Capítulo Nueve
Haruka abrió sus ojos lentamente a causa de la luz que se filtraba entre las cortinas mal cerradas la noche anterior; removiéndose un poco bajo las sábanas de su cama sintió los leves ronquidos de Nagisa junto a la ventana, usando la mayor parte de la cama. Suspiró luego de ver a Makoto, aun dormido, en un futon al lado de la cama y otro vacío junto a él, y se incorporó, quitando el brazo que el rubio tenía estirado sobre su costado, Nagisa dejó caer su brazo sobre la cama, abriendo un poco sus ojos.
- ¿Haru-chan…? – Llamó el rubio, restregándose los ojos mientras se sentaba perezosamente, bostezando un poco.
- Nagisa, te dije que no te metieras a mi cama. – Dijo, mirando de frente al rubio, quien sólo comenzó a reír una vez que notó lo desordenado que estaba el cabello de Haruka al despertar, siendo que el cabello de Nagisa no estaba mucho mejor.
Makoto se despertó debido a la estruendosa risa del menor y miró a la cama, aun adormilado, soltando una leve risa que atrajo los ojos redondos y rosas de Nagisa hacia él. El menor se lanzó sobre el regazo de Haruka, alcanzando al castaño junto a la cama.
- Nagisa, quítate, pesas. – Dijo Haruka, tratando de rodar al rubio fuera de sus piernas.
- ¡El cabello de Mako-chan no está tan desordenado como el de Haru-chan! – Exclamó Nagisa, ignorando a Haruka y sonriendo ampliamente. – Que mal que Rei-chan no quiso quedarse anoche… – Se quejó, haciendo un puchero, estirándose y dejando caer sus brazos al borde de la cama.
Rin entró por una ventana rota en el primer piso del edificio abandonado, teniendo cuidado con algunos vidrios que no cayeron del marco. La puerta permanecía cerrada con candado y también con unas pocas tablas, impidiendo que pudiera abrirse, así que cada vez que iba se veía obligado a entrar por aquella ventana que llevaba rota todo el año, sino más. Miró a su alrededor al estar dentro, le pareció extraño que su gata no estuviera a la vista, por lo general comenzaba a maullar en cuanto lo escuchaba acercarse.
- Hey, Sakura… – Llamó, susurrando mientras miraba por el pasillo en penumbra, la llamó una vez más antes de escuchar un maullido a sus espaldas, mirando a la gata sentada en el piso, dirigiendo sus ojos turquesa hacia él, con las pupilas dilatadas por la poca luz dentro del edificio. – No hagas eso, Sakura. – Suspiro, agachándose a la altura del felino, pasando una mano por su cabeza.
La gata comenzó a ronronear, restregándose contra la mano del pelirrojo y balanceando la cola lentamente en el aire; Rin dejó un bolso pequeño en el piso polvoriento mientras la gata caminó un poco, alejándose de Rin y luego volviendo con algo pequeño de pelo oscuro en su boca, pareciendo orgullosa al haber cazado una rata. Rin parpadeó un par de veces, sin quitarle los ojos de encima, viendo como luego dejaba la rata muerta en el suelo y comenzaba a empujarla con sus patas delanteras de un lado a otro.
- ¡Sakura, deja eso! – Gruñó, tomando a la gata entre sus manos y alejándola de la rata. Suspiró, poniéndola contra su pecho para poder sujetarla sólo con una mano mientras con la otra abría el cierre de su bolso. – Tienes que guardar silencio hasta que salgamos de la escuela, ¿bien? – Dijo, poniendo a la gata a la altura de su rostro y luego de pie dentro del bolso, acariciándole el lomo hasta que se recostó y pudo cerrar nuevamente, dejando abierto unos cinco centímetros.
Agarró el bolso con cuidado de no asustar a la gata dentro y miró por la ventana, asegurándose de que no hubiera nadie por los alrededores para luego sacar el bolso primero, dejándolo en el suelo. Y cuando él también estuvo fuera tomó el bolso más grande que había dejado fuera de la ventana, cruzándoselo por el pecho, y luego el bolso en el que la gata estaba, comenzando a caminar como si nada hacia la entrada del campus, donde se sorprendió al ver que Nitori aún le esperaba.
- ¡Rin-senpai! – Le llamó, acercándose al mayor en cuanto lo vio. – ¿Dónde fu-…? ¡Senpai, está sangrando! – Chilló el menor, dirigiendo su mirada al antebrazo de Rin, que tenía una pequeña cortada, producida por los vidrios en el marco de aquella ventana.
Rin miró su brazo antes de cubrir la herida con su otra mano bruscamente, y cuando estaba por responder un maullido interrumpió su voz, Rin permaneció inmóvil, esperando por lo que diría el menor, quien sólo le miraba en silencio, igual de estático que él.
- V-Vamos a la estación, senpai… – Masculló Nitori, sonriéndole levemente. Rin asintió, suspirando de alivio cuando el menor comenzó a caminar.
"¿N-No la escuchó…?"
Haruka estaba frente a la estufa, haciendo el desayuno con ayuda de Nagisa mientras Makoto tomaba una ducha, casi forzado por el menor ya que Makoto también quería ayudar a preparar el desayuno una vez que Nagisa desocupó el cuarto de baño.
El celular de Haruka comenzó a vibrar sobre la mesa en la sala, atrayendo la mirada de ambos jóvenes en la cocina, Nagisa dejó el plato que sostenía, con un par de piezas de caballa en él, junto a la estufa, diciendo que él contestaría, sin protesta alguna del pelinegro. Nagisa corrió a la sala, tomando el teléfono y ensanchando su sonrisa al ver el nombre de Rin en la pantalla.
- ¡Buenos días, Rin-chan! – Saludó, riendo alegremente, pegando el celular a su oreja.
- ¿Nagisa? – Preguntó Rin. - ¿Por qué tienes el celular de Haru? – Inquirió, luego de una pausa.
Nagisa soltó una risa, pensando que Rin quizás estaba celoso.
- ¡Mako-chan y yo nos quedamos anoche en casa de Haru-chan! – Dijo, sin responder directamente a la pregunta del pelirrojo. – ¡Hubiera sido más divertido si tú y Rei-chan hubieran venido también! – Se quejó, haciendo un puchero que Rin de todas formas no vería, aunque era de esperar.
- Será para la próxima. – Suspiró. – ¿Haru está ocupado ahora? – Preguntó, no queriendo sonar muy agresivo.
- ¡Eres tan malo, Rin-chan! ¡Nunca quieres hablar conmigo, siempre es Haru-chan! – Exclamó, tratando de no reírse.
Haruka seguía en la cocina, dando la espalda a la sala y al rubio casi gritando con su celular; no tardó en escuchar los pasos de Makoto acercarse, dando una mirada a Nagisa y luego a Haruka mientras secaba su cabello con una toalla y complemente vestido.
- ¿Es tu teléfono? – Preguntó, apuntando a Nagisa. Haruka asintió. – Y es Rin con quien Nagisa está hablando, ¿no? – Haruka asintió nuevamente.
- Quiero ver cuánto soporta antes de colgar. – Dijo luego, dirigiendo su mirada hacia el menor.
Makoto soltó una suave risa, era casi como si Rin nunca se hubiera ido, como cuando estaban en primaria y le sorprendía notar que a Haruka le gustaba avergonzar a Rin de todas las formas posibles y luego sólo ignorarlo. Notaba como Rin se metía cada vez más en la vida de Haruka, cosa que incluso a él le fue un poco difícil en un principio, sabía que el pelinegro no se daba fácilmente pero con Rin fue diferente, aunque en varias ocasiones vio que Haruka estaba harto y sólo quería alejarlo lo más posible. "Rin siempre fue obstinado y caprichoso…" Se dijo para sus adentros, esbozando una leve sonrisa mientras miraba a Haruka.
- ¿Rin-chan? – Nagisa miró a la pantalla del teléfono, viendo que el pelirrojo había cortado la llamada. Frunció un poco el ceño mientras volvía a hacer un puchero hacia el celular.
Una risa volvió a los labios de Makoto y una suave sonrisa a los de Haruka, ambos mirando a Nagisa desde la cocina. El rubio levantó la mirada del aparato cuando ambos se acercaron a la mesa, cada uno sosteniendo una bandeja, dejando los platos para el desayuno sobre la mesa.
- Creo que Rin-chan no está de humor hoy. – Comentó Nagisa mientras le daba otra mordida a una tostada, hablando con la boca medio llena. – ¡Me cortó el teléfono de repente! Eso no es nada lindo… – Dijo, mirando a Haruka, como buscando que le diera algún tipo de explicación.
- Lo llamaré luego. –Respondió el pelinegro antes de tomar un pedazo de pescado con sus palillos y echárselo a la boca.
Makoto volvió a sonreír levemente, dándole una mirada a Haruka antes de comenzar a comer también.
Rin miró la pantalla de su celular por un momento, antes de que una pequeña y peluda patita le obstruyera, fue cuando notó que su gata se había salido por completo del bolso y estaba sentada en su regazo, viéndolo con sus grandes ojos turquesas. Guardó el celular en su bolsillo para luego acariciar la cabeza de la gata.
- Parece algo sacado de un manga shoujo. – Escuchó reír a una chica, junto a otra que trataba de contener una risa avergonzada cuando Rin levantó la mirada hacia ellas.
Su rostro enrojeció tenuemente, volviendo a bajar la mirada mientras bufaba, Sakura ladeó un poco su cabeza, bajando una de sus orejas junto a un maullido corto.
- Tienes tanta suerte de ser una gata linda. – Murmuró, soltando un suspiro, llevando una mano bajo el mentón de la gata, sintiendo como ronroneaba.
No pasó mucho hasta llegar a la estación donde debía bajarse; tomo sus cosas y sujetó a la gata contra su pecho, no volvería a ponerla dentro del bolso con la temperatura que comenzaba a subir gradualmente. Después de caminar unos diez minutos, se encontró frente a la puerta de su casa, sacando las llaves que no había usado en meses y que no había perdido sólo por lo ordenadas que mantenía sus cosas en la habitación de Samezuka.
Apenas abrió la puerta escuchó a su hermana dar un grito alegre, saludándolo, y a su madre levantarse del sillón, rodeándole el cuello con los brazos, casi teniendo que ponerse sobre las puntas de sus pies. Su madre era sólo un poco más alta que Gou, con el mismo tono de rojo en su cabello, que le llegaba hasta los hombros, y de ojos verde agua.
La mujer estrechó más el abrazo en el que tenía aprisionado a su hijo, aplastando un poco a la gata que este traía, provocando que maullara en reclamo, su madre se alejó un poco, mirando a la pequeña bola de pelo gris y franjas negras que Rin sujetaba contra su pecho.
- ¡Qué lindo! – Exclamó Gou, también mirando a la gata, acariciándole tras las orejas.
Rin la dejo en el piso, al igual que el bolso que traía en su hombro, para cerrar la puerta tras de sí, encontrándose con la mirada firme de su madre al voltearse; mientras Gou se ponía en cuclillas aun jugando con la gata.
- Rin, – dijo, poniéndose las manos en la cintura. – ¿De dónde salió esa gata? – Inquirió.
- Probablemente de una gata más grande. – Respondió, haciendo reír a su hermana menor, pero no a su madre, quien sólo volvió a pronunciar su nombre para demostrar que hablaba en serio. –…Me siguió… – Masculló, apartando el rostro para evadir la mirada de su madre.
- ¿Podemos quedárnosla? – Preguntó Gou, poniéndose de pie con la gata entre sus manos, y con ojos suplicantes, al igual que los del pequeño animal en sus manos.
La mujer pareció meditarlo un momento mientras miraba a la gata, y esta ladeo la cabeza devolviéndole la mirada; finalmente accedió, con un pesado suspiro y dejando caer sus brazos a cada lado de su cuerpo. Gou alzó a la gata, emocionada, mientras Rin besó la mejilla de su madre, agradeciéndole.
- ¡Pero ustedes cuidarán de ella! – Dijo finalmente, apuntando a ambos con su dedo índice.
Horas más tarde, después de que Makoto y Nagisa se habían ido, Haruka recordó que tenía un celular y que había dicho que llamaría a Rin luego. Cuando lo tomó la pequeña luz parpadeaba, pero no era un mensaje de Rin, sino de Gou. Le sorprendió, ni siquiera sabía que tenía su número.
Era un mensaje, con una fotografía en él.
Abrió la imagen, sonriendo levemente al ver que era una fotografía de Rin poniéndole a un pequeño gato una de sus pulseras como collar, y las palabras "Mi hermano trajo una gatita a casa, ¿no es lindo? (ノ◕ヮ◕)ノ*:・゚✧"
Haruka guardó la fotografía en su celular y luego respondió simplemente: "Gracias, Kou."
