Aclaración: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling
Capítulo 9- El tiempo no todo lo cura
Hermione nunca había dormido tan cómoda y segura. Su mente había podido descansar en los brazos de Tom Riddle, confiando de una forma inconsciente en él. Sabía que no se propasaría con ella ni dejaría que ningún peligro se acercara a ellos. Además, dormir juntos había sido una gran experiencia. La intimidad de dejarse abandonar en los brazos de otro era algo que nunca había experimentado. Y, a pesar de no haber hecho nada más que besarse, se había sentido unida a él a un nuevo nivel. Ahora comprendía un poco mejor a qué venía todo ese asunto de las relaciones.
-Buenos días- su voz ronca tras despertar le provocó un salto al corazón. Tendría que haber adivinado que él sabría el momento exacto en el que se había despertado. Le sonrió adormecida.
-Buenos días.
Nagini siseó algo que hizo que Tom girase el rostro hacia las puertas.
-La señora Pomfrey vendrá en seguida- informó devolviendo la atención a la bruja- He mandado a un elfo que nos traiga el desayuno.
-Muchas gracias- desde luego no se esperaba tantos cuidados de su parte. Había subestimado su declaración. Únicamente por mostrarse tan atento con ella se libró de una charla acerca del trato esclavista de los elfos. Eso, y que todavía no terminaba de registrar que hubiera dormido a su lado.
-No me lo tienes que agradecer, Hermione. Sólo dame los buenos días como corresponde.
Encantada de hacerlo le besó hasta que el mago repentinamente se alejó y quedó sentado en la silla que estaba frente a su cama. Entendió su comportamiento al ver aparecer a Poppy Pomfrey. No había que provocar un ataque de nervios a la persona que le iba a curar.
-Buenos días- saludó un poco nerviosa. Su mirada iba de alumna a profesor- ¿Cómo se encuentra, señorita Granger?
-Perfectamente, gracias.
-Veamos…- tras asegurarse con la varita de que la alumna no le engañaba, la enfermera asintió- Después del desayuno podrá comenzar el día con normalidad. Eso sí, evite los golpes en la cabeza y prohibido montar en escoba durante los próximos tres días.
-No se preocupe, no tengo la intención de hacerlo en mucho más tiempo- bromeó.
-¿No te gusta volar?- preguntó Tom en cuanto la enfermera se alejó.
-No mucho- admitió- No me gustan las alturas.
Añadiendo esa información a su cerebro, Tom dejó que el elfo que acababa de llegar posara las dos bandejas con sus desayunos y se fuera de vuelta a la cocina.
-Hoy tenemos clase a última hora, ¡te tengo que entregar el trabajo!- exclamó Hermione dándose cuenta de que todavía le quedaba unos detalles que terminar. En cuanto notó la mano de Tom en su hombro se tranquilizó.
-Te daré el tiempo extra que te ha quitado el golpe. Entrégalo mañana en mi despacho. Comeremos allí- ordenó. Puede que no fuera una invitación como es debido pero la bruja se sintió feliz. Se terminó el desayuno y estuvo lista para comenzar el duro día. Cuanto antes se enfrentara a los rumores, antes terminarían.
-Nos vemos en unas horas. No te metas en ningún lío- advirtió. Se despidieron en la puerta de la enfermería. Para su sorpresa Tom la estrechó en sus brazos a la vez que bajaba el rostro por su cuello. La chica aguantó el gemido cuando sintió sus labios en su clavícula. Comenzó a succionar haciendo que casi perdiera el sentido. Sus tobillos se tambalearon, provocando temblores por todo el cuerpo. Cuando el profesor terminó sonrió satisfecho contemplando su obra y se giró para irse hacia su clase. Hermione le observó con la boca abierta, volviendo poco a poco a recuperar la sensatez. Se pasó la mano por el cuello, justo donde hace unos segundos habían estado los labios de Tom Riddle. ¡¿Su profesor le acababa de hacer un chupetón?! Todavía sorprendida la indignación le hizo prometer que se las pagaría.
Caminó hacia la primera clase del día por sí sola. Era hora de que el espectáculo comenzara. Hogwarts no le defraudó. Nada más se encontró con gente, éstos dejaron sus conversaciones y comenzaron a susurrar entre ellos, señalándole de manera nada discreta. Colocando delante de ella los libros que cargaba como protector psicológico, no se detuvo ni aunque algún conocido le llamara.
La clase ya estaba abierta y por la puerta estaba pasando Ron. Sus miradas se cruzaron justo antes de que el pelirrojo apartara rápidamente la suya. Se encaminó dentro de la clase como si no existiera.
-Hermione- al menos Harry estaba con ella. Le mandó una pequeña sonrisa de apoyo y por primera vez en los enfrentamientos entre Ron y ella, él se sentó a su lado en lugar de con el pelirrojo.
-¿Cómo es que no te vas a sentar con Ron?- preguntó asombrada. No pudo evitar que cierta amargura acumulada de casi siete años se asomara en el tono.
-Aunque no me guste tu elección no te quiero dejar sola. Sé que estos años terminaba acompañando a Ron cuando os enfadabais y lo siento. Debería haber estado con los dos y no elegir. Además, los alumnos pueden ser muy crueles.
Asintió recuperando la alegría. Si Harry estaba con ella podía ignorar los rumores con mayor facilidad. Toda su casa se había girado en su dirección, como si esperaban que hiciera algún discurso o algo parecido. Incluso recibió alguna mirada asesina por parte de las chicas.
-También tengo que decirte que el Club de Fans se ha reunido en una sesión extraordinaria para debatir acerca de ti y el profesor. Todavía no he averiguado qué medida han decidido tomar. Yo creo que no tienen un plan de ataque seguro. Ginny está indecisa y las demás no se ponen de acuerdo así que los votos no son muy representativos.
La bruja abrió los ojos.
-¿Cómo te has enterado de todo eso, Harry?
El mago sonrió con algo de soberbia.
-Tengo ciertos contactos.
Hermione rió negando con la cabeza y sacando sus cosas para dar la clase.
Tras una mañana de Encantamientos y Transformaciones en las que Ron se ocupó de mantenerse lejos de su lado, lo mejor estaba todavía por venir. Tenían una hora de pociones antes de Defensa Contra las Artes Oscuras. Al menos era con Hufflepuff y no con las serpientes.
Pero ese día Snape estaba creativo. Lo notó en cuanto puso un pie en el aula y su atención se clavó en ella, prometiendo de todo menos buenas intenciones. No se atrevió a levantar la mano a pesar de que se sabía las respuestas. Y aun así no se libró.
-¿Qué pasa? ¿La señorita Granger se cree que ahora no hace falta participar en mi clase?- dijo por fin cuando hizo una sencilla pregunta. La burla de su apellido era muy diferente en sus labios. No le afectaba de igual forma.
Pese a ello, Snape parecía haber recopilado todos los comentarios hirientes que circulaban por el castillo y se los iba lanzando a medida que avanzaba la clase. Ahora prefería a las serpientes, porque le hubiera dolido menos que se rieran ellas a que lo hiciera Hufflepuff y su propia casa.
-Me temo que en mi asignatura no va a tener ningún privilegio, señorita Granger, así que más le vale hacer una poción que valga la pena- advirtió. La bruja apretó las manos en puños. Necesitaba descargar su ira de alguna forma. Sólo el pensamiento de que después tendrían Defensa Contra las Artes Oscuras le tranquilizó.
Harry le mandaba toda clase de miradas de ánimo cuando el profesor no le veía. Snape era, por el momento, la persona a la que peor le había sentado la relación entre Tom y ella. Y al ser el eslabón más débil de los dos, había decidido atacarle a ella para hacerle daño a Tom.
Cuando terminó la clase lo único que le impidió no salir corriendo era pensar en los rumores que se añadirían a los que ya circulaban. Se mantuvo pegada a Harry, caminando a paso lento para llegar justo a la hora.
Menos mal que la puerta estaba abierta y no tuvieron que esperar fuera. Al entrar agradeció que los sitios estuvieran más separados que a principio de curso. Así, aunque se tuviera que sentar al lado de Ron, podría hacer como si no existiera.
No pudo evitar mandar una sonrisa de oreja a oreja a Tom, que le respondió con un asentimiento. Que le reconociera ya era todo un paso.
-Despreciable- susurró su compañero pelirrojo al volumen justo para que ella lo pudiera escuchar. La puerta se cerró de golpe haciendo que Ron diera un bote, asustado. Era ya la hora y los que no habían llegado a tiempo no pasarían.
-Para todos aquellos metomentodos que creen que Hogwarts admitiría cualquier comportamiento,- comenzó con una mirada asesina- me veo obligado a informaros de que Dumbledore será quien califique los exámenes de la señorita Granger y quien revise sus trabajos para comprobar que la nota se ajusta al resultado. ¿Alguna pregunta?
Si alguien tenía deseos de morir podía levantar el brazo. Por muchas dudas que tuvieran todos los alumnos acerca de su relación, nadie pensaba preguntárselo a Tom. En su lugar, en los pasillos Hermione era asaltada con preguntas de todo tipo. Desde cómo se conocieron de forma más cercana hasta si habían tenido ya relaciones. Con la que más le costó contenerse y no soltar una maldición fue a la cría de cuarto curso que se estaba metiendo en su vida, cuando le preguntó cómo era Tom en la cama.
Volviendo a retomar la clase, esa fue toda la referencia que Tom hizo a su relación. Como ella ya sabía, no hubo privilegio alguno en esa materia. El profesor se comportaba como siempre, mostrando su conocimiento y enseñándoles la profundidad de un simple hechizo para ver si luego ellos podrían realizarlos. A pesar de lo que le dolía decir aquello, Lupin había pasado a ser su segundo profesor preferido de DCAO.
Ya no se asustó cuando una fría sensación le rozó los tobillos. Bajo la mesa Nagini le saludó con una inclinación que devolvió discretamente. Luego, la serpiente se fue paseando entre las mesas de los alumnos, sobre todo de aquellos de los que había escuchado comentarios hirientes hacia la bruja. Ron no lo pasó muy bien. Su rostro se mantuvo más pálido de lo normal durante toda clase. Incluso pegó un grito de susto cuando la lengua de Nagini le rozó los tobillos por debajo de los pantalones. Se ganó un castigo por parte de Tom. Estaba segura que serpiente y amo se habían puesto de acuerdo para poder castigarle. No es que se lo fuera a echar en cara. Internamente sonreía, sabiendo que un poco de sufrimiento después de lo que había hecho no le vendría mal.
Esa era su última clase del día y al acabar Hermione no pudo evitar retrasarse en recoger. Tenía planeado quedarse a solas con su profesor, sin ninguna mirada juzgante en su nuca. Para su sorpresa, Tom se acercó hacia su mesa. Con una mano tras su nuca le levantó de su sitio y se inclinó a su altura. Hubo exclamaciones de todo tipo cuando el profesor juntó los labios con la alumna. Fue un beso diferente, como si al mismo tiempo que le besaba enseñaba a los demás a quien pertenecía. Queriendo hacer lo mismo, Hermione se puso de puntillas y profundizó el beso, queriendo también demostrar que ella era una igual en esa relación. Al separarse Tom no soltó su agarre en la nuca. Giró el rostro hacia los conmocionados alumnos.
-¿No tenéis nada más que hacer?- su voz era completa profundidad. Sacó a los alumnos de su parálisis. Recogieron a toda velocidad y se fueron sin dilación de la clase. Harry fue el único que se quedó.
-¿Señor Potter?- inquirió Tom. La única razón por la que no le hechizaba era la bruja entre sus brazos. Hermione sonrió a su amigo, una sonrisa feliz y auténtica.
-Nos vemos luego, Hermione- asintió viendo que al menos el profesor parecía bueno para ella. Eso no significaba que fuera a olvidar lo de Hogsmeade.
-¿Duro día?- preguntó el mago cuando estuvieron solos. Necesitaba saber si alguien le había hecho algo durante las clases, donde Nagini no podía vigilarla por completo.
-No lo sabes bien. Parecen niños de tres años- juró rodando los ojos.
-Hoy he tenido que castigar a más alumnos que de costumbre- asintió. La bruja alzó la cabeza de golpe.
-¿Castigados?- repitió con tono dudoso. El mago sonrió de lado, sabiendo lo que estaba pensando.
-Mis castigos no son como el que tú hiciste- explicó- Son mucho más duros y me ocupo de que los castigados no quieran repetir.
-¿Qué haces exactamente?- esa sonrisa no podía indicar nada bueno.
-Traigo a alumnos de primero que necesitan mejorar para que practiquen hechizos sobre los castigados.
La bruja aguantó el aire.
-¿Y Dumbledore te lo permite?- el mago cambió completamente el rostro.
-Si no salen con lesiones, sí.
Eso no significaba que no pudieran lesionarse y él luego ocuparse de que no se vieran los resultados.
-Vamos, dejemos de hablar de los alumnos y vayamos a mi despacho- deslizó la mano que tenía en su nuca a su cintura y le obligó a caminar a su lado, dejando las cosas de la bruja en la mesa. Seguro que todo el castillo estaba ya hablando sobre el beso que le había dado el profesor.
-Nunca te tomé por el mago protector. Dominante sí, pero no protector- confesó con la cabeza baja, metida en sus pensamientos.
-No hay nada corriente en lo que tenemos, Hermione - advirtió- Sólo tenía que encontrar a mi bruja- hundió la cabeza en su cuello, donde la bruja había escondido la marca de esta mañana- ¿Por qué te lo tapaste?
Tuvo que pensar sobre qué estaba hablando.
-No quería sobrealimentar rumores, ni para los alumnos ni para los profesores.
-Una lástima- murmuró Tom descubriendo la marca y volviendo a besarla. De repente Hermione le agarró y comenzó a besar apasionadamente. Sin tener motivos para quejarse el mago se dejó, sonriendo entretenido cuando la bruja bajó por su cuello hasta la unión con su clavícula. Disfrutó de la sensación de sus labios succionar su piel hasta que ella quedó satisfecha con la marca que le había dejado. En toda su vida no había mostrado tantos sentimientos como en ese año.
-Ya está, ahí te será difícil cubrirlo- pensó en voz alta Hermione sin ver un brillo asesino aparecer y desaparecer. Su venganza con él por hacerle la marca se olvidó en cuanto le vio sonreír de lado. Le devolvió la sonrisa mucho más amplia.
Tom se sentó en su gran silla sin soltar a la bruja, por lo que ella terminó en su regazo. Parecía que tenía miedo de que alguien le hiciera desaparecer, como si en cualquier momento ella fuera a ser robada o algo peor. Tal vez algo en su infancia le había hecho tener ese miedo y como nunca lo había podido expresar hasta que le permitió entrar en su vida, ahora lo hacía con ella.
-Nagini me ha dicho que Severus ha estado… insoportable en Pociones- comentó sacándole de sus pensamientos. Era una de las pocas clases en la que la serpiente había podido escuchar insultos desde fuera.
-Insoportable es quedarse corto- masculló- Ha sido como escuchar a todo el colegio al mismo tiempo. Lo bueno es que ahora consigo ignorar mucho mejor los comentarios de los alumnos. Un momento,- de pronto se dio cuenta de un detalle- ¿cómo sabe Nagini lo que ha hecho Snape?
-Te ha estado siguiendo para asegurarse de que estabas a salvo- admitió Tom como si fuera algo normal.
-¡No puede hacer eso!- respondió indignada. Los brazos de Tom no le dejaron separarse.
-¿Por qué no?
-¡Está mal que me espíe sin yo saberlo!
-¿Si te lo hubiera advertido lo hubieras permitido?
-¡No! Yo puedo cuidarme sola.
-Por eso te espía sin que lo sepas- que usara sus palabras contra ella no le sentaba nunca bien. Tampoco esas respuestas calmadas. Giró la mirada a la serpiente. Les estaba observando sorprendida por el comportamiento de la bruja. Tomó largas respiraciones, calmándose. No era propio de ella actuar de forma tan infantil, gritando a la más mínima. No estaba acostumbrada a que tomaran decisiones por ella y Tom no estaba acostumbrado a informar a nadie de sus decisiones. Lo importante era que no pagara todos los nervios del día sobre la persona que menos se lo merecía.
-Perdona, los rumores me han afectado más de lo que yo creía- dijo cuando al fin analizó la situación. Tom asintió aceptando sus disculpas. Sabía mejor que nadie que no era fácil pedir perdón. Desde la infancia él mismo no lo había vuelto a pedir. Hermione se había dado cuenta de su comportamiento y había rectificado. Era una de las cosas que le había atraído de ella. En cualquier situación sabía analizar las cosas y darse cuenta de lo que estaba mal.
-Pero la próxima vez que tomes una decisión que me afecte de manera tan directa, infórmame, por favor.
-Lo intentaré- asintió. Pero Nagini le iba a seguir argumentara lo que argumentara- ¿Severus te ha hecho algo?
Frunciendo el ceño Hermione se dejó hundir en su mirada.
-¿Te refieres a físicamente? El profesor Snape nunca nos pegaría.
-Pero sí os haría probar una poción que estuvieseis preparando, y que él sabe que está mal realizada, como castigo.
Había visto eso alguna que otra vez, pero a ella nunca le había tocado. Negó con la cabeza.
-Si alguna vez Severus te obliga a beber alguna poción, no lo hagas. Lo mismo con cualquier bebida que te ofrezca- sus ojos se comenzaron a volver rojos.
Extrañada se lo prometió. Visiblemente tranquilizado observó su propio despacho. Tenía muchas cosas en las que trabajar pero sentado en su silla con su bruja en sus brazos, Nagini enrollada en su nido y el fuego crepitando calentando el cuarto, no se veía haciendo nada mejor.
Hermione leyó sus pensamientos.
-Deberíamos ponernos a hacer nuestros trabajos- le sonrió.
-Creí que era un experto en Oclumancia- dijo en broma. Sus escudos de Oclumancia estaban perfectamente construidos en su mente.
-He leído algo sobre Legeremancia- dijo con su mismo tono soberbio- Eso, y que cada vez que piensas en trabajar tus ojos toman un nuevo brillo- rió. Saltó de su regazo al suelo y se dirigió hacia la silla que ya había adquirido un lugar propio en el despacho del profesor. Con un simple accio trajo sus cosas de la clase fuera del despacho. Nunca creyó encontrar a un mago con el que pudiera trabajar de aquella forma.
-¿El director también corregirá los trabajos extras?
El profesor negó con la cabeza.
-Yo me encargaré de esos.
Tom le invitó a cenar en su despacho. Cualquier otro día hubiera aceptado, pero no quería que los alumnos se pensaran que huía de ellos. Eso les daría más poder y más ganas de seguir. Tom aceptó satisfecho sus razones. Estaba de acuerdo con su razonamiento. Por el camino al Gran Comedor se encontraron con bastantes alumnos que no tenían tiempo de asimilar la imagen. Ver a su insensible y frío profesor caminando al lado de Hermione era algo que no se esperaban. Al entrar se despidió de ella e impasible se dirigió a la mesa de los profesores. Ignoraba el silencio que había creado su llegada y caminaba tranquilamente como si tuviera el mundo bajo su control. Un poco más nerviosa, Hermione se dirigió hacia la mesa de los leones. Le agradeció a Harry la previsión de guardar un sitio para ella aunque no supiera si iba a ir a cenar.
-¿Qué tal?- murmuró esperando a que los demás alumnos retomasen sus propias conversaciones. Al escucharle hablar los cuchicheos se amontonaron de golpe unos sobre otros. Eso era mejor que el opresor silencio.
-He estado con Ron- se encogió de hombros- Y también con Ginny- añadió.
-¿Están muy enfadados?
-Es una cadena de enfados. Me ha costado entenderlo- confesó Harry sirviéndose un poco del pato- Lavender está enfadada con Ron por no defenderla de la Bludger que casi le da y contigo por llamarle desesperada, Ron está enfadado contigo y con Riddle por estar juntos y Ginny está enfadada con Ron por lo que te hizo con la cita y contigo por salir con Riddle.
-No parece tan complicado- no pudo evitar decir. Harry se encogió de hombros.
-Mejor que lo veas de forma positiva. La única que te ha mirado desde que has entrado ha sido Lavender, y te quiere matar con los ojos.
-Justo la persona con la que no quiero hablar- suspiró Hermione- ¿crees que estarán mucho tiempo enfadados?
-No sé qué decirte. Yo les daría unos días.
-Será lo mejor.
.
Viendo que al entrar a la Sala Común después de la cena todos los Gryffindors giraron sus miradas hacia ella, parecía que iba a tener que darles mucho tiempo. Ron se levantó de su partida de ajedrez y se subió al cuarto de chicos tras mandarle una mirada asesina. Ginny siguió charlando con unas amigas como si ella no existiera. Eran un poco hipócritas teniendo en cuenta que todas estaban deseando estar con Tom y ahora hacían como si ella hubiera conseguido algo de lo que hacer ascos. Esperaba que al menos no hicieran chapas en su contra ni nada parecido. No le gustaría tener que quitar puntos a su propia casa.
Harry le dio fuerzas posando una mano en su hombro y apretando ligeramente. Se sonrojó recordando la marca que le había dejado Tom allí. Menos mal que lo había conseguido tapar. Estaban ya casi en invierno y una bufanda nunca venía mal. Se despidió de su amigo agradeciendo que no se fijara en su reacción y se fue a dormir. Le haría caso y les daría tiempo.
Al día siguiente Hermione se encontró por el pasillo a su "agresor". El jugador de Slytherin que golpeó la Bludger hacia ella. Ni siquiera llegaron a cruzarse del todo. En cuanto él se dio cuenta de quién era, huyó asustado en otra dirección. Con los ojos entrecerrados Hermione se digirió hacia el despacho de Tom. La clase estaba vacía y la puerta de su despacho cerrada. Subió por la escalera de caracol y dio unos golpes. El rostro asesino del profesor se relajó al ver de quién se trataba. Se agachó y sin esperar a que hablara le besó ardientemente. Habían estado "mucho" tiempo separados. Desde ayer a la tarde. Sin conseguir aguantar la sonrisa, saludó a Nagini al pasar al despacho por indicación del profesor. Trató de endurecer el rostro al mirarle.
-¿Por qué el jugador que me golpeó con la Bludger huye de mí?- quiso saber. Se cruzó de brazos para mostrar su seriedad. Los ojos del profesor descendieron hasta los pechos marcados sobre su camisa. La bruja siguió la línea de su mirada. Al instante se descruzó y se pasó a tapar el lugar donde estaba mirando. Su rostro estaba completamente rojo y su pose era la viva imagen de la indignación. Lo que le hizo olvidar por completo la situación fue la reacción de Tom. Se había reído. No había sido una carcajada, más como una risa corta y sin sonido, pero su corazón se había hinchado al escucharle.
-No te cubras de mí, Hermione- regañó con una mirada de deseo. Negó con la cabeza.
-No vas a poder distraerme.
-Hice lo que debía hacer- respondió simplemente.
-Yo sé librar mis propias batallas.
-Así lo creo, pero hay cosas que, como te he dicho, debo hacer.
Hermione trataba de comprender que todavía faltaba tiempo para que él le confiara sus secretos. Era la persona que más cerca había estado nunca de él, pero el tiempo era necesario para que viese que le podía contar lo que quisiera y ella no saldría corriendo. Ahora que lo pensaba eso también debía de ir en dos direcciones. Así que lo podía entender.
Le sacó de sus pensamientos rodeándola con los brazos y sentándola sobre él.
-Me gusta cuando te enfadas- susurró en su oído- Sobre todo cuando tu camisa se transparenta.
Negó con la cabeza, sonrojada.
-No se me transparenta, es sólo que tú te has quedado mirando- respondió tentada a cruzarse de brazos.
-Tendría que volver a verlo para contestar.
Hermione se quedó un momento anonadada, luego se dobló de la risa. La felicidad era demasiado como para aguantarse. Sabía que en cualquier momento Tom volvería a su apariencia oscura y fría, o que algún ataque le volvería a recordar el peligro en el que estaban todos inmersos. Pero lo importante ahora era que Tom con ella era capaz de dejarle ver que había más aparte de su apariencia. Desde luego no había ningún bromista pero sí una aguda perspicacia. Y que se hubiese relajado con ella ya era más de lo que podía pedir. Seguramente lo estaría haciendo para quitarle el estrés de todo el rechazo del castillo, pero lo seguía agradeciendo, mucho más viniendo de él.
