Kung Fu Panda y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de DreamWorks skg.
¨Cuando mi voz calle con la muerte, Mi Corazón te seguirá hablando, Mi Amor¨
¨Delirios y una Promesa¨
Song y la emperatriz atravesaron por campos y pequeñas aldeas en el camino, a toda velocidad, el viento soplaba con fuerza, y les alborotaba el pelaje, la lluvia golpeaba sus rostros, y volvía borroso el camino, haciendo todavía más difícil la misión de llegar a tiempo al emperador e impedir que fuera victima de aquella emboscada...
habían avanzado una enorme distancia, con el tiempo y el clima en su contra, sus ropas estaban mojadas y aún así, ninguna de las dos felinas parecía rendirse ante la tormenta, ni mostrar señales de cansancio, pues en aquellos momentos nada importaba, tan solo él...
el viento soplaba glacial, y la humedad hacía que el frío fuera realmente doloroso, pero aún así, corrieron hasta perder el aliento, pensando solamente en impedir lo inevitable, y antes de lo que esperaban se encontraron bordeando las faldas de la montaña, pero al levantar la vista, se les congeló la sangre, al ver lo que sucedía...
en el paso de la montaña, el emperador peleaba ferozmente con varios guerreros Xiongu, mientras el resto de aquel ejército de bárbaros, se preparaba para lanzar una lluvia de flechas, sobre el ejército imperial, aniquilando a todos ellos...
de inmediato, corrieron para ayudarlos, mientras la emperatriz, se volvía presa de la desesperación, tratando de pensar en algo, para auxiliar a su esposo, y al resto de sus soldados, cuando de pronto, Song llamó su atención, señalando el borde del paso de la montaña...
Song: ¡alteza!, ¡mire hacia allá!...
la lluvia era demasiado fuerte, tanto, que había humedecido una buena parte del costado de la montaña, ocasionando que en cualquier momento, esta pudiera sufrir un gran deslave, arrastrando a cada guerrero que se encontrara ahí arriba, en el instante en que esto sucediera...
corrieron de inmediato intentando llegar a tiempo al paso de la montaña, sintiendo el miedo y la desesperación, devorar de a poco su corazón, hasta que finalmente, lograron darles alcance en el preciso instante en que miles de flechas caían sobre los escudos del ejército imperial...
al verlas correr hacia ellos, el general Cheng Yu, sintió que el alma se le caía a los pies, terriblemente asustado de que alguna o ambas pudieran resultar heridas, pero al ver a la emperatriz repeler todas las flechas, mientras corrían a ponerse a salvo de ellas, su miedo fue rápidamente reemplazado por asombro, ya que jamás había visto tanta fuerza y habilidad en su vida...¡y en una hembra, ni más ni menos!...
Cheng: ¡¿Que hacen aquí?!, ¡Es peligroso!...
Song: ¡Claro que es peligroso!, ¡Les Tendieron una Trampa!, ¡Es una Emboscada!...
Cheng: ¡¿QUE?!...
Tigresa: ¡Tiene que sacar al emperador y a sus soldados de aquí, general!, ¡El paso de la montaña está a punto de desmoronarse!, ¡Todos moriremos si no salimos de aquí, Ahora!...
al escuchar a la emperatriz, el general dio la orden de retirada, guiando a todos al sitio donde el emperador se encontraba peleando con el líder del ejército de bárbaros, había derrotado a los otros que yacían en el suelo heridos, o muertos, y estaba a punto de derrotarlo también a él...
mientras tanto, el general se apresuraba a sacar a todos de aquel sitio, que a cada segundo se volvía aún más inseguro, y eso sin contar el hecho de que la vida de su mejor amigo corría grave peligro, pues de ser cierto eso que Song y la emperatriz le habían dicho, significaba que detrás de ese ataque al imperio, había alguien tratando de quitarlo de su camino...
llegaron hasta él, justo en el momento en que el suelo detrás de ellos comenzaba a resquebrajarse, amenazando con arrastrar al abismo a todo el que permaneciera en aquel sitio, hasta el instante en el que finalmente, acabara hundiéndose bajo sus pies...
tenían pocos minutos para salir de ahí, sin embargo, Tigresa se había quedado repentinamente inmóvil, observando la batalla entre el emperador, y el líder de los bárbaros, que se encontraba a un paso de darse por vencido...
al ver pelear a su esposo, la emperatriz se sintió de pronto sobrecogida por un curioso estremecimiento de orgullo, sus manos eran seguras y fuertes, en cada uno de sus movimientos, había aplomo y decisión, y fue tan solo cuestión de unos cuantos segundos, para que al fin terminara reclamando la victoria...
sin poder evitarlo, corrió a sus brazos, feliz de que hubiera logrado salir airoso de aquella trampa, preparada por ese par de traidores, para deshacerse de él, pero tan pronto como se sintió atrapada en el férreo abrazo de su esposo, este la giró con brusquedad, para luego caer al suelo inconsciente...
al darse cuenta de lo que ocurría, Song y el general corrieron hasta ellos, tan solo para encontrar a la emperatriz extrayendo una flecha del costado de su esposo, mientras alzaba la vista fulminando con la mirada al responsable, un lobo negro que le sonreía con burla desde el otro lado, hasta que otra flecha, disparada esta vez por el arco del general, fue a darle de lleno en la frente, borrando al instante, la estúpida sonrisa, con la que segundos antes, había ofendido a la emperatriz...
Cheng: ¡está vivo!, ¡tenemos que sacarlo de aquí de inmediato!...
avisó el general, mirando a la emperatriz, mientras que algunos de sus soldados se daban a la tarea de improvisar una camilla para el emperador, llevándolo al instante cuesta abajo, siendo seguido por el resto de su ejército...
al instante, el general tomó a Song de la mano, y se volvió para mirar a la emperatriz, que permanecía inmóvil en el mismo sitio, donde segundos antes, su esposo estuvo a punto de sacrificar su vida, para salvar la de ella, mientras sostenía entre sus manos, la espada de los héroes, con la cual, había derrotado al líder de esos malditos cobardes...
Cheng: ¡alteza, tenemos que irnos!, ¡ahora!...
Tigresa:...adelántense...yo los alcanzaré en un momento...
Song: ¡pero majestad...!
Tigresa: ¡He Dicho Que Se Vayan!...
al escuchar a la emperatriz, el general tomó a Song, y comenzó a seguir a sus soldados, rezando por que regresara sana y salva a la ciudad prohibida, aún cuando en su corazón, algo le decía que ella estaría bien, después de todo, antes de convertirse en la emperatriz de China, había sido la maestra Tigresa, una de los cinco furiosos, protectores del Valle de la Paz...
tan pronto como estuvo segura de que tanto su esposo como los demás se encontraban a salvo descendiendo de la montaña, se preparó para llevar a cabo su plan, cerca de ella, el suelo crujía amenazando con desmoronarse en cualquier instante, hasta que finalmente, vio al resto de los bárbaros del ejército Xiongu, corriendo veloces para intentar darle alcance al ejército imperial, y una vez que comprobó que se encontraban lo bastante cerca, hundió la espada de los héroes en el suelo, con tanta fuerza, que de inmediato, el paso de la montaña comenzó a desmoronarse con una velocidad alarmante, arrastrando con él hasta el último guerrero del ejército de bárbaros, llevando a todos a su muerte...
de inmediato recuperó la espada, y descendió por el estrecho sendero a toda velocidad, hasta que finalmente, luego de algunos minutos llegó hasta al pie de la montaña, donde se detuvo respirando agitada, tratando de recordar el camino de regreso hasta su hogar...
de pronto divisó a unos cuantos metros delante de ella, al ejército imperial, llevando al emperador a toda prisa a un sitio seguro, donde pudieran atenderlo, pues no era probable que resistiera el viaje hasta la ciudad prohibida, y al instante corrió para alcanzarlos, hasta llegar a donde su esposo era llevado por dos leones, que al verla, inclinaron la cabeza frente a ella mostrando respeto...
una hora más tarde, llegaron hasta una pequeña aldea, donde consiguieron alojarse en una posada, mientras el resto de los soldados del ejército imperial, seguía avanzando hasta la ciudad prohibida, con ordenes de decir a la archiduquesa que se encontraba todo en orden, y que llegarían después, cuando su majestad hubiera logrado reponerse de una¨pequeña¨herida que había sufrido en batalla...
sin perder tiempo, el general envió por un medico, que de inmediato se dio a la tarea de atender al emperador, hasta que finalmente, salió de la habitación, limpiando con un trapo la sangre que aún quedaba en sus manos, y anunciando a todos que podían entrar, ya que por fortuna, su majestad se encontraba fuera de peligro...
el alivio inundó de pronto el corazón de la emperatriz, quien al oír aquella noticia, dio la orden tanto a Song, como al general, de retirarse a descansar, mientras ella entraba en la habitación, dispuesta a pasar la noche en vela, cuidando de su esposo...
después de tomar un baño, y cambiar sus ropas, por prendas más cómodas que le habían proporcionado los habitantes de aquella aldea, se dispuso a cumplir, por primera vez desde el día de su boda con su deber como esposa del emperador...
tomó una silla, y fue a sentarse junto a su cama, mientras sostenía su mano entre las suyas, al tiempo que comenzaba a llorar sintiéndose completamente culpable, las infinitas oleadas de dolor, al ver a su esposo en ese estado, se alzaron y la cubrieron, causando que se sintiera el ser más miserable,¨veré la manera de darte tu libertad¨, le había dicho, pero ninguno se imaginó que después de aquello, lo último que ella deseaba, era alejarse de su lado...
horas más tarde, se despertó alarmada, al sentir a su esposo removerse inquieto sobre su cama, se acercó a él posando una mano sobre su frente, solo para descubrir que se encontraba ardiendo en fiebre, mientras que de sus labios, escapaban murmullos incomprensibles...estaba delirando...
al instante, corrió a buscar un recipiente y lo llenó con agua fría, comenzando a ponerle compresas, para refrescar su cuerpo y tratar de bajarle la temperatura, para que pudiera volver a descansar, ya que posiblemente fueran aquellas molestias, las que lo estaban incomodando...
Po: (delirando)...Tigresa...Tigresa...¿donde estás?...
Tigresa: ...aquí estoy...
Po: (delirando)...no te vayas...
Tigresa: (comenzando a llorar)...no...
Po:(delirando)...no me abandones...no me abandones nunca...
Tigresa: (llorando)...no
Po: (delirando)...júramelo...
Tigresa: (llorando)...Po...
Po: (delirando)...te necesito...júrame...júrame que no te vas a ir nunca...que te quedas aquí...conmigo...
Tigresa: (llorando)...si...te lo juro...te juro que sin importar a que precio, seré la esposa que mereces...y no esa con la que te he obligado a conformarte...
al escuchar a su esposa, lentamente se fue tranquilizando, sintiendo sus manos acariciando su rostro, suaves, frescas, poco a poco se fue sumiendo en un sueño profundo, hasta terminar dormido en los brazos de su amor, teniendo la seguridad de que al menos por esa noche, ella permanecería a su lado...
