100 Sapos y Terry Grandchester

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 8 Un nuevo amigo


O sea, primero insinúa que soy lesbiana y ahora se ofrece a llevarme a mi casa. Lesbiana, lesbiana, lesbiana. Esa palabra sigue repitiéndose en mi mente como un eco. ¿Qué me ve él de lesbiana? Tendré que tatuarme un pene en la frente a ver si se le borra la duda.

—No te preocupes, Terry. Mi mamá vendrá por mí, pero gracias.

—Ah... ¿tu mami viene por ti?

—Sí.

—¿Y ya le avisaste que te recogiera?

—No, pero... voy hacerlo ahora.— Saco mi celular y le marco a mi madre.

—Mami, ya salí, te espe...—Terry me quita el celular y se lo coloca en la oreja.

—Hola señora. ¿Cómo le va? A mí bien, gracias. Sabe, no se moleste en venir, yo llevaré a su hija sana y salva a su casa.— Colgó la llamada y me pasó el teléfono mientras yo seguía con la boca abierta por la impresión.

—¿Por qué hiciste eso? Yo no quería irme contigo.

—¿Por qué no? No muerdo.

—¡Porque no! ¿Cuál es tu problema conmigo?

—Ninguno. Sólo estoy siendo amable. Además, ¿qué te han hecho para que estés tan amargada?

—¡No te interesa!

—Lo sé, pero sabes, soy muy metiche... ¿nos vamos?

—No iré contigo.

—Entonces tendrás que irte en tu Dosh...

—¿En mi qué?

—En tus dosh patitas porque tu mami ya no vendrá por ti y yo estoy dispuesto a llevarte, pero si tú no quieres...

—Está bien. Me iré contigo. ¡Dios!

Terry tenía una camioneta grande, familiar, de esas de tres filas de asientos y no entendía qué hacía él con un carro así que tenía tan poco que ver con él. Me subo y voy liberando la tensión. Terry es realmente agradable y tiene razón, yo soy la amargada que no quiere saber de nadie. Veo en el dash de su carro una foto de una bebé de unos cinco meses, blanca, pelona, con pequitas y los mismos ojos de Terry.

—¿Quién es esa bebé tan linda?— Pregunto para romper el hielo.

—Esa es Sophie. Mi hija.— Mis ojos se abren como platos, no imaginé que tuviera una hija, tenemos dieciocho años, sé que es común, incluso desde los trece años, pero... no sé por qué me sorprendí.

—Oh... es hermosa. Muy linda en verdad. Dios te la bendiga.— Le digo y luego de que le doy las instrucciones para que me deje en casa me pierdo en mis pensamientos.

—No la veo. Por eso siempre tengo esta foto. También tengo una en mi billetera, mira.— Me pasa su billetera porque está conduciendo y veo otra foto de la niña y otra de la madre de la niña cargándola recién nacida.

—Muy guapas las dos. Y... ¿por qué no la ves? Si se puede saber...

—Es una historia larga y complicada. La niña ni siquiera tiene mi apellido y no me dejan verla.— El dolor en sus ojos me dijo que ahí había mucho más que eso y sentí pena por él. No nocozco los detalles de la historia, pero me pongo a pensar que hay tantos padres irresponsables que no buscan a sus hijos y las mujeres insisten tanto con ellos y él que quiere estar con su hija, simplemente no se la dejan ver.

—Lo siento mucho, Terry. De verdad.— Le digo y rozo su mano en un gesto de solidaridad, pero la retiro rápido, no quiero que nada se vaya por otro lado, sé lo que sucede con los corazones rotos y vulnerables cuando se les presenta una pizca de cariño y no quiero pasar por eso nuevamente.

—Es aquí.— Le señalo mi casa y me quito el cinturón. Voy a bajarme.

—¿Quieres que te acompañe un rato?— Me dice con una sonrisa amplia y linda a la que ya comienzo acostumbrarme y no tengo intención de negarme, pero me doy cuenta que no hay nadie en casa y no sé si sea correcto, tengo dieciocho, pero tengo también una madre estricta que aún no ha caído en eso.

—Bueno, sí, si quieres. Pero... tendrás que esperarme sentado en el balcón para yo poder quitarme este uniforme y darme un baño. No quiero apestar más a hamburger y papas fritas.

—No hay problemas, aquí te espero, pero no vayas a tardar una hora.

—Claro que no. Ni que me fuera a poner guapa para ti.— Le digo y desaparezco, pero noté que puso los ojos en blanco. Siempre sueno tan ácida aunque no es mi intención.

Voy a mi cuarto y me quito el uniforme, tomo la toalla y voy directamente al baño, la casa no es muy grande, así que el camino al baño lo hice sigilosa y rogando que no me haya visto en toalla. Lo primero que siempre hago es lavarme la cara con mi jabón especial para prevenir espinillas, lavarme los dientes como un ritual y entonces entro a la bañera. Sé que Terry me está esperando, así que me baño lo más rápido que pude. Repito lo mismo, salgo sigilosa para que no me vea en toalla y encima mojada y me meto al cuarto. Busco mi ropa interior, me pongo un jean, una camisilla blanca de manguillos, como una franelita y unas sandalias bajitas, me suelto el pelo con alivio por las horas que debo tenerlo recogido en el trabajo, odio el pelo recogido.

—Ya estoy aquí.— Digo cuando veo a Terry muy entretenido jugando con mi perra Mienna.

—No tardaste tan...to...— De pronto se me queda mirando como si no me hubiera visto nunca, de arriba abajo, pero sorprendido y me pongo nerviosa. No sé de qué va él.

—¿Qué?

—Nada. Es que... te ves muy... diferente. Eres mucho más delgada sin el uniforme y nunca pensé que tuvieras el pelo tan largo y tampoco noté que tenías esos... lo siento, nada, nada. Te ves bien.

—Sí. No soy tan fea después de todo.— Sonrío sin darle importancia al asunto y me quedo platicando con él.

—Disculpa, ¿puedo ir a tu baño?

—Claro.— Me pongo de pie para dirigirlo al baño y él me sigue. Lo espero cerca a que salga. Sale un par de minutos de pie y me sonríe.

—No te preocupes, no hice el dos. No cago en casa ajena.— Me echo a reir porque ni siquiera estaba pensando en eso. Decido enseñarle el resto de la casa.

—No es muy grande, no hay mucho que ver. Esta es la sala y el comedor, la cocina y por ahí puedes irte al patio. La marquesina y el balcón ya lo viste... y pues en este pasillo están los cuartos.

—¿Y cuál es el tuyo?

—Este. El primero.—Señalo la puerta que está entre abierta y la cierro por completo un poco nerviosa y él me mira maliciosamente.

—¿Y por qué cierras la puerta?

—Eh... por nada.

—Porque de seguro está hecho un desastre, ¿verdad? Tienes cara de ser una desordenada...

—No, no es eso. Es que...— Veo la maldad brillar en sus ojos y lentamente va girando la perilla mientras yo voy sudando frío. De repente mi cuarto rosa, la cama repleta de peluches y algunos accesorios de Strawberry Shortcake me hacen sentir terriblemente infantil. Terry mira todo sonriendo, todo está en orden y siento que él no encaja en mi cuarto tan... ¿rosa? ¿aniñado?

—¿Cabes en tu cama?— Me pregunta burlón porque no cabe en ella un peluche más. Se pone a observar todo con atención y yo sigo sonriendo nerviosa.

—¿Neil?— Me pregunta leyendo el mensaje de aquella funda de almohada que aún conservo. No porque aún lo esté esperando, sino porque es un lindo detalle.

—Ah sí... tengo un amigo que le gusta hacer ese tipo de cosas.— Le digo con indiferencia y no le retengo la mirada, no quiero que lea todo lo que mis ojos dicen.

—Es bonito tu cuarto. Y... ¿esa eres tú?— Señala el cuadro en mi pared, mi dibujo, el que me hizo Neil a carboncillo.

—Sí...

—¡Vaya! Es impresionante. Te hizo idéntica. Como te ves ahora.— Descuelga el cuadro y se queda contemplándolo y yo bajo la vista, se despiertan en mí recuerdos que no quiero, pero es inevitable.

—Le puso tus iniciales, que bonito detalle en las letras.

—No son mis iniciales. Son las de él. Es que tenemos exactamente las mismas.

—Debe quererte mucho tu amigo.— Me dice en un tono irónico que no supe cómo tomármelo, pero no le presto atención. Total, no es de su incumbencia.

—Y como toda chica, también tienes un cajón de los recuerdos.— Señala una caja de tela floreada de forma ovalada que está en mi mesita de noche y me pongo nerviosa. Que metiche es este Terry, pero no me molesta.

—¡Joder! ¿Quién es ese que te escribe tanto? ¿Tu amiguito maravillas?

—Sí. Ya no nos escribimos...

—Oh...— Dice y se sienta en mi cama y me mira sonriendo.

—Ven, no quiero que mi mamá me encuentre aquí contigo.— Se pone de pie y me sigue. Voy a la cocina y le ofrezco un vaso de jugo.

—Terry... ¿por qué pensaste que yo era lesbiana?— Soltó una carcajada y se atragantó con el jugo.

—¿De qué coño te ries?— Estoy molesta en cuestión de segundos, son secuelas de mi amargura.

—En el trabajo... siempre estás tan seria, no hablas con nadie, excepto con algunas de las chicas y pues pensamos que tal vez eras lesbiana... más bien fue una broma.

—Oh, entiendo. Las apariencias engañan. Si no veo la foto de tu hija habría pensado que eres gay.— Su risita estúpida se desvaneció y comenzó a mirarme intensamente, me vuelvo a poner nerviosa.

—Tu comentario no fue nada gracioso.

—Tampoco tu insinuación de que soy lesbiana.

—Ya te dije que era una broma.

—Yo también bromeaba. Si estás seguro que no eres gay y tienes tus bolas muy bien puestas, ¿de qué te preocupas?

—De esto.— Me acerca a él de un jalón y sé que va a besarme... ¡Oh Dios!

—Candy, ya llegué, ayúdame con...

Continuará...


¡Hola! I'm back!

Bueno, el capítulo fue cortito, pero ya poco a poco nos estaremos metiendo de lleno en la historia. Espero que les haya gustado y prepárense para cuando empiece lo bueno, incluyendo los cursos básicos y avanzados de sexología jejeje.

*El verdadero "Neil" y yo tenemos las mismas iniciales: W. O. C. Por eso la gente piensa que en el dibujo son mis iniciales las que aparecen.

Gracias por tus comentarios:

kary klais- Mirna- 1997- Dali- Amy C.L- Laura Grandchester- WISAL- dulce lu- Resplandor de la Luna- Rose Grandchester- norma Rodriguez- LizCarter- Zafiro Azul Cielo 1313

Un beso y nos vemos al rato en "Sálvame, por favor".

Wendy