados.

—¿Q-Que…? —intento decir pero él no le dio tiempo de decir palabra.

Al segundo siguiente, cubrió sus suaves labios con los suyos, en un beso abrasador y lleno de intensidad que Asmita no había sentido antes por nadie. Él había sabido que sentía algo por ella más que atracción, o simple curiosidad, pero una parte de él se había negado a aceptar eso, relegando esos pensamientos y sentimientos al fondo de su ser para ser examinados luego, cosa que no había querido hacer realmente.

Pero ahora que la había probado no la dejaría ir, y que lo condenaran porque no pensaba desperdiciar ni un segundo de su tiempo con ella. No habría marcha atrás, pues una vez que decidía un curso de acción, se afianzaba en este permanentemente.

Con su brazo izquierdo la rodeo por su pequeña cintura pegando su menudo cuerpo al suyo más grande, mientras su mano derecha tomaba su nuca, los dedos enterrados en su sedosa manta de cabellos pelirrojos, mientras su boca saqueaba la de ella con suma intensidad. Shea estaba más que anonadada, pero el sabor de él era algo totalmente intoxicaste, mezclado con su olor y tacto, su calor, era algo que la envolvió por completo y por maravillosos segundos estuvo perdida en aquel mar de emociones y sensaciones que sentía emanar de su persona a la de ella.

Desgraciadamente respirar era una actividad primaria para sobrevivir de los seres humanos, así que tuvieron que separarse muy reluctantemente, ambos con la respiración entrecortada.

—¿Asmita…? —susurro Shea con el corazón a millón y algo mareada, la sangre espesa recorriendo sus venas como lava, y con la mente nublada no podía pensar coherentemente.

Él solo oír su nombre en aquellos rojos y ligeramente abultados labios, le hizo estragos en su control nuevamente, y sin poderse detener volvió a besarla, esta vez lánguido y con más suavidad, disfrutando de su sabor a vainilla y algo más, un sabor propio de ella que solo lo hacía querer más. Sin embargo, se obligó a parar; retenerla y no dejarla marchar nunca más, pero era muy pronto y aún quedaban incógnitas por responder.

—Tenemos que hablar —murmuro aun con voz algo ronca, recostando con ligereza su frente contra la de ella, sus largos mechones rubios hacían de cortina, bloqueando la vista al mundo exterior, aunque por suerte las personas estaban muy distraídas y preocupadas para prestarles nada de atención a ellos.

Shea solo asintió, fuera de respiración, lo único inteligente que atino a hacer, muy distraída con su mirada ambarina fija en los magníficos azul-lavanda del hombre que le había robado no solo la respiración, sino también el corazón.

Asmita sonrió de medio lado al verla sin aliento y algo colorada, no pudo evitar sentir cierto orgullo de ser él el que pusiera esa expresión de asombro y arrobo en su rostro. Y decidió que por el momento podía esperar un poco más para hacer preguntas, porque se conformaba con sostenerla cerca y disfrutar de su presencia en sus brazos, solo por un poco más de tiempo, se prometió, después… después buscaría las respuestas que necesitaba.

Mientras que la pelirroja pensó haber muerto y estar en el cielo en ese momento, siendo besada y sostenida por el hombre que amaba, por unos minutos se permitió olvidar su situación actual y solo disfrutar del momento, donde se sentía querida y protegida.

Entonces Asmita los saco de la multitud cuando sus sentidos volvieron a la realidad, aunque su mente aún estaba en guerra con sus sentimientos, y no podía decir completamente con seguridad que era lo que sentía por ella, más allá de lo obvio. Con su mano aun sosteniendo la suya, este la llevo a uno de los tantos jardines ocultos que había por el campus y que solo algunos profesores sabían de su existencia.

Una vez fuera del ojo público y en la comodidad de una fuente antigua que ya había dejado de ser visitada por el alumnado, este le indico que se sentara, y ella así lo hizo aun anonadada por todo lo pasado hacía unos minutos. Asmita se quedó viendo el agua correr, hacía poco que había hecho volver a funcionar las tuberías de esa fuente y el paisaje era hermoso, y algunas veces cuando estaba estresado venía a ese lugar a meditar.

Solo Albafika sabía de este, y ahora ella.

—En estos últimos días —comenzó él, observándola con detenimiento antes de proseguir—Estuve dudando sobre si tú habías muerto o seguías con vida.

Shea parpadeo confundida a más no poder con sus palabras, ladeando la cabeza frunció el ceño observándolo con desconcierto.

Él sonrió al ver su mirada, y respondió al instante.

—¿Sabes sobre el reciente accidente?

Al verla asentir aun bien confundida, este comenzó a explicarle con detalle y todas las razones que los habían llevado a pensar que ella y su mejor amiga habían sido las que habían fallecido en el accidente, dejándola aún más perpleja con cada palabra. Una vez terminado su explicación se sentó a su lado y la miro con calma, medio distraído por sus aun rojos labios producto de sus besos.

—Eso nos hizo preocuparnos un montón y también poner en perspectiva algunas cosas, entre eso los posibles sentimientos que pudiera albergar por ti —aclaro, llamando su atención una vez más, su mirada azul-lavanda la capturo, quitándole el aliento enseguida—No debería sorprenderte lo que quiero decir. Dado la reacción que tuve al encontrarte en el pasillo, creo que puedes deducir a donde llego mi conclusión.

Su corazón estaba que no se decidía, si quería detenerse con un ataque al corazón masivo o seguir latiendo a millón infinitamente, por aquella confesión del hombre que la traía loca y totalmente enamorada. Su mirada no flaqueo ni un segundo, tomando a continuación su delicada mano y observándola, mientras la sostenía en la suya, ligeramente maravillado de su firmeza y suavidad, del calor que de esta emanaba, cuando volvió a encontrar sus ojos de nuevo, ella casi se desmayó en el sitio; su mirada era firme y con una convicción de hierro, con algo más que no pudo descifrar.

Pero a su mente llego el rostro de su tío y volvió a recordar con crueldad porque debía mantenerse fuera de su vida... Para protegerlo y ahorrarle inconvenientes, porque ella no le traería nada más que problemas y mala suerte.

—Yo… no creo que es prudente que se involucre conmigo, no le traerá más que puras dificultades —ella miro la mano que él todavía sostenía, y sonrió con tristeza—Lo siento… esto será lo mejor —y con eso ella rompió contacto con él, sintiendo como su propio corazón se quebraba un poco más, antes de levantarse para marcharse, pero su voz la interrumpió.

—Pronto te darás cuenta de que puedo ser muy persistente cuando pongo mi mente en algo —murmuro Asmita dedicándole una media sonrisa con una mirada indescifrable que le causo un escalofrío a la chica—No pienso darme por vencido, Shea Metzger.

Y con esa ominosa advertencia, la alemana prácticamente huyo del lugar con el corazón latiéndole como si fuera a tener un infarto y con el recuerdo de sus labios sobre los suyo.

Él se quedó ahí, viéndola marcharse, pensativo sobre sus palabras; y entornando sus ojos azul-lavanda se levantó y comenzó a dirigirse hacia la sala de profesores, su mente superdotada trabajando en miles de posibilidades y razones, mientras marcaba en su Iphone 6 el número de Albafika.

Las cosas no se quedarían así. Allí había gato encerrado y él iba a descubrir que era y como arreglarlo, no dejaría que ella se escapara cuando apenas empezaba a aceptar la idea de tenerla junto a él. Estaba más que preparado para luchar mil días y mil noches si eso era suficiente para tenerla a su lado.

Permanentemente.

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No poso mucho tiempo antes que ambas amigas se reencontraran, momento en el cual el hombre alto de cabellos celeste se despidió de la castaña con una inclinación de cabeza para dirigirse a la sala de profesores de idiomas contestando una llamada en su teléfono móvil.

Se apresuraron a ir a casa con sus mentes en caos sobre todo lo que había pasado desde que se separaran al momento del sismo, afortunadamente en el camino lograron calmarse y para cuando llegaron a su apartamento había recupera la tranquilidad, pero con una sensación de inquietud que se explicó con la presencia de sus familiares los cuales las estaban esperando en la entrada. Afortunadamente cuando la discusión pareció que iba a tornarse física con la madrastra de la castaña, la pelirroja le dejo muy claro que si le tocaba un solo cabello a su amiga ella iba a terminar con más de una uña rota, por lo que la mujer mayor solo frunció los labios y se retiro de mala gana.

La mujer miro a la castaña con frialdad, y esta le devolvió la mirada con desafío, aunque por dentro estuviera temblando de terror.

—Niña, de una u otra forma me darás lo que quiero, ya lo veras —dijo burlona.

Pero Agasha no se dejó herir nuevamente, jamás les demostraría cuando daño le había hecho luego de que su padre muriera. Así que solo se limito a fulminarla con la mirada, algo que pareció molestar a su madrastra quien hizo una mueca y la tomo del brazo con fuerza, enterrando sus uñas en su piel, pero ni así la castaña se quejó a pesar que le dolía como el diablo y probablemente dejaría marca si es que no la hacía sangrar.

—Harás lo que te diga, niñita inmadura —dijo con ira en sus ojos zarandeándola un poco, como queriendo imponerse sobre ella.

Shea intervino tomando la muñeca de la mujer y se la retorció para que soltara a su amiga, la pelirroja estaba a un paso de intentar romperle el brazo o la cara a la mujer si esta no retrocedía, y al parecer logro captar eso porque con una maldición soltó a la castaña y se marchó airada del edificio.

Cuando sus ojos ámbar captaron a su tío moverse hacia ellas, se puso pálida, aunque no cambio su expresión impasible al verlo. Y el recuerdo que había estado apartado muy lejos en su mente… apareció, de aquella noche cuando él estuvo a punto de arruinar su vida por completo; tembló por dentro, pero por fuera mantuvo su posición desafiante justo como su compañera que se había enfrentado a su monstruo particular, ella también haría lo mismo sin retroceder.

El hombre se le acerco a milímetros del rostro en un estado enojado.

—Tú harás lo que yo te diga y no te comportaras como una malcriada —dijo, y sus horribles ojos volaron hasta la cicatriz en su mejilla—Pero mírate nada más como has arruinado tu rostro. Con esa cicatriz parecieras que hubieras emergido de un bar de montoneros —comento arrugando la cara con desprecio.

Ella no se inmuto a sus hirientes palabras.

—Largo —dijo casi escupiendo las palabras, no queriendo que se comenzara a poner violento otra vez como en el pasado, y la única razón de que pudo plantarle cara fue porque su amiga estuvo cerca. No sabía si podría confrontar eso sola otra vez.

Él rio por lo bajo antes de agarrarla por el cabello con fuerza, y mascullar contra su oído, pero lo suficientemente alto para que la joven de ojos verde oliva lo oyera también.

—Está bien, pero nos veremos pronto, dulzura —dijo sarcástico, antes de soltarla y marcharse como un vendaval.

Y ellas contuvieron la respiración hasta que supieron con seguridad que no estaban más en el edificio, y luego se apresuraron a entrar a su departamento cerrando con llave la puerta antes de caer agotadas y temblorosas sobre el sofá. Sabían que ese pequeño respiro no duraría por mucho tiempo ya que los planes de ellos eran presionar hasta que ambas cedieran a sus demandas y quedarse con todos sus bienes y dejarlas en la miseria sin un penique.

Agasha se miró el brazo, e hizo una mueca con dolor cuando vio que en efecto le había sacado sangre, y seguramente se formaría un moretón también, aunque la pelirroja se ocupó de curarle la herida con preocupación patente, eso solo les demostraba el maltrato que aun podían ser capaces de hacer. Shea rezo temblorosa porque ellas encontraran una salida a sus problemas porque no quería volver a repetir su pesadilla… y lo que la dejaba encogida de miedo, era que esta vez su tío podría consiguiera su malévolo objetivo.

Por otra parte, la castaña, no estaba en mejores condiciones respecto a sus emociones, ya que lo que hizo su madrastra solo la hizo recordar el dolor que su cuerpo había experimentado aquella noche fría. Ambas amigas se miraron con angustia, con miedo de lo que la mañana siguiente traería consigo.

¿Cuánto más podrían aguantar aquella situación?

Continuara...


¡Ahhhhhhhhh! *Se le explotan los ovarios(?)* Vale, vale Asmita nunca se rinde eh 7u7)r y Albafika lo adaptamos un poco para que le cueste un poco entender sus sentimientos, ya que anteriormente si uno besaba a su chica el otro iba y hacia lo mismo xD así que quisimos cambiar sobre todo esa partesita.

Bai baia Defteros 7w7

Gracias por leer :3

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Traducción de algunas palabras en Alemán:

Verdammt noch mal: Maldita sea

Scheiße: Mierda