La sangre se me heló al pasar miles de razones posibles por las cuales Shinoda-san estaba en nuestra habitación.
-Nunca creí que el famoso Kamijou-kun tuviese la descortesía de llegar tarde – comentó
-¿Qué haces aquí? – preguntó Nowaki retadoramente
Shinoda se acercó lo suficiente para que la luz de la luna lo iluminara y nos permitiera apreciar el arma que brillaba intensamente bajo la luz.
-¡Cuánta descortesía! – dijo él, jugueteando con el arma – Kamijou-kun, ¿puedes creer lo mal educado que es tu doctor?
-Sin rodeos, Shinoda-san – me armé de valor - ¿Qué es lo que quieres?
Frotó el cañón del arma contra su sien con cierto fastidio.
-Creo que la respuesta es bastante obvia – respondió
Instintivamente aferré el brazo de Nowaki al empezar a entender sus intenciones.
-Es una lástima – siguió hablando – Nadie tendría por qué haber sufrido si el doctorcito hubiese muerto pero – extendió dramáticamente los brazos – Tenían que complicar las cosas
-¿Y quién eres tú para decidir la felicidad de Hiro-san? – preguntó Nowaki con molestia
-¿Y tú quién eres para hablar en su lugar? – retó Shinoda
Ambos se miraron hostilmente.
-Corre – susurró Nowaki
Le miré sin comprender.
Shinoda se echó a reír, apuntando el arma hacia nosotros.
-Ni siquiera pienses en hacerte el héroe – habló a Nowaki – Te diré, Kamijou-kun lo que sucederá si haces caso a su consejo: saldrás huyendo, dispararé a tu amado ¡Bang! Y luego te alcanzaré y tendremos un buen rato tú y yo, ¿comprendes?
Mis piernas flaqueaban, ¿qué debía hacer?
El silencio se hizo presente ante el toque a la puerta.
-Buenas noches – saludó el hombre desde afuera – Soy el gerente, ¿puede permitirme un segundo?
Posé mi vista en Nowaki y en seguida en Shinoda.
-Una palabra y dalo por muerto – me dijo, sujetando a Nowaki y hundiendo el cañón en su costado
Abrió la puerta y un hombre uniformado saludó cortésmente.
-Lamento importunar pero pedimos una disculpa por las molestias que la ausencia de la luz pueda ocasionarles
-No tiene por qué preocuparse – explicó Shinoda, hundiendo más el cañón en Nowaki – De hecho estábamos a punto de dormir así que no tiene por qué consternarse
-Agradecemos su comprensión, señor – hizo una leve inclinación – Que tenga una buena noche
Sonriendo perversamente, cerró la puerta, hundiendo su nariz en el cuello de Nowaki.
-Tranquilo – presionó con mayor firmeza el cañón sobre el costado al ver que Nowaki protestaba ante su maniobra – No querrás que Kamijou-kun sufra las consecuencias
Mi corazón latía desenfrenadamente al ver cómo Shinoda aspiraba el aroma de Nowaki y sonreía.
-Veo que mi Kamijou-kun tiene buen gusto con sus parejas – frotó su mejilla contra el cuello de éste
-¿Qué pretendes? – preguntó Nowaki firmemente, mirándolo por el rabillo del ojo
Luego de observar fijamente el cuello de Nowaki, posó su perversa mirada en mí.
-Nada bueno, tenlo por seguro – respondió, apretando el gatillo
La escena que presencié me petrificó por completo. El sordo disparo del arma. Las pupilas de Nowaki agrandándose mientras caía luego de que Shinoda lo soltara fríamente. La sangre que empezó a correr lentamente alrededor de Nowaki. La macabra sonrisa. Mis pies guiándome a la salida apresuradamente luego de que mi mano giró la perilla para salir del lugar.
"…Las pesadillas son una advertencia a lo que sucederá en tu vida…"
Un enfermo, ¡era un maldito enfermo! Las lágrimas combinadas con la lluvia me impedían ver con claridad por donde corría, provocando que cayera sobre la arena humedecida. Una parte de mí insistía en huir del peligro pero, ¿cuál era el caso si Nowaki yacía inerte en la habitación del hotel?
Shinoda no tardó en darme alcance, forzándome a ponerme en pie. Mi puño se estrelló sobre él mientras lágrimas de impotencia continuaban resbalando por mis mejillas.
-¡¿Por qué él? ¡¿Por qué tenías que hacerlo de esta forma?
La lluvia le daba un aspecto más lúgubre.
-¿Es todo esto culpa mía, Kamijou-kun? – preguntó sombríamente
Una ola alcanzó nuestros pies, haciéndome notar que nos hallábamos a orillas del mar. Sólo atiné a posar mi vista en el mar impetuoso que chocaba incesante contra los acantilados.
-Nada de esto habría sucedido de no ser por tu obstinación – agregó
Dolido por Nowaki, me abalancé sobre Shinoda.
-¡Eres un maldito! ¡Te mataré! – no me importaban las consecuencias de mis actos
Shinoda forcejeó hasta apresarme contra la arena mientras carcajeaba.
-Me gustas más cuando te pones difícil – comentó, besándome forzadamente
Mi cuerpo continuaba forcejeando mientras el agua de mar penetraba en mi boca y nariz, ahogándome dada mi posición poco favorable.
-Quiero hacerte mío – continuaba diciendo, obligándome a tragar el agua salada hasta hacerme entrar en pánico por la ausencia de oxígeno
Sus labios recorrían mi rostro hasta situarse en mi cuello y empezar a desabotonar mi camisa para depositar sus labios en mi torso que poco a poco empezaba a quedar al descubierto.
Mis pensamientos se hallaban turbios: Nowaki; la ausencia de oxígeno; el forcejeo; todo en conjunto.
Shinoda se puso en pie, arrastrándome con él mientras luchaba desesperadamente por hacer entrar oxígeno a mis pulmones. La resistencia que lograba poner en momentos de lucidez se veía opacada ante la fuerza que él tenía sobre mí. Al lugar que me llevó se hallaba oculto entre las rocas que eran golpeadas por las olas embravecidas.
-¡Estás loco! ¡Nos ahogaremos los dos! – gritaba con voz rasposa
-¡Moriremos juntos! – respondió, besándome nuevamente ante mi resistencia
Mi reacción fue el morderlo en los labios, consiguiendo que me soltara brevemente, aprovechando así el momento para tomar aire con desesperación.
-¡Así me gustas! – dijo, aprisionándome contra las rocas que se encajaban en mi espalda dada la fuerza de Shinoda
Las olas se alzaban violentamente, empujándonos con ímpetu contra las rocas. Mientras el agua salada penetraba en mi garganta y nariz, Shinoda no parecía necesitar del tan preciado aire mientras hundía su asquerosa lengua en mi garganta. No resistiría por mucho tiempo más, mis sentidos empezaban a decaer así como mi consciencia.
Repentinamente, me vi librado de las manos de Shinoda, ¿finalmente había colapsado?
-¡Hiro-san! – su voz tan suave me traía paz en medio de la tormenta
Podía sentir sus brazos protectores llevarme a un lugar seguro, un lugar donde estuviese a salvo de la tempestad desatada; después, sentí sus cálidos labios presionar los míos, inyectándome vida a cada soplo que él daba por salvarme. Finalmente un ataque de tos me indicó que aún seguía vivo, tan vivo como mi amado Nowaki.
-¿Me escuchas, Hiro-san? – preguntaba una y otra vez
-Nowaki… - lágrimas de felicidad asomaron por mis ojos
Sonriéndome, acarició mi rostro para luego girar el rostro con violencia y esquivar un golpe de Shinoda. Ambos forcejeaban y lo único que podía hacer era observar desde donde me hallaba recostado y aún con la mente turbia. No tardé en notar lo cerca que estábamos de un, aunque pequeño, peligroso acantilado.
-¡Te mataré personalmente! – escuchaba que decía Nowaki con mirada severa
-¡No si lo hago primero contigo! – protestó Shinoda, dando un golpe en la zona lastimada con el arma
Nowaki se doblegó de dolor, siendo la oportunidad perfecta para Shinoda de atacar por la espalda.
Mis pupilas se agrandaron al comprender que ambos caerían desde el acantilado. Maldije que mi cuerpo aún se hallase aturdido cuando corrí para impedir su caída, siendo vana mi carrera. Ambos cayeron hacia la bravura del mar.
-¡Nowaki! – grité desesperado al perderlo de vista en la inmensidad de las olas que chocaban cada vez con mayor fuerza
Horrorizado, corrí para descender del acantilado y corres a las orillas del mar en busca de Nowaki. Mi vista recorría frenéticamente cada posible movimiento que proviniese de él.
-¡Nowaki! – gritaba con lágrimas en los ojos - ¡No puedes dejarme!
Sintiendo que esta vez la pesadilla de volvería realidad, me dejé caer sobre la arena, sintiendo el agua salada empaparme, ¡me importaba poco si el mar me tragaba de igual de forma! Los sollozos escapaban de mi garganta hasta que un fugaz presentimiento me hizo levantar la vista y ahí estaba él, luchando por llegar a la orilla pese a su estado. En seguida me incorporó y me adentré lo más que pude al mar para ir en su auxilio. Las olas, imponentes, intentaban revolcarme pero mi decisión de salvar a Nowaki era mayor. Finalmente logré sujetar su mano que se estiraba suplicante hacia mí, sujetándolo con firmeza para arrastrarlo a la seguridad de la orilla.
-¡Nowaki, Nowaki! ¿Me escuchas? – sujeté su rostro con ambas manos
Sólo permanecía ahí sin responderme, inconsciente.
-¡Por favor! – presionaba sobre su pecho en busca de reanimarlo - ¡No me abandones! – posé de igual forma mis labios sobre los suyos, proporcionándole respiración de boca a boca
Tosió ligeramente, escupiendo parte del agua tragada, permaneciendo aún inconsciente.
-¡Por alla! – decía una mujer - ¡Ese hombre fue rumbo a la playa!
El ulular de las sirenas y ambulancias captaron mi atención, poniéndome en pie para atraerlo a donde estaba.
-¡Por favor, ayuda! – gritaba desesperado
Los paramédicos descendieron en seguida de la ambulancia, aplicando sus conocimientos para reanimarlo y llevarlo inmediatamente a un hospital. Así mismo, me llevaron en la ambulancia junto con Nowaki, percibiendo que unos hombres uniformados señalaban un poco más lejos de donde nos hallábamos. Unos hombres lo llevaron consigo para propiciarle primeros auxilios.
Llegamos inmediatamente al hospital en donde Nowaki fue llevado a la sala de urgencias, siendo ahí donde dos hombres uniformados me detuvieron.
-¡Tengo que saber cómo estará! – protestaba, intentando zafarme de ellos
-¡Cálmese de una buena vez! – me sujetaban del brazo - ¡Tenemos que hacerle unas preguntas!
Convencido de que sólo lograría más problemas, dejé de luchar para ser llevado por los hombres que al parecer agradecieron mi repentina cooperación.
-¿Reconoce a este hombre? – me mostraron una foto de Shinoda
Desvié el rostro con molestia.
-Si – admití
-¿Puede decirnos qué relación tenía con él?
La pregunta me incomodó.
-¿Por qué soy yo el interrogado? – pregunté - ¡Él fue quien intentó asesinar a Nowaki!
-Las preguntas las hacemos nosotros – respondió uno de ellos en tono irrefutable – Ahora, conteste a lo que se le ha preguntado
-Salí una vez con él cuando aún estaba en la universidad, hace unos diez años tal vez – expliqué no del todo convencido
-¿Por qué razón intentaría asesinar al señor Kusama Nowaki?
Suspiré con molestia y vergüenza por tener que hacer este tipo de confesiones ante uniformados.
-Después de salir con él no quise tener nada más que ver con él pero él no estaba al parecer convencido con mi decisión y en varias ocasiones me buscó, incluso después de que inicié mi relación con… - me aclaré la garganta – Nowaki
-¿Crees usted… haberle dado alguna demostración de afecto?
-¡No! – negué en seguida con molestia – ¡Siempre se lo hice saber pero no entiendo por qué insistía en buscarme!
Los hombres intercambiaron miradas entre sí, asintiéndose.
-Eso es todo, señor Kamijou – dijeron – Puede retirarse
Deseoso de salir de aquel lugar y reunirme con Nowaki, me puse en pie para salir del lugar.
-El señor Shinoda está muerto, señor Kamijou – dijo uno de ellos poco antes de que saliera del lugar
Los miré con cierta incredulidad, sintiéndome demasiado observado por ellos. Temeroso, salí de aquel lugar y me dirigí cuanto ante de vuelta al hospital donde había sido internado Nowaki.
-¿Es usted familiar del señor Kusama? – preguntó una enfermera
Asentí.
-¿Está bien? – pregunté inmediatamente
-Está inconsciente aún – explicó – pero está fuera de peligro, al parecer logró contener el desangrado, ¿tiene conocimientos médicos, acaso?
-Es estudiante de medicina – expliqué aliviado
-Eso explica la razón, el señor Kusama es un hombre fuerte en verdad
-Lo sé – murmuré casi para mi - ¿Puedo verlo?
La enfermera asintió, guiándome a la habitación donde estaba él. Una vez a solas, me incliné a su lado, sujetando su mano.
-Estamos a salvo – murmuré
La noticia de la muerte de Shinoda no dejaba de consternarme, ¿debía ser algo bueno o algo malo? Era un hombre el cual había intentado asesinar a Nowaki, el hombre que amo, pero, por otra parte, no dejaba de pensar en su esposa e hijo, ¿qué dirían al saber la noticia?
Sentí la mano de Nowaki cerrarse en torno a la mía.
-¿Hiro-san? – preguntó confuso, abriendo los ojos
-Estoy aquí – respondí con tristeza disfrazada de alegría
Los narcóticos lo tenían completamente desubicado.
-No hagas esfuerzos – aconsejé – No sería bueno para tu salud
Extendió una mano hacia mi mejilla.
-Estás triste – murmuró
-Temí no volver a verte – respondí con voz ahogada - ¡Te amo tanto, Nowaki!
-Y yo a ti, Hiro-san – respondió, cerrando poco a poco los ojos
-Descansa Nowaki – murmuré, acomodando sus cabellos
Epílogo
Semanas después Nowaki fue dado de alta del hospital y no sabría decir lo que él sentía después de enterarse de la muerte de Shinoda. A veces suelo verlo, cuando piensa que duermo, parado frente a la ventana con una expresión indescifrable, ¿qué sería aquella expresión? Sintiendo a flor de piel el miedo, cierro nuevamente los ojos en busca de la tranquilidad que por tanto tiempo me robó Shinoda.
Pese a que Nowaki no se aparta de mí, aún suelo despertar por las noches, debo admitirlo, empapado en sudor y temblando al pensar que Shinoda aparecerá en cualquier momento.
Cuando me hallo solo, me incorporo y sumerjo mi rostro en agua fresca pero cierro en seguida la llave al recordar aquella noche de horror en la playa, ahogándome a causa suya. Me llevo una mano temblorosa a la garganta, sintiendo claramente la ausencia de oxígeno; entonces respiro lentamente y trato de recobrar la calma. Levanto la vista hacia el espejo y noto las ojeras y palidez a causa del mal sueño. Permanezco despierto hasta que Nowaki o el amanecer lleguen y regreso a la Universidad en donde mis alumnos me temen más que nunca, ¿será por mi repentina ausencia o por mi rostro demacrado? Inclusive el profesor Miyagi ha sabido conservar su distancia desde lo sucedido.
Otra veces, cuando Nowaki duerme a mi lado y despierto con el corazón acelerado, me toma suavemente entre sus brazos, besándome y acariciándome hasta que logr conciliar el sueño a merced de su protección. Por su aspecto, puedo deducir que el sueño ha acudido poco a él.
No mentiré al decir que aquel día marcó nuestras vidas para siempre. Nuestra mente podrá olvidar pero el cuerpo jamás lo hará… Nuevamente él me besa y yo correspondo a ello, nos amamos como antaño y, aunque no lo hemos notado tal vez, ese amor crece aún más conforme el tiempo avanza. Quien sabe, tal vez algún día los malos sueños desaparecerán y volveremos a ser los mismos de antaño.
FIN
Wuuuu etto… ya sé que es maaaalo este fic pero en verdad espero que sepan comprender a esta autora incapaz de darle un fin decente a esta historia (u_u) Una disculpa a todos los que posiblemente defraudaré (otra vez) pero es que en verdad me costó mucho trabajo la historia porque en verdad no tenía un final planeado y la publiqué sin pensarlo (error mío) y supuse que no era justo meterles el gusanito de la duda y después eliminar esta historia u_u otra disculpa.
Bueno, pues creo que fue lo mejor que pude hacer en esta historia wuuuu lamento si defraudé a alguien! TT^TT
